Capítulo 6.-

Por Azar.

Quinn suspiró y taconeó el piso con impaciencia. Levantó el brazo inclinado y se fijó en su elegante reloj plateado alrededor de su delgada muñeca. Frunció los labios.

-Ya son las tres y media, Michael Robert Chang- le indicó, furiosa. Mike sonrió discretamente.

-Lo sé, lo sé. Me dijo que ya no tardaría- replicó amablemente Chang. Quinn bufó y se cruzó de brazos. Ambos estaban de pie en la entrada de la escuela, esperando a Tina. Al hacer la repartición de "trabajos", Quinn había querido hacer lo menos desastroso posible. Simplemente ir a investigar un poco con la adivina que Brittany había investigado. Ya que Mike era el único que tenía carro seguro en su hogar, él se había ofrecido como conductor más aparte, Brittany insistió en que Tina fuera ya que ella podía aportar algún dato que Quinn o Mike ignoraran sobre los asuntos.

Al principio, Mike estaba nervioso ya que tenía mucho tiempo sin ver a Tina y pensó que sería un problema contactarla habiendo conocido su desinterés, pero había sido Cohen-Chang quien había decidido hablarle a él. Por mensaje de textos, pero al fin de cuentas había sido iniciativa de ella. O eso quería pensar.

Salió una chica un poco baja, con los rasgos de Tina pero que aparentemente no era Tina. Tenía el cabello largo, con mechas un par de tonos más claros que su cabello natural y en suaves ondas al finalizar. Su ropa era mucho más sofisticada. Una blusa dorada con destellos crema, una falda entallada que llegaba hasta las rodillas color negra. Unas botas largas, justo hasta donde sus rodillas sin calcetas llegaban. Elegantemente llevaba un bolso grande en la mano derecha y en la izquierda tenía su carpeta de color rosa fosforescente. Esa no era Tina. Era muy parecida a Tina, pero no era Tina. Mike tragó saliva.

-¿Tina?-

La aludida volteó y se encontró con Quinn y Mike. La primera molesta y el segundo sorprendido. Tina levantó una ceja.

-Hola- saludó ella, todavía suspicaz. Mike le regresó la mirada, asustado.

-Hola-

-Sí, bueno, ahora que se reencontraron y ya saben todos esos clichés de películas de adolescentes, podemos avanzar. Según la dirección de Brittney nos tardaremos un poco en llegar, pero si nos damos prisa podré regresar a mi casa a eso de las seis. –

Ambos asiáticos la miraron, frunciendo el ceño. Quinn hizo una mueca con la cara, pero no se disculpó.

-¿Qué? Le dije a Shelby que quería pasar a ver a Beth. Tengo que ser puntual-

Tina levantó una ceja, desinteresada y fingiendo aburrimiento.

-De acuerdo. Vámonos-

Los tres se dirigieron a un Jetta azul oscuro cinco años pasado de moda que activó Mike con la alarma. Se detuvo en la puerta del copiloto, dudoso. ¿Quién sería la indicada para sentarse junto a él durante dos horas de camino?

No tuvo que pensarlo mucho ya que Quinn entró al auto y tomó asiento en el copiloto. Tina puso mala cara.

-Lo siento, Tina, pero ya conoces las reglas: Menores atrás- le dijo la rubia con un tono venenoso. La asiática frunció el ceño.

-Eso es estúpido- murmuró ella, poniéndole mala cara al suelo. Mike cerró la puerta del copiloto mientras la rubia se acomodaba y abrió la de Tina.

-Lo siento, Tina- le dijo mientras ella entraba y arrojaba sus cosas al suelo del auto. Cohen-Chang lo miró, entrecerrando los ojos.

-Últimamente esa es tu excusa-

Ésas palabras terminaron por confirmar lo obvio: Tina lo detestaba, casi como para hacerlo sentir mal a propósito aunque ésa no fuese su intención originalmente. Mike rodeó rápidamente el auto y se subió. Puso en marcha el auto y se embarcaron hacia el boulevard más grande e irónicamente más abandonado de todo Lima.

Las dos horas que tomó el viaje, la rubia se la vivió hablando sobre su universidad y sobre sus experiencias. Los asiáticos intentaban poner atención con amabilidad, pero Tina se había agotado al pasar los primeros cuarenta minutos y había vuelto su rostro hacia la ventana izquierda, mirando con cuidado los lugares que pasaban. Mike se había dado cuenta de cuán aburrida se encontraba, pero gracias a Dios habían llegado ya al lugar.

Era una colina hacia abajo. Llena de tierras, sin siquiera tener un pavimento o postes de luz pública. Hacia abajo se encontraba una casucha mal cuidada y medio destruida. La rubia levantó una ceja.

