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6.


For worst or for better, gonna give it to you in capital letters.

Capital Letters – Hailee Steinfeld.

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Lily se sentía como una hipócrita, y de las peores.

Desde su cita con James se había llenado el pecho orgullosamente con la satisfacción de saber que nunca había contribuido a alimentar la demanda de revistas ni páginas de chismes rosa; antes de ese día no había pensado en lo mal que estaba esa invasión a la privacidad, pero tener a todos esos esos fotógrafos rodeándola había sido más que suficiente para detestar a cualquiera que contribuyera con ese negocio.

Cosa que ella estaba haciendo ese momento.

Era muy honesta al decir que había intentado resistirse, con todas sus fuerzas lo había intentado, pero a fin de cuentas, era solo una mujer, tan humana como cualquiera, iniciando una relación nueva que le causaba más ilusión de la que quería admitir. De esa forma era sencillo sucumbir a las tentaciones.

Trataba de hacerse sentir mejor recordándose que no era a James a quien había buscado, técnicamente no estaba violando su privacidad… Sino la de su ex novia, que básicamente era como violar la suya, pero él no se iba a enterar.

Se sentía ridícula haciendo eso, pero no había podido evitarlo, la curiosidad se la había comido viva desde que James le había hablado de ella durante la cena. En pocas palabras le había dicho que no había estado realmente enamorado de ella, pero cuatro años no pasan simplemente bajo la mesa y Lily en serio quería saber de ella, era prácticamente lo único que había pensado desde su cita… Cuando no estaba pensando en todos los besos que había compartido con James en el auto, obviamente.

Se sonrojó furiosamente y se encogió en su silla mientras trataba de ocultar el rostro tras su teléfono. Porque sí, estaba averiguando todo sobre la chica en cuestión durante una de sus clases. En su defensa era una materia de investigación y eso era justo lo que estaba haciendo.

Con muy buenos resultados, cabe destacar.

Su nombre era Priscilla Davies, tenía veintidós años, había nacido en Manchester y pertenecía a una antigua familia aristocrática. Había estudiado Relaciones Internacionales en Oxford y se había graduado con honores unos meses atrás, hablaba alrededor de seis idiomas y estaba viviendo en África, donde trabajaba para una de las empresas filantrópicas de su familia. Sonaba como una chica sumamente ocupada y Lily se preguntaba si por esa razón ella y James habrían decidido terminar.

En un lado más superficial, Priscilla tenía una contextura parecida a la suya, tenía una estatura promedio y era delgada, tenía ojos marrón chocolate y el cabello largo, tan lacio que dolía mirarlo y de un castaño oscuro tan perfecto que no podía ser natural. Objetivamente, no parecía una chica extraordinariamente preciosa, pero los trajes caros y las miles de libras gastadas en maquillaje y peluquería hacían excelente su trabajo. La verdad era que se veía agradable, tenía ese aire de seguridad y confianza que daba el tener toda la vida resuelta.

Ella y James habían hecho una pareja muy bonita, al menos eso aparentaban en las fotografías. Lucían muy cómodos y divertidos cuando estaban juntos, no había demasiadas imágenes de demostraciones de afecto, pero Lily no sabía que podía significar aquello.

Suspiró y siguió pasando las fotos que el buscador le ofrecía. No se sentía intimidada por ella, tampoco se sentía inferior, si James había decidido invitarla a salir era por algo, pero Lily se habría mentido de no admitir que Priscilla tenía algo que a ella le faltaba.

Conocía las tradiciones y el protocolo en el que la realeza se desenvolvía, las cámaras no la asustaban, conocía a James desde la adolescencia, conocía a su padre… Había conocido a su madre.

Eran esas las cosas específicas que habían causado algo parecido a celos en el corazón de Lily, esa chica tenía un entendimiento del mundo de James del que ella carecía. Era justo lo que le había asustado al principio, no poder encajar y darse cuenta de que lo diferentes que eran cuando ya fuera demasiado tarde.

Aunque no era como si todavía tuviera mucha oportunidad de arrepentirse.

Se mordió el labio inferior y salió del buscador para abrir la aplicación de los mensajes. Lo pensó durante varios segundos, sabiendo que la pregunta que quería hacer posiblemente sería un suicidio, pero al final decidió dejar de ser tan infantil y solo escribirlo.

¿Qué opinas de Priscilla?

No pensó más y lo envío. Siempre podía volver a bloquearlo, lo había hecho infinidad de veces.

Y pensó severamente en volver a hacerlo cuando leyó la respuesta.

¿Presley? Bueno, la verdad es que me gustaba más antes de que se inyectara pegamento en la cara, ¿pero quién soy yo para criticar a la mujer de Elvis?

Lily entornó los ojos con exasperación y tecleó su respuesta, resistiendo las ganas de ignorarlo.

No te hagas el idiota, Sirius. Sabes de quien te estoy hablando. Responde o volveré a bloquearte.

Ey, pelirroja, las amenazas no van a llevarte a ningún lado. No hay necesidad de perder la diplomacia, solo dime si estás celosa por mí o por James.

¡Yo no estoy celosa, pedazo de subnormal, solo responde la pregunta!

Se dio cuenta de que quizás había sido muy ruda cuando ya el mensaje estaba flotando en el espacio. Se apresuró a arreglarlo antes de que tuviera tiempo de contestar.

Por favor, solo quiero saber si te agrada.

La respuesta no tardó en llegar y no estuvo muy segura de cómo tomársela.

No la odio, pero tampoco es mi persona favorita en el mundo. No es el tipo de chica con el que me juntaría por gusto, compartía con ella básicamente por James.

Lily estaba empezando a pensar en lo agradecida que estaba por haber enviado algo tan maduro y coherente cuando otro mensaje llegó.

Eso sí, de no haber sido la novia de James posiblemente me hubiera acostado con ella.

Hizo una mueca de asco y volvió a poner los ojos en blanco, era demasiado pedir tener una conversación seria con él.

¿La señorita se siente satisfecha con mi respuesta? ¿Logré aplacar sus celos?

Casi satisfecha, como siempre te las arreglaste para arruinarlo al final. ¡Y no estoy celosa!

Perfecto, y no deberías. No es con ella con quien James me ha estado mareando todo el maldito día. En serio, ¿Qué mierda le hiciste al pobre? Estoy por lanzar el teléfono a la bañera.

Una risa idiota escapó de entre sus labios antes de que siquiera pensara en contenerla, se mordió ligeramente el labio, consciente de que quien la viera pensaría que estaba loca, y escribió una pregunta.

¿Qué te está diciendo?

Estaba, hace una hora que dejé de responder, pero básicamente me describía cada detalle de lo que él llama "la mejor cita de su vida". Lo haces sonar como un adolescente hormonal y estúpido, nunca te voy a perdonar esto.

Déjalo en paz… En su defensa sí fue una gran cita.

Sabía que con eso solo estaba dándole detalles para que siguiera burlándose de ella, pero había desarrollado la mala costumbre de contarle a Sirius sobre sus salidas con algún chico, no iba a ser la excepción solo porque éste fuera su mejor amigo.

Estuve a punto de reenviarle ese mensaje para causarle un infarto, pero la cárcel no lo vale. Aunque si vuelve a hacer un comentario sobre todo el intercambio de saliva que hicieron voy a empezar a pensarlo…

Se llaman besos, animal. Y espero que no te haya dado demasiados detalles al respecto.

Definitivamente más de los que necesitaba.

¿Quién está celoso ahora?

Oh, entonces sí admites que lo estás. Muy bien, Lily, la aceptación es el primer paso, ¿algo más que compartir?

Gruñó un poco ante su insistencia y volvió a sonrojarse sin querer. Sin embargo, no volvió a negarlo, en su lugar decidió volver a al terreno serio de la conversación.

¿Puedes culparme? Fueron cuatro años…

Aunque odiaba hacerlo, se mordió la uña mientras esperaba su mensaje, él cual no fue tan insensible como ella había esperado.

Lo sé, Lily, estuve ahí. Cuatro años en los que James nunca me hartó hasta el cansancio hablando de ella como ya lo está haciendo contigo.

Igual es demasiado tiempo, algo así no se supera tan rápido.

Ha pasado casi un año, y no es como si hubiera mucho que superar. No estaban enamorados, fue una relación prácticamente arreglada. Te sorprenderá saber que eso aún existe.

Realmente sí la sorprendió, James no había mencionado nada al respecto cuando le había hablado de ella, era cierto que no lucía enamorado, pero tampoco que había estado con ella por obligación.

Puedo hacerte una lista de todas las personas con las que ambos estuvieron mientras estaban juntos, ¿la quieres?

No, gracias. A ver, puedo creerte que no estuvieran enamorados, pero no eso de que era arreglado. James no se prestaría para algo así.

James tenía dieciséis, Lily, ¿Qué tan maduro crees que era entonces? Solo siguió la corriente un par de años y luego todo acabó, no hay mucho que decir al respecto. Deja de ser necia y fastidiosa, y querer ver problemas donde no los hay.

Lily suspiró y cerró los ojos, tratando de obligarse a hacerle caso a las palabras de su amigo, pero no era fácil simplemente desaparecer todas las dudas que tenía.

Es bonita, y ridículamente inteligente.

Con dinero cualquiera puede aparentar ambas cosas.

Wow, qué profundo.

Tengo mis momentos… Si ayuda en algo, pelirroja, a mí me caes mejor tú (;

Rió por lo bajo y sonrió enternecida, en verdad sí ayudaba, bastante.

Sabía que se quejaba continuamente de lo insoportable que Sirius podía ser, pero valía la pena aguantarlo por esos preciados momentos en los que se proponía ser el mejor amigo del mundo, y de hecho lo lograba.

Estaba por escribirle algo cursi que lo hiciera sentir incómodo, pero él se le adelantó con un mensaje que la extrañó.

¿Dónde estás? Dime que no en clase.

Obvio que estoy en clase, soy una estudiante, Sirius, ahí es donde pertenecemos.

Mierda, Lily, vete al dormitorio. Ya.

Aquello no solo hizo que su extrañeza aumentara, también provocó que el tono de urgencia en su mensaje la asustara.

¿Por qué? ¿Qué está pasando, Sirius?

