¡Hola a todos! Siento haber tardado tantísimo en actualizar un nuevo capítulo, pero es que han sucedido muchas cosas. Desastres en mi vida sentimental, he estado enferma y sin ganas de nada... En resumen, que he actualizado cuando me he vuelto a encontrar bien.

Bueno, os repito que no me odiéis cuando leais sobre Mance en mis capítulos... La verdad es que le he convertido en una mala persona. Necesitaba que fuera así, pero os tengo que admitir que Mance es uno de mis personajes favoritos de los libros... Pero necesitaba que fuera así.

Este capítulo se lo quiero dedicar a una personita muy importante. Ha estado pendiente de mis actualizaciones y de mis tweets y me ha dado auténtica caña para que actualizase de nuevo. Luna Targaryen te dedico este capítulo. Y quiero agradecerte tu perseverancia y tu insistencia, tus tweets, menciones, retweets, tus mensajes privados a fanfiction y tus reviews. Me dan fuerza. Aunque solo me leas tú, me doy por satisfecha :)

Bueno, ya me callo y dejo aquí el nuevo capítulo.

Capítulo 6

Ygritte observaba impotente como Mance tiraba salvajemente a Jon al exterior de la cabaña y cómo Jon caía desnudo sobre la nieve. Su corazón dio un vuelco y sentía desgarradoramente cada golpe que propinaban a Jon como si lo recibiera en su propio cuerpo. Un par de hombres de Mance se llevaron a Jon a una cabaña alejada del campo de visión de Ygritte. La joven miró hacia el suelo y observó la sangre. Rezó silenciosamente para que esa sangre no perteneciera a ninguna herida mortal.

Se acercó temblorosa a Mance, pero apenas llegó a su lado, él se giró para mirarla. Le miró sin mostrar miedo.

-Mance… No ha sido culpa suya. No le hagas daño- tragó saliva.

Mance la observó de arriba abajo, desnuda cubierta solo con uno de sus chaquetones. Le arrancó las pieles del cuerpo y le abofeteó la cara haciendo a la joven caer sobre la nieve.

-Ambos recibiréis un castigo ejemplar. Cuando el cuervo recupere el sentido ambos desearéis no haber nacido- se dirigió después hacia sus hombres- Vestidlos con algo de ropa y lleváosla de aquí. Vigiladla hasta nueva orden.

Dos de los hombres de Mance levantaron a Ygritte del suelo. Ella forcejeó y se desasió de los agarres. Caminó en silencio hasta la cabaña a la que la dirigían. Se dio cuenta entonces de que estaba temblando, pero no era de frío. Temblaba de miedo. Miedo por lo que pudiera sucederle a Jon. Con ella no se ensañarían demasiado y a Mance el enfado se le pasaría en un par de días, pero con respecto a Jon nada era seguro. Se vistió con la ropa que le dejaron encima de una de las sillas de madera. Miró las prendas con una ceja arqueada. Una chaqueta de entretiempo y unos pantalones de travesía. Bonita manera de torturar. Dejar que se congelase de frío. Sacudió la cabeza y se vistió rápidamente. Cuando hubo terminado inspiró profundamente y se sentó en el suelo. Esperando…

Jon se despertó en una cabaña a oscuras. Se percató de que estaba semidesnudo, vestido con tan solo unos pantalones hechos de piel. Rezó para que no fuera piel de huargo. Rezó para que no fuera la piel de Fantasma. Intentó levantarse pero se mareó. Frunció el ceño. Le dolía la cabeza. Le dolía la nariz. Le dolía la boca. Intuyó que la patada de Mance le había dejado totalmente fuera de juego durante varias horas. Miro a ambos lados de la sala. No vio a Ygritte por ningún lado. ¿Dónde estaba? En ese momento se juro a sí mismo que si le habían hecho algo mataría a Mance con sus propias manos aunque eso le costase la vida. No pensó jamás en la vida que dependería tanto de una persona. La añoraba en aquellos instantes. Echaba de menos su calor, su voz, su risa, e incluso aquellos momentos en que ella lo miraba ofuscada.

La puerta de la cabaña se abrió de golpe y aparecieron un par de hombres de Mance que le pusieron unas esposas y lo empujaron como a un perro hacia afuera... La gente hacía pasillo al otro lado de la tienda. Le vapuleaban, le tiraban cosas. Jon se esforzó por entender el porqué. Se percató de que a mitad del poblado había un poste con una argolla. Cuando estaba cerca de la argolla miró a todos lados buscando a Ygritte. La encontró sentada a los pies del "trono" de Mance. Las miradas de ambos se cruzaron y por un momento sintió valor para afrontar lo que se avecinaba.