-¿Por qué…? Mejor los esperaré aquí.-

Tina la miró.

-Tú bajarás ahí con nosotros también.-

-No puedo. Traigo puestas mis mejores botas de piel roja-

-Tampoco vengo apropiada, pero no me estoy quejando. Entremos-

Mike comenzó a caminar y al tocar suelo firme, estiró ambas manos para ayudar a sus amigas a bajar. La rubia hizo un ruido con su garganta pero tomó la mano de su amigo. Tina lo ignoró y bajó con cuidado.

Al llegar, la casa parecía abandonada.

-Seguro está cerrada. A lo mejor no hay nadie aquí- se quejó Fabray. Tina puso mala cara.

-No vine aquí en vano- se apresuró a tocar la puerta y para su suerte, se encontraba abierta. Intentó entrar pero Mike se le adelantó.

Era un lugar oscuro. Un pasillo con algunas velas alrededor era lo único visible. Caminaron.

-¿Buenas tardes? ¿Hola? ¿Hay alguien?-

Una señora por dentro se levantó, dejó al gato que tenía en las piernas en el suelo y suspiró de manera audible.

-Supongo que me encontraron-

-Ah…. Lo lamentamos… tenemos…- murmuró Mike, apenado al ver el estado deplorable de aquella mujer. La rubia lo interrumpió.

-Tenemos que preguntarle algunas cosas y nos dijeron que usted sabe. ¿Qué podríamos a hacer en caso de que cosas raras estuviesen pasando en nuestra escuela?-

-¿Qué tipo de cosas raras?- entrecerró los ojos.

Mike y Quinn miraron a Tina. Ella estaba pálida. Sus ojos desorbitados estaban clavados en la esquina del salón en donde se encontraban.

-Hay… un… niño…de…-no pudo terminar de tartamudear la oración porque de inmediato un golpe invisible o una fuerza invisible los había tomado por sorpresa. Como si los patearan en el estómago, a los tres integrantes del club Glee los sacó hasta el umbral de la casa, dejándolos tendidos en el suelo. La mujer fue arrojada contra la pared de cara, provocándole varios rasguños en la cara y dejándola con una fuerte hemorragia en la frente. Mike se levantó de un salto y ayudó a sus amigas a ponerse de pie. Corrieron colina arriba y entraron al auto con rapidez.

Mike arrancó.

-¡NO PUEDO CREERLO!- gritó Quinn mientras se limpiaba el polvo de la cara y el cabello.- QUIERO DECIR… ¡NO PUEDE SER REAL, NO PUEDE SER!-

-Tenemos que hacer algo. No podemos permitir que…-

-Ay, por Dios, Mike… ve más rápido- murmuró Tina.

-¿Qué?- se volvió Chang para mirarla. Durante un segundo fugaz sus miradas se encontraron, asustadas.

La rubia miró hacia adelante y vio una figura en medio del boulevard. Era muy pequeña para ser un adulto y demasiado gris para ser humana. Abrió la boca.

-¡Cuidado, Mike!- gritó Quinn antes de estrellarse contra un árbol.


Sam se encontraba sentado en la habitación de Unique del hospital. Los padres de Adams habían bajado a comer un poco y Sam se había ofrecido para cuidarlo. Brittany había insistido: No dejemos sola a Unique. A ella la atacaron primero, y probablemente vuelvan a hacerlo había dicho.

Así que ahí estaba el rubio, sentado con las piernas estiradas mientras leía un cómic de Archie. Una chica entró sin cuidado.

-Oh, uh. Lo siento. Pensé que no había nadie-

-No, no tranquila- se levantó Sam, nervioso. Mercedes miró de reojo a Unique y luego a Sam. Bajó la cabeza.

-Bueno, seguro quieres descansar de tu guardia. Brittany me mandó- se excusó ella, sonriendo con nerviosismo igual. Sam pareció no notarlo.

-No, no. Está bien, digo. Podría quedarme aquí-

Mercedes caminó haciendo eco con sus botines de tacón negro. Se acercó hasta Sam y levantó una ceja, divertida.

-¿No le dijiste que tenías que ir a un partido de fútbol americano esta tarde?-

Sam se quedó paralizado por un minuto y después se recuperó. Sonrió, mostrando todos los dientes.

-Preferiría quedarme aquí-

Estuvieron en silencio durante cerca de diez minutos y para entonces llegaron los padres de Unique. Agradecieron la ayuda de Sam y Mercedes, pero querían pasar un rato a solas con su hijo.

Mercedes y Sam salieron y se quedaron en el pasillo de las visitas. Tomaron asiento en los sillones negros de piel falsa.