Le llevó unos segundos de irritante espera y ansiedad hasta que él volvió a responderle, aunque no con un mensaje, sino con una foto.

Una foto que hizo que la sangre de su rostro huyera junto con su tensión.

Una oleada de pánico se esparció en su pecho como pólvora cuando reconoció aquella imagen de ella y James en el puente la noche anterior, besándose como si no hubiera mañana. Claro que eso no era lo peor, lo peor era que la foto estaba colgada en la página de internet de un periódico que, por supuesto, leía casi todo el país.

Tragó saliva y bajó el celular para panear el auditorio con la mirada, tratando de encontrar a alguien que estuviera actuando fuera de lo normal, pero todos parecían muy concentrados en la clase y en sus apuntes… Excepto una chica que tomaba al menos cinco clases con ella e intercambiaba su atónita mirada entre Lily y la pantalla de su teléfono.

Oh, oh.

La pelirroja se apresuró a guardar sus cosas con las manos temblorosas y cuando estuvo lista le envió un último mensaje a Sirius.

Ya me voy, te aviso cuando esté en el dormitorio.

Hazlo. Y escríbeme si necesitas algo.

Suspiró con fuerza y mortificación, no sabiendo que podía necesitar de él en ese momento, pero esperando no hacerlo.


Ir a esa universidad provocaba una sensación agridulce en Remus. Le gustaba porque estar ahí significaba que iba a pasar tiempo con sus amigos, además le gustaba el lugar y el aire que se respiraba, era un ambiente agradable, no importaba que Sirius siempre dijera que olía a represión y a estrés y a cualquier idiotez que se le ocurriera, a él le encantaba.

Y sin embargo, nunca era una experiencia completamente agradable, estar ahí también era un amargo recordatorio de algo que hubiera amado vivir, era hacer presión en la espina que tenía clavada en el pecho.

Siempre había querido estudiar en la universidad, mucho más que cualquiera de sus amigos, y por un par de años aquello había sido más que un sueño, había sido una posibilidad casi tangible… Pero luego había ocurrido el accidente y sin su padre presente pasar cinco años sin trabajar había dejado de ser una opción. Poco a poco lo había superado y se había resignado a que así era la vida a veces, no demasiado justa, pero de vez en cuando se permitía estar ahí e imaginar cómo se sentiría ser como todos esos chicos que veía a su alrededor.

Con un movimiento rápido de cabeza se obligó a deshacer todos esos pensamientos, no era el momento para ponerse nostálgico, estaba ahí por un asunto delicado y serio que tenía que resolver antes de que James y Sirius empezaran a hacerle llamadas histéricas.

Revisó la dirección que el último le había enviado y cuando se aseguró de que estaba en el lugar correcto, llamó a la puerta. Había esperado que no le respondieran, y si lo hacían que fuera Lily quien abriera, por idiota no había recordado que la chica tenía una compañera y no se había preparado para encontrarse con ella.

— ¡Remus, hola! —Exclamó Tonks al abrirle la puerta, traía una enorme sonrisa plasmada en el rostro y una pañoleta le recogía el cabello rosa. — ¡Ay, hacía tanto tiempo que no te veía!

Las comisuras de sus labios se elevaron sin que su cerebro procesara la acción, era como si estuviera obedeciendo a la cálida y agradable sensación que nacía en su estómago cada vez que la veía.

—Hola, Tonks. —La saludó con una pequeña sonrisa, pasándose una mano por la nuca en un gesto nervioso. —No nos veíamos desde el último cumpleaños de Sirius, ¿Cómo has estado?

—Uf, ocupadísima, creo este lugar está intentando matarme. —Se quejó la chica, pasándose una mano por la frente. —Y mamá no deja de insistir en que consiga un trabajo, lo que definitivamente no ayuda.

—Espero que no esté usando como excusa que hasta Sirius tiene uno. —Bromeó Remus, divertido al ver su expresión de hastío. —Eso sería triste.

— ¡Lo hace, lo cual empeora todo! —Se ofendió ella, resoplando y haciéndolo reír por lo bajo. —Y lo que Sirius hace no cuenta como un trabajo real así que no entiendo su punto.

—Deberías explicárselo, así tal vez te deje en paz.

—Lo he intentado, pero el idiota la envuelve cada vez que se ven y ella cree que es una especie de santo. —Entornó los ojos con indignación. —Al menos papá insiste en que no es necesario que consiga trabajo de inmediato, me da un respiro.

—Aprovéchalo, la vida de los adultos no es tan divertida como parece. —Le aseguró él, volviendo su sonrisa un poco más amarga.

—Le tomaré la palabra, señor. —Se rió ella, una risa melodiosa y encantadora. —Supongo que James y Mar siguen explotándote.

—James intenta no hacerlo, pero Mar explota a todos los que encuentre en su camino, ahí no hay mucho que hacer. —Aquello no era una broma completamente, pero igual esbozó una sonrisa cariñosa. —Aunque siempre que viaja trae regalos, así que no todo es malo.

—Pues lo mereces, trabajas demasiado. —Señaló Tonks, cuya expresión se iluminó de repente al tener una nueva idea. —Sabes, si necesitas distraerte un rato siempre puedes escribirme y… Y no sé, podemos salir por ahí, hay muchas cosas que podríamos hacer.

Remus tragó saliva disimuladamente y tomó una larga respiración. No se le ocurría nada bueno que decir para negarse a esa propuesta, mucho menos cuando la idea sonaba tan agradable. Sonaba como una cita, estaba casi seguro de que eso era.

No era que nunca lo hubiera pensado, por supuesto que lo había hecho, Tonks era genial y divertida y todo lo bueno que podía esperar en una chica, pero por alguna razón nunca se atrevía a intentar llevar las cosas más allá de la amistad cordial que mantenían. Quizás porque era consciente de que el trabajo que tenía no dejaba tiempo para nada, si James viajaba tenía que ir con él, si tenía un evento a las seis de la mañana de un sábado tenía que estar ahí, no era un horario que se prestara para dejar entrar una relación.

—Tonks, eso es…

— ¡Oh, ya sé! El departamento de literatura organizará una conferencia de simbología la próxima semana, ¿te gustaría ir? Suena como algo que te gustaría.

Lo grave del asunto, era que realmente sí le hubiera gustado asistir, muchísimo. Estaba seguro de que sería tan interesante como se escuchaba.

—Eso… No estaría mal, realmente. —Admitió con un suspiro, aceptando que no tenía buenas razones para negarse. —Tendría que revisar que James no tenga nada que hacer, pero...

— ¡Pero sí no entonces vendrás conmigo! —Decidió la chica, sonriendo emocionada, sin dejarle mucho espacio para oponerse. —Y si no puedes no importa, en algún momento tendrás un rato libre. ¿Sabías que abrieron una cancha de bolos cerca de aquí? Podríamos ir un día, Lily y yo habíamos planeado hacerlo, pero…

—Diablos, Lily. —Soltó Remus, recordando de repente porque estaba ahí en primer lugar. —Yo vine a buscar a Lily, se suponía que la llevaría a ver a James.

—Ella me lo había comentado, ¿pero que no era más tarde?

Remus abrió la boca para explicarle que ese había sido el plan inicial, pero tras las fotos filtradas en internet James le había pedido que fuera antes por si los fotógrafos hacían de las suyas y necesitaba ayuda. Pero no alcanzó a soltar ni una palabra, de repente su atención fue captada por lo que sonaba como un alboroto filtrándose por la ventana junto a ellos.

Se alejó de Tonks para echar un vistazo y su corazón se cayó a su estómago cuando vio a un grupo grande de gente aglomerándose frente a la planta baja del edificio de enfrente, no le costó demasiado reconocer el sonido de las cámaras y los flashes.

— ¿Qué es todo ese escándalo? —Se extrañó la chica, asomándose junto a él. — ¿Viniste con James?

—No, no lo hice. —Respondió él rápidamente. —Tengo que irme, Tonks, es una emergencia.

— ¿Está todo bien? —Se preocupó ella al ver la expresión alarmada en su rostro.

—Lo estará si me voy ahora. —Intentó dedicarle una sonrisa tranquilizadora, odiando tener que irse así. —Nos vemos pronto.

—Bueno, pero voy a tomarte la palabra en eso también. —Le informó Tonks, acercándose a él y antes de que pudiera alejarse, dejó un beso rápido en su mejilla. — ¡Te escribiré los detalles de la conferencia, así que más te vale hablar con James!

El chico parpadeó varias veces y por un instante volvió a olvidar su responsabilidad, aquel beso inofensivo lo había tomado desprevenido y había provocado que perdiera la noción del tiempo por un segundo. Se obligó a volver en sí y le dedicó una rápida sonrisa antes de darse la vuelta y salir de ahí.

Corrió escaleras abajo y llegó al edificio donde se había armado el jaleo tan pronto como pudo. De inmediato notó que las personas estaban aglomeradas en lo que parecía ser las puertas cerradas de un salón donde él suponía que Lily se había escondido. La cantidad de gente era bastante significativa y no tuvo que intentarlo para saber que no lo iban a dejar llegar hasta el frente, cosa que lo mortificaba, porque había vivido suficiente de esas situaciones como para saber que no iban a irse hasta que ella saliera.

Intentó pensar rápido en una solución, tenía que sacarla de ahí de la manera más disimulada que pudiera. Se alejó de la multitud y rodeó el edificio, sintiéndose aliviado al ver que había otra entrada que daba con los mismos salones del frente. Supuso que si el resto no lo había descubierto era porque acababan de llegar, así que tenía que apresurarse antes de que le copiaran la idea.

Siguió el ruido de las personas al otro lado para poder ubicarse en el salón que estaban acosando, esperando no equivocarse y encontrarla ahí.

— ¿Lily? —La llamó a la vez que abría la puerta de golpe.

Respiró aliviado al verla pegada a la columna junto a la puerta, escondiéndose, pero espiando hacia afuera para saber si se marchaban. El sonido de la voz del chico la sobresaltó y la hizo voltearse hacia él, estaba pálida y su rostro reflejaba lo asustada que se sentía.

