Enemigo

En la habitación de Shizuru, una ojiazul se encontraba pensativa, sentada en la cama de su acompañante. La puerta abriéndose la saco de su trance.

-Arika...aun estas aquí- comento la castaña, entrando con lentitud.

-¿aún?- inquirió, alzando una ceja -es mi cuarto también, y si, te he estado esperando- continuó, con un tono amenazante -¿se lo has contado verdad? Le has contado toda la verdad…- finalizó sus firmes palabras.

La miro unos segundos, dudosa, para luego asentir.

Al observarla, se levanto bruscamente, caminando hacia ella, quedando frente a frente.

La miraba con enfado. La ojirubi no sabía que decirle, tampoco entendía por que le molestaba tanto su cercanía con Natsuki.

-¿qué problema hay con ello? Te dije que no diría nada, y así será- exclamó, a la defensiva.

Arika sonrió con sarcasmo -ha... ¿acaso estas feliz? Ahora que sabe tu secreto, posiblemente puedas beber su "deliciosa" sangre…deberías alegrarte...vampiro- sentencio, frunciendo su ceño.

Se quedo inmóvil ante su comentario. ¿Vampiro? ¿Realmente le había llamado así? Sabia bien que para ella eso era como un insulto, sin embargo, se atrevió a decírselo, y de la forma mas dolorosa.

La ojiazul se dio cuenta de su cambio repentino y una ola de arrepentimiento la hundió.

La miraba avergonzada y arrepentida por sus palabras. Pero no podía evitar sentirse abatida, el solo saber que su compañera confiaba de igual manera o quizás mas, en otra persona que no sea ella, la devastaba.

Los ojos de Shizuru emanaban mucha tristeza y odio, no hacia su amiga, sino hacia ella misma. Detestaba ser un vampiro, odiaba tener que alimentarse de humanos, odiaba no poder ver ni sentir los cálidos rayos del sol, aborrecía todo su ser, y a pesar de todo...aquella persona que apreciaba con todo su ser...la había insultado de tal forma...

Algo en su interior se desató, provocandole la perdida completa de lucidez.

Una sonrisa irónica comenzó a dibujarse en sus labios –tienes razón Arika, ahora podré beber su sangre, como siempre lo deseé…- soltó, maléficamente, mirándola con seguridad.

Se sorprendió ante tales palabras -¿pero que dices…?- cuestiono, tratando de hacerla reaccionar.

-lo que escuchaste ¿o acaso...te molesta que beba la sangre de otra persona? ¿O será que…te gusta que beba tu sangre…Arika, te encanta sentirte especial, verdad?- continuó sus dolientes frases, mientras se acercaba lentamente hacia ella.

-¡¿p-pero qué dices?! ¡¿Has enloquecido o qué?!- se quejo, retrocediendo.

La ojirubi apareció repentinamente detrás de ella y la acorralo contra la pared, quedando a espaldas de su persona.

Podía sentir en su nuca, su respiración agitada, percibía como se acercaba más y mas a su cuello, soplándolo suavemente.

-no lo niegues...se que te encanta que te posea...

-n-no...- negó, tratando de soltarse, pero la mayor tomo una de sus manos, estampándola encima de su cabeza.

El terror la invadió, la última vez que presencio aquella oscuridad en la joven...fue cuando asesinó a su madre, aquel fatídico día.

-mírate...estas temblando de lo bien que te sientes...- expresó con picardía, acercándose con cautela a su cuello, para luego lamerlo sensualmente -no te preocupes, ahora mismo te haré llegar al cielo- finalizo, clavando de forma violenta sus colmillos en ella.

-¡agh!- ahogo un grito, escondiendo su pesar.

Podía escuchar como succionaba su sangre con hambruna.

-dos veces en un día…no se si pueda soportar esto- pensaba, temiendo por su salud, mientras continuaba con sus inútiles intentos de escapar.

Shizuru al notar aquella reacción, deslizó una de sus manos por su vientre, hasta llegar a sus pechos.

Abrió los ojos, ruborizada, al percatarse de su tacto -s-shizuru...¡ah!- jadeó, al notar como la mayor los acariciaba sin tregua alguna, riendo con malicia, haciendo notar su excitación en su sensibilidad.

Choco los dientes, tratando de ocultar las sensaciones -¡ah…! Shizuru…d-detente…- suplicaba, entre gemidos.

Pero esta hizo caso omiso, sin detenerse. Prosiguió succionando su sangre, y masajeando sus debilidades. Esta ultima comenzaba a ceder ante sus caricias, pero no debía...no era momento de darle el gusto.

Sin embargo, no podía hacerla reaccionar, había perdido el control. La desesperación la inundó. No podía creer que su simpática amiga estuviera haciéndole eso.

Pequeñas lágrimas comenzaron a caer sobre su rostro. La vampiresa abrió sus destellantes ojos al escuchar su sollozo.

Allí fue cuando la vio -es igual que esa vez…cuando asesine a su madre, ella lloraba con intensidad...-pensaba, delirante.