-¿Archie? Creí que no te gustaba- le comentó Mercedes de forma distraída. Sam medio sonrió.

-Tú me regalaste este ejemplar-

Mercedes se volvió a mirarlo, sorprendida.

-Oh-

El rubio asintió y se rió entre dientes.

-Lo olvidaste-

-No, no lo olvidé, es sólo que… bueno, tengo muchas cosas en la cabeza-

-Cuéntamelas. Tal vez te ayude-

Mercedes lo miró desconfiada por un segundo y luego suspiró.

-Las clases de la Universidad no son fáciles. Creí que la mercadotecnia sería fácil, pero no lo es. Es una tortura. Los ensayos para el EP son muy exigentes. La gente no es amable, Sam. Ni siquiera intentan serlo-

-¿Y por qué no dejas la Universidad?-

-Porque no podría. No quiero decepcionar a mis padres. Ya bastante tienen con la noticia de la oferta del EP… no quieren que continúe-

-¿Por qué no buscas nuevos horizontes si ésa gente no te agrada?-

Mercedes sintió un poco de frustración ante las preguntas de Sam porque sabía que no podía contestarlas. No porque no tuviera una respuesta, sino porque era demasiado cobarde como para admitirlo.

-No es sencillo, Sam. No es fácil encontrar a gente interesada en ti-

El de ojos verdes sonrió, travieso.

-Nunca será difícil para alguien como tú.-

Mercedes terminó por echarse a reír y se dio cuenta de cuánto lo necesitaba. Reírse. Extrañaba hacerlo.

-Cuéntame tú, Sam. ¿Cómo han estado las cosas?-

El rubio se rió nuevamente entre dientes y suspiró hacia el suelo. Levantó la cabeza, serio.

-Nada es lo mismo sin ti, Mercedes. Así han estado las cosas-

-Sam…- los ojos oscuros de Jones se enfocaron en Evans. Con más lástima que cualquier otro sentimiento.

El rubio volvió a bajar la cabeza y tomó aire. Nuevamente la levantó.

-Todavía no me decido. Estoy entre gastronomía o veterinaria. Me gustan los perros tanto como los hotdogs…. Bueno, pero no de ésa manera. Lo sabes-

Mercedes se echó a reír lo que provocó risas del parte del rubio.

-Me iré a los Ángeles. Para verte más-

-Sam…- lo volvió a llamar ella, seria. El rubio la miró con delicadeza. Sabía que a lo mejor no le encantaría la idea de tenerlo a él en la misma cuidad, pero era lo que él quería. Desde su ruptura, las cosas no habían ido bien para ninguno de los dos. Y al parecer, para sus compañeros tampoco…

Un ruido los sobresaltó. Se escucharon ruidos y gritos del cuarto de Unique. Ambos se miraron, asustados y corrieron para ver qué sucedía. Al entrar, no había nadie. Ni sus padres ni Unique en la cama.

-¿Pero qué rayos…?- murmuró Sam. Una puerta en el pasillo se abrió y pasó caminando Unique, con su enorme bata color azul estéril y con los ojos cerrados. Sus pies no tocaban el suelo. Mercedes y Sam intentaron correr en dirección contraria, pero al avanzar un poco, Sam cayó al suelo. Comenzó a ser arrastrado por las piernas por algo que no podían ver. Mercedes lo tomó de los brazos para que no lo alejaran de ella. Ella gritó cuando Sam fue impulsado con fuerza al mismo tiempo que él se soltaba para dejarla ir.

-¡Busca ayuda!- le gritó antes de desaparecer por la puerta entre abierta. Unos ojos azules observaron a Mercedes durante su "intento" de escape.


Bueno, amigos... ¿Qué les pareció? Ya tenía ganas de hacer esto. Como les dije antes, esto es durante la cuarta temporada donde todos terminaron y eso (SIN DARNOS EXPLICACIÓN ALGUNA, POR CIERTO) así que me pareció genial encender algunos sentimientos entre ellos.

Aunque bien sabemos que esta no es una historia de amor, nunca está de más. En fin. ¿Qué piensan? ¿Debería matar a alguno de ellos? Digo, están a tiempo. Todavía tengo tiempo para cambiar nombres... o no.

Apenas inicia esto. Después del accidente de auto de la anterior parte, Quinn no tiene buena suerte. Jamás la suban en su auto, por favor 8)

Y Sam y Mercedes... Pobre Sam, lo que le espera. Y jamás se imaginarán de quién se trata, amigos. Será sorpresa x)

Ya sabe, sus comentarios me alientan a continuar, así que acepto de todo 8) ¡Nos leemos la otra semana, amigos!