CAPITULO VI
Los gritos se escuchaban hasta el living, Candy nunca se imaginó que Albert tuviera esa voz tan fuerte. Las mujeres se vieron asombradas sin decir palabras entonces, Lady Wallace se excusó diciendo una tontería y como alma que llevaba el diablo salió de la mansión Andley había tanta información que esparcir.
-Así es siempre que William tiene una diferencia con elroy..ahora si bienvenidas a la familia- rio al terminar su irónico comentario. Sus ojos eran parecidos a los de Albert, su cara era dulce y tierna, cada vez que se movía sus aretes hacían ruido y su olor, era como el de jazmines.
Las Bitter sonrieron al ver que tenían una aliada, pero Candy estaba preocupada por lo que estaba sucediendo en la biblioteca y empezó a formular un plan b, tomaría a su hermana y regresarían a Chicago a tomar la vida de antes, recordando ese mes como un sueño o como una aventura, una de esas de las que le platicaba Albert frente a la chimenea. Se oyó un portazo y entró Albert algo acelerado y le indicó a Bernard que guiara a las señora a sus recamaras, tomó la mano de Candy y la besó
-Tengo que ir a dar un paseo por el jardín, por favor, acomódese my sweetest. La cara la tenía desencajada y pudo percibir lo que Candy estaba pensando- ella tiene esa virtud y poder en mi
Ella solo contestó con una sonrisa tratando de calmarlo- descuide, tome su tiempo
La tía elroy entró segundos después con Archie tras ella
-La cena se servirá a la 7:30 en punto- dijo tajante sin dar más explicación- prepárense que recibiremos a los Cronwall.
-perdón madam,ya estando aquí Lady Andley ¿ quien dispondrá la cena?
Ambas, Candy y Elroy contestaron al mismo tiempo
-ella- dijo Candy
-obvio que yo- dijo Elroy
-No, Elroy – interrumpió Bessy- creo que por esta vez tú te irás a tu cuarto y yo me haré cargo de todo, las chicas tienen trabajo que hacer, vamos Bernard, tengo que hablar con el cocinero, es un día especial.- dijo con voz calmada tomando a su hermana del brazo y encaminarla a la puerta.
Después de dar un vistazo al cuarto, Candy se sentó en la orilla de la cama, suspiró y vio con detenimiento el baúl que los sirvientes dejaron frente a ella
-Madam, mi nombre es Maggie, aquí están las toallas limpias y el baño está en esa puerta… - dijo la esbelta y castaña chica que escudriñaba milímetro a milímetro a su nueva patrona al abrir las puertas del ropero de por lo menos 100 años dispuesta a ayudarla a guardar la ropa.
-No gracias, Maggie- contestó más con cansancio que con desgano – yo me las arreglo sola, solo ayúdame con el corsé, me voy a dar un baño el camino estaba polvoriento…
-Si gusta deme un vestido para preparárselo para la cena, vienen los señores Cronwall y debe verse muy bonita madam, bueno, más bonita- le decía mientras le ayudaba a desabrocharse el vestido.
-Gracias, no había pensado en eso, hay uno verde en el baúl, solo ese sacarlo por favor, yo me encargaré de lo demás.- agregó al sostenerse el vestido para que no se cayera.
-¿me permite un comentario mylady?- Candy asintió con la cabeza.
-Miss Elroy no acostumbra gritar, solo cuando sir Andley la saca de quicio, que por cierto es muy seguido, es estricta pero, buena persona.
