CAPITULO 6 El despertar
Estaba rodeada de una densa niebla. Moviendo sus brazos intentó dispersarla para ver un poco más allá, pero sin resultado. La niebla era tan densa que temía que la tragase por completo. Abrió la boca para gritar pero esta se llenó de agua ahogándola. Al darse cuenta que estaba bajo el agua movió las piernas y los brazos para salir a la superficie donde podía oír los rugidos de un animal. Sin embargo el líquido era tan espeso que le costaba moverse. Desesperada sintió como se le cerraban los ojos. Con un último intento elevó la mano pidiendo ayuda pero antes de que esta llegara sus ojos se cerraron. Asustada se irguió de repente jadeando con fuerza intentando atrapar el aire en los doloridos pulmones. Su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho y pequeñas gotas de sudor se formaron en su frente.
-Era solo un sueño. – se dijo.
Mirando alrededor se dio cuenta que estaba en una habitación de hospital. Miró hacia abajo. No llevaba nada aparte de las bragas y las vendas que le cubrían las heridas junto con su pecho. Intentó recordar cómo había llegado hasta aquí pero en vano. Lo último que recordaba era la lucha. Si. Estaba luchando con Kakuzu. Se acordaba que le había matado, pero a partir de entonces todo era borroso. Volvió a apoyar la cabeza contra las almohadas y cerró los ojos. Y entonces lo oyó. El rugido de su sueño. Levantándose de golpe se acercó a la ventana.
-¿Pero qué..? – empezó a decir. – Imposible.
Intentó concentrarse todo lo que pudo pero no podía sentir nada dentro de ella a parte de un enorme dolor de cabeza que le provocó el esfuerzo. Apretando sus sienes maldijo en voz baja. Miró alrededor de la habitación y vio sus ropas. Sin perder el tiempo se las puso con tanta rapidez con la que le permitió su dolorido cuerpo y saltó por la ventana. Pudo ver como más y más ninjas se dirigían hacia la montaña donde docenas de ninjas intentaban mantener quieto al bijú. Siguió el camino que habían tomado hasta que llegó a la montaña. Se paró un rato apoyándose sobre el árbol para tomar aliento. Maldición. No recordaba la última vez que se sentía tan débil. Aspirando con fuerza se dirigió hacia donde estaba su amigo. Uno de los ninjas la cogió de la mano.
-¿A dónde vas? Es peligroso. Será mejor que vuelvas con tu familia y que os vayáis al refugio. - ella le miró con una ceja levantada.
-Por quien me tomas. – le dijo liberándose de su agarre con un movimiento de su mano.
Ignorándolo se fue a parar directamente delante del bijú. Todos la miraron estupefactos y empezaron a gritar que se alejase de allí. Haciendo caso omiso a los gritos se acercó incluso más a la bestia. Ésta bajó sus tres enormes cabezas hacia ella y empezó a gruñir.
-Soltadlo. – les dijo a los ninjas que la miraron estupefactos.
-¿Estás loca? ¡Nos matara a todos si lo hacemos! – Reira se mordió el pulgar hasta que salió sangre y con un movimiento de su mano las gotitas de sangre salieron disparadas hacia las cadenas que se disolvieron ante el contacto como si fuera un ácido.
Los ninjas la miraron estupefactos y empezaron a gritar órdenes para poder aprisionar a la bestia otra vez. Varios de ellos fueron a por ella pero antes de que pudiesen alcanzarla la bestia la atacó. Sin inmutarse Reira saltó a la cabeza del bijú y evadió todos los ataques.
-¡¿Cómo pudiste hacerlo? – gritó enfadada saltando a diferentes partes de su cuerpo para evitar que la dañase. – ¡¿Cómo pudiste romper el sello? ¡Maldición! ¡Sabías lo que significaba, joder! – le gritaba con la furia ardiendo. Los ninjas la miraban estupefactos. ¿Cómo era posible? La chica se movía con tanta rapidez que era capaz de esquivar todos sus ataques.
-¡¿Quieres parar de una vez? ¡Sé que sabes que estoy aquí! ¡Así que deja de jugar! – le gritó enfadada tirando de una de sus orejas. Nibi aulló en fingido dolor y la atrapó con una de sus patas. Los ninjas dieron un respingo preocupados por la chica. Sin embargo sus caras se volvieron de incredulidad cuando se dieron cuenta de que la chica intentaba zafarse del agarre de la bestia maldiciéndola.
