Hola, se que he estado ausente, pero el trabajo es súper absorbente y como también tengo ensayos para bailar en el carnaval de mi ciudad del año que viene, pues estoy medio muerta. Si estoy conciente por momentos es gracias al café y los dulces de eucalipto y menta. Pero vayamos a lo importante, les traigo un capitulo que despejará un poquito el pasado de Rukia e Ichigo.
Disculpenme si no les repondo los rewievs a cada una, pero es que en verdad el tiempo no me da, le estoy haciendo trampa a mi jefe metiendome a escondidas a internet para ir checando poco a poco las historias que aquí se publican. Gracias por todo su apoyo y palabras de aliento. Espero que este capitulo sea de su agrado.
Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen, son de Kubo Tite, pero si no nos da más ichiruki lo lamentará, me robare a Ichigo y Rukia y les haré una historia como Skip Beat!.
M A R I P O S A
Lady Butterfly
Siempre creemos que somos dueños de nuestro propio destino, pero él se encarga de recordarnos que solo somos dueños de nosotros mismos. El "Destino" es tan libre como las decisiones que tomamos por el albedrio que Dios nos otorgó. ¿Eres dueño de tu destino o de tus decisiones?
(Hotaru_Saturn_Black)
CAPITULO 6
Conciencia de ti, Inconsciencia de mí
Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón.
Gabriel García Márquez
En uno amplio e imponente despacho se encontraba la cabeza del clan Kuchiki tomando té con su hermosa esposa. Era una pareja de la que puedes decir que uno es el complemento del otro. Hisana era la dulzura y la femineidad hecha mujer, de enormes ojos color azul zafiro casi oscuros y de enorme calidez cuando se posaban en alguien, piel de porcelana y figura menuda, una autentica y tradicional esposa japonesa de belleza tranquila. Por el contrario Byakuya a pesar de su juventud y galanura, su sola presencia hacia voltear la vista donde él estuviera, irradiaba seguridad, aplomo pero sobre todo poder, era lógico lo traía en la sangre. Su familia databa desde el periodo Edo, estando siempre cerca del Emperador en varias eras. Él mismo era el actual Secretario de Economía del país con tan solo treinta años. Los negocios habían sido parte de su vida desde su más tierna infancia; pues al morir su padre, el único hijo de Kuchiki Ginrei, su abuelo lo adoptó y educó como su futuro sucesor.
Fue a los doce años que la vida marco otro suceso importante en su existencia. Conoció literalmente su otra mitad. Hisana tenía diez años cuando llegó de la mano de su abuelo a la casa Kuchiki, mientras que este cargaba en brazos a la pequeña Rukia. El anciano le había dicho el día anterior que vendrían a vivir a la casa dos pequeñas niñas que habían perdido a sus padres y que estos lo habían nombrado tutor y albacea de la fortuna de ellas hasta su mayoría de edad. Era una cuestión de honor, puesto que eran dos amigos muy queridos de su difunto padre, por alguna razón siempre se había preguntado porque nunca mencionaba a su fallecida madre.
Byakuya se fijo primero en la niña de pelo negro y ojos violetas que abrazaba a su abuelo con fuerza mientras lloraba; luego poso su vista en la niña mayor que miraba al vacio como conteniendo su llanto, pero no movía un solo musculo de su cara. Él descendió de la enorme escalera desde donde había contemplado la llegada de ellas. Bajo lentamente con la arrogancia que lo caracterizaba y se plantó frente a la ojiazul, la estudió y como si de un hechizo se tratará era ella le miró, se soltó de la mano del hombre mayor y dio un paso hacia él. Lo que Byakuya hizo después no le daba crédito ni aún después de tantos años. Tomó la mano de Hisana y le dio un largo beso en el dorso de ella. Y desde ese momento ninguno de los dos se separo.
— Byakuya…querido, ¿me escuchas? — le preguntó su esposa, quien disimulaba una risita, para no abochornarlo sentada frente a su escritorio.
— Discúlpame, estaba un tanto distraído, por favor repíteme lo que deseas — le respondió él recuperando su singular aplomo para evitar dejar ver los recuerdos que llegaron a su mente.
— Te informaba sobre la fiesta de nuestro séptimo aniversario, que ya tengo todo preparado para la siguiente semana, pero sigo pensando que es demasiado…demasiado…- ella intentaba ocultar su nerviosismo.
