6. ¿Quién eres?

Otra vez martes por la mañana. Exactamente eran las ocho, tiempo de levantarme a las apuradas para tomar mi desayuno, cambiarme y salir pitando al centro universitario.

-¡Que flojera!- exclamé aún tirada en la cama. No tenía ganas de ir a la clase de italiano de hoy.

Me desperecé lentamente, me puse mis pantuflas y salí de mi habitación directo al baño para asearme y bajar más o menos presentable a la cocina. Claro, presentable… Estando en pijama.

-Buenos días Nessie- dijo Esme. Su rostro reflejaba preocupación. Al parecer seguía con las imágenes de lo que sucedió anoche intactas en su memoria.

-Hola a todos- respondí con tono monocorde mientras me servía un tazón de cereales con leche.

Carlisle estaba sentado tomando un café, con unas ojeras que daban miedo. Seguro había llegado a horas de la madrugada y casi no había dormido. Rose y Emmett estaban junto a la mesada, de pie, mirándome como si yo fuera un fantasma o algo parecido. Jasper permanecía inmutable en su lugar, con el diario a un costado suyo. Creo que se habían tomado muy al pie de la letra lo que dije anoche porque ninguno se atrevió a abrir la boca.

-¿Y los demás?- pregunté casi indiferente mientras me sentaba junto a mi abuelo. A estas alturas ya debía estar enterado de lo sucedido, pero al menos no había visto la escenita.

-Tu madre y Alice se fueron hace un rato. Ed está en su alcoba durmiendo, al igual que tus primas.

-Ajá- asentí llevándome un nuevo bocado a la boca. Ya se me estaba haciendo tarde.

Terminé mis cereales y tiré el cacharro al fregadero para poder ir a cambiarme. No lo se, pero algo en mi interior me decía que este iba a ser un día particularmente interesante. Y, generalmente, cuando tenía un presentimiento nunca fallaba.

Me puse unas tenis verde pino –muy a tono con el ambiente de Forks- luego de haberme calzado mis jeans pitillo azul oscuro. Por último me saqué la parte de arriba de mi pijama y me puse una remera de manga larga blanca con inscripciones en negro.

Tomé mi chaqueta deportiva negra, mi mochila y un piloto por si acaso y salí corriendo escaleras abajo.

-Adiós a todos- grité mientras cogía las llaves de mi auto –un mini Cooper rojo y negro alucinante- y salía de la casa.

Una vez dentro de mi coche me aseguré de que mi pelo y make up se vieran prolijos, no fuera a ser que estuviera hecha un desastre. Por suerte me veía bastante bien, sobre todo por la dosis de alegría que Jacob me había inyectado anoche.

-Jacob- dije y sonreí ante el espejo retrovisor. Pero pronto recordé lo lejos que el se encontraba y la sonrisa se me borró por completo.

Solo a mí me podían pasar este tipo de cosas. Al fin conocía a un chico con el que me sentía cómoda, con el que podía hablar sin ponerme nerviosa, con quien simplemente era yo misma… Y vivía al otro lado del país. Muy conveniente… Dios, si parecía que yo misma me los buscaba así.

Arranqué el auto y tomé la carretera principal que me llevaba al instituto. Hoy, después de varios días, volvía a ver a mis chicos, a mi loca pandilla. Había formado un grupito de amigos con el correr del tiempo, con quienes me llevaba más que bien. En si, éramos todos unos revirados de primera, una buena razón para que estuviéramos juntos.

Veinte minutos después de haber salido de casa estaba aparcando en el estacionamiento del centro universitario y descendiendo del coche.

-¡Oye tú!- dijo una voz muy conocida a mis espaldas.

-¡Yuki!- exclamé y le salté encima dándole un abrazo.

-¡Cuidado! No vayas a rompérmela- dijo Alex con una gran sonrisa cómplice.

-No sabía que era tuya Alex… Que yo sepa también es mi amiga- reí y lo abracé a él también. –Me hicieron falta este fin de semana.

-A que si… Es raro no salir juntos.

-Demasiado… Y muy aburrido. Más les vale que este viernes hagamos algo, no importa qué.

Los tres empezamos a caminar hacia la puerta del edificio, resignados a enfrentarnos a un nuevo día de clases.

Ellos también estaban en mi curso junto con Kristen, Kate y Lexi, mis otras dos amigas.

Si había que hacer una descripción de todos ellos estaría días contando sobre lo chiflados que estábamos todos, siempre haciendo chistes y bromas, a veces un poco indecentes pero demasiado divertidas.

Pobre Alex, era el único chico del grupo y se tenía que aguantar todas nuestras charlas, incluso esas que ningún chico quisiera oír. Por eso lo quería tanto, era un amigo con el que siempre podías contar, con quien nunca te sentías sola. Y si hablábamos solo del aspecto físico, no estaba para nada mal. Era bastante alto, delgado, con una musculatura bien formada. Simplemente se lo podía catalogar como un buen candidato.

Lexi era la más tranquila de todas y quien ponía un poco de calma al grupo, aunque reía y participaba en todas nuestras locuras. Era como una hermanita menor para mí, ya que nunca nos separamos desde que nos conocíamos y apenas era más chica que yo por una diferencia ínfima de meses. Era morocha, de piel trigueña y ojos chocolate, un poquito más baja que yo.