-Suéltame de una vez, Nibi. No estoy de humor para jugar contigo. – le dijo muy seria. Al instante la bestia la soltó dejándolos a todos con la boca abierta. – Te juro que te castigaré un mes por esto. – la bestia hizo un sonido de lloriqueo.
-Sé que no me harías eso. Me quieres demasiado. – le dijo tumbándose en el suelo como si nada hubiese pasado dejándolos a todos estupefactos. Ignorándolos a todos Reira continuó con su conversación.
-Como si no lo hubiera hecho antes. Ahora quiero que me expliques que es lo que pasó. – Nibi volvió las tres cabezas en un intento de no tener que mirarla a los ojos.
-Por dios. – dijo Reira con fastidio. – Culpabilidad. ¿Qué es lo que has hecho Nibi? – le preguntó sintiendo el pánico crecer dentro de ella.
-Que hemos hecho, querrás preguntar. ¿No soy el único culpable, sabes? – intentó defenderse.
-¿Quiénes? – le preguntó entre dientes.
-Como si tuvieras que preguntar. – le dijo enfadado. – Pues claro que tu estúpido novio.
-¿Tai estaba conmigo? – le preguntó estupefacta. No se acordaba de esa parte.
-Llegó demasiado tarde. Te moriste. Pero aun estábamos a tiempo para romper el sello y traerte aquí. – volvió la cabeza otra vez para no mirarla.
-¿Que no me estás diciendo? – le pregunto sabiendo que algo faltaba. Él la ignoró. – Nibi, si no me dices la parte que falta te castigaré durante dos meses. – le amenazó. Pudo ver como apretaba los dientes. – Tres meses. – dijo al ver que no decía nada.
-¡Maldición! Te lo diré. Te convertí en vampiro. – le susurró para que solo ella pudiera oírlo, mirando hacia abajo.
-¡¿Que hiciste qué? – le gritó. – ¡Joder! ¿De quién? – le preguntó sabiendo que sabía a qué se refería.
-De tu novio. De quien te crees. Mi sangre te mataría.
-¿Quieres decir que le hiciste romper el sello e hiciste que bebiera su sangre?
-No es como si le obligara. – se defendió.
-¿Qué hiciste después? – le preguntó con una ceja arqueada.
-Le pregunté por un médico y él me recordó sobre Tsunade, así que te traje aquí. – intentando mantener la calma le preguntó la pregunta vital.
-¿Y dónde está Tai? – aparentaba calma aunque por dentro estaba a punto de explotar.
-Lo deje ahí. – lo dijo tan calmadamente que la hizo querer poder estrangularlo. No lo hizo pero no pudo evitar levantar las manos imaginándolas alrededor de su cuello.
-¿¡Quieres decir que lo dejaste tirado en el bosque al lado de dos cadáveres, cansado y drenado de chakra por romper el sello y casi sin sangre? – preguntó apretando los dientes. Vio la respuesta en sus ojos.
-No puedes esperar que me lleve bien con él. – respondió indignado.
-Oh, sí que puedo. Mira como lo hago. Ahora mismo vas a ir a buscarlo y quedarse con él hasta que se recupere. ¿Me has entendido? – le dijo con tono serio.
-No voy a ir y dejarte sola. Además sabes que Akatsuki está detrás de mí. ¿No tienes miedo que puedan llevarme? – le preguntó haciéndole ojitos. Reira los ignoró.
-Nunca dije que tuvieras que ir todo tú. Sabes tan bien como yo que puedes enviar una pequeña parte de tu cuerpo. Un pequeño y adorable gatito. – le dijo sonriendo maliciosamente. – Ahora amablemente separarás esta pequeña parte tuya y la enviarás con él. Quiero que lo cuides hasta que se recupere y si no lo haces te castigare un año e iré yo sola a buscarlo. ¿Entendido? – le preguntó sabiendo lo mucho que odiaba los castigos.
No le gustaba hacerlo pero si no había otra opción no tenía más remedio que asustarlo un poco. Nibi odiaba estar sometido. Desde que Reira aprendió a utilizar su sharingan pudo ponerlo bajo un genjutsu donde vivía en un pacifico bosque en vez de la jaula que era su cuerpo mientras estaba sellado dentro de ella. Pero a veces cuando se peleaban y quería molestarlo liberaba el genjutsu y Nibi volvía a la aburrida y oscura jaula.
-Te odio por eso. – le dijo mientras una parte de su chakra salía de su boca y formaba un pequeño gato con alas en la espalda.
