24
"¿Por qué estamos afuera del departamento de papá?", la voz de Pan resonó de inmediato en cuanto el motor del auto dejó de estar encendido. Videl retiró las llaves y respondió, revisando que el usb se encontrara en su bolsillo. "Solo vinimos a dejarle un objeto y luego regresaremos a casa", la mujer apagó las luces delanteras del automovil y contempló el alrededor por la ventana. "¿Qué objeto?", Pan reiteró su interés, sin darle tiempo a una nueva evasiva: "¿el mismo que te dio el hombre de la estación de metro?". Ahora, Videl colocó ambas manos por sobre el manubrio, tomando un gran suspiro, sin perder de vista el parabrisas, que lucía gotas de agua apresurándose para llegar hasta abajo. Como solía suceder, luego del monzón, llegaría finalmente el otoño a Ciudad Satán, pero la estación no se iría sin antes dejar sus usuales lluvias intermitentes, que no duraban más de unos quince minutos, empapando todo el alrededor.
Tragando saliva, la hija de Mr. Satán pensó en responder con algo diferente, que permitiera mantener a Pan lejos de todo el asunto. Sin embargo, ya sabía que la adolescente era mucho más inteligente que ella a su propia edad y ya tendría algo armado en su cabeza. Videl apretó los labios y giró a verla, contemplando como tenía los audífonos del discman en su cuello y las manos apoyadas en su regazo. "Sí, es el mismo objeto", explicó, dejando su espalda en el respaldo del asiento, mirando las llaves del automóvil, luego, continuó: "tu papá está investigando una posible explicación a las oleadas y ésta información podría ser de utilidad". Pan alzó las cejas, imitando un gesto típico del saiyajín, como si confirmara algo dentro de sí misma. Acto seguido, ambas tomaron sus bolsos y procedieron a entrar al edificio, sin poder evitar la lluvia gruesa que caía sobre la ciudad. Así, luego de salir del ascensor, caminaron por el pasillo y llegaron hasta la última puerta, que Videl golpeó dos veces. En breve, apareció Gohan en el dintel con un rostro serio que, después de un par de segundos, cambió a una sonrisa.
"¿Pan?", la aludida no guardó alegría en acercarse al semisaiyajín, quien la recibió con los brazos abiertos y una sonrisa en el rostro. "Estás empapada", dijo. "Afuera llueve mucho", la chica respondió, secando su frente con la manga del abrigo. "Te traeré una toalla, pasen". Videl se quedó con la boca abierta y las intenciones de hacer todo esto rápido, muertas. Por consiguiente, contempló como su hija entraba a lugar y dejaba su abrigo en un colgador, aún goteando por el paso del monzón. Si bien, tuvo la intención de dejar el usb en la mesa y decirle que las dos se marcharían, no pudo llevarlo a cabo, conquistada por la expresión de felicidad de su hija. Pasó poco tiempo hasta que Gohan apareció con toallas para ambas, alzando una de ellas a la hija de Mr. Satán. Ella se quedó estupefacta, sin saber a qué correspondía el gesto. "Estas empapada", Gohan habló, a lo cual, ella pudo entender la intención, desabotonando el abrigo para entregarlo al saiyajín.
Videl avanzó hasta el living y tomó asiento, secando su cabeza con la toalla de color azul, dejando el usb en la mesa de centro, escuchando como Pan hablaba con su padre a lo lejos. Por supuesto, no pudo dejar de pensar que años habían pasado sin que los tres estuviesen compartiendo una misma habitación. Ahora, mientras rozaba su rostro con la toalla, sintió el peso del tiempo, asombrada como el mismo hecho de las muertes misteriosas la había trasladado hasta ese lugar, y más aún, volviendo a contactar con personas que ya esperaba no volver a compartir. "¿Necesitas otra toalla?", Gohan mencionó, trayendo en sus manos un computador portátil. "No, gracias, ya estoy mejor", sonrió, asombrada por la soltura del chico, quien no parecía estar teniendo las mismas reminiscencias que ella sobre lo peculiar de la situación. En cambio, él presionó el botón de encendido del aparato y se sentó a su lado, acercando una de sus manos al mentón, concentrado. Videl pestañeó y recordó su intención inicial, tomando el objeto de la mesa. "Aquí está, Hira mencionó que después que lo utilices, por favor lo destruyas". "¿Aún continúa tan precavido como siempre?", ahora el saiya procedía a colocarse los lentes. "Sí. Te ha mandado un mensaje", la chica no pudo evitar una risa, a lo cual Gohan le prestó total atención. "Dijo que para la próxima le avises antes de llevar a cabo tu propia Misión Imposible". El saiya se rió, pasando una mano por la nuca, girando la cabeza a ambos lados. "Tiene razón", contestó, procediendo a conectar el usb en un puerto del laptop, levantándose del sofá. "¿Te molesta si hago ésto en la mesa?", le preguntó, a lo cual Videl respondió que no.
