Capítulo 6: Ayúdame…

Notas del capítulo: Espero que les guste…

Estaba bastante agitado, el sol abrazaba su nuca mientras que sentía las gotas de sudor resbalando por su piel que mostraba un ligero bronceado… el balón seguía un ritmo monótono vertical, rebotaba en el suelo para ser una vez más regresado por su mano derecha. Respiraba entrecortadamente, pero sus ojos dorados y brillantes permanecían fijos en los muchachos del otro equipo… después de su encuentro con la ciega, había regresado al colegio y observó al equipo de básquet de este entrenar en la cancha. Necesitaba distraerse y la mejor manera era jugando.

Pero había pedido a los muchachos que todos jugaran en contra de él. Y a pesar de la diferencia notable en cada equipo y que los muchachos lo tomaran como una broma. Se habían dado cuenta de lo bueno que era Inuyasha en aquel juego, ya que en el poco tiempo que llevaban jugando iban: 20 a 5 a favor de Inuyasha. Muchas chicas suspiraban al otro lado de la reja por el pintor acabado de entrar y varias aplaudían emocionadas cada vez que acertaba un punto.

Después de ver una abertura entre los otros jugadores, se dirigió con velocidad a estos esquivando a uno que trató de arrebatarle el balón… se hizo paso entre ellos con una gran velocidad y sin mayor dificultad, haciendo que varias de las muchachas observadoras soltaran gritos de emoción. Dio un salto en el aire con el balón en su mano para lanzarlo al aro pero… el rostro de la muchacha se apareció de pronto en su mente…

"Me necesitas"

Alguien saltó al frente de él agarrándole desprevenido con la intención de arrebatarle el balón, y con un movimiento logró quitárselo pero también propinó un golpe en el labio del joven pintor. Este cayó de espaldas al suelo mientras que se escucharon varios gritos y chillidos de las mujeres que observaban… Inuyasha se reincorporó sentándose sin mucho esfuerzo con su mano acariciando la herida de su labio… observó con ojos entornados la sangre y una vez más escuchó la voz de la muchacha diciéndole suavemente…

-Déjame ayudarte

Levantó su mirada y se encontró con la imagen de la muchacha frente a él pero no podía observarle muy bien debido a la luz del sol pero podía visualizar que le extendía una de sus manos…

-¿Eh? – preguntó sin comprender cerrando sus ojos fuertemente y volviéndoles a abrir pero no se trataba de la muchacha si no de uno de los jugadores.

-Discúlpame esa… fue un accidente… déjame ayudarte – decía sonriendo con la mano aún estrechada para que le tomara pero Inuyasha le miró desconfiadamente y se paró por su propia cuenta.

-No necesito ayuda – masculló en voz baja, frunciendo el ceño y poniéndose derecho dirigiéndole una mirada seria al sujeto y dándose media vuelta comenzando a caminar.

-Oye… eres bueno en esto… ¿no te gustaría entrar al equipo? – escuchó que decía el muchacho pero cerró sus ojos y continuó caminando sin prestarle la más mínima atención y dejando a un equipo totalmente atónito - ¿Qué le sucede?

Inuyasha no le prestaba atención a su entorno… tenía sus pensamientos fijos en una sola cosa… y no podía dejar de pensar en eso… siguió caminando sin saber a donde iba a ir… su expresión brusca se aligeró un poco y su rostro se mostraba más débil, más humano…

-No necesito ayuda – susurró con una voz ronca… suave, melancólica, totalmente diferente a la suya – No la necesito – se dijo a sí mismo sin ese dejo de tristeza que se asomaba en su voz.


Salió del hospital, aún conservaba esa mirada de terror que había optado desde que la doctora le informó de su problema… frunció el ceño:

-Maldita sea – exclamó con enojo sin dejar de caminar… Nunca se imaginó que le pasaría algo así.

Llegó al fin a su destino y tocó el timbre de la puerta, una gran casa de tres pisos se alzaba frente a sus ojos.