— ¡Remus! Ay qué bueno que llegaste. —Casi sollozó de alivio, alejándose de la puerta y corriendo hacia él. —Intenté llegar a mi dormitorio, pero de repente ellos aparecieron y no…

—Me explicas después, hay que salir de aquí. —La interrumpió él, tomándola por la cintura y haciéndola salir del aula. —El auto está en el edificio de enfrente, ¿hay forma de llegar allí sin que nos vean?

—Pues… No, no lo creo. —Murmuró ella, tragó saliva con aflicción. —Solo por donde entraste.

—Maldición. —Masculló Remus, tratando de dar con una solución, sin éxito. —Bueno, están muy concentrados por allá, tendremos que salir con calma para no llamar su atención, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. —Lily asintió y tomó aire antes de posar su mirada en la suya y sonreírle. —Gracias, Remus.

Ese agradecimiento estuvo cargado de tanta sinceridad que Remus no pudo evitar sonreírle devuelta y sentir con más profundidad la necesidad de sacarla sana y salva de ahí.

—Todavía están ahí. —Notó Lily, nerviosa, cuando llegaron nuevamente a la parte delantera del edificio.

—Ignóralos, finge que no es contigo. —Le susurró él, alejándola sin correr, pero con un paso constante. —Solo sigue caminando.

Eso lograron hacer durante un trecho de camino bastante significativo, tanto que por un segundo Remus se permitió ser optimista y confiarse de que llegarían sin más problemas al auto.

Pero había hablado demasiado rápido, pronto empezaron a escuchar acercarse a la multitud que habían dejado atrás y no pasó mucho para que los flashes empezaran a dispararse en su dirección. El brazo que aún mantenía alrededor de Lily le dejó sentir como había tensado el cuerpo.

—Remus…

—No voltees y no vayas a correr. —Le indicó él, viendo de reojo que aún mantenían una distancia prudencial a pesar de que ello sí estaban corriendo. —Solo apresúrate.

Aceleraron el paso, pero eso no impidió que pronto se vieran rodeado por al menos cinco fotógrafos que les bloqueaban el paso y amenazaban con cegarlos con los flashes de sus cámaras. Remus estaba demasiado acostumbrado a eso, pero era diferente estar con James o con Mar que ya sabían cómo lidiar con esa atención a estar con una persona tan ajena a esa realidad. La verdad era que lo enfurecía bastante y eso solo empeoró cuando empezaron con las preguntas imprudentes y fuera de lugar.

—No prestes atención. —Le susurró muy cerca del oído para hacerse escuchar entre el griterío. —Ya vamos a llegar.

Rápidamente, las cinco cámaras pasaron a ser diez, pero por suerte para ellos lograron llegar al auto antes de que la cosa llegara a peor. Abrir la puerta fue casi imposible y subir ni se diga, pero Remus se las arregló para apartarlos y dejarles el camino libre.

No respiró tranquilo hasta que estuvieron encerrados dentro del auto, aunque el escándalo de afuera aún se escuchaba.

—Vámonos. —Le indicó al chófer, punzándose el puente de la nariz con los dedos. —Y trata de perderlos rápido.

Al menos eso no resultó muy difícil, a los pocos minutos habían salido del campus sin ninguna u otro auto motocicleta siguiéndolos. Al menos ese día no estaban de humor para persecuciones.

—Qué horrible. —La escuchó decir de repente. Se volteó hacia ella y la vio pegada al asiento con los ojos muy abiertos y la piel muy blanca. —No sé cómo… No sé cómo ellos pueden vivir así.

—Lo han hecho desde que nacieron, es costumbre. —Le explicó Remus, suspiró y buscó a los lados de su asiento por una de las botellas de agua que siempre tenían ahí. —Ten, toma un poco.

—Gracias. —Volvió a decirle la pelirroja, tomando la botella y dándole un trago largo. —De verdad, no sé qué habría hecho si no llegabas…

—Es mi trabajo, no tienes nada que agradecer. —Desestimó él, con una sonrisa sincera. —Me alegra que estés bien, lamento que tuvieras que volver a pasar por eso tan pronto.

—Sí, aún no me quitó el susto de la otra noche y ya pasé otro. —Intentó bromear Lily, tomando otro trago de agua y devolviendo la botella. — ¿Puedo guardar tu número? Digo, no pretendo llamarte cada vez que algo así pasé, pero…

—Puedes hacerlo, no hay problema. —Le aseguró Remus de inmediato, antes de dictarle su número telefónico para que lo guardara. —Esperemos que no vuelva a pasar, pero úsalo si ocurre.

—Sí, esperemos. —Suspiró ella, con una expresión suplicante. —Tengo que escribirle a Sirius, debe estar histérico…

—Lo está. —Confirmó él, haciendo una mueca al recordar todos los mensajes que su amigo le había enviado. —Y James debe estar peor, así que avísale que ya vamos en camino.

— ¡Ay, maldición, la cita! —Recordó de repente. Gruñó y enterró el rostro entre sus manos. —No puede ser, ni siquiera me dio tiempo de cambiarme o arreglarme…

—Luces bien, no te preocupes. —Quiso tranquilizarla él, sonriendo divertido. —Con lo muerto que lo traes seguro le encantará como te ves.

—Lindo, resulta que las bromas molestas es cosa de los cuatro. —Chasqueó ella, sonrojándose, pero sonriendo devuelta. —Sirius estaría tan orgulloso.

—Eso no es bueno, trato de llevar una vida que provoque justo lo contrario.

—Qué coincidencia, yo hago lo mismo. —Rió Lily, haciéndolo reír a él también. Estaba a punto de agregar algo más, pero algo captó su atención y se rodó hacia el chico con los ojos entrecerrados. — ¿Estuviste con Tonks?

— ¿Ah? —Se sorprendió Remus, no entendiendo que podía haberlo delatado. — ¿Cómo…?

—Bueno, no conozco a muchas chicas que pudieran haberte dejado esa marca fucsia fosforescente en la mejilla. —Se burló la chica, apuntando a una región de su propia mejilla. —Aquí, límpiate.

Remus se pasó la manga por donde ella le indicaba y entornó los ojos al ver que la mancha se había pasado a su ropa.

—Si pudieras no mencionarle esto a Sirius sería perfecto. —Le pidió con una mirada significativa.

— ¿Por qué? ¿Hay algo que necesite saber? —Preguntó ella, enarcando una ceja, sin perder la diversión de su sonrisa.

—No, pero a él cualquier cosa le sirve para amargarme la vida. —Respondió, tratando de convencerse de que realmente no había nada que ella necesitara saber. —Solo no le digas y saldamos nuestra deuda por salvarte hace un segundo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, me parece un trato justo. —Asintió Lily, posando la mirada en su teléfono que acababa de sonar y relajando las facciones de su rostro. Suspiró antes de hablar. — ¿Él siempre es así?

— ¿Quién? ¿James? —Ella asintió y Remus la vio confundido. — ¿Así como?

—Así… Como él es. —Intentó explicarse, aunque definitivamente no lo hacía nada bien. —Dice cosas que yo… No sé, a veces me marea. ¡De una buena forma! Pero… Pero igual.

Remus reprimió una sonrisa al ver la expresión soñadora que se adueñaba del rostro de la pelirroja, la misma que había decidido adueñarse del rostro de su amigo desde que aquella chica había aparecido en su vida.

Al principio se había sentido escéptico y algo temeroso, James lucía demasiado encantado e ilusionado, y no sabía cómo podía caerle no ser correspondido. Ese segundo de viaje en auto sirvió para deshacer todas sus dudas.

—Tú tampoco le digas a Sirius esto. —Le pidió ella de repente, haciendo que ambos se echaran a reír. —Y bueno, a James tampoco.

—No lo haré, pero creo que él va a darse cuenta solo.

—Yo espero que no. —Murmuró Lily con una risita temblorosa, intentando ver el camino a través de los vidrios cerrados. — ¿A dónde vamos? No quiso decirme donde sería la cita…

—Tan romántico. —Se burló Remus, entornando los ojos. —A un conjunto de cabañas a las afueras de la ciudad. James y Mar compraron una hace un par de meses.

— ¿Y cabaña significa para ellos lo mismo que para nosotros los mortales o me estás llevando a otro castillo?

Remus volvió a reírse, con ganas, antes de indicarle que era básicamente una mezcla de ambas cosas.

No tenía mucho tiempo conociendo a Lily, pero tras las pocas veces que había hablado con ella y al recordar a Priscilla, Remus estaba orgulloso de decir que los gustos de su amigo habían mejorado notable y satisfactoriamente.


—Entonces, ¿no vas a volver a hablarle más nunca?

—Obviamente tengo que hablarle, Peter. —Resopló Sirius, sin entender por que tenían que tener esa conversación. —Ella y James son como nosotros cuatro, es un paquete grupal, no tienes a uno sin el otro.

—Sí, todos por el precio de uno. —Completó su amigo. No lo veía, pero pudo imaginarlo con una expresión pensativa. —Pero es que como me cuentas todo lo que sucedió la última vez que se vieron, veo muy difícil que vayan a volver a…

—Estaremos bien. —Le cortó él, encogiéndose de hombros con indiferencia. —Mar solo está siendo lo que mejor sabe ser: una princesita malcriada y dramática. Ya se le pasará.

— ¿Y si no se le pasa? No te enfades, pero te comportaste como un imbécil.

Sirius gruñó y salió de debajo del auto donde estaba trabajando para levantar el torso y mirar a su amigo con una expresión fastidiada e irónica.

— ¿Cómo me enfadaría por algo así? —Preguntó con sarcasmo, puso los ojos en blanco y tomó una llave inglesa antes de volver a acostarse y entrar nuevamente al auto. — ¡Y si vas a estar aquí jodiéndome al menos ayúdame, imbécil!

—No pienso poner ni un dedo sobre este auto. —Volvió a negarse Peter, sonando impresionado en lo próximo que dijo. —Tendría que trabajar dos vidas para poder pagarlo si algo le pasa, ¿de dónde lo sacaste?

—Es del padre de un niño idiota de primer semestre. —Le explicó Sirius, ajustando la pieza que se había zafado. —Lo chocó hace unos días y si lo devuelve así van a matarlo. Le dije que se lo repararía por un precio de regalo.

