Ranma ½ y todas sus situaciones y personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Hago esto por voluntad propia y sin fines de lucro.
Todo el olvido está lleno de memoria
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«No importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca».
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(VI)
Cuando Akane despertó se dio cuenta, por la luz que entraba en la ventana, que todavía era bastante temprano. De nuevo sentía que casi no se podía mover porque un brazo de Ranma la aprisionaba por la cintura, por lo menos ahora no la estaba usando como almohada humana, pero la sensación era incómoda igual.
Se removió entre las sábanas para lograr que él al menos moviera el brazo entre sueños y pudiera levantarlo pero era inútil, mientras ella más se movía él se removía igual para adaptarse al cambio. Suspiró frustrada apoyada de espaldas en la cama y tamborileó impaciente con los dedos sobre el colchón, después movió solo los ojos hacia la izquierda para ver a su «amado esposo» durmiendo pacíficamente sin perturbaciones.
Por un momento se vio a ella misma inclinándose hacia él para besarlo.
—Ranma, despierta —le hablaba suavemente—...Vamos, Ranma, me tengo que levantar... ¡Eres un pesado! —le recriminaba riendo.
¿Cómo? Akane se quedó estática. ¿Esos eran parte de sus recuerdos también? ¿O se lo había imaginado así? Volvió a mirar al muchacho y le dio golpecitos en la mano para que despertara.
—Ranma —le dijo suavemente—. Ranma, despierta...
Se le estaba acabando la paciencia y tenía ganas de enviarlo en un vuelo express hasta Jusenkyo, y no precisamente en avión.
—Déjame levantarme, por Kami —dijo en tono más firme y eso logró hacerle recobrar un poco la conciencia al durmiente, que se movió hacia un lado dejándola libre de su peso—. ¡Era hora!
Akane saltó de la cama y buscó en los cajones su ropa para ejercitarse.
—¿Qué haces? —preguntó Ranma somnoliento, apenas abriendo una rendija de los ojos.
—Salgo a correr —replicó ella de mal talante.
—¿Qué? —él se pasó una mano por la cara—. Hoy es domingo.
—¿Y eso qué importa?
Tomó sus cosas y salió del cuarto sin mirarlo a la cara siquiera. Cuando ya había salido se arrepintió y volvió, corrió la puerta y asomó la cabeza. Ranma la observó interrogante desde su misma posición en la cama.
—Por cierto —dijo un poco avergonzada—, buenos días.
Y volvió a salir.
Ranma sonrió con la cara apoyada sobre la almohada y se volvió a dormir.
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Fue un ejercicio revitalizante y agradable. La puso feliz sentir por fin que la vida volvía a una rutina que ella conocía bien. Se puso de buen humor mientras corría bajo el sol de la mañana por las calles de siempre, eso le despejó la mente y la ayudó a pensar.
Ya no podía obviar el hecho de que algo pasaba con ella, había perdido parte de sus recuerdos, era eso o estaba en una dimensión paralela donde todo el mundo era mayor y ella estaba casada. Sentía que los recuerdos volverían a ella de a poco, a veces le llegaban algunas imágenes y palabras, eso quería decir que la cosa no era tan grave como había pensado al principio. Había estado asustada porque el cambio era muy grande, pero después de todo esta era la vida que se había atrevido a imaginar en esas tardes pacíficas en las que no había prometidas invadiendo la casa, ni locos rompiendo las paredes.
Decidió dar lo mejor de sí para seguir adelante y de a poco tratar de averiguar todos los detalles que había olvidado. Con eso en mente se puso de buen humor y cuando llegó a la casa tomó un baño relajante que la hizo presentarse en la mesa del desayuno con ánimos.
—Que enérgica te ves esta mañana, hermanita —comentó Nabiki con los palillos en alto.
—¿Eso crees? —preguntó Akane sonriendo.
—Es verdad, pareces muy contenta —replicó Kasumi.
—¿Estás contenta, hija mía? —inquirió inmediatamente el padre de familia muy interesado.
—Estoy bien, papá —respondió su hija con tranquilidad.
Ranma se dedicaba a mirarla de soslayo mientras comía, seguía todos sus movimientos sin perder detalle.