-Sé que me quieres. – le dijo acariciando detrás de las orejas al pequeño gato que ahora ronroneaba y se arqueaba ante su contacto como cualquier otro gato. Aunque este era del tamaño de un tigre. – ¿Tai estaba herido? – le preguntó de repente.
-Aparte de la mordida del cuello, no. ¿Por qué? – suspirando se levantó en el momento exacto que aparecía Tsunade.
-¿¡Que haces aquí fuera? Aun deberías estar descansando. Ya hace rato que tengo a todo el personal del hospital buscándote por todos lados. – le dijo Tsunade enfadada pero a la vez aliviada de saber que estaba bien.
-Lo siento. No quería traer problemas. Volveré al hospital en cuanto acabe aquí. – se volvió hacia Nibi e intentó hacer unos sellos. Su cabeza empezó a dar vueltas e inmediatamente separó las manos. – ¡Maldición!
-Tsk. Mi chakra esta inestable. No puedo hacer ningún jutsu. – murmuró por lo bajo. Se volvió hacia Tsunade y antes de que pudiera reaccionar sacó un kunai de su funda y se cortó el antebrazo. Siseando ante el dolor dejó que la sangre fluyera hasta el suelo donde pocos segundos después se paró una réplica exacta de ella. Todos alrededor la miraron estupefactos y empezaron a murmurar entre ellos.
-Sé que no sería buena idea dejarlos a los dos solos, por eso mi clon irá contigo. – miró a Nibi amenazadoramente. – ¿No quiero ningún incidente, entiendes? Y estaría bien si me dejases un poco de chakra para que pueda curarle la herida.
-Si, si ya entendí. – le respondió malhumorado.
-¿Alguien está herido? ¿Quieres que envíe a uno de los médicos que vaya contigo? – la preguntó Tsunade.
-No sería una buena idea. Sé que a él no le gustaría. – se volvió hacia la réplica pequeña de Nibi. – Llévala lo más rápido posible, ¿vale? – le dijo sonriendo y volvió a acariciarlo detrás de la oreja. – Tú sabes lo que quiero que le digas. – le dijo a su clon. Sonriendo esta asintió.
-Puedes estar segura de que se lo haré saber. – Subiéndose a la espalda del gato los dos se alejaron volando. En cuestión de segundos desaparecieron de su vista.
-Conmigo nunca eres tan amable. – la criticó Nibi haciendo un mohín. Reira se rió.
-Ven aquí. – le dijo haciendo una seña. Este bajó la cabeza hasta su nivel y ella lo abrazó tanto como pudo. – Gracias por estar conmigo y salvarme la vida. – le dijo de corazón.
-Diría que siempre que quieras, pero no quiero verte morir otra vez así que hazte a la idea. – le dijo serio.
-Espero que no volverá a ocurrir. – le respondió.
-Reira, necesito que vuelvas al hospital. Tu cuerpo aun esta débil y tu estado empeorara si te quedas aquí. – la reprendió Tsunade.
-Lo sé. Pero no creo que pueda llegar ahí yo sola. Ahora mismo estoy de pie por pura fuerza de voluntad. – admitió a regañadientes. Suspirando Tsunade se acercó a ella y la dejó apoyarse sobre sí misma.
-Vosotros. – dijo mirando a los ninjas congregados que aun miraban a Reira con estupefacción. – Ya todo está bajo control. Podéis volver a vuestras actividades y misiones.
-¡Sí! – gritaron al unísono y se dispersaron murmurando entre ellos. Tsunade miró a Reira.
-Te llevare personalmente para asegurarme que no vuelvas a salir sin mi consentimiento. – Reira no dijo nada y le dejó llevarla de vuelta a la cama.
Estaba exhausta y le dolía todo el cuerpo. No planeaba salir de la cama hasta descansar adecuadamente. A mitad de camino se desmayó y Tsunade no tuvo más remedio que llevarla al hospital lo más rápido posible para asegurarse que no le ocurría nada grave. Al llegar a su habitación la tumbó en la cama y comprobó su estado. Tenía un poco de fiebre pero aparte de eso no le pasaba nada malo. Poniéndole una inyección para disminuir la fiebre se fue a buscar a alguien que tuviera tiempo libre para echarle un ojo a la chica. No quería dejarla sola por miedo a que vuelva a salir sin su consentimiento, pero por otra parte también estaba preocupada por si alguien de los Akatsuki intentara atacarla ahora que estaba débil. Por suerte en el camino a su despacho se encontró con Neji. Lo llamó en cuanto lo vio.
