Esto se acaba! :( Me ha dado penita acabarlo, los echaré muchísimo de menos a todos. Pero las historias se acaban, y llega el momento de dejarlos libres. Para que tus personajes sean felices :)

Espero que os haya gustado la historia, sé que es un poco atípica, pero necesitaba escribir algo así.

Solo me falta el epílogo... disfrutad del último capítulo ;)


Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario las historias que he escrito no serían fics, serían CANON!


Capítulo 6: Buscando la felicidad

—Eres preciosa, te ves hermosa... Yo... Me muero de ganas de hacerte el amor —dijo, mientras sus mejillas se teñían de un rojo carmesí.

Ella no respondió. Le besó con pasión llamando por él, llamándolo para que la amase. Ella también quería, también le deseaba. Le había esperado durante tanto tiempo...

Y él también lo había hecho.

Hacía mucho tiempo que no sentían el calor del otro. Demasiado. Y no podían esperar, ya no.

Ella tiró de él hasta su habitación, mientras él la seguía feliz, radiante. Como nunca antes.

Iba a volver a sentirla, iba a volver a amarla. Se entregaría a él y lo recordaría. Por nada del mundo se olvidaría de su primera vez juntos.

—Espérame aquí —le dijo, nada más entrar en su cuarto.

—¿A dónde vas?

—Voy a buscar preservativos, los tengo en el baño.

—No vayas —le dijo, agarrándola de la mano.

—¿Por qué?

—Porque quiero tener un hijo contigo —le dijo, suavemente, mirándola a los ojos. Había soñado con ello todas las noches que había permanecido en el sanatorio. Había soñado con un bebé. El hijo de ambos.

—¿Un hijo?

—¿No quieres?

—Sí, claro que quiero. Es solo que, es demasiado pronto.

—Lo sé, tienes razón. Ve a por ellos.

Ella dudó durante un segundo, tan solo un segundo. Entonces, lo supo. Supo que él tenía razón. Supo que ella también lo quería, también deseaba tener un bebé. Había vivido toda una vida sola pero nunca más lo estaría. Ahora le tenía a él, a su futuro marido y buscarían un bebé. Un bebé que recibiría todo el amor del mundo. Tendría una familia. La familia que siempre había soñado.

Volvió a sus brazos, besándole de nuevo suavemente, delicadamente. Abrazándole, estirándose para acariciarle el pelo.

—Quiero tener un bebé —le dijo, una vez separada de él—. Quiero tenerlo.

Sam la besó de nuevo, con ansia, con urgencia. Llevándola hacia la cama mientras la besaba, tumbándola y colocándose encima de ella.

Probó de nuevo sus labios y su boca, buscando su lengua y jugando con la de ella. Le faltaba la respiración, pero no le importaba, ya nada más importaba mientras supiese que ella quería estar con él.

De pronto, la mano izquierda de Mercy le empujó, separándole de ella. Sam aprovechó el momento para dar un profundo suspiro.

—Sam... ¿Podrías... podrías hacer como que somos vírgenes?

—¿Vírgenes? —El chico la miró asombrado.

—Como que ésta no solo es nuestra primera vez juntos, sino también la primera vez de los dos.

—Mercy...

—¿Podrías? Por favor, quiero recordarlo para siempre, así debía haber sido hace catorce años.

Entonces él lo comprendió, entendió a qué se refería. Ella quería borrar todo el pasado oscuro que había existido entre ellos, quería volver atrás en el tiempo, a sus diecisiete años, cuando aún eran novios y no estaban listos para el sexo.

—Sí —le dijo él, arrancándole una sonrisa, mientras le besaba el cuello suavemente.

—Sam...

El chico volvió a fijar sus ojos en ella.

—Si te pido que te detengas, ¿lo harás?

Él se asustó, pero pronto supo a que se refería.

—Me detendré, te lo prometo.

Mercedes le quería y confiaba en él, pero en el fondo de su corazón, todavía tenía miedo de revivir aquella situación traumática que había desencadenado su ingreso en Santa Rosa. Aquella vez él se había detenido, pero ella necesitaba estar segura de que él podría hacerlo nuevamente. Quería amarle, quería entregarse a él pero los malos recuerdos seguían todavía anclados en ella.

—¿Puedo... puedo desnudarte yo? —Le preguntó mientras se levantaba.