—Seguramente pasaste una buena noche —siguió diciendo Nabiki con una sonrisa.
—En realidad, sí —dijo Akane con naturalidad, sin captar ningún sentido oculto en las palabras de su hermana.
—A-Akane... hija... —el labio inferior de Soun Tendo temblaba mientras controlaba las lágrimas— ¿de verdad?
—Bueno... sí —la muchacha no entendía por qué el saber que ella había dormido bien resultaba una noticia tan triste para su padre—. Kasumi, ya que no llegué a tiempo al desayuno ¿crees que podría ayudarte a preparar el almuerzo?
—Por supuesto que sí, me encantaría tener un poco de ayuda —respondió alegre la hermana mayor mientras los demás quedaban azules escuchando la conversación.
—Kasumi... ¿no está la tía Nodoka para ayudarte? —quiso saber Nabiki tragando saliva.
—Hoy no podrá venir hasta la hora de la comida así que estaré sola —habló Kasumi, luego miró a Akane—. Me alegra mucho que quieras ayudarme.
Akane asintió sonriendo y los demás ocupantes de la mesa suspiraron desencantados.
Muy pronto la chica de cabello corto descubrió que sus esperanzas eran vanas porque su pericia preparando alimentos no había mejorado lo más mínimo. Después de salir resoplando de la cocina, se cruzó con Ranma cuando subía las escaleras.
Él levantó las manos como un escudo cuando ella espetó:
—¡Me dijiste que había mejorado!
—Pues para ser tú has mejorado, pero comparada con alguien normal eres un caso perdido —soltó el muchacho y después quiso morderse la lengua por hablar sin pensar.
Akane achicó los ojos con ansias asesinas. Después levantó la cabeza y siguió su camino.
—Seguiré cocinando —anunció cuando llegó arriba—. ¡Y tendrás que comerte cada bocado!
Ranma suspiró, pero sonrió para sus adentros.
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—¿Hay novedades? —preguntó Genma con rostro serio.
Su amigo de juventud asintió en silencio.
—Saotome, ¿conoce la vieja norma de que hay que conocer al enemigo y nunca subestimarlo para poder vencerlo?
—Sí, sí. Algo muy sabio y de gran utilidad.
—Así lo creo... Me he dedicado a observar —se acercó un poco a su compañero y habló en voz baja—, a observar de cerca y con cuidado.
—Muy bien, Tendo —lo felicitó el otro.
—No hay buenos augurios. Ellos... —echó una mirada alrededor para confirmar que no había nadie—. Ellos no están durmiendo en la misma cama —soltó, con cara de velorio.
—¿Es verdad? —preguntó Genma con los anteojos empañados.
—Trístemente, sí —Soun se aguantó las lágrimas como todo un hombre—. Kasumi confirmó que había un futón en la habitación. Y mi niña aseguró que así pasó una buena noche.
—Lamentable.
—Tenemos que tomar medidas drásticas, Saotome. El futuro se está presentando muy negro.
—¡Por supuesto! Nuestro plan debe ser infalible y demoledor. No puede fallar. Hay que mantener unidos a esos dos, así sea mediante cuerdas y cadenas —dijo Genma.
—Hay que hacer que salten a los brazos del otro. Que se den cuenta que no pueden vivir separados.
—Deberíamos enviarlos lejos, a un lugar romántico.
—¡Con aguas termales! —agregó el otro.
—Rodeado de naturaleza.
—Pacífico y bello.
—¡Ideal para el amor! —dijeron los dos al unísono, abrazados.
—El amor prevalecerá, amigo mío, no lo dude... Claro, haremos nuestros planes después de cenar —sonrió el de cabello largo.
—Sí, sí. ¡Faltaba más, Tendo! —rió Genma.
