Hola hola aquí shirokuroneko, suplico acepten mis disculpas y ruego vuestro perdón por la demora (y también la de fresa) he esta ocupadísisisisisisisisisisis isisisimo n pero he vuelto, espero les guste este capítulo y otra vez, perdonenme onegaaaaaai buaaaaaaaaaa
Ritsu y Mio cabalgaron hasta estar a unos 100 metros de la ciudadela Akiyama, los blasones de las hojas secas fueron remplazados por el blasón Natsuyama aunque no por mucho, desmontaron y mandaron a los caballos de vuelta a sus establos, los animales corrieron libres y felices de que su participación ene esa guerra hubiera terminado.
Las chicas se hicieron invisibles y avanzaron con cautela hasta entrar a la ciudad, lo que vieron las dejó impresionadas, absolutamente todos los soldados Natsuyama que se habían quedado a defender la ciudad (que no eran más de 100) estaban muertos y gran parte de ellos decapitados, debido a su casta guerrera.
Las chicas se miraron sorprendidas, no se esperaban eso.
Se volvieron visibles y se acercaron a la pila de cadáveres lentamente, ninguno vivo, absolutamente todos muertos, de repente Mio tiró al suelo a Ritsu –hay alguien observándonos- Ritsu agudizó su oído, era cierto, se sentía la respiración de alguien, Ritsu comenzó a olfatear el aire y percibió un familiar y fuerte olor a sake.
Se puso de pie con una auténtica sonrisa en su rostro, se paró junto a un pilar de una casa –hola Jun, ¿cómo están tus heridas?- Jun se volvió visible y abrazó a Ritsu con fuerza –gracias al iluminado, estas bien- Ritsu correspondió al abrazo y llamó a Mio con la mano.
Las chicas se saludaron cordialmente –les contaré todo lo que sucedió pero un vez estemos dentro de palacio, los chicos vigilarán en mi ausencia- dijo Jun –mientras, contadme como lograron sobrevivir a la invasión-
Mientras se encaminaban hasta el palacio Akiyama Ritsu y Mio le contaron todo a Jun, de la batalla apenas había comenzado la invasión, como Ritsu se había llevado a Mio en brazos después de dejarla inconsciente, como se habían separado al día siguiente y cómo Mio había rencontrado sus poderes en la cueva de la anciana, como organizaron el ejército para defender las tierras Fuyuyama, las venganzas personales de Mugi para con los Natsuyama y los demonios de Mio y su oscuro ser interior.
Entraron al palacio, Mio lo recorrió completamente en unos cuantos segundos, se las ingenió, hizo diez clones para que recorrieran distintas partes del palacio, mientras ella se sentaba a escuchar el relato de Jun –Cuando comenzó la invasión yo aún no podía luchar bien, pero gracias a los médicos de la señora Akiyama pude tener la energía suficiente como para mantenerme invisible durante lo que duró la invasión al interior del palacio, después deseo escapé hasta uno de los escondites de la tribu, el único que no logró encontrar Arai, allí estaban los médicos de mi familia, ellos me terminaron de curar, allí esperamos hasta el momento indicado, que fue hace unas horas, cuando los Natsuyama partieron en su campaña conquistadora, salimos y asesinamos a los pocos idiotas infelices que dejaron cuidando las tierras-
Mientras los clones de Mio volvían uno tras otro uniéndose a la original Jun seguía hablando –pero, supongo que tu no te quedaste esperando tranquilita en el escondite, ¿o me equivoco Jun?- la chica del cabello rizado dio una risita –eso es verdad, no pude resistir la tentación, una noche me escabullí en el palacio para espiarlos, solo recolectar información, allí fue dónde me enteré del día y la hora en que partirían a los territorios Fuyuyama y del ejército que mantienen en sus tierras-
Ritsu y Mio se quedaron perplejas -¿un ejército?- Jun asintió confundida –si un ejército, reí que lo sabían- Mio y Ritsu estaban pasmadas, ellas habían pensado en esa hipótesis de un posible ejército al otro lado de la montaña, pero no lo crearon completamente factible -¿de cuántos soldados a pie y a caballo estamos hablando?- Jun hizo memoria, comenzó a contar con los dedos de las manaos, y luego con los de los pies, Ritsu no pudo evitar una pequeña risa al verse como era antes en su amiga –cerca de medio millar de soldados- Mio y Ritsu se quedaron estupefactas, era un número muy grande para el ejército con el que ellas contaban -¿de dónde sacaron tanta gente?- Jun se cruzó de piernas –llegaron en botas desde el continente, son demasiados, y aunque no hablan nuestra lengua en los territorios Natsuyama se les da el dialecto del continente-
Mio y Ritsu se pusieron de pie en un salto –lo sentimos Jun, te dejamos las tierras Akiyama encargadas, debemos partir ahora mismo- le dijo Ritsu, y sin decir ni una sola palabra más las chicas se fueron corriendo por la nieve, el sol ya había empezado a caer nuevamente y no se distinguían sus figuras entre la nieve.