Cuidala...por favor...

Apareció en su mente, la voz de aquella mujer, que le dejó a cargo a su hija.

-reacciona...shizuru- rogó, entre lagrimas, dirigiendo su mirada hacia la suya.

Pestañeó con sorpresa, atemorizada por su propia acción. Se separó de inmediato, limpiando la comisura de sus labios.

Arika por su parte, se encontraba cabizbaja, sosteniendo el lugar donde todavía emanaba sangre.

Sus manos temblaron, sin creer lo que había hecho -l-lo siento Arika, yo…- trato de disculparse, pero su mente no formulaba las palabras correctas.

La pequeña se deslizo hasta caer, ocultando sus lagrimas -no importa, aliméntate todo lo que quieras, de cualquier forma…yo te matare- sentencio, ahora observándola con odio.

Abrió los ojos con fuerza, totalmente angustiada, su corazón se encontraba destruido. No podía seguir allí, escuchando aquellas palabras hirientes.

A paso rápido, salió de la habitación. La atacada, la observo irse, y cerró la puerta del cuarto con fuerza.

-eres una idiota…- hablo para si, cayendo de rodillas de nuevo y emprendiendo su llanto, golpeando con fuerza el piso.

La castaña camino sin rumbo. O al menos eso creía, ya que inconscientemente llego a su escondite, a su despacho.

Entró en el, dirigiéndose hacia la ventana, abriendo las cortinas que usualmente cerraba para evitar la encandilante luz del sol. Vislumbro la luna, ensimismada en sus pensamientos.

Cada día perdía el control con mas frecuencia, tenia que admitirlo. Todo lo que contuvo esa misma noche que hablo con Natsuki, lo desquito con con Arika. Chocó sus colmillos, llevando la frente al helado cristal.

-Arika...perdóname...

-no creo que nuestra pequeña compañera te disculpe tan fácilmente...- escuchó la voz de aquella persona, que menos quería ver en aquel momento.

Se volteó con lentitud para encontrarse con el conde, sentado cómodamente en su mesa.

-¿Qué tal Shizuru, hermosa noche no crees?- hablo, sonriéndose con malicia.

La castaña lo miro con desdén -Reito… ¿Qué haces aquí a estas horas?- inquirió, caminando hacia el.

Se quedo parada frente a el, mientras esperaba una respuesta.

-la verdad es que...provenía mucho olor a sangre de tu habitación...últimamente pierdes el control muy rápido princesa ¿sabes por qué es, no? Necesitas alimentarte más de... "otras personas" ¿entiendes?- expresó, sin quitar su seguro semblante.

Aquel muchacho había cambiado mucho en esos últimos años. Siempre supo que era un asesino a sangre fría, pero últimamente intuía que su cordura no se encontraba en el lugar adecuado.

-¿sabías que vendría aquí? y ahora me estas dando un sermón...- contestó, desafiante pero sin desaparecer su falso semblante.

-por supuesto que si, después de todo…- comenzó a decir, mientras tomaba su cintura y la acercaba hacia él -yo te cree, se todo lo que piensas...lo que sientes...lo que...anhelas...- finalizo, sonriendo con maldad, rozando sus labios contra los suyos.

La ojirubi no se movió de su lado, solo atino a bajar la cabeza, resignada, mientras elevaba sus brazos y los pasaba alrededor de su cuello.

Reito sonrió, complacido -parece que ya sabes que hacer, a pesar de todo...hoy has tenido un banquete, y yo sigo hambriento- le susurro en el oído -así que…itadakimasu

Sin aviso alguno, clavó sus colmillos en ella, comenzando a succionar su sangre de forma desaforada.

La castaña cerro los ojos, impasible.

Reito…maestro…padre…te detesto, tú me convertiste en lo que soy...y a pesar de todo...no puedo hacer nada contra ti...

Pensó con rencor, ascendiendo su vista, perdiéndose en el oscuro techo.

En la habitación de Natsuki, esta no podía parar de pensar en lo que le confesó su amiga. Era un vampiro, irreal...pero cierto, de alguna forma le fascinaba. Sin embargo, su mente no se encontraba tan atenta de aquel no tan pequeño detalle, si no más bien...en sus sentimientos...no los entendía, quería verla, la necesitaba... ¿pero...por qué?

Se levanto de su cama, resignada. Definitivamente esa noche no dormiría. Salio de la habitación, con intenciones de dirigirse al jardín de la escuela, era el único lugar que lograba calmar su corazón.

Continuó su camino, suspirando por doquier. De repente, se detuvo en seco al escuchar unos pequeños sonidos que emanaban del despacho de la Kaicho.

Trago saliva con fuerza -¿será Shizuru?

El joven seguía bebiendo la sangre de la castaña, esta solo se limitaba a mirar a la nada misma. Sus ojos se encontraban perdidos en miles de pensamientos. Hasta que el sonido de la puerta abriéndose con lentitud, la desconecto de su mundo.

Volteo con lentitud hacia esta y se encontró con la persona de sus pensamientos, Natsuki.