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Ranma estuvo tranquilo el resto del día, poniendo siempre un ojo en Akane pero disfrutando simplemente de su agradable compañía. Habían sido días de lo más raros donde la había sentido distante, casi fría, ni siquiera las bromas que hacía sobre su aspecto lograban enfurecerla como antes. Y cuando la abrazaba, aunque ella correspondía el abrazo, no era lo mismo. A veces su mirada estaba perdida y triste, y lo peor de todo era que si él preguntaba simplemente sonreía y decía que no pasaba nada. Y había otros momentos en que se quedaba mirándolo a los ojos como si pudiera verle hasta el alma, de una manera que lo ponía nervioso. ¿Estaría enferma? ¿Sería un virus?
Pero esta Akane... volvía a ser ella. Casi la prefería así, sin memoria y sin nada. Ella volvía a sonrojarse por detalles que a él ya le resultaban normales, sus ojos volvían a brillar con ímpetu cuando hablaba y le reclamaba algo, y se enredaba al hablar como tratando de ocultar que le gustaba. ¡Ja! Como si él no supiera que era irresistible para todas las mujeres, empezando por su esposa.
Ranma rió abiertamente para luego rascarse la parte de arriba de la cabeza.
Todo iba bien así, no había de qué preocuparse ¿cierto?
Era de noche y ya casi todo el mundo estaba acostado. En la cocina, Akane terminaba de acomodar los platos y se secaba las manos con un trapo mientras Ranma la observaba.
—¿Qué pasa? —preguntó curiosa.
—Nada —respondió él negando con la cabeza.
Ella se acercó a mirarlo más de cerca.
—Estás tan concentrado que no pareces tú —comentó la muchacha esbozando una pequeña sonrisa.
Ranma se la quedó mirando y estaba por dar un paso para acercarse más a ella cuando alguien entró.
—Vaya, ¿nada de besos apasionados en la cocina esta vez? —preguntó Nabiki. Chasqueó la lengua decepcionada.
Akane y Ranma se separaron un poco, sin saber qué decir.
—¿Qué haces aquí? —quiso saber la hermana menor, sonrojada.
—Vengo por un poco de agua —respondió la otra con naturalidad mientras abría el refrigerador y se servía un vaso.
Los dos muchachos seguían todos sus movimientos con la vista, esperando que en cualquier momento hiciera algo.
Nabiki los observó atentamente mientras bebía. Cuando bajó el vaso dijo:
—¿Saben? Creo que los admiro un poco... quizás.
—¿En serio? —preguntó Akane incrédula.
—Bueno... no sé... Es que pienso que hay que estar realmente loco para casarse tan joven —siguió pensativa—, piensen que pasarán juntos el resto de su vida. ¿Qué será eso? ¿Cincuenta... sesenta años más? ¿Se lo imaginan?
El joven matrimonio dejó caer los hombros al mismo tiempo.
—Akane, ya te había dicho que desperdiciabas tu talento, podrías haber hecho una brillante carrera en la Universidad —continuó Nabiki—. Pero en fin, preferías las artes marciales y casarte y eso... además, no me imagino a Ranma en la Universidad... y ustedes dos separados ¡ni hablar! Siempre que estás sin Ranma te pones demasiado histérica...
—¡¿Cómo? —exclamó Akane.
—Y como no pueden estar el uno sin el otro... Especialmente Ranma. ¡Hay que ver la cara que pone cuando tiene que viajar a algún lugar sin ti!...
—¡Ya basta de eso! —exigió el aludido.
—Vamos, relájense —Nabiki sonrió—. Están muy tensos. Si quieren, por una módica suma puedo arreglar que pasen algún fin de semana en un lindo hotel ustedes solos. ¿Qué me dicen?
—¡Nabiki! —Akane no podía creer que estuviera escuchando esas cosas de boca de su hermana... aunque pensándolo bien, lo extraño era que no lo hubiera dicho en la mesa, con toda la familia reunida.
La joven de cabello castaño dejó el vaso sobre la mesa y soltó la risa.
—¡Deberían ver sus caras! —exclamó divertida—. Creo que a ti te gustó la idea, cuñadito, ¿eh?
Ranma miró a otro lado cruzándose de brazos.
—Solo bromeaba. Vamos, Akane, no es para tanto, parece que tuvieras un infarto —Nabiki movió una mano—. Ustedes son tan divertidos. ¡Es tan fácil hacerlos entrar en el juego!... Bueno, algo de lo que dije es cierto. En serio admiro que aún sigan juntos. Cuando el dojo quebró pensé que su matrimonio se acababa.
