Kristoff despertó ante la aguda voz de Anna, prácticamente zumbando en su oreja, y los pasos de Sven mientras se levantaba para saludar a la chica. Quejándose, se giró sobre su lugar para ponerse más cómodo sólo para ser sacudido por la chica, su voz incesante mientras continuaba gritando. Kristoff estaba seguro que el dueño de la posada les iba a cortar a ambos sus cabezas. "¡Kristoff despierta!" Anna medio rio, medio gritó, tomándolo de su blusa y tirando de él. El hombre se soltó de su agarre, quejándose y diciendo cosas que Anna no alcanzaba a entender. Algo entre las líneas de 'buenas noches Anna' y 'Vete'. Aún así la chica persistió, "¡Kristoff gané!"
Kristoff se dio la vuelta, abriendo apenas un ojo, "¿Ganaste?" escupió, molesto de que aún estuviera tratando de despertarlo. La chica lucía como si le faltara el aliento, posiblemente gracias a todo el griterío, y sus manos formaron puños frente a ella como si no pudiera controlarlas por toda la emoción. "Realmente parece una loca…" notó, mirándola a los ojos mientras la chica rotaba su mirada entre él y Sven. Mirando por arriba a su fiel reno, Kristoff le dirigió una mirada curiosa como inquiriendo sobre el comportamiento de Anna. Pero Sven le devolvió una igual de perdida mirada y se encogió de hombros, claramente no teniendo idea de lo que estaba sucediendo. "¿Qué ganaste Anna? ¿Un millón de billetes?" Kristoff rio mientras se sentaba lentamente, su espalda terriblemente adolorida.
Anna le sacó la lengua mientras sonreía, "¡Si quisiera!" bromeó. El hombre levantó una ceja hacia ella, su mente aclarándose. "¡Mira, encontré el copo de nieve dorado!" exhaló Anna, excavando en su bolsillo para encontrar el collar que valía por un deseo. Envolviendo sus dedos alrededor de la cadena lo sacó y se lo mostró al hombre y su reno. Los ojos de Ambos analizando el objeto mientras brillaba. "¡Este es mi pasaje para convertirme en un caballero!" rio Anna, sentándose a un costado del hombre mientras éste rascaba su cabeza. Tan pronto como confesó esas palabras, su rostro se puso serio, y recordó que no le había contado a Kristoff ni a nadie sobre su deseo de convertirse en un caballero. "Quiero decir…" comenzó Anna, silenciándose a sí misma al darse cuenta que ya era demasiado tarde para volver atrás. Iba a tener que decirle.
"Cómo… espera ¿Qué?" preguntó Kristoff, pensando primero en la idea de un millón de billetes y después yendo al hecho de que Anna quería ser un caballero. La confesión colgó en el aire, inquietándolos a ambos, y el hombre de repente se dio cuenta que sus palabras eran de verdad. Eso lo golpeó profundo, profundamente dentro de él y antes de que pudiera procesar otro momento sobre Anna y su deseo, ella ya le estaba explicando su noche y cómo tenía un pasaje para conseguir ese título. Anna le contó cómo siempre había soñado con ser un caballero, cómo había estado mintiendo sobre eso por algún tiempo y cómo había salido esa noche con el objetivo de completar su sueño. Le explicó cómo fue hacia el castillo, acerca de todos los hombres que vio y la propuesta de los nobles. Le contó cómo se escabulló en el castillo y cómo fue salvada por una de las residentes del castillo, posiblemente una noble y cómo encontró el copo de nieve en el suelo justo antes de volver a la habitación. Para cuando terminó la historia, Kristoff, al igual que Sven, se encontraban observándola con los ojos muy abiertos y con incredulidad.
"Eso es…" empezó a decir Kristoff, perdiendo sus palabras a la mitad de la oración.
"Imposible, lo sé…" Anna terminó por él.
