Holaaaaa! Perdon, perdon, perdon, perdooon por el retraso, he tenido muchas cosas que hacer por ser inicio de año, por eso no he seguido con la historia, asi que por eso me he tardado. Lamento mucho el retraso pero aqui esta... Espero que les guste este capitulo, esta un poco como de relleno pero siento que es necesario irle viendo el desenvolvimiento a esta chica... peleando con su pasado y tratando de seguir adelante en su futuro. Asi que bueno... MUCHISIMAS GRACIAS por sus comentarios, espero que les guste este capitulo, y espero postear el siguiente lo mas pronto posible! GRACIAS y DEJEN SUS REVIEWS! :)


Capitulo 6

Lo empujé sigilosamente, obligándolo a retroceder. Hasta que lo tuve a una distancia prudente.

- No creas que por una caricia maltrecha, una mordida en la oreja y unas palabras seductoras me tienes a tus pies rogando por tu atención. – dije, mientras obligaba a mis ojos a ver hacia los papeles sobre el escritorio.

- Lo sé. Pero quería intentarlo. – dijo, mientras sacaba un bolígrafo muy fino de su saco y extendiéndolo hacia mí.

- Lo firmaré, pero no creas que aun estoy del todo convencida. Lo hago por mi familia más que todo, pero no estoy del todo convencida. – dije, mientras tomaba el bolígrafo y estampaba mi pequeña y frágil firma en la línea, aceptando ese contrato con mucho filo.

- Excelente. No lo lamentaras Kikyo. Además, tendrás tantas ventajas que al final del recorrido te fascinará estar en la posición de la esposa del heredero de la compañía Taisho. – replico, recibiendo nuevamente su bolígrafo para guardarlo en su saco.

Sentía ganas de vomitar. No estaba lista para todo esto, sentía que todo se venía encima y no tenía más alternativa que aceptar mi destino.

- Dame un tiempo antes de irme a vivir contigo al pent-house. No quiero llegar y gritarle a los cuatro vientos que seré tu esposa y que viviré contigo. – susurre, mientras me sentaba nuevamente en el sillón. Estaba agotada mentalmente.

- Querida, antes de que te vayas a vivir a mi casa, tienes que pasar por un protocolo obligatorio. Es tedioso, pero es necesario. – respondió.

- ¿Protocolo?

- Si querida, protocolo. Se necesita hacer muchas cosas antes de formalizar la relación. Tu asistente personal te dirá los pasos a seguir. No te preocupes, según ella es una relación más que se formaliza en matrimonio por conveniencia mutua. Su contrato le impide divulgar cualquier tipo de información, así que ella ya sabe todo lo que se necesita hacer. – dijo mientras tomaba el teléfono y le decía a la persona al otro lado que dejara entrar a la asistente.

Supe desde ese momento, que era la señorita que me había acompañado hasta el despacho de Sesshoumaru. La puerta sonó y la señorita entro caminando a paso acelerado hasta el escritorio.

- Kikyo, ella es Rin. – dijo mientras la señalaba con tranquilidad.

La misma chica de antes, tal vez de unos veinte años de edad. Muy joven para ser asistente personal. Cabello negro, amarrado levemente con una pequeña coleta. Un traje de saco con falda por debajo de las rodillas de un color amarillo palido. Zapatos bajos color negro y una sonrisa de oreja a oreja. Daba la sensación de ser confiable y amistosa.

- Mucho gusto. – pude responder con una sonrisa algo fingida.

- Rin, aunque es pequeña de edad, es muy inteligente. Ella está al tanto de todo lo que debe de tener hecho antes de nuestra boda. Tu itinerario y protocolo están en su poder, cualquier consulta o pregunta, no dudes en hacérselo a ella. – dijo mientras le pasaba algunos papeles a Rin, que gustosamente acepto.

La observe detalladamente. Quería saber si tenía algo especial en ella, algo que hiciera que Sesshoumaru prestara atención de manera tan personal. Además de su encantadora forma de ser, una sonrisa tan sencilla, era bonita, pero no del tipo despampanante que podría volver loco al gran señor Sesshoumaru.

