Gracias por todos lo reviews, me encanta que os guste la historia aunque sea dolorosa. Aqui teneís el capitulo 6, ya se va encauzando algo la historia.

DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos en situaciones diferentes.


CAPITULO 6: EL COMIENZO DEL RESTO DE MI VIDA

"El futuro nos tortura, y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente."

"No hay un mortal de infortunio exento; nadie pasa la vida sin llevar la parte de su carga de males. Éste será hoy; aquel, será mañana."

Carlisle tuvo el detalle de comunicarle a mi padre los nuevos planes. Sorprendentemente no se lo tomó tan mal como se hubiese esperado, supongo que para él también era duro verme en aquel estado y sus esperanzas estaban en que saliendo de allí pudiese recuperarme.

Aquella noche no dormí nada, tampoco lo intenté… solo me senté en mi cama con el reproductor haciendo sonar mi nana y mirando hacia la ventana.

Mi mente jugaba conmigo, y mi pobre corazón latía frenético a la espera de que una sombra cruzase aquella ventana para tomarme entre sus gélidos brazos y me acunase como a un bebe.

Lloré… lloré amargamente toda la noche. Se que Charlie en más de una ocasión estuvo tras mi puerta tentado a entrar, pero no lo hizo y yo lo agradecí. Quería llorar, quería desinflarme como un globo para dejarme llevar luego como un maniquí.

¿Qué sentido tenía todo aquello para mí? Había decidido seguir adelante pero… ¿Realmente para que? Si lo pensaba bien estaba siendo muy egoísta dejando que los Cullen me acompañasen, los estaba conduciendo a mi propio infierno, condenados a cuidar de la estúpida humana que acabó con la vida de su hijo o hermano.

El amanecer llegó como siempre, al menos para el resto de la humanidad, porque para mí fue como una puñalada. Mi tiempo de espera había llegado a su fin. Mi tiempo en aquella habitación había acabado y era la hora de despedirme definitivamente para saludar sin ganas a una nueva vida… si es que se la podía llamar así.

Demasiado pronto para mi gusto tuve a toda aquella familia, ya no la podía llamar mí familia, en la puerta de casa. Jasper y Emett se apresuraron a recoger todas mis pertenencias y distribuirlas entre el camión de mudanza y el jeep.

En menos de veinte minutos ya me encontraba dentro de un coche habiéndome despedido de mi padre sin saber cuando le volvería a ver.

Miré por la ventanilla como salíamos de allí, traté de retener en la memoria aquel verde que tanto me frustraba al principio, el olor a humedad del ambiente, el contraste entre la carretera con el linde de los bosques.

Me pareció ver una sombra entre los árboles, desde luego era un animal y enorme. No hacía falta tener la visión de un vampiro o su olfato para saber que Jacob corría siguiéndonos.

No podía soportar su actitud, su dolor se sumaba al mío haciendo mi carga realmente insoportable. No sería capaz de cumplir mi cometido si seguía viendo como los que estaban a mí alrededor se hundían.

Por eso cerré los ojos con fuerza mientras en mi mente le gritaba mi despedida, la última esperaba… no me veía capaz de aguantar muchas más.

Creo que al cerrar los ojos entré en un estado de semiinconsciencia, oía los murmullos a mi alrededor, podía notar las suaves y gélidas caricias de quien se sentaba a mi lado, el suave movimiento del coche al deslizarse por la carretera… pero el paso del tiempo era inexistente para mí.

Se que bajé del coche, que entré en el aeropuerto y que subí al avión. Se que despegamos pero tampoco fui capaz de establecer cuanto tiempo duró el vuelo. Solo estoy segura del momento en el que el coche volvió a frenar y estacionarse frente a una enorme casa de piedra con un aspecto muy rustico pero impecable. Sin duda todo el exterior ya tenía el toque de la mano de Esme.