-Eso espero, muchas gracias.- La chica se retiró con el vestido en las manos y Candy volvió a ver al cuarto como para ubicarse y se imaginó que debería ser el de un hotel digno de embajadores, todo olía a vainilla, se fue directo al baño, en su vida había visto un baño tan grande, había una tina con shower, pegada a la tubería y una cortina nívea a su alrededor para privatizarla del resto del cuarto, un toilette con una cadena que parecía de oro, tapetes beige y verdes pistache igual que las paredes, abrió el grifo del agua y para su asombro había agua caliente en ella, era el momento ideal para usar las burbujas y sales que Annie compró en París. Pero ninguna de esas comodidades que le asombraban, podían desvanecer el hoyo que tenía justo en la boca del estómago. Puso una toallita para acomodar su nuca, vio el techo y todos sus adornos ¿quién los pintaría? Optó por poner otra toallita sobre sus ojos, quería relajarse y eso la desconectaba para agarrar fuerzas para escuchar lo que había pasado en la biblioteca y prepararse para conocer a los suegros de Annie y … a la tía Elroy…. –Vaya mujer, eso es tener carácter,-se le salió de la boca, después solo su mente hablaba- tal vez ama realmente a su familia o sencillamente era una controladora, no podía negarlo, era elegante y con una enorme personalidad. Empezó a relajarse,- espero que su actitud sea porque ama a su familia y desea lo mejor, me criticará, me pondrá a prueba constante…ay Candice White Bitter, solo tú te metes en estos embrollos… vaya Mr. Andley si que vio su suerte… tenía la cara de pocos amigos, tiene carácter fuerte él también..Candy… salde aquí…vete…deja a Annie sola con su nueva familia…es tan feliz con Archie…- recordó cuando tocaron juntos en el barco, cuando cabalgaron esa mañana… no, no podía dejarla sola si no lo hizo antes al negarse a escapar con Terry a quien amaba…ahora en este matrimonio sin amor como Albert se le restregó en su cara en su propuesta de matrimonio…vaya que si es una aventura… -¡ usted también es todo un caso!- susurró antes de entrar en sopor y su cuerpo a aflojarse en el agua- recordaba cuando la salvó del lobo, cuando la salvó de la trampa… de la cruz, cuando quedó frente a sus ojos color cielo, quedaban tan bien en esa cara, con ese tono tan especial de piel blanca pero tostada por las tardes de trabajo,- se fue resbalando en la tina sin darse cuenta- enmarcada por cabello rubio y lacio y sus labios…ay..esos labios que no quedaban para nada con esa cara de niño perdido esos labios parecían ser los de un ángel de Boticelli, pero llevaban al mismo infierno al hacer equipo con esas grandes y fuertes manos que sabían ser delicadas al tacto… no solo su mente sino cada pedazo de piel que él recorrió recrearon ese momento bajo el árbol… - su cuerpo se estremeció, justo cuando sus fosas nasales entraron en el agua, una sonora inhalación fue el resultado, se agarró de la blanca cortina para salir del agua, la cual se zafó del cortinero de latón dorado, sus ojos estaban cerrados cuando tosió para sacar el agua de su garganta, con dificultad abrió los enjabonados ojos y no pudo creer lo que veía
-¡Santa virgen de los desamparados!- gritó
De espaldas, con la ropa interior en los tobillos, Albert se disponía a quitarla de su pie izquierdo con el derecho cuando escuchó el gritó, quiso girar pero no pudo y cayó de bruces al tropezarse con su ropa hasta el suelo quedando frente a Candy.
-¿Está bien?- preguntaron al mismo tiempo
-sí, pero vístase- agregó Candy mientras trataba de enjuagarse al cara y de tomar de nuevo el ritmo de su respiración que a esas alturas no sabía si era porque se iba a ahogar o por la impresión de ver a semejante hombre desnudo frente a ella, parecía una escultura viviente. Quien sabe cuánto tiempo fue y la imagen fue borrosa, pero fue lo suficientemente duradera y clara para que quedara grabada en su mente.
Después de incómodos y larguísimos minutos sin hablar palabra, increíble en Candy y porque no en Albert también ya que nunca le había dado vergüenza que una mujer lo viera desnudo. De lado quedaron las preguntas de lo que pasó en la biblioteca, de la actitud de desasosiego, todo quedo en el olvido, lo mejor era no decir nada y apresurarse a estar listo para la cena.
Lo último que tenía Candy en la cabeza era la forma de su peinado, por algún hecho divino se acomodó, sin más pretensiones que estuviera peinado, una media cola con un pequeño broche, algo de polvo de arroz y mucho perfume francés. Ese verde oscuro le resaltaba sus ojos verdes y le dulcificaba el rostro. Albert quedó sin palabras cuando la vio, mejor dicho ambos, después deberlo sin ropa confirmaba porque se veía bien con ella. Su sonrisa de lado y su brazo le ofreció a Candy antes de bajar las escaleras.
El living estaba aluzado, las tías con su outfit meramente victoriano, Ann y Archiebold parecían una pareja de litografía eran perfectamente guapos, sentados correctamente, hablando de la misma forma, al observarlos por un rato parecía que fueron sacados de algún libro de buenos modales, eran tan "kind" que hasta daba envidia.