Se dio la vuelta y levantó una mano a modo de saludo mientras se iba.
—Nos vemos.
«¡Maldita Nabiki! ¿Por qué tuvo que abrir la boca?», pensó Ranma mientras en la cocina solo se oía el tic-tac del reloj. Observó la espalda tensa de Akane, que se había quedado quieta en la misma posición, con los puños apretados.
—Rrraaanmaaaaa —dijo, justamente en ese tono que él detestaba tanto.
—Uh... ¿sí?
—¿Qué quiso decir con eso de que el dojo quebró?
—Pues...
—¡Habla ahora mismo!
—Bien, bien... pero —miró hacia la entrada de la cocina—, aquí no. Vamos.
La tomó de la mano y la llevó afuera. Antes de que ella supiera lo que hacía ya la estaba levantando en brazos y saltando hacia el tejado. La dejó allí para después sentarse a su lado.
—¡Y tenemos que hablar sobre esa costumbre que tienes de llevarme a la fuerza a cualquier parte!
—Nunca te habías quejado antes —replicó él, casi ofendido.
Akane estaba roja, no se sabía si de vergüenza o de enfado.
—Quiero saber qué es eso de que el dojo quebró.
—Es algo que...
—¿Qué no pensabas decirme? —lo ayudó ella de mal modo.
—Bueno...
—Dijiste que le dojo era próspero. ¿Cómo ocurrió esto? —exigió saber la muchacha.
—Es que... —titubeó él sintiendo que el sudor le llenaba la frente.
—¡Dímelo!
—¡Nos llevábamos mal!, ¿de acuerdo? —estalló—. ¡Nos peleábamos al dar las clases! Éramos un desastre. ¡Yo era un desastre y tú también! ¿Te parece bien que te lo diga así?
Como ella solo lo observaba atónita, continuó.
—¡Fui un asco! ¡Un fracaso! ¡Los alumnos salían huyendo! ¡¿Te agrada que te lo diga así? ¡¿TE AGRADA? Te lo diré con todas las letras. ¡SOY UN TOTAL FRACASADO!
Terminó respirando agitado, mirándola con chispas en los ojos.
—¡Basta de eso! —pidió Akane—. ¿Sabes qué? ¡Sí! ¡Me agrada! ¡Me agrada que no me mientas! Dime la verdad, Ranma. ¿Piensas que yo esperaba una vida de color de rosa al casarme contigo? ¡No! ¡No soy la niña boba que tú crees!
—¡No dije eso!
—Pero lo piensas.
Se quedaron observando en silencio, mientras Ranma respiraba agitado dejando ir el enfado junto con el aliento.
—No pienso eso —recalcó.
—Explícame qué ocurrió —pidió Akane tratando de guardar la calma.
—Lo que te dije —el muchacho se pasó una mano por el pelo—. Todo fue mal y en un tiempo los pocos alumnos que logramos reunir nos abandonaron. Todo fue un desastre... Un maldito desastre.
—¿O sea que me mentiste? Me dijiste que el dojo funcionaba bien —dijo Akane dolida.
—¡No mentí! El dojo funciona. Pudimos solucionarlo —le aclaró desesperado.
—¿Y cómo?
Ranma miró hacia abajo.
—Tenemos una deuda con Nabiki. Una deuda enorme —reconoció en voz baja, avergonzado—. Nos prestó dinero para hacer publicidad y tener nuevos alumnos, y para solventarnos por un tiempo... aún le estamos pagando.
—Oh... bueno... —la chica suspiró—. No te eches la culpa de eso, yo también tuve que ver y... bueno, siendo así... No es tan grave, Ranma. En realidad me sorprende que ella no pidiera otras cosas como pago —comentó haciendo una mueca.
Entonces Ranma levantó la vista y le dirigió una mirada indescifrable que la puso alerta instintivamente. Había algo más, lo supo.
—Me asustas —murmuró Akane.
—Podríamos haber saldado la deuda antes, es mi culpa —explicó.
