Disclaimer: Personajes propiedad de Rumiko Takahashi.


Capítulo 6: El desenlace de la velada

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Las cosas con Sango no es que hayan salido del todo bien, una vez llegaron hasta la casa de la castaña, la cantaleta de los padres no tardó en llegar, Kagome ya "despierta" pero algo entonada acompañó a Sango hasta la puerta junto con Miroku; Luego de explicarle al padre que Sango en realidad sólo había bebido un par de copas de sake, nada más, y un largo sermón, el señor Taijija aceptó a su hija en la casa y se despidió del par de adolescentes. Ambos se acercaron al vehículo en el que InuYasha estaba esperando.

–Diría que ya perdí al menos 10 puntos– dijo Miroku descansando su frente en la palma de su mano.

–Entonces vas por -30, vas mal Miroku, MAL– respondió Kagome con cierta burla en la voz. –Hubiera sido mejor pedir permiso para que Sango se quedara en mi casa, pero ¿Quién iba a pensar que no más con el olor a alcohol ya se desmaya?

–Ciertamente tienes razón, incluso le hubiera dicho que se quedara en mi casa, mis padres no ponen proble… –se giró rápidamente en dirección a la pelinegra. –¡Espera! ¿Cómo es eso que tengo -30 puntos con Sango? ¿Tenía menos 20 en un principio?

–Bueno, yo diría que menos– se rió. –Pero ahora no creo que Sango salga con nosotros, por lo que me ha dicho su padre es muy estricto con esas cosas– Bajó el tono de su voz; –Ahora, ¿qué haré? ¡Su padre ha de pensar muy mal de mí!

–Cálmate Kagome– dijo InuYasha tranquilamente. –No seas tan dramática, tú no eres mala influencia para ella, ya verás que en un par de días estará en tu casa como siempre, sin ningún problema.

–¿Tú como sabes eso? ¿Cómo sabes que la van a dejar seguir siendo mi amiga? Además… ¿Cómo es eso que Sango se la pasa en mi casa? ¿Acaso me espías?

InuYasha miró el retrovisor incómodo, mientras Kagome le miraba acusadora. Miroku tosió nervioso y anunció que ya estaba en su casa, InuYasha estacionó el auto y salió junto con Kagome. Después de todo el carro era del padre de Miroku, y no estaban muy lejos de su casa, ya caminarían. No está de menos decir que el camino se tornó largo y tortuoso, hasta que la chica fue la primera en hablar.

–¿Me vas a decir entonces?

–¿De qué hablas?– preguntó molesto.

–Tú sabes de qué– respondió con obviedad, él la miró confuso, o era muy idiota o de verdad no sabía; malhumorada continuó. –Lo dejaré claro InuYasha, yo escuché la conversación que tuviste con Miroku antes de llegar a la casa de Sango.

InuYasha tragó saliva, y la miró fijamente. Kagome apartó la mirada.

–Todavía estás ebria Kagome.

No se la creyó, pero antes de poder reclamar tropezó y hubiera caído de no ser porque el chico la agarró de los hombros, evitado su caída.

–¿Ves que estás borracha?– rió, pero su rostro se tensó al ver que Kagome no respondía. –Kagome, Kagome, ¿estás bien?

La pelinegra no respondía, claramente no podría llevarla a su casa inconsciente, y menos él, cuando nunca salió con ella, no estaba lejos de su casa, una hora de descanso era suficiente, ya más tarde estaría en condiciones de llegar a su casa, la cosa era ¿Es que ella no tenía toque de queda? O su madre era muy permisiva. Bueno, cuando se despertara ya se le ocurriría algo. Con cautela entró a su casa, ya todos estaban dormidos, entró a su habitación y la dejó acostada en su cama, salió a la cocina en búsqueda de algo de comer y tomar.

–¿InuYasha?– dijo su padre algo somnoliento. –¿Acabas de llegar?

Algo sorprendido, InuYasha asintió.

–Y… ¿Cómo te fue? ¿Dónde estabas?

–Estaba en una fiesta, fui con Miroku.

–¿Nadie más?

–Pues, los que estaban en la fiesta– respondió mientras cargaba un par de paquetes y un jugo.

–¿Tienes mucha hambre? No cenaste, ¿verdad?– InuYasha negó con la cabeza. –Entonces cuando Kagome se despierte le mandas saludes.

–¡¿QUÉ?!

