Hola!
Después de mucho tiempo os traigo el siguiente capítulo de esta historia, espero que os guste!
-No fue tu culpa, Ace –susurró Robin detrás de mí.
–Que sabrás tu… –dije sin ni siquiera girarme a mirarla. Oí como se acercaba hacia mí y colocaba una manta sobre mis hombros.
–Quizá crees que nadie puede entenderte en este momento, que nadie ha estado en una situación como la tuya. Es algo complicado, pero no solo para ti, también lo es para todos nosotros. Creo que en vez de estar lamentándote y aferrándote a un pasado el cual desgraciadamente no podemos cambiar, deberías estar con tus compañeros y tu hermano porque están muy preocupa… –la interrumpí.
– ¡Tu no entiendes nada! No tienes ni idea de lo que es vivir siendo odiado por todo el mundo y que la persona que me ha querido y aceptado como su hijo haya muerto por mi culpa –le grité enfurecido. No podía tolerar que me siguieran diciendo que no me torture más con ello porque no saben el peso que llevo encima y nunca lo entenderían.
–No eres el único que ha perdido a alguien importante –añadió fría. Quizá las palabras con las que me había expresado no eran las mejores y el tono tampoco pero estaba muy enfadado.
Dejé de sentir su mano sobre mi hombro. Notaba como el suelo de madera del barco crujía mientras Robin se alejaba tras de mí. Sentí un gran vacío cuando se marchó. La manta que tenía colocada sobre mis hombros se deslizó suavemente por mi espalda hasta terminar en el suelo. Yo la miraba sin hacer ni siquiera el amago de intentar cogerla antes de que cayera por completo.
Suspiré profundamente mientras miraba el mar. Muchas preguntas rondaban por mi cabeza: ¿Qué pasará ahora que nuestro capitán ya no está?, ¿cómo voy a poder vivir con ese sentimiento de culpa? Una parte de mí no quiere seguir adelante pero la otra me dice que cumpla el deseo de mi padre y viva por él, por mis compañeros y amigos, por mi hermano y también por mí.
Pasaban los segundos, los minutos e incluso las horas, el tiempo se escapaba de entre mis dedos como el agua. No sé exactamente cuánto tiempo había pasado desde que Robin se había ido. La brisa marina me acariciaba el rostro mientras alborotaba mi rebelde cabello. Dirigí mi mano derecha hacia mi frente para apartarme los mechones revoltosos.
– ¿No crees que te has pasado un poco con la pobre Robin? –di un pequeño salto por el susto. Me giré bruscamente y vi a Marco detrás mío con expresión relajada.
– ¡Marco! Me has asustado –sonreí forzadamente para disimular– ¿qué haces aquí?
–No intentes evadir la pregunta que te he hecho.
–Quizá tengas razón… -suspiré cansado.
–Mira, Ace… sé que te lo han dicho muchas veces des de que acabó la guerra pero no fue tu culpa, tanto él como nosotros e incluso tu hermano decidimos venir a salvarte, sabíamos que estábamos expuestos a grandes peligros, incluso a la muerte. Nadie nos obligó a venir, lo hicimos por propia voluntad –hizo una pausa– Robin tiene razón, te entendemos porque todos hemos perdido a nuestro padre y también a nuestros hermanos. Tenemos que apreciar la vida y cumplir la voluntad de nuestro padre, tenemos que seguir su legado.
Me apoyé contra la barandilla y suspiré cansado. Marco estaba a mi lado expectante. Dirigí mi mirada al cielo, no me había percatado de que ya era de noche. Las estrellas brillaban radiantes destacando sobre el inmenso fondo azul oscuro… ¿Qué debería hacer ahora, padre? Una estrella fugaz surcó el cielo, entonces entendí que debía seguir hacia delante y no mirar atrás. Eso es lo que querría mi padre.
–De acuerdo, padre –susurré y sonreí, una sonrisa sincera después de mucho tiempo.
– ¿Qué? –preguntó Marcó confuso con la mano en su mentón.
–Tienes razón, debo vivir y seguir adelante con todos vosotros.
–Por ahora deberías disculparte, ¿no crees? –me dio una palmadita en la espalda y se fue.
–Es que… –me rasqué la nunca sin saber bien que decirle– no se me dan bien esas cosas.
– ¿Desde cuándo al gran Puño de Fuego le importa como pedir disculpas? –dijo en tono burlón – ¿no será que te gusta?
