Que tal? Como han estado?
¡Espero que bien! Sin demoras, le traigo el sexto capítulo de "Doomed Kingdom"
Por cierto, pido una disculpa por no poder cumplir sobre los dibujos. Seré capaz de mostrárselos hasta la otra semana, ya que estoy trabajando arduamente en ellos sin contar también, que mi tiempo es escaso. Espero compresión.
Por otra parte quisiera pedirles un favor.
Normalmente no pido esto, pero como voy ya casi a la mitad de la historia; quisiera pedirles un review sobre como se les ha hecho el fanfic. Sí les ha estado gustando la evolución de la historia o ya sea una crítica constructiva. Para mí no son tan "críticos" en el fin de saber si tiene "popularidad" mi historia.
Más me gustaría saber su punto de vista y crítica sobre ella.
Fuera de eso, les dejo con el capítulo. Que lo disfruten.
/seerTime ollies outies
El día estaba llegaba a su fin. El astro rey descendía de su trono en los cielos para iniciar el crepúsculo. Que pareciera ironía, al tornarse rojo como si se estuviera quemando. A lo lejos se distinguían las parvadas de varias aves, que buscaban refugio en la copa de los árboles para pasar la noche. John pensó que era buena idea hacer lo mismo. Llevaban ya bastantes horas de pie, bajando, subiendo, escalando y arrastrándose por todo el camino. Bueno, solo el chico dentón. Ya que la mayoría de las veces, se veía obligado a levitar a Dave por sus heridas.
— No sé sí te importe. Pero la noche ya se aproxima— comentó ya cansado Egbert —No puedo ya más este hechizo para mantenerte levitado— con mínimo esfuerzo, debido al agotamiento tan físico como místico; John colocó a Dave quien flotaba a su lado, sobre una piedra. Al retirar al hechizo, azotó rotundamente al suelo.
—Oye— le picoteó la cabeza con el bastón —¿Te encuentras bien? —
—Sí por bien…— habló con cara de lleno en la tierra —Te refieres a que me duele todo el cuerpo y no pueda levantarme. Sí, estoy bien— se incorporó nuevamente, para luego sacudir la tierra de su ropa.
—Vaya, tan joven y te quejas— varios chasquidos emergieron de la boca de Dave — A tú edad, todo lo que recorriste para mí era apenas el calentamiento— apoyó con sumo cuidado las dos manos en su bastón, poniéndose de pie con dificultad. John le miró.
—¿A dónde vas? ¿Quieres ir al baño? — cuestionó. Dave le regreso la mirada.
—¿Qué? — habló con ese típico acento medio seco —¿Quieres ayudarme? No te preocupes. Soy lo suficiente grande para sostenerme mi propio pene al orinar— rió.
—¡CALLATE! — vociferó John con la cara colorada — ¿Por qué todo lo que tienes que decir debe ser irónico, sarcástico o sin sentido? — en serio, realmente no entendía por que era así. Parlando cosas extrañas que para él eran graciosas.
—Tranquilo, campeón— justo para los adentros de Dave, realmente era magnifico hacer desatinar a la gente —Solo iré a conseguir un poco de leña. Sí no nos apuramos, la noche caerá. Y no creó que quieras estar en medio del bosque oscuro sin luz alguna—
Como sí fuera una orden, el chico de pelo color ébano observó el cielo. El rey yacía en la razón. El cielo era poco a poco devorado por la oscuridad. Ignorando un poco a su alrededor, John se a zambulló a sus pensamientos.
Ambos, apenas llevaban poco tiempo de haber salido de la casa de Jane. Posiblemente, menos de quince horas. Habían partido en la medianoche, momento ideal para no ser descubiertos. Y desde ese momento, el noble y el súbdito no pararon de caminar. Como orden —y también por deseo suyo— no decidieron detenerse. Caminaron y caminaron hasta perder de vista la casa. Incluso, traspasaron la parte donde el troll les ataco.
Ahora, apuntó de que él último rayo de sol desapareciera, estaban en los principios del Bosque Oscuro.
Nostalgia y tristeza abordaron a John. Al recordar que su Nana platicó con él sobre dicho bosque. Se contaba, que el nombre fue otorgado por las cosas inexplicables y espantosas que ocurrían dentro de el. Ni siquiera el hombre más valiente es capaz de pasar una noche en su interior.
Los árboles negros, secos; de raíces y ramas totalmente deformes, otorgaban al lugar un aspecto lúgubre. Graznidos de cuervos como ululares de búhos le daban un toque extra de tenebrosidad. John empezó a padecer escalofríos.
La única persona, que fue capaz de soportar los tormentos paranormales que ocurrían en ese lugar, fue la bruja zoomorfa. Una creatura cual cuentan las leyendas, es en realidad un animal, que tomó forma humana. Siempre John creyó que eso era una tontería ¿Un animal convertirse en humano? ¡Vaya sorpresa! Pero estar ahí, en ese bosque donde vivé y ronda ese personaje mítico; lo escéptico palidecía.
—John… ¡JOHN! — el sonido del tronar de dedos, le hizo reaccionar violentamente —¡Ah! ¿¡Nos encontró la bruja!? — gritó como paranoico. El rubio frotó su rostro. ¿Con quien rayos se fue a parar?
