Todo estaba oscuro; la joven Eridan abre lentamente los ojos mirando a su alrededor. Busca reconocer el lugar pero ya no estaba en la prisión del carcelero y menos en las Islas. El suelo lleno de polvo y las rocas a su alrededor del color rojo. Mira hacia arriba contemplando el sol ya en un atardecer, más a lo lejos veía masas rocosas levantándose, informándole que estaba en las faldas de una cordillera montañosa.

Aun en el suelo, trata de levantarse, sintiendo dolor al intentarlo. De cierta forma era buena señal ya que había recobrado cierta vitalidad que el Lich le había arrebatado. Sigue mirando a su alrededor intentando hasta toparse con unos cascos metálicos de caballo frente a sus ojos. Levanta su rostro viendo a lo alto al enorme centauro espectral observándola.

Ella queda atónita por la impresión de verlo frente a ella y más que la observara, el espectro baja su lanza poniéndola frente a ella, no para amenazarla sino para que la tomara y se levantara.

Apenas logra ponerse de pie y siente su cuerpo algo diferente. Contempla sus manos con horror viendo un cambio radical. Sus falanges había crecido, alargándose y la mayoría de sus manos se tornó como el mármol blanco pulido, sus uñas eran alargadas y afiladas con el mismo color de las falanges y parte de la palma.

-¡¿Qué… me ha pasado?!-

Hecarim permanece en silencio mientras veía como el color se expandia lentamente por la piel de la joven.

El atardecer hace que la sombra de Eridan crezca rápidamente pero curiosamente lo hace de forma exagerada. Apenas lo nota Hecarim y se lo da a notar a la joven. De ahí sale la musa siniestra al tocar el sol rojizo.

La musa empieza hablar con un tono sereno.

-Oh Eridan… Mi pequeña niña. Porfavor no me tengas miedo.-

La joven no puede moverse de la impresión que esto le causa. La musa continua.

-Me llaman por nombres tan siniestros y que causan terror pero tú, mi niña, no me tengas miedo. Yo fui quien te ha dado a luz.-

Eridan no puede ni parpadear mientras contemplaba aquella forma ectomórfica y menos viendo sus cuencas oculares vacías. Era tan increíble lo que decía la musa siniestra que ni siquiera el general espectral lo podía creer.

Sabiendo el posible rechazo de su hija, la rodea con sus brazos, sin tocarla para no incomodarla.

Finalmente reacciona Eridan y con algo de temor le pregunta.

-¿Cómo es posible que? Yo, yo… estoy viva aun.

- Aun no es tiempo de que sepas esa posibilidad, mi niña. Ahora has de adentrarte más a estas montañas y buscar a una vieja aliada, en su ira y amargura me ayudo en su momento. Ve y búscala; en su gloria yace que es el velo que cubre mi esencia.-

Apenas termina de hablar y nuevamente desaparece como ceniza negra desvaneciéndose al viento. Hecarim se acerca a un lado de la joven y golpea el suelo con la base de su lanza para llamar la atención de Eridan.

-Despues de todo, el Lich estaba equivocado.-

Dice en un tono de burla.

-¿Por qué estás aquí?-

Dice algo resentida Eridan. Hecarim pacientemente le contesta.

-Al igual que tu no estoy completamente seguro pero la Sombra ha llamado y he acudido. Todo el poder que te arrebato Karthus ha regresado a ti. Tu cuerpo mortal ha sido restituido pero el poder que podías usar se ha sellado nuevamente.-

Ella se fija en sus manos viendo que habían vuelto a ser normales, dándole la razón al espectro.

-Aunque ya no tenga el poder de antes no veo de forma confiable que alguien que en su momento me traiciono este conmigo.-

Tras el comentario negativo, Hecarim se levanta en sus dos patas traseras y cae con bastante fuerza sobre sus patas rompiendo un poco el suelo. Aquella acción asusto a la joven, haciéndola retroceder, el ríe descaradamente de ella.