—Ella... ¿quería fotografías, verdad? —él asintió—. ¡Ay!... es... Yo sé que odias que te tome fotos como chica y luego las venda, pero... Ranma —lo tomó de una mano mientras lo miraba a los ojos—, ¿al menos lo pensaste? ¡Era por el dojo!
—¡Yo estaba dispuesto! —dijo—. Era repugnante, pero siempre hubo cosas mucho peores... Pero es que no quería solo fotos mías, quería de los dos... nosotros... ambos chicas.
—¡¿Qué? —gritó Akane espantada—. ¿Haciendo qué?
—En traje de baño, tomados de la mano o algo así —Ranma se encogió de hombros—. Dijo que esa clase de cosas se vendían mucho más.
—Uh... yo... Bueno, no sé qué pensar —confesó Akane—. Me imaginé algo mucho peor... Si era solo eso... bueno, es... algo muy raro, pero podríamos haberlo hecho, quizás.
—¡Ni hablar! Tú no puedes hacer esas cosas.
—¿Por qué? —preguntó incrédula.
—¡Eres una mujer casada! —espetó él.
El aura de Akane se encendió en la noche mientras apretaba los puños con fuerza, sus ojos brillaron.
—¿Sabes? No me gusta nada tu tono —expresó con voz mortífera.
—Me da igual —le dijo cruzándose de brazos—. Esas fotografías nunca se tomarán. Es mi última palabra.
—¿Y lo que yo piense no importa? —le recriminó.
—¡No! ¡No lo permití y no lo permitiré!
Akane lo miró contrariada. ¿Qué significaba esto? No podía ser que Ranma se hubiera transformado en un déspota autoritario, se negaba a creerlo.
—¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué te molestan tanto esas fotografías? —quiso saber.
Por un momento se quedó en silencio y ella pensó que no iba a responder, pero después le dio la espalda y soltó:
—¡No iba a consentir que unos degenerados babearan por mi esposa! ¡Punto final!
—Ranma... —no sabía qué decir, se quedó observándolo, con el corazón palpitando rápidamente en su pecho.
Se acercó un poco a él y le apoyó suavemente una mano en el hombro. El muchacho apenas se movió. Akane se quedó así un momento, mientras pensaba adecuadamente lo que iba a decir.
—Perdón por hacer un escándalo, es que el dojo es muy importante para mí. En realidad... me alegra que no tomaras el camino más fácil para resolver las cosas... y... que me cuidaras. Gracias —dijo nerviosa.
Él se encogió de hombros como restándole importancia al asunto.
—Tal vez si no fuera por mí no nos hubiéramos metido en ese lío. Supongo que la única solución era Nabiki, pero... Bueno —suspiró—, ahora ya es tarde para lamentarse. Ella tenía razón, deberías haber ido a la Universidad, hubieras conseguido un tipo mucho más interesante que yo... un mejor partido.
Akane puso los ojos en blanco sin poder creérselo. No estaba dispuesta a ayudarlo con la autocompasión.
—¿Más interesante que tú? —dijo con una risita. Se recostó en el techo y observó la espalda de Ranma y toda su figura recortada en la noche—. ¿Más interesante que un chico que se transforma en mujer con el agua fría? ¿Qué tiene un padre que se transforma en panda? ¿Con una madre que acarrea una katana en la espalda a toda hora?
—Entiendo el punto —murmuró el muchacho.
—¿Más interesante que un chico que tiene terror a los gatos?
—Entendí —repitió un poco más fuerte.
—¿Con una cola de prometidas, pero que es demasiado cobarde para besar a una chica?
—¡Oye! —Ranma se volteó a mirarla de inmediato—. Eso no es verdad.
—Por lo que yo recuerdo sí —insistió Akane.
—¿Me estás desafiando a que demuestre lo contrario? —preguntó acomodándose mejor frente a ella.
—Piensa lo que quieras.
Akane no se movió de su posición, de pronto estaba expectante por saber qué pasaría. Lo observó acercarse un poco más hasta ella y mover una mano hacia su rostro para apartarle el cabello de la frente. Después le tomó la cara entre las manos.