—No— contestó — Pero sí no te apuras a encender el fuego, nos va a encontrar— soltó un suspiro —Contigo al lado, lo único que haces es que desee tener a cierta persona a mi lado— enterró su mano en el cabello, peinando hacia atrás.
—¿Cierta persona? — le miró curioso
—Una persona la cual quiero metros bajo tierra— limitó a contestar su compañero. El bastón lo enterró fuertemente en la tierra. Siendo de esta manera, un sutil apoyo para poder sentarse sobre una roca plana —¿Y bien? ¿Sabes algún conjuro para prender el fuego? —
—¿Acaso no sabe usted uno? — vaya, al parecer el rey se esta haciendo flojo.
—¿Me vez con cara de poder hacer algún conjuro? — arqueó una ceja. John no se molesto a contestar, solo gesticuló una mueca.
—De acuerdo. Pero te advierto. Sí todo el bosque se empieza a incendiar y con ello, nosotros también; fue tu culpa— frunció el ceño. —Cargaré de toda culpa— levantó ambas manos el joven rey.
Expulsó una gran cantidad de aire e inhaló la misma cantidad para comenzar. Concentración. El joven prospitano centró la mirada al cúmulo de leña, extendió las manos direccionado hacia dicho cúmulo y cerró los ojos. Strider solo contemplaba.
Palabra tras palabras, el conjuro era recitado. Invocando al fuego para que les otorgará un poco de su poder. Aquel viento azul, igual al que apareció en forma de serpiente cuando levitaba, cubrió sus brazos hasta llegar a sus manos. Era el momento.
De izo facto, tronó los dedos. El aire azul se transmutó en chispa que por ende se convirtió en fuego, encendiendo la hoguera avivadamente. Temeroso de abrir los ojos —ya que tenía miedo que ocurriera lo de ya hace mucho tiempo— abrió un ojo levemente. Delante de él, la leña ardía. Lo logro. Esbozo una sonrisa. Una sonrisa de alivio.
—Parece que el fuego no se te da, ¿Cierto? — comentó el rey quien presencio todo como espectador —Algo así— respondió —La última vez que hice este conjuro quemé casi toda mi casa— riéndose, se acomodó en un lugar cercas del fuego.
—Tal vez sea por que tu elemento no es el fuego. Yo diría que es aire—
—¿Tu crees? ¿Cuál es el que tú manejas? —
Dave, sin verle se dispuso a examinar sus propios vendajes. Fugazmente, trato de localizar una mancha roja entre ellas. Pero al no ver alguna, significó que sus heridas estaban intactas y cerrándose.
—Jodidamente genial. Un poco más de vendas y me convertiré en momia— sonrió —¿Cómo es posible que la gente tema de algo cubierto de vendas y no de un troll? Resulta algo muy ilógico. Sí estuviéramos peleando con momias en ves de las bestias de Derse; tal vez ellas nos estuvieran dominando como las amas supremas de Alternia—
—Dave — le llamó a secas
—¿Qué? —
—¿Acaso acabas de ignorar mi pregunta? —
—Claro que no, ¿Qué te hace pensar eso? — comentó sarcástico
—Enserio, no se como me molesto hablar contigo— un tanto asqueado por la forma de ser de Dave, se recostó en el piso. Iniciaba a interrogarse sí realmente fue buena idea empezar su odisea con Dave.
— Hey, ¿No crees que es un poco obvio la respuesta a la pregunta? — suspiró —Soy el maldito rey de Prospit. Se supone que debo manejar un poco más de magia que el mago mayor ¿Recuerdaaas? — entonó lo último con un poco de tontees. John rodó los ojos. Para que luego, estos les fuera robado la atención por algo.
—¿Tienes hambre? — volviéndose a incorporar, tomo posesión de su ballesta. La más fiel de sus armas que había traído consigo. Recargando y posicionando con rapidez el arma, dio un tiro sin titubeo a uno de los árboles.
El sonido de ramas quebrándose abordó el lugar de los dos chicos. Algo seco, impacto en la tierra. Cuando observaron los dos, se dieron cuenta que era un mapache. Tiro certero en la frente, muerte inmediata.
—Mierda, hombre — intentó que su rostro no se viera asombrado. Por un instante, se dejo llevar por la apariencia de John —¿Qué te hizo el pobre animal? — cuestionó Dave, aún sorprendido en su interior. El joven, solo encogió sus hombros.
—Por lo menos, no soy como Jake— la mortificación por levantarse fue innecesaria. Solo fue cosa de un leve conjuro de levitación para traer la presa hacia él —Ese hombre solía cazar todo lo que se moviera. Y si era algo majestuoso, lo conservaba como trofeo— movió la cabeza de lado a lado —Aún recuerdo cuando nuestra casa estaba llena de esos animales disecados— riéndose, empezó a tratar al animal.
—Yo por lo que veo, tienes agallas para la caza— dejo aun lado la piedra en donde estaba postrado. Y con cuidado, se puso aun lado de Egbert —Eso de desollar y abrir un animal como sí nada, deja mucho que decir— tomó su lugar ante la hoguera.