Mugi encerró al señor de los Natsuyama en un calabozo, le amarró los brazos y las pierna –Ahora es mi turno de divertirme, en la batalla no pude asesinar a tantos como quería, las señora Akiyama fue muy egoísta, pero, he aquí al rey de los sarnosos Natsuyama- lo desnudó, tomó su espada corta y le cortó su miembro viril lentamente, el señor Natsuyama daba alaridos como una bestia salvaje, Mientras Mugi se deleitaba con la tortura y la sangre del señor Natsuyama correar por su brazo y el piso, contar todo lo que le hizo a ese señor de la guerra es asqueroso, un festín de sangre, ya inhumano, solo le dejó intacta la cabeza, que la guardó en una cesta y la mandó a traer en aceites conservadores, tenía un plan especial para esa cabeza.
Al caer la noche Mugi ordenó reunir a todos sus soldados, los 300 000 estaban juntos n la sala más grande del palacio Nakano, en la cabecera de la sala habían cojines para Mugi Azuza y Yui, Mugi estaba al centro y de pie –Soldados, hemos de partir de inmediato a las tierras Natsuyama, no podemos permitirnos un descanso muy largo, ni que los Natsuyama se reagrupen llamen a más soldados, hemos de matarlos a todos ¿QUIÉN ESTÁ CONMIGO?- todos daban vítores de alegría y aprobación y en un segundo todos los soldados se fueron a buscar sus monturas y sus armas para partir a la masacre- Mugi sonreía caminando entre todos los soldados, cuando hubo salido solo quedaron Yui y Azuza en la habitación –Mugi-chan da mucho miedo, ya no es la misma de siempre- Azuza apretón la mano de su amante –tienes razón Yui, Mugi parece cada vez más un demonio-
Mio y Ritsu corrieron sin descanso –maldición debimos de haber dejado a los caballos por si acaso- dijo Ritsu mientas corrían –No quería que murieran en el caso de una redada en el palacio – se disculpó Mio –Solo espero que encontremos a Mugi y a los soldados en el palacio de tu prima- Mio asintió –ella no haría nada sin pedirme consejo antes, de seguro esta en su habitación meditando, desde pequeña que ha sido amiga de eso, su tutora Sawako siempre la acompañaba para meditar- Ritsu asintió y continuaron corriendo en silencio.
Cuando llegaron a las tierras Fuyuyama se extrañaron de no ver a ni un caballo ni soldad, la ciudad estaba como desierta, si bien ya era de madrugada era algo anormal, tocaron las puertas del palacio de los Nakano y un guardia le abrió las puertas.
Entraron rápidamente, se dirigieron a la habitación de Mugi y no la encontraron –esto es extraño, por lo general ella esta durmiendo a esta hora, no creo que…- Mio no completó la frase, qué corriendo hasta la habitación de Azuza, allí estaban Azuza y Yui conversando, con dos lámparas en una mesa –Azuza, ¿dónde están todos?- la cara de Azuza denotaba preocupación –partieron hace ya 3 horas a las tierras de los Natsuyama, Mugi estaba como loca, parecía un demonio, se llevó a todos los soldados a invadirlos- Mio maldijo para sus adentros -¿qué pasa prima?- Ritsu contestó en nombre de Mio, puesto que esta estaba muy choqueada para poder hablar –los Natsuyama la están esperando con un ejército tres veces superior al nuestro, a esta hora ya deben de estar a medio camino, debemos tratar de alcanzarla antes de que sea demasiado tarde-
Mugi fue hasta los establos, colocó la montura en su caballo y lo montó en un dos por tres, espoloneó los flancos de su corcel y salió galopando hasta el frente del ejército que ya la estaba esperando, Mugi levantó su sable y dio la señal departida, en cuestión de 5 minutos el silencio volvió a reinar en las tierras Fuyuyama, todo el pueblo estaba en un silencio de asombro, las mujeres que se habían asomado por las ventanas las cerraron y se acostaron, tratando de no inmiscuirse en los temas de la guerra, ellos no estaban para esas barbaridades.