Al momento alguien apareció tras la puerta… unos brillantes ojos azules se asomaron por la ventanita.

-¿Sahori? – dijo la persona al otro lado de la puerta, apurándose a abrir.

-Buenos días Midoriko – saludó la mujer mostrándole una leve sonrisa.

Se sentó en el mueble de la sala, una brillante luz entraba por la gran ventana, Midoriko apareció con una bandeja llena de galletas y té… tomó asiento al lado de su hermana, quién tomó la taza pero antes siquiera de probarla se quedó observando el objeto.

-No esperaba tu visita, - habló por fin la profesora dejando la bandeja en la mesa - ¿Pasa algo¿Dónde está Kagome?

-Esta tarde salió con Sango – respondió Sahori sin dejar de mirar la taza mientras comenzaba a moverla mirando el líquido oscuro agitarse un poco dentro del recipiente – No sabe que he venido acá…

-¿Qué es eso? – preguntó, señalando el gran sobre amarillo (que no había logrado pasar por desapercibido) que la mujer llevaba agarrado y el cual apretó con más fuerza, sus manos temblaban un poco.

-Quería que supieras… - comenzó a decir con una voz temblorosa pero se detuvo como pensando en como lo diría. Optó por acercarle el sobre. Midoriko lo abrió y vio lo que había dentro. Introdujo una de sus manos y sacó la hoja oscura… ahogó un grito soltando las hojas y haciendo que se dispersaran por el suelo…

-E- esos son… - se encontraba atónita por la impresión pero luego las recogió del suelo y las vio con ojos desorbitados.

-Acabo de hacerme el examen, la radiografía si… y el doctor me ha dicho… - sin prestarle mucha atención sacó una cajita del bolsillo, y sacó uno de los contenidos mientras observaba con los ojos semiabiertos inspeccionándolo ante la mirada de incomprensión de su hermana – Me ha dicho que tengo cáncer… - se iba a llevar el cigarro a los labios cuando la mano de su hermana le detuvo.

-¡¿Tienes cáncer y aún así quieres seguir fumando esa porquería?! – regañó la mujer que ya ahora se encontraba furiosa.

-¿Qué más puedo hacer? Aunque deje de fumar ahora ya estoy contaminada Mido – exclamó igual de enojada. Con un movimiento brusco se soltó del agarre de su hermana y volvió a dirigir el objeto a su boca cuando…

"PLAF"

Recibió una bofetada de la ojiazul. Quedaron varios segundos en silencio, sin siquiera moverse de lugar, Sahori tenía la cara nublada y los ojos cubiertos por su flequillo mientras que Midoriko le miraba con el seño fruncido y los ojos vidriosos… vio como silenciosas lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Sahori.

Esta volvió a mirarle, pero esta vez su expresión era totalmente diferente, sus ojos se mostraban brillantes, por sus mejillas que se encontraban ligeramente sonrojadas corrían gruesas y silenciosas lágrimas. La expresión de Midoriko también se había suavizado y miraba a la mujer frente a ella con mucha intensidad… su hermana ya era la misma… Sahori se abalanzó sobre su regazo y comenzó a sollozar mientras que Midoriko comenzaba a acariciar suavemente su cabello corto y lacio…

-Hermana… - susurró dulcemente mientras que lagrimas también brotaban de sus ojos.


-Pensé que querías practicar con migo Sango… - habló Kagome con una voz suave. Sango había estado muy distante de ella a penas habían hablado y se equivocaba en muchas notas musicales… así que no fue difícil para Kagome adivinar que se encontraba distraída.

-Discúlpame – fue la respuesta de Sango, su voz sonaba algo ida y distante – es que… he estado muy distraída últimamente.

-Te comprendo… yo también estoy distraída… ¿quieres hablar? – preguntó Kagome comprensiva mientras dejaba el violín a un lado y se ponía rígida con una sonrisa en sus labios como esperando una historia interesante que le contarían a continuación. Sango le miró agradecida y comenzó a relatar su historia.