25
Videl soñó como se encontraba en la cima del santuario Shinto de la ciudad, bajo el viejo Toori de la entrada, desde donde se apreciaba una hermosa panorámica. Al mirar hacia abajo, por la larga escala de cemento, pudo ver la figura de su padre, saludándola con la mano izquierda alzada, que le hizo sonreír. Fue ahí que comprendió que sus manos eran pequeñas, así como su cuerpo, sintiéndose de unos nueve años de edad. En cuanto su progenitor subió y llegó a su lado, le sonrió ampliamente y notó como éste tenía la cabeza rapada, tal como sus recuerdos más antiguos. Así, ambos comenzaron a avanzar hacia el dojo, donde su madre los estaría esperando, seguro. Cuando despertó, notó que todo su alrededor, a diferencia de su sueño, estaba a oscuras. Pestañeó dos veces, incorporándose sobre los codos por sobre el sofá donde probablemente acabó dormida. Pese a la negrura, advirtió como Gohan estaba sentado cerca de sus pies, con su mano derecha cubriendo su boca y mirando hacia el ventanal.
"¿Qué hora es?", preguntó, sobando sus ojos para mejorar la visibilidad. "Pasada las dos de la mañana", el saiya habló, girando su rostro hacia ella, dejando su mano ahora por sobre la rodilla. "¿Pan está dormida?", Videl preguntó, ahora tomando asiento por sobre el sofá, para masajear su cuello, dejando la manta que la cubría por sobre el regazo. "Sí, profundamente", Gohan rascó su cabeza, suspirando. "¿No hay luz?", la chica preguntó, mirando a su alrededor y a la vista de la ciudad por el ventanal, que lucía a oscuras, temiendo lo peor. "No pasa nada", el primogénito Son habló, apoyando mejor su espalda en el respaldo, "sólo es un corte de energía, al parecer". Videl inspiró largo y tendido, permitiendo que su estómago se relajara ante la respuesta, aliviada de que no hubiese otra oleada que lamentar. Y fue ese mismo pensamiento el cual le hizo recordar qué hacía ella ahí, junto a Pan.
"Como... ¿cómo salió todo?", dejó caer, mirando su figura oscura, casi difuminada. De lejos, se percibían las luces de emergencia, que entregaban a la silueta del saiya una suerte de misticismo, como si hablara con una revelación del más allá. Él no respondió y permaneció sentado, con su mano cerca del mentón, apoyado en el respaldo del sofá. Videl sintió como el frío atrapó sus espalda y tomó la manta para dejarla ahora por sus hombros. Por supuesto, volvió a recibir la sensación de mal augurio, acompañada por una suerte de ansiedad, reflejada en las palpitaciones de su corazón. Ahora que sus ojos ya se acostumbraban a la penumbra, podía confirmar el rostro serio y concentrado del hombre a su lado. "No muy bien", Gohan se inclinó hacia adelante, juntando sus manos en el centro, sin mirarla. "Crucé los datos y verifiqué la hora de muerte de los involucrados en el accidente", carraspeó, tomando una pausa, "... y confirmé la hipótesis: los decesos humanos fueron al momento de la oleada y el resto, sólo falleció con el impacto".
Videl tragó saliva, inspirando por la nariz, sin estar sorprendida ante las palabras de su acompañante. Por un lado, cuando Gohan le mencionó de sus sospechas, jamás pudo poner en dudas sus palabras. Si bien, el saiya tenía debilidades como todos, el presuponer escenarios a partir del método científico no era una de ellas. Ese ojo clínico, en áreas de la ciencia y experimentación, le había abierto innumerables puertas tanto en universidades de la ciudad, como en el resto del distrito; sin mencionar la oferta de trabajo en laboratorios de construcción robótica. Por otro lado, no podía negar que había guardado cierta esperanza a que la respuesta se acompañara con un grado de solución. Todo ésto quiere decir que, efectivamente, estoy en el rango de muerte, Videl pensó, agudizando su vista hacia el ventanal. La chica abrió sus labios y trató de sopesar la situación, todo parecía como esos sueños donde las cosas dan un vuelco inesperado, pero sólo te queda el rol de testigo, sin nada que puedas hacer. Pestañeó tres veces mientras su acompañante retomó la palabra, nervioso, elucubrando cómo aún debían descartar más opciones antes de escoger cualquier decisión.