–Si, mándale saludes, está en tu habitación, ¿no?

El chico tragó saliva.

–¡N-no es lo que crees!

–Más te vale, ya sabes los acuerdos de la apuesta.

–P-pero…

–Tranquilo hijo, mañana estaré dispuesto a escucharte, por ahora ve y la cuidas. Pero ojo, no te vayas a pasar.

–Oye, ¿qué crees que soy? ¿Un necrofílico o algo?

Inu no dijo nada y sólo dejó a un desconcertado InuYasha en la cocina, suspiró, ¿en cuántos problemas lo iba a meter esa niña? Pero no podía negar que su vida se había vuelto un poco más interesante desde que Kagome llegó. Subió hasta su habitación para encontrarse con la chica muy despierta y alerta, se paró en el marco de la puerta y la observó hasta que ella lo vió ahí.

–¡InuYasha! ¿Qué hago aquí? ¿Es tu habitación?

–Shh, no grites que los despertarás– dijo acercándose a su cama, ella se alejó instintivamente. –Oye, ¡piensa rápido!– lanzó la caja de jugo, y Kagome aturdida logró recibirla.

–¿Qué te pasa? Por poco y me golpeas.

–Bueno, después de todo tienes buenos reflejos– sonrió y se sentó a su lado. –Eres la primera chica que conozco que se toma una botella de sake y no cae inconsciente hasta el día siguiente, no es la primera vez que tomas, ¿verdad?

–Realmente si– arrebató el paquete de frituras de la mano del chico. –No sé, la verdad, nunca había bebido tanto en mi vida.

–Cada vez me sorprendes más– musitó por lo bajo, sin embargo la pelinegra logró escucharlo.

–Mira InuYasha, no me interesan las razones por las que me trajiste a tu habitación en vez de llevarme a mi casa– dijo seria, InuYasha bufó y se sentó en el marco de la ventana, mirando la vacía calle a la 1 am. –Pero, gracias por no dejarme tirada.

InuYasha rió. –¿Y cómo lo iba a hacer? Sabes Kagome, yo no soy ningún patán– suspiró mientras contemplaba el cielo nocturno. –La verdad es que yo sólo no quería que llegaras así a tu casa.

–¿Realmente importa?– se acomodó en la cama. –Me hubieras llevado, mi mamá se hubiera alegrado de verme borracha e inconsciente.

–¿Es en serio?– rió el chico. –No creo que tu madre sea irresponsable, parece que es buena madre.

–No he dicho que no lo sea, es sólo que… bueno, ella es algo diferente.

–Ni que lo digas– susurró InuYasha. –Mi padre a veces no actúa como tal.

–No lo creo, él es un señor muy formal.

–Bueno, te sorprenderían algunas acciones de su parte.

Lo que Kagome no entendía era cómo una conversación tan fluida había tomado lugar entre ella e InuYasha, eso no era normal. Efectos del alcohol. Eso era seguro, pero él no había bebido nada. La cosa era que todo estaba bastante raro. Hubo un silencio hasta que InuYasha habló.

–¿Tu padre es igual que tu madre?

Kagome bajó la cabeza, –No veo mucho a mi padre, si acaso una vez al mes, todo es cuestión de su trabajo– dijo con seriedad.

–Yo lo siento Kagome.

–No te sientas mal, es lo normal– sonrió forzosamente. –Pero es buen padre, siempre responde por nosotros, es lo importante supongo.

–No lo es, un padre es indispensable, así respondan por ti, el convivir con él es importante– Kagome lo miró. –Igual que una madre.

Kagome sintió un aura de tristeza rodear al chico y lo miró, buscando una respuesta en la mirada ámbar apagada. Sin embargo el peliplata no decía nada, sólo parecía mirar a ningún punto fijo fuera de la ventana. Entonces la chica sintió que ya era el momento de irse.

–Um InuYasha, creo que debería irme ya, no creo que sea normal que esté en tu habitación a estas horas de la madrugada.

–Hmp, claro, te acompaño hasta tu puerta.

–No es necesario, bueno, puedes mirar desde la ventana de todos modos.

InuYasha giró la cabeza mirando hacia la calle.

–Entonces que tengas buena noche.

–Igual tu, o bueno lo que queda– dijo. –Fue una noche bastante larga.