Sus piernas le llevaron a un lugar donde nunca se hubiera imaginado y la cual le devolvían vagos recuerdos distantes, el templo Kamuy, lugar en donde hace seis años había conocido a la mujer que por un tiempo pensó que era "la adecuada"… vio el cartel en la puerta que decía, "Se vende" y entró sin muchas ganas, ya que el lugar permanecía abierto, quedó al descubierto un gran salón en donde el piso estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, y telarañas adornaban las paredes, era un sitio abandonado, después de ser un lugar de entrenamiento donde se practicaba la arquería y el Kendo…

Recorrió detenidamente cada centímetro del gran salón mientras recuerdos comenzaban a volar…

Flash Back

Había ido hasta ese lugar por que le encantaba el kendo, y deseaba practicarlo… vería a los muchachos entrenar… entró al establecimiento y fijó su vista en este, había una gran cantidad de muchachos practicando arquería… ¿Arquería? Se quedó desconcertado. Había pensado que ese era un lugar para entrenar Kendo.

-¿Deseas algo? – se le acercó un anciano de bigotes graciosos dirigiéndose amablemente al joven Inuyasha.

-Pensé que practicaban Kendo – dijo.

-Ah… esos son los martes y viernes… los lunes y jueves se practica arquería y los miércoles Kárate…

-Bien… - respondió. Dando una ligera inclinación como símbolo de respeto. La arquería no le interesaba para nada iba a irse cuando alguien llamó su atención… una muchacha se encontraba al otro lado del salón apuntando con un arco y una flecha a la arquería… la muchacha era realmente hermosa, con su rostro perfilado y su piel de un blanco como la nieve, vestía un traje de un blanco con rojo y su cabello largo y brillante estaba atado con una simple cinta… Inuyasha sintió que todo a su alrededor desaparecía. Solo existía él y ella… la observó con la boca semi abierta por una gran cantidad de tiempo mientras observaba como ella lanzaba una flecha y esta daba justo en el centro… "Era realmente buena" luego le siguió mientras ella se iba satisfecha al banco y tomaba agua… la suave brisa (procedente de quién sabe donde) agitó su largo cabello… era simplemente lo más hermoso que había visto en su vida.

-Ella se llama Kikyo – dijo una voz a su lado que le hizo salir de sus pensamientos. Era el viejo que sonreía amablemente. ¿Se había percatado de lo que había pensado?, pensó enrojeciendo ligeramente – es una de las mejores en arquería… - dijo sin darle mucha importancia.

-Así pues… no me importaba saber eso… - respondió el muchacho bruscamente dándose media vuelta y saliendo con rapidez de aquel lugar con su cara ardiendo por la vergüenza… pero a pesar de que sabía que eran los viernes y lunes que se practicaba Kendo… volvió el día jueves… donde volvió a ver a la muchacha. Esta parecía no haberse dado cuenta de que era observada por aquel joven… se inscribió para tomar clases de Kendo y luego regresó los siguientes días para verla a ella… así pasaron rápidamente dos semanas. No le importaba no hablarle (Ya que era un chico muy tímido) ni saber más sobre ella, se conformaba con el hecho de verla practicando desde el otro lado del salón. Hasta que una mañana parecía que hubiera sido un sueño… ella sola se acercó a donde él estaba.

-Hola… me llamo Kikyo ¿me puedes decir tu nombre? – dijo con una voz suave y dulce mientras mostraba una hermosa sonrisa.

Su voz se parecía a la de un ángel, pensó mientras sus mejillas enrojecían…

-Ho- hola… - tartamudeó – Yo- yo so-soy I- Inn… yasha.

-¿Iyasha? – repitió la muchacha extrañada poniendo una cara de desconcierto. Esto le hizo poner más colorado hasta optar el mismo color de un tomate.

