De cosas diminutas y otras maldiciones
Por Roquel

Maldición VI
De las Falsas Apariencias

[…]

Draco recibe otra misiva. Esta vez su madre está desayunando con él así que no hay forma de evitar las preguntas. Draco mira horrorizado como la lechuza desciende hasta la mesa del comedor. Su miedo se dispara y durante una fracción de segundo puede imaginarse la conversación, pero su madre lee el nombre:

—¿Harold Potei?

Draco parpadea confuso. Extiende su mano y abre el sobre; todas sus sospechas se confirman cuando encuentra su varita metida en el sobre y una nota doblada en dos.

[…]

Malfoy:

Yo cumplo mis promesas.

H.

PD: Aunque no pongas posdata número dos se entiende claramente. Mira quién es el olvidadizo.

PD2: Escríbeme.

[…]

—¿Quién es cariño?

Draco, que se ha olvidado de su madre, la mira intentando encontrar su voz; carraspea para contestar. Instintivamente sabe que la verdad no es una opción.

—Un compañero de Slytherin, madre. Es un año menor. Recordarás que te dije que perdí mi varita en la fiesta de conmemoración del pueblo; aparentemente se me cayó cuando estábamos dando una vuelta. Él la encontró y me dijo que me la enviaría. Y lo hizo.

—Que amable… —Draco se espera la pregunta que viene a continuación—Pero su nombre es inusual, no creo recordar a ningún Potei en nuestro círculo, ¿o sí?

—No madre, es extranjero.

—Oh… pues tenemos que invitarlo a cenar. Para agradecerle.

—Sería lo apropiado pero como te dije es extranjero. Pasa las vacaciones con su familia.

—¿En dónde?

—No recuerdo habérselo preguntado. No somos cercanos.

—Um…

Draco deja que la conversación muera y termina de desayunar. Se asegura de que su madre sea testigo de cómo rompe y desecha el sobre blanco sin aparente interés. Después se pasa toda la mañana con su madre haciendo una lista de cosas que llevaran en su viaje. Es a media tarde cuando consigue un rato a solas y escribe una misiva apresurada:

[…]

¿HAROLD POTEI?

Tu sutileza es lamentable. También queda clara tu incapacidad para seguir órdenes, pero intentémoslo una vez más: NO ME ESCRIBRAS. No puedo estar inventándole una vida apropiada y glamorosa a un desconocido. Y menos a uno que tienen un nombre tan espantoso.

Malfoy

PD. No uses las posdatas si no sabes usarlas.

[…]

Draco no espera respuesta, siente que ha dejado en claro su postura, pero Potter es un cabeza hueca incapaz de entender una orden directa. La confirmación de eso la recibe el día en que salen hacia Francia. La trae la misma lechuza blanca que la de la vez anterior. El nombre (Yrrah Rettop) le provoca dolor de cabeza, y Draco sospecha que Potter ha puesto mucho esmero en conseguir que su caligrafía sea lo más chueca y apresurada posible.

[…]

Malfoy,

La Postada es la anotación que se añade al final de una carta, después de haberla firmado, y se utiliza como alternativa para añadir información. No veo por qué no puedo usar más de una posdata. No me puedo creer que seas tan estirado como para prohibirle a alguien utilizarlas.

Y con respecto a inventarle una vida glamorosa a Yrrah, ni te agobies. Yrrah es un joven mago con talento excepcional que le gusta el quidditch y tiene intenciones de convertirse en un jugador profesional de los Chudley Cannons.

¿A qué mola no?

Yo sé que sí.

Atte. Yo

PD: Si te preocupa que tus padres vean el mismo remitente una y otra vez hay muchísimas personas con hobbies interesantes esperando ponerse en contacto contigo. Harold y Yrrah no son los mejores, eso te lo puedo garantizar.

PD2: ¿Te gusta la letra de Yrrah? Me pareció verlo esforzarse mucho para intentar cumplir tus estándares. Pobrecito. No sabe que eres un mandón empedernido.

PD3: Por cierto, ¿no te quedo claro eso de que no entiendo cuando me dicen no?

PD4: Jo, ésta es solo para cabrearte.

[…]

Y por supuesto que Draco se enfada. Se enfada tanto que en ese mismo instante va en busca de pergamino y se pone a escribir. Se enfada tanto que se le olvida su miedo de encontrarse con los Blake. Se enfada tanto que se enfrasca en su respuesta y se olvida del mundo exterior.

