ACTUALIZACIÓN 11/04/2014: He corregido algunos detalles y reescrito algunas partes porque los primeros capítulos pueden ser un poco confusos para entender. Espero que ahora hayan más pistas y sean más claros, aunque de todas formas, lo que sucede se explica más adelante.


Tamsin se movió cerca de un grupo de cuatro personas que se encontraban al otro lado del Dal. Observó a los cuatro hombres conversar alegremente mientras alzaban sus bebidas con una euforia latente. La valquiria se quedó de pie pero se apoyó contra la pared. Se llevó su jarra de cerveza a la boca y examinó el bar. Había poca gente ese día. Normalmente estaba siempre lleno, pero con toda la revolución fae, la gente se había asustado, incluso Trick. Al parecer el barman no era el que estaba detrás de la barra, en su lugar había una mujer rubia, con unos ojos azules muy llamativos. Tamsin habría pensado que se trataba de Lauren si no se hubiera fijado mejor en el color de sus ojos.

La fae trató de erguirse cuando sintió otro pinchazo en su vientre. Aquellos dolores no eran comunes, y quizá fuera una casualidad, pero cada vez que en su mente resonaba el nombre de Lauren, aquella molestia volvía a hacerse presente. Tamsin bufó furiosa mientras se encorvaba hacia delante. Quiso estampar su bebida contra algo, pero contuvo el brote de ira que quería salir de su interior.

—¿Está bien, señorita? —preguntó una voz grave y encantadora que se dirigió a ella.

Tamsin elevó sus ojos para observar el rostro del hombre que le hablaba. No lo conocía, pero su forma de moverse, sus gestos y su mera presencia le eran muy familiares. Su mirada volvió hacia la chica que se encontraba detrás de la barra. Ella la miraba fijamente y reía, o eso creyó, porque cuando volvió a fijarse, la tabernera atendía a unos clientes con el semblante serio. La valquiria se incorporó y clavó sus ojos en los del hombre que aún esperaba respuesta a su pregunta.

—Estoy bien —dijo ella por fin.

Él asintió, sonrió, se dio la vuelta y caminó en el lado opuesto al que estaba Tamsin. Al verlo andar de espalda, sin ver su rostro, recordó en dónde lo había visto. Fue en otro bar, un bar humano y en la compañía de Lauren. La valquiria se dobló de dolor al recordar su nombre, pero junto con el de Lauren, otro más se escribió en su cabeza. La fae parpadeó perpleja porque era imposible que aquel hombre fuera él.

—Taft —murmuró con una voz temblorosa dándose cuenta de su identidad.

Una ráfaga de imágenes se reprodujo en su cabeza a toda velocidad y le demostró que había algo que carecía de sentido entre todo lo que recordaba. Él estaba muerto, Dyson lo había matado, no podía estar allí, ¿y en un bar fae? ¿Acaso era verdad que Lauren lo había convertido en uno de ellos? Pero… Tamsin se concentró tratando de entender lo que estaba pasando mientras sufría otro dolor en su vientre.

La valquiria miró a su alrededor. Le pareció que figuras falsas se movían a su alrededor como si fueran marionetas manejadas por alguien que no estaba a su vista. Entonces, un olor familiar a azufre la asaltó y si ella hubiera podido verse el rostro en ese momento, lo habría visto palidecer por completo. Las fuerzas le fallaron durante unas milésimas de segundos, suficientes para que su jarra de cerveza se deslizara entre sus dedos y se estrellara contra el suelo.

El crujido de los cristales rompiéndose provocó que la mayoría de allí presentes volvieran la mirada hacia donde se había oído el ruido. Dyson y Bo se echaron a reír, les resultó divertido ver a la valquiria perder los papeles por su embriaguez. Lo que no supieron, es que de pronto ella se sentía despejada y el alcohol pareció esfumarse de su cuerpo, como si hubiera sido una mera ilusión de su mente.