-Por favor. Una niña como tú, perdida y asustada. Ni tu cuerpo mortal te ayudara en tu búsqueda… pero me siento generoso; te daré la oportunidad de que hagas lo que te plazca. No soy un sirviente ni una nana para vigilar los caprichos de una niña ingenua y necia.-

El centauro da media vuelta y a paso lento se retira dejando las huellas de sus patas para desaparecer después.

Eridan se queda sola varada en medio de las masas rocosas. La noche empezaba a tocar los cielos y el temor vino sobre ella. Con cuidado busco senderos entre las montañas con la esperanza de encontrar a alguien menos muerto.

Busca subir un poco por las laderas para ver algo a lo lejos, para su sorpresa ve una resplandeciente ciudad al Oeste de su posición. Con la esperanza renovada, busca bajar por la montaña en la que estaba, su torpeza se ahce presente y cae algunas veces lastimándose superficialemente.

Prosigue su largo descender cauteloso pero su cuerpo la limita obligándole a descansar un poco ya casi en la falda de la montaña. Busca un lugar donde descansar y mira un agujero mediano donde podía resguardarse el resto de la noche.

Para su sorpresa estaba algo profunda y ya arrastrándose para entrar siente el aliento de una bestia dentro. Con la mayor cautela posible sale pero el viento no está a su favor, las pequeñas heridas de su piel llegan a la nariz de la bestia despertándole. Unos ojos amarillos grandes se ven en la oscuridad.

Eridan busca escapar retrocediendo pero un zarpazo pasa por su abdomen lastimándola. Sin tiempo para reaccionar la bestia se abalanza sacándola de la madriguera poniéndose encima, desesperada pone su brazo para protegerse, siendo mordido por aquella criatura semejante a un león grande. Ella golpea su cabeza quitándoselo de encima y se arrastra para escapar.

La criatura nuevamente se levanta y salta para terminar con ella, en ese momento un galope a toda marcha se escucha. A medio salto de la bestia, alguien mucho más grande aparece frente a él y con lanza en manos lo clava por el pecho, atravesándolo.

La bestia queda clavada contra la roca, rugiendo con agresión. Con fuerza su oponente saca la lanza, para dejarlo caer. Su cabeza recostada por el dolor queda a merced del llegado espectro. Hecarim se levanta y con sus patas delanteras se deja caer en la cabeza de la bestia para acabar finalmente con su vida.

Eridan está recargada en una roca próxima y ve que es cubierta por la sombra del espectro. Ella contempla con asombro aquel despliegue de fuerza.

-¿Por qué me ayudaste?-

Se escucha una ligera risa.

-¿Ayuda? Solo se cruzó en mi camino aquella bestia. Eres una vergüenza para defenderte y sobrevivir por tu cuenta. Que lamentable me es retraerme de acabar con tu triste vida.-

La toma de la ropa del cuello y la levanta para ponerla de pie.

-Y aun así resultas algo arrogante.-

Lentamente la toma del cuello, asfixiándola un poco y nuevamente la levanta hasta ponerla frente a su cara.

-No confundas arrogancia con realidad. No soy como Evelynn o Elise de arrogantes para no servir a la Sombra y mucho menos soy cualquier espectro. ¡Yo! Lidero ejércitos desde antes que siquiera existirás tú.-

La deja caer. Eridan tose con fuerza tocando su cuello, recuperando el aliento. El centauro le da la espalda para hablarle con voz firme y de autoridad.

-También mencionando lo cobarde e ingenua que eres. De ahora en adelante seguirás mis órdenes y me obedecerás al pie de la letra, hasta que encontremos los que nos indicó la sombra.-

Viendo que no hay respuesta, voltea a verla. La joven aprieta un poco la herida causada por la bestia y Hecarim ve su mano pálida ensangrentada. Con un gruñido molesto la toma del brazo para ponerla en su lomo, con cierta agresividad.

-No tienes por qué hacer esto, Hecarim.-

-¡Guarda silencio! No podemos permitir que mueras… aun.-

No pasa demasiado tiempo hasta que la joven cae dormida recargada en su espalda, por el cansancio. El enorme espectro cabalga por toda la noche en busca de la ciudad que ella había visto para que la ayudaran los vivos, como consecuencia empieza a los vivos de los alrededores.