Capítulo 6 - Miedo
"¿Qué es sentir miedo?... ¿Un sentimiento de angustia, quizá? ¿Impotencia por no poder evitarlo, tal vez? Hace tiempo que dejé ese sentimiento a un lado, pero ahora ha vuelto a reinar sobre mí. El miedo que siento al pensar que puedo perder a Cloud es mil veces más doloroso que sentir una bala de plata estallar en mi corazón."
Cloud seguía sin poder mirarla a los ojos. Todo aquello había ocurrido muy rápido. La amaba, por supuesto que la amaba, más que a cualquier cosa, pero se obligaba a sí mismo a odiarla, sin embargo, por otra parte, no se dejaba hacerlo. Se sentía frustrado. Lo que más furioso le ponía de esa situación era el hecho de haber sido ella, precisamente ella. Claro que lo estaría si en cualquier caso ella no hubiera sido, pero esto era mucho peor. ¿Cómo debía reaccionar? ¿Debía perdonarla ó debía matarla? Por supuesto que no quería hacerlo, nunca soportaría perderla, pero se había obligado millones de veces a hacerlo, para vengar a su madre. Las dudas inundaban su mente. Con cualquier otro vampiro no habría dudado ni un segundo en qué hacer, pero esto era muy distinto.
— Aerith, ¿por qué tú? —se preguntaba mentalmente una y otra vez. Cada vez más lágrimas rodaban por sus mejillas. Lanzó el pañuelo con rabia y sin ser consciente de ello. Cayó a los pies de Aerith. Ella lo cogió.
Se acercó lentamente a Cloud. El joven vio su intención y retrocedió.
— No te acerques, por favor —le suplicó con un hilo de voz—. No sé lo que sería capaz de poder hacerte.
— Cloud... —ella hizo caso omiso a sus palabras y siguió adelante.
— ¡Aléjate! —gritó con voz ronca. Levantó su brazo para empujarla. Sintió no hacerlo con delicadeza, pero en ese momento no estaba para ser cuidadoso. Ella se agarró con una mano a su brazo para no caer al suelo por el empujón.
— ¡Cloud, por favor, escúchame! —le suplicó. Con la mano que le quedó libre, ya que en la otra sostenía el pañuelo, le levantó la barbilla y le obligó a mirarla—. Dices que yo maté a tu madre por tener este pañuelo. Si de verdad lo he hecho te pido disculpas, aunque sé que no las aceptarás. Yo no decidí a quién matar, yo solo me preocupaba por alimentarme. Si lo hubiera sabido nunca la hubiera tocado. Pero, también dices que yo le arrebaté el pañuelo a tu madre y eso no es verdad —Cloud la miró sorprendido—. Este pañuelo me lo regaló Sephiroth —dijo entregándole de nuevo el objeto tan preciado para él. El joven rubio seguía quieto sin decir nada. Solo la miraba sorprendido—. Además, la noche que me lo regaló yo no había salido con ellos a cazar.
— ¿Es cierto, Aerith? ¿No me estás mintiendo? —la vampira asintió en señal de que decía completamente la verdad. Cloud lloró de nuevo al descubrir que no había sido ella y sintió una extrema felicidad, pero al mismo tiempo un terrible odio había crecido hacia Sephiroth.
Aerith se dio la vuelta para irse, pero Cloud la detuvo agarrándola de la mano. La abrazó y lloró más fuerte. La joven vampira acarició su cabeza. Nunca lo odiaría, aunque él dudara de ella. Era normal que lo hubiese hecho, tenía toda la razón para ello y aunque no la hubiera tenido, lo seguiría queriendo.
— Lo siento mucho, Aerith. Yo... —pero fue interrumpido por ella. Posó un dedo sobre sus labios y negó con su cabeza indicándole que no era necesario decir más. Ella estaba feliz de que todo se hubiera solucionado. Cloud la abrazó con mucha más fuerza mientras hundía su rostro en el pecho de ella.