John mostró una sonrisa.
—Era adquirirlas o que Jake estuviera hostigándome hasta aprender a cazar— Ahora que lo veía bien —más por que alguien le dijo— Dave le había dicho una verdad. Bajo su vista hacía el animal que portaba en sus manos. La navaja que utilizaba, así como sus manos estaban embarradas por la sangre del animal.
Vio que abrió el estómago por la mitad para poder sacar sus viseras; y quebró el cuello para poder degollarlo más fácilmente. En todos sus años, John nunca prestó atención al tratamiento que le daba a un animal. Era algo que hacía seguido, así que no tenía necesidad de importarle ese detalle.
—Nah, es sencillo— rebana pedazos de carne —Con el tiempo te acostumbras— dijo cantarín —Toma, ve empalando la carne con algunas ramas y las colocas al fuego. Claro, si se que no te da asco tocar carne ensangrentada— comentó burlón.
El rey arqueando una ceja.
—Por alguna razón siento que me tomas por un delicado, ¿Verdad? Pues déjame decirte que por portar título de rey no es significado de dependencia— mencionaba, a la par que encajaba las ramas en la carne fresca.
—No, no es necesario saber eso. El hecho de ver como tratabas a un troll con solo una espada ¡dice más que mil palabras!— señaló —Con eso de que ya no se usan casi las armas—
—La gente piensa que la magia resuelve todo— clavó una rama en la tierra cerca del fuego — Pero te puedo asegurar que una espada hace más daño que un hechizo— declaró el rubio —Por ejemplo, pudiste usar tu ballesta con el troll ¿Acaso lo pensaste antes? —
—Pero eso no le haría daño alguno…— dudosamente miró su arma
—Aquí no importa el daño— enterró más ramas con carne —Lo que importa es que puedas defenderte, y darte ventaja para poder huir sin riesgo alguno— guardó silencio por un momento, perdiendo su vista en el fuego que alumbraba con fiereza. John observó a la realeza. Seguramente, debe estar pensando en algo sabio cual le iba a decir.
—Así que para la próxima, no seas un idiota y piensa con tu cerebro. Para eso lo tenemos, dentón— rió.
— ¿En verdad eres el Rey de Prospit? Lo empiezo a dudar—
— No es mi culpa, tú me diste estas ropas—
Como siempre, el noble buscaba el otro lado de a las preguntas de John. Más obviamente tenía su punto a favor. Debido a que la ropa que portaba antes se vio afectada por el confrontamiento contra el troll; sus ropas fueron cambiadas.
Sus finos ropajes fueron cambiados por una camiseta café, donde sus mangas parecieran que fueron cortadas en picos. Un pantalón de tonalidad café más oscura, que ocultaba su otra mitad al ser fajadas con sus largas botas negras. La única posesión de ropaje que pudo conservar, así como su espada que portaba en su espalda.
—Sí querías usar ropa ensangrentada, solo me hubieras dicho— le dio vuelta a las ramas — A parte, eran las únicas piezas de mi ropa que te quedaban— suspiró. Dave se recargó en una piedra próxima, dispuesto a reposar un poco hasta que estuviera la comida.
— Supongo que no te quedaban por que te cubrían todo— sonrió, ya que la mayoría de la ropa que John eran camisetas y shorts. Inclusive en ese momento, el joven hacía gala de una camiseta verde con mangas cafés, shorts café oscuro y unas botas color tierra.
Ante la burla y ya hastiado de ese comportamiento, propinó un golpe en el brazo al noble. Ocasionando, que este exclamara en agonía.
—¡Arg! ¿Qué carajos te pasa? — golpeó con ganas el brazo de John
—¿¡Qué carajos te pasa a ti!? — gritó molesto —¡Siempre burlándote de los demás como si tuvieras el derecho de! —
—¡Oh! — pseudo hizo cara de asombro —Ahora resulta que eres delicadito ¡Con razón el troll fue directo a atacarte! — respingó
—¡No soy delicado! ¡Tú eres quien te llevas pesado! — respondió
—¡Pues no es mi culpa que no seas capaz de aguantar la carilla de otros! — volteó la cara —Como ahora no esta Jane para defenderte, te molestas—
Dave no debió mencionar eso. En verdad no debió. Y ese costo por decirlo fue pagado con un puño en la cara. El golpe llevó a que el ojirojo empezará a exclamar de dolor así como unas cuantas pestes.
—Je, ¿Ahora quien es el delicado? — burlándose del rey, una risa fue generada por el muchacho ante la desgracia de su compañero. Dave apretaba con fuerza su cara, el dolor era insoportable. Se acabo, sí existía algo que no toleraba era la burla hacia él. Nunca en toda su vida, incluso cuando vivía al lado de una cierta persona; lo soportaba.
En un impulso, logró levantarse. Sí antes las vendas no estaban teñidas de rojo, ahora lo estarán. Aprovechando el momento de distracción, adquirió fuerza suficiente para golpear a John en el rostro. Más otro golpe debajo de la mandíbula.
Dos golpes bastaron para silenciar al pelinegro.
