Capítulo 05

Natsu no estaba muy seguro de dónde habían salido esas palabras, pero una vez dichas, se dio cuenta que sonaban muy bien para él.

—Muy gracioso.

Se puso rígida, y sintió cómo sus propios músculos se hacían eco, pero el hecho de que no abriera sus ojos o levantara la cabeza del borde de la bañera le dio la impresión que no se lo tomaba en serio. Lo intentó de nuevo.

—Múdate conmigo —Dijo—. Te masajearé los pies regularmente, recogeré mis propios calcetines y te prometo todo el sexo que puedas manejar.

Vio cómo abría los ojos y le miraba. Sus cálidos ojos marrones se veían suaves y un poco dolidos. Le miró fijamente durante un largo minuto antes de hablar.

—No es bueno burlarse de una mujer mientras estás masajeándole los pies. Estamos demasiado vulnerables. Sé serio, ¿de acuerdo?

—¿No he sonado serio?

—Ningún hombre puede sonar serio cuando le pide a una mujer que viva con él en su primera cita.

—Técnicamente, esto no es una cita. Para que lo fuera tendríamos que haber ido a alguna parte y hacer algo más que tener sexo alucinante.

Se sonrojó con eso, y encontró que el brillo de color por debajo de su piel pálida era encantador. Infinitamente más encantador que la manera en que empezó a sacudir su cabeza.

—Si hablas en serio, entonces, también estás loco —Sacó los pies de encima de su regazo y comenzó a sentarse hasta que el movimiento llevó a sus pechos por encima del agua. Rápidamente volvió a hundirse y atrajo las rodillas a su pecho y fuera de su alcance. La expresión que tenía ahora parecía molesta y un poco triste—. Realmente me hubiera gustado que no destrozaras mis ilusiones tan pronto. Debo irme. ¿Puedo tener una toalla por favor?

—No.

Le miró, sus cejas alzadas y sus ojos abiertos y sorprendidos.

—¿No?

—No, no puedes tener una toalla. Si te doy una te secarás y te irás a casa, y no estoy listo para dejarte marchar todavía.

—¿No hemos pasado por esto ya? —Frunció el ceño y cruzó los brazos sobre el pecho—. Realmente no puedes retenerme aquí.

Sus instintos le instaban a demostrarle cuán equivocada estaba realmente con eso, pero los forzó a someterse. Si quería que esta mujer estuviera a gusto con él, tendría que ir despacio. Estaba aprendiendo que no era tan delicada cómo se veía, pero sabía que aún podía asustarla si no iba con cuidado. Creía que limitándose a pedirle que se mudara con él, en lugar de informarla que se casarían y tendría a sus cachorros, como quería hacer, era bastante moderado. Pero, aparentemente, la situación requería de una mayor delicadeza. Esperaba ser capaz de manejarlo.

—No tengo ninguna intención de hacer de ti una prisionera —Dijo, reteniendo sus impulsos—. Pero seamos lógicos acerca de esto. ¿Qué piensas hacer cuando salgas de aquí?

—Voy a ir a casa.

—¿Con un forastero desnudo en tu sofá? —Recordó esa parte de la conversación telefónica que había escuchado. Tuvo que apretar la mandíbula para evitar expresar exactamente cómo se sentía acerca de cualquier otro hombre que no fuera él en su apartamento, y mucho menos desnudo y acostado esperándola—. No sonabas muy contenta con esa idea antes. ¿Has cambiado de opinión?

Vio el momento exacto en que el recuerdo volvió a ella en la breve caída de sus hombros antes de que los cuadrara de nuevo y levantara la barbilla desafiante.

—Puedo ir a casa de una amiga —Dijo.

—¿Quieres decir una de las personas que te metieron en esta situación? ¿De las que huías anoche cuando tropezaste conmigo? —Casi lamentó haberlo señalado cuando la vio hundir su barbilla y su expresión se volvió pesarosa, pero tenía que recordárselo. Todo esto sería lo mejor al final, para él y para su compañera—. ¿Es eso realmente lo que quieres hacer?

Oyó su suspiro y vio su encogimiento de hombros.