El perfecto jardín que se extendía delante de la fachada le daba un aspecto hogareño de tipica familia americana. Si fuese una construcción más humilde solo faltaría la vaya y el perro ladrando para recibirnos.

La perfecta imagen de postal, para mi solo era la foto de mi desgracia, amargura, dolor y soledad. Ahora era una chica de casi diecinueve años rodeada de personas que se sentía sola en este mundo.

Lo peor de todo era saber que si bien la gente sabía que aun con el dolor en algún momento de su vida volvería la calma yo no tenía esa oportunidad… yo jamás volvería a sentir la paz de su presencia a mi lado, de sus labios sobre los míos, su suave y aterciopelada voz susurrándome algo al oído… nunca le volvería a tener a mi lado.

Bajé indecisa del coche, sin mirar hacia ningún sitio más que la entrada del que sería mi nuevo hogar y mi tumba durante el tiempo que estuviese junto a ellos.

Para alguien como yo caminar sin mirar donde se pisa nunca fue una buena idea. Era de esperar que en mi estado de desconexión sumado con no conocer el terreno tropezase con algo inexistente.

Sentí mi cuerpo vencer la gravedad, esperaba el momento del impacto contra el suelo cuando unos brazos helados rodearon mi cintura por la espalda. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al tiempo que mi respiración se cortaba en el acto.

Aquella sensación, aquel tacto sobre mi cuerpo… cerré los ojos al tiempo que una lágrima traicionera escapaba de ellos para seguir su descenso por mi mejilla.

Las imágenes pasaban frente a mi a una velocidad de vértigo, fusionando recuerdos entre si de las tantas veces en las que me había encontrado en esa misma posición.

Aquellos brazos trataron de separarse de mi cuerpo y la angustia me invadió con una fuerza desmesurada. Mis manos volaron hacia las suyas para sujetarlas con la patética fuerza de mi mortalidad.

- No me sueltes por favor… déjame soñar unos segundos más- susurré.

Volvió a cerrarlos con algo más de fuerza mientras mi espalda se arqueaba para apoyarse por completo en aquel pecho de piedra. Necesitaba que me dejasen ser por unos instantes esa tonta ilusa encerrada en el recuerdo, que mi vida se basase en caricias pasadas mientras yo en esos momentos me sentía conectada a él.

Suspiré de puro placer y odiosa amargura al imaginar que de verás era él quien me sujetaba con firmeza, impidiendo que cayese rota al suelo, salvándome de mi propia torpeza… pero todo sueño tiene su fin.

Al abrir los ojos pude comprobar que era Jasper quien me mantenía entre sus férreos brazos, en ese momento pude percibir las olas de calma y sosiego que me enviaba sin cesar pero que se mezclaban con su propio dolor. Nadie se salvaba de aquella situación.

El musculoso cuerpo de Emett sustituyó a los brazos de Jasper mientras me cargaba para meterme en la casa evitando así otra caída fortuita. Mi estado autista volvió a mí.

Me llevaron a la que sería mi habitación desde ese día, aunque no presté mucha atención a donde estaba ubicada. Solo se que cuando me tumbó en la cama mis únicas palabras fueron bien claras.

- Traedme a Edward… le necesito aquí conmigo.

Y así pasaron varios días, los cuales contabilicé por las comidas que me traían y me obligaban a ingerir. Faltaba todavía un mes para que comenzase las clases y no tenía intención de hacer mucho durante ese tiempo.

Sabía que la mudanza ya había terminado, varios camiones llegaron con las pertenencias de todos aunque por el momento en mi dormitorio no metieron nada… y lo agradecí. Mis ánimos no estaban para ponerme a colocar otra vez todos aquellos recuerdos ahora desubicados.

Tenía sed, mi garganta estaba reseca y tenía mal sabor de boca. Llevaba tantos días ya sin salir que mi cuerpo me dolía. Bien podría haber llamado a alguien para que me trajese agua, pero me tuve que recordar a mi misma que ellos no eran mis criados y también sufrían.