-Inu- Inuyasha – dijo tratando de que su voz se escuchara menos temblorosa.

-Ah… Inuyasha – comprendió… - ¿Te molestaría si me siento a tu lado? – preguntó dulcemente. Inuyasha negó bruscamente sin dejar de mirarla. La muchacha se sentó y le regaló otra hermosa sonrisa.

Fin Flash Back

Había podido superar la muerte de mi padre, pero aún seguía con la pregunta del "¿Por qué la vida castigaba a una persona tan buena como lo había sido él?" y luego pensaba que algún día podría castigarme a mí también… pero cuando la conocí a ella… (Se quitó el cabello que caía en sus ojos) estando cerca de ella, me di cuenta que la vida puede recompensarte de una forma muy generosa, volví a ser yo mismo… Yo siempre la amé desde que le vi la primera vez… siempre creí que era la mujer perfecta para mí… pensó mientras observaba el mismo lugar en donde habían hablado la primera vez… fue mi primer amor… lo fue… ¿o no?


-Pensé… yo pensé que… - Kagome estaba atónita al Sango terminar de relatar su historia - Pensé que fue él quién te dejo… pero… ¿Por qué…?

Sango le miró con compasión. No había entendido sus motivos.

-Kagome, recapacita un poco… iba a ser muy injusto de mi parte si yo le dijera que… - se interrumpió mientras se mordía el labio - él tenía un gran futuro y yo… fue un error mío…

-No creo que fuera lo correcto Sango – respondió La muchacha en un tono algo desaprobatorio – No podré entenderlo nunca… si entiendo que quisiste actuar con lo que creías era lo mejor pero… ¿vas a negárselo?…

-Fue lo mejor para el sujeto… ahora se fue del país y… - comenzó a decir Sango pero fue interrumpida de inmediato por su amiga.

-No me refiero al papá… - dijo con voz suave – si no al bebé… ¿vas a dejar que crezca sin un padre?

Sango le miró atónita, Nunca pensó que le fuera necesario un "Padre" para su hijo, estaba convencida que bien podría hacerlo ella sola… pero ahora que lo pensaba mejor… negó bruscamente con la cabeza.

-Solo quiero pedirte un favor… el papá va a regresar al país dentro de unos días… por favor… - tomó las manos de su amiga y las apretó – No quiero que nada cambie a como vamos… no quiero que él deje su carrera por nosotros… quiero pedirte que tan solo, no le digas que Yoh es mi hijo… no le digas que tengo un hijo…

Kagome entreabrió sus labios para negarse a eso pero Sango continuó antes que replicara.

-Ayúdame por favor… estamos bien… Yoh y yo estamos bien. Mira… sería muy injusto que yo viniera y le dijera así como así… "Este es tu hijo, hazte cargo de él" tan solo el no debe saber que lo tengo… él no debe saber… ayúdame en esto por favor amiga. – se mostró suplicante. Kagome lo pensó por unos momentos… y tratando de no pensar en las consecuencias asintió.

-Gracias…

-Y ¿Cómo se llama el papá? – preguntó Kagome tratando de mostrar un sonrisa.

-Se llama Miroku… Miroku Kamilla.


Él siempre había pensado que ella era la indicada, se conocieron un poco más, y él le quería cada día más… se la presentó a su madre legalmente como su prometida. Duraron cuatro años de noviazgo cuando una mañana así como así, él llegó a su casa y ella le rechazó…

Flash Back

Inuyasha iba a la casa de su prometida, hacía un día hermoso ya que era el comienzo de la primavera, ella había estado algo extraña desde que habían vuelto de la casa de sus padres el día anterior, no le había mirado a la cara desde entonces y abría jurado que se encontraba llorando cuando estaban en el carro pero cuando le preguntó ella no le respondió. Pensó que estaba enojada por algo que había hecho. Pero llevaba consigo unas rosas que de seguro la animarían… iba llegando a su casa cuando vio que salía de esta con unas maletas y un carro estaba esperándole en la entrada de su casa…

-¡Kikyo! – llamó alzando una mano. Esta le miró con ojos matadores antes de volverse de nuevo a la camioneta. Metió con ayuda de un muchacho las maletas y no se volvió a mirarle. Inuyasha llegó al momento que ella se estaba montando en el carro – Kikyo ¿A dónde vas? – preguntó asomándose por la ventana.

