Capítulo 5
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En los momentos que había entre el sueño y el despertar, lo primero que Rukia pensó fue en Ichigo... y en lo mucho que echaba de menos no
Tenerlo en su vida. Era ya un sentimiento familiar, algo con lo que se había despertado la mayoría de las mañanas desde que terminaron con su relación. Sin embargo, le parecía que, hasta hacía muy poco, el dolor iba disminuyendo. En aquellos momentos, le parecía peor que nunca.
Suspiró y se dio la vuelta, estirándose en la cómoda y grande cama. No recordaba dónde estaba. Por la ventana que había frente a la cama, podía ver un trozo de cielo azul. Además, el sol entraba a raudales, extendiéndose por la moqueta blanca y por la ropa de la cama.
De repente, se despertó y la realidad volvió a apoderarse de ella. Recordó su nuevo trabajo, el largo vuelo, el hecho de que estaba allí, en el apartamento de Ichigo... Recordó también que, a pesar de toda su insistencia y de toda su determinación por no caer bajo el embrujo de él, ese beso le había devuelto el mismo y profundo anhelo de siempre...
Recordó la mirada de ichigo cuando ella le dijo que no le interesaba una relación casual. La cautela y la intranquilidad se habían apoderado de su mirada. No era de extrañar, dado que todo el mundo conocía su fobia por el compromiso.
Al menos, había salvado la situación y lo que quedaba de su orgullo asegurándole que no quería una relación seria con él. Eso era cierto. No quería implicarse emocionalmente con alguien que pudiera cansarse de ella cuando la novedad de la pasión que compartían hubiera desaparecido. Sería un desastre. El lado más sensato de su personalidad sabía que el problema era que el lado más apasionado de su naturaleza ansiaba las caricias y los besos de Ichigo. Aquello debía de ser parecido a lo que sentía un drogadicto. Sabía que Ichigo era malo para ella, pero, a pesar de todo, lo deseaba.
De repente, decidió mirar el reloj. ¡Eran casi las ocho! Había dormido durante mucho más tiempo de lo que había pensado. Apartó las sábanas y tomó su bata azul. Como no había cuarto de baño dentro del dormitorio, había querido levantarse tan temprano como le fuera posible para poder ducharse y regresar a su dormitorio antes de que Ichigo se despertara. En aquellos momentos el tiempo se le había agotado y corría el riesgo de encontrarse con él en el pasillo.
Se acercó a la puerta y escuchó. No se oía nada,
o pensó no significaba que él no se hubiera levantado vía. Decidió arriesgarse de todos modos. Tomó su bolsa de aseo, abrió la puerta y salió corriendo. Desgraciadamente, justo en aquel momento Ichigo pasaba por el pasillo Ella estuvo a punto de chocarse con él.
—Buenos días, Rukia —dijo él, sonriendo. Inmediatamente, ella sintió que se le hacía un nudo en el estómago.
Al contrario que Rukia, Ichigo estaba completamente vestido. Se había puesto un traje de lino claro y una camisa azul clara. A ella no le pasó desapercibido el modo en el que él la miraba, haciéndola recordar lo ocurrido en su despacho la madrugada anterior.
Tenemos que marcharnos dentro de treinta minutos —añadió.
—Estaré lista.
Bien. Voy a ir a la cafetería que hay enfrente para comprar café y algo para comer. ¿Quieres que te traiga algo?
No, gracias —replicó. No creía que los nervios le permitieran comer.
—¿Segura?
—Sí, gracias. Ahora, si me perdonas, Ichigo, voy a darme una ducha.
—Adelante.
Lo haré si te quitas de mi camino
—Dios santo, conejita, podría pasar un tanque a mi lado sin rozarme y tú tienes el tamaño de una muñeca.
ichigo no la había llamado conejita desde hacía mucho tiempo. Solía utilizar ese nombre cuando estaban haciendo el amor. El recuerdo la llenó de una profunda emoción.
—No me llames así.
¿Y por qué no? Antes te gustaba.
—Bueno pues ahora no. Éste es el inicio de una nueva relación profesional, ¿recuerdas? Y creo que deberíamos empezar olvidándonos del pasado.
Ichigo sonrió, lo que provocó que la ira ardiera dentro de ella. Sin embargo, éste sentimiento no trató en sufrir una metamorfosis cuando notó cómo él volvía a mirarla.
¿Cómo lo conseguía? ¿Cómo podía mirarla y despertar en ella el deseo de un modo tan automático?
Y, para que conste, yo no tendría que andar así vestida si hubiera un cuarto de baño en mi habitación —le espetó.
¿No?