Tirado en la tierra, una mano ascendía hacía su boca. Un líquido espeso brotaba de su comisura del labio. Saboreó algo metálico en su boca, era sangre. De esta manera confirmo dos cosas. Una: ahora portaba heridas en la boca. Dos: Dave estaba muerto.
En cuestión de segundos, ambos olvidaron sus heridas. Huesos quebrados, como heridas que apenas cicatrizaban, fueron dejadas en el abandono. El trabajo de Jane se fue a la basura. Como una batalla de titanes, los dos comenzaron a luchar. Golpe tras golpe, añadían más heridas a sus cuerpos. Ni siquiera el dolor fue lo suficiente para pararlos.
Pesé a eso, solo fueron cuestión de segundos para que las graves heridas de Dave le hiciera doblegar. Verlo moribundo, dio señal para John dar su golpe final.
Elevó su puño derecho para tomar impulso. El golpe iba ser lo suficientemente fuerte para dejarlo noqueado. El rubio no podía moverse, admitía la derrota. Esperaría por el golpe con la frente en alto, pero…
—¿Como…?— abiertos de par en par, sus ojos contemplaron algo inaudito. El rey de Prospit detuvo el golpe con una sola mano. No, no iba a permitir que se saliera con la suya. Sin perder tiempo, su mano izquierda formó un puño, dispuesto a seguir con el ataque.
—Imbécil, ¿No lo escuchas? — gimió —No estamos solos—
Aquellas detuvieron a John. ¿Qué no estaban solos? Sí resultaba ser una trampa por parte de Dave para distraerlo, no dudaría en golpearlo otra vez. No obstante, guardó silencio. Sus orbes color cielo, miraron a su alrededor. Sí, podía escuchar algo. Era un ruido tenue, casi inaudible.
Al cerrar sus ojos, le ayudo a enfocarse más. Escuchaba el fuego devorando sutilmente la leña, el claro viento que provocaba el tronar de las ramas secas, los animales que vagaban entre los helechos y árboles. Pero, yacía un ruido en particular, que no se asociaba con el bosque. Una risa, sí. Era la risa de una persona.
Constipado por lo que escucho, miró a Dave. Este le devolvió el mirar sin saber que era lo que pasaba. —Seguramente, son los encantos del bosque— adolorido habló —Por algo no le llaman Bosque…—
Para John, fue como ver todo en cámara lenta. Una enorme garra, sostuvo el cuerpo del joven rey arrastrándolo contra un tronco. Una silueta humanoide, tomo por sorpresa a Dave. El mal aliento que emanaba de la boca, revelo quien era. Un troll. Y no cualquiera, era el mismo quien los había atacado ya hace tiempo.
—¡Dave! — gritó al ver que esa creatura apretaba con su mano el cuello del rubio, quien luchaba por liberarse —¡Suéltalo maldita bestia! — apoderándose de su ballesta, apuntó directamente a la cabeza del troll. Este, hecho a reírse.
—¡Por favor! — la voz distorsionada y metálica del troll resonó por el bosque. Egbert se sorprendió, realmente podía hablar. —Baja eso niño, te vas a lastimar— bufante, ignorando completamente a John fijo sus afilados ojos rojos al rey moribundo.
—¿Qué pasa, gran rey? — clavó sus uñas en el tronco, dejando imposibilitado de cualquier forma de escape —¿No puedes soltarte? ¿Por qué no usas tu magia? — Dave, quien apenas se movía, enterró sus manos en la garra del troll, para otorgaba una mirada envenenada.
—J-John…— Dave habló con voz ahogada, la presión sobre su cuello no le permitía respirar. Pero el troll, ejerció presión sobre su cuerpo herido. El sonido de algo quebrándose abordó todo el bosque. Los ojos rojos, entonces, se tornaron blancos.
La carcajada del troll irrumpió la escena.
—¡Lo sabía! — exclamó —¡Sabía que estaba en lo correcto! — al no existir ya la necesidad de reprimir al rey, desclavijo su garra del tronco. El cuerpo impactó el suelo sin reacción alguna —Te dices el rey de Prospit, ¡Pero no puedes usar magia!—
—¡A-Aléjate de él! — con odio John apuntó su ballesta con el troll. Su respiración se hallaba alterada. El nerviosismo tomó control de su cuerpo haciéndole temblar descontroladamente. El troll lo observó y esbozó una sonrisa con sus grandes fauces.
—Pero si eres el estúpido que acorralé la otra vez— dio un paso hacia enfrente —Vaya que me diste problemas la otra vez, hijo de puta. Lastima que tu seudo "rey" no podrá protegerte ya más— continuó mofándose. John empezó a dar pasos hacía atrás lentamente. Sin dejar de pensar en que lo que dijo la bestia. ¿Seudo rey? No, seguramente era una trampa para despistarlo.
—¡Deja de decir patrañas! Alégrate que Dave…— miró al joven tirado en el suelo, sin saber si estaba vivo o no. Frunció el ceño, estaba perdiendo su cordura. El troll cada vez más y más se aproximaba a él.
—¡No puedo creerlo que realmente creas en sus mentiras! — habló —Sí lo fuera ¿Por qué no fue capaz de herirme con un hechizo? Como la vez anterior, tuvo posibilidades de hacerlo— la estrecha distancia entre él y John es hacia rotundamente pequeña. Quien sujetaba la ballesta como su única esperanza para poder sobrevivir.
