SOLO SE QUIEN ERES. . .

La había visto varias veces en la universidad, una chica linda casi sin amigos que rara vez podías oír hablar en una conversación, me causaba cierto interés, pero me negaba a aceptarlo, todo cambio después del cuarto semestre en el cual se mudó o eso intuí ya que ahora la usaba la ruta que yo tomaba para volver a casa, siempre distante como si todo a su alrededor pasara a segundo término, así era en la universidad, en la calle y en el transporte.

Un día como cualquier otro iba en el metro en un vagón lleno por la hora, ella se sostenía a un tubo a escasos centímetros de mí, en la siguiente estación al fin se pudo vaciar el vagón lo suficiente como para que ella se sentara, de repente una señora entro dándose cuenta del detalle de que no había más asientos, con una mirada ligeramente intimidante reviso a los pasajeros para alzar la voz de una manera bastante altanera-"¡Como se nota no hay caballeros!"-reclamo, de inmediato un anciano que iba en el asiento para gente mayor se levantó ofreciéndole el lugar, ella acepto recalcando la falta de caballerosidad, me moleste un poco ya que se me hizo innecesario el pequeño teatro que monto haciendo ver a la mayoría de los hombres presentes como descorteces, pasando la molestia con la señora volví a ver a mi compañera quien inmediatamente se paró, yo sabía que aún faltaba para que bajara así que me quede viendo para darme cuenta de que le hacía señas al anciano para darle su asiento, después de eso ella se movió para quedar literalmente a mi lado, fijándome un poco me di cuenta de que tenía un expresión de molestia, sin darme cuenta le dije-es algo molesto ir parado ¿no?-para mi sorpresa su respuesta vino tan natural como mi pregunta-la única molestia es la señora-respondió, me sorprendí un poco pero esta vez con más seguridad volví a preguntar-¿la señora?-

-no sabe ni quién es y aun así reclama-me respondió.

-¿a qué te refieres?-le pregunte, pero esta vez no obtuve respuesta.

Otro día de nuevo en el metro me llené de agallas y me senté a su lado, era un día muy tranquilo y se veía en la cantidad de pasajeros ya que solo estábamos ella, yo y un hombre y una mujer, por más de 10 minutos me le quedé viendo o bueno a su nuca ya que iba volteada, yo estaba conforme con mi perspectiva, pero todo cambio cuando giro su rostro.

Ojos que luchaban para no llorar, muy contrastante con su rostro ya que seguía con esa expresión tan neutra-¿Por qué tan triste?-le pregunte.

-creo que dejare la carrera-me contesto mientras sus ojos empezaban a ceder a las lágrimas.

-y eso, creí que llevabas buenas calificaciones-dije sin creerme lo que decía.

-derecho no es para mí. . .para defender a alguien tienes que acusar a otro, eso es algo que yo nunca podré hacer, como ya viste el otro día. . .la señora que le recrimino a los hombres del lugar, no quiero ser alguien así-respondió mientras una lagrima bajaba por su mejilla.

Analice un poco lo que dijo y cuando lo entendí solo recosté mi cabeza en su hombro para decirle-no creo que las mujeres puedan ser buenas jueces y no me mal interprete, no es por ser machista ni por que tengamos más capacidades que ustedes. . .no, las mujeres son como tú y no está mal, las mujeres por naturaleza sienten más que los hombres, tienen más facilidad a la empatía y eso las termina lastimando, pero a ti te pasa algo más. . .no eres feminista, tu buscas la igualdad que nunca existirá, tal vez en un inicio la lucha si era por encontrar un balance entre los géneros pero hoy solo se busca humillas al otro para verse superior, pero al menos en mi opinión tu no necesitas ser juez, tu solo necesitas seguir siendo tú. . .alguien justo e imparcial-

No sabía si estaba equivocado o no, era una simple opinión pero esa simple observación le permitió desahogarse llorando por ser alguien imparcial que solo buscaba el balance.