¡Por supuesto que no! ¡Resulta de lo más inconveniente!
-En ese caso, es mejor que te mudes al dormitorio ay al otro lado del pasillo —dijo él Inmediatamente, tiró la puerta que él le había indicado—. Éste apartamento tiene cuatro dormitorios, Rukia. Tú has elegido el dormitorio que no tiene cuarto de baño.
¿Y por qué no me lo has dicho antes?
Bueno, teníamos otras cosas en las que pensar, ¿no?
Ichigo sonrió y vio lo fácilmente que ella se sonrojaba. Disfrutaba irritándola.
—¡A veces resultas verdaderamente intolerable! —exclamó. Se metió a toda velocidad en el cuarto de baño y se encerró de un portazo.
¡Maldito hombre! Resultaba tremendamente enojoso... y tremendamente guapo a la vez. El pensamiento se adueñó de ella con una fuerza irrefrenable. Estaba segura de que él se podía meter en la cama a la mujer que quisiera con sólo una mirada.
Se miró en el espejo. A ella no. A ella no.
Se dirigió hacia la ducha y abrió el grifo. Estaba a punto de quitarse el camisón cuando, de repente, se sintió muy mareada.
¿Qué le ocurría? Se aferró con fuerza a la pila y esperó a que la sensación desapareciera. Había dormido mas horas, por lo que no podía ser cansancio. No había comido nada que le pudiera haber sentado mal. Además, no podía estar embarazada porque se había hecho la prueba y el resultado había sido negativo.
De repente, un fuerte sentimiento de aprensión se apoderó de ella. Aún no había tenido la regla y ya llevaba más de un mes de retraso. El pánico se apoderó de ella. Todo saldría bien. La prueba había sido negativa y sus periodos eran a veces muy irregulares.
Sin embargo, jamás había tenido un retraso tan grande.
Se miró en el espejo una vez más. Tenía muy mala cara, pero no podía estar embarazada. No obstante, tal vez no estaría de más que se hiciera otra prueba de embarazo...
Rukia estaba aprisionada entre Ichigo, que presidía la reunión, y un corpulento hombre que parecía decidido a robarle el espacio vital. Prácticamente tenía uno de los codos de aquel caballero hundido en las costillas No hacía más que tratar de apartarse de él, pero eso la acercaba demasiado a Ichigo y prefería que aquel codo le cortara la respiración antes de acercarse más a él.
La mañana había sido un infierno. Resultaba muy extraño estar en una situación como aquélla con un hombre que conocía íntimamente cada rincón de su cuerpo. ¿Cómo se podía olvidar algo así? ¿Cómo se pasaba de ser amantes a compartir como amigos un apartamento?
Además, ¿qué iba ella a hacer si descubría que estaba esperando un hijo suyo?
Agarró con fuerza el bolígrafo y trató de centrarse en la conversación para poder anotar la información que necesitaba.
—Bien, caballeros, si miran la página dos, podrán ver el esquema en el que se representa el proyecto de expansión en el mercado...
Rukia no hacía más que decirse que no podía estar embarazada. Probablemente sólo tenía un virus estomacal. Eso le hizo sentirse un poco mejor. En cuanto a lo de compartir el apartamento, no tendría que hacerlo durante mucho tiempo. Estaba segura de que lo que estaba sintiendo en aquellos momentos desaparecería poco a poco.
Levantó la mirada y, de repente, aquella teoría le pareció una locura. ¿Cómo podía acostumbrarse a estar con alguien que la empujaba sin remedio al caos emocional?
—Rukia, ¿quieres informarnos de los plazos?
-Sí, por supuesto —respondió ella, tratando de inyectar la cantidad exacta de profesionalidad al tono de su voz mientras se ponía a hacer lo que él le había ordenado. Era consciente de que Ichigo la estaba mirando se puso de pie y se dirigió a encender el proyector para poder explicarse con la ayuda de la pantalla—. Como pueden ver, las ventas han subido en ese sector, pero necesitamos concentrarnos en nuestros principales objetivos.
Ichigo trató de concentrarse únicamente en los gráficos que Rukia estaba presentando, pero ella no hacía mas que desviar su atención. Estaba fantástica con aquel traje gris tan ceñido. Se le veía cada curva del cuerpo cuando se estiraba.
—He tomado las cifras provisionales de los contables y, como pueden ver, los resultados son muy prometedores —explicó ella mientras mostraba otro gráfico en la pantalla.
