Capítulo 6: ¿Quién dijo que era fácil?
6:59 AM: James Potter se hallaba desayunando en un Gran Salón desierto a excepción de él mismo. Luego de luchar por tener un descanso decente (su mente estaba demasiado entretenida con el planeamiento de la venganza a Bullstrode y las disculpas a Albus), finalmente había logrado una imitación de sueño que duró muy poco para su gusto, con lo que no tuvo otra que levantarse, ducharse y bajar.
Mientras comía (sí, eso de dejar de comer por las preocupaciones no era lo suyo), su mente le daba vueltas a un par de asuntos urgentes. Primero que nada, Bullstrode.
"Pedazo de imbécil, como si no tuviera bastante con lo de Albus como para encima tener que preocuparme por un castigo", pensó, molesto.
"¿Y desde cuándo te preocupan los castigos?", intervino su conciencia.
"¿Y desde cuándo mi conciencia tiene vida propia… y habla como Sue?"
No hubo respuesta.
"De acuerdo, admito que mi problema principal es el no saber cómo disculparme con Albus".
"Dicen que la aceptación es un buen primer paso".
"Eso no me lleva a ningún lado".
Sin respuesta nuevamente. James sigue desayunando, engullendo un gran bocado de cereales.
"A ver, ¿por qué parece tan difícil pedir perdón? Sólo tengo que decir: lo siento. ¡Sólo dos palabras! O mejor aún: perdóname. Más economía de palabras: ¡Sólo una!"
"Tú sabes por qué es tan difícil".
"¿Porque Albus es tonto y no entenderá que quiero decir?"
"No seas estúpido".
James suspiró. Comió otro bocado y tomó un poco de leche.
"De acuerdo, soy orgulloso, lo admito. Me gustaría ver a todos los idiotas que me dicen que es sencillo en mi situación."
"Tal vez no sean tan idiotas".
"Bueno, pensemos un momento como ellos. ¿Qué haría Sue? Ir a la biblioteca. ¿Te duele una muela? Ve a la biblioteca. ¿Demasiadas preocupaciones? Ve a la biblioteca. ¿No puedes conciliar el sueño? Ve a la biblioteca (aunque sea ilegal a la hora del insomnio). Es Susan Biblioteca Brown."
"No creo que en la biblioteca esté la solución".
"Ni que lo digas. Me pregunto por qué hay gente lo suficientemente inteligente como para inventar un encantamiento que cambia el color de la lengua y publicarlo en un libro, pero ni una sola mente brillante que diga cómo pedir disculpas a un hermano que quedó seleccionado en Slytherin."
James volvió a concentrarse en desayunar, retomando luego de unos minutos sus pensamientos.
"Veamos. Tom. El chico 'tómatelo con calma'. Siempre hay una solución, ya aparecerá, no debes preocuparte. El chico 'déjalo para mañana si es que hoy no tienes ganas'. No, yo tengo que hablar con Al hoy, así que, lo siento Tom, quedas fuera de la conversación".
"¿Conversación con quién? ¿Hablas solo? Que problema…"
"No necesito que me hablen del estado de mi mente, así que otro día volvemos al tema de mi cordura. Hoy el problema es Al."
James terminó finalmente su desayuno mientras que algunos somnolientos alumnos comenzaban a aparecer por las puertas del Gran Salón.
"Al diablo. Que salga lo que salga. Le digo lo que se me ocurra primero."
Dando el caso por finalizado, se dirigió a los jardines, al lago, a despejar un poco su mente. Ya llegaría el momento de encarar a Albus.
º º º
- ¡AAAAGGH! ¡MALDITA SEA, ESTÁ HELADA!
Albus se despertó de su hasta ese momento placentero sueño para descubrir no sólo que está mojado de pies a cabeza, sino que el agua estaba helada. Odiosamente helada.
Enojado, abrió las cortinas de dosel de su cama. La jarra de agua estaba vacía. Lo que indudablemente significaba que alguien se la había tirado encima. Y como nadie podía correr tan rápido y él tampoco había escuchado el sonido de la puerta, entonces el culpable estaba en esa misma habitación.
Descartando a Scorpius porque al abrir las cortinas de su cama lo vio durmiendo plácidamente (como a él hasta hace unos malditos segundos), se decidió a exterminar a sus otros compañeros. Pero no era idiota: Flint era un muy probable culpable, pero un muy probable culpable quince centímetros más alto que él y con mucha más fuerza, seguramente. Lo sensato sería despertar a Scorpius y atacar en masa. Pero aún así, su "masa" eran dos chicos mucho más pequeños que la otra "masa", compuesta por Flint, Bradford y Kyle.