Él asintió con la cabeza, mientras Mercedes lo tumbaba en la cama.

Le besó en el pelo, en la frente, le besó en las mejillas, en el cuello, desabrochándole poco a poco la camisa, muy lentamente. Botón a botón, dejaba un beso en cada parte de piel que iba quedando al descubierto.

Besó sus abdominales, abriéndole la camisa del todo y le besó las manos, antes de sacársela.

Ella acarició con sus manos su torso, antes de buscarlo nuevamente con su boca, besándolo en el cuello nuevamente, detrás de su oreja.

Sus manos bajaron a sus zapatos, desatándole los cordones y quitándoselos. Los calcetines se perdieron también entre la ropa de la cama.

Le desabrochó el cinturón despacio, acariciando a veces la excitación que se notaba ya en sus pantalones. Los cuales desabrochó y bajo con mucho cuidado.

La mano de ella lo buscó, acariciándolo por encima de su ropa interior. Frotándolo, excitándolo todavía más, matándole con sus caricias.

Se levantó, pegándola a él por completo, tumbándola encima, moviéndola arriba y abajo para que lo sintiese, mientras la acariciaba por debajo de la camiseta.

—Espera —dijo ella.

Y él se detuvo.

Volvió a besarle, levantándose ambos, quedando ella a horcajadas.

Las manos de Sam volvieron a acariciarla por debajo de la camiseta, levantándosela con suavidad, lento, mientras acariciaba su piel con sus dedos meñiques al subírsela.

La besó en el cuello, la besó de nuevo en los labios, juntando su lengua con la de ella, mientras trataba de quitarle el sujetador. Buscó sus pechos una vez libres y los besó, se perdió en ellos con su lengua, lamiéndolos.

—Detente por favor.

Sam ahogó una queja, mirándola a los ojos, mientras ella le besaba de vuelta, dándole la salida otra vez.

Le bajó las mallas, descubriendo su trasero, acariciándolo con sus manos. Ella se levantó finalmente, para que él se lo bajase, pero no solo le bajó el pantalón, sino también su ropa interior, que acabó en el suelo formando un lío con las mallas.

Ella volvió a su posición sentándose a horcajadas sobre él, mientras él la movía lentamente, frotándola contra su miembro. Solo quedaba entre ellos una pieza de ropa, sus calzoncillos.

Sam quería sacárselos, quería sentirla por completo, pero ella no se lo permitía. Seguía encima de él, frotándose contra él, besándole, devorando su boca. Él no podía aguantarlo más, pero no la apartaría de encima. No haría nada que ella no quisiese. Si le decía que parase, se detendría. Lo primero era ella, lo más importante de todo.

Supo que estaba próxima al orgasmo cuando la chica empezó a moverse más deprisa sobre él. Pero sin embargo, él fue el que llegó antes, manchando su ropa interior mientras se liberaba. Y ella le siguió, llegando a la cima, como si fuesen dos adolescentes inexpertos.

—Lo siento —dijo ella, viendo cómo él se movía para sacarse los calzoncillos sucios.

—Esta no es una buena forma de tener bebés —se rió él.

—Ahora estamos empatados —dijo ella.

—Lo dices... ¿Lo dices por aquella noche en la que casi lo hicimos?

—Esa misma, la del café.

—¿La del café? —Le preguntó girándola sobre él y acostándose encima.

—No me veas así, no he podido mirar ese bote de café de la misma forma después de esa noche.

Él se rió, besándola de nuevo, mientras acariciaba sus caderas con sus manos.

—¿Crees que podríamos intentarlo otra vez? —Le preguntó.

—Sí. Pero, despacio.

—Despacio.

Ella había conseguido excitarle de nuevo. Su miembro acarició su entrada un par de veces antes de intentar penetrarla.

La chica se movió un poco cuando por fin lo sintió totalmente dentro.

—Despacio —le recordó.

—Sí, despacio.

Y empezó a moverse lentamente, muy lentamente, mientras ella sentía por primera vez su miembro libre en su interior.

Libre, natural y sin protecciones.

—Espera —le dijo.

Él se detuvo mientras gotas de sudor resbalaban por su rostro.

Mercedes lo incitó a que siguiese, agarrando su trasero y dejando en él sus manos, aumentando su velocidad.

—Sam...