— Se que será todo un espectáculo, pero también se trata de relaciones públicas. No sería educado dejar fuera de esta gran fecha a las personas que tienen negocios conmigo y con su Excelencia. — aunque su tono era frío, Hisana conocía perfectamente bien a su esposo y leyó entre líneas una disculpa por no darle una fiesta con la intimidad de la familia y verdaderos amigos.
— Discúlpame por ser tan egoísta, solo estaba pensando en mí…lo siento— le dijo la pelinegra con una dulce voz a la vez que le sonreía.
Él se paro y rodeo el enorme escritorio que había estado en ese lugar desde hacía más de un siglo, se arrodilló, tomó su blanquísima mano y le dijo:
— En verdad desearía que fueras egoísta y verme en la obligación de darte todo lo que pidieras, porque no hay mayor placer para mí que verte feliz, Hisana.
— Lo sé mi amor, en verdad lo sé muy bien. — le respondió con dulzura.
— Te prometo que te lo compensaré, te amo y me has hecho feliz desde el momento que llegaste a mi vida, sé que no te lo digo con la frecuencia que mereces, pero…
Byakuya sintió como los delicados dedos de su amor se posaban sobre su boca, callándolo.
— Me dices "te amo" todos los días, cuando despiertas…cuando desayunas conmigo…cuando me das un beso y te vas al trabajo…cuando nos vamos a dormir, cuando rompiste la tradición y no elegiste recamaras separadas, pero sobre todo me dices te amo solo con existir.
— Hisana…— pronunció el pelinegro mientras se levantaba y la levantaba a ella de la silla.
Que dulce era escuchar su nombre en los labios de quien completo su alma, lo amo desde el instante que sintió su presencia. Lo único que nublaba su dicha era el no haber podido darle un hijo, pero no perdía la esperanza, no podía perderla.
Byakuya la beso como siempre lo hacía. Con veneración y verdadero amor. Solo con ella era de esa manera, solo a ella pertenecía ese lado tan tierno de él. Y ella correspondía de la misma forma, nadie lo conocía como ella.
Se escucharon quedos golpes en la puerta del despacho, era el mayordomo con un recado. Se separaron sintiéndose desilusionados al romper el breve instante de abandono, pero el deber llamaba.
— Señor, llamó el Señor Abarai. Me pidió que le pidiera que revisara su correo electrónico privado.
— Gracias Sasabike, puedes retirarte.
— Con su permiso, Señor…Señora. — Con una breve reverencia hacia los dos salió de la oficina del empresario.
Hisana se mostro preocupada por lo dicho por el empleado de la mansión, pero no se acerco al ordenador de su esposo, ya que no acostumbraba a invadir su privacidad.
— ¿Pasa algo con nuestra hermana?
— En un momento lo sabremos — le dijo volviendo detrás de su escritorio para abrir su cuenta de correo.
— No pasa algo negativo. Solamente nos avisan que no llegarán hoy como estaba planeado debido a trámites del nuevo avión en el aeropuerto y permisos que necesitan para surcar cielo japonés en vuelos privados, pero elegantemente me dicen que no me inmiscuya para evitar cualquier tipo de especulación. Arribaran en tres días, quieren que todos estemos informados para que no nos preocupemos. Y también Rukia manda a decir que le encantaron los regalos, que son espectaculares.
Cuando Byakuya dijo esto levanto su ceja, sabía que su hermana pequeña le estaba diciendo que la próxima vez le enviara unas flores o una tarjeta de felicitación.
— Recuérdame comprarle algo que en verdad espectacular a esta niña. Ustedes en verdad siempre serán de la misma forma. No solo tienen un hermoso parecido físico sino la misma rara sencillez. Tres generaciones de mujeres que hacen que un hombre ahorre dinero, donde se había escuchado tal excepción.
— Pero así nos quieres…amor— le dijo la pelinegra mientras depositaba un breve beso en la mejilla de su apuesto esposo.
— Las adoro…— respondió este.
— Te dejo para que trabajes, iré a preparar la llegada de nuestra hermana y a finiquitar los detalles de la fiesta.
Él vio alejarse a su mujer y sonrió dichosamente para sí mismo.
