Disclaimer: Todo pertenece a Rowling. Lo único mío es la trama.
Lo odia. SI en algún maldito momento había dicho que odiaba a Draco Malfoy, pues era mentira, porque nunca lo había odiado, no al menos de la forma en que ahora lo hacía. El último descendiente de la familia Malfoy acaba de firmar su sentencia de muerte.
Justo ahora. Justo hacía unos minutos. Justo en el maldito momento en que dejó de acariciar su sexo y declaró abiertamente la guerra. ¿El rubio teñido quería guerra? Pues la tendría.
Su cuerpo aun vibraba, había quedado en una especie de trance, en medio del cual su mano viajó hacia su sexo para culminar lo que el rubio había comenzado. Y luego de llegar a la cima, cuando su mente tuvo un rayo de lucidez, allí odió las acciones del chico.
Se había dejado llevar por las caricias del rubio, para que al final este terminase dejándola con las ganas, aunque debía admitir que ella tenía parte de la culpa por no haberse podido aguantar besarlo. No debía haberlo hecho y menos enojada. Porque de esa forma había sentido más cosas de lo debido y él la había hecho vibrar.
Y lo odiaba por eso. Odiaba lo que Draco Malfoy producía en su cuerpo.
-HP.-
La guerra ha comenzado. Una guerra en que muchos quisieran participar, pero los bandos en contienda trabajaban solos y ciertamente así era mejor. Hermione Granger despertó ese día con una sonrisa maliciosa en sus labios, una actitud muy extraña en la castaña y que a más de uno sorprendió esa mañana.
La chica tenía una estrategia de combate preparada, si tenía que utilizar su cuerpo para ganar, simplemente lo haría, después de todo hacía mucho tiempo atrás había dejado de ser una cría y eso debía agradecérselo a Ronald.
Haría pagar a Draco Malfoy. Como que se llamaba Hermione Granger.
Y cuando el susodicho se adentró en el ascensor, la chica aumentó su sonrisa. Justo en el momento en que el aparato de metal se vació por completo, la castaña se abalanzó sobre el rubio, este en cierta forma estaba sorprendido, esperaba cualquier tipo de reacción sucedido al día anterior, menos esa. La muchacha devoraba los labios del blondo con una vehemencia muy poco vista en ella.
Se restregaba contra el cuerpo del chico y hacia caer el autocontrol del mismo. Cuando el chico comenzó a devorarla a ella también y la chica sintió que pronto llegaría a su destino, aumentó un poco el ritmo del beso y justo en el momento en que el rubio había guiado sus manos para despojarla de su blusa ella se alejó de él como si quemara. Y sin más salió del ascensor, mientras le sonreía al muchacho que se adentraba al ascensor.
― Buenos días, Javier. ― saludó poco después la chica al ver cerrarse las puertas del ascensor y sonriendo maliciosamente al ver el aspecto abatido, sorprendido y excitado del blondo.
Javier sonrió.
― Buenos días, señorita Granger. ― dijo el muchacho antes de que las puertas del ascensor se cerrasen.
La castaña suspiró y su expresión cambió por completo. Su sonrisa maliciosa había desaparecido y era desplazada por una seriedad impasible. Era como si la Hermione de hacia unos pocos minutos fuera alguien completamente diferente de la chica que ahora se dirigía con rapidez hacia su oficina.
Era como si la castaña hubiese sufrido un ataque de bipolaridad.
-HP.-
Era una locura.
Definitivamente las diferentes situaciones, que había vivido con Draco Malfoy en los últimos días la estaban desquiciando. No. No realizaría esa locura, no metería a nadie más en problemas, pese a que a una parte de sí, le encantase la idea.
No utilizaría a Javier para molestar a Malfoy. Pese a que la miraba que el rubio le había dirigido al muchacho luego de que la saludase le dio la idea. El chico no se merecía tal cosa, no metería a nadie en problemas, a fin de cuentas, en la guerra entre Malfoy y ella, era entre ellos nada más.
Suspiró y bufó. Esa situación con el blondo la estaba desquiciando por completo.
― Buenas noches, señorita Granger. ― la voz de Javier la sacó de su ensoñación.
Observó al muchacho con preocupación y luego un brillo malicioso en sus ojos. Sonrió de la misma forma y se levantó de su asiento antes de que el muchacho desapareciera tras la puerta de la oficina del ministro.
― Oye, Javier, ¿Me harías un gran favor? ―cuestionó la castaña sonriéndole de una forma extraña al muchacho.
Al parecer, de nuevo, era victima de un ataque de bipolaridad.
-HP.-
― ¿Está segura de esto, señorita Granger? ―cuestionó el muchacho un poco preocupado.
Hermione sonrió con malicia. Al parecer el ataque de bipolaridad estaba durando más de lo estipulado y hacia desastres con su personalidad. Luego soltó un suspiro y su expresión cambió momentáneamente.
― Si no quieres ayudarme, lo entiendo. Después de todo es una locura. Ya tendré tiempo de arrepentirme. ― afirmó la castaña.