Zack aprovechó para ir a mirar desde el tejado, ya que algo le inquietaba.
Cuando se hubo desahogado se separó de ella. Ahora que toda aquella angustia había cesado, en su mente se clavó un rostro, un vampiro: Sephiroth. La alegría pasó al odio inmediatamente.
Se separó de Aerith y fue hacia la puerta.
— Aerith... voy a matar a Sephiroth. Le haré pagar por todo lo que me hizo —la nombrada no le impediría matarlo. Se sorprendió por ese pensamiento, pero él fue el causante de todo el dolor que sufrió Cloud, Zack y ella, aunque no lo recordase. Pero, aún así, debía impedirle que fuese a buscarlo.
— ¡¿Estás loco, Cloud?! ¡Te matará! —se puso frente a él para impedirle el paso.
— ¡He de hacerlo, Aerith! ¡¿Pretendes que me quede aquí sin hacer nada?! —intentó apartarla sin ser brusco, pero no consiguió nada. Ella era mucho más fuerte que él.
— ¡¿Pero no te das cuenta?! —gritó desesperada—. ¡No tienes nada para defenderte! ¡Morirás en cuánto te ponga un solo dedo encima! Él es el más fuerte de todos, ni siquiera Zack ni yo podemos contra él. ¡Mucho menos tú!
— Iré a por un arma al escondite de los Cazadores —sentenció.
Aerith supo que era imposible hacerlo entrar en razón. Se apartó para dejarle paso. Él siguió adelante casi corriendo. No la miró. Zack volvió a aparecer.
— Tenéis que ir a la cueva ya —apremió Zack—. Está a punto de llegar. U os dais prisa o él no llegará ni al pueblo —dijo refiriéndose a Cloud.
— ¿Cómo puedes estar tan seguro de que va a venir? —dudaba ella.
— Conozco demasiado bien a Sephiroth. Desde que se fue al Monte Nibel siempre tuve el presentimiento de que era una trampa. Él nos dijo que volvería a los tres días, pero estoy seguro de que va a llegar de un momento a otro o puede que ya esté aquí. Seguramente no se fía de mí y cree que te dejo ver a Cloud. Supongo que quiere pillaros a los dos juntos.
— ¿Y si no estás en lo cierto? —cuestionó—. Quiero decir, ¿y si está todavía en el Monte y nos ve allí?
— No. Nosotros iremos por otro camino. No os voy a poner en peligro —aseguró mientras afirmaba con la cabeza. Aerith sonrió y fue tras Cloud.
El joven se disponía a salir por la puerta. Ya tocaba con sus zapatos el firme suelo del exterior de la mansión. Debía de ir hasta el edificio de los Cazadores, ya que no podía esperar hasta que llegase Tifa con el arma. Comenzó a correr sin mirar atrás. Sin asegurarse de si Aerith lo seguía o no.
Tampoco notó la mirada de unos ojos fríos y de color esmeralda posarse sobre él. Lo miraban con odio. Odio hacia todos los humanos y, en especial, hacia a él.
— Al final estaba en lo cierto —gruñó.
Sephiroth se encontraba en el tejado de la mansión, al cual había subido con total sigilo después de que Zack se fuera, mirando hacia Cloud, quien no se había percatado de su presencia. Dio un salto majestuoso. Pretendía abalanzarse sobre el humano y devorarlo. Le daba igual Aerith, en cierto modo. Lo primero era deshacerse de él.
Estaba a punto de caer sobre Cloud. La agilidad y el silencio que demostraba eran increíbles. Ya casi lo iba a agarrar cuando unos fuertes brazos lo lanzaron lejos del joven. Era Zack. Sephiroth se incorporó de repente.
— ¡Cloud! —apareció Aerith. Llegó hasta él—. ¡Vamos al Monte Nibel! ¡Rápido! —lo agarró del brazo y se lo llevó con ella.