— ¿Y lo harás?

—Sí, pero le estoy cobrando más de lo debido, cualquier idiota con una llave lo habría podido hacer gratis.

—Por Dios, Sirius, no me llames el día que te echen de aquí por estafar a niños recién graduados. —Le rogó Peter, sonando tan irritado como impresionado.

— ¿Y para que te llamaría a ti? No podrías hacer nada. —Volvió a moverse para quedar a la vista y le sonrió con diversión. —Llamaría a Remus, le aterra lo que pueda pasarme si no sigo estudiando.

—A todos. —Aclaró su amigo, viendo con fastidio como dejaba la llave en una mesa, pero tomaba otra herramienta. — ¿No has terminado aún? Dijiste que cualquiera podría hacerlo.

—Lo decía en serio, y claro que terminé, pero no puedo irme sin trabajar en mi amada, se pone celosa…

—Es solo una motocicleta. —Se exasperó Peter, entornando los ojos.

—Calla, te escucha. —Fingió indignarse Sirius sentándose junto a su moto para hacerle mantenimiento. —Y no te pedí que vinieras conmigo, lo hiciste por gusto. Así que sé un buen niño y siéntate a esperar.

—Pensé que harías algo divertido. —Se enfurruñó el chico, dejándose caer en una silla con una expresión de desagrado. —No que vendrías aquí.

Sirius se encogió de hombros con desinterés, después de todo, ir a trabajar al garaje donde guardaba la moto, y el auto de turno que le estuvieran pagando por arreglar, era la diversión más sana que se le podía ocurrir.

Técnicamente la carrera que estaba estudiando no tenía demasiado que ver con reparar autos directamente, era algo muchísimo más complejo y profundo, pero él era feliz haciendo lo primero.

Lo más probable era que se graduara y terminara montando un taller. Sí, esa idea le gustaba.

—La vida está llena de decepciones, pequeño Pete. —Se burló, con una voz que pretendía ser dulce. —Una lástima.

— ¿Eso es lo que te pasó con Marlene?

Sirius gruñó y dejó lo que estaba haciendo para dedicarle una mirada asesina que, a su pesar, no logró intimidar a su amigo.

—No, eso no es lo que pasó con Marlene. —Aclaró entre dientes, deseando que lo dejara estar de una maldita vez. —Porque déjame decirte que nada acerca de esa noche fue decepcionante. Más bien todo lo contrario.

— ¿Entonces por qué te niegas tanto a hablar con ella? —Quiso saber Peter, exasperándolo al no asquearse con su respuesta. —Si te gusta…

—Me gustó tener sexo con ella. —Lo interrumpió antes de que pudiera terminar su ridícula oración. —Ya pasó, no hay necesidad de hablar de nada.

—Creo que deberías llamarla, así mejoras el mal humor que has cargado desde el domingo.

—No sé de qué mal humor estás hablando. —Mintió Sirius con un gruñido. —Yo estoy perfectamente. Y no me contradigas.

La brusquedad e implícita amenaza en su voz fue más que suficiente para que Peter cerrara la boca y no continuara.

Al menos no durante los siguientes minutos, al final terminó volviendo a retomar el tema.

—Si te ibas a comportar tan infantil no debiste dormir con ella…

—A ver, pedazo de intenso insoportable. —Se exasperó Sirius, arrojando a su caja la herramienta que tenía en la mano. —Estaba asquerosamente borracho cuando me acosté con ella, ¿Qué te crees que andaba pensando en las consecuencias?

—De verdad, ¿esperas que me crea que no lo hubieras hecho estando sobrio? Yo te he visto con ella, Sirius, y no soy James.

Lo vio de mala manera, pero no replicó nada, no tenía mucho que decir en su defensa.

Desde que había pasado la noche de la fiesta, se había estado comiendo la cabeza para encontrar la respuesta a esa misma pregunta que su amigo acababa de hacerle y había llegado a la conclusión de que sí, el alcohol había sido un factor determinante para lo que había ocurrido con Mar… Pero no el único.

Definitivamente lo hubiera hecho estando sobrio.

—No puede comportarse como una mocosa malcriada y altanera y esperar que todos estemos a su disposición cuando ella lo ordene. —Se empecinó él, negado a dar su brazo a torcer. —No soy su puto sirviente. Ya va siendo hora de que madure.

—También ayudaría que tú lo hicieras. —Insistió Peter, dedicándole una mirada significativa. —Al menos admite que pudiste haberte comportado mejor.

— ¿Qué demonios te pasa? ¿Te está pagando para que la defiendas o que mierda? —Sirius bufó enfadado y se puso de pie. —Te recuerdo que eres mi amigo, no de ella.

—No me está pagando, pero como dijiste antes, estar con James la incluye a ella, y solo quiero que nuestro círculo no se arruine por tu culpa.

Desestimó su comentario con una mano y con una mueca de fastidio, y siguió caminando hacia el lugar donde había dejado el celular.

—Excelente, ¿vas a llamarla?

—No, imbécil, no voy a llamarla. —Aclaró con irritación, enumerando las consecuencias de hacerlo tragar gasolina si no se callaba. —Quiero saber si ya Remus llevó a Lily con James y si lograron escapar de los malditos fotógrafos.

Por suerte, tenía mensajes de sus tres amigos que le confirmaban que efectivamente ya estaba con él y todo el viaje había salido bien. Tuvo que poner los ojos en blanco al ver el montón de caras con corazones que James le había enviado. Sabía que estaba emocionado, pero aquello se estaba volviendo ridículo.

Después de responderles a todos, excepto a él, entró al buscador para ver que tanto estaban hablando sobre las fotos suyas con Lily, y cuanto sabían ya sobre su amiga, pero terminó encontrando algo más.

Como si el universo estuviera tratando de enviarle una señal, le apareció una noticia en desarrollo sobre un evento que se estaba llevando a cabo en ese momento en el centro de la ciudad. Parecía ser una cena benéfica de alguna organización ridícula, pero lo que llamó la atención de Sirius fue ver las fotos donde ella aparecía, saludando y sonriendo, luciendo preciosa.

Llevaba un vestido verde ceñido al cuerpo que resaltaba todas sus curvas, esas que habían vuelto loco a Sirius, que se había encargado de memorizar y recorrer, con las manos y con la boca, como si su vida dependiera de eso.

Su sonrisa lucía amable y apacible, pero él que la conocía desde que era una cría, sabía a la perfección que esa no era la mejor que tenía. Era la que usaba en público para las cámaras, no la que esbozaba cuando estaba en privado y algo la divertía o emocionaba. Esa sí era una buena sonrisa.

Siguió pasando las fotos y gruñó al ser incapaz de detenerse, pero especialmente al sentir como su irritación y el enfado ridículo que había mantenido hacia ella desde la última vez que la había visto empezaba poco a poco a derretirse.

—Tengo dos preguntas para ti, Pete. —Dijo de repente, levantando la mirada para encontrar la suya. —Uno, ¿en serio crees que fui demasiado inmaduro?

—Pues no digo que ella haya actuado muchísimo mejor, pero definitivamente lo fuiste.

—Sí, puede que tengas razón. Debería disculparme. —Asintió él, esbozando una sonrisa que pretendía ser inocente, pero que guardaba un montón de planes indecentes, y giró el celular para que viera la pantalla. —Pero respóndeme lo otro, ¿crees que sea seguro viajar en moto con ese vestido?


Esa segunda cita no estaba yendo para nada como James la había planeado, y no sabía cómo sentirse al respecto.

Estaba enfadado, eso lo tenía claro. Principalmente con el maldito periódico que se había encargado de divulgar la foto, el bastardo que se las había vendido y con el departamento de prensa del palacio que no se había enterado a tiempo para que él pudiera avisarle a Lily antes de que los fotógrafos lo hicieran.

Soltó un gruñido grueso desde el fondo del pecho, saber que nuevamente había estado rodeada por esos idiotas solo hacía que su ira se incrementara.

Sin embargo, sabía que no estaba tan furioso como podría haberlo estado. Al fin y al cabo, Lily estaba ahí con él; no estaban haciendo nada de lo que había planeado, no estaba disfrutando de la cabaña y técnicamente no le estaba prestando atención, pero no estar con ella en absoluto hubiera sido mucho peor que observarla caminar frente a él mientras hablaba nerviosamente por teléfono.

—Ya te dije que no tenía idea de que iban a publicar esa fotografía, habría intentado detenerlo… —Volvió a decirle, por décima vez, a la persona con la que hablaba, lucía fatigada y exasperada. — ¿Por qué querría…? No, Petunia, no todo el mundo quiere salir en el periódico con… ¡Te estoy diciendo que yo no quería!

James frunció el ceño, no estaba seguro de con quien estaba hablando, pero no le parecía una conversación muy agradable, definitivamente no la que ella necesitaba en ese momento.

—Sí, sé que no es mi mejor fotografía, pero no estaba esperando que me tomaran una. —De repente dio un pequeño respingo y se sonrojó antes de voltearse y susurrar una respuesta. —No, no es mi novio… ¡No, claro que no me voy a casar con él! ¿Qué clase de pregunta es esa?

No pudo evitar sentirse un poco ofendido ante eso. Sabía que estaba diciendo la verdad, pero no era necesario que fuera tan tajante al respecto.

—No, tampoco me beso con cualquiera a mitad de la calle. —Gruñó la pelirroja entre dientes, volviendo a caminar frente al sofá donde él estaba sentado. —Y si así fuera no veo como eso afecta tu vida… Petunia, no llamé para hablar contigo, ¿puedes pasarme a mamá de nuevo?

Cada segundo de esa conversación le daba a James una buena pista de con quien estaba hablando Lily, pero no podía asegurar nada ya que ella nunca había mencionado nada al respecto.

— ¿De qué estás hablándome ahora? ¡No tengo porque disculparme contigo sobre nada! —Se ofendió Lily, deteniéndose de golpe y abriendo mucho los ojos. —Si no te conté fue porque no es asunto tuyo... Claro, de repente te importa mucho lo que me pasa… Sabes, hay algo que no entiendo, ¿tenía que contarte por qué estoy saliendo con alguien nuevo o por qué resulta ser un príncipe?... Sí, lo suponía… Olvídalo, no quiero seguir hablando contigo, voy a colgar… No, no te quiero escuchar, adiós.