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Tan acostumbrados a viajar de un lugar a otro Los Shiba estaban dejando todo arreglado y según los cálculos del mayor de ellos estarían viajando en tres días a Karakura y sus pertenencias más importantes en cuatro días más a una bodega que ya habían rentado.
Kaien tenía la sensación de que algo más que ver a la familia Kurosaki le deparaba el destino. No sabía si sentirse feliz o intranquilo. Escogió sentirse feliz, los problemas siempre se deben enfrentar en cuanto aparezcan no antes, para que preocuparse por anticipado.
Tenía la seguridad de quien le ha dado la cara a la vida con todos sus matices, de donde había sacado el valor y el corazón, lo sabía muy bien. Mientras contará con sus hermanos, él estará bien. Además tenía amigos verdaderos y una familia que los había ayudado en tiempos de crisis.
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Renji estaría ocupado el resto de día con los trámites para el viaje, así que decidió probar en las afueras de Tokio el auto enviado por Hisana. Solo pocas y muy allegadas personas conocían su gusto por los automóviles de gran velocidad y aunque este era de apariencia más elegante y ejecutiva tenía una maquinaría con grandes caballos de fuerza. Con gran dificultad convenció a su representante de que iba a conducirlo sola, no quería al equipo de seguridad y que empezará una carrera con paparazzis y cámaras de televisión por algo tan sencillo con una vuelta en un auto que nadie conocía. Le prometió disfrazarse, ya que eso se le daba tan bien.
Con estas reflexiones en su cabeza Rukia emprendió su paseo, pero al recordar la palabra disfraz vinieron a su mente recuerdos de hace diez años, cuando fue por primera vez a la Universidad de Tokio para saber si era aceptada en ella.
«No tenía ni remotamente la apariencia que debería tener una universitaria, pues cronológicamente debería estar en la secundaria, pero su coeficiente intelectual aunado a su apellido y su formación con maestros particulares la hicieron merecedora a un lugar en ella.
Saliendo del Campus de Ciencias Económicas y de Mercadeo escoltada por dos guardaespaldas que su hermano exigía que llevara con ella cada vez que saliera fue empujada por un muchacho que vestía como vándalo, pero con apariencia sexy. Iba acompañado de dos amigos; uno moreno de impresionante musculatura y otro delgado y con anteojos. Parecían estudiantes.
— Discúlpame niña…— le dijo el de cabello anaranjado mientras se marchaba.
Los hombres que la cuidaban se dirigían hacia ellos cuando los detuvo. Para que hacerles daño sino había sido con intención, desde tempana edad tuvo que aprender a dominar a sus "perros de ataque" como tan cariñosamente les decía Renji.
Ya en el departamento que su hermano había comprado para ella en la ciudad se disponía a darse un baño cuando se paro frente al espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación. En su mente retumbaban las palabras que le había dicho "ese muchacho". Se analizó minuciosamente era extremadamente delgada, no tenía pecho, jamás le habían permitido cortarse el pelo como ella quería; le llegaba más allá de la espalda y era muy lacio, su cara era infantil, hasta ese momento no había reparado en lo que se enfrentaría siendo la más joven de toda la Universidad. Decidió llamar a su hermano para pedirle un favor, no le gustaba molestarlo, pero en este momento era necesario. Le pidió que hablara con las autoridades universitarias para que nadie fuera a decir que era Kuchiki Rukia, la menor del Clan Kuchiki y se sintiera aislada y sobretodo sobrevalorada por su posición económica. Quería ser una más. Tardó en convencer a su hermano mayor, pero lo logró y fue un pequeño triunfo a su favor, solo se requirió un pequeño salto para que la humanidad llegara a la Luna, el suyo sería ese salto. Momentáneamente Kuchiki Rukia no existiría para que esta diera paso a Yamamoto Kia. Decidió tomar el apellido de un amigo del abuelo Ginrei, al tío Yama no le importaría, la quiso como a una nieta mientras vivió y el diminutivo cariñoso que le dio su hermana desde que nació.
Su hermano le había devuelto la llamada para decirle que aunque no estaba de acuerdo con lo que estaba por hacer había conseguido que todo se manejara con total discreción y que sus documentos oficiales le fueran entregados en privado al graduarse.