InuYasha asintió en silencio, la chica salió y al instante la vio cruzando la calle, pero, sin zapatos. Se le había olvidado decirle que los dejó en el mueble de la puerta, o en todo caso, a ella se le olvidó colocárselos. Notó como entró a su casa y saludó a su madre con una sonrisa en el rostro.


–Kagome, ¿y tus zapatos?– indagó la señora Higurashi extrañada al ver a su hija descalza.

–Um, creo que los tiene Sango, bueno, me iré a dormir, tengo dolor de cabeza y estoy cansada.

–¿Bebiste?

–Un poco.

La madre sonrió y abrazó a su hija con una incontenible alegría.

–¡No sabes lo orgullosa que estoy de ti!

–¿Eh? O sea que puedo llegar en cualquier estado y no pasa nada– se llevó una mano a la barbilla. –Interesante saberlo.

–No por eso Kagome, me alegra que seas sincera conmigo.

–Siempre lo he sido, ma– dijo caminando hacia su habitación. –Igual nunca me dices nada.

–Porque sé que tú eres responsable, además confío en ti; claro a parte que me alegra que vivas como una chica de tu edad, pero asegúrate de no pasarte, sabes que confío en ti.

–Si ma, ya lo dijiste dos veces, descansa.

Kagome entró a su habitación y dio un largo suspiro, esa noche había sido más de lo que había esperado. Sango aceptando a Miroku. Chicos hablándole. Sango borracha. InuYasha discutiendo con Koga. InuYasha hablando de ella con Miroku. InuYasha llevándola a su habitación. ¡¿Qué demonios estaba pasando?! Se tiró pesadamente a su cama luego de empijamarse y lavarse el rostro, todo estaba listo para por fin dormir.

Toc toc.

Se levantó completamente alerta y miró hacia su ventana de donde provenía el sonido, allí estaba una figura apoyada en el marco y el tejado. InuYasha.

Podía agregar otro hecho: InuYasha en su ventana a las 2 am.

–¿Qué diablos haces en mi habitación?– preguntó con molestia, abrió su ventana.

–Técnicamente no estoy en tu habitación– dio un paso adelante. –Ahora si.

–De nuevo lo diré, ¿qué diablos haces en mi habitación?– una venita se marcó en la frente de la chica.

–Dejaste tus zapatos en mi casa.

–¿Es en serio InuYasha? ¿Viniste a mi ventana a las dos de la mañana a entregarme mis zapatos?

–Si, no quiero inventar fantasías de mi famosa vida como mujeriego explicando la razón por la que tus zapatos estaban en mi casa– dijo con cierta amargura.

–Como sea, deberías irte.

–Pero deberías despedirte adecuadamente, ¿No crees?– torció su sonrisa, burlándose de Kagome.

–¿Ah sí? ¿Y cómo es "adecuadamente"?– se acercó a la ventana donde él estaba. –¿Un ventanazo quizá?

–No– dijo agarrándola del brazo, para luego darle un beso en la mejilla. –Así.

Kagome enrojeció, InuYasha era un maldito mujeriego, lo empujó por la ventana.

–Así te despides de todas, ¿no?– cerró la ventana, el chico con una mueca de diversión dio un brinco del segundo piso a la calle y se alejó. –Así debe ser con todas…

Se dejó caer al piso, tenían razón todos aquellos que hablaban mal de él, era un mujeriego, y entonces deseó que esa noche nunca pasara; porque no quería afrontar lo que venía luego de esa anormal velada. Esperaba que la escuela fuera igual, cosa que dudaba, tanto por Koga como por todos los demás que la vieron esa noche. Y aún más importante, no quería ni ver a InuYasha, mucho menos tener algo que ver con él. Ah, y también que Kikyo ni se fuera a enterar.

En todo caso, el largo sábado había terminado.

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¡Hola! Espero que les haya gustado este capítulo, me gustó hacerlo, así que espero que disfruten leerlo también n.n No hay tiempo para comentarios (?) Sólo como siempre, que me dejen algún comentario, crítica o algo, de verdad me gusta mucho saber que opinan acerca de mi fic :3 Trataré de no dejar más de 2 semanas sin actualizar. ¡De verdad! ToT

Gracias: Sayaaomes; Azucenas45; Jossy-chan; Astron y Valeaome.Me alegra mucho que les guste, gracias por comentar :D

Sin más nos leemos hasta el próximo capítulo n.n

No sé si lo notaron, pero en el título del capítulo anterior escribí "Capítulo 4" cuando era el 5 xDD