Según iba escribiendo, me fueron creciendo las ganas de llegar a este tipo de capítulo. Es uno de mis favoritos, porque por fin se relaja un poco el ambiente, y es algo más largo que los anteriores.
Por cierto, que se me olvidó comentarlo en el primero: para mí, los ojos del protagonista son marrón muy claro. Es un detalle que tampoco tiene importancia, pero ahí está, y ya sabéis que se puede ignorar al 100% xD
Y sin más, ¡ahí va la continuación!
P.D.: Las dos canciones que aparecen en el capítulo son "Stuart and the Ave.", de Green Day, y "Saturday Night", de Misfits (en realidad de Michale Graves, pero la sacaron en el Famous Monsters de Misfits, buscadla porque es un eargasm XD)
V
El timbre sonó con su asqueroso sonido agudo. Apenas el profesor salió de la clase, los alumnos comenzaron a formar corros y a murmurar mientras se giraban con poco disimulo hacia donde estábamos. No quise escuchar, ya sabía lo que iba a decir. Pero no me importaba, antes debía aclarar conmigo mismo por qué había actuado de esa manera y después ya me ocuparía de lidiar con la gente.
La siguiente hora era una de esas típicas asignaturas que no le interesaban a nadie y que están ahí puestas para hacer bulto en el horario, de modo que contra todo pronóstico cogí la mochila del suelo, me la cargué a la espalda y salí de la clase con paso apresurado, sin mirar a nadie. Notaba todos los pares de ojos que se posaban en mi espalda, y sobre todo los tuyos, que apuesto a que estaban sorprendidos cuando me viste salir con tanta prisa.
Aquel gesto podía parecer cobarde, pero en ese momento lo que necesitaba era estar un rato solo y tranquilo, y reflexionar sobre la situación. De modo que había decidido saltarme esa hora y alejarme un poco de todo. Según avanzaba por el pasillo fui aminorando la marcha a la vez que ponía un ojo en todas las puertas atento a cualquier profesor que me pudiera salir al paso. Recorrí los pasillos y los rellanos del edificio sin problemas y salí por la puerta que daba al patio exterior. Me dirigí con paso decidido a la parte derecha, donde solía sentarme a la sombra de los árboles en el recreo, pero deseché la idea por estar demasiado a la vista y seguí andando hasta llegar a la esquina del patio, en una especie de muro viejo que se levantaba a la sombra de la pared exterior, más alta, y al cual se accedía subiendo un pequeño tramo de escaleras. Desde arriba de aquel muro, que no debía medir más de metro y medio de alto, se podía ver el instituto prácticamente entero dada su estructura poligonal.
No solía ir a aquella zona, puesto que era la más alejada de la puerta de entrada. De hecho, aquella era la primera vez que me sentaba el lo alto del muro. Descubrí que tampoco se estaba tan mal allí, con una pequeña brisa soplando y meciendo las hojas de los árboles que había en frente.
Mi respiración se había tranquilizado y el corazón me había dejado de latir tan rápido, pero mi mente aún estaba aturdida. Sin descanso, los recuerdos de la escena se me repetían en la memoria y me invadía la sensación de impotencia al no tener respuestas.
Suspiré, luego sacudí la cabeza y metí la mano en el bolsillo, buscando los auriculares. Los enchufé al móvil y puse una canción en el reproductor.
Standing on the corner
Of Stuart and the Avenue
Ripping up my transfer
And a photograph of you…
La música no consiguió aliviarme del todo. Aún seguía pensando en aquello una y otra vez. Y tenía la sensación de que la respuesta estaba ahí, pero yo no podía alcanzarla por alguna extraña razón.
Los minutos pasaron y la brisa me acarició el pelo. Poco a poco conseguí olvidarme y despejar la mente.
Tal vez no fuera tan importante, simplemente había actuado un poco más irracionalmente de lo que debería. Ese cerdo se merecía que alguien le ajustara las cuentas; después de todo no se puede ir por ahí amenazando de esa forma.
Y, por supuesto, tú no tenías por qué pasar por aquello. No sabía exactamente lo que había pasado con el tal Dan, pero estaba al 99% seguro de que no había sido culpa tuya. Eso fue lo que me irritó, definitivamente.
Sin embargo, había un pequeño cabo suelto que en ese momento decidí que iba a atar contigo cuando tuviera la oportunidad.
Más calmado, seguí escuchando la canción, que ya estaba terminando.