"Si, muy imposible… ¿Cómo sabes que esto no es alguna clase de estafa Anna?" preguntó Kristoff, tratando de encontrar alguna forma con la cual los nobles hayan podido engañar a los hombres y a Anna. Cada momento que Anna había experimentado esa noche no mostraban signos de algún engaño o juego sucio de parte del Rey y la Reina, el único misterio para ellos era el premio. "¿Qué pasa si te están engañando?" agregó, no muy seguro de cómo traer el tema del título y de cómo el campamento se sentiría traicionado. Volver no sería lo mismo sin Anna, mucho menos con la noticia de que ella se convertiría en un caballero. La gente sería curiosa, haciendo preguntas y preguntándose a donde había ido la chica. ¿Qué les iba a decir entonces?
Anna sacudió su cabeza, "¿Qué podrían ganar al engañarnos… además de una buena risa?" dijo Anna mientras pensaba. Era cierto, el Rey y la Reina no tenían nada que ganar haciendo eso. Ellos habían ubicado un objeto real en alguna parte del reino de Adlai y lo querían de regreso así podían premiar al ganador. El premio misterioso era algo con lo que se estaba arriesgando pero mientras Anna supiera que tendría su deseo gratis, no le importaba. "A pesar de todo debo aprovechar esta oportunidad… un deseo significa que puedo tener cualquier cosa que quiera… y quiero mi nueva vida." Admitió, las palabras sonando pesadas entre ellos.
Kristoff asintió, tímidamente, y Anna se giró para ver al hombre luciendo más que nada melancólico. Ella había esperado que se sintiera triste, que la odiara incluso, pero esto era mucho más difícil de lo que esperaba. El hombre se debe haber dado cuenta que su comportamiento era evidente y lo escondió rápidamente con una sonrisa, "No te puedo asegurar que el resto del campamento estará feliz… pero estoy feliz por ti… de verdad." Dijo suavemente. Los ojos de Anna ardieron entonces y sintió que su visión se volvía borrosa. Se limpio las lágrimas con su mano, que pasaron desapercibidas por Kristoff mientras continuaba hablando. "Te voy a extrañar Anna… Arendelle está cerca ahora, pero tal vez no dentro de un año ¡o incluso dentro de un mes!" rio, mirando hacia Sven quien asintió su cabeza como forma de apoyo.
"Kristoff…" Anna comenzó a decir sólo para ser silenciada por el hombre. Se acercó a ella y pasó sus brazos alrededor de sus hombros. El contacto se sentía diferente para ellos, más significativo, mientras Anna sintió su cuerpo saltar de sorpresa contra él sólo para relajarse al momento siguiente. El hombre era honestamente uno de los amigos más cercanos que haya hecho, además de Esmeralda, y su apoyo significaba mucho para ella. Especialmente siendo alguien que odia a todos los nobles.
"¡Anna, caballero de Adlai!" dijo con una sonrisa brillante, sus ojos deslumbrantes como si pudiera imaginar a la mujer frente a él. "¡Defensora del campamento de Arendelle y héroe de todos!" gritó, haciendo reír a Anna. "Puedo imaginarlo totalmente… ¡protegiendo a la gente de la tierra, en el nombre del Rey y la Reina!" suspiró ruidosamente, "Las mujeres acudirán en manada hacia ti… y esta vez no estarán borrachas." Le dio una sonrisa de complicidad, ganándose una mirada de fastidio de parte de la chica. La única mujer con la que estuvo a punto de formalizar una relación fue con una chica del campamento de Arendelle, quien se había emborrachado una noche y besó a Anna sólo por diversión. Un dolor de cabeza y una amarga memoria más tarde, Kristoff aún bromeaba sobre eso.
Pasó sus brazos alrededor de los hombros de Kristoff y le sonrió al hombre, "Gracias Kristoff…" sus palabras eran cortas pero sinceras y pronto los dos se encontraron abrazándose fuertemente con Sven empujando su cabeza hacia ellos, queriendo unirse a la muestra de amor.