-Neji, tengo una misión para ti. – la noticia no pareció agradarle y se vio un poco de renuncia en sus ojos.
-¿Qué misión? – preguntó al final. Al fin y al cabo no podía rechazar una misión de la hokage.
-Quiero que vigiles a Reira. Quédate en su habitación hasta que se despierte de nuevo. No quiero que salga a ningún lado antes de que la vea. Cuando recobre la conciencia házselo saber a una de las enfermeras. Ellas me avisaran inmediatamente. No quiero que la dejes sin vigilancia ni por un segundo. ¿Entendido? – el aludido asintió sin protestar y se dirigió al hospital a la carrera.
-¿Qué es lo que les pasa a todos? – se preguntó Tsunade extrañada. Al final se encogió de hombros y se fue a tomar su bien merecido descanso.
Reira abrió los ojos de repente al sentir dos presencias en su habitación. Una le era desconocida pero la otra le era muy familiar. Esperó un rato hasta que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. El corazón aun le latía desbocado por la pesadilla que tuvo y su cuerpo aun temblaba pero no pudo evitar sonreír ante lo que vio.
-Hola. – le dijo sonriendo. Itachi se acercó y se sentó en su cama tomando su mano en la suya.
-¿Cómo estás? – la preguntó preocupado.
-He estado mejor. Pero sobreviviré. – bromeó.
-No te lo tomes tan a la ligera. – le dijo con tono serio. – Estabas muerta durante un rato. Si no fuera porque Nibi aun conservaba algo de fuerza habríais muerto los dos.
-Lo sé. Siento haberos preocupado.
-Pero aun tengo que decirte que estoy sorprendido. No pensé que pudieras contra dos inmortales tú sola. – ella sonrió tristemente.
-Los subestimé. No presté suficiente atención a sus movimientos. Si me hubiese fijado un poco mas antes de pensar en la victoria mis heridas no hubiesen sido tan graves. – de repente se acordó de algo. – Hay alguien más aquí. – dijo mirando alrededor de la habitación.
-Había un ninja vigilándote. Le puse a dormir antes de que pudiese darse cuenta de quién era. – dijo tranquilizándola. – ¿Cómo te sientes? Sé que tuviste otra vez la pesadilla. Estuve aquí bastante rato. – ella evitó mirarle a los ojos.
-No era la pesadilla completa. – empezó a decir. Itachi era la única persona con la que podía hablar del pasado pero aun así se sentía avergonzada. – Estaba reviviendo el momento del despertar. – susurró y se miró las manos que estaban limpias de sangre al contrario que en la pesadilla. – Vi otra vez los rostros de los hombres que maté y... – le faltaron palabras. Itachi le apretó la mano para darle algo de consuelo.
-Lo hiciste para defenderte. No has hecho nada malo. – ella negó con la cabeza al sentir como lagrimas llenaban sus ojos.
-Aun recuerdo los gritos de sus mujeres, de sus familias cuando encontraron los cuerpos. Lo peor es ver la cara de sus hijos cuando paso por las calles de la villa y el saber que fui yo quien les quitó a sus padres. No eran criminales como los que me toca matar en misiones. Eran ninjas que protegían a la aldea.
-Ninjas que abusaban de los más débiles. En mi libro no son diferentes de los criminales a los que matan. – dejando escapar un suspiro cansado apoyó la cabeza en su brazo.
-Gracias. Ahora me siento un poco mejor. – Itachi le acarició el cabello con una mano.
-Te traje un cambio de ropa. Sé que no te gusta llevar la misma ropa demasiado tiempo. – sonriendo le plató un beso en la mejilla. Itachi suspiró queriendo quedarse más tiempo con ella pero sabía que no pasaría mucho antes de que los ANBU encontrasen el agujero que había hecho en la barrera para poder ver a Reira.
-Tienes que irte. – dijo Reira descifrando sus pensamientos otra vez. Él sonrió y se levantó. Le acarició la mejilla con la mano y le plantó un beso en la frente.
-Pronto volveré a verte. Intenta no meterte en problemas mientras tanto. ¿Está bien? – ella se rió.
-¿Yo? ¿Lejos de problemas? ¿Estás de broma? – se burló. Itachi suspiró.
-A quien intento engañar. En tu caso es imposible. Debí haberme dado cuenta en el momento en que nos conocimos. Solo Dios sabe porque me volví tu amigo aun sabiéndolo.