Well, destiny is dead
In the hands of bad luck
Before it might have made some sense
But now it's all fucked up…
De pronto, una presencia que no esperaba me sobresaltó y casi me hizo caer del muro. Giré la cabeza al lado izquierdo y me sorprendí como nunca al encontrarte de pie frente a mí, y lo que es más, mirándome a los ojos y con una sonrisa tímida en el rostro.
- Hey… - fue lo único que atiné a decir. No me esperaba en absoluto que te hubieras saltado la clase, y menos aún que hubieses venido hasta allí. Me quité los auriculares con nerviosismo y se me enredaron al meterlos apresuradamente en el bolsillo.
Te tomaste la libertad de subir de un salto al muro y colocarte a medio metro a mi izquierda. Nunca te había visto hacer eso, siempre había sido yo quien había ido a sentarme donde estabas tú. Dejaste colgando las piernas en actitud despreocupada y luego giraste tu cabeza hacia mí.
Los ojos de ambos se cruzaron un momento y vi de nuevo que los tenías algo llorosos. No supe cómo reaccionar.
- Creo que el hermano de Dan se ha ido a casa – dijiste, con voz un poco ronca. Me sorprendió que comenzaras la conversación, y me dio algo de ánimos -. Vaya huevos los tuyos… - añadiste, esbozando una sonrisa completa. Tenías los dientes increíblemente blancos, y los colmillos ligeramente más pronunciados de lo normal.
Devolví la sonrisa, no pude evitarlo. Tus ojos brillaron por un momento y el azul se hizo más claro, ahora de forma más evidente que aquellas veces en clase. Quedé un segundo observándolos.
Después me di cuenta de que había algo que deseaba decir, aquel cabo suelto en el que había estado pensando hacía un momento.
- Oye, lo siento – dije con calma. Creo que te sorprendiste, porque arqueaste las cejas -. Creo que me metí donde no me llamaban. No tenía derecho a eso y te pido perdón si te ha molestado – bajé la cabeza con alivio tras decir aquello.
Lo que pasó a continuación fue totalmente inesperado. Echaste el cuello hacia atrás y, repentinamente, soltaste una sonora carcajada. Tu risa era sencilla y sonaba tranquila, con un ritmo lento. Me gustó oírla, porque nunca me había imaginado que algo así pudiese salir de la garganta de alguien como tú. Pero me equivocaba, y sin querer sonreí de lado y sentí cierta felicidad recorriendo mi cuerpo.
Cuando dejaste de reír, volviste a mirarme.
- ¿Qué escuchabas? – me preguntaste con voz amistosa. Quedé un momento en silencio para acostumbrarme al hecho de que estuvieras iniciando la conversación una vez más.
- Bueno… es un grupo americano – contesté finalmente, ignorando el repentino cambio de tema -. "Green Day", a lo mejor los conoces.
- Me suena. Creo que los he oído alguna vez.
- Son muy famosos, aunque odio en lo que se han convertido en los últimos años. Solo escucho los viejos álbumes de ellos.
Hubo una pausa.
- Bueno, yo ya te dije que no escucho mucha música. Nunca me ha acabado de interesar, no sé – dijiste encogiendo los hombros.
- Pues no sabes lo que te pierdes – sonreí -. La música es algo especial, pero debes darle una oportunidad.
- Entonces, ¿me dejas oír alguna canción que tengas por ahí?
- Claro.
Saqué los auriculares del bolsillo, y tras desenredarlos te pasé uno y yo me puse el otro. Los conecté al móvil y seleccioné una canción, que comenzó a sonar.
There's 52 ways to murder anyone
One or two are the same
And they both work as well…
Giré la cabeza hacia ti. Estabas con los ojos entrecerrados, concentrado en los lentos acordes de guitarra. Algún tímido rayo de sol se filtraba entre las hojas de los árboles de en frente y te de nuevo te arrancaba algún destello azul del pelo. Me quedé fascinado un momento, como todas las veces que lo veía.
Una corriente cálida me sacudió por dentro. Sonreí involuntariamente y sentí como la brisa me acariciaba la cara. La canción sonaba con tranquilidad, como si fuesen lentas olas que iban y venían.
And I can remember when I saw her last
We were running all around and having a blast
But the backseat of the drive-in is so lonely without you…
I know where you're home
I was thinking about you
There was something I forgot to say
I was crying on a Saturday night…
No quería que aquella sensación acabara nunca. Sentí tu presencia a mi izquierda y eso me reconfortó, mientras la canción subía el tono y la profunda voz de Michale Graves se desgarraba.