Algo le dijo a James que no había esperado a que le contestaran, pero eso no impidió que se quitara el celular de la oreja y trancara la llamada con tal vez demasiada brusquedad antes de echar la cabeza hacia atrás y soltar un gruñido lleno de irritación.

— ¡Te juro que no la soporto! —Exclamó con exasperación. —Yo solo quería tranquilizar a mis padres, ¡no sé cómo terminé aguantando todas sus estupideces!

—Qué bueno que colgaste, no parecía estar haciendo demasiado por tus nervios. —Señaló James, dudando antes de hacer la pregunta que le rondaba la cabeza desde que había empezado la llamada. — ¿Y esa Petunia es tu…?

—Mi hermana. —Suspiró con fuerza, tratando de estabilizar su respiración, y se giró para caminar hacia él. —O eso es lo que me dicen.

—No sabía que tenías hermanos. —Murmuró él, tratando de no sentirse herido por el hecho de que no había mencionada aquello.

—Es difícil hablar de ella cuando no me llama desde navidad y de repente quiere hablarme solo porque estoy en las noticias. —Resopló ella, dejándose caer a su lado y dedicándole una mirada de disculpas. —Es… Complicado, no nos llevamos muy bien.

—Sí, eso lo noté. —Le sonrió para tratar de hacerla sentir mejor, y con delicadeza alejó unos mechones de cabello que caían por su frente. —No sé si me estabas entendiendo, pero a este tipo de cosas me refería cuando te pedía que me contaras sobre ti.

—Lo sé, pero no voy por ahí contándole a la gente sobre mi hermana que me odia sin motivo aparente. —Bromeó, con una sonrisa amarga que James deseó poder borrar. —Tienes mucha suerte de tener a Marlene.

— ¿Si te digo que tienes razón prometes no decírselo?

Aquella pregunta le arrancó una risa divertida que le permitió a él sentirse más tranquilo, había intentado que se relajara desde su llegada y le agradaba creer que ya lo estaba logrando.

—Le resulta fascinante que haya salido contigo. — Le contó Lily, torciendo los ojos. —Aunque, como me dejó saber varias veces, no entiende que mosca te picó para que eso pasara.

—Una mosca muy sabia y maravillosa. La voy a condecorar y todo. —Volvió a bromear a él, haciéndola reír nuevamente, a la vez que empezaba a acariciar su cabello suavemente. — ¿Y cómo están tus padres?

—Papá está bastante nervioso, vio los videos con todos los fotógrafos a nuestro alrededor y quería asegurarse de que estuviera bien. —Se estremeció ante el recuerdo y siguió hablando. —Y mamá, bueno, ella también está nerviosa, pero estaba más interesada en que le contara sobre ti y saber si ya fui a tu casa y que tan bonita es.

—Dile que puedo darle un tour cuando quiera. —Esta vez fue turno de James para suspirar y dedicarle una mirada apenada. —Lo siento, Lily, lo menos que quiero es causarte problemas.

—No tienes que disculparte por nada, James. —Le aseguró ella, moviéndose en el sofá para quedar de frente a él y sonreírle. —Si mal no recuerdo, fui yo quien te besó a ti.

—Umm, había olvidado ese detalle… —Fingió analizar eso por un segundo, antes de acercar su rostro al de ella y devolverle la sonrisa. —Entonces supongo que la que ha causado todo esto eres tú.

— En el puente no parecías estarte quejando, ni tampoco tener ganas de hacerlo.

—Es que estaba ocupado…

Ella soltó una risita, pero calló para recibir el dulce beso que él depositó en sus labios.

James suspiró y siguió besándola, sintiendo como su corazón se expandía agradablemente, desprendiendo una cálida sensación que lo hacía querer seguir haciendo eso sin detenerse.

Lo buena que era besando también ayudaba.

—Esto vale la pena todos los paparazzi del mundo. —Susurró ella, tomando una pequeña respiración antes de volver a besarlo.

—No me lo digas mucho que me lo voy a creer. —La besó una última vez y se separó a regañadientes para verla a los ojos. —En serio, lamento que hayan llegado así a la universidad, no entiendo como los dejaron entrar.

—Yo tampoco, pero con el alboroto que armaron seguro no lo hacen más. —Aquello le sonó más como una plegaria que una simple oración, dejándole saber cuánto lo deseaba. —Aunque yo… Supongo que tendré que acostumbrarme de todas formas.

— ¿A qué te refieres? —Preguntó James de golpe, abriendo los ojos con impresión.

—Pues… Ya sabes. —Las mejillas se le tiñeron de rojo y James tuvo que contenerse para llenarle la cara de besos. Todo empeoró cuando volvió a sonreír. —Si vamos a seguir haciendo esto yo supongo que los fotógrafos son parte del trato.

James se alejó y abrió muchísimo los ojos a la vez que se ajustaba los lentes, asegurándose de que la estaba viendo bien y que no estaba imaginando lo que decía.

Se tomó unos segundos antes de responder nada, estaba muy ocupado tratando de controlar la descarga de euforia que se disparó dentro de su cuerpo y que temía que lo dejara en evidencia si abría la boca muy rápido.

—Digo, si es que hay un trato aquí. —Aclaró ella rápidamente al ver que él no respondía. —Solo si tú quieres…

— ¡Pero claro que quiero! —Soltó James de inmediato, no comprendiendo como podía preguntarle eso a esas alturas. —Solo… No estaba claro de que tú lo quisieras también.

—Bueno, por algo estoy aquí. —Sonrió ella, tomando el borde de la chaqueta del chico y jalándolo de manera juguetona. —No tengo opción, descubrí lo mucho que me gusta que me beses.

—Eso es una suerte, porque tenía planeado seguir haciéndolo. —Volvió a sonreírle, con todos los dientes y con los ojos, antes de acercarse a ella y demostrárselo.

Lily suspiró y envolvió los brazos en su cuello para disminuir la distancia, cosa que James le agradeció muchísimo.

Pasó un brazo por su cintura y se inclinó sobre ella, prácticamente cubriéndola con su cuerpo. Lily enroscó una pierna alrededor de sus caderas y se impulsó hacia arriba para profundizar el beso, mordiendo su labio y entrelazando su lengua con la de él de una manera enloquecedora.

Las manos de James empezaron a moverse a su propio acorde, paseándose suavemente por los costados de la pelirroja, subiendo hasta la curva de su pecho y haciéndola suspirar. Él la imitó, pensando en lo mucho que quería volver a tocar todo lo que los intensos besos en el auto le habían permitido, pero esa nueva cita apenas estaba iniciando y no quería acelerar demasiado las cosas.

De todas formas, el sonido de su celular se lo hubiera impedido.

—Agh, por qué siempre interrumpen... —Gruñó de mala gana, separándose para tomar el teléfono, reconocer el número desconocido y volver a trancar la llamada. —Maldita sea, ya dejen de llamar...

— ¿Por qué no atiendes y ya? —Quiso saber Lily con la voz algo ronca, afortunadamente sin quitarle las piernas de encima. —Así te dejan en paz...

—No va a dejarme en paz, no lo ha hecho nunca y no va a empezar ahora. —Desestimó él, poniendo el celular en silencio y volviéndose hacia ella. —Es Camille, habrá visto las fotos y estará infartada.

— ¿Y si es tu padre quien quiere hablar contigo?

—Mi padre nunca me llama al celular, es protocolo. —Le explicó él con un encogimiento de hombros. —Llama muy poco cuando está afuera, prefiere regañarnos en persona.

— ¿Y te va a regañar por esto? —Inquirió Lily, abriendo los ojos con una preocupación adorable.

—Cuando te conozca lo dudo. —Sonrió de manera tranquilizadora y dibujó las curvas de su mejilla con un dedo. —Eres demasiado encantadora.

— ¿Lo suficiente para los estándares que se espera del heredero al trono? —Se burló ella, arrancándole una risita.

—Yo diría que más. —Confesó en un susurro sin dejar de sonreírle.

Lily lo miró con escepticismo antes de entornar los ojos y bajar la mirada, soltando un suspiro pesado.

Ya no podía verla directamente, pero a James igual no se le escapó la expresión preocupada y afligida que se adueñaba de su rostro, haciéndolo sentir incómodo y confundido.

—Ey, ¿qué ocurre? —Le preguntó con suavidad, tomando su barbilla e instándola a levantar el rostro. — ¿Por qué esa cara?

—Todo esto me preocupa, James. —Admitió ella, clavando sus ojos verdes llenos de dudas en los de él. —Me da... Me da miedo.

— ¿Qué cosa?

—Tú... Bueno, no tú, sino lo que eres. —Se corrigió con un suspiro, mordiéndose el labio con mortificación. —Me da miedo no saber cómo ser parte de tu mundo, no conocer la vida que llevas, no entenderla...

—Mi mundo...

—Por favor, no me digas que no es muy diferente al mío. Ambos sabemos que sí lo es.

James cerró la boca y asintió, sin poder negar que había estado por afirmar eso mismo. Entonces tuvo que modificar su discurso.

—Sé que tal vez no me creas, pero, Lily, yo puedo adaptarme a ti y a tu mundo si es necesario. —Le aseguró con sinceridad. —Y sobre el mío, nunca te obligaría a hacer nada o soportar algo con lo que no te sintieras cómoda...

—Yo también puedo adaptarme y tratar entender. —Concordó la pelirroja de inmediato, haciéndolo sentir aliviado. —Y te agradezco mucho que estés dispuesto a hacerlo, pero... James, somos demasiado diferentes.

—No, eso no es cierto. —Se negó él de inmediato, indispuesto totalmente a creerlo. —Puede ser que nos hayan criado y hayamos crecido de diferente forma, pero no somos diferentes, Lily, tenemos muchas cosas en común...

— ¿Pero y si no son suficientes?

James le dedicó una mirada significativa y suplicante. Sabía que ella tenía derecho a tener dudas, y no solo eso, tenía todas las razones del mundo para tenerlas.