Mr. Frederick Cornwall, de unos cincuenta años tenía unos grandes ojos negros que no controlaron su asombro al ver a la pareja recién llegada, soltó una sonrisa amigable, sin dejar de lado la gallardura, sus bigotes aún negros, eran los clásicos mostachos de la época, pero en él se veían muy bien, su peinado hacia atrás hacía que las canas se perdieran en él ébano de su cabeza, verdaderamente era aun hombre con mucha clase, pero su gesto era sencillo, se paró inmediatamente para saludar dándole un beso en la mano a Candy, a lo que ella respondió con una ligera caravana.
- Frederick Cornwall, Lady Andley, mis más sinceros respetos, es usted muy bella igual que su hermana.- Candy se sonrojó, cosa que Albert notó inmediatamente-muchas gracias-
-Ella es mi esposa, Lady Marian Cornwall
-Mucho gusto Lady Andley- dijo asentando con la cabeza, su porte era el de una reina, su cabello era castaño claro, recogido en un complejo chignon , delgada y su perfil era perfecto, la expresión de su mirada le recordaba mucho a la de Annie inconscientemente volteo a verla, parecía su hija.
-El gusto es mío, Lady Cornwall-dijo Candy con sinceridad, los suegros de su hermana le parecían buenas personas, al menos esa primera impresión le dieron.
George Johnson llegó a la cena saludando a todos con familiaridad. La tía Bessy disfrutaba el momento, mientras Elroy solo se limitaba a asentir con la cabeza cada vez que se referían a ella, no podía disimular su disgusto con sus sobrinos, las chicas parecían buenas, bueno, Ann era la que prometía algo, refinada, discreta, hasta algo tímida y Archie se veía feliz, lo sabía; a ese chico lo conocía tan bien…que hasta algunas veces le cambió los pañales, su mirada no podía mentir, se sentía pleno, pero William…ay William, había algo que no cuadraba con esos rubios, hasta ese momento, el único punto a favor de Candy era su belleza y sencillez. Lo que no les podía perdonar era que se casaron literalmente a escondidas sin tomar en cuenta a la familia, se sentía totalmente desplazada.
La cena fue una delicia, sin menospreciar el postre, pastel de chocolate
-u n pajarito me dijo que es tu favorito Candy- dijo Bessy
-muchas gracias es mi favorito.
-Así que son de Chicago- dijo Frederick tratando de iniciar una conversación, ya que la cena fue casi un sepelio.-¿Dónde vivían?
-Bueno, en la mansión Carlton, ahí vivimos por mucho tiempo-contestó Ann
-Oh si, la recuerdo, cuando era de color rojo y el jardín era hermoso… era de …¿te acuerdas Elroy?…
-De los Mc Arthur y se la vendieron al Dueño de ese almacén…muy grande…Bitter's..
- Si nuestro padre John Bitter- dijo Annie con orgullo.
-Aaah, un comerciante- añadió Elroy
-siempre me encantó esa mansión parecía de ensueño-agregó Bessy
-realmente lo fue- dijo Candy con nostalgia
-si, pero padre vendió todo por la enfermedad de madre-aclaró Annie mientras tomaba un poco de agua.
-No entiendo- agregó Bessy- creo que los Bitter eran una pareja grande… -¿cómo es que fueron sus padres?- dijo antes de tomar un sorbo de café
-somos adoptadas- contestó Candy inmediatamente, lo que hizo que Annie cayera de semblante, ya era suficiente con ser ellas ahora su oportuna hermana tenía que abrir su bocota, su matrimonio llegó a su fin. Candy explicó su historia sin pena alguna, se sentía orgullosa de ser quien era, eso lo pudieron ver todos en la mesa. Albert la vio embelesado y sintió una mirada fuerte en su rostro de reojo pudo saber que Elroy lo incriminaba, en otro momento, daría saltos de alegría al saber que la incomodaba pero, algo en su corazón le molestaba, no quería que Candy sufriera un rechazo cruel por su origen humilde.
La mesa volvió al silencio incómodo,
-así que Mr. Bitter no pensó en su futuro, no les dejó herencia
-Padre siempre decía que la educación era la mejor herencia, dejó suficiente para que viviéramos con dignidad…y la escuela de artes pagada, decía que unas señoritas decentes debían prepararse en todos los ámbitos, sobre todo en las artes…
-¿las dos?
preguntó Marian,- Ah si…¿en música o pintura?