Pasaron unos instantes y los tres se separaron, todos sus ojos ubicados en el copo de nieve dorado que Anna estaba sosteniendo. "¿Cuándo iras a hablar con el Rey y la Reina?" preguntó Kristoff, queriendo aliviar la tensión en el aire que podía sentirse. Él era un hombre amable en el fondo, bueno para Anna y siempre escuchaba sus problemas. Él también sabía cómo desviar la conversación, especialmente en su favor.
Anna sostuvo el copo de nieve frente a sus ojos, la pieza brillando ante la luz tenue de la habitación. "Saldré mañana."
"Maldición…" exhaló Anna mientras caminaba de aquí para allá en frente del puesto, "¿Cuánto más va a tardar esto?"
Los tres se levantaron temprano, o tan temprano como pudieron desde que Anna se las arregló para despertarlos a mitad de la noche, y fueron inmediatamente a que arreglaran su trineo. El trineo difícilmente iba a ser arreglado y más que nada iba a ser reemplazado siendo que estaba casi destruido salvo unas pocas piezas de madera que habían recogido luego del choque. Anna sugirió comprar un nuevo trineo, viendo que las reparaciones tomarían horas e incluso días en completarse. Pero Kristoff y su tacañería decidieron que salvarían más dinero al repararlo, especialmente desde que apenas tenían el dinero para eso. Todo el tema del trineo ya les había costado la mitad del día, acercándose a la tarde cuando Anna comenzó a impacientarse. Él miró a la chica mientras caminaba de un lado al otro, Sven a su lado, ambos con una sonrisa tonta en la cara. "Realmente se te pegó eso de maldecir eh?" rio, silenciándose cuando Anna le dio una mirada de fastidio. "¡Es increíble como pasaste de actuar tan amablemente conmigo anoche a ser tan cruel esta mañana!" bromeó de nuevo, evitando sus ojos mientras la chica los giraba.
"Es pasado el medio día… ¿Cómo puede esto tardar tanto?" se preguntó Anna en voz alta, aunque ella sabía que incluso los más habilidosos carpinteros no podían hacer aparecer un trineo en menos de unas pocas horas. Ningún mortal podría hacer semejante cosa. "¿Y si cambian de opinión y cancelan el juego?" se preocupó Anna, mirando hacia el castillo que se veía a la distancia. No estaba tan lejos pero tardaría un tiempo en llegar a pie, irse ahora significaría dejar el trineo. Algo que Kristoff necesitaba para su trabajo con el Campamento de Arendelle.
Sven y Kristoff se miraron y luego a Anna, "¿Por qué no te adelantas y vas primero? Te alcanzamos luego" ofreció el hombre. Él sabía que eso no era lo que la chica quería, que ella quería decir adiós e irse desde el castillo, pero aún así quería darle la opción. Incluso aunque fuera algo que ella definitivamente no querría hacer.
Anna negó con la cabeza y sonrió, sentándose junto al hombre y su reno. "No, quiero que vayamos todos juntos… lo siento, solo estoy nerviosa" rio, tratando de encontrar algo que hacer con sus manos mientras comprobaba a menudo el sol para saber la hora. "¿Por qué no me cuentas una de tus historias de la infancia Kristoff? Con Sven" Anna prácticamente rogó, tratando de empezar una conversación para acelerar el tiempo.
El hombre inmediatamente comenzó con una historia de cómo Kristoff y Sven se encontraron con un grupo de trolls cuando eran más jóvenes, una historia que Anna había escuchado a menudo, y explicó cómo los trolls eran la razón por la cual él estaba ahí ahora mismo, siendo que ellos lo regresaron a sus padres. El interesante cuento era algo que Anna nunca cuestionaba, siendo que ella nunca había visto un troll ni sabía que existían hasta que conoció a Kristoff. Por todo lo que sabía las criaturas podían existir o no, algo que no estaba dispuesta a juzgar en su ignorancia sobre la especie. Luego, Kristoff contó una historia de cómo sus padres fueron en un viaje de negocios para nunca regresar, y cómo emprendió un viaje con Sven para encontrarlos él mismo. Esta historia era la más triste de las que el hombre le había contado, una de la cual ambos sabían el final. Eventualmente Kristoff encontró el campamento de Arendelle y ha estado viajando con ellos desde entonces. A veces Anna se preguntaba si él se quedo en el campamento no por la libertad de los trabajos que recibía ahí, sino por sus padres que aún esperaba encontrar.