En contadas ocasiones se había topado de nuevo con ese muchacho, pero no la había reconocido, su apariencia no era la misma, se vestía de jeans, blusas alegres y pequeños sacos de moda. Aunque ya no pareciera tan joven aún lo era y debía ser más astuta que las demás muchachas con quienes estudiaba. No se metían con ella, pues les caía bien a todos con sus buenos modales y conversaciones ligeras pero no tontas. Ya sabía el nombre de él y la fama que poseía con tan solo dieciséis años. Pero había ocurrido lo que le había pasado a todas aquellas ya sea en poco o mayor grado que habían conocido a Kurosaki Ichigo, se había enamorado.
— ¡Que tonta fui! — se recriminó mientras giraba a la derecha de una curva.
Había acabado la carrera de Administración de Empresas en tan sólo dos años, sorprendiendo a todos y recibiendo por parte de sus hermanos unas oficinas amuebladas a todo lujo para que ejerciera si lo deseaba de manera independiente, que la dejaron en shock por una semana.
Pero le informó a ambos que quería estudiar otra carrera en el mismo campus para complementar sus conocimientos. Estuvieron de acuerdo y como estipulaba el testamento del abuelo Ginrei se le entrego un fideicomiso que le permitiría hacer lo que deseaba. Esto fue dispuesto por el anciano como una medida de seguridad para ambas hermanas. Pero Hisana ya estaba comprometida desde los quince años con Byakuya de diecisiete en ese entonces. El abuelo les pidió que se casarán después de que ella alcanzará la mayoría de edad legal y fuera libre de decidir y no por gratitud a la familia el casarse con su sucesor. Esto estaba por demás, él sabía del amor que los unía desde que se conocieron, pero su honor le dictaba hacer lo correcto.
En el caso de Rukia era lo contrario pues aunque entre Hisana y ella había un gran cariño, eran como el día y la noche. Sus personalidades contrastaban. Su hermana mayor se había preparado para su papel de esposa por voluntad propia, mientras que ella siempre había deseado trabajar en las empresas de la familia, el mucho o poco dinero que fuera suyo lo invertiría junto a las personas que la recibieron a ella y su hermana, siempre les estaría agradecida no solo por el techo y la comida que les dieron sino por todo el amor que habían derramado sobre ellas.
Lo que no sabía es que esa decisión marcaría su destino. La nueva licenciatura que estudiaría sería: Publicidad enfocada a la Mercadotecnia, lo cual la llevaría a estar más cerca de lo había pensado de "Problemas" Kurosaki. Este apodo se lo había ganado a pulso durante los últimos dos años, de un momento a otro no solo era el hombre más hot del campus sino el más extremo. Ya lo habían arrestado dos veces por riña en vía pública y una por manejar alcoholizado.
De un momento a otro había cambiado de ser un buen estudiante a un chico problema. Nadie sabía a ciencia cierta la razón, pero se rumoraba que fue a raíz de la muerte de su madre. Ella sabía lo que podría pasarle a una persona cuando perdía a alguien muy querido. Se sintió con el derecho de ayudarlo, aunque con esto se buscará más dificultades de las que ya tenía.
Pensando en esto comenzó a investigar sobre él y sus amigos más cercanos. Los muchachos con los que siempre lo veía, ya no estaban tan cerca de él. Los había visto tratando de persuadirlo de ir a clases, pero siempre les sacaba la vuelta, ahora tenía otros menos "decentes". Cambiaba de mujer como se cambia de servilleta, y ya no eran de las populares o intelectuales como antes sino de las que no iban a la escuela precisamente a estudiar, al contrario que se las estudiaran. Su afición más reciente eran las carreras clandestinas y poseía un auto que le iba como un guante. Un Lamborghini Diablo VT color negro modelo 2004, al que llamó "Zanguetsu".
Y como la política de Kuchiki Rukia era tomar los toros por los cuernos decidió que para que él la "conociera" tendría que entrar al mundo de las carreras sin ley. Afortunadamente su mejor amigo se encontraba iniciando la universidad también en Tokio y nadie mejor que él para ayudarla. Abarai Renji era un granuja con suerte y gran conocedor de los bajos fondos.