[…]

Que le pidas a tu diccionario andante la definición no significa que la entiendas. El claro ejemplo está en tu carta, si puedes llamar carta a esos garabatos ininteligibles, pero que puedo esperar de una persona que piensa que una vida glamorosa es querer unirse a los Chudley Cannons, por merlín.

Ya que no lo entiendes te lo deletreare, N-O-M-E-E-S-C-R-I-B-A-S, ¿qué te hace pensar que no tengo cosas más interesantes que hacer? Ya sé que no entiendes el no, pero te lo pondré fácil, olvídate de que existo.

Y por cierto, tu infantil uso de las posdatas es eso, INFANTIL, madura, ¿quieres? No sé…

[…]

Pero Draco no termina su carta porque se percata de que su padre está parado junto a él leyendo su pergamino y la rabia se disuelve como polvo en el viento.

—Buen día, padre.

—¿Quién es este joven al que le escribes con tanta ira, Draco?

—El conocido de un compañero.

—¿El Potei del que tu madre me hablo?

Draco no se sorprende de la pregunta e interiormente felicita a su padre por sacar el tema con tanta libertad.

—No, padre, la carta que él me envió fue para entregarme mi varita, no somos amigos ni nada por el estilo. Fuera de la escuela no hablo con él.

—¿Y entonces a quién le escribes?

Draco contesta con pausas estudiadas.—Se llama Yrrah, es alemán, no va al colegio conmigo.

—¿Y cómo lo conoces?

—Es amigo de Harold, —Draco miente con habilidad, ejercicio que ha practicado y perfeccionado durante los últimos dos años, específicamente durante el tiempo que lleva conociendo a Marcus— él le dijo que nuestra familia tuvo un palco privado durante el torneo de quidditch, y quería saber si teníamos boletos para la temporada de este año, cuando le dije que no, insistió en saber si conocíamos a los directores de algún club de quidditch.

—Por tu carta puedo ver que no se da por vencido.

—No es eso, padre, solo me exalte, no tiene importancia.

—Si te está molestando puedo ordenarle a los elfos que intercepten sus cartas.

Draco está a punto de reiterar su negativa pero se da cuenta de que eso provocaría el recelo de su padre.

—Tal vez sea lo mejor.

—Muy bien, los llamare, pero antes, ¿puedo ofrecerte un pequeño consejo?

—Por supuesto, padre.

—Quema esa carta. Si le escribes estarás mostrando que le dedicas tiempo, y si envías esa carta airosa solo provocaras que siga insistiendo. Quema la carta y olvídate del asunto. Cuando vea que no llega respuesta enviará más cartas, pero tampoco recibirá respuesta, entenderá que no sirve de nada escribirte. Así que quema la carta.

Draco duda, mira a su padre que lo observa con la placidez de aquel que sabe que tiene la razón. El muchacho asiente y su padre solo necesita agitar su varita para prenderle fuego al papel. Su padre manda llamar a los elfos y Draco observa el intercambio con aparente frialdad. Después acompaña a su progenitor a desayunar.

La conversación es casual y Draco procura participar activamente, todo está bien hasta el momento en que se para frente a la chimenea para viajar. Intenta serenarse pero la perspectiva de ver a su prometida le resulta aterradora. El asunto no mejora mientras esperan en la central de red flu internacional.

Casi está anhelando la ira y la frustración que siente cuando Potter le escribe.

[…]

Los reciben los señores Blake, todos atentos y amables. Se disculpan por su hijo, que está con el sastre ultimando los detalles de su túnica, y se disculpan por su hija que ha tenido que salir en unas compras de emergencia. Esta vez no hay fiesta de bienvenida, así que Draco se ve libre después de responder al interrogatorio acostumbrado.

Sus padres se marchan con los de Carlee y lo dejan a él en el salón donde se sienta a esperar a su prometida. Intenta distraerse con un libro pero es inútil, al final se queda mirando por la ventana queriendo precisar el momento en que las cosas con Marcus se salieron de control.

Se sobresalta cuando la puerta se abre con fuerza y Carlee entra con el paso elegante y firme que la caracteriza.