Me levanté como pude, notando como mis articulaciones se quejaban por la falta de movilidad adquirida. Un vaso vacío reposaba junto a la cama así que lo tomé para buscar la cocina y servirme algo que calmase aquella sequedad.

Ante mi puerta se encontraban las escaleras que supuse bajarían a la planta baja… estaba segura que no me habrían puesto en el piso más alto a riesgo de que cayese rodando mas escaleras de las estrictamente necesarias.

La organización de la casa era muy parecida a la de Forks, y las escaleras llevaban directamente al salón principal. Con la mirada fija en los escalones bajé peldaño a peldaño, concentrada en la labor de bajar andando. No quería causar más inconvenientes a mi nueva "familia".

No miraba a ningún sitio en concreto, no me interesaba el mobiliario ni los tapizados, pero una sensación de vacío al pisar el suelo de la gran sala me hizo alzar los ojos de inmediato.

Con un gemido ahogado clavé los ojos en aquella madera negra brillante, donde con la tapa bajada, reposaba una fotografía en blanco y negro. Su piano estaba situado en la esquina de la habitación, pulcramente limpio y a ciencia cierta sin que nadie osase tocarlo.

Finalmente mis piernas no me pudieron sostener, y con un sollozo sordo y desgarrador caí al suelo. Mis manos no sujetaron el vaso que acabo estrellándose y haciéndose añicos antes de que mis manos llegasen también a su destino.

La calidez bajo mis palmas no se hizo esperar, aunque aquel dolor físico para mi pasó inadvertido. Con los ojos nublados observé como el líquido carmesí teñía el suelo.

- Bella- el grito de Rosalie me sobresaltó por un momento, aunque no llegué a temer por mi vida… no puedes temer por algo que no tienes- ¡Por Dios! Bella… ¿estas bien?

- Si- susurré tratando de contener el llanto.

- Esme, hay que llevarla con Carlisle… tiene demasiados fragmentos de vidrio en las manos y no creo que sea conveniente mantenerla sangrando en la casa por mucho tiempo.

Sin siquiera verla venir, Esme estaba ante mí tapándome las manos con unas vendas provisionales.

- ¿Qué ha pasado?- la voz de Carlisle me sacó de mi nuevo trance.

Miré a mi alrededor y ya me encontraba en una sala de curas en el hospital. Carlisle frunció el ceño al mirar mis manos.

- Se rompió un vaso- expliqué escuetamente.

- Ya veo.

Su labor era minuciosa, tanto como la primera vez que me trató de una herida de ese tipo. Si cerraba los ojos aún podía ver la mirada torturada de Edward mientras su padre retiraba los cristales de mi brazo. Su mandíbula tensa ante el olor de mi sangre, sus ojos oscurecidos por la sed y la culpa.

- No te hagas eso Bella.

Miré a Carlisle que tenía el rostro desencajado de dolor y mis ojos se aguaron de nuevo. Lo veía todo borroso pero su dolor calaba hondo en mi pecho.

- Tienes que controlar tus recuerdos por muy difícil que parezca, no puedes dejar que te atormenten así… no es bueno para ti.

- Es lo único que me queda de él y no pienso renunciar a ellos, me da igual que tipo de recuerdos sean mientras pueda mantenerle vivo en mi mente- refuté.

- Edward no lo querría así, él no querría ver como te abandonas y te apagas como una vela consumida…

- ¿A no? Y eso ¿Cómo lo sabemos? ¿Te dijo alguna vez lo que quería que yo hiciese si el muriese?- todas mis palabras salieron con fuerza, impulsadas por la rabia contenida hacia mi misma pero con el objetivo de herir a quien ahora tenía enfrente.