Atemorizado, sus extremidades temblaron vigorosamente. El miedo y el pavor lo consumían. Tanto para paralizarlo y lo suficiente para no dejarlo pensar en que hacer. Solo daba pasos hacia atrás. El bosque hizo su jugada, dejando que una de sus raíces le hiciera tropezar. Su ballesta salió volando. Se acabo, el fin estaba cerca.
Su conciencia no muy benévola ante la situación, recordó a John el por que estaba ahí, tirado en el suelo. "Tomaste la decisión equivocada" Aquella era la frase que retumbaba en las paredes de su mente sin césar.
El troll abrió sus enormes fauces, dejando que su fétido aliento cubriera el lugar. El anunció de la muerte de John estaba cercas. Ya no había nada que pensar. Sí todo lo que dejo atrás valió algo; nada tenía valor en ese momento. Como último deseo, exigió el perdón a su Nana por su ingenuidad, fue una idiotez lo que hizo. Aun que él solo deseaba saborear el mundo… nada más.
Reclinó la cabeza y poco a poco cerró sus ojos. Una gota cristalina descendió en silencio por su mejilla. El sonido gutural de victoria por parte del troll, sería transformaría en el último recuerdo de su vida.
A nuestros ojos todo ocurría a lentamente, pero para John era fracciones de segundos. Segundos donde escuchaba como el troll iba por él. Segundos donde escucho como ese sonido se alejaba de él.
Sintiendo la necesidad de una explicación, abrió los ojos. La bestia que esperaba ver delante de él ya no estaba. Sin comprender, miró que creatura de Derse gruñía sin parar. No era un gruñido como los anteriores, eran gruñidos de dolor. ¿Se habrá retractado? Por un momento podía asegurar que sería su comida.
Buscando la respuesta, prestó atención a lo que hacía. Sus garras trataban de alcanzar algo en su espalda. La frustración se apodero de su rostro al no poder tenerlo entre sus garras. Más al girar, para John quedó todo claro.
Justo en medio de su espalda, aferrado como chinche en su piel gris, había otra creatura. Mordía con fiereza el cuello del troll, dejándole en claro que sí quería quitárselo de encima, tendría que hacer mucho más esfuerzo. La bestia lanzó un zarpazo que fue dirigido directamente a su atacante.
Pero fugazmente, esta saltó de su espalda para evadirlo.
Cual iba ser la sorpresa de John al darse cuenta de lo que era en verdad.
El atacante de la bestia era al parecer un lobo o un perro.
El animal desafiante, postrado en sus cuatros patas gruñía con repudio al troll. Su pelaje largo y blanco se encontraba erizado; y cual ojos le transmitía su furia.
Estupefacto era el estado de John. Retiró sus lentes para frotar sus ojos. ¡Era imposible que un animal como ese se enfrentará a esa bestia! ¡Lo acabaría matando! Pero las apariencias engañan. Ya que en el área donde lo mordió se encontraba sangrando y carne viva.
La oscura creatura gruño hacía la creatura blanca. Ambos se enseñaban sus afilados colmillos preparados para atacarse mutuamente. Dentro de John no dejaba de sentir una enorme ansiedad. Su corazón latía precipitadamente, su respiración se alteraba. Volteando a los lados tomó lo más cercano que tenía; una piedra. Y en desesperación la arrojo lo más cercas posibles de esos dos. La piedra choco contra el piso llamando así su atención.
—¡Vete! — gritó hacia el perro blanco —¡No tienes por que meterte en eso! — El muchacho yacía sin razón de ser. Todo lo que sentía, pensaba y ocurría se aglomero dentro de él. Inclusive era válido decir que en esos momentos, John transcurría por una declive mental. Se encontraba enturbiado por sucesos incomprendidos.
Tan agraviado era su estado, que no denotó al animal blanco, que sorpresivamente estaba delante de él. Los ojos perdidos del pelinegro veían todo en una imagen irrealista. Así que cuando vio el perro, una risa de nervios nació de su boca. La bestia le miró con sus ojos verdes vivos. Extrañamente transmitían algo, que le generó una paz inmensa de inmediato.
Sus pestañas adquirieron peso.
Parpadeó una vez, el animal se había ido. Parpadeó por segunda vez, dudó de su vista borrosa ya que captó una pelea entre las bestias. Y en la última, se desvaneció.
—John— una voz suave y cálida, llamaba con cariño al muchacho —John, vamos despierta. No puedes estar dormido todo el día— una ligera risilla se escucho —¡Levántate, no seas perezoso! — un pellizco fue sentido en su mejilla.
—Nana…— se quejo al ser despertado tan abrupto de su sueño —Tuve un sueño muy extraño…— frotó sus ojos con cuidado y bostezó.
—¿Nana? — aquella voz se mostró confusa —Discúlpame, pero yo no soy esa "nana" de quien hablas— aclaró la extraña voz.