-Muy gracioso. – le dijo y Itachi se puso serio de repente.
-Algo muy grande se está cociendo. Creo que Madara pronto atacará. Ten mucho cuidado y no te quedes sola. Intenta ir acompañada a cualquier sitio que vayas. – le advirtió. Reira también se puso seria.
-¿Crees que atacará Konoha?
-No lo sé. Esperemos que no. Mientras tanto descansa todo lo que puedas e intenta recuperarte lo más rápido posible. Tengo el presentimiento de que pronto tendremos que participar en una batalla. – Reira asintió.
-¿Cuando volveré a verte? – le preguntó ya sintiéndose sola sin él.
-Te avisare cuando tenga algo de tiempo libre. – Reira asintió. Un segundo más tarde Itachi desapareció en una nube de humo. Suspirando se recostó de vuelta sobre las almohadas.
-Una guerra, eh? – susurró a nadie en particular. Cerrando los ojos decidió que necesitaba un buen descanso.
Neji abrió los ojos cuando sintió que Reira volvió a dormirse. Aun no podía salir de su asombro. Los dos pensaban que estaba dormido pero Neji era muy hábil recobrándose de los genjutsu. Iba a atacar en cuanto se liberó de la ilusión lo que le llevó un buen rato, pero su cuerpo se paralizó al oírlos hablar. Al parecer Reira conocía al intruso y a los pocos minutos Neji se dio cuenta de quién era. Hubo algunas ocasiones en las que se toparon con Itachi y después de oírlo hablar supo que era su voz. ¿Pero qué hacia Reira hablando con él? Además de que parecían amistosos el uno con el otro, encima confirmándolo con palabras.
¿Como en el mundo acabó Reira siendo la amiga de Itachi Uchiha? ¿Del asesino de todo su clan y miembro de la organización de Akatsuki que iba detrás de ella y la bestia que tenia sellada dentro? No podía salir de su asombro.
Acercándose a la ventana miró hacia la oscura noche. Aun recordaba el rostro inocente de la niña que conoció hacia tantos años. Había ido con algunos de los miembros del clan Hyuuga a ver a un señor feudal de otro país. Aburrido de las continuas reuniones se quedó en el bosque practicando con los kunais y shurikens cuando vio a una niña mirarlo desde las sombras. Era la primera vez que veía a una chica tan linda como ella.
En cuanto se dio cuenta que la había visto se fue corriendo con miedo grabado en las facciones. La atrapó un poco después y empezaron a hablar. Al principio estaba asustada y renuente a hablar pero al rato los dos charlaban animadamente. Intentó enseñarle a tirar los kunais pero sin importar el esfuerzo que le ponía no podía acertar ninguna diana sin mencionar que ni siquiera llegaban hasta el árbol donde estaba su objetivo. No podía creer que la dulce niña de aquel entonces tenía sellada dentro de sí una de las bestias bijú. Menos aun que era una ninja que había luchado ella sola con dos miembros de Akatsuki consiguiendo matarlos a ambos. Tenía tantas dudas y ninguna respuesta. Se sentó de vuelta en el sillón en el rincón de la habitación y decidió que averiguaría las cosas poco a poco.
Los calientes rayos de sol acariciaron el rostro re Reira que se estiró en la cama de hospital. Se sentía mucho mejor que el día anterior y su ánimo estaba un poco mejor después de ver a Itachi la noche anterior. Se levantó de la cama y empezó a cambiarse de ropa cuando se dio cuenta del par de ojos que la estaba observando.
-¿Quieres hacer el favor de volver la vista hacia el otro lado? – preguntó airada al ninja que la vigilaba sin molestarse siquiera en mirarle.
Al sentir que su mirada la dejaba se cambio de ropa con rapidez. Sonrió al ver lo que había escogido Itachi. Un top que la cubría hasta el cuello dejando solo los brazos al descubierto y una de sus faldas que era corta por delante y larga por detrás. Quiso reír ante su audacia. Quería mantenerla lo más tapada que pudiera. Poniéndose de vuelta sus guantes sin dedos se volvió hacia el ninja que la vigilaba y se quedó boquiabierta.
-¿Neji? – preguntó estupefacta dejando a Neji igualmente sorprendido. No esperaba que se acordase de él. – ¿Qué haces tú aquí? – le preguntó sin esconder el asombro de su voz.
-No me esperaba que te acordases de mí. – admitió sorprendido.
-Lo mismo te digo. – le dijo sonriendo. – Vaya, cuánto tiempo. Han pasado más de diez años, creo.