— ¡¿Dónde creéis que vais?! —gritó Sephiroth. Fue tras ellos, pero Zack lo volvió a empujar con mucha más fuerza que antes.
— ¿Dónde vas tú, Sephi? —le preguntó Zack—. Ahora estás jugando conmigo —dijo seriamente y fue hacia él.
— ¡Maldita sea! —espetó—. ¡Vosotros, id tras ellos! —Vincent y los demás asintieron y salieron corriendo.
— ¡¿Qué piensas hacerle a Aerith?! —gritó Zack.
— ¡Eso a ti no te importa! —esquivó el golpe y le dio una patada en el estómago—. ¿Aún no aprendes la lección? Nunca me superarás.
— ¡Toca a Aerith y lo veremos! —se incorporó y volvió a atacarlo.
— No quiero desperdiciar mi única bala contigo, Zack —comentó tranquilamente—. Así que acabemos cuánto antes —él también fue a atacarlo.
Mientras, Cloud y Aerith corrían por el Monte Nibel. El chico la paró bruscamente.
— ¡Para, Aerith! —le dijo—. ¡Tengo que ir a por un arma!
— ¡Deja de decir tonterías! —gritó fuertemente—. ¡Si quieres morir, adelante, ve! —le dio la espalda y siguió caminando. Cloud la miró en silencio.
— ¡Sino la tengo no podré hacer nada contra Sephiroth!
— ¡Si vas allí morirás! —gritó de nuevo histéricamente—. ¿Crees que a Zack le irá bien? Yo lo dudo mucho —apretó sus puños—. Sephiroth es muy fuerte. Seguramente se está acercando ya aquí. Así que por favor, ¡sigamos!
— ¿No te das cuenta? —habló él seriamente—. No es solo por venganza. Quiero protegerte de él. No quiero que te haga nada.
Aerith paró en seco. Lo miró.
— ¡Aerith! —la llamó una voz conocida.
— ¿Vincent? —preguntó alarmada. No sabía si podía ó no fiarse de él. El vampiro apareció de entre la nada.
— Sephiroth está peleando con Zack. No sé como irá, pero debéis de iros a la cueva rápido. A los demás y a mí nos pidió que os siguiéramos y os atrapásemos, pero no lo vamos a hacer. Los demás están por ahí dando vueltas y yo me adelanté a ellos. Ninguno estamos de acuerdo con lo que está haciendo, así que tranquilos, estamos de vuestro lado.
— Gracias, Vincent —miró hacia Cloud—. Por favor, Cloud, ven conmigo —le suplicó. El joven asintió. Ambos corrieron hacia la cueva. Vincent se fue por otro lado.
En otro lugar. Una hermosa joven de ojos rubíes y largo cabello azabache se encontraba sola en una gran sala.
— ¿Debería llevarle ya el arma? Pero... ¿y si no logro verlo y otro vampiro me descubre? ¿Le estará haciendo falta? —se preguntaba mientras daba vueltas por el lugar debatiendo qué hacer.
Se sentó en una silla y se puso a pensar en lo acordado con Cloud:
— En algún momento pensé en esta posibilidad, pero no la creí posible —empezó a decir Cloud—, pero ahora que ha pasado debemos aprovecharlo.
— Cloud, por favor, explícate —le rogó Tifa.
— Ahora que podemos salir de esta celda, te marcharás de la mansión.
— No me van a dejar.
— Bueno. Seguramente no, pero vamos a intentarlo. Inventaremos algo que decirle a Aerith y, con suerte, te dejará ir. Si no es así, escaparás por los pasadizos, que espero no lo hayan tapiado o algo.
— Lo ves demasiado fácil, Cloud.
— Piensa en algo mejor, entonces —espetó.
— Es que, no creo que sea tan fácil salir de aquí.
— Debemos intentarlo. Primero por lo fácil y, si con eso no vale, lo haremos por otro modo.
— Está bien. Imaginemos que me dejan salir sin más. ¿Qué vas a hacer tú?