- Sera un gusto enorme ser su asistente personal, señorita Kikyo. Espero que no dude en preguntarme todo lo que desee. – replico, mientras me sonreía.

- Danos un momento Rin, espérala afuera. – comento Sesshoumaru, señalando la salida.

La chica se dio media vuelta y salió en tono alegre. Dejando nuevamente el ambiente pesado, con mis pensamientos y el ego del gran jefe.

- ¿Qué más quieres de mi? Ya firme tus papeles, ahora déjame ir a cumplir con las tareas. – susurre. No quería que me escuchara, lo decía por puro desgano al momento. No tenía fuerza, para nada.

Sesshoumaru se levanto nuevamente de su silla, regreso a mi lado, para tomarme del brazo y obligándome a estar de pie, frente a él, muy cerca. ¿Qué era lo que tramaba ahora? No quería verlo, no quería sentirlo, no quería que me tocara.

- Antes de que te vayas, quiero mi beso de despedida, querida. – dijo, mientras tomaba mi mentón con su mano, tratando de acercar mis labios a los de él.

- No quiero. – pude responder, sentía que me estaba convirtiendo en una niña negando el pedazo de fruta que le estaban ofreciendo.

- ¿Hasta eso me vas a negar por ahorita? – pregunto, acercándose más a mí.

Por ahorita. Que palabras más severas. Mis ojos se llenaron de enojo, sentía su respiración chocar contra mis labios. Estaba peligrosamente cerca, que mas daba, ya estaba escrito en mi piel que iba a ser de él, un beso no iba a matar a nadie, además de mi orgullo y dignidad.

Lo tome por la corbata, terminándolo de acercar a mí. Mis labios se estrellaron con los de él. Carnosos, llenos de sabor, deliciosos. Un beso intenso, un sentimiento de pasión se encendió, lo sentí con fuerza, un rayo cayó desde mis labios a mi espina dorsal. Nos estábamos quedando sin aire, pero no importaba, quería seguir saboreando esos labios, eran adictivos.

Sentí su mano posarse en mi espalda baja, para aprisionarme con más fuerza en contra de su abdomen. No, Kikyo, baja… baja de la nube, baja a la realidad. Aleje mis labios de los de él, nuestras respiraciones fueron agitadas, estábamos dejando que nuestros pulmones se llenaran de aire nuevamente.

- Por ahorita, será lo único que tendrás de mí. – dije, recuperando el aliento y caminando hacia la salida de su despacho.

Antes de salir, volví a ver hacia atrás, estaba recostado en su escritorio, observándome con cara de perversión total, una sonrisa estaba dibujada maléficamente en su rostro. Pero milagrosamente, no pronuncio palabra alguna. Tal vez pensó que no era el momento adecuado para alguno de sus sarcasmos, o no quería que esa pequeña pizca de valentía que tuve se esfumara con alguna tontera salida de su boca. De cualquier manera, agradecía que se hubiera quedado con la boca cerrada.

Abrí una de las grandes puertas para luego cerrarla detrás de mí. Respire aliviada nuevamente. Sesshoumaru me causa una tensión exorbitante. Tenerlo frente a él, es como estar cerca de un cable de alto voltaje. Una pequeña joven se encontraba parada frente a mí, siempre con esa sonrisa natural, una pequeña agenda en la mano y un bolígrafo entre sus dedos.

- Señorita Kikyo, tiene muchas citas el día de hoy. Para poderlas terminar, recomiendo que comencemos ahorita mismo. – dijo la chica, abriendo la agenda y apuntando varias líneas con el bolígrafo.

Mi mente estaba en Marte, mis sentimientos en Júpiter, pero mi cuerpo aun estaba parado ahí, fuera de sí. Un leve está bien, salió de mí ser, y regrese nuevamente. ¿Muchas citas? ¿Qué tanta cosa desea que haga ese tipo? Estaba resignada, cualquier cosa que me pidiese que hiciera, lo iba a hacer sin chistar. Ya estaba más que metida en la boca del león.

- ¿Por dónde comenzamos? – pregunte.

- Tiene una cita dentro de media hora con la modista. El señor Sesshoumaru desea que se cambie todo su closet. La diseñadora de modas es muy reconocida en el país, y está al tanto de sus gustos, como los del Señor. – respondió la chica, ojeando la pequeña agenda rosada.