Tamsin se acercó a la barra de forma prudente. A cada paso que daba, los latidos de su corazón se aceleraban. Dyson y Bo comentaron algo sobre ella cuando llegó cerca de ellos. El sonido a su alrededor pareció apagarse. Llevó la mano a su vientre. Esperó encontrar humedad, pero todo parecía normal. La rubia que se encontraba detrás de la barra la miró frunciendo el ceño, y su imagen evocó en su mente el recuerdo de Lauren. La doctora humana sosteniendo una pistola humeante mientras ella caía al suelo sin poder detener la sangre que salía de su abdomen. Tamsin volvió a ver el fogonazo en su mente, y el recuerdo del dolor pareció tan real, que la fae se dobló hacia delante y entrecerró los ojos. La mirada de la tabernera se fijó en la de ella y una sonrisa se dibujó en su rostro. La valquiria dudó un momento, aquellos ojos azules le resultaron demasiado familiares.

—¿Estás bien, Tamsin? —dijo Bo acercándose a ella. Tamsin la miró—. Creo que deberías sentarte un rato.

—¡No la toques! —Dyson casi se abalanzó sobre la súcubo impidiendo que se acercara más a la valquiria.

—¡Eh! —protestó Bo mientras el lobo la alejaba de allí y ambos comenzaban a discutir.

La detective volteó lentamente su mirada hacia la barman, ésta limpiaba un vaso con un paño mientras seguía sonriendo. Los ojos azules de la tabernera se clavaron en los verdes de Tamsin de nuevo. Por supuesto que le parecían familiares. La valquiria primero retrocedió asustada, mientras un desagradable escalofrío recorría toda su espalda, pero luego avanzó hasta la barra y la miró desafiante.

—¿Querías algo de beber, Thomasina? —le respondió la otra.

Dyson y Bo dejaron de discutir y miraron sorprendidos hacia Tamsin al descubrir su nombre completo de boca de aquella mujer. Ambos comenzaron a reír sonoramente.

—¿Qué? —le inquirió ella molesta—. Tú —señaló hacia Dyson— tienes nombre de aspiradora.

Los dos continuaron riendo. Tamsin sacudió la cabeza. Trataban de confundirla. Observó a Dyson y Bo, aún riendo, absortos en sus banalidades, no pudo sino enfurecerse ante la actitud estúpida e inmadura de los dos. La valquiria se abalanzó sobre la barra, y recostada sobre ella, agarró a la mujer rubia por el cuello. Dyson dejó de reír y trató de detener a Tamsin, pero ella le respondió con una patada en el rostro. Bo se quejó mientras inspeccionaba cómo una fina hilera de sangre salía de la ceja rota del lobo.

—¿Qué diablos te pasa? —gritó la súcubo molesta.

Tamsin ignoró las quejas de sus compañeros y alzó violentamente a su víctima mientras la miraba llena de ira.

—¡Dime qué mierda has hecho! —gritó la valquiria. Con una mirada arrogante, la barman la miro de arriba abajo. Dejó salir una carcajada divertida.

—Y yo que pensaba que eras la más lista de los tres —le respondió—, pero resultó que el lobo es el más astuto. Creí que serías la primera en darte cuenta, pero debe ser cosa de la edad. Si yo no hubiera intervenido, aún seguirías dando vueltas sin sentido. Considéralo un favor de hermandad.

Tamsin soltó a la mujer y se bajó de la barra muy lentamente. Su mente trabajaba a toda velocidad tratando de unir las piezas que ante ella se mostraban. Era evidente que muchas cosas no tenían sentido, que se sentían diferentes e irreales, que muchas ya las había vivido y que todo se mezclaba con sus miedos y sus propios sentimientos. Así que se dio cuenta de lo que ocurría, algo que era muy real, y retrocedió aterrada. Su cuerpo, de pronto, se vio empapado de un sudor frío. Recordó la carretera, su imagen dándole la espalda, esperándola, difuminándose, envolviendo todo en humo… No había sido un sueño, él la había encontrado.

—Bienvenida al Valhalla —susurró casi de forma inteligible la falsa barman—. Has conseguido entrar. No puedo decir lo mismo de tu amiga la súcubo, aún sigue atrapada entre sus sentimientos y recuerdos. Es muy fácil retenerla, pero muy difícil sacarla, él está muy decepcionado por ello, no más de lo que está por tu culpa. Él estaba esperando ansiosamente tu regreso.

Tamsin buscó desesperadamente con la mirada a Bo. Impotente observó cómo salía del Dal junto al supuesto Dyson. La rubia fae gritó su nombre hasta que sintió que su garganta quemaba, trató de avisarla, de correr detrás de ella, pero su imagen se fue apagando y como si de un sueño se tratase, la valquiria despertó en el Valhalla.