Ranma se inclinó sobre ella, acariciándole las mejillas con los pulgares. Akane entreabrió los labios por inercia mirándole la boca. De pronto, a pocos centímetros, el muchacho se detuvo, se hizo un poco hacia atrás y la miró suspicazmente.
—¿Puedo besarte? —le preguntó.
—¿Siempre me pides permiso?
—No, pero me da la impresión de que si ahora no lo hago vas a golpearme después, y no quiero. Sobre todo si va a ser con la maldita linterna de piedra del estanque... Esa realmente duele.
Akane se aguantó la risa viendo la cara que él ponía, como si ya estuviera sintiendo el golpe sobre su cabeza.
—No te voy a golpear —prometió.
—Bien.
Y desapareció la distancia entre ellos. Akane no podría haberlo descrito de otra forma, simplemente la inundó, la arrastró como una ola del mar. Mientras él la besaba no podía pensar, era demasiado consciente de su aroma, su sabor, el calor de sus labios y de todo su cuerpo. Akane tomó aire pensando que se iba a morir ahí mismo y Ranma aprovechó ese momento para deslizar su lengua en la boca de ella y saborearla despacio.
Ni siquiera se dio cuenta en qué momento cerró los ojos por instinto y subió las manos para agarrarse a sus antebrazos como si fueran salvavidas. Él se alejó de a poco y le dio un beso en la mejilla, apoyó una mano en el tejado para sostenerse y con la otra le acarició la cintura mientras se quedaba respirando cerca del cuello de su esposa. Suspiró y dibujó una sonrisa que Akane no llegó a ver.
—Te extrañaba —le dijo en voz baja.
Akane abrió los ojos para descubrir el cielo estrellado sobre ellos, era un inmenso firmamento que parecía envolverlos y agradeció tener la espalda apoyada en el techo, de lo contrario se habría caído ante tantas sensaciones tan poderosas. Todavía sentía el corazón como si hubiera estado corriendo una carrera, la adrenalina le bombeaba en las venas y no podía pronunciar palabra.
Ranma levantó la cabeza y se dedicó a observar el brillo de las estrellas reflejado en los ojos de la mujer que amaba.
—¿Y bien? —preguntó un poco después.
—¿Qué? —ella pestañeó sin apartar la mirada de las estrellas.
—¿Te ayudó a recordar algo?
¿Cómo se suponía que eso la podía ayudar a recordar si le había nublado todos los sentidos? Fue espectacular, pero inútil para esos propósitos.
—Nada.
—Ya veo —la chica no pudo observar su rostro oculto por las sombras de la noche—. Me esforcé bastante, ¿sabes?
Parecía un niño enfurruñado. Akane sintió que el corazón se le desbordaba de ternura, lo amó con más intensidad en ese instante, si es que eso era posible, y tuvo ganas de reír de felicidad. «Por Kami, en mi otra vida seguramente hice algo realmente bueno para que me recompensaran así. No puede ser que esto esté pasando».
—Bueno, pero tú nunca te rindes. Puedes seguir intentando —le dijo sonriendo.
Ranma ocultó la risa apoyándose en el hombro de ella.
—Ven, vamos a la cama —dijo después mientras se sentaba.
—¿Eh? —Akane sintió que se le encogía el estómago de nervios—. No... no creo que...
«¡Diablos! ¿Y ahora qué hago?». No podían pasar de los besos a eso tan rápido. No podía asimilarlo así, necesitaba tiempo, acostumbrarse, ¡tenía que preguntarle tantas cosas todavía! Además, le gustaría que por lo menos la besara algunas veces más, si siempre se esforzaba así...
—No es para la que tú crees, pervertida —dijo Ranma mostrando una sonrisa—. Hablo de ir a dormir, es tarde y mañana hay clases.
—Ah... yo...
—¿Siempre tienes eso en la cabeza, no? —siguió burlándose de ella.
—¡No es cierto!... es... solo...
Mientras ella trataba de poner excusas, Ranma la levantó y bajó de un salto hasta el patio. En cuanto la dejó en el suelo, Akane se alejó y entró en la casa, caminó en la oscuridad con la cara como una antorcha. Sintió que él la seguía mientras subía la escalera, le apoyó suavemente la mano en la espalda cuando caminaban por el pasillo hasta llegar a la habitación. Eso la ponía nerviosa, la desconcertaba que siempre estuviera tocándola de alguna manera.