Decía la verdad, sus vidas eran muy diferentes, incluso sus planes de futuro, pero él estaba dispuesto a adaptar todo lo que ya había visualizado si eso le permitía seguir disfrutando de su compañía y de esa preciosa sonrisa que provocaba tantas cosas dentro de él.

—Pueden serlo, si estamos dispuestos a intentarlo. —Opinó él, esbozando una sonrisa conciliadora.

Lily lo miró y parpadeó varias veces, como tratando de digerir sus palabras y creérselas.

Al cabo de unos segundos soltó un suspiro que parecía haber estado aguantando y le sonrió de vuelta.

—Me gusta cómo suena eso.

—A mí me gustas tú. —Le confesó James, sin avergonzarse porque sabía que ya era demasiado obvio. Volvió a acercarse y a regalarle un beso fugaz. —Me gustas tanto que me adaptaré a ti todo lo que sea necesario para seguir teniéndote justo cómo ahora.

—Ya te veo dando los mejores saludos de Navidad de la historia. —Bromeó con una sonrisa soñadora, haciéndolo reír. —Está bien, podemos intentarlo.

James sonrió, satisfecho, emocionado y feliz, y se abalanzó sobre ella para volver a besarla, esta vez sin guardarse nada, dejándose llevar para poder transmitirle todo lo que estaba sintiendo en ese momento.

Lily lo recibió con gusto y subió las manos para tomarlo del cuello, jugando con los cabellos cortos que nacían en su nuca y jalándolos ligeramente, provocando que James gruñera y profundizara más aquel beso perfecto que solo seguía mejorando con el pasar de los segundos.

Los labios de la pelirroja se sentían suaves y calientes contra los suyos, amoldándose a estos con increíble facilidad, recordando el ritmo que habían ido creando las otras veces que habían hecho eso. Los pensamientos del chico ya empezaban a nublarse, no lograba pensar en nada que no fuera ella, en sus suaves manos, su perfume que invadía todos sus sentidos y le hacía girar la cabeza, y su cuerpo que se arqueaba contra el suyo, volviéndolo todo más alucinante.

Cegado por las sensaciones que estaban adueñándose de él, James tomó la pierna libre y se la enrolló en la cintura, haciéndola quedar prácticamente colgada a su cuerpo, eliminando cualquier espacio entre ellos. El contacto lo hizo gruñir de satisfacción, jurando que aquella deliciosa cercanía terminaría por volverlo loco. El aire de la cabaña era denso y caliente, dificultándole la respiración y retrasando el proceso en que sus pulmones se llenaban de aire.

Lily gimió por lo bajo, ocasionándole a James un doloroso jalón en la creciente entrepierna, y rompió el beso para poder tomar respiraciones pesadas y entrecortadas, tratando de recuperar el oxígeno. Sin querer dejar sus labios sin nada que hacer, James llevó su boca hasta su garganta, bajando hasta llegar a las clavículas, donde dejó un sendero de besos húmedos y calientes, haciéndola suspirar y echar la cabeza hacia atrás para darle más espacio.

Él siguió besando y mordiendo los centímetros de piel que tenía a su disposición, colando las manos por debajo de la blusa de la pelirroja y acariciándola hasta erizarla completa. No queriendo quedarse atrás, Lily llevó sus dedos temblorosos hasta los botones de su camisa y separó los primeros para tener acceso a su pecho, el cual se encargó de arañar deliciosamente, a lo que el chico respondió con una suave, pero placentera mordida que la hizo jadear.

—James… —Lo llamó con la voz irreconocible. Tragó saliva y continuó. — ¿Podemos subir?

Las claras intenciones que acarreaba esa pregunta hicieron que James gimiera contra su piel y nuevamente subiera el rostro para volver a besarla, tratando de separarse de su piel para poder pensar con un poco más de claridad y recordar su idea inicial de tener una cita más o menos normal.

—Es muy temprano todavía... —Murmuró contra sus labios, tratando de controlarse.

—No importa. —Le cortó Lily, suspirando entre besos. —No me importa…

Siendo perfectamente franco, a él tampoco le importaba.

Entre besos y tropezones logró llevarla hasta el segundo piso y a la habitación, felicitándose internamente por nunca habérsele ocurrido llevar a otra chica a ese lugar. Se hubiera arrepentido de no poder compartirlo con ella.

Tener a Lily así se parecía demasiado a un sueño muy bueno, su entrega y sus acciones lo tenían mareado y con la cabeza embotada, impidiéndole tener un pensamiento racional, obligándolo a ser solo instinto y sensibilidad. La calentura rápidamente lo hizo perder la noción del tiempo, y antes de que pudiera darse cuenta, Lily ya lo había ayudado a deshacerse de casi todas sus ropas, dejándolo solo con el bóxer negro que le estorbaba más que nunca y que sentía a punto de explotar.

Cosa que no mejoró cuando la observó en ropa interior debajo de él.

No tenía idea de si lo había hecho conscientemente, pero se había combinado y eso despojó a James de los últimos rastros de cordura que aún le quedaban en el cuerpo.

Se tomó un minuto para admirarla, para grabarse todo lo que tenía frente a sus ojos, la palidez de su suave piel que la excitación había tornado roja, las pecas que cubrían sus hombros y estaban regadas esporádicamente por su vientre y sus brazos. Todo eso era enloquecedor, pero fue ver los pechos redondos, que se movían al ritmo de sus aceleradas respiraciones, escondidos tras el sujetador de encaje lo que lo hizo sentir que terminaría perdiendo todos los papeles.

Hubiera seguido viéndola como un idiota de no ser porque ella pareció hartarse y lo tomó por los hombros para atraerlo hacia ella otra vez, lanzándole los brazos al cuello y obligándolo a pegar sus labios a los suyos. Estaban demasiado excitados como para mantener un ritmo coordinado, así que el beso que compartieron fue húmedo y bastante desastroso, aunque no menos placentero.

En determinado momento, Lily envolvió las piernas alrededor de su cintura y se arqueó, rozando la húmeda tela de sus bragas contra la erección del chico, arrancándole a ambos gemidos dolientes y apretados.

—Vas a matarme. —Gruñó James, imitando el movimiento y haciéndola morderse el labio.

—Y tú a mí. —Jadeó Lily, subiendo el rostro para volverlo a besar, pero él tenía otros planes.

Se rodó hacia abajo para posicionar el rostro a la altura de sus senos, enterrando la nariz en el espacio entre estos y suspirando con fuerza, sintiendo como se ponía más duro debido a su olor. Se movió un poco hacia la izquierda y pasó la lengua por el pezón cubierto antes de morder la tela del sostén, haciéndola abrir la boca para exhalar pesadamente, buscando aire. James sonrió contra ella y coló las manos tras su espalda para alcanzar el broche y deshacerlo, liberándola de la pieza.

Repitió el juego con su boca ahora sobre el pecho descubierto, endureciendo más la punta con su aliento caliente y sus lamidas tortuosas. Lily gimió su nombre por lo bajo y lo tomó por el cabello, arqueando la espalda, queriendo más.

James succionó con fuerza antes de alejarse, haciéndola quejarse y boquear ante el vacío. Pero volvió a suspirar cuando lo sintió llevar la boca hacia abajo para besar el camino hasta su vientre, el cual besó delicadamente hasta hacerla temblar; entonces reparó en las bragas de encaje púrpura adornadas con un diminuto lazo negro y sonrió divertido, recordando encantado su primer encuentro.

—Estas están más bonitas. —La halagó con la voz imposiblemente ronca. Posó sus ojos en los de ella y depositó un beso sobre la tela. —Me gustan más que las otras.

No creía que fuera posible que se pusiera más roja de lo que ya estaba, pero en ese momento descubrió que se había equivocado. Resopló y soltó una risita sofocada.

—Ya deja de hablar. —Prácticamente le ordenó, enarcando una ceja en su dirección. —Pensé que ibas a hacer algo allá abajo.

Él le sonrió con picardía y, sin dejar de mirarla, tomó el borde de las bragas entre sus dientes, deslizándola por sus piernas hasta deshacerse de ellas por completo.

Pensó que explotaría de excitación solo al escuchar el gemido sonoro que escapó de sus labios cuando hundió la boca en su intimidad, lamiendo y chupando entre sus pliegues húmedos y necesitados.

—James. —La escuchó llamarlo, moviendo las caderas hacia él. — ¡Ahh! James…

El aludido gruñó contra su piel y usó su lengua para trazar el camino desde la entrada hasta el clítoris, dedicándose a jugar con este a la vez que añadía dos dedos a la faena, empezando a moverlos hábilmente dentro de ella, llevándola más cerca del éxtasis.

Con una idea fija en la mente, James impulsó sus dedos una última vez y despegó la boca para morderle el muslo, haciéndola gritar de placer y entregarse al primer orgasmo de la noche.

La observó hipnotizado, embriagándose en la imagen de Lily temblando y retorciéndose de placer, por y para él.

Las oleadas de placer le duraron unos segundos más hasta que se quedó tendida sobre la cama tratando de recuperar el aire y de volver a la realidad. Tragó saliva y se humedeció los labios antes de levantar la cabeza para encontrar su mirada.

—Ven… Sube…

La obedeció de inmediato, no sintiéndose en la capacidad de negarle nada en ese momento, mucho menos cuando lo veía de esa forma, con los ojos oscurecidos por la lujuria.

Dejó que lo envolviera con sus brazos y piernas y volvió a besarla, sintiendo que nunca se cansaría de hacer eso.

Pero tuvo que separarse, con el aire atorado en la garganta, cuando la sintió bajar una de sus manos y jugar con el borde de su ropa interior, tentándolo, antes de indicarle que se los quitara, cosa que él hizo de inmediato, dejándole el camino libre para que tomara su miembro erecto y empezara a masturbarlo.

James se estremeció y cerró los ojos, gruñendo y enterrando el rostro en la curva de su cuello, quiso besarla, pero estaba demasiado concentrado en el movimiento de sus suaves manos que lo estaban haciendo sentir en el cielo.

Gimió cuando ella apretó la punta mojada y movió las caderas contra su mano. Volvió a subir la mirada para verla con la expresión contraída por el placer y la necesidad de estar dentro de ella tan pronto como fuera posible. Lily lo entendió de inmediato y le sonrió complacida; separó las piernas tanto como pudo y dirigió la erección hasta su entrada preparada antes de soltarlo, envolviendo las piernas en su cintura y tomándolo por los hombros.