Por su puesto que el pelirrojo le dijo que estaba loca, que diría su hermano, que si quería matar a Hisana de un infarto y demás cosas que no la persuadieron. Ella en ese momento no sospechaba el amor que se escondía en los ojos de su mejor amigo y del dolor que le causaba al pedirle su ayuda.
Él estudiaba en una Universidad Pública, pues aunque Byakuya le había ofrecido pagarle toda la carrera por la enorme amistad que su padre y su abuelo se tuvieron a través de tantos años. Él no acepto; tenía una pequeña cantidad de dinero que le había dejado su padre, pero suficientemente grande para que al ser bien empleada le diera para vivir y pagar sus estudios él mismo. Siempre había sido muy orgulloso y sobretodo testarudo. Su difunto padre había sido el administrador de una finca que la familia Kuchiki tenía en Okinawa.»
— Debo regresar, ya está oscureciendo y Renji se enojará conmigo si no regreso a tiempo para revisar las nuevas propuestas europeas.
Ya no queriendo pensar en el pasado Rukia dio una vuelta en U y regreso por donde vino, tratando de enterrar sus errores pasados.
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Renji se encontraba en el despacho del departamento de la morena, estudiando los proyectos que le habían ofrecido. Era increíble que Europa se interesara por una cantante japonesa. Los contractos eran magníficos. España, Portugal, Italia y Francia, cuatro de las ciudades más importantes de ese continente habían solicitado presentaciones para distintos fines. Discutiría con ella si aceptaba o no las invitaciones, estaba seguro que no habría problemas, si las programaban después de las que tenían en Japón, habría que desfasarlas para dentro de dos meses; y por las fechas que requerían a Rukia no presentaban ningún obstáculo.
Recostándose en el sillón blanco, cerró los ojos en espera de que por la puerta entrará como una tromba la pelinegra. Siempre había sido así cuando quería algo o se le hacía tarde en contra de su voluntad. La conocía tan bien. En ese estado de relajación los recuerdos comenzaron a llegar involuntariamente.
Su destino se vio irreversiblemente ligado a Kuchiki Rukia desde pequeño cuando convenció a su padre con mucho trabajo que lo dejará estudiar en una ciudad más importante con tan solo once años de edad.
De él aprendió honestidad y trabajo duro, pero lo que no aprendió fue a ser conforme. Renji quería comerse al mundo y persuadió a su padre de enviarlo a estudiar fuera de la isla en cuanto termino la primaria, para esto Kuchiki Ginrei lo recibió en su casa pues había otros niños y no se sentiría solo. Fue tratado como un pariente y no como una visita. Ahí conoció a Byakuya de quince años, el cual nunca se separaba de Hisana que tenía trece, esto si sus estudios se los permitían, pues ahí ellos tenían profesores particulares. También estaba Rukia de nueve años, quien siempre estaba trepando arboles o corriendo a través de los vastos jardines. Siempre llena de tierra, pero sobretodo de energía. Que diferencia más significativa en comparación de la inmensa tranquilidad que emanaba Hisana. Pero le gustaba, le gustaba mucho.
Rápidamente se convirtieron en amigos y cómplices, tenían aficiones similares y gustos poco comunes para la protocolaria familia. Cinco años más tarde su querida amiga partía a Tokio para estudiar y él tenía que quedarse a terminar con sus estudios en Karakura. Tenía planeado declararle su amor cuando tuviera algo que ofrecerle. Sabía que sería difícil convencer a Byakuya, pero no imposible. No imagino ni en sus más locos sueños que ella se fuera a enamorar de un idiota y que él la perdería para siempre. Y el colmo es que le pidiera su ayuda para salvarlo de sí mismo. A lo que él no se pudo negar, por más que lo intento al grado de amenazarla con decírselo todo a sus hermanos, pero al final no pudo llevarle la contraria.
Ella sabía que él competía en carreras amateur de motos a escondidas, que sabía de mecánica en general y de arreglo de motores de autos, como no lo iba a saber, si él mismo le decía todos sus secretos. Como iba a sospechar que todo eso se le vendría encima con la petición de su amiga. No, ella no quería ser la típica novia trofeo que exhibían los corredores, no, como iba a ser algo tan simple. Rukia quería correr para así poder desafiar a Kurosaki. A punto estuvo de mandarla al demonio, pero no pudo darle la espalda porque sabía que ella encontraría la manera de llevarlo a cabo. No quedaba más remedio que entrenarla en el autódromo y de enseñarle los trucos necesarios para que estuviera a salvo. Dios como se pudo meter en esto.