-Once para ser exactos. – la corrigió.
-Vaya. – volvió a repetir. – ¿Y? ¿Cómo te va? ¿Qué es lo que haces aquí? No me digas que Tsunade te puso de niñera. – él sonrió.
-No me quejo. Al fin y al cabo realizar misiones es el deber de los ninjas. Parece que sabes a que me refiero. – le dijo señalando su protector atado a la muñeca. Reira suspiró con fastidio.
-Por desgracia. Supongo que Tsunade quiere revisar mi estado. A mí por otro lado no me gusta quedarme sentada sin hacer nada y menos aun en un hospital así que sígueme. Vamos a ver a la buena médica para que pueda ver que estoy bien y para que pueda salir sin que nadie me persiga. – Neji se vio renuente pero la siguió. Llegaron a la torre del Hokage en silencio. Neji la guió hasta el despecho de Tsunade y golpeó la puerta dos veces.
-Adelante. – se oyó del otro lado de la puerta.
Reira dio dos pasos hacia dentro solo para quedarse parada en el sitio al ver la alta figura delante de escritorio de Tsunade. Recobrándose rápidamente de la sorpresa se aclaró la garganta haciendo que el ninja se diese la vuelta. Evitando mirarle a la cara para no mostrar signo alguno de reconocimiento se dirigió directamente a Tsunade.
-Vine para la inspección. No quiero quedarme todo el tiempo en el hospital. Me moriría de aburrimiento. Así que vine para que veas que estoy bien y me des el permiso para salir. – suspirando Tsunade se levantó.
-Siéntate. – le dijo señalando la silla al lado del escritorio. De mala gana se sentó en la silla. Tsunade hizo un par de sellos y empezó a pasar sus manos sobre su cuerpo apenas tocándolo. Hizo una mueca y volvió a sentarse detrás del escritorio.
-Tengo dos noticias. Una buena, otra mala. ¿Con cuál quieres que empiece?
-Me gustaría que el día fuese mejorando, así que con la mala. – dijo Reira rindiéndose.
-Tu cuerpo aun no ha recobrado el control de tu chakra. No podrás hacer sellos durante un par de días.
-Eso ya lo sabía sin que me lo dijeras. ¿Y la buena? – pudo ver que Tsunade no se esperaba esa respuesta.
-Puedes salir, pero no te esfuerces demasiado. Cuanto más descanses más rápido te recuperarás.
-Bien. – dijo Reira levantándose y se dirigió hacia la puerta.
-Espera. – la llamó Tsunade. – ¿Dónde aprendiste jutsus médicos? – la preguntó picada por curiosidad. Reira sonrió maliciosamente.
-Muchos libros y muchas prácticas. – y sin más salió del despacho seguida por Neji que rápidamente se disculpó y la siguió.
-Quiero que la vigiles junto con Neji. – dijo Tsunade a Sasuke, acabando la conversación. – Puede que Akatsuki quiera aprovechar la oportunidad ahora que está débil y vulnerable. – asintiendo Sasuke desapareció sin dejar rastro.
Reira y Neji estaban paseando por las calles de la ciudad. De vez en cuando Reira le hacía preguntas sobre algunos lugares a las que Neji respondía con toda normalidad, como si aun fueran viejos amigos. Los dos intentaban ignorar las miradas furtivas de algunos aldeanos como también de los ninjas que estaban presentes ayer durante su confrontación con Nibi. Al cabo de unos minutos Reira se paró y suspiró audiblemente.
-¿Quieres dejar de seguirnos tan obviamente? ¿Por qué no te nos unes y haces tu trabajo como dios manda? Sé que Tsunade te envía a vigilarme y no me molesta así que deja de ponerme de los nervios y muéstrate. – Neji la miró con asombro. ¿De qué estaba hablando? Nadie les seguía. O eso pensó hasta que Sasuke apareció unos pasos detrás de ellos. ¿Cómo es que no se había dado cuenta antes?
-No esperaba que fueras tan buena con los genjutsu. – le dijo Sasuke volviendo sus ojos escarlatas a la normalidad.
-Necesitas algo más que eso para engañarme. – le respondió con total naturalidad y volvió a caminar.
Sasuke se encogió de hombros y la siguió junto con Neji, dejando que fuera dos pasos por delante de ellos. Los dos chicos se miraron el uno al otro confirmando sus sospechas con tan solo las miradas. No debían de subestimarla. Reira estaba llena de sorpresas.