I was thinking about you
There was something I forgot to say
I was crying on a Saturday night…
I was out cruising without you,
they were playing our song
Crying on Saturday night…
Crying on Saturday night…
Los últimos pulsos de la canción golpearon con fuerza y el sonido se extinguió poco a poco hasta perderse por completo.
Pasaron unos segundos. La brisa seguía corriendo con tranquilidad, suavizando la temperatura. Dirigí la vista hacia ti y te vi con los ojos cerrados, con los brazos estirados hacia abajo apoyado con las palmas de las manos en el muro y el cuerpo relajado. Después me miraste.
- Ha sido increíble – dijiste con una cálida sonrisa -. Debo admitir que tenías razón – añadiste asintiendo con la cabeza.
- Por algo escucho música veinticinco horas al día – bromeé, sonriendo también.
- ¿La canción se la dedica a alguien en especial?
- Supongo que a su exnovia.
- Sí, puede que le dejara y simplemente se sentía solo.
- Pues yo creo que ella murió y él se siente culpable. "Hay 52 formas de matar a alguien", lo deja bastante claro. Incluso puede que la haya asesinado él mismo.
- Qué complicado lo haces… - sonreíste, y yo también al admitir interiormente que tenías razón.
Pasaron unos diez segundos en cómodo silencio, ambos con la mirada al frente. Me gustaba la sensación de poder hablar con alguien sin problemas, con naturalidad, y me di cuenta de que eras la primera persona que me lo había permitido en toda mi vida. Estaba tan a gusto allí…
- Oye… - dijiste de pronto. Tu voz sonó seria y me alarmé un poco. Después me miraste fijamente -. No sé qué decir sobre lo de antes, en clase. En realidad… he venido aquí por eso.
Me tensé. Tarde o temprano, había que hablar de ello. Comencé a idear posibles respuestas pero ninguna era lo bastante convincente como para decirla, de modo que esperé hasta que volviste a coger aire.
- Solo quería que supieras que… bueno, nadie había hecho nunca nada por mí… así – dijiste por fin, exhalando con alivio como si te hubieras liberado de una especie de carga -. No tienes ni idea de lo que ha significado.
- No… no ha sido nada… - contesté, sorprendido.
- Sí, sí ha sido. Te juro que nunca me habían defendido de ese modo, siempre he sido yo solo el que he tenido que salir de los problemas. No podría… encontrar las palabras para expresar cómo me he sentido cuando te he visto encarándote a aquel armario por defenderme.
- Joder, Rin… - dije, levantando las cejas.
- Y, por cierto, soy yo quien debería pedirte perdón a ti por haber sido tan borde contigo estos días en clase – añadiste, arqueando hacia abajo las cejas a modo de sincera disculpa -. No tenía ni idea de… de que fueses así.
Mentiría al decir que tus palabras no me pillaron por sorpresa, porque sinceramente no me lo esperaba viniendo de alguien como tú. Te observé mientras hablabas y me hizo gracia verte un poco nervioso, moviendo las manos más de lo que era normal en ti, aunque tu discurso había sido sincero. Sonreí sin querer y me devolviste el gesto, relajando el ambiente.
- Ha sido brutal tu jodido cabreo – bromeaste -. No me esperaba que le reventaras una silla en la cabeza.
- No ha sido para tanto – dije, modestamente -. Además, simplemente actué por instinto. Me hierve la sangre cada vez que veo algo así.
- Sí, ya lo he visto – comentaste, riendo un poco.
Me gustó el hecho de que, al final, no le dieras tanta importancia y pudiésemos bromear tranquilamente sobre ello. Significó un alivio para mí.
- ¿Puedo escuchar alguna otra canción? – preguntaste, sonriendo.
Aquella fue la primera vez que pasamos un buen rato hablando y disfrutando de la compañía del otro.
Lo recuerdo porque durante esa media hora se me quitaron los problemas de encima. El tiempo pasaba pero creo que ninguno de los dos nos dimos cuenta; estábamos demasiado ocupados hablando de cosas sin importancia. Fue una sensación increíble.
- Y, bueno… ¿qué haces en tus ratos libres? – me atreví a preguntar en cierto momento. Tardaste un poco en responder.
- Yo…tampoco tengo muchas aficiones – dijiste desviando la vista.
- Algo te gustará, ¿no? – insistí. Mientras mantenías la cabeza agachada observé con cierta diversión que te llevabas una mano al pelo y lo removías nerviosamente. Como si quisieras evitar la pregunta.