Ichigo no hacía más que pensar en lo sensual que era Rukia. Mientras ella recorría la mesa repartiendo copias de los gráficos para cada uno de los asistentes a la reunión, no pudo evitar pensar en lo diferente que ella era de la imagen con la que la había visto a primera hora de la mañana. En aquellos momentos, llevaba el cabello recogido con un estilo muy severo que dejaba al descubierto la delicada forma de su rostro y sus éxitos pómulos Tenía un aspecto sofisticado y eficiente. A él le parecía tan sexy como cuando la había topado en la puerta de su dormitorio con el cabello reto. Se imaginó echando a todo el mundo de la sala de juntas y poseyéndola allí mismo, sobre la brillante mesa. La deseaba en aquel mismo instante.
Como si presintiera la mirada de Ichigo, miró hacia él y, durante un segundo, éste notó que ella se distraía. Por un instante, el mundo de las altas finanzas dejó de existir. Entonces, Rukia volvió a mirar precipitadamente las notas a las que se estaba refiriendo.
Podía fingir todo lo que quisiera, pero la química que había entre ellos aún seguía viva. Los dos lo sabían. Sólo era una química sexual, pero era muy potente, mucho más de lo que Ichigo hubiera conocido nunca. Jamás había sentido una necesidad tan fuerte. Además, por mucho que fingiera Rukia que no le afectaba, él sabía que, si la volvía a tocar, ella se desharía entre sus brazos. Habría podido hacer con ella lo que hubiera querido.
En aquellos momentos, Rukia no hacía más que afirmar que ella quería una relación seria, algo que él, ciertamente, no buscaba. Ni quería ni creía en el amor. Sin embargo, sí la deseaba a ella. Además, por mucho que Rukia lo negara, ella también seguía deseándolo a él. La verdad de todo había estado en el beso que habían compartido, en el lenguaje corporal de Rukia. Necesitaban terminar lo que habían empezado para que los dos pudieran seguir con sus vidas.
Lo más extraño de todo era que ella parecía haberle hecho presa de un embrujo. Ichigo no había podido seguir con su vida desde que ella se marchó de su lado un mes atrás.
Cada vez que decidía llevarse a otra mujer a la cama para olvidar a Rukia, se le venía al pensamiento una imagen de su sensual y perfectamente proporcionado cuerpo y se lo impedía. Recordaba el modo en el que ella lo miraba con aquellos maravillosos ojos Violáceos, el modo en el que sonreía... y las imágenes que veía lo volvían loco.
La necesitaba. Necesitaba sentir su sensual cuerpo
gozando de placer contra el suyo. Se trataba del típico yo masculino. Rukia lo había dejado a él, por lo quería que volviera a su lado. Cuando se hubiera saciado de ella, aquellos sentimientos desaparecerían siempre.
Frunció el ceño al darse cuenta de que estaba perdiendo el hilo de la reunión. Sin quererlo, Rukia estaba
afectando su trabajo. Se prometió que más tarde se enfrentaría a esta situación. Entonces, no le permitiría a ella que realizara juego alguno y la tendría exactamente donde quería.
—Bien, ¿tiene alguien alguna pregunta? —quizás pregunto Rukia mientras apagaba el proyector.
Se produjeron un par de cuestiones, que ella respondió con mucha seguridad, antes de que, de repente, desviara una pregunta a Ichigo.
—Tal vez tú podrías responder a eso —le dijo. Entono que, él notó que ella tenía el rostro desencajado.
—Sí, por supuesto —respondió él. Examinó las notas que había tomado anteriormente y respondió la pregunta sin dejar de mirar a Rukia con un ojo mientras
a la fuente de agua para servirse un vaso. Ella no abría tenido problema alguno en responder esa pregunta. Entonces, ¿por qué se la había pasado a él?
Notó que Rukia estaba muy pálida. Al notar que ella se tambaleaba, se puso en pie inmediatamente.
—¿Te encuentras bien, Rukia?
—Sí. Simplemente hace un poco de calor aquí dentro —dijo ella, con una sonrisa.
No parecía estar bien. Durante un instante, a Ichigo le había parecido que ella se iba a desmayar. Decidió que había llegado el momento de dar la reunión por terminada.
Habían tratado ya de todos los puntos importantes y había sido más que suficiente. Además, tenía razón. Hacía mucho calor allí. Por alguna razón, el aire acondicionado no parecía estar funcionando correctamente.
Bien, caballeros. Si no hay más preguntas, creo que daremos la reunión por terminada.
Se produjo un murmullo de disensión alrededor de la mesa, pero Ichigo había tomado su decisión y concluyó precipitadamente la reunión. Ésta quedó pospuesta. Todos se levantaron y comenzaron a recoger sus papeles antes de marcharse. Rukia nunca se había sentido más agradecida. De repente, le había parecido que la sala iba a cerrarse sobre ella y se había sentido muy mareada. No se había desmayado en toda su vida, pero había pensado sinceramente que su primera vez iba a ser en aquella sala.