Los ojos de John abrieron de golpe. ¿No era su nana? Pero sí esa voz era…
Anonadado, volteó a su derecha. A su lado, con una sonrisa blanca y reluciente, se encontraba de pie una joven. Su piel era morenita, con cabellos largos hasta la cintura de color negro. Portaba un vestido café rasgado de las orillas con unos cuantos parches. Llamando la atención eran aquellos ojos verdes; que eran adornados por unos lentes redondos.
Esos ojos le hicieron recordar de inmediato.
—¿¡Donde estoy!? — John se vio consumido por el pánico —¡Dave! ¿Dónde esta Dave? — levantándose precipitosamente de la cama donde estaba acostado, empezó a mirar a su alrededor. La chica, sin saber que hacer lo tomó por lo hombros.
—¡John cálmate! — frunció levemente el ceño —¡Estas en mí casa! — tratando de retener el ataque del prospitano, lo rodeó con sus brazos. Abrazándolo lo más fuerte que pudo —Todo esta bien, cálmate por favor— aquella sublime voz, detuvo y calmó la precipitación de John. Esa voz era igual a la de su Nana. Sin contar que el abrazo le transmitía algo familiar.
Soltando un largo suspiro e inhalando nuevamente, contempló a la mujer.
—¿Quién rayos eres tú? ¿Dónde estoy? ¿Dónde esta Dave? — cuestiono jadeante, aún tratando de calmarse. No tenía ni la menor idea de quien era esa persona, y mucho más, el por que lo abrazaba. Todo seguía siendo tan extraño y confuso.
—Soy Jade— se alejó de él, mostrándole una sonrisa. Donde al igual que él, sus dientes delanteros parecían como si se mordiera los labios —Jade Harley— rió —Y estas en mi casa— John quedó cautivado por aquella voz. Por más que tratará de pensar en otra cosa, la imagen de su Nana era invocada.
—Y… ¿Dave? — arqueó una ceja —Esta en la sala, descansando. ¡Ven! Te llevaré con el — y sin permiso alguno, tomó la mano del muchacho. Alegremente, como sí nada hubiera pasado, la morena lo llevó escaleras abajo.
El joven mago se encontraba extrañado. ¿Quién trata con tan amabilidad una extraño? ¿Y por que él se dejaba tratar así? Quiero decir, en su sano juicio, nunca recuerda haber conocido a esa joven mujer que estaba delante de él. Pero pareciera, por su modo de tratarlo, que llevaban años conociéndose. Y más extraño era todavía el porque sabía su nombre.
Al bajar, llegaron a la sala principal de estar. John miró a su alrededor. Por muy extraño que parezca, lo que era el hogar de la chica era parecido al suyo. Solo con la diferencia de que estaba lleno de pieles de animales a su alrededor, así como libros, calderos y vasijas de vidrio.
—John— la voz familiar de alguien le hizo reaccionar. Era Dave, quien se encontraba recostado en el único sillón de todo el lugar. John mostró una expresión de alivio.
—Dios, ¿Cómo te encuentras? — se acercó a él colocándose de cuclillas. Dave encogió sus hombros mostrando indiferencia —La verdad, estoy acostumbrado a esto. Pero ese maldito troll en verdad me las va a pagar— gruñó. John recorrió el cuerpo de Dave rápidamente. Era asombroso, sus heridas casi desaparecían. Ya ni Jane era capaz de recuperar a las personas a ese nivel.
—¡Realmente esa cosa te dio un buen golpe! — se acercó la ojiverde —Un poco más de tiempo y hubieras estirado la pata— rió. La risa de Jade revocó un recuerdo. Esa risa… era la misma que él y Dave habían escuchado en el bosque antes del ataque.
—¡Menos mal que logré llegar a tiempo para colocarte el hechizo de curación! — sonrió. Dave agachó su mirar —Ya te dije que te lo agradezco Jade— rodó los ojos.
¿Llegar a tiempo? Definitivamente no recordaba eso.
—Espera un momento— reclamó —Dave, no se sí sea yo pero la risa de ella es justamente igual a la que escuchamos en el bosque— miró con ojos entrecerrados a Jade. Ella solo sonrió.
—Yeap— afirmó el rey —Oh Dios— aquella típica sonrisa de burla de Dave se formó en sus labios —¿Todavía no te das cuenta? — dijo sorprendido —¿O todavía no le has dicho? — interrogó a la presente. —¿Decirme qué? — preguntó un tanto molesto. En verdad no le vía la gracia a lo que ocurría.
Dave movió a los lados su cabeza. —Mírala de nuevo, John—
John constipado de no entender lo que pasaba volteó a ver a la joven ¿Qué tiene que ver eso con lo que no se daba cuenta? Pero fue grande el susto que se llevó al ver a que se refería.
Sobresalientes, una par de orejas puntiagudas y peludas salían de la cabeza de ella. No parecían que estuvieran pegadas, realmente brotaban de su cabeza. Así como una peluda y larga cola blanca. Y sus manos, portaban unas largas y afiladas uñas. Tímidamente, ante la mirada de sorpresa de John; Jade sonrió. Para poder mostrarle un par de grandes colmillos blancos.
John dio un paso hacia atrás con miedo.