- No, nunca me dijo nada así, pero le conocía muy bien, y él desearía verte bien…

- Os pedí que no trataseis de sacarme de mi propio pozo, no quiero salir… quiero ahogarme en mi dolor, quiero reunirme con él- y el llanto regresó una vez más con más fuerza que nunca- solo quiero tenerle a mi lado Carlisle, le necesito, me hace mucha falta… no se respirar sin él a mi lado.

Sus brazos formaron una jaula a mi alrededor mientras me presionaba contra su pecho. Sus manos acariciaban gentilmente mi cabello mientras notaba como todo su cuerpo vibraba en su llanto seco.

- Lo se hija, lo se… yo también le necesito de vuelta, pero el que tu te dejes morir no me lo devolverá… no puedo perderte a ti también.

Mis manos ya estaban curadas y con las vendas apropiadas. No se molestó ni tan siquiera en darme una receta, el mismo se aseguraría de darme los calmantes pertinentes.

El tiempo pasaba volando, y Carlisle se había entretenido demasiado conmigo en aquella consulta.

Su busca comenzó a sonar y su mirada se tornó algo sombría al mirarlo.

- Mario- susurró

Todo un remolino me sacudió el estómago, como unos nervios demasiado intensos pero sin motivo aparente.

- ¿Qué sucede?- le pregunté.

- Nada grave, el chico por el que me hicieron venir… quieren que suba a ver los resultados de sus analíticas, parece que ha habido algún tipo de error y quieren que lo verifique.

Algo me impulsó… ¿El que? Aun no lo se.

- ¿Te puedo acompañar?

Sus ojos se abrieron de par en par pero pronto un brillo extraño se reflejó en ellos. Una tímida sonrisa surcaba sus perfectos y perfilados labios mientras sus dientes blancos quedaban mínimamente al descubierto.

- Me encantaría, además me podrías hacer un enorme favor… el chico está completamente solo, no tiene familiares ni nadie que le visite y no le vendría mal algo de compañía.

- ¿Pero no estaba en coma?- pregunté desconcertada.

- Si, pero hay estudios que avalan que las personas en coma oyen todo a su alrededor… tal vez algo de compañía le hiciese reaccionar, o al menos le acompañaría en su soledad.

No tenía nada que perder, no es que fuese a ser una gran conversadora ni una gran compañía, pero algo en mi interior gritaba que fuese. Asentí y le seguí fuera de la consulta.

Tomamos el ascensor y subimos a la quinta planta. Seguí a Carlisle por un largo pasillo. Nos cruzábamos con personal sanitario de todo tipo sin que a ninguno se le escapase la visión de aquel dios que paseaba por allí con su aura misteriosa y atrayente. Bellezas así no se veían a diario, y posiblemente algunos no las verían en toda su mortal vida.

El puesto de enfermeras quedaba justo en el centro del pasillo y ahí es donde el paseo acababa.

- Bella, adelántate… es la habitación 514, justo al final del corredor. Está solo en el dormitorio así que es fácil saber cual es el paciente- nuestros ojos se cruzaron y juraría que los suyos estaban bañados por ansiedad- por cierto se llama Mario.

Otro asentimiento y mis pies se empezaron a mover solos. La dirección estaba clara, no cabia duda de que mi propio cuerpo me estaba guiando hacia aquella habitación con olor a desinfectante.

Al llegar y tomar el pomo entre mis manos una presión en mi pecho me dejó sin respiración. Había que sumarle la punzada de dolor en mi mano. Vacilé durante unos segundos.

"No pasa nada Bella, solo vas a sentarte junto a un chico desconocido y ha hacer una buena acción… al menos una"

Entreabrí la puerta y los sonidos de las maquinas martillearon mis oídos. El pi, pi, pi, que marcaba sus constantes vitales me dio la bienvenida antes de que mis ojos tomaran contacto con el cuerpo que yacía en aquella camilla.

Observé sin poder apartar los ojos de él, aquel rostro varonil que no mostraba signo alguno de vida… parecía un ángel dormido… un… ángel…

Continuará...