—No hay mucho más que pueda hacer. Excepto tal vez llamar a la policía, y no quiero que el pobre hombre sea arrestado. Sólo quiero que salga de mi apartamento.

—Puedes quedarte aquí —Levantó una mano cuando empezó a protestar—. Espera, cálmate. Si quieres creer que estoy loco por querer que te mudes aquí, vale. No te mudes. Sólo pasa el fin de semana. Una vez que sea seguro y cómo-se-llame se haya ido, regresa a tu apartamento, y esperaré a que hayamos tenido unas cuantas verdaderas citas antes de volver a preguntar.

En realidad no tenía intención de volver a pedirle que viviera con él. La próxima vez, se lo mandaría. Menos opciones para una discusión de esa manera. Vio el inicio de una negativa y abogó por su caso.

—Son sólo un par de días. Podrás estar en casa a tiempo para ir a trabajar el lunes por la mañana.

—No tengo que ir a trabajar el lunes —Murmuró, mordiendo su labio inferior de tal modo que le hacía querer hundir sus dientes en esa carne rosada—. La próxima semana son las vacaciones de primavera.

Archivó ese detalle cómo algo útil y presionó cuando vio que dudaba.

—Eso es aún mejor. En caso de que ese perdedor no se marche de tu casa hasta que el lunes tenga que ir a trabajar. Te da un margen. Además, no le dijiste a Erza dónde estabas, ¿verdad?

Negó con la cabeza.

—¿Cómo sabías que estaba hablando con Erza?

—Ninguna de tus otras amigas es tan intimidante —Dijo—. Así que si no le dijiste dónde estabas, estás a salvo. Estoy seguro que nunca pensará en buscarte aquí, ¿no? ¿Por qué no tomas ventaja de eso? Tienes la oportunidad de mantenerla alejada de tu trasero por dos días enteros. ¿No suena eso genial?

Ella tamborileaba sus delgados dedos contra su hombro mientras pensaba en ello, y trató de centrarse en eso en lugar de en su deliciosa boca. No lo calmó para nada, pero se las arregló para permanecer en su extremo de la bañera.

—¿Mi estancia aquí no estropeará tus planes para el fin de semana?

Trató de no sonreír triunfalmente.

—No tengo ningún plan para este fin de semana. No estropearías nada —Le aseguró.

Ella frunció los labios.

—¿Y dónde exactamente voy a dormir?

—¿No fue cómoda la cama?

Le miró con una expresión extraña, y Natsu no pudo decir si estaba ofendida, intrigada, disgustada o superada por la lujuria. Por esta razón era que los seres humanos deberían de tener colas. O por lo menos orejas más grandes. Eso haría que la lectura de sus expresiones fuera más fácil.

—Realmente podrías ser un caballero y ofrecerme una habitación —Dijo finalmente, mirándole fijamente.

—No tengo mucho de caballero —Dijo, mostrándole una fugaz sonrisa—. Además, ¿cómo se supone que voy a convencerte para que vivas conmigo después si no te hago disfrutar del sexo más increíble? —Ella se sonrojó, lo encontró adorable y tuvo que luchar para no babear.

Dudaba que le agradeciera el cumplido dragón.

—¿De verdad quieres que duerma en la cama contigo?

—Ahora mismo, si estás dispuesta.

Sacudió la cabeza como si no pudiera creer lo que estaba oyendo.

—No hay razón para que actúes así. Podrías tener a cualquier mujer que quisieras con tan sólo ofrecerle una de esas sonrisas asesinas tuyas. ¿Por qué me quieres a mí? ¿No hay suficientes mujeres que sucumban ante ti?

No podría haber sofocado su sonrisa aunque su vida dependiera de ello.

—Estás celosa.

Lucy se echó a reír, aun negando con la cabeza.

—No —Negó—. Confundida.

Vio su piel de gallina y se dio cuenta de que el agua debía de estar fría. Salió de la bañera y cogió una toalla del armario.

—Sin embargo, no tienes de que preocuparte, porque no estoy interesado en ninguna otra mujer.