"Wow…" dijo Kristoff, mirando hacia arriba, dejando la historia que estaba contando a la mitad. Una historia de cómo casi pierde una pierna.
Anna miró al hombre y luego a Sven, "Te rompiste la pierna cuando tenías ocho años porque… ¿wow?" repitió, obviamente confundida. El hombre puso su mano sobre la cabeza de la chica, girándola en dirección a la mujer a la que estaba mirando. La mujer era alta, mucho más alta que Anna, de cabello rubio sucio y un par de ojos oscuros. Ella estaba justo frente a ellos en otro puesto, discutiendo con el hombre acerca de una fruta de aspecto interesante que Anna jamás había visto. Si Anna no supiera mejor hubiera asumido que el hombre la estaba señalando para él mismo, queriendo hablar con ella sólo porque quería conocerla. Pero Anna sabía mejor, sabía que Kristoff no tenía citas a menudo y ella especialmente sabía lo que iba a hacer cuando vio esa tonta chispa en sus ojos mientras se levantaba para ir a hablar con la mujer. "Oh dios no de nuevo… Sven haz algo" imploró Anna; ocultando su cara entre sus rodillas.
"Ni te molestes Sven… ¡Espera aquí!" llamó Kristoff, ganándose otro quejido de Anna.
"¿Por qué siempre hace lo mismo Sven? Siempre es igual… solo espera." Explicó Anna, apuntando hacia el amigo del reno quien se acercaba a la mujer. "Va a empezar con una de sus estúpidas bromas…" dijo, el reno observando con temor mientras Kristoff hacía justo eso. Anna giró sus ojos cuando la mujer fingía reírse esta vez. La mayoría ni siquiera hacía eso. "Él va a… oh dios." Anna agachó la cabeza cuando vio al hombre apuntando hacia ella, justo como lo iba a decir, asomándose mientras la mujer le daba tanto a ella como a Kristoff una mirada de confusión. "Ahora ella va a preguntar… es eso un hombre o una mujer." Suspiró Anna, la mujer haciendo justo lo que ella había dicho. "Oh y ahora es cuando se pone bueno porque mira como Kristoff intenta explicar… la chica se va a enfadar y ahora cree que es una clase de pervertido y…" Anna vaciló por un instante, observando como la mujer se alejaba de él. "Qué raro… generalmente le dan una cachetada…" mencionó, Sven asintiendo lentamente mientras miraba la asombrosa escena que Anna había descrito palabra por palabra. Como si la chica hubiera escuchado la declaración de Anna, se giró y le dio una cachetada a Kristoff, muy para la aprobación de Anna. "Y… luego le dan una cachetada… ves, pasa todo el tiempo… ¿Verdad Kristoff?" preguntó Anna, cruzando los brazos en señal de victoria mientras el hombre se desplomó a su lado.
"Sólo trataba de conseguirte una novia y claramente todas las chicas en este planeta están locas…" refunfuñó, frotando su mejilla adolorida. "Quiero decir, que es esto… la sexta chica que cree que sólo soy un pervertido en busca de un buen momento… están todas locas… cada una de ellas."