Empezó a recoger todos los expedientes mientras los asistentes se marchaban uno por uno.
Creo que la reunión ha ido bien —murmuró cuando Ichigo se acercó a su lado.
Sí, salvo el hecho de que has estado a punto de desmayarte —respondió secamente—. ¿Qué te ocurre?
—No me ocurre nada —replicó ella mirándolo con impaciencia—. Simplemente creo que hacía demasiado calor aquí.
—Deberías haber desayunado esta mañana.
—¿Sabes una cosa? Te agradecería mucho que te dejaras de sermones —le espetó mientras cerraba su maletín—. Tú cuida de tus asuntos que yo me cuidaré de los míos.
—Estoy cuidándome de mis asuntos. ¡No quiero que tengas que tomarte una baja por malnutrición! Tienes mucho que realizar en las próximas semanas y te necesito en plena forma.
—Vaya, tu preocupación por mi bienestar resulta abrumadora.
Ichigo sonrió.
—Todo forma parte de mi trabajo como jefe tuyo.
—Dado que estamos de nuevo hablando de trabajo, -te envió el contable las cifras que le pedimos' —le preguntó ella, para cambiar de tema. Además, si él podía centrarse únicamente en el trabajo, ella también.
—Sí, me ha enviado un correo electrónico. Te lo imprimiré. Sin embargo, nos ocuparemos de eso después de almorzar —le dijo—. Ahora, nos vamos a marchar de aquí y vamos a ir a comer a bordo del Octavia.
—¿A qué hora es nuestra próxima reunión?
—A las tres.
Rukia consultó el reloj. Quería estar lejos de él durante la hora de comer. Necesitaba ir a una farmacia para comprar una prueba de embarazo tan rápidamente como le fuera posible.
—Ve tú. Yo iré más tarde.
—Bueno, podrías acompañarme ahora. Aquí no tienes mucho que hacer.
—Quiero que una de las administrativas me escriba a limpio estas notas —dijo, tratando de encontrar un modo de escapar.
—Haré que una de las secretarias del Octavia se ocupe de ello.
Sí, pero también necesito ir de compras.
—Si se trata de un vestido para la fiesta de esta noche, haré que las boutiques que hay en el barco te envíen una selección. La mayoría de los diseñadores importantes tienen tienda a bordo. Por lo tanto, estoy seguro de que encontrarás algo que te guste.
Gracias, pero también tengo que comprar algunas cosas personales.
—Muy bien. Te dejaré que te vayas de compras. Rukia se sintió aliviada, pero la sensación no le duró mucho tiempo.
—Yo iré en taxi a los muelles y mi chófer puede llevarte donde quieras y luego esperarte. Yo te veré de vuelta en el barco para almorzar digamos dentro de... cuarenta y cinco minutos —añadió tras consultar el reloj.
Rukia sintió que el alma se le caía a los pies. No quería que su chófer la llevara a ninguna parte. Quería ir sola. De todos modos, suponía que se estaba comportando como una paranoica. Al chófer no le iba a interesar en lo más mínimo adónde iba ella. El hecho de que ella fuera a una farmacia no podía ser demasiado interesante y, además, suponía que podía hacer que luego la dejara en unos grandes almacenes para poder ir al cuarto de baño.
—Muy bien, gracias —dijo. Había accedido a cualquier cosa en aquel momento con tal de librarse de él.
Inmediatamente, tomaron el ascensor para descender las cincuenta y siete plantas que lo separaban del suelo. En el exterior, el ambiente era vibrante. Los taxis amarillos avanzaban en medio de una corriente de tráfico continuo y las aceras estaban llenas de gente mientras los, edificios que los rodeaban alcanzaban alturas de vértigo contra el cielo azul. Rukia se sintió muy pequeña e insignificante.
El chófer se acercó a ella y le abrió la puerta de la limusina. Ichigo le dijo algo y luego le dedicó a ella una sonrisa.
—Muy bien. Fred te llevará a donde quieras ir. No llegues tarde. Tienes que comer antes de la reunión que tenemos a las tres.
El almuerzo era lo último que preocupaba a Rukia en aquellos momentos. ¿Qué iba a hacer si aquella prueba resultaba positiva?
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Espero que este capitulo les gustara como ami me encanto prometo actualizar mas rápido lo juro por el ichiruki , agradezco sus comentarios muchas gracias a todas las personas que comentan esta historia muchas gracias.
att:Naoko tendo.