Ignorando el agua que goteaba por su propio cuerpo, envolvió la toalla alrededor de Lucy y la frotó suavemente sobre su piel. Quiso discutir con ella por qué no estaba interesado en ninguna otra mujer, pero calculó que sus posibilidades de mantenerla en su casa eran muchos mayores si el término "vínculo de compañeros" no aparecía durante otro día o dos. Le daría tiempo para que se acostumbrara a él primero.

Se agachó frente a ella para secarle las piernas y los pies. Apostaría a que su talla de zapatos no era mayor a una seis, sus pies eran tan pequeños y delicados, con pronunciados arcos y pulidos dedos sombreados de un suave tono rosa casi exacto al de su piel cuando le hacía tener un orgasmo para él. El pensamiento le hizo endurecer de inmediato, y luchó para no inclinarse y enterrar su cara en el nido de rizos rubios que cubrían su sexo. Tenerla tan cerca y cómoda no parecía estar ayudando a su fuerza de voluntad en absoluto. Obligó a sus ojos a centrarse de nuevo en sus pies hasta que pudo sentir su mirada en la parte superior de su cabeza.

Miró hacía arriba.

—¿Qué?

Negó con la cabeza.

—Me estaba preguntando algo...

Se puso de pie y finalmente se apiadó de ella, le envolvió la toalla alrededor del cuerpo de modo que pudiera cruzar los brazos sobre sus pechos. Esperaba que se diera cuenta exactamente de lo que este espectáculo de caballerosidad le había costado.

—¿Qué estabas pensando?

Se arregló la toalla de forma más segura a su alrededor y se recogió el pelo por detrás de las orejas. Bajó la mirada hasta el suelo y se encogió de hombros.

—¿Por qué estás actuando como si estuvieras tan interesado en mí?

—Probablemente porque lo estoy—Pensó en agarrar su mano y envolverla alrededor de su dolorido pene, sólo para demostrarle exactamente cuán interesado estaba, pero eso sería un error en su totalidad que haría que saliera corriendo del cuarto huyendo de él, gritando.

—Sí, claro.

Frunció el ceño.

—¿Que se supone que significa eso?

—Significa que tengo un pequeño problema en creer que de pronto soy irresistible —Dijo, levantando la cabeza para mirarle directamente a los ojos. La forma en que podía ser a la vez una flor tímida y una tea rebelde le fascinaba—. Me conoces desde hace seis semanas y esta noche ha sido la primera vez que me has mirado como algo más que una extensión de una imagen de fondo.

—Obviamente he sido un idiota —Replicó, disfrutando de la forma en que sus ojos marrones se habían ido caldeando y chispeaban hacia él—. ¿Qué otra cosa esperabas? Soy un hombre. Somos idiotas de nacimiento.

—Algunos son más idiotas que otros —Convino—. Pero realmente preferiría que no actuaras como si de pronto te hubieras dado cuenta de que soy completamente hermosa y sexy y que soy todo lo que cualquier hombre ha soñado.

—Pero lo eres.

Negó con la cabeza y su expresión adquirió un toque de ira.

—El hecho de que sea profesora en un jardín de infancia no me convierte en tonta. No me mientas, por favor.

La forma en que su piel se enrojeció y el subir y bajar de sus pechos por su respiración enojada hizo que su bestia se incorporara y aullara. Su indignación hizo que su esencia se volviera más nítida, más amarga, más fuertemente especiada. Quería lamer todo ese resentimiento de su piel y convertirlo en deseo, y entonces quería lamer entre sus piernas hasta que se transformara en saciedad.

—No estoy mintiendo —Dijo, obligándose a concentrarse en la conversación—. Realmente soy un idiota, y realmente creo que eres totalmente hermosa y sexy. ¿No te diste cuenta de eso cuando me puse tan caliente y duro que me transformé en un cretino que sólo decía monosílabos sólo porque no podía esperar a estar dentro de ti? —Negó con la cabeza—. Ése no es el tipo de reacción que se pueda fingir.

—Por lo que yo sé, no tienes que fingir nada —Espetó—. Tienes una reputación muy buena, Natsu. He oído que sólo hay un puñado de mujeres de las que conoces que no hayan acabado en la cama contigo. Así que perdóname por pensar que no es un logro conseguir que tengas una erección.