Ella le miró, gesticulando en las penumbras y no pudo seguir escuchando sus frases elocuentes. Algo en su estómago le decía que ésta era la resolución que todos estaban esperando; no por nada hay leyes en las ciencias duras que aluden a la veracidad inapelable de los argumentos más simples y directos. De pronto, la energía eléctrica regresó al edificio y la lámpara del living se encendió. Por un momento, Videl miró hacia el techo, contemplando como la ampolleta comenzaba a brillar, pero de inmediato observó al saiyajín que estaba ahora de pie, con las manos en la espalda, mirando a la ciudad. "Creo que...", la hija de Mr. Satán habló, finalmente, mirando hacia el suelo, "debemos entregar la información al Sr. Hira. De seguro él sabrá como utilizarla bien". El saiyajín giró de inmediato, frunciendo el ceño y sacándose los lentes. Pasó su mano derecha por la cabeza, dando un largo suspiro. Videl no se detuvo: "también creo prudente dar aviso a Bulma", manifestó, juntando sus manos en el centro y dejando caer la espalda en el respaldo. Ahora, Gohan la miraba con los ojos muy abiertos, girando la cabeza a ambos lados. "¿Pan está en su habitación, verdad?", ella preguntó, a lo cual el semisaiyajín asintió, con una mano por sobre el mentón. "Iré a dormir con ella, si no te molesta", la chica se puso de pie, estirando la blusa y mirándolo fijo.
Gohan seguía sin hablar, tal como si le fuese imposible hilar oración. Ella también se sentía extraña, como si una piedra pesada se atascara en su garganta. La sensación era propia de esos momentos en que el cuerpo sabe algo que su razón no ha podido comenzar a entender y, claro, todo debía estar enlazado al descubrimiento de la última media hora. A fin de cuentas, dentro de la habitación se encontraban las únicas dos personas de toda Ciudad Satán que sabían que los seres humanos desaparecerían del planeta tierra. Pensarlo así le provocó una puntada en el pecho, donde su corazón había comenzado a latir como si fuese un tambor de taiko en la fiesta de la primavera. Mientras el saiya se acercó un par de pasos hacia su lugar, ella continuó dando voz a sus reflexiones. "Mañana nos iremos a primera hora a casa, tengo que ver un par de cosas", al terminar la frase, Videl tragó saliva contemplando como Gohan se encontraba frente a ella, cada vez más cerca, ahora solo con unos veinte centímetros de separación. Ni siquiera recordaba la última vez en que ambos habían estado tan cerca, o mejor dicho: la última vez que ella lo había permitido. Luego de esas vacaciones en el Distrito Norte (que ahora parecían tan distantes como un recuerdo de niñez), su cuerpo se hubo de sumir en una especie de reclusión inapelable. Nunca olvidaría cómo, de regreso de aquellas vacaciones, una vez guardadas las maletas y metidos en la cama matrimonial, ella se hubo de arrinconar a un lado para evitar que él la abrazara pues, ya no sentía la misma confianza. De hecho, fue esa misma noche, entre lágrimas silenciosas y al apagar la luz, que su mente comenzó a urdir el plan para dejar la casa.
Ese recuerdo, también se sentía lejano. Ahora, viendo su rostro de frente (y el parche blanco sobre su ceja izquierda, que él se había puesto con premura), tragó saliva al notar que muchas cosas habían cambiado entre ellos pero, otras, sin duda, habían quedado igual. Videl permaneció mirándole unos diez segundos, atenta a su propio corazón palpitante que estaba a punto de salir por su garganta y boca. Entonces, sintió como el saiya rozó su mano izquierda con los dedos, lo cual la sacó del trance de forma inmediata. Tal como si se hubiese quemado la piel con fuego. Acto seguido, retiró su brazo del contacto y retrocedió un paso hacia atrás, con la respiración agitada, pestañeando dos veces. Sin poder explicar el por qué, dejó un mechón de pelo tras la oreja mientras veía al saiyajín abrir los ojos aún más, abriendo la boca, sin hablar. Así, en breve, Videl bajó su mirada y decidió caminar hacia la habitación donde su hija dormía profundamente.