Mio estaba histérica –MALDITA SEAS MUGI- gritaba, se daba vueltas en la habitación, creaba clones inconscientemente y los clones se daban las mismas vueltas, igual de preocupadas, algunas gritaban otras solo se limitaban a apretarse la cabeza o jalarse del cabello, era tragicómico ver tantas Mio haciendo cosas tan distintas en la misma situación, Ritsu, Yui y Azuza solo se limitaron a mirarlas.
Cuando pasaron ya varios minutos Ritsu no pudo más –por el amor del iluminado Mio, a cálmate de una buena vez, aquí corriendo de un lado a otro no vas a ganar nada, lo único que podemos hacer ahora es correr hacia ella y detenerla a como de lugar- Mio se paró en seco y todos sus clones se le unieron –tienes razón amor, Azuza, necesito que nos traigan alimentos para viaje, esto puede ser largo, comida ahora y un cambio de sandalias- Azuza s se puso de pie y llamó a las sirvientas.
En cuestión de 30 minutos ya estaban listas, estaban a punto se partir pero Azuza las detuvo –yo también quiero participar en esto, estoy aburrida de ser una debilucha que solo estudia, quiero participar en la batalla también- Mio estaba impresionada por su pequeña prima, se agachó un poco para hablarle –Es mu peligroso Azu-nyan que vayas ahora- Azuza estaba a punto de llorar –pero yo también quiero ir- Mio le puso un dedo en la boca para callarla –esta bien, pero tardarás un poco en alcanzarnos, ve ya abrígate bien las piernas y procura colocarte buen calzado y alcánzanos lo antes posible- dicho esto se dio media vuelta y partió con Ritsu.
Cuando pasaron por el lado de los establos Ritsu la miró extrañada ¿no iremos a caballo?- Mio sonrió –es más rápido atravesar la montaña que rodearla, además, necesito que Azuza vea a una persona-.
Azuza se abrigó tal como le había dicho su prima, y estaba un tanto sonrojada porque su prima la había llamado como cuando eran pequeñas, Azuza era como los gatos, le encantaba subirse a la copa de los árboles, pero después no podía bajarse, era allí cuando Mio la rescataba y la llamaba Azu-nyan, apenas terminó de hacerlo salió corriendo, entre la oscuridad no podía distinguir bien las huellas, pero de alguna manera lo logró, las huellas se dirigían a la montaña, corrió hasta llegar a las faldas, allí la estaba esperando un gato con la mitad del cuerpo negro y la otra mitad blanco y el rededor de los ojos blanco y negro respectivamente, como un ying yang felino, Azuza estaba desconcertada, sintió la voz de Mio hablar, este gato te dará las indicaciones, y perdónanos pro no quedarnos a esperarte, pero andamos apresuradas- Azuza quedó perpleja, pero después de todo lo maravillas que hacía su prima, ya lo tomó por normal.
Mugi cabalgaba a toda prisa sin descanso alguno con todo el ejército detrás de ella, su sonrisa era macabra y sus ojos estaban inyectados en sangre su ferocidad era temible.
Al amanecer llegaron a los territorios Natsuyama, quienes increíblemente no atacaron en ningún momento, las tropas Akiyama estaban nerviosas pero respetando su deber como guerreros no atacaron sin permiso.
Uno de los lacayos Natsuyama se acercó a Mugi entre reverencias –Mi señora Kotobuki, eso que esta en la cesta ¿acaso es…?- Mugi asintió –si, es la cabeza de tu antiguo señor- el lacayo sacó la cabeza de la cesta emocionado –EL PERRO NATSUYAMA HA MUERTO, SOLO QUEDAN 3, LA MONTAÑA AL FIN SERÁ CORROMPIDA, LA ERA KOTOBUKI SE ACERCA-
Los guerreros Akiyama habrían tomado sus armas, si no fuera porque le tendieron una emboscada silenciosa y los asesinaron en un parpadeo, Mugi saltó de su caballo y lo entregó a uno de los mozos, caminó en dirección al antiguo palacio Natsuyama, ahora Kotobuki, y en la entrada, vestida como la esposa del emperador estaba su maestra, Yamanaka Sawako, se paró, abrazó a la rubia y la besó con pasión -¿todo va bien?- Mugi volvió a asentir –la estúpida de Mio se ha creído todo cuanto he hecho, casi me dará lástima asesinarla- Sawako hizo un mohín de enfado -¿de veras que no hay nada entre ustedes?- Mugi solo se limitó a darle un apretón en el trasero –ah no ha pasado nada, esa perra es una santa aunque se crea fuerte, además solo tiene ojos para esa muerta de hambre de Ritsu, ahora vamos a la cama, que necesito meditar un poco"