-¡Eso no te incumbe Inuyasha! – dijo con una voz que se escuchaba cortante.

-¿Te pasa algo? – Preguntó sin saber – Mira te traje unas flores.

-¡Déjame¡Eres un imbécil! No quiero volver a saber más de ti… ¿ME ESCUCHASTE? – tomó las flores y las lanzó al suelo bruscamente. Luego se quitó el anillo que hacía en su dedo anular y se lo lanzó en las manos – QUEDATELO… ERES UN MALDITO INUYASHA. Lárgate y NO ME BUSQUES…

Cerró la ventana del auto. Inuyasha se quedó atónito ante esto no había reaccionado del todo… los ojos de Kikyo eran tan fríos, había estado llorando ya que lucían rojizos… y se dirigió a él de esa manera tan malvada. Escuchó el carro que arrancaba y se alejaba.

-Kikyo… - reaccionó al ver como el carro se iba alejando - ¡Kikyo¡KIKYO! – le siguió corriendo por la calle unos metros, hasta que este dobló una esquina y se quedó solo en ese lugar… se fijó en el anillo que ya hacía en su mano temblando y lo apretó con fuerza - ¿Por qué? – se preguntó mientras que tibias lágrimas corrían por su rostro – MALDITA SEA – gritó apretando con todas sus fuerzas el anillo y haciéndose daño…

Fin Flash Back

Después de ese momento su vida se volvió solitaria, se mantenía alejado de las personas a su alrededor… había tratado de contactar a Kikyo. Había tratado de averiguar por que se había ido¿Por qué le había dejado sin decirle un motivo? Pero nadie lo sabía… Kikyo se volvió un recuerdo a medida que pasaba el tiempo… no quería volver a ser engañado… no quería volver a ser traicionado por alguna persona… había pensado por unos largos cuatro años que ella lo había amado, que era la correcta, que era "La mujer de su vida" y estaba dispuesto a pasarse toda su vida con ella pero… de un momento a otro tomó su corazón y tirándole al suelo lo pisoteó quedando tan marchito como las rosas que le había regalado…

Luego pasó algo que no se había esperado… sus pinturas comenzaron a cambiar… sus amigos seguían caminos totalmente distintos a los suyos… las personas que ahora se le acercaban eran unos malditos interesados e hipócritas, pudo conocer que en verdad nadie es amigo de nadie… todos te utilizan por un fin por un propósito, "su propio bien". Y conoció la otra cara de la vida, la que nunca había visto antes… y comprendió algo con lo cual pensó que regiría su vida. Al ir ganando fama se dio cuenta que Muchas de las personas pueden no soportarte pero ¿Por qué están contigo entonces? Y la respuesta apareció sin siquiera llamarla… Por miedo a quedarse solos… "El miedo"… el miedo era algo que movía la tierra, movía los seres vivos y podía regir una vida completa… por el "Miedo" se puede manipular a las personas… por el miedo se puede alcanzar la fama, el poder… por eso sus cuadros alcanzaron tanto éxito, sus tonos fríos… sus cuadros opacos… todos se sentían caracterizados por la "otra cara" la que no habían querido ver… Aquello que era se escondía tras la "oscuridad" el mayor miedo…