—John Egbert. Te presento a la Bruja Zoomorfa, Jade Harley— añadió el soberano. El joven no creía lo que veía frente a él. Ver a un humano —sí en verdad se lo podía decir así— con partes de animal. Aparte, ¡No tenía la apariencia de que fuera una bruja! ¿Acaso las leyendas eran falsas?
—P-pero…— titubeó en su hablar —¿Cómo es posible…? Mi Nana me contaba leyendas sobre la bruja zoomorfa. Donde contaba que era alguien sumamente terrible, espantosa y horrorosa. Capaz de matar a sangre fría a cualquiera que entre a su bosque—
—¡Hey! — como niña chiquita infló los cachetes. Aquello le había ofendido
—¡Yo no soy eso! — frunció el ceño —¿Quién fue el que dijo esas terribles cosas? — gruñó. —Eso es teóricamente imposible de saber— comentó el rey —Son leyendas que transcurren en los reinos de Prospit y Derse. Podría decirse que eres toda una figura famosa y que apareces en el primer puesto de los miedos principales de los niños— bromeó.
La joven que aparentaba una edad similar a la de John, agacho su mirar. Y haciendo junto, sus orejas y cola. Estaba triste. —Eso explica por que las personas huían al verme…— murmuró —Eso lo explica todo—
El dentón quien la observaba aún con asombro, sintió lastima por ella. Con cariño, esperando que no se viera un tanto ofensivo, posó su mano en la cabeza de Harley y rasco un poco su cabello. Como reacción al acto, ella inclinó un poco su cabeza. John sonrío, le parecía gracioso.
—¿Vez John? Es dócil— el rey, quien los miraba desde el sillón sonrió —Por lo menos no te toco verla totalmente ensangrentada y desnuda— arqueó una ceja —Enserio Jade ¿No pudiste ponerte algo antes de salvarme? Eso se llama exhibicionismo—.
La chica gruño molesta ante lo que dijo Strider.
—Wouh, ¿Desnuda? — dejo el rascar, a la par que se daba cuenta de algo —Esperen, exactamente… ¿Cuánto tiempo llevo dormido? — miró a ambos con intriga. Jade miró a Dave y este viceversa. —John— habló el rubio —Llevas dormido más de medio día— aclaró
—Disculpa— habló bajamente la morena —Me sobrepase un poco con el hechizo de inconciencia, por eso dormiste casi todo día—
—…— frustrado, ambas manos cubrieron su rostro. Se encontraba artado de no comprender lo que ocurría. Realmente le era desagradable saber las cosas a medias. El herido, mirando el estresar de su compañero, trató incorporarse. Moviendo su cuerpo con lentitud.
—Ok, "señor me frustro con fácilidad" deja te explico— soltó un quejido —¿Te acuerdas que el troll nos estaba atacando? Bueno, poco después de que el bastardo me dejará herido, se "supone"— miró a Jade —que debiste haber visto lo que era un perro blanco, que se puso a pelear con el troll, ¿No es así?— le cuestiono. John asentó con su cabeza.
—Bueno, ese perro es esta chica— aclaró —Ella fue quienes nos salvó—
John quedó en silencio. Con razón le era familiar la cola y las orejas.
—No se sí recuerdes— jugaba con sus dedos la joven — Que ese "perro" se acercó a ti y te miro a los ojos…— hablando ya casi en silencio, sus preciosos ojos verdes se clavaron en los de John. En verdad no mentía, era ella. Esa misma paz que sintió en ese momento, lo sentía ahora.
Sin decir nada, tomó un lugar en el sillón. Retirándose los lentes, hecho su cabeza hacia atrás. ¿Desde cuando su entorno se hizo tan extraño? Troll, brujas, bosques… ¿Cómo podría sobrevivir a eso? Su mente no procesaba, ¡él no estaba adaptado ese tipo de situaciones! ¿Cómo debía responder? ¿Cuál es la forma buena de reaccionar? Por más que trataba, aún con su mayor esfuerzo, no lo lograba captar….
—Bien, olvidémonos de eso— rompiendo el silencio, el rey habló con fuerza —Claramente mi compañero no quiere hablar de eso, así que vamos a los asuntos serios— con dificultad llevó ambas manos a su oreja derecha.
—Jade, en verdad te agradezco por habernos salvado y por demostrarnos que en verdad no eres ese mounstro salvaje a la cual toda la gente teme— le miró por el rabillo del ojo complaciente —Hehe, gracias. Supongo— encogió los hombros la chica.
—Pero la verdad, hemos venido solo para una cosa— finalmente, logró quitarse el arete que Rose le puso a la fuerza —Mi hermana, dijo que tu solo eras capaz de romper el hechizo que porta este arete—
—¿Woof? — sin querer salió de su boca un ruido perruno. Siendo así el único medio capaz de capturar de nuevo la atención de John. Dave sonrió, estiró su brazo y dejo la pequeña joya en la mano de la bruja.
Curiosa, ladeo su cabeza aún lado. Su cola —quien aún estaba afuera— se movía levemente un lado para otro. Los chicos se miraron entre sí. Ahora la semilla de la curiosidad estaba dentro de ellos. ¿Era un animal que se hacía humano? ¿O un humano que se hacía animal?