Reira no les prestó atención a los chicos. Iba con la cabeza llena de sus propios pensamientos. Inconscientemente tomó el camino que guiaba hacia la colina de los hokages lejos de la urbanización y de la gente. No le gustaba convertirse en el centro de atención y las miradas de la gente empezaban a ponerla nerviosa. Pensar que incluso fuera de su villa era tratada como algo antinatural.
Un sollozo llegó a sus oídos y se paró de repente sobresaltando a los dos ninjas que inmediatamente tomaron posiciones, preparados para la batalla. Reira levantó la mano en señal de silencio. Con sigilo giró la esquina y lo que vio hizo que la sangre le hirviera de pura rabia. Odiaba a los que abusaban de los más débiles por encima de todo. Apretó los dientes al ver la escena.
Tres chicos de unos doce o trece años molestaban a una chica que probablemente tenía su misma edad. La niña estaba acurrucada, sollozando en el suelo mientras que los chicos la pateaban y tiraban de su corto pelo del color del fuego. Neji hizo un ademán de pararlos pero Reira le paró poniéndole una mano en el pecho.
-¿Sasuke? – preguntó entre dientes. Quería ocuparse de ellos ella misma. – ¿Me harías un favor?
-Depende del favor. – le dijo poniéndose serio y al darse cuenta de que sabía su nombre.
-Solo quiero que me prestes un poco de tu fuerza. – dijo inocentemente. Sasuke dudaba mucho que fuera "solo prestar su fuerza" pero confiaba en que no haría nada estúpido.
-Lo que sea. – dijo intentando parecer indiferente. Asintiendo Reira dio dos pasos hacia delante. Se mordió el pulgar hasta que le salió sangre e empezó a dibujar unos símbolos extraños en su otra mano.
-Recuerda que no puedes hacer ningún sello. Y no les hagas daño. – la advirtió Neji.
-Lo sé. – dijo entre dientes. – Sasuke. Dame tu mano.
-¿Qué? – la preguntó sin entender.
-¿Estás sordo o qué? Dije que me dieras tu mano.
Sasuke la miró estrechando sus ojos sobre ella por el tono con el que le hablaba. Ella ignoró la mano izquierda que le estaba pasando y suspirando le tomó de la mano derecha. En el instante en el que sus dedos se entrelazaron sintió un extraño calor recorrer su cuerpo. Al principio se sintió muy poderoso pero la sensación desapareció tan pronto como vino sustituyéndola por un extremo cansancio.
-¿Pero qué ..? – empezó a decir pero fue interrumpido al ver que Reira levantaba su mano derecha y hacia un único sello. Seguidamente apoyó la mano en el suelo.
-¡Kuchiyose no Jutsu! – gritó y pudo oír la furia de su voz. Al instante una nube de humo explotó alrededor de ellos. Al aclararse Sasuke y Neji se quedaron boquiabiertos.
-Increíble. – murmuró Neji impresionado. Había realizado el jutsu de invocación sin hacer sellos. Era casi imposible. Solo los mejores de los mejores podían hacer eso. Miró alrededor a la docena de pequeñas serpientes que los rodeaban. La más grande de ellas se paró delante de Reira y le siseó.
-Espero que sepas manejarlas. – le dijo Neji escéptico. No le gustaban las serpientes. Demasiado repulsivas para su gusto. Reira no le respondió en cambio le siseó de vuelta. Los dos la miraron estupefactos otra vez.
-A tus órdenes, ama. – respondió la serpiente en el lenguaje normal alargando las "s" en cada palabra y haciendo una pequeña reverencia.
Segundos más tarde las serpientes atacaron a los niños. Neji iba a protestar pero se dio cuenta de que no les hacían verdadero daño. Solo los rodearon y les siseaban. Reira se acercó con lentitud. Los niños pataleaban y gritaban intentando alejarse de las serpientes. La más grande de ellas se aovilló alrededor de la niña y les siseó abriendo su boca mostrándoles sus incisivos. Reira se paró al lado de ellos y estos empezaron a pedirle ayuda hasta que vieron que algunas de las serpientes se aovillaban a su alrededor y que seguían siseando solo en su dirección. Reira les miró estrechando sus ojos sobre ellos.