— ¿Lista? —Quiso asegurarse él, besándola, reprimiendo las ganas de meterse en ella de una vez.

—Sí. —Asintió ella rápidamente sin aliento. —Hazlo, por favor.

James suspiró y rozó la punta por su centro hinchado un par de veces antes de dejarse de juegos y entrar finalmente en Lily, que lo recibió estrecha y húmeda. Perfecta.

El gemido y el gruñido que ambos soltaron se mezclaron en el aire denso de la habitación. James no empezó a moverse de inmediato, dándole tiempo para que se acostumbrara a la invasión, asegurándose de no ir a lastimarla, aunque la había sentido tan lista que lo dudaba muchísimo.

Lily confirmó esos pensamientos cuando buscó su boca con la suya y lo besó apasionadamente antes de separarse para murmurar sobre sus labios.

—James… Sigue…

No necesitó más que eso para empezar a moverse, adentro y afuera de ella, primero con lentitud, deleitándose en lo delicioso que se sentía hacerlo, mordiéndole el hombro y el lóbulo de la oreja, sabiendo que no pasaría mucho antes de que perdiera el control por completo.

—Lily… —Gruñó de placer, cerrando los ojos con concentración. —Eres increíble.

Ella gimoteó y murmuró incoherencias, apretó más las piernas que tenía en su cintura, queriendo sentirlo más adentro, y se contrajo alrededor de él, haciéndolo casi perderse. James colocó las manos sobre el colchón, a ambos lados de su cabeza, para poder impulsarse con más fuerza, haciéndola retorcerse y seguir gimiendo su nombre repetidamente, como un mantra que sonaba maravilloso para sus oídos.

Gradualmente fue acelerando y profundizando sus embestidas, intercambiando besos descoordinados, gemidos y gruñidos que iban aumentando en volumen a medida que se acercaban al clímax.

Lily boqueó y abrió los ojos con confusión y desesperación cuando James salió y no volvió a entrar. Él rió por lo bajo y llevó la boca a su oído.

—Date la vuelta.

La sintió estremecerse entre sus brazos, pero no tardó en hacer lo que le decía. El chico se separó para darle espacio y mirar cómo se giraba en la cama, apoyándose en sus rodillas y palmas, levantando las caderas hacia él para darle acceso.

James se mordió el labio y se grabó aquella perfecta imagen en su mente, pero ya no tenía fuerzas para perder el tiempo, así que se apresuró a tomarla con fuerza por las caderas, dejando las marcas de sus dedos en su piel cuando se impulsó y la penetró con una estocada certera que le arrancó un grito de placer.

Esta vez no se tomó la molestia de ser delicado, echó la cabeza hacia atrás y la embistió sin remilgos, una y otra vez, sintiéndose alentado por los sonidos desesperados que sacaba de ella mientras la llevaba más cerca del orgasmo.

—No te detengas… Por favor… —Gimió Lily, moviendo las caderas hacia él. —Por favor, James, voy a… ¡Ah!

Se corrió por segunda vez en la noche y esta vez James pudo sentirla a la perfección, apretándose alrededor de él, temblando de placer y entregándose completa. No dejó de gemir y jadear en ningún momento, provocando que él se deshiciera de la misma forma.

La embistió una última vez, tomándola con tanta fuerza que estaba seguro de que tendría marcas al día siguiente, y con un gruñido profundo acabó dentro de ella, disfrutando de las oleadas de su propio orgasmo hasta quedar aturdido.

Se desplomaron en la cama, sin fuerza alguna en sus cuerpos, tomando respiraciones profundas e irregulares, tratando de que el aire volviera a sus pulmones y a su cerebro para así poder pensar en algo que no fuera el increíble placer que acababan de experimentar.

James sabía que tenía que moverse para dejarla respirar mejor, pero su suave y delicado cuerpo se sentía tan bien bajo el suyo que no lograba recoger la voluntad para hacerlo.

Entonces Lily suspiró y movió el rostro para encontrar su mirada y sonreírle, tan satisfecha como él se sentía.

eres lo mejor que le ha pasado a este país en siglos.

Le tomó un segundo entender a lo que se refería; había estado tan ocupado disfrutando y haciéndola disfrutar a ella que había olvidado por completo cualquier honor o título que pudiera tener a su nombre.

Solo se había sentido como un chico, tan normal como cualquiera, teniendo sexo con una chica que lo enloquecía y lo volvía un completo idiota.

Rió por lo bajo y dejó un suave beso en su hombro antes de dejar otro sobre su mejilla.

—Y tú eres lo mejor que me ha pasado a mí en años.


Las ostras que estaban servidas en los platos de los asistentes a esa maldita cena debían estar pasándola mejor que Mar, de eso ella estaba segurísima. Y ni siquiera se las podía comer, cosa que la irritaba más.

Maldito protocolo creado hace un millón de años.

Suspiró con pesar y picó con desgano la ensalada que tenía enfrente. No le disgustaba comer vegetales, pero si era solo lechuga con aceitunas y unas cuantas pasas aquello no resultaba nada apetitoso. Deseaba muchísimo poder probar los bocadillos de carne y pollo que veía a los mesoneros llevar al resto de las mesas, pero no, ella había decidido ponerse un vestido imposiblemente diminuto que seguramente se rompería si se tragaba algo ligeramente pesado.

Miró a su alrededor y sacó el labio en un puchero. Odiaba ir a ese tipo de eventos. Eran aburridísimos y muy pocas veces iba gente que le agradara.

—Recuérdame por qué tengo que estar aquí. —Le susurró a Mary con fastidio. —Me quiero ir.

—Ya le dije que es muy temprano, Alteza. —Respondió la chica sentada a su lado, revisando lo que parecía ser su agenda de los días siguiente. —Tiene que estar aquí porque es uno de los eventos asignados para esta semana. En unas horas nos iremos.

—Pero si todos saben que odio venir a estas cosas. —Gruñó con irritación, levantando la cabeza para intentar ver si tenía algo igual de aburrida en los siguientes días. —Esto es trabajo de James, ¿a quién se le ocurrió enviarme a mí?

—Eh… Bueno, yo… Eso no lo sé, su Alteza. —Mintió Mary, demasiado mal, sonrojándose. —A mí solo me envían su horario y yo…

—Mary, primero deja de tenerme miedo y segundo, por favor llámame Mar. —Le pidió la princesa, por enésima vez desde que trabajaban juntas. —No voy a hacerte nada, solo dime quien me envió a este funeral.

—No lo llame así. —La reprendió Mary, mirando al resto de los presentes con preocupación. Suspiró y la miró con timidez. —Pues… A su madrastra le pareció que venir la haría tomar más en serio sus obligaciones.

Por supuesto, la respuesta no la sorprendió, sabía que por ahí venía todo, pero eso no detuvo la oleada de rabia que se extendió en su pecho y que la hizo rechinar los dientes y apretar los puños.

—Claro, como no aprovechar cualquier oportunidad para amargarme la vida. —Gruñó la chica, tratando de contener su enfado. —La muy maldita…

— ¡Su Alteza!... Marlene. —Se corrigió Mary al ver su expresión exasperada. —La pueden escuchar.

Quiso gritar que no le importaba una mierda quien la estuviera escuchando, pero sabía que era algo que no podía hacer, por desgracia. Así que tomó una inmensa bocanada de aire y contó hasta diez, obligándose a recuperar la calma.

—Por favor dime que ya volvió a marcharse. —Rogó con irritación, concentrada en que sus verdaderos sentimientos no se vieran reflejados en su rostro. —No creo ser muy amable si me la llego a encontrar pronto…

—Partió ayer en la mañana, se encontrará con el Rey camino a Grecia. —Le explicó su asistente, revisando su agenda para asegurarse. —Estarán fuera unas tres semanas, más o menos.

Subió las cejas con ironía ante eso, pero no comentó nada, no iba a decir como la hacía sentir que esa mujer pasaba muchísimo más tiempo con su padre que ella. No tenía sentido.

—En tres semanas por favor recuérdame que tengo que salir del país. —Le pidió, tomando su celular que acababa de avisar que tenía un nuevo mensaje. —Eso será lo mejor para todos los que…

Calló de golpe cuando vio el nombre del contacto que le había escrito, desconcertándola y haciendo que su corazón diera un ridículo giro que la hizo sentir como una estúpida.

Lo patético del mensaje solo empeoró ese sentimiento.

¿Qué estás usando?

Mar entornó los ojos y resopló, tratando de imprimirle al gesto tanta rabia como fuera posible, porque quería seguir enfadada con él, era lo correcto, la había cagado y no merecía que le respondiera.

Pero le había escrito. Él solo había tomado la iniciativa de buscarla, tal vez había sido un mensaje desubicado y asqueroso, pero estaba hablando de Sirius, ¿Qué podía esperar sino eso?

Se mordisqueó el labio inferior y aunque dudó por un momento, terminó sucumbiendo a sus más profundos sentimientos y le respondió.

Un vestido verde oliva con escote de corazón diseñado completamente por mí. ¿Te describo los zapatos también?

La respuesta que obtuvo a cambio la hizo girar los ojos nuevamente, aunque esta vez con una sonrisa fastidiada en el rostro.

Qué aburrida, Mar, eso no era lo que estaba preguntando): Sigue el juego.

Disculpa, pero ser aburrido es una de las normas de etiqueta en el lugar donde me encuentro… Y si mal no recuerdo, la última vez que jugué contigo las cosas no salieron muy bien.

Vaciló antes de apretar la tecla de enviar, no sabía que tan oportuno sería volver a sacar un tema que los había llevado a pelear la última vez que se habían visto, pero decidió que él no era el único que podía hacer comentarios fuera de lugar.

Sin embargo, seguía siendo el mejor en ellos.

Eres la primera persona que conozco a la cual los orgasmos múltiples no le parecen "muy bien", pero usted es la princesa aquí, Alteza, usted dirá.

Estoy segura de que puedo enviarte a la cárcel por hablarme de esa manera.

Ambos sabemos que te encanta que te hable de esa manera.