- Bueno, en realidad… - comenzaste a decir. Parecías incluso avergonzado. Tomaste aire abruptamente y tu cara se infló por los carrillos, y esbozaste una mueca ante la que tuve que aguantar la risa -. Me gusta… me gusta… cocinar – confesaste por fin, soltando el aire de golpe.
Aquello fue tan inesperado que estuve un par de segundos intentando asimilarlo. Por un momento pensé que no había oído bien. No podía creer que a Rin, el chaval que se metía con todo el mundo, que tenía problemas cada dos por tres, que se apartaba de todos, que infundía tanto miedo…le gustara cocinar. La idea me pareció tan fuera de lugar que pensé que me estabas vacilando, sinceramente.
Luego vi tu rostro, con un fuerte tono rojo en las mejillas, y cómo movías las manos con rapidez, y no sin dificultad acepté que lo decías en serio.
- Pero… no se lo digas a nadie… por favor – rogaste. Estuve a punto de echarme a reír ante tu reacción, porque parecías otra persona muy distinta al Rin que había conocido hasta entonces con aquel gracioso tono en la cara y evitando el contacto visual, alguien mucho más inofensivo y más… humano, pero seguramente habrías pensado que me estaba riendo de ti, nada más lejos de la realidad. De modo que intenté disimular.
- ¿Y se te da bien?
Me miraste aún con las mejillas encendidas; creo que no esperabas que me lo tomara como algo tan normal. Observé que tenías la piel muy pálida en comparación con el tono de pelo, la nariz pequeña y curvada hacia arriba y unos ojos enormes que por un momento me hipnotizaron. Lo que sentí entonces fue un sentimiento mezclado tan terrorífico como reconfortante. No habría sabido describirlo en ese momento, y creo que ahora tampoco.
Después de ver que me lo había tomado con naturalidad, sin burlarme ni reírme de ti, esbozaste una sonrisa tan cálida que sentí un escalofrío recorriendo mi espina dorsal. Tus ojos se hicieron muy claros y tus dientes brillaron con fuerza.
Comprendí que no estabas acostumbrado a que la gente no te juzgara. En ese momento no me di cuenta, pero el valor que tuvo para mí que mostraras confianza suficiente como para confesarme algo tan personal fue muy, muy grande. Aunque fuera algo tan trivial como que te gustara cocinar, no se lo habrías dicho a cualquiera.
- A la gente le suele gustar, sí – dijiste, respondiendo a mi pregunta.
- Pues quiero comprobarlo alguna vez – comenté de forma casual. Enseguida me di cuenta de que aquello sonaba a que quería ir a tu casa o algo así, algo que no estaba seguro de que te fuese a gustar, de modo que le quité hierro al asunto -, a ver si algún día traes algo que hayas cocinado.
- Bueno, o tal vez puedas venir a casa – dijiste, sin embargo, como adivinándome el pensamiento. Me sorprendió que tuvieras tanta iniciativa, pero no me iba a quejar en absoluto -. Mis padres suelen estar fuera, y mi hermano más aún, así que cuando quieras te pasas y pruebas algo.
- Claro… - dije, titubeando. Me di cuenta de cuánto había cambiado la situación respecto a ti; ahora eras tú el que iniciaba las conversaciones, mostraba confianza e incluso me invitaba a comer. Sonreí para mí, triunfante.
Hubo una pausa mientras la brisa seguía corriendo con calma. Me di cuenta de pronto que había pasado bastante rato desde que habíamos empezado a hablar, y al mirar el reloj del móvil sonreí satisfecho al ver que estaba en lo cierto: quedaban apenas dos minutos para que sonara el timbre que anunciaría la siguiente clase.
- Ya va a ser hora de volver – comenté.
- ¿Ya? Se me ha pasado volando – dijiste con una media sonrisa.
- Sí, a mí también… La verdad es que no estoy acostumbrado a hablar tanto con nadie, pero ha estado bien – confesé intentando sonar lo más natural posible.
No respondiste inmediatamente. En vez de eso, me miraste con profundidad y pude sentir ese extraño hipnotismo de nuevo.
- Gracias – pronunciaste, con voz suave -. Gracias, de verdad. Tal vez para ti no signifique tanto, pero… bueno, no importa. Eres buen tío, creo que he tenido mucha suerte.
Creo que cierto calor se acomodó en mis mejillas y me hizo sentir incómodo. Te vi bajar con gracilidad del muro y te giraste para verme.
- Vamos, que hay clase – dijiste, con expresión alegre.
Sonó el timbre y bajé yo también del muro, acompañado de una sensación extraña y muy, muy cálida en el pecho.