Él se detuvo, antes siquiera de que ella se lo pidiese.

—No. No te detengas, no ahora —le apremió, mientras él acariciaba sus pechos con su mano, a medida que entraba y salía de ella con rapidez. Fuertes empujes, gemidos que les acompañaban lo excitaban todavía más.

—Te quiero —le dijo, antes de derretirse en su interior.

Ella le recibió, alcanzándole a la vez donde él ya se había ido.

Volando juntos, en busca de una cigüeña.

...

Meses después...

—Están ustedes viendo "Buenas noches, Kentucky" —dijo la rubia presentadora nada más entrar y bajar las escaleras.

—Buenas noches, Amanda —la recibió su compañero.

—Buenas noches, Clark. ¿Cómo te ha ido?

—Estupendamente, ¿y a ti?

—Perfecto.

—¿Cómo le ha ido el día de hoy a nuestro fabuloso público? —Preguntó Clark.

—¡Bien! —exclamó el público a gritos.

—¿De qué hablaremos hoy en nuestro programa, Amanda?

—Hoy hablaremos de Sam Evans y Mercy Jones, Clark.

Decenas de aplausos inundaron las gradas.

—Sam Evans, antes conocido como Evan Allen, y su mujer, Mercy Jones empezarán esta noche su gira de conciertos aquí, en el mismísimo Kentucky. Sus fans no podrían estar más agradecidos.

—Tengo entendido que la gira durará dos meses y que recorrerán las principales ciudades de los Estados Unidos, ¿no, Amanda?

—Sí, Clark. La gira arrancará aquí. Si sus fans quieren tener la suerte de verlos juntos en el escenario, deberían apresurarse en conseguir las entradas. Nos han llegado noticias de que en algunos estados ya se han agotado.

—¡Ya sabéis, público! ¡Corred, que se agotan!

El público volvió a aplaudir, efusivamente.

—Hace más de un año, Sam Evans, en ese entonces Evan Allen, terminaba su gira en éste mismo lugar en el que hoy estará acompañado de su mujer. Les deseamos muchísima suerte y que ésta vez, Dios se ponga de su lado, Amanda.

—Afortunadamente, Clark, en la "Avalancha de Kentucky" no hubo ningún herido grave, aunque lo ocurrido, apartó durante meses al cantante de su carrera musical, teniendo incluso que ingresar en una clínica psiquiátrica, donde lo trataron y lo convirtieron en lo que hoy es, y en lo que miles de fans quieren y aclaman.

—Y ha sentado cabeza... ¿Es verdad que se enamoraron durante las grabaciones del videoclip?

—Gente cercana a ambos dicen que se conocían ya de antes, Clark.

—Yo quiero, desde aquí, desearles muchísima suerte a los dos. Kentucky les apoya, no podrían haber escogido mejor lugar para comenzar la gira.

—En eso tienes toda la razón, Clark —le sonrió Amanda.

...

Mercedes salió del baño de la habitación, alcanzando a oír parte de los comentarios finales.

—¿Tienes miedo? —le preguntó.

—¿Cómo?

—¿Tienes miedo de que ocurra lo mismo? —Insistió su mujer, sentándose en la cama junto a él, mientras en la televisión pasaban imágenes de ellos dos riéndose, paseando juntos y cantando sus canciones.

Él asintió con la cabeza.

—¡Hey! ¡Todo saldrá bien, Sam! De verdad, todo saldrá bien. Estoy contigo, estoy aquí, a tu lado —dijo, agarrándole la mano—. No debes tener miedo, ya les oíste. Kentucky nos apoya, a los dos.

Él reposó su cabeza sobre su hombro, respirando profundamente.

—Esta es la prueba de fuego, Mercy.

—Lo sé, y la pasaremos, de verdad.

—Echo de menos a Catherine. No me gusta pensar que la hemos dejado sola de nuevo —dijo él, triste.

—Pronto regresaremos a casa y volverá con nosotros, mientras tanto, Jason y Dorothy la cuidan y la miman, no te preocupes.

—¿Jason y Dorothy? ¿Tú crees? —rió Sam—. Yo creo que están demasiado tiempo ocupados cuidándose y mimándose el uno al otro.

—Como nosotros, Sam —ella lo acompañó en su risa—. Y no por ello la dejamos de lado.