Esta observaba la escena, paralizada. La castaña solo se limitaba a verla mas petrificada que ella -natsuki…- susurro su nombre.

Levanto un brazo en dirección a ella, como si quisiera alcanzarla.

Pero esta, la miro furiosa, dando media vuelta y saliendo corriendo de allí.

Cerró fuertemente los ojos, no quería que él la viese llorar. No le estaba permitido demostrar debilidad, ante aquel hombre.

Natsuki...

La nombro en sus pensamientos, sin poder evitar que su dolor resbalase por su rostro.

Después de unos largos segundos, Reito se separo de su cuello, observándola con satisfacción.

-¿tanto me odias?- cuestionó, aun sonriente, relamiendo sus comisuras y penetrando sus oscuros ojos en los rencorosos de la joven.

-sí, te has convertido en alguien detestable...tu me convertiste en lo que soy...por razones egoístas...- sentenció, soltando su agarre.

Rió ante sus palabras -pero si lo hice porque estabas muriendo, deberías agradecérmelo…ya que si no fuera por mi estarías muerta, y además…

-¿además…?- repitió, perdiendo los estribos.

Se acerco lentamente a su oído y murmuró -si ya no estuvieses aqui...nunca abrías conocido a kuga natsuki

Abrió los ojos de par en par al entender sus intenciones -¿la viste…recién?- pregunto, con temor.

-no la vi, la olí. Tiene un aroma muy especial y delicioso, ahora entiendo porque no puedes soportar estar con esa mujer sin perder la cordura- continuó, tranquilamente -quizás, esa chica es un problema…

La castaña se separo inmediatamente de el, y en un rápido movimiento lo agarro del cuello con fuerza. Su mirada se torno lúgubre y decidida.

Este sonrió, con sarcasmo -¿quieres matarme? Sabes bien que no puedes…soy tu creador... - explico, manteniendo su compostura.

-¿que quieres con natsuki?- prosiguió, aferrando el agarre.

El joven la miro, desafiante -solo te recomiendo, que la cuides bien- contesto, perversamente.

Shizuru clavo sus garras en el, causando que gimiera un poco de dolor, mientras lo observaba con aquellos ojos rojos, furiosos.

-si le haces algo, te mataré- lo amenazo.

Al decir esto, el joven volvió a reír, y se libro rápidamente de su mano.

Se dirigió con lentitud a la puerta del despacho, con intenciones de irse, pero antes de salir, se giro, dedicándole una profunda mirada, que la desconcertó por completo.

-tú eres solo mía, shizuru, no dejare que nadie te toque, que te quede claro- murmuró, para luego desaparecer.

La castaña quedo sola en aquel lugar. Observando el lugar donde había desaparecido. Lo único en lo que podía pensar era en el bienestar de su amada.

Lo sabia...lo mejor para ella...es que yo...y él...desaparezcamos...

Natsuki ya se encontraba en su cuarto, no podía creer lo que había visto. El vicepresidente también era un vampiro…y bebía la sangre de otro vampiro…

Golpeó con fuerza la pared, llena de impotencia -¿por qué shizuru…por qué dejaste que bebiese tu sangre?... ¡¿el es tan importante para ti?!...- exclamo para si. Su alma se encontraba desgarrada, demasiado para su gusto.

En las afueras de su cuarto, la ojirubi se encontraba frente a la puerta de ella. No sabia ni por que estaba allí.

¿Qué puedo hacer...a que he venido?¿ A darle explicaciones? ¿A pedirle perdón? realmente no lo sé…lo único seguro...es que su seguridad peligra a mi lado...

Sin saber que hacer, dio media vuelta y volvió a su habitación.

-esto ya es demasiado…solo lastimo a las personas que mas amo, Arika…Natsuki…ahora ya no puedo contar con ninguna de las dos…- se decía, tomando su frente con desesperación.

Se recostó en su cama, girándose, quedando apoyada en su codo, observando a la pequeña que dormía en la otra cama.

-Debe estar muy cansada, hoy me he excedido con ella…demasiado...no entiendo por que últimamente no puedo controlar mi sed de sangre, incluso mi cordura…- pensó, insultándose internamente.

Al tratar de buscar una respuesta, un comentario que Reito le hizo en el pasado, apareció en su memoria.

"Hasta que no bebas la sangre de la persona que amas, nunca estarás satisfecha y poco a poco perderás el control"

Sonrió para sí, desganada.

Entonces es un hecho, pronto enloqueceré...no sería capaz de beber la sangre de Natsuki...no quiero lastimarla...

La ojirubi se volteó para otro lado, con intenciones de dormirse.

-lo único que puedo hacer ahora, es protegerlas, ya que él no dejara pasar esto…- susurró para sí, para luego quedar profundamente dormida, pronto amanecería y no le convenía quedarse despierta.


Capitulo 6 entregado! ahora si me retiro, mañana quizas siga renovando los siguientes, sino en el lapso de la semana será.

Gracias por leer!

Saludos!