.-música…
-deberían escucharla toca el piano mejor que yo madre- dijo Archie orgulloso
-¿están diplomadas?
-solo mi hermana, yo decidí irme por la enfermería… añadió Candy
-¿enfermería?- gritó Elroy- ¡Por Dios, una enfermera! y todo eso… era hasta que encontraran un matrimonio ventajoso…
Candy soltó la carcajada- perdón, perdón
-¿puedes compartirnos el motivo de tu hilaridad?, jovencita- dijo molesta.
-Perdón Miss Elroy solo que cuando la vida nos da una bofetada con toda la mano para que aprendamos una lección , pues a mí solo me queda reír… hace un año estuve cubriendo unas horas en una clínica que recibía obreros de una fábrica textil… pude ver de todo ahí, desde hombres que eran el sustento de su familia y perdían una mano o un pie..y así tenían que ir a trabajar lo más pronto posible porque les descontaban el día, pasando por mujeres que perdían sus embarazos avanzados por la fatiga y la mal nutrición, saliendo con sus brazos vacíos de la maternidad solo porque el capataz no les creyó que se sentían mal…hasta niños de solo 10 años que enfermaban de los pulmones debido a las partículas que despedían las máquinas si no morían, cuando un chiquito de esos murió en mis brazos, hice un horrible prejuicio de los ricos, llegué a odiarlos, porque para sus mujeres su máxima preocupación sería el color del vestido que usarían en la siguiente fiesta, sin pensar que con el dinero que lo comprarían costó la vida de un bebé, de un niño o una mano de un obrero… los odié tanto que le di gracias a Dios de no ser una persona rica, ya que eran tan pobres que lo único que tenían era su dinero, …¿sabe cómo se llamaba esa fábrica?... Textiles Andley... y míreme ahora aquí llevando su apellido, en su mesa compartiendo la cena y siendo prejuzgada por su matriarca…. No me queda más que presentarle mis disculpas por haber sido prejuiciosa con usted mucho antes de que usted lo hiciera conmigo y sin conocerla, humildemente espero que las reciba. Dios acaba de darme una lección de humildad y la acepto. Y le aclaro que ni mi hermana ni yo esperábamos un matrimonio "ventajoso" como usted lo dijo. Accedí al matrimonio de mi hermana porque sé que fue únicamente por amor... yo no sabía que Mr. Andley, fuera "ese Andley"…Para serle sincera odio que las mujeres valgamos solo por un matrimonio, también somos seres humanos y debemos valer igual que el hombre... fuimos hechas de una costilla para ser iguales no de un hueso del pie para estar a esa altura, usted misma, entiendo que no es casada y es un ser humano valioso por sí sola no por su marido o la fortuna que tenga su familia, de igual manera lo último que me haría valiosa sería la posición económica y social de Mr. Andley como mi esposo.
Nadie se atrevió a interrumpir el dialogo entre las dos mujeres, prefirieron estar solo como espectadores, Marian trató de disimular las lágrimas que corrían de sus ojos ante la historia que acababa de oír, se sintió tan egoísta, vio su vida como una total bagatela, Annie solo pensaba en cómo iban a salir de ahí gracias de nuevo a la lengua suelta de su hermana, solo se limitó a tomar fuertemente la mano de Archie como si así no se le fuera a ir a algún lado. Archie, admiró profundamente a Candy, era la mujer que Albert necesitaba, era la Tia Elroy solo que en bonito, que valor de enfrentarse así sin más ni más. Frederick, se recargó en la silla con su característica calma de observador, amaba observar la reacción de las personas y vio sinceridad en la chica rubia, hablaba convencida, segura, sin levantar la voz pero firme, sin duda ver verdad, si tuviera una cámara de esas nuevas en la mano, de seguro en la fotografía salía un hálito azul de su cuerpo, muy parecido al de su sobrina Rose Marie, tal vez eso enamoró a William. Bessy estaba fascinada, esa menuda rubia con cara de ángel tenía el coraje suficiente para encararse a Elroy, su hermana mayor, tal y como muchas veces ella quiso hacerlo, eso de valer sin tener esposo le agradó, ella también lo pensaba, por eso no se casó con cuanto hombre le pedía matrimonio. No los amó, no como a aquel soldado que sus padres corrieron sin ninguna consideración. Y Albert se quedó mudo, ya había visto el carácter de Candy que hasta le pareció tierno, pero en este momento lo hizo ponerse a pensar, en la situación de esa fábrica, por eso aceptó su matrimonio, ella vio la parte contraria de las cosas, vaya no necesitaba para nada que la defendiera, estaba a punto de hacer uno de esos shows con Elroy si ella la humillaba, pero al parecer no sería necesario, con todo el temple posible, "su mujercita", puso en su lugar a Lady Elroy Andley. –Wow!- suspiró justo cuando la voz de Elroy se dirigió a él al hacer ruido con la silla al levantarse indignada.