— Yo no puedo irme de aquí. Debo quedarme por varios motivos.
— Y uno de esos motivos es Aerith, ¿no?
— Sí —asintió—. No pienso dejarla bajo ningún concepto. Además, durante este tiempo que esté libre por la mansión quiero registrar varios lugares, como habitaciones o el lugar donde el líder suele estar.
— ¿Y eso para qué? ¿Qué crees que encontrarás?
— No lo sé realmente. Quizá nada, quizá el pañuelo...
— ¿El pañuelo de tu madre?
— Así es —se quedó un tiempo en silencio—. Después de que nos atacaran el pañuelo desapareció. Puede que se fuese volando por el viento, quedase enterrado en algún sitio o, cosa que espero, uno de ellos se lo llevase. Si es así, el que tenga el pañuelo será el asesino de mi madre.
— ¿Así lo piensas? ¿Y si ese pañuelo lo cogió otro vampiro?
— Pues habrá un vampiro menos circulando por ahí.
— ¿Y qué se supone que tengo que hacer yo? ¿Simplemente permanecer lejos, ajena a todo?
— No, claro que no. Necesito tu ayuda, porque si no, no lo lograría.
— Entonces dime.
— Si todo sale como espero, te irás mañana por la mañana. Entonces, cuando llegues a la guarida de los Cazadores, coge un arma, espera hasta la noche o hasta el día siguiente, y vuelve a la mansión para traerme el arma. Así, una vez que descubra quién fue lo mataré. Y en el caso de que no lo descubra y decidan matarme, los mataré yo antes a ellos.
— Es un buen plan —aseguró, pero seguía viendo lagunas—, pero... ¿cómo se supone que te daré el arma? ¿Entro aquí como si nada hubiese pasado?
— Evidentemente no. Sólo se me ocurre que entres por los pasadizos y dejes el arma en la celda donde estuvimos la primera vez, escondida bajo la cama. Yo iré de vez en cuando allí para ver si la has dejado. Lo único que espero es que puedas entrar. Sino logras entrar por los pasadizos y ves que el tercer día se acerca, tendrás que buscarte una excusa y volver a entrar en la mansión.
— Supongo que se irá viendo sobre la marcha. ¿Eso es todo?
— Sí. Ahora, pensemos en lo que debemos contarle a Aerith y en cómo debemos actuar.
Abrió los ojos y se levantó. Paró frente a una puerta de madera. La abrió y solo vio oscuridad. Encendió la luz y bajó las escaleras que se encontró en un primer momento. Allí se guardaban todas las armas y artefactos para luchar contra los vampiros. Efectivamente se encontraba en la guarida de los Cazadores. Ellos habían salido a esperar a los vampiros. Miró hacia todos lados y cogió una pistola con balas de plata. Suspiró. Debía de llevarle algo discreto.
Salió con cuidado de no ser vista por los Cazadores que estaban escondidos demasiado bien como para ser percibidos. Con suerte salió del pueblo sin que la hubieran notado. Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron hasta la oculta mansión.
Cuando llegó vio un cuerpo tendido sobre el suelo. Se acercó con precaución y con la pistola en su mano. Cuanto más cerca estaba, más podía cerciorarse de que aquél cuerpo era el de Zack. Corrió hasta él. Estaba realmente herido. Mucha sangre salía de su cuerpo.
— ¡Zack! —se acercó hasta él y se agachó—. ¡¿Qué ha pasado?! —miró hacia la mansión y vio la puerta abierta—. ¿Por qué estás así? ¿Y dónde están Cloud y Aerith? —demasiadas preguntas en un solo minuto.
— Eh, tranquila —se incorporó pesadamente—. Ellos han huido hacia el Monte Nibel. Debes ir tras ellos —miró su arma—. Eso te irá bien contra Sephiroth —la señaló—, si tienes buena puntería, claro —apuntó—. Los persigue Sephiroth, seguramente los matará. Así que date prisa —la apremió.