Yuki era la mayor de nosotras, tenía veinte y ya se acercaban sus veintiuno. Era un tanto más alta que yo y, sumado a que le encantaba usar tacones –cosa que yo odiaba, por más que adorara los zapatos-, hacía que me viera bastante pequeña. No había una vez que no siguiera mis juegos y chanzas y siempre estábamos compartiendo los chismes del día o de la semana. También tenía el cabello castaño como Lexi, solo que sus ojos eran más claros.

Kate destacaba entre nuestro grupo, no solo por el hecho de ser la única rubia en extremo, si no por sus más que sugerentes curvas. No tenía nada que ver conmigo. Yo era una especie de tabla de planchar del lado delantero, algo que no me daba la más mínima gracia. Mamá me insistía que mi busto era normal, pero para mí no lo era. Como sea, Kate solía aliarse conmigo para hacerle bromas a Alex o para conquistar chicos. Le encantaba salir con nuevos candidatos cada vez que podía, sin interés de establecer una relación muy seria. Al igual que Lexi y yo, también tenía dieciocho años, pero los cumplía luego de mí.

Por último estaba Kris, que recientemente se había incorporado al grupo. Ella tenía diecinueve años. Una chica común básicamente, de estatura media, delgada, ojos rasgados y pelo ondulado.

Como siempre, yo era la más diferente de todas. Mis ojos claros, verdosos, resaltaban entre los de mis amigos, al igual que lo hacía el extraño tono castaño rojizo de mi cabello. Era muy delgada y lo único que aportaba un poco de forma a mi figura casi escuálida era mi definida cintura y mis talladas piernas. Muchos decían que eran perfectas pero yo las odiaba, al igual que prácticamente todo el resto de mi cuerpo… Pero ese era otro tema.

-Que raro que las chicas no estén por aquí, falta poco para que inicie nuestro turno.

-Quizás estén dentro del salón- respondí buscando con la mirada a ver si las divisaba entre los tantos estudiantes que había en el pasillo, sin obtener resultado alguno.

-¿Ellas dentro del salón antes de que comience la clase? ¿Te sientes bien Renesmee? En serio, empiezas a preocuparme- Alex se carcajeó y me propinó un débil codazo. Le saqué la lengua en respuesta.

-No, no estoy bien. Nunca lo he estado- reí.

-No me refería precisamente a tu estado de cordura nena. Ya sabemos que a esa nunca la tuviste.

-¡Alex!

-¿Qué? Tienes que admitirlo.

-Okay, es cierto, nunca la tuve… Y si la tuve, ya la perdí hace mucho tiempo atrás.

El timbre que indicaba el ingreso a clases sonó pocos minutos después, obligándonos a entrar al aula y a ocupar nuestros respectivos asientos. Kate, Lexi y Kristen no habían aparecido, así que era más que obvio que hoy no vendrían. Luego debería llamarlas a las tres para preguntarles el por qué de su ausencia.

Me senté en la mesa que solía compartir con Kate o Lexi, dejando mi mochila a un costado. Era raro ver el asiento que estaba a mi lado vacío esta mañana, pero por suerte no me debería acostumbrar a eso.

-Buenos días a todos- dijo el profesor entrando al salón con cara de pocos amigos. –Bien, se supone que hoy llega un nuevo alumno a la clase así que no comenzaré hasta que se digne a presentarse- concluyó tomando asiento en su escritorio. Fuera quien fuera ese chico, si no llegaba en los próximos dos minutos quedaría marcado con un letrero luminoso para el profesor… Algo así como REPROBADO.

Era raro que a estas alturas alguien se incorporara al curso. De hecho, ni siquiera tenía conocimiento de que eso podía hacerse. Digo, para algo están las fechas de inscripción, ¿no?

La puerta se abrió en ese preciso instante, sacándome de mis cavilaciones. El señor Mallory se giró en esa dirección para ver de quién se trataba.

-Es usted. Bonitas horas de llegar señor…- lo miró seriamente y revisó sus papeles, chequeando que todo estuviera en orden.

No podía apartar mi mirada de él. Era sencillamente perfecto. Lo recorrí de arriba abajo, deteniéndome en los detalles que llamaban más mi atención. Era alto, más que Alex, de piel blanca al igual que la mía y ojos oscuros, casi negros. Su cabello era corto, rebelde, despeinado de una manera totalmente sexy. Sus músculos podrían ser la envidia de cualquier adolescente y el motivo de suspiro de toda chica. Como diría Kate, estaba de muerte.

Su mirada se cruzó con la mía y vi una perfecta sonrisa asomar por su rostro. Agaché mi vista hacia mi mesa y me sonrojé al punto que mis mejillas se pusieron a arder frenéticamente. El celular vibró en mi bolsillo e hizo que reaccionara.

-Te estoy viendo Nessie… ¿A caso ese te gusta?- leí en la pantalla de mi móvil, que apenas si lo había sacado de mi bolsillo para poder ver de qué se trataba. Si el profesor me descubría seguro tendría problemas. En verdad era muy anticuado y su maldita actitud de profesor de preparatoria me irritaba por demás.

Me di vuelta disimuladamente y observé a Alex que tenía cara de asco. Solo atiné a poner los ojos en blanco y volver mi vista al frente.

-Envidioso- escribí y le envié el mensaje a Alex para poder guardar de una vez el aparato.

Solo restaba una cosa por saber… ¿Quién demonios era él?