Una inesperada lanza de dolor corrió a través de él. Había disfrutado con todas y cada una de las mujeres que había tomado y no tenía ningún motivo para lamentar ni una sola, pero de alguna manera su compañera le hacía tener ganas de lavarse su pasado. Se pasó una mano por el pelo y frunció el ceño.

—Estás haciendo que suene como si sólo te hubiera querido por estar allí. Como si quisiese tan pronto como hubiera alguien más.

—Exactamente.

La frustración le dio ganas de aullar. Logró evitarlo.

—No es así —Gruñó, tratando de pensar en una manera de hacerle entender su necesidad sin aterrorizarla de tal modo que corriera—. Te quiero a ti, Lucy, no sólo un cuerpo femenino.

—Sí, claro.

—Lo digo en serio, he tenido un montón de cuerpos femeninos. Tienes razón sobre eso —Admitió, y tuvo que apretar los dientes contra el dolor que vio parpadear en sus ojos—. Pero eso significa que conozco la diferencia entre ellos y tú. No quiero otra mujer. No le he pedido a otra mujer que pase el fin de semana conmigo.

La vio sacudir la cabeza y se dirigió de nuevo a su lado, agarrándola por los brazos la obligó a enfrentarse a su mirada. Necesitaba impresionarla con la verdad, y esperaba que fuera capaz de leerlo en su rostro.

—No le he pedido a otra mujer que viva conmigo. Nunca le he pedido a ninguna mujer que hiciera eso. Sólo a ti.

—Pero eso es lo que no entiendo —Susurró, con los ojos abiertos y confusos cuando le miró—. Esta noche es la primera vez que has hablado más de cinco palabras conmigo, ¿y de repente estás loco por mí? Eso no tiene ningún sentido.

Por primera vez en su vida, Natsu lamentó ser un hombre dragón. Si fuera un vampiro como Gray, podría leer sus pensamientos para saber exactamente cómo tranquilizarla, pero en lugar de eso estaba indeciso en la manera de hacerla confiar en él sin también hacer que le viera como una criatura aún más rara de lo que ya era.

Incapaz de resistirse, alargó la mano para acariciar su sedoso pelo, recordando cómo se veía extendido sobre sus sábanas. Deseaba verlo allí de nuevo, ahora, pero quería más que eso. Si quería convencer a esta mujer para que fuera su compañera, tendría que moverse lentamente. Y si eso no era enseñar trucos a un perro viejo, no sabía lo que era.

—¿Por qué no dejar de pensar tan duro y me das una oportunidad? —Sugirió—. Ya has accedido a quedarte este fin de semana, así que lo utilizaré para convencerte de que hablo en serio.

—El sexo no va a hacerlo.

Se rió y se impulsó para abrazarla hasta que chilló una protesta.

—Te prometo que el sexo sólo será una parte de ello —Bromeó, aflojando su control. Sólo ligeramente—. Vamos a hacer otras cosas, también. Cosas que hace la gente cuando quieren llegar a conocerse unos a otros. Como hablar... y ver películas... y jugar... y pedir comida china. ¿Qué dices?

Ella le miró en silencio, y pudo ver que buscaba alguna pista. Esperaba que lo que encontrara la tranquilizara sobre su sinceridad. Finalmente, respiró hondo y asintió una vez.

—Está bien —Aceptó—. Ya que me tengo que quedar aquí de todos modos, no hay mucho que pueda hacer para evitarlo, supongo.

Rió y la abrazó triunfalmente de nuevo.

—Perfecto —Plantó un gran beso en su boca sorprendida antes de alejarse y dirigirse a la puerta del dormitorio—. Espera un segundo, y voy a buscar algo que te puedas poner. Luego te llevaré a desayunar. No sé tú, pero yo me muero de hambre.

No logró contener el júbilo en sus pasos cuando la dejó mirándolo fijamente. Tan pronto como se vistiera, iba a llevarla a su restaurante favorito y alimentarla. Con las cosas que había planeado para su fin de semana juntos, iba a necesitar reponer toda su energía.