Los grandes ojos de la chica contemplaban el rubí, que reposaba sobre unas hojas doradas. Una sonrisa broto, y con fuerza rompió la joya con su mano.
—¡Listo! — exclamó con alegría. Abriendo su mano, dejo a la clara vista de los jóvenes el arete destruido. El rubí redondo quedo añicos en un abrir y cerrar los ojos. Y las bocas de los presentes quedaron abiertas.
—J-Jade…— quedó mudo el pelinegro —¿Segura que así se debía romper el hechizo? — preguntó trastornado. La bruja asentó con su cabeza —Pero no se sí debía hacer algo esto después de que lo rompiera ¿Acaso no lo saben chicos? — sonrió inocentemente.
El rey de Prospit negó con su cabeza. —No… Rose no me dijo algo más, solo que rompieras el hechizo…— sus ojos no dejaban de ver la mano de Jade. Sí esa no era la forma de romper el hechizo, estaría en un grave problema. Cosa que jamás se perdonara.
—Entonces, creo eso es todo lo que puedo hacer por ustedes—
Pero entonces, algo increíble comenzó a ocurrir.
Los diminutos restos que reposaban en su mano, se movían. Saltaban en su mano de un lado para otro. Como sí tuvieran algo vivo adentro. Las orejas y cola de Jade se pusieron en punta.
—¿Qué ocurre? — se levantó del sillón John, colocándose aún lado de la bruja —¡No lo sé! — exclamó —¡Solo empezaron a moverse! — llevó su vista a John un tanto temerosa. John frunció el ceño.
—¡Dave! ¿Estas seguro que Rose no te dijo nada más? —
—Claro que sí— contestó —No podría mentir sobre algo serio—
—Ah… ¿Chicos? —
Interrumpió Jade, ya que tres fragmentos de la joya salieron disparados de sus manos, literalmente volando por toda la habitación. Los ojos rojos, azules y verdes, trataron de seguir el curso de cada uno de esos pedazos. Era como ver pequeños cometas rojos que se dirigían sin rumbo fijo por la sala. Más eso no sería por mucho tiempo, ya que uno se dirigió directamente hacía la chica.
—¡Jade! — trató John de evitar el impacto, pero fue tarde. La joya se incrustó justo en medio de su pecho. El quejido de cierta persona, le hizo voltear. Esta vez, fue Dave. Donde contemplo perfectamente como el segundo resto de rubí entraba por su pecho hasta desaparecer. Dejando inconsciente al rey.
John reacciono de golpe, ahora solo quedaba uno.
Sí había pensado en protegerse, eso ya no le serviría. El calor de algo penetrando su pecho se hizo presente. El último pedazo cumplió su cometido, enterrándose en sus entrañas. Arqueándose, colocó sus manos justo en medio de su pecho. Para caer luego de lado, inconsciente.
.
Abrió los ojos. Todo era negro. Desesperado buscaba algo de color blanco, pero al fallar en su búsqueda; comprendió que no estaba en Skaia. John entonces decidió correr. ¿Por qué? No lo sabía. Solo se puso a correr en medio de aquella nada negra.
En su mente, no había pensamiento alguno. Sentía vació y el orden de correr, era automático. Su vista diviso algo, era dos tiras blancas a sus costados. Por estar corriendo, no supo si esas líneas venían hacia él o él hacia ellas.
Pero de algo estaba seguro, en medio de esas líneas había imágenes. Donde se le podía ver a un joven Dave junto con él. Donde al parecer, estaban jugando con espadas de maderas.
Sin detenerse, volteó a ver la otra línea. En esa línea, se encontraban dos niñas. Jade, y una chica de cabello rubio. Ambas reían, mientras jugaban con unas muñecas. Entonces, algo inaudito ocurrió, la chica rubia posó sus ojos sobre los de John. Para luego, sonreírle impecablemente.
—¿Rose…?— sin saber como, pronunció el nombre de aquella chica a quien no conocía. Y entonces, despertó.
Lentamente, comenzó a reincorporarse. Algo estaba mal con él, sentía que su cabeza pesaba más de lo normal. Con cuidado, se levantó. Se sentía mareado. Sus manos se aferraron al primer objeto cercano que tenía, una silla. Sus ojos miraban al suelo, se sentía extraño. Como sí no estuviera en su cuerpo. Le parecía totalmente ajeno.
—¿J-John? — una voz delicada, que parecía perturbada, le hizo voltear. Era Jade. Y ante su sorpresa, las otras dos personas estaban despertando. Pero en ellos también algo andaba mal. Sus ojos desbordaban lágrimas. Lágrimas, que no se detenían a pesar de que no se sintieran tristes.
Mirándolos a ambos, sus lágrimas se manifestaron.
Delante de él, no estaba la bruja zoomorfa. En realidad era su hermana mayor, Jade.
Y el dichoso rey de Prospit, no era más que su mejor amigo de su infancia, Dave.
Ahora lo entendía, ahora lo entendía todo. El por que al verla la sentía tan cercana a él.
Y por que Dave soñaba con él. Aquellos dos extraños, formaban parte de su vida.
Una vida que olvidó.
Próximo Update: 10 de Agosto