Había creído ciegamente en su teoría por dos años completos… hasta que ahora… ahora… (Observó el anillo una vez más en su mano… siempre lo había llevado consigo desde ese día como un recordatorio de lo que había vivido) pero ahora… aparecía esa ciega… que había vivido la misma tragedia de la muerte de su padre… y había llevado un destino más cruel que el suyo. Pero aún así ella se mantenía con una mente positiva. ¿Cómo era posible eso? Le estaba atormentando, su teoría no tenía efecto en aquella chica… ella la había arruinado por completo… su vida había quedado a oscuras… ¿Por qué entonces era tan feliz? (Apretó con fuerza el anillo, tal y como lo había hecho esa vez cuando Kikyo se marchó) Kagome era diferente… ¿Por qué tenía tanta luz¿Por qué había aparecido en su vida? Creía que ya había entendido por completo la vida… creía que ya nunca más podía ser engañado, pero estaba esta chica, esta dulce chica que se acercaba a un ser maldito como lo era él, y lo peor es que no quería alejarse, (sus manos temblaron ligeramente por el enojo) no había sido feliz durante esos dos años… su vida había sido totalmente monótona, lo único que parecía poder cambiar su estilo de vida era "La muerte" no había tenido miedo a ella… y esa muchacha tan solo con su sonrisa, había logrado hacer que sintiera ese deseo de vivir… ese deseo de verla el próximo día… y el próximo… y el próximo…

Se sentó en el suelo, en el mismo lugar donde se había sentado con Kikyo a hablar… e imaginó a Kagome en cuclillas frente a él sonriéndole mientras le miraba con sus ojos ciegos que le daban esa extraña sensación de que podía ver su alma…


Se limpió las lágrimas con un pañuelo que le había alcanzado Midoriko. Se quedaron en un silencio sepulcral mientras sus ojos permanecían fijos en algún punto de la casa por que no deseaban encontrarse entre ellos.

-No quiero que se entere – habló Sahori con voz ahogada sin apartar su vista de la ventana en donde podía admirar un hermoso cielo pintado de un color carmesí. Comenzaba a anochecer. No necesitaba decir a quién se refería por que ya Midoriko lo entendía… No quería que se le mencionara nada a su hija.

-¿Y si las cosas se ponen más peligrosas? – preguntó Midoriko con voz suave. Sus ojos se mostraban brillantes y rojizos. Al igual que los de su hermana.

-Quiero que… quiero que te hagas cargo de ella.

Midoriko se sobresaltó al escuchar esto último y miró preocupada a la mujer.

-Voy a morir… - dijo con voz apagada – lo sé… no quiero que Kagome se entristezca desde ahora. Solo esperemos el momento de mi muerte… en secreto… promételo – le miró seria – promete que no le dirás nada de esto y que, una vez que yo ya no esté. Te harás cargo de ella. – Silencio – ¡promételo! – volvió a repetir al no tener respuesta.

La ojiazul asintió.


Tocaban la puerta… su madre no estaba en ese lugar… le sorprendió no encontrarle cuando llegó… se dirigió a la puerta y la abrió, sintiendo una vez más la presencia de esa persona y su olor… sonrió.

-Te necesito… - susurró la voz de Inuyasha – Necesito tu ayuda…

Continuará...

Notas finales: Bien... que les pareció?? triste?? si... la historia es algo triste... pero es bonita a la vez (bueno a mi me parece así) ya se dieron cuenta del como fue que Inuyasha llegó a un estado tan depresivo... (si... estúpida Kikyo...) más adelante se explicará el por que del comportamiento tan repentino de la chica hasta este... pero en el próximo capi. ya es Kagome dándole unas pequeñas clases de vida a Inuyasha.

PD: por cierto... la historia de "conviviendo con mi hermanastro" la actualizo el martes... este fin de semana trato de dedicarme a esa historia...!!! ah... y he creado otra (jiji) no me canso XD. pero es que ahora es sobre otra pareja que me encanta y es tan Kawaiii...!! se llama: Mi dulce angel de la guarda... cuyos personajes principales son: Syaoran y Sakura (amo esta pareja) bien... hasta el próximo capi!!! sayo!!! D