Él cerró la puerta mientras ella sacaba el pijama de un cajón.
—No lo haríamos aquí, ¿sabes? —comentó Ranma. La casa estaba tan silenciosa que apenas tuvo que levantar la voz para que ella lo escuchara.
—¿Qué dices? —se concentró en su tarea para no tener que mirarlo a la cara.
—Tú me entiendes... —el muchacho miró hacia otro lado y se sonrojó con sus recuerdos—. Una vez nos sorprendieron y decidimos nunca más hacerlo aquí... mientras hubiera alguien.
A Akane se le puso el pelo de punta.
—¿Nos... nos sorprendieron... —el ojo se le saltaba en un tic involuntario— nos sorprendieron mientras... mientras hacíamos... ?
Sintió que la cabeza le explotaba como una olla a presión de la vergüenza. «Está decidido, nunca más voy a salir de este cuarto a partir de hoy».
—No mientras lo hacíamos —aclaró—. Estábamos... bueno, tú me quitabas la ropa.
—¡¿YO?
—Shhhh, nos van a oír —Ranma se mordió la lengua para no reírse. En realidad era mentira, se estaban besando y él le había subido la falda cuando a Happosai se le ocurrió (como siempre) entrar al cuarto sin llamar y en un segundo había gritos, flash de cámaras fotográficas, un panda dando ánimos con un cartel y todo el mundo asomado a la puerta, mientras ellos estaban congelados en la misma posición por el shock. A partir de ahí habían prometido solemnemente nunca más intentar nada con la casa llena de gente.
—¡Pero...! ¡Pero...! —a Akane se le habían olvidado todas las palabras, solo podía farfullar cosas sin sentido.
—Tranquila, eso pasó hace mucho tiempo —le explicó tomándola por los hombros para que se serenara.
—Ah... mmm... entonces...
«¡Kami! ¡Parezco idiota!»
—¿O sea que no... ? Es decir... mmm...
«Este no es mi día después de todo», pensó suspirando cansada.
—No te preocupes —la tranquilizó, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no soltar una carcajada. Le explicaría los detalles después, ella había tenido suficiente por hoy.
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Continuará…
Nota de autora: Hola a todos, ya sé que me estaban esperando :D
La verdad me hicieron reír mucho todos sus comentarios del capítulo anterior, sobre todo porque todos estaban muy preocupados por Akane y si había algo entre Ranma y Ukyo, pero nadie dijo nada de la pobre Kasumi que se quedó más sola que el 1 ahora que Tofu se fue. Jaja.
Espero que me escriban y me cuenten qué les pareció este capítulo.
El espacio para los comentarios:
Alita: Hola de nuevo! Muchas gracias. Acá un capítulo más. Saludos.
Paz: Hola. Muchas gracias, me alegra que te guste la historia. Es difícil conservar a Ranma y a la vez hacerlo un poco más maduro, pero lo intento jeje. Te mando un saludo.
Sakura: Gracias por tus buenos deseos siempre, jaja. Acá nuevo capítulo. Te mando un beso.
Cjs: ¡Qué suerte que te gustara tanto! Hago lo que puedo, jeje. Gracias por leer. Te mando un saludo.
Belli: Jaja sí, yo lo dije, gracias por acordarte de mis palabras. Yo expliqué al principio que en realidad la solución de todo era bastante sencilla, que no se fueran a desilusionar, y lo sostengo. Me alegra mucho que te guste la historia. Gracias por escribirme siempre. Un beso.
Yurika12again: Hola. Y sí, es que Akane es siempre muy mal pensada, pero espero que de a poco pueda ir mejorando un poquito. Gracias por leer. Saludos.
Veruto Kaname: Me alegro de que te haya gustado, acá la continuación para que no desesperes jeje. Te mando un saludo.
Recuerden pasar por el blog http: / / randuril-lahuella . blogspot . com
Gracias a todos los que leen y me escriben. Se los agradezco mucho. Nos veremos.
Romina