Minutos antes, esposaron a Ygritte a los pies de una silla, que intuyó, era la silla desde la que Mance presidiría el acto. Efectivamente, estaba en lo cierto. Mance se sentó en su silla, con ella a sus pies. La joven forcejeó con las cadenas. Fue completamente inútil. Observó a su alrededor y se percató del poste situado justo en medio del amplio círculo de gente que observaba expectante. "No. No puede ser… " pensó. Forcejeó fieramente contra las cadenas y gritó.

-¡No! ¡Por favor!- .

Mance le propinó un puntapié en las costillas, oyó un chasquido de dedos y alguien le abofeteó fuertemente. Jon lo observó por el rabillo del ojo y se revolvió inútilmente recibiendo como escarmiento un golpe con el pomo de la espada en mitad de las costillas. El joven cayó de rodillas sobre la nieve. Boqueó, se le había cortado la respiración. Dos de los hombres de Mance ataron a Jon al poste ofreciendo su espalda al público. La chica cerró los ojos y apartó la cara.

Mance se bajó de su silla y se arrodilló delante de ella. Le cogió la cara obligándola a mirarle.- No… No… Tú observarás el pertinente castigo, querida.- le dijo con voz suave pero peligrosa.

Fijó su vista en Jon y Mance volvió a sentarse en su silla. El joven guardián del Muro empezó a temblar de frío. Un hombre se acercó a Jon sosteniendo un látigo. Jon dirigió la vista hacia Ygritte, fijando la visión de ella en su mente, intentando concentrarse en ella y nada más que en ella. Tratando de aislarse del inminente dolor.

El verdugo levantó el látigo y lo hizo restallar sobre la espalda de Jon. El fino cuero del arma laceró la piel y la carne de Jon y no solo una vez. Dos, tres, diez… A partir del número veinte la chica dejó de contar.

Jon pudo oír el frío aire oponiendo resistencia al látigo. Comprendió entonces su castigo. El látigo le rasgó la espalda. Gritó. Un grito de intenso dolor. Apretó los dientes. Resopló. Sintió como la sangre caliente le corría por la espalda. Se obligó a sí mismo a no gritar ni una vez más. Ella estaba mirando, no quería que se preocupara o que lo viera así. Golpe tras golpe el verdugo mellaba su resistencia. Un poco más allá de la cuenta de veinte se sumergió en una completa oscuridad.

El rostro de Ygritte era impasible. No iba a llorar o demostrarle nada a Mance. No le daría ese gusto. Jon se derrumbó y ella se inclinó hacia delante como impulsada por un resorte. "Por favor, que no esté muerto" rogó en silencio. Todos se levantaron y se encaminaron al calor de sus cabañas y les dejaron ahí. A ella encadenada a esa pesada silla y a Jon atado a la argolla, a escasos quince metros de ella. Ygritte le llamó en voz baja, no obtuvo respuesta. La sangre de Jon teñía toda la nieve a su alrededor. Salpicones aquí y allá. Ygritte forcejeó con las cadenas y gruñó de pura impotencia.

Alzó la vista al cielo y contempló como este cambiaba de azul a ocre, a rojizo y finalmente a negro. Fijó su vista en las estrellas, como intentando contarlas una a una. Cuando bajó la cabeza hasta el suelo de nuevo se mareó. Estaba destrozada, le dolían los golpes que los cuervos le habían propinado, le dolía la herida del costado. Pero sobretodo… Se moría de hambre. Intentó recordar cuando había sido su última comida. Ya ni se acordaba. Miró a Jon, inerte. No daba señales de vida, no se movía. Nada. Ygritte temió que hubiera sucumbido a la hipotermia. Tiró nuevamente de las cadenas, esta vez más débilmente. Inclinó la cabeza hacia abajo, derrotada.

Se sintió observada, levantó la cabeza y allí, al lado de Jon había un lobo huargo enorme de color blanco. El animal la miró., agachó la cabeza y se tumbó al lado de Jon.

En un primer momento temió que el gigantesco animal pudiera hacerles algo, pero luego recordó que Jon había hablado de su lobo huargo.

De repente le vinieron a la mente recuerdos de un lobo blanco, la voz de Jon hablando y pronunciando un nombre: "Fantasma".

-¿Fantasma?- murmuró ella con voz ronca. El lobo levantó la cabeza y la miró con las orejas levantadas.

Sí, eso era… Fantasma… El gran lobo apoyo de nuevo su cabezota en la zona baja de la espalda de Jon, protegiéndolo del frío.

-Fantasma…-murmuró ella sin apenas voz.