Vestirme a su gusto. Sera algo nuevo para mí. Jamás me había llamado la atención la ropa en moda. Mi gusto en ropa era sencillo. Ropa que me quedase bien, me viera bien y no como una cualquiera. Si tuviera que calificarla en alguna rama, seria casual y clásica.

Llegamos a un edificio de unos cuatro pisos, los cuatro de la misma marca de ropa, un nombre de mujer con una frase en francés abajo, no sabía lo que diría, aunque lo intuía... algo referente a moda internacional. En la entrada estaba otra joven, muy bien vestida, esperándome. Unos treinta y cinco años de edad, cabello rubio, alta y atractiva.

- Me imagino que usted es la señorita Kikyo. La estaba esperando, por aquí por favor. – dijo, mientras me señalaba el camino a seguir.

- Gracias. – dije mientras caminaba con Rin al lado.

- Tengo entendido que su guardarropa es algo casual y no muy llamativo. Estoy buscando una alternativa algo más viva, colores pasteles junto con algunos fuertes. Las faldas, vestidos, conjuntos de dos piezas, pantalones entallados y sus complementos. ¿Qué le parece la idea? – pregunto con un destello en sus ojos. Definitivamente, vestir a la futura esposa de uno de los herederos de la Empresa Taisho la iba a catapultar más allá de la fama nacional.

- Si, está bien. – replique. No iba a tomarme el costo de alegarle nada a nadie. Por alguna razón, recordé a Inuyasha. Usualmente se la pasaba molestando mi forma de vestir, alegando que parecía que me había quedado olvidada en algún momento entre los años cincuenta y sesenta. Una sonrisa se escapo a mis labios y los recuerdos inundaron mi mente.

Era la sexta o séptima cita. Un paseo por el centro de la ciudad a pie, un helado de vainilla en la heladería de la esquina. Una tarde de verano, el calor era algo exasperante, pero se había refrescado gracias al postre. Nuestras manos iban tomadas, caminando lentamente y con tranquilidad por la calle principal del centro. Las vitrinas mostraban cientos y cientos de menudencias, una vista bonita, cuando lo único para hacer es caminar y observar.

Inuyasha se había detenido, obligándome a detenerme junto a el. Estaba observando una vitrina de ropa. Camiseta de lino blanco junto a un pantalón bastante corto se encontraba en un maniquí.

- Esa es la ropa que deberías de usar. Eres demasiado bonita como para ocultarla con esas faldas largas. – comento, mientras relamía el borde del helado derretido.

- ¿Yo? ¿Con ese mini short? Dudo que me veas algún día con él.

- Te verías hermosa. – dijo, sosteniendo con más fuerza mi mano, obligándome a acercarme a él. Me beso con dulzura, un sabor a chocolate inundo mi boca, delicioso.

- Entonces dices que me feo fea con mi estilo de ropa. – exclame, alejándome con picardía.

- No es eso. Tú te ves bien con cualquier cosa que andes puesta Kikyo, solo quiero que realces mas tu belleza con algo como eso. Además, me encantaría ver tus piernas al descubierto. – dijo con una carcajada. Sabía que ese comentario estaba lleno de verdad con algo de chiste.

- Eres un idiota. – dije entre risas. Inuyasha tenía sus sarcasmos y comentarios fuera de tono, pero aun así, lo amaba. Tenía la capacidad de crear un momento normal en un momento inolvidable.

- ¿Qué le parece este conjunto? – pregunto la chica, mientras se posaba a mi lado, observando un vestido negro sin mangas, debajo de las rodillas, ceñido al cuerpo. Me tenía sobre un pedestal, frente a varios espejos de cuerpo completo.

Era un vestido con una moda muy actual, y me quedaba fenomenal. Probablemente, mi forma de vestir cambiaria para bien, afirmé con un leve movimiento de cabeza.

- Me gusta. – repliqué. Suspiré... esta nueva Kikyo, ¿Iba a ser una versión mejorada de mi misma o una personal totalmente nueva? Solo el tiempo lo diría.