"O tal vez no les interesan las chicas… o yo…"
"Tch, ellas se lo pierden…"
"Si, si solo todas pudieran ser tan raras como yo, entonces estoy segura de que no tendría ningún problema…"
"Hey…" dijo Kristoff, su voz tornándose seria. Anna suspiró, girándose para ver un par de ojos mirándola severamente. Ella sabía lo que significaba esa mirada, que él no disfrutaba como hablaba mal de sí misma. Un hábito que ella solía tener cuando se trataba de este tipo de situaciones. "Algún día vas a conocer a una asombrosa chica Anna, quien va a enamorarse totalmente de ti… ¡la única razón por la que aún no ocurrió es porque no la has encontrado aún!" explicó, su optimismo haciendo difícil para la chica el ocultar una sonrisa. "O tal vez si… tal vez ella aún no se haya dado cuenta… ¡quién sabe!" agregó Kristoff, cruzando los brazos sobre su pecho. "¿Tal vez estoy equivocado y era la chica del campamento de Arendelle?" bromeó, esquivando el golpe que Anna le dirigió.
"¡Deja de mencionarla!" gritó Anna, tratando de contener una risa. "¡Ni siquiera recuerdo su nombre!"
"Por supuesto que no… ¿Cómo podrías siquiera recordar que se besaron con la cantidad de alcohol que consumiste?"
"No estaba tan borracha…"
"Claramente lo estabas, de lo contrario hubieras escuchado mis advertencias sobre esa chica… lo que me recuerda a otra historia de cuando cumplí dieciséis…" comenzó a decir Kristoff, volviendo a su narración de cuentos. A Anna le resulto difícil concentrarse esta vez, el hecho de su soltería inquietándola. Anna no se sentía sola, tenía amigos tales como Kristoff y Sven para hacerle compañía, pero había momentos que le recordaban su estado sentimental que realmente la dejaban con una sensación amarga. Caminar por el campamento y ver a personas comenzando una relación, terminándola, estableciéndose y comenzando una familia era algo normal en la vida del campamento y difícilmente prestaba atención a eso. Pero en otros momentos, como éste y esos pensamientos profundos a mitad de la noche, que le recordaban lo mucho que deseaba tener a alguien a quien proclamar como suya. Kristoff iba en su octava historia, Anna difícilmente escuchándolas a este punto, y el sol se estaba sumergiendo detrás de los puestos así como de los otros edificios cuando el hombre por fin terminó el arreglo del trineo con los pedazos de madera que le habían dado.
"¡Gracias!" exhaló Kristoff, entregándole una bolsa con oro como pago y tomando las riendas para atarlas a Sven. El hombre miraba sorprendido cuando recibió el pago, revisando si era la cantidad que buscaba mientras Anna saltaba sobre el trineo. Cualquiera sea la cantidad de dinero, Anna solo podía adivinar, nunca siendo la que tomara las decisiones respecto al dinero en el grupo.
El momento siguiente los tres estaban fuera, a toda velocidad dirigiéndose al castillo, la mente de la chica era un desorden. "No es como si alguien más haya encontrado el copo de nieve dorado…" Anna dijo en voz alta, más que nada para consolarse a sí misma. "Estaré bien…", o al menos así lo esperaba.
Parecía volverse más frio mientras se acercaban al castillo y Anna solo pudo suponer que era por el mar de hielo ubicado más allá del castillo. "¡Aquí estamos!" alentó Kristoff, parando para dejar bajar a Anna justo frente a la entrada. La chica casi saltó del trineo antes de que éste parara completamente y comenzó a correr hacia el castillo, una sonrisa en toda su cara. Estaba a mitad de camino cuando se detuvo para darse la vuelta y saludar con su mano a los chicos, sonriéndoles. Kristoff se recostó en el trineo y la saludó de vuelta, y entonces le dirigió un pulgar hacia arriba. "¡Tu puedes Anna!" llamó, haciendo que corazón de la chica palpitara con rapidez. Ella podía hacer esto, tenía el copo de nieve dorado. Continuó su caminata a paso ligero hasta que llegó a las grandes puertas del castillo. A diferencia de la noche anterior cuando estaban abiertas y que invitaban a ingresar, ahora estaban cerradas y vigiladas por dos soldados de aspecto severo. Mientras Anna se acercaba, ellos apretaron su agarre a sus armas y esperaron a que la chica hablara, mirándola directamente al alma.