26
En el medio del parque, Gohan observó como Bulma compraba un par de cigarros sueltos en un puesto de golosinas; luego, alzó su mano con la palma hacia arriba, a modo de visera, alzando la mirada hacia el cielo, confirmando que en cualquier minuto podría caer lluvia. La peliazul se acercó con el cigarro encendido en los labios, las manos en el abrigo y la mirada en el suelo. Desde ese punto de vista, ella se confundía perfectamente con las personas que caminaban por el lugar, en dirección a sus casas (ya daban las siete de la tarde). Una vez a su lado, ambos retomaron el andar sin decir palabra. Una hora atrás, el saiya había arribado a Corporación Cápsula para comunicarle que su hipótesis de las oleadas había sido confirmada, lo cual indicaba que todo el proceso de muerte apuntaba a un extinción de la raza humana. Con los papeles en la mesa del taller, la científica abrió los ojos como plato y no pudo más que limitarse a mirar el informe estadístico por sobre la mesa, hojeándolo una y otra vez.
Por otro lado, antes de que Videl regresara a su casa con su hija, ella le mencionó que también daría aviso a sus contactos más cercanos, sugiriéndole a él que hiciese lo mismo con los suyos. Asimismo, ninguno de los dos mencionó quién sería el que hablaría con Pan y solo acordaron que lo más prudente sería entregar la información al Sr. Hira, quien, de seguro, podría dar más utilidad a la revelación. Ahora, en el presente, Gohan tragó saliva percibiendo el olor a cigarro en sus narices, mirando a Bulma que caminaba sin decir palabra, rodeada por una pequeña humareda. Minutos después de que él le hubiese entregado los informes para su revisión, la peliazul se dejó caer en su silla de madera, con los ojos perdidos y su mano sobre la boca. Fue ahí que el semisaiya incorporó su espalda dispuesto a retirarse de Corporación Cápsula para darle espacio, pero la científica le interrumpió toda intención, dirigiéndole palabra. "¿Vamos a caminar un rato?, me apetece un cigarro".
El primogénito Son asintió, alzando sus cejas y no cuestionó su actuar. Si más no estaba errado, Bulma había dejado el hábito de fumar hacía un par de años, pero no era sorpresa entender que todos los últimos acontecimientos la habían hecho volver al vicio. Así, salieron hacia el exterior por la puerta trasera y comenzaron a caminar calle abajo, sin hablar, escuchando los automóviles pasar a su lado. Cuando Gohan advirtió que ella no llevaba rumbo y solo le seguía, decidió ir al parque de la ciudad, ya que a él también le vendría bien. "Nunca pensé que ésto acabaría así", la mujer estaba de frente al lago artificial del lugar, que a esta hora sólo reflejaba el color de las nubes oscuras de cielo. Sus antebrazos estaban por sobre la baranda de metal, claramente absorta en sus propias reflexiones. Gohan imitó su posición, juntando sus manos al centro. "Aún recuerdo cuando, con quince años fui al escritorio de mi padre y le dije que me iría de casa a buscar las Esferas del Dragón", la peliazul esbozó una sonrisa, sacando unos cabellos de la frente. "Esperaba que él me dijese que estaba loca o algo así, pero me dijo que entendía por qué lo hacía... y si me parecía esperar un año más para prepararme mejor", Bulma volvió a fumar otra vez. "Nunca pude preguntarle por qué lo hizo, por qué tuvo esa confianza tan fidedigna en mí".
Gohan apoyó su peso en los brazos, dedicándole toda la concentración posible. Ella continuó: "Tal vez siempre supo que mi destino era precisamente ése. Abrirme paso al mundo para que mi vida cambiara por completo", la mujer golpeó el cigarro apagado con su dedo anular, dejando caer la ceniza. "A veces, me pregunto qué habría sido de mí, si no hubiera montado a esa motocicleta", ahora, Bulma lo miró, con la misma sonrisa. El saiya suspiró largo, sin poder evitar dar respuesta. "Probablemente hubieras terminado en otra aventura, salvando a otras personas". "¿Salvando?", la mujer frunció el ceño, mientras que Gohan acentuó su mirada al frente, extrañando sus lentes. "Bulma, siempre has sido el pilar de todos nosotros. Eres la persona que nos ha mantenido juntos, pese a cualquier cosa que suceda". La científica no respondió y sólo miró al chico en silencio, con los ojos brillantes y el rostro en melancolía. Luego de una gran pausa, abrió los labios, como queriendo hablar, pero no pudo hacerlo de inmediato, ya que una lágrima se deslizó por su mejilla.