-Si vuelvo a oír que habéis vuelto a hacerle daño a cualquiera juro que no habrá poder en este mundo que os salve de mi furia. – acarició con amabilidad la cabeza de la serpiente que estaba aovillada en su brazo. Esta se dejó acariciar y empezó a frotar su cabeza contra el cuello de Reira en una demostración de afecto. Miró a los niñatos de nuevo. – La próxima vez será la última, por que cuando os vayáis a dormir por la noche mis pequeñas amigas se ocuparan de vosotros. Pero no será algo rápido. Primero mataran a todos los miembros de vuestras familias. A vuestros padres, madres, hermanos, abuelos, tíos, a todos. Y cuando os despertéis os morderán inyectándoos un veneno mortal al que no se ha inventado una cura aun. Sufriréis una muerte larga y dolorosa entre los cadáveres de las personas que mas queréis. Si aun sabiendo todo eso queréis molestar a alguien mas no os detendré. Solo espero que durmáis bien. - les dijo con una sonrisa que habría asustado al mismísimo diablo. Con una señal de su mano las serpientes se alejaron de los niños y estos corrieron lejos de allí sin mirar atrás ni una sola vez.
-Eres aterradora. – dijo Neji en cuanto los niños se fueron. – Espero que no lo decías en serio. – Reira le ignoró y se acuclilló al lado de la niña que seguía temblando mirando con horror a las serpientes.
-Tranquila. – le dijo con una sonrisa tranquilizadora cogiendo la más grande de las serpientes en las manos y acariciando su cabeza. – Buen trabajo. – le dijo a la serpiente y volvió a mirar a la niña. – No te preocupes. No volverán a hacerte daño. Y ninguna de las serpientes lo hará. Mira. – dijo tomando la mano de la niña y acercándola hacia la cabeza de la serpiente. La niña empezó a temblar y cerró los ojos asustada. Reira acarició con la mano de la niña la cabeza de la serpiente y esta empezó a frotarse contra la mano complacida. La niña abrió los ojos lentamente y miró maravillada a la serpiente.
-¿Por qué no me muerde? – la preguntó sorprendida y tomando confianza acercó la otra mano hacia la serpiente. Esta se aovilló alrededor de su torso frotando la cabeza contra su cuello haciendo a la niña saltar.
-No te preocupes. No te morderá. Solo quiere mostrarte su afecto. – la niña rió y volvió a jugar con ella. Reira se levantó e hizo otra vez el mismo sello con la mano haciendo que todas las serpientes aparte de la que estaba con la niña desaparecieran hacia el lugar del que han venido. – ¿Cómo te llamas? – la preguntó.
-Mikoto. – le respondió con timidez.
-Tienes un nombre muy bonito. – se levantó del suelo y la serpiente dejo a la niña para enrollarse alrededor de Reira que acaricio su cabeza inconscientemente. – Si quieres, ven mañana al hospital y dile a la enfermera que buscas a Reira. Ella te enseñará donde esta mi habitación. ¿Si vienes te enseñare el jutsu de invocación para que puedas invocar a las serpientes, de acuerdo? – le dijo sonriendo. – De ese modo podrás protegerte si algo así vuelve a ocurrir. – la niña la miró sorprendida y Reira sin esperar su respuesta se volvió y echo a andar en dirección al hospital.
-¿Tú crees que vendrá? – la preguntó Neji escéptico.
-Estoy segura que lo hará. Parece que a la pequeña Manda le gusta. – dijo acariciando la serpiente. – Ya puedes volver. – le dijo y esta desapareció.
-No he visto tu nombre en el rollo de la invocación. – dijo Sasuke interrumpiendo en la conversación. Ella se encogió de hombros.
-No firmé ningún contrato. Solo hice el pacto con sangre. Una vez me topé con una serpiente herida y la curé. En agradecimiento de salvar a una de sus hijas, Manda firmó el trato conmigo sin necesidad del rollo. Aunque es una pena que este muerta. – le respondió mirándole fijamente. Sasuke apartó la mirada sintiéndose culpable por matar a la serpiente y a la vez preguntándose cómo es que sabía todo eso. Los únicos que deberían saber sobre ello eran Itachi y el mismo. Al fin y al cabo fue aquella vez que lucharon entre ellos que Manda murió quemada por las llamas negras de Itachi. – Creo que necesitamos darnos prisa. La cabeza me está dando vueltas y creo que podría desmayarme en cualquier momento. – dijo entre dientes la chica.
Llegaron al hospital y tal como predijo, Reira se desmayó en cuanto se sentó en la cama. Los dos chicos se miraron el uno al otro y encogiéndose de hombros se sentaron en los extremos opuestos de la habitación cada uno pensando en sus cosas.