"Um… hola, estoy aquí para hablar con la Reina… y el Rey…" Anna sonrió, tratando de sonar tan cortés como podía. Se las arregló para lavarse la cara y su cabello pero su ropa aun se encontraba sucia y quedaba grande en ella, pero eso era algo que no podía cambiar. Mientras hablaba los guardias continuaron mirándola fijamente, ya sea no escuchándola o ignorándola.
"Mi nombre es Anna…" exhaló, preocupación comenzando a invadirla.
Silencio.
"Gané el concurso…"
Más silencio.
"¡Tengo el copo de nieve dorado!"
Cuando los hombres se mantuvieron silenciosos Anna buscó en su bolsillo y sacó el collar para mostrárselo, sus ojos de repente fijando su atención en el objeto. Aún así ninguno dijo una palabra pero rápidamente abrieron las puertas donde otro conjunto de guardias se encontraban, haciéndole señas para que los siga. Anna se quedó de pie aturdida por un momento, confundida por la severidad de la situación, y entonces los siguió de mala gana dentro del castillo mientras guardaba el copo de nieve de nuevo en su bolsillo. Se giró por un momento para ver a Kristoff observándola mientras ingresaba, una pequeña sonrisa en su rostro antes de que desapareciera completamente de su línea de visión.
La noche anterior en el castillo fue ruidosa, divertida y agradable. Ahora era tranquilo, oscuro y más bien aterrador mientras Anna seguía a los guardias de vuelta al mismo salón en el que había estado la noche anterior. La habitación parecía más grande, obviamente porque no estaba a rebosar de hombres, y Anna se preguntó si gritaba que tanto duraría el eco. Tal comportamiento infantil fue dejado en el fondo de su mente cuando uno de los guardias habló, señalando hacia la puerta. "nuestras majestades se encuentran en una reunión… nosotros los buscaremos por ti, por favor quédate aquí…" dijo el guardia y se giró en dirección a la puerta. Otro lo siguió por un momento sólo para detenerse, girándose hacia Anna. Sus ojos se mantuvieron en la chica mientras el primer guardia despareció detrás de la puerta, dejando a los dos en completa incomodidad mientras esperaban por que volviera acompañado de los nobles.
Anna trató de encontrar algo que mirar que no sea el guardia, sintiendo que la estaba juzgando con la mirada. Pero entonces pasaron tres minutos y él todavía la estaba mirando, ella suspiró y se giró hacia él, "¿Por qué me debes mirar tan fijamente?" prácticamente escupió, "Entiendo que soy una extraña aquí pero…"
"Es mi trabajo señorita, no tengo permitido dejarte fuera de mi vista." Habló, su voz más aguda de lo que Anna pensó que sería. Anna se sintió un poco mal luego de eso y asintió con su cabeza, pareciendo entender. Murmuró una pequeña disculpa hacia el guardia, si él la escucho o no, no estaba segura.
Una puerta se abrió y Anna se giró para ver al guardia regresando con el Rey y la Reina de Adlai, seguidos por un nuevo noble. El hombre captó su atención por alguna razón y Anna se lo quedó mirando por un tiempo, observando cómo ingresaba a la sala. En sus manos tenía un libro, grande y bien utilizado. Él lo abrió de repente mientras se acercaban a Anna, sosteniendo un lápiz y preparándose para escribir. "¿Va a documentar esto…?" se preguntó Anna, observando cómo iba cambiando su mirada entre los tres, su mano preparada. Los nobles siguieron la vista de Anna y sonrieron orgullosos al hombre, pareciendo satisfechos con él, mientras la chica intentaba salir de sus pensamientos curiosos. Haciendo una reverencia Anna respiró profundamente, preparando las palabras que iba a utilizar. "Puedo hacerlo…" declaró, recordando también las palabras de aliento de sus amigos, "Lo tienes Anna…" elevándose, la chica miró entre los dos nobles. "Sus majestades, les he traído… el copo de nieve dorado que han pedido…" declaró Anna, tan orgullosa y fuertemente como pudo. Buscó en su bolsillo y les mostro el copo de nieve a los nobles, tratando de ocultar una sonrisa cuando ambos hicieron un sonido de sorpresa.