"No sé como se lo diré a Vegeta, Gohan". El semisaiya volvió a tragar saliva, sintiendo un tapón en la garganta, como si ahogara su capacidad de respirar con normalidad. Así, sin perder el contacto visual, el chico dejó caer su mano sobre la de la Bulma, que seguía por sobre la baranda. "Todo estará bien", le habló suave, contemplando como ella salía de su trance, sacando la lágrima con el dorso de su otra mano, para proceder a buscar algo en el bolsillo del abrigo. Cuando encontró otro cigarro, lo colocó en sus labios y procedió a darle fuego con un encendedor, dando una larga calada, para soplar el humo hacia arriba. Acto seguido, regresó su vista al lago. "¿Cómo se lo ha tomado Videl?".
Gohan mordió su labio inferior y cruzó los brazos, apoyándolos en la baranda. "No pudimos hablar", mencionó, advirtiendo como unas gotas de agua ya comenzaban a caer, dibujando pequeñas ondas en el lago. "¿Cómo es eso?", Bulma ahora le imitaba, viendo pasar una pareja de patos de color negro. "Bueno, tomando en cuenta que no pasábamos tiempo juntos desde que nos separamos, supongo que se hizo un tanto incómodo hacerlo". La mujer giró levemente, sonriendo para volver a fumar, "pero eso no evitó que arribara a tu departamento, ¿verdad?". Gohan abrió los ojos, sintiéndose incómodo. "Tú siempre ves cosas donde yo no las veo", retrucó, evitando el contacto visual. "A mi no me mientas. Bien pudo ella haber seguido marcando límites entre ambos. Me alegro que no lo haya hecho". Ahora el chico no pudo evitar sonreír, pasando su mano por el rostro, limpiando la humedad. Tal parecía que en cualquier minuto se largaba a llover. El ambiente entre ambos volvió a caer en silencio, ahora ya nadie quedaba por las cercanías del parque, solo los patos dando vueltas por la laguna indiferentes a los chubascos.
"Estoy... pensando en otras opciones para revertir todo ésto", Gohan desabotonó dos botones del cuello de la camisa, pensando que ello lo ayudaría a respirar mejor. "¿Viajar a otro universo a buscar ayuda?", la científica respondió con sarcasmo, botando las cenizas del cigarro con un golpe, ella no dejaba de sonreír. El chico cubrió sus ojos con los dedos índice y pulgar, inspirando fuerte. "Tú no entiendes, Bulma". "¿Que no entiendo?, ¡ja!", volvió a fumar. "Hace un par de horas me acabo de enterar que yo y mi madre podríamos fallecer en cualquier instante. Créeme: sí lo entiendo". Sin poder explicarlo, el saiya sintió arder en su estómago una especie de molestia, de rabia, lo que provocó que cerrara ambas manos, apretando los puños. La escena no dejaba de guardar cierta ironía pues, la mujer estaba en lo correcto. De los dos, ella sería la siguiente candidata a dejar el mundo de los mortales, mientras él se había ganado el tícket de seguir en el planeta tierra. Y de ambos, ella lucía más compuesta y dueña de sí misma, incluso sin dejar de lado el humor. "Gohan, de todos los momentos que te ha dado la vida, éste no es aquel en que debes imitar a tu padre". El semisaiya se sintió encrespar al escuchar el nombre de su progenitor en los labios de Bulma. Por consiguiente, la miró directamente a los ojos, como si con ese acto pudiese hacer que ella guardara silencio. Pero ella no se detuvo, dando la última calada al cigarro con los ojos cerrados. Luego, volvió a hablar. "Ya has hecho suficiente, es hora que estés con tu familia".
Entonces, comenzó a llover.
Comentario: Y bueno, esto se alargó nuevamente. Cosas que ocurren. Mil, mil, gracias por sus comentarios!