-Dios los cría y ellos se juntan… enfermera, insolente y comunista… tal para cual.- Se dio la media vuelta y salió del comedor para ir directo a su recamara. Bessy se levantó también para seguirla pero la interrumpió- quédate, quédate yo puedo irme sola.
-Pues, entonces vamos al salón de música, Annie, tienes que tocar el piano, ¿podrías hacer eso por tu nueva tía Bessy?- dijo para calmar los aires.
-Claro tía Bessy- dijo con timidez
Candy y Albert se quedaron al último
-Mr. Andley, perdón, no quise ser insolente con su tía, le cause problemas… madre siempre me lo decía, debo conectarme el cerebro a la lengua- dijo al darse a sí misma unos golpecitos en la frente.- empeoré las cosas ¿verdad?
- No haga eso- dijo al detenerle la mano y esbozó una sonrisa al mover la cabeza, le dio un beso en la frente y la abrazó- perdóneme usted por meterla en esto,- le dijo al oído, se separó y con una gran sonrisa añadió- nunca vi a nadie poner a Elroy Andley en su lugar, mi tía tiene razón…Dios los cría y ellos ..
-se juntan- terminaron la frase riendo con complicidad.
Bessy los veía por la orilla del muro y sonrió pícaramente antes de correr para no ser vista.
-Vamos al salón de música- dijo al ofrecerle su brazo. Cuando llegaron Annie estaba absorta en la pieza un Nocturno de Chopin el dos opus 9 para ser exactos.
Esa música transportaba a una tranquilidad que por un momento todos olvidaron el incidente del comedor. Los aplausos no se hicieron esperar y una sombra en las escaleras disfrutó al igual que todos de la pieza musical.
-Y tu Candy…¿ que nos compartes?- dijo emocionada Bessy.
-déjenme presumir que mi esposa canta como los angeles…- dijo Albert
-Mr. Andley- dijo asombrada de su orgullo-bueno no le hagan caso…
-es verdad, ¿o no George?
-Claro que lo aseguro, ya la he escuchado-contestó George serio.
-hasta un hombre en el tras atlántico la invitó a ser parte de su compañía- dijo Annie.- ven yo te acompaño.
- Hija solo canta algo que te inspire tu marido, ella volteo a ver a Albert y miles de imágenes en segundos se agolparon y el sol de Escocia sobre su cuerpo y su rubia cabellera la inspiraron, se acercó a Annie y le dijo en el oído la pieza, O Sole Mío en una buena pronunciación del italiano empezó a escucharse en la casa, aún los sirvientes dejaron sus tareas para escucharla y Elroy en la penumbra, se sentó en la escalera, no pudo más, esa chica era el mismo demonio..su voz tan dulce y angelical hacían que su corazón se sacudiera y se exprimiera como una esponja.
Candy lo veía mientras cantaba, eso era para ella, el mismísimo sol empezaba a disfrutarlo cuando de pronto vio que Albert se dio la media vuelta bruscamente y sin más salió del salón como alma que lleva el diablo, asombrada vio que Bessy estaba hecha un mar de lagrimas al igual que Marian, algo no estaba bien. Calló y esperó que alguien le diera un norte.
-No lo tome personal Mis Bitter, perdón Lady Andley- dijo George- es mejor que vaya con sir William. Candy cruzó el vestíbulo sin ver a su alrededor, sin darse cuenta que Elroy no pudo levantarse del escalón, su objetivo era encontrar a Albert.
-Miss Bitter- murmuró George- al alcanzarla, de seguro está en el jardín de la derecha- perdón Mrs Andley
-déjelo, usted puede llamarme como quiera…tengo que aprovechar el momento, ya no lo tendré, tome esta carta, quiero que la anexe a los papeles que se leerán pasado mañana
-No será posible el juez, tiene dos semanas de licencia, su padre murió y sir Andley estipuló que solo él, tratara lo del poder…
-como sea, cuando sea pero quiero que quede estipulado que no quiero nada de dinero de los Andley
-aun y cuando tengan hijos
-¡Por dios hijos!