La Reina fue la que dio un paso al frente primero, claramente no preocupándose por distancias, y tomó el copo de nieve de las manos de Anna. Lo giró y dio vuelta en sus manos, ojeándolo cuidadosamente mientras Anna contenía el aliento. Anna sabía que era el verdadero copo de nieve, o esperaba que lo fuera, pero se encontró a sí misma sintiendo pánico internamente mientras la Reina continuaba examinando la pieza. Si de alguna forma era ciertamente falso, Anna estaba segura de que sería castigada por sus mentiras no intencionadas. Se estremeció cuando la noble tiró de una cadena sujetada a su propio cuello y el copo de nieve gemelo apareció junto al que Anna había encontrado, el de la noche anterior. Anna todavía se sentía entrar en pánico por un momento mientras los ojos de la mujer se entrecerraban mirando el copo de nieve, y por un largo minuto Anna se preparó para ser echada del castillo. Pero entonces la noble asintió con su cabeza en forma de aprobación y Anna suspiró alegremente mientras sostenía el collar en el aire. "Cariño, lo encontró…" exhaló la Reina, girándose hacia él quien miraba entre ella y Anna. "Debemos… el premio cariño."
El corazón de Anna se detuvo por un momento, ¿Al fin le iban a revelar el misterioso premio? "su majestad, si se me permite… antes de aceptar nada… ¿puedo preguntar cuál es el premio?" declaró Anna mientras se relamía los labios, preocupada de que pudiera haberlos ofendido.
El Rey y la Reina parecían tomados desprevenidos, sorprendidos por lo que Anna estaba preguntando, pero suavizándose cuando la Reina dio un paso al frente. "Querida… tengo graves noticias para ti… no hay un premio, a menos que disfrutes la idea de una carga sobre tus hombros." Rio la Reina, haciendo que el corazón de Anna se hundiera. ¿No había un premio? ¿Ni siquiera un deseo? "Niña, este concurso está arreglado… lo hicimos para encontrar a una persona digna para ayudarnos con nuestro problema." Agregó la Reina, sus ojos enfocados en los de Anna. "En la historia de Adlai cuando nos enfrentamos con un problema, aparentemente imposible de resolver, nos dirigimos hacia nuestra más preciada reliquia… los copos de nieve dorados… fue el destino el que lo hayas encontrado y también lo es el que nos ayudes con nuestro problema, sólo si tú estás de acuerdo." Agregó la Reina, el copo de nieve dorado pareciendo aún más importante para el grupo en ese momento. Aún así Anna aún no podía apartar su mente de la idea de perder el premio, incluso de posiblemente perder el deseo. Kristoff había estado en lo correcto todo este tiempo, ellos engañaron a todo el reino.
Anna vaciló y los miró por un momento, "¿Su problema?"
"Si, pero no es adecuado hablar aquí… si puedes seguirnos te explicaremos todo." El Rey intervino entonces, sus ojos parecían tensos. Anna no sabía que pensar sobre eso. Estaba frustrada de que la hubieran engañado, haciéndola creer que sería recompensada por este pequeño juego. Aunque difícilmente había trabajado por este premio o deseo, Anna todavía sentía que le debían algo. Al menos por la estresante noche que tuvo que pasar.
"Por favor… haremos cualquier cosa que pidas, aún queremos recompensarte con tu deseo… pero obtener dicho deseo requerirá que realices el siguiente paso de nuestro acuerdo." Comentó la Reina, llenando la mente de Anna de nuevo con felicidad. El deseo todavía era posible, siendo capaz de ser concedido, y si Anna los ayudaba todavía tendría su oportunidad de ser un caballero.
Anna sonrió, respirando profundamente. Haría lo que sea para completar su sueño, aunque fuera lo último que haga. "De acuerdo, expliquen todo."