—Carlee, yo…

—Cállate.—Draco obedece, sintiendo que el miedo burbujea dentro de él—La verdad es que no quiero verte, ahora no, pero si se lo digo a mis padres querrán saber por qué y tendré que decirles la verdad—Draco tiembla al imaginarse la situación—pero si lo hago le echarán la culpa a Cyril, los conozco. Es importante que Cyril se case sin escándalos, suficientes problemas tiene intentando complacer a la familia de la novia. Amo a mi hermano, y no quiero que mis padres piensen que es responsable de esto, porque no lo es. Por eso no les he dicho y por eso te prohíbo que les digas nada, mi hermano se quedará fuera de esto, ¿de acuerdo?

—De acuerdo…

—Sigo sin querer verte, aún sigo enfadada, pero la boda de mi hermano es lo más importante ahora. No me voy a esconder.

—Lo entiendo.

—¿De verdad? Pues veremos. Fingir que las cosas son iguales que antes es inútil, no lo son y no sé si volverán a serlo, pero debemos guardar las apariencias por el bien de mi familia.

—Muy bien.

—Es obvio que no podemos ignorarnos mutuamente, pero sí andas por ahí mi madre te forzaría a ayudarme, cosa que no quiero. También sería raro que cada quien ande a su aire siendo que nunca hemos sido así.

—¿Cuál es tu sugerencia?

—Que te enfermes.

—¿Perdona?

—Lo haría yo pero esta es mi casa y tengo un montón de cosas que hacer con la boda. Es la única manera de simular que todo está bien. Uno de los dos debe quedarse en cama.

—O sea yo.

—Dijiste que lo entendías.

—Y lo hago… —Draco suspira, el complejo de culpa lo ha dejado sin su espíritu de lucha, —lo haré.

—Bien.

—Pero no puedo fingir que estoy enfermo indefinidamente. Mi madre sospecharía.

—No fingirás.—Draco la mira interrogativamente pero antes de que pueda decir nada, Carlee le lanza un vial—Es fiebre glandular. Es contagiosa mientras presentes los síntomas así que será la excusa perfecta para que te enclaustres en tu habitación y para que yo no tenga que sentarme contigo a cuidarte.

—¿Cuánto duran los síntomas?

—La fiebre te durará diez días aproximadamente, y la inflación de la garganta se reducirá en unas cuatro semanas.

—¡¿Voy a estar en cama un mes?!

—La boda de mi hermano es en dos semanas. Tus padres planean quedarse después de eso hasta que me vaya a mi campamento de verano. Tu enfermedad debe durar más que eso. Para cuando te recuperes estaré en el campamento, mi hermano estará en su nueva casa, y con suerte habrá pasado suficiente tiempo para que me sienta con ánimos de hablarte otra vez. ¿Tienes alguna una objeción?

—No.

—Bien, entonces bébetelo ahora. Te producirá somnolencia, le diré a nuestros padres que tuvimos una charla enriquecedora y maravillosa pero te sentías mal y quisiste recostarte un rato. Para cuando te despiertes los primeros síntomas serán visibles y lo demás será historia.

—…Carlee.

—¿Qué?

—Solo quería disculparme. Lo siento. No debí hacerlo. Eres mi prometida y por ello te debo respeto. Debí ser honesto y debí decirte la verdad en cuanto sucedió, pero tenía miedo. Tenía miedo de como reaccionarias, tenía miedo de decirlo en voz alta. Tenía miedo de afrontarlo. Tenía miedo de que mis padres se enteraran. Eres una de mis mejores amigas y nunca fue mi intención hacerte daño.

—Pero lo hiciste.

—Lo siento…

—Te seré honesta, Draco, no sé si aún quiero casarme contigo. Tengo derecho de un esposo que me quiera.

—Yo te quiero.

—Sí, pero creí que nuestro matrimonio sería real y no solo un contrato social. Creí que seriamos felices.

—Podemos serlos.

—¿De verdad? Se honesto contigo y dime, ¿quieres casarte conmigo porque quieres pasar el resto de tu vida conmigo o quieres casarte conmigo porque no soportas la idea de tener que decirles a tus padres que no te casaras conmigo?

—Carlee de verdad quiero…

—No, no quiero escucharte ahora, no quiero tener esta conversación ahora. Tomate la poción. Hablaremos en un mes.

Y Draco se la bebe, ya que no tiene más opción.

[…]