La primera parte de ese mensaje por poco la hizo sonrojar, y lo odió por tener la razón.

Por suerte, el siguiente lo mejoró todo bastante.

Y no puedo creer que no consideres divertido una elegante cena organizada para que los millonarios del país no paguen tantos impuestos, si es lo que más llena de alegría mis días. Una pena que no me hayan invitado.

Veo que tratas de ocultar con ironía el hecho de que estás al tanto de toda mi agenda, pero igual me doy cuenta de lo pendiente que estás de mí. Me halagas.

Un placer halagarla, princesa. Y por supuesto que estoy pendiente de usted, alguien debe cuidarla de meterse en problemas.

Tú eres la definición de esa palabra, Sirius, imposible que puedas protegerme de ella.

Hay problemas buenos y problemas malos, todo depende de la percepción… Tú decide en que categoría me pones.

Mar suspiró y se gruñó a ella misma, por ser tan débil ante él y sus líneas baratas pero que ella siempre terminaba comprando, porque así de idiota era, porque a una parte infantil, romántica y estúpida de ella le encantaba creer que esas palabras significaban más para él, que no lo hacía solo para jugar con ella.

Que de verdad le importaba.

Y lo odiaba por aparentarlo también.

Si es tan aburrido como lo cuentas déjame decirte que estás de suerte, ando con ganas de rescatar princesas en aprietos…

Pues tendrás que ir a jugar al caballero galante en otra parte, aquí no hay princesas que salvar.

Pues de ese vestido te puede salvar, creo que te queda demasiado apretado.

Ignoró la punzada que le provocó a su vientre ese comentario y, como una idiota, levantó la mirada para pasarla por el salón, intentando adivinar como había sabido que su vestido era apretado si ella nunca se lo había comentado, su siguiente mensaje respondió sus dudas.

Al menos así lucía en las fotos.

Pues guarda esas fotos en tu celular y úsalas para imaginar que me quitas el vestido.

Esa no sería una mala idea, pero ya vine hasta aquí, no irás a hacer que pierda el viaje, no eres tan cruel.

Esperó que nadie fuera a tomarle fotos en ese momento, no quería las redes inundadas con la cara de incredulidad y sorpresa que puso cuando leyó aquello.

¡¿De verdad viniste hasta aquí?!

Creo que solo hay una forma de averiguarlo... Estoy seguro de que puedes venir a la entrada trasera sin que te vean.

Odió a su estúpido corazón por emocionarse en ese momento y al torrente de sentimientos que de desplegaron dentro de ella, haciéndola sentir como una niña tonta recibiendo un increíble regalo de navidad.

Sabía que no podía irse, no debía irse. Estaba ahí haciendo su trabajo, literalmente el único que tenía, tenía un deber que cumplir y su familia contaba con ella para que lo hiciera… Pero nunca había sido fanática de hacer lo que se esperaba de ella.

Si salgo y no estás ahí te mato.

Revisó su aspecto en la pantalla apagada antes de guardar el teléfono en el pequeño bolso que había llevado con ella y volverse hacia Mary con una sonrisa llena de inocencia.

—Mary, tengo algo muy importante que hacer. —Le dijo, empezando a levantarse de su silla con cautela, tratando de no atraer demasiado la atención. —Si alguien te pregunta, estoy en el baño retocándome…

— ¿Qué? No, Alteza, no se puede ir. —Se escandalizó ella, mirándola con los ojos muy abiertos. —Aún falta…

—Muchas cosas para las que encontraras la forma de cubrirme. —Completó Mar, sonriéndole de manera dulce. —Porque eres la mejor asistente que he tenido en la vida.

—Su Alteza…

—Gracias, gracias, en serio te adoro. —No la dejó terminar ella, empezando a alejarse de la mesa. —Te veo en casa, adiós.

No se quedó para observar la expresión consternada de la chica, se dio la vuelta y se dirigió con paso rápido, pero delicado, al lugar por el que había visto entrar y salir a los mesoneros durante toda la velada. Se aseguró de que todos tuvieran la atención puesta en otro sitio y luego atravesó las puertas, esperando poder llegar por ese camino. Después de hacer muchas preguntas y recibir infinitas miradas impresionadas y descolocadas, logró llegar a la puerta de atrás del edificio, tras la cual lo encontró.

Estaba ahí esperándola justo como le había dicho, luciendo un atuendo que gritaba su nombre por todos lados y que lo hacía verse incluso más irresistible. Tuvo que resistir del impulso de echarse a correr y saltarle encima, pero tenía casi diez años de práctica en eso, no era nada que no pudiera controlar.

—Ese último mensaje fue bastante ofensivo. —Empezó a decirle él, dedicándole una enorme sonrisa cuando la vio. — ¿Me crees capaz de engañarte de una manera tan cruel?

—A ti te creo capaz de muchísimas cosas. —Respondió ella, empezando a caminar hacia él. — Aunque no de llegarte hasta aquí solo porque sí…

—Solo porque sí no, Mar, yo vine a rescatarte. —Se empecinó, usando un fingido tono de solemnidad. —Una princesa no merece morir de aburrimiento en un lugar así.

—Veo que te tomas muy en serio tu papel de caballero en brillante armadura. —Le siguió el juego, enarcando una ceja y mirándolo de arriba abajo. —Tu caballo es un poco fuera de época, pero no diré que no me gusta.

—Claro que te gusta, a todo el mundo le gusta esta belleza. —Se enorgulleció Sirius, acariciando ridículamente el manubrio de su motocicleta.

—Tampoco es muy caballeresco que tengas todas las manos llenas de grasa. —Observó Mar, mirándolas detenidamente. — ¿Conoces de algo llamado antibacterial o toallas húmedas?

— ¿Por qué te importa cómo lucen mis manos cuando ya sabes todo lo que puedo hacer con ellas? —Cambió su sonrisa por una más sucia y sugerente, y le guiñó un ojo.

Mar entornó los ojos con desdén, ocultando el temblor que le recorrió las rodillas debido a los recuerdos que acarreaba esa frase.

—Ahora en serio, ¿Qué estás haciendo aquí, Sirius?

—Ya te dije, vine a buscarte.

— ¿Por qué? —Quiso saber ella, honestamente confundida. — ¿Qué pretendes?

—Pretendo que vengas conmigo. —Dio el chico por toda explicación, encogiéndose de hombros. Tomó un casco que había tenido guindado a un lado de la moto y se lo extendió. —A cualquier lugar donde definitivamente vayas a pasarla mejor que aquí.

— ¿Y por qué te importaría como la estoy pasando? —Preguntó ella, cruzándose de brazos, sin ceder. —La última vez que te vi me dejaste muy claro que solo soy una mocosa malcriada.

—Eres una mocosa malcriada. —Confirmó Sirius, haciéndola abrir la boca para replicar, pero siguiendo antes de que le diera tiempo. —Pero no, eso no es todo lo que eres. Y me preocupo porque no quiero que pierdas tu vida aburriéndote en estos lugares de mierda… Mereces divertirte y mereces vivir.

No fueron solo sus palabras las que terminaron de convencerla, fue también la expresión limpia en su rostro cuando las pronunció, fue escucharlo y sentir en lo más profundo de su corazón que estaba siendo sincero y que, a su extraña manera, sí se preocupaba por ella.

Lo más raro de todo, fue sentir que no solo estaba convenciendo a la parte de ella que estaba encandilada por él desde los doce años, había llegado más profundo, hasta ese rincón que nunca podía mantener controlado y que siempre estaba pidiendo más de eso que le ofrecía en ese momento.

Vivir.

—Anda, súbete de una vez. —La animó él, sin saber que ya ella había tomado su decisión. Y como si aún fuera necesario, le sonrió de esa manera tan encantadora y tan suya que la dejaba más idiota de lo que ya era. —Una oferta como esta no se recibe todos los días.

Unos meses más tarde, cuando las consecuencias de sus actos se hubieran materializado y sintiera el pecho quemarle por el dolor que traía un corazón roto, iba a aborrecer ese instante y se iba a odiar por haberle hecho caso y haberse subido a esa maldita motocicleta.

Pero en ese momento no tuvo forma de saber nada de eso y de haberla tenido, conociéndose, seguramente no hubiera cambiado de opinión.

—Te informo que esto que llevo puesto es uno de mis diseños más preciados y elaborados. —Le dejó saber Mar, sonriente, tomando el casco y poniéndoselo con cuidado para no estropearse el cabello. —Así que conduce con cuidado o lo pagaras caro si se rompe.

—Lo de conducir con cuidado puedo prometerlo. —Sirius sonrió satisfecho y se colocó su propio casco. —Si se rompe o no el vestido, ya veremos.

Mar soltó una risita llena de expectativas y se subió detrás de él, con ambas piernas hacia el mismo lado ya que separarlas le resultaba imposible con ese vestido, y le rodeó la cintura con los brazos.

—Sujétate fuerte. —Lo escuchó indicarle antes de que le motor del vehículo lo silenciara.

Ella obedeció más que encantada y apretó los brazos que tenía alrededor de él. Aprovechando que no la escuchaba, soltó un largo suspiro de comodidad, recostó la cabeza de su espalda y esbozó una sonrisa soñadora, dispuesta a olvidar un rato sus responsabilidades y simplemente disfrutar del paseo.


¡Hola, mis amores!

Ufff, siento que ha pasado una eternidad desde la última vez que nos leímos por aquí, lamento mucho todo este tiempo de olvido, pero se me hizo imposible actualizar hasta hoy; hacía unas semanas que tenía listo el capítulo, pero como no sabía cuando tendría otro preferí esperar antes de subirlo. Ya empecé con el siguiente así que la espera no debería ser tan larga.

Bueno, creo que tras este capítulo ya las parejas protagonistas quedan más o menos consolidadas, y además le dimos un visto a Remus y a Tonks que también tendrán su momento dentro de la historia.

Quiero saber que opinan de todo esto que acaban de leer! Así que si no se hartaron de tanta espera y siguen ahí, les agradecería un review con sus opiniones. Es uno de los capítulos que más me ha gustado, en especial el final jiji.

¡Gracias por leerme! Les mando un beso enorme y espero leerlos pronto. Bye(L)