Javier sonrió. Y esto levantó el ánimo de la chica, bueno a esa parte que aun no era invadida por su bipolaridad. Sabía que pese a lo extraño y quizás vergonzoso de aquello, el chico nunca cambiaría su actitud para con ella.
Quizás era por eso que su locura sería tan eficaz con él, porque sentía que estaba con un amigo. Y si iba a hacer eso que tenía planeado, quería hacerlo con alguien de confianza.
― Entonces la ayudaré. ― afirmó el chico.
La castaña sonrió y posó su vista en el gigante reloj del ministerio. Estaba en la última planta, allí donde Malfoy y ella siempre terminaban sus encuentros en las noches, y a juzgar por la hora el rubio estaba a unos segundos de salir por las puertas del ascensor.
― Trata de imaginar que no soy yo. ―pidió la castaña al observar las puertas del ascensor abrirse.
― Está bien. ― sonrió el chico.
Cuando la chica observó la cabeza platinada del Malfoy se acercó hacia Javier y lo besó, el muchacho correspondió al beso, tal cual habían estado planeando desde hacia unos minutos atrás. Incluso cuando Hermione subió una de sus piernas hacia las caderas del susodicho, éste la ayudo con la otra para que ella se montara en su cuerpo.
Ambos estaban actuando, pero lo hacían tan bien que cualquiera que los viera diría que se encontraban en una relación apasionada. Hermione entreabrió sus ojos para observar al rubio, quien los observaba con estupefacción.
La chica sonrió.
El joven Malfoy se acercó hasta la pareja apasionada y carraspeó. La escena lo había dejado aturdido, pero luego de unos minutos sólo deseaba golpear al maldito osado que tocaba a la castaña, o al menos eso le parecía a Hermione.
Javier soltó con suavidad a la castaña, mientras trataba de componerse la ropa y mostrar un rostro perturbado. Si Hermione no hubiera visto con sus propios ojos la actuación del muchacho, no lo hubiese creído, si hasta se merecía un Oscar, al menos era su opinión personal.
Hermione, por su lado, se mostraba con una gran serenidad, como si no acabase de ser descubierta en un faje con el chico de la limpieza. Y a pesar de que el rubio la taladraba con los ojos, como si quisiese saber lo que pensaba. Sonrió internamente porque era la reacción que quería. Y aplaudió la actuación de Javier en silencio.
― No sabía que tus gustos habían decaído tanto, Granger. Aunque a juzgar por Weasley, siempre han estado en el suelo. ― comentó el blondo con enojo, mientras le daba un último vistazo a la pareja y se daba media vuelta para irse. ― Y búsquense un hotel, este lugar es para trabajar no para fajar. ―añadió antes de desaparecerse tras el humo verde.
Hermione sonrió. Javier sonrió.
La chica se volteó hacia el muchacho y le abrazó con efusividad.
― Muchas gracias, Javier. ―dijo sin quitar aun su sonrisa. ― Y, vaya, no sabía que eras tan buen actor. La verdad, gracias por todo. Y por ser tan profesional, incluso en esto.
El chico sonrió e hizo una exagerada reverencia sin dejar de sonreír, en cierta manera aquel favor lo hacia sentirse más familiarizado con la castaña.
― A sus órdenes, señorita Granger. ―comentó.
Hermione rio ante aquellas palabras y el muchacho no pudo hacer más que unirse a sus carcajadas.
― Javier, en serio, deja de decirme señorita Granger, menos después del favor tan grande que te he pedido. ―pidió.
― No lo veo correcto, pero tiene razón, señorita…, digo, Hermione. ―se corrigió el chico. ― Y disculpa si soy atrevido, pero ¿Por qué tenia que vernos el señor Malfoy?
Hermione sonrió.
― ¿Sabes Javier? No eres atrevido, estás en todo tu derecho de cuestionarme. Lamentablemente es una larga historia, te la contaré algún día. ―dijo la chica.
Y antes de que la chica se adentrase a las llamas verdes para ir a su hogar fue detenida por el joven de la limpieza.
― Soy muy curioso, Hermione. Ahora quiero saber la historia, por larga que esta sea. ―acotó.
― ¿Y tú trabajo? ―cuestionó la castaña.
― Ya lo he hecho. Tantos años realizando lo mismo te da cierta habilidad de rapidez. ―confesó el chico. ― Ahora, quiero esa historia, ya me carcome la curiosidad.
La ex –gryffindor volvió a reir.
― ¿Sabes? Creo que después de tanto tiempo necesitaba un amigo que no esté casado o que haya tenido algo conmigo. ¿Quieres la historia? Bien, te la contaré con lujo de detalles. ―aseguró la chica, mientras tomaba la mano del muchacho y se aparecían en una especie de bar. ― El whisky de fuego hace mejor las historias largas.
Javier asintió.
― Tienes toda la razón, Hermione. ―comentó entrando junto con la chica al bar.