Con parte del fideicomiso que le habían dejado, Rukia compro un Smart Roadster 2004 de color blanco puro al que le dio el nombre de "Sode no Shirayuki", que ya se encargarían de modificar en apariencia y diseño para estar acorde al mundo de las carreras clandestinas. El dinero no sería rastreable para su hermano, ya que este no lo tenía monitoreado pues pensaba en lo juiciosa que era su pequeña hermana y la sensatez que había demostrado a lo largo de los años a pesar de su juventud. Que equivocado estaba. Cuando el amor entro por la puerta, la sensatez de Rukia salió corriendo por la ventana.
Un ligero roce en su frente lo saco de su semiinconsciencia, la causa de todos sus desvelos lo miraba con ternura mientras le sonreía. Por verla feliz él era capaz de todo. Una vez, hace mucho tiempo escucho que era más feliz quien ama que el que se sabe amado. Y en su caso era una total verdad. Nunca sería suya, pero procuraría su felicidad aún en contra de sí misma.
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Era más de medianoche cuando Ichigo se levanto de su enorme cama y se dirigió a la terraza de su penthouse, tenía más marcado de lo habitual su característico ceño fruncido. Tomo una cajetilla de cigarros que se encontraba escondida en lo más profundo del escritorio, se recargo en el marco del enorme ventanal que daba hacia ella y lo encendió. Se sentía frustrado, como una fiera enjaulada a pesar de quien lo viera se tratará de un hombre que solo había salido a fumar tranquilamente después de una noche de pasión, pero nada más alejado de la realidad. Su silueta la reflejaba la enorme luna llena que como una amante prodiga bañaba con sus rayos su marcado y desnudo cuerpo. Pensando en que esto ya era inevitable, que mientras no consiguiera lo que quería no volvería a sentirse en paz.
Volteo y su mirada se topo en la hermosa mujer que dormía entre las revueltas sábanas de seda negra. El escultural cuerpo canela se encontraba atravesado en el colchón boca abajo siendo cubiertos solamente los glúteos con ellas. Su espalda de un bronceado perfecto, de piernas larguísimas y esbeltas. Con poderosas caderas que se habían aferrado a él como si su vida dependiera de ello, de senos generosos y firmes. Y que decir de su bello rostro enmarcado en un rubio soleado. En verdad era hermosa, preciosa; pero no era la mujer que le había robado la tranquilidad. Recordaba vagamente su nombre, Harribel. Que la había encontrado en un bar y lo demás se volvió historia. No sirvió a su propósito de olvido, ni siquiera el abandono que hizo de sí mismo en sus brazos, ella estuvo presente aunque fuera solamente en sus pensamientos. Nunca antes había necesitado a una mujer para olvidar a otra y menos para sustituirla.
Más que nunca decidió que sería de nuevo él cuando poseyera a Rukia, pasaría como con tantas otras que después de acostarse con ellas había pasado la página, simplemente estaba encaprichado. Mujer alguna le había quitado el sueño ni el placer posterior del coito. Nunca necesitó aplacar sus nervios fumando después de estar con una hembra, dama o disoluta, habiéndolo dejado después de su loca vida universitaria.
Era verdad, había conocido a un sinfín de mujeres a lo largo de su vida, pero ninguna significo algo más y se volvió a preguntar que sería en verdad el amor. Ese sentimiento que no había conocido y que según él no era tan importante. Pero en el fondo deseándolo desde que tenía uso de razón, al haberlo visto siempre en los ojos de sus padres. Ese recuerdo lo llevo de nuevo a la causante de su ira.
Aunque había prometido dejar a Urahara trabajar según su ritmo y condiciones, conocía al rubio, y sabía que iba a jugar con sus nervios, y él ya no podía más. Tenía que encontrar el talón de Aquiles de esa hechicera.
— ¡Maldita mujer!... — tiro lo que restaba del cigarrillo con violencia al suelo recubierto de fina losa mientras entraba de nuevo a su habitación. Aún la noche no terminaba y tal vez podría aturdirse en ese cuerpo de mujer que esperaba en su cama.