-¡señora están casados!..o..¿no son marido y mujer?
-Shshshshhs…si, claro, hay testigos- dijo en voz alta...¿recuerda?
-prométamelo por su madre..por lo que más quiera…es la única manera en que podré estar cerca de Mr Andley…después de lo de esta noche con Miss Elroy creo que es lo más sensato
-¿realmente cree que es sensato?
-estoy segura
-está bien, cuente conmigo Miss Bitter, en mi tiene a un amigo- dijo al tomarla de las manos- vaya, vaya , esa canción es muy importante para él- dijo con voz quebrada- y para quienes quisimos a Rose Marie.
-gracias- dijo antes de correr.
Lo encontró recargado en un árbol, mirando al cielo
- Mr Andley ¿puedo..? preguntó Candy con voz dulce y todavía a distancia
-No …- dijo tajante sin voltear a verla.
-si le molesta que cante…
-Es mejor que se vaya a dormir-siguió dándole la espalda y se limpió la cara con su pañuelo.
-somos amigos…si puedo ayudar…
-No… no se acerque… váyase a dormir…
Candy se mantuvo en silencio tratando de asimilarlo…lo veía ahí, parecía desolado, quería ir a abrazarlo, como lo hizo él, darle calor a su alma, pero él había levantado una barrera invisible. Después de un momento él -se dio la vuelta y la vio ahí parada a la expectativa…
-¿No escuchó? ¿No sabe obedecer a su esposo?-dijo con desesperación más que con molestia.
-si-contestó seria y tragándose el nudo que se le hizo en la garganta-púdrase, sir Andley- murmuró y con toda su dignidad se dio la media vuelta y se fue a su cuarto cuando entró a la casa y ni siquiera se percató que todos se habían ido a sus habitaciones.
Entró a su recámara y ya no pudo contener el llanto como pudo se desvistió y se puso su blanca bata de dormir. El sueño y el cansancio la vencieron. La puerta se abrió y Albert se hincó frente a Candy, su aliento olía a whisky y le acarició la cabeza se dio cuenta que se había quedado dormida llorando, suspiró y se sintió el peor de los hombres, con algo de duda se inclinó para darle un beso en la boca pero se fue a su frente.
-Miss Bitter…Miss Bitter… perdóneme, fui un tonto usted no tenía la culpa de nada.
A tientas se quitó la ropa exterior y quedándose solo en calzoncillos se metió a la cama y miró al techo
-como le digo que soy un asesino, a parte de todas esas vidas que los obreros de mis fábricas pierden trabajando para los Andley. No soy digno de ella este es mi castigo, la mujer más maravillosa que he conocido la tengo aquí a mi lado pero es inalcanzable para mí. Por un momento lo olvide en Escocia ahí con ella… ¿cómo le digo que mate a lord Wensley… y que decepcioné a toda mi familia?
La noche en Paris es eterna, en la barra de aquel bar, Stear brindaba con Terry
-Pues felicidades, por tu primer hijo, de verdad-dio un sorbo a su vaso- a Patty también, espero que haya salido a ella…-bromeo
-en definitiva, así es porque se parece a Patty es el bebe más hermoso del mundo- dijo al levantar de nuevo su copa.-bueno ya me voy, mañana tengo que ir temprano al hospital y felicidades por la obra es muy buena…cuando vayas a Londres te espero en mi casa para qué conozcas a Stear II
-claro que si
Terry se quedó viendo como se iba Stear, le contagio su felicidad, sonrió y dio un sorbo más a su vodka, de pronto la puerta sonó como si alguien saliera de bar, pudo reconocer a la pareja no lo dudó salió trasa ellos y vio que dieron la vuelta en la esquina, casi estaba seguro, eran ellos, con otra ropa tal vez más cara de la que acostumbraban…pero al verlos tomar un carruaje distinguió la cara de la mujer por la que un día enloqueció de amor, al igual que Albert .
-Maldito Wensley, estas vivo y con la misma zorra.
Quiso ir a perseguirlos pero recordó que Susana lo esperaba despierta y caminó en sentido contrario.
NOTA: PERDÓN POR ELRETRASO..PERO Y ESTÁ AQUÍ..COMENTARIOS PORFIS… QUE TAAL ELENCUENTRO ENTRE LA TIA ELROYY CANDY?