– ¿Qué estás diciendo? –me sonrojé ligeramente pero conseguí disimularlo.
–Ya… -me miró escéptico y luego sonrió.
–Simplemente me parece alguien interesante de conocer –dije mirando al horizonte– algo misterioso la envuelve, como un halo o un manto oscuro, lleno de dolor y tristeza.
–Ajá –escuché por parte de Marco. Parpadeé repetidamente al darme cuenta que había empezado a divagar.
–Se podría decir que tengo mucha curiosidad.
–Pues el primer paso para conocerla es disculparte –suspiré profundamente y asentí abatido. Tarde o temprano debería hacerlo.
Marco me dio una palmadita amigable o, a mi parecer burlona, en la espalda, me deseó suerte con todo el temita de Robin y se marchó. Lo observé atentamente mientras desaparecía por los recovecos del barco.
Será un buen capitán, no tengo duda –pensé con una sonrisa melancólica.
Un pensamiento llegó a otro y acabé pensando en mi padre. Recordé aquel día en el que me aceptó en la banda a pesar de ser el hijo de su mayor rival, el día en el que me pidió que fuera su hijo y que surcara los mares bajo su nombre. Antes me avergonzaba el hecho de navegar con una bandera que no fuera la mía, porque para mí significaba la perdida de mi valiosa libertad. Sin embargo, las cosas cambian y por suerte he podido darme cuenta de que estando con Barbablanca, mi padre, he sido más libre que nunca. Gracias a él y a mis compañeros ahora soy más fuerte que nunca. Quizá no lo pude salvar pero ahora tengo el deber de proteger a todas las personas a las que quiero y me han ayudado.
–Padre, juro que los protegeré a todos y no permitiré que nadie más muera –afirmé decidido.
¡CRASH!
Oí un gran estruendo y una gran columna de humo salir del otro extremo del barco.
– ¿Pero qué cojones está pasan…? –fui interrumpido por un gran grito.
–¡AAAAH! ¡Socorro! ¡Que alguien me lo saque de encima! –parecía la voz del oso-mascota-lo que sea del médico sádico ese.
– ¡Sombrero de paja, bájate de Bepo, él no es comida! –vociferó Law.
Mi hermano estaba despierto y parece ser que con la pilas cargadas. Se notaba que necesitaban una pequeña ayudita para controlarlo, así que decidí ir a detenerlo antes de que acabáramos todos en el fondo del mar.
–Luf… –caí al suelo y no recuerdo nada más.
– ¡Capitán! Puño de Fuego se ha desplomado en el suelo y parece que está muerto –tragó saliva uno de los tripulantes del cirujano de la muerte.
– ¿Muerte súbita? –preguntó intrigado.
Y de un minuto a otro desperté y observé a un gran grupo de personas a mí alrededor mirándome, algunos preocupados y otros aterrorizados.
–¿¡QUEEEEEEÉ!? –gritaron todos, menos Trafalgar, al unísono bastante impactados.
– ¿Qué hacéis todos ahí mirándome? –bostecé somnoliento – ¿Qué pasa?
–Narcolepsia, que interesante –vi a Law apuntarlo en una libreta que a saber de dónde la había sacado.
Me froté los ojos para intentar librarme del sueño. De repente caí en la cuenta de que antes de que me quedara dormido, Luffy estaba montando un gran escándalo en la cubierta. Miré a ambos lados y, sorprendentemente, estaba todo muy tranquilo. Cuando me disponía a preguntar por él Law me contestó sin dejar que articulara ni una sola palabra:
–Está comiendo –pude evitar echarme a reír.
Final del capítulo!
Siento tardar tanto pero últimamente estoy muy ocupada. De verdad que me gustaría subir capítulos antes pero n o puedo. De todas formas, no os preocupéis porque no voy a dejar la historia a medias.
Otra cosa que os quería comentar es el hecho de que muchos me decís que los capítulos son cortos, os explico, yo hago una media de 1200-1300 palabras por capítulo, lo que viene siendo 4 páginas. Si os parecen pocas decidme una media de palabras o páginas para que no sea ni demasiado corto ni demasiado largo.
Muchas gracias a todos los que dejáis un comentario, un fav o me seguís. Y por supuesto también a los que se pasan a leer mi historia, aunque animo a estos lectores a que me hagan saber si realmente les gusta la historia o no y comentarios constructivos para intentar mejorar.
Si os gusta dejad un review, favorito o follow, me haríais super feliz.