— Pero, ¿y tú? —se levantó—. Estás perdiendo mucha sangre.
— Yo estaré bien. Ahora lo que importa son ellos dos. ¡Corre!
Tifa asintió y fue directa hacia el Monte.
— ¡Eh! —la llamó Zack—. Se me olvidaba. Seguramente ya estén en la cueva, si es así no hay de qué preocuparse, pero cómo no lo sé debes ir por un lugar secreto que es por dónde han cogido ellos —le explicó rápidamente cómo llegar—. ¡Espero que llegues a tiempo!
— ¡Lo haré, no te preocupes! —no perdió más tiempo. Fue rápidamente por el lugar que le indicó Zack. Éste se desplomó en el suelo. Tifa quiso ir a ayudarlo, pero debía de darse prisa o Sephiroth...—. Lo siento —le dijo a Zack casi en un susurro.
La pareja por fin llegó a la cueva. Cloud se sentó en una roca a descansar. Aerith se quedó quieta sin saber qué hacer.
— ¿Cómo le irá a Zack? —se sentó en el suelo preocupada. El joven se acercó a ella y la abrazó.
— Seguro que irá todo bien —no estaba muy convencido de ello, pero no sabía que otra cosa decir para animarla.
— Sephiroth es muy fuerte. Nadie es rival para él —se aferró fuertemente al joven—. Tengo miedo de perderte, Cloud —apoyó su cabeza en el pecho de él. El joven la besó. Se quedaron así por un momento.
El sonido de unas pisadas irrumpió en el lugar. Ambos se separaron. Cloud se puso delante de Aerith para protegerla, aunque sabía perfectamente que no iba a hacer gran cosa, pero debía de matarlo a él primero antes que tocarla a ella.
Una sombra se hacía cada vez más grande y más clara. Apareció Sephiroth.
— Con que estabais aquí, ¿eh? —dijo con asco al verlos juntos. Al verles las caras no pudo evitar reír—. ¿Pensabais que no conocía éste lugar? —bufó—. Es muy fácil engañar a Zack y hacerle creer que no lo seguía hasta aquí —se burló.
— ¡¿Qué le has hecho a Zack?! —gritó con rabia la chica vampira. Intentó ir hacia él, pero el humano la detuvo.
— Nada que no se merezca por traidor —escupió.
— ¡No hables así de él! —le advirtió ella—. ¡Él por lo menos no es un cobarde como tú! ¡Me tuviste engañada durante tanto tiempo solo para tenerme cerca de ti!
— Veo que te contó todo, ¿no es cierto? —rió con desgana. Aerith no podía tolerar aquello. Zack había sido muy importante para ella. Había sido su mejor amigo desde que llegó al clan. Siempre la había tratado con respeto y con amabilidad. Ahora sabía el por qué. No se merecía ese final. No él—. Bueno. Acabemos con esto cuánto antes —les apuntó a ambos con su pistola, la cual contenía solo una bala de plata que le había robado a uno de los Cazadores y que mantenía guardada por si en algún momento le hacía falta. Daba igual a quién le diera. El humano moriría en el acto si se le disparaba al corazón. Y ella, siendo una bala de plata, la mataría igualmente.
— ¡No, Sephiroth! —suplicó ella—. Si me quieres a mí, me iré contigo, pero no le hagas daño, por favor.
— Vas a venir conmigo de todas formas. Estés "viva" ó "muerta" —rió.
Tifa llegó a la cueva y avanzó con precaución para no ser vista ni oída. Pero Sephiroth sí se dio cuenta su presencia, pero no se percató de que ella llevaba una pistola igual que la suya. En el momento en el que llegó hasta ellos Sephiroth sonrió y luego habló.
— Bien, éste juego se ha acabado —dicho esto apuntó con su pistola a uno de los dos y le disparó al corazón. El cuerpo cayó al instante.
Se escucharon gritos.