—Siempre tienes razón, Mercy —le dijo, dándole un beso en la mejilla.

—¿Estás listo?

—Más que listo —dijo, saltando y levantándose de la cama.

—Sam...

—¿Sí?

- Te tengo una sorpresa preparada esta noche.

—¿Ah sí? ¿De qué se trata? —Dijo, mientras la rodeaba con sus brazos.

—¡Es una sorpresa! —Mercedes puso los ojos en blanco.

—Yo quiero saberla, quiero saberla, quiero saberla —le dijo, mientras se separaba para hacerle cosquillas.

—En el escenario, Sam. Lo sabrás en el escenario, después de cantar "Feel my Heart"

—¿Me va a gustar? —dijo él, frunciendo el ceño.

—¡Creo que te va a encantar!

...

—¡Buenas noches, Kentucky! —Gritó Sam, apareciendo en el escenario.

—¡Saaaam! ¡Saaaam! ¡Saaaam! ¡Saaaam! —Todo el público coreaba su nombre.

—¿Cómo estáis?

—¡Bien!

—¡No os oigo!

—¡Bien!

—¿Listos para pasároslo genial?

—¡Sí!

Entre el público, los fans saltaban con camisetas, pósters y pancartas de ambos.

—Pero, ¿quién falta aquí? —Les preguntó—. ¡¿Quién nos falta aquí? !

—¡Mercy! ¡Mercy! ¡Mercy!

—¿Cómo? ¡No os oigo!

—¡Mercy! ¡Mercy! ¡Mercy! ¡Mercy! ¡Mercy!

—¡Mercy! Cariño, te llaman aquí.

—¡Buenas noches, Kentucky! ¿Cómo estáis? —Dijo la chica, entrando en el escenario.

—¡Meeeercy! ¡Meeeercy! ¡Meeeercy! ¡Meeeercy! ¡Meeeercy!

—¡¿Estáis listos? —Les chilló.

—Oh, ¡yo estoy más que listo! —Se rió Sam, haciendo que el público estallase en risas con él.

Su mujer pasó por su lado, seductora, y se detuvo enfrente de él, pasando su mano por su hombro, mientras el público les gritaba.

—¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!

Se estiró para besarle suavemente, pero él lo profundizó durante unos segundos, separándose después, viéndola alejarse moviendo sus caderas. No pudo evitar morderse su labio inferior, ladeando la cabeza, sin dejar de observar su trasero mientras ella se dirigía al otro extremo del escenario.

—¡Creo que me he enamorado! —Les chilló, haciendo que todos estallasen en risas de nuevo.

Cantaron dos o tres canciones que los fans todavía no conocían pero no tardarían demasiado en aprender, antes de cantar "Feel my Heart" que todo el público se sabía.

Era maravilloso verlos cantar. Las mejores voces, los mejores acordes en una canción.

Cuando terminaron, el público chilló y aplaudió hasta cansarse mientras ellos se miraban felices.

Sam supo que la sorpresa estaba próxima a llegar.

Mercy le sonrió, agarrando la mano libre que no sostenía su micrófono, y la llevó hacia su vientre, acariciándolo con ella.

Él la miró a los ojos y lo comprendió.

—¿Estás... estás embarazada? —Le susurró sin que se oyese.

Ella asintió con la cabeza, mientras las lágrimas empezaban a correr ya por su mejilla.

—¡Oh Dios mío! —Chilló él, tirando el micrófono al suelo.

La besó, mientras sus manos la abrazaban y le acariciaban la espalda.

¡Iba a ser padre! ¡Iban a tener un bebé! ¡Oh Dios mío!

Él público se quedó callado, sospechando, pero esperando a que uno de ellos se pronunciase.

Sam no dejaba de besar a su mujer, por todas partes, en la frente, en las mejillas, en el pelo, en su boca.

¡Un bebé! ¡Iban a tener un bebé!

De pronto, recordó donde estaban y fue cuando vio cómo cientos de personas les miraban esperando.

Agarró el micrófono que Mercy llevaba aún en su mano, la rodeó con su brazo derecho y dijo en voz alta.

—¡Voy a ser padre!

Todo el público empezó a chillar, aplaudir y abrazarse los unos a los otros, mientras ellos les miraban felices.

—Te quiero —se inclinó para decirle al oído.

Ella le sonrió, antes de besarle nuevamente.


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