Lo cual le dejaba pocas opciones:
a) Se lanzaba en un ataque suicida,
b) se vengaba de alguna forma similar en ese momento, con nefastas consecuencias para su cara (quedaría algo golpeada),
c) lo planeaba un poco más, o
d) no hacía nada.
Descartando la opción d inmediatamente (si había aprendido algo con James era que la mejor defensa a un ataque, era otro mayor), escogió la opción c). Se puso una túnica seca, despertó a Scorpius (no era bueno dejarlo con esas compañías solo), y antes de bajar a desayunar, pegó una nota en la puerta: "Yo que tú me cuidaría".
Si decides vengarte, hazlo con estilo.
º º º
Primera clase, Historia de la Magia, transcurrió con total tranquilidad. Si bien James pudo hablar brevemente con Tom y Sue de su plazo para pedir disculpas, y de algunas ideas para la Operación Bullstrode (según había decidido en llamarla. No la numeró porque ya había perdido la cuenta), dedicó la mayor parte de la clase a tomar apuntes. Hacía eso cuando se daban tres factores al mismo tiempo: Uno: Sue decidía que era hora de tomar apuntes y no le hablaba. Dos: Tom tenía un sueño demasiado profundo. Tres: él mismo estaba nervioso y quería ocupar la mente en otra cosa. Así que no tuvo otra opción que enfocar su mente a las revueltas de duendes.
Pero en Encantamientos la cosa era distinta: los tres amigos de seguro sabían a la perfección el hechizo del día, y la razón era que solían adelantarse involuntariamente al intentar perfeccionar sus bromas, siempre por influencia de Sue. Por lo que las posibilidades para hablar eran mayores pero tampoco demasiado (Aydan Lockhart podía ser muy buen profesor y muy divertido, pero no toleraba demasiado bien que estuvieran hablando de estallar inodoros cuando debían practicar otros encantamientos).
- ¿Decidiste qué hacer? –perguntó Tom en un susurro.
- Hoy a la tarde, después del almuerzo y antes de la primera clase. –contestó James, también susurrando.
- ¿Bullstrode o Albus? –inquirió Sue, mientras miraba con ojo crítico a su conejo cambiante de color.
- Albus, es la mejor mente macabra para hacer pagar a Bullstrode. –aseguró a su amigo.
- De verdad que no lo parece. –replicó Sue, por diversión volviendo verde al pobre animal, para luego dejarlo de otros colores, hasta decidirse por el que estaba escrito en el pizarrón (naranja). El animal la miraba fijamente. Sue se preguntó por un instante si se había cansado de que lo hicieran cambiar de color de pelaje continuamente.
- Las apariencias engañan. –repuso James, con cara de sabio y elevando un poco la voz.
- Pero la de su conejo no me engaña, señor Potter. –le dijo una voz a su espalda. – Y en este momento debería ser violeta, no naranja. Siento que tiene su mente en otro lado, ¿Me equivoco?
- Eh… - James cambió inmediatamente el color de su conejo y le sonrió al profesor. - ¿Así está bien?
- No, la verdad que no, porque como bien había hecho antes, debía ser naranja. –le respondió Lockhart, sonriendo. – Y he comprobado que realmente tiene su cabeza en cualquier lado, porque en el pizarrón dice bien claro el color. Por favor… –agregó, mientras se dirigía a un alumno que lo estaba llamando. –… devuelva su cabeza a este planeta lo más pronto posible.
- Un profesor descubriéndote… ¿Estás perdiendo tu habilidad, James? –le preguntó Sue burlonamente. Tom también lo miraba con una sonrisa burlona.
- Cállense. –les espetó.
James no sabía si realmente estaba perdiendo su habilidad para esquivar a los profesores, pero si era así, quería que ésta regresara lo más pronto posible, y sólo había una solución: regresar sus nervios a un estado normal. Y para ello, debía arreglar las cosas con Albus. Así que eso hizo. O al menos intentó.
- ¡AL! –llamó a su hermano gritando cuando lo vio en el patio. Estaba cuchicheando muy concentrado con Scorpius. Al escucharlo, levantó la mirada. Simplemente lo miró, ni enfadado ni feliz.
- Dime.- le contestó, como si estuviera hablando con un desconocido.
James vio tambalear un poco su confianza, pero de todas formas siguió.
- Este…-balbuceó- …eh… ¿podría hablar a solas contigo?
Albus lo consideró dos segundos, luego asintió con la cabeza y Scorpius se alejó suspirando algo que sonó a "Al fin".
- Bueno, yo… - No podía hacerlo. No podía, sencillamente no podía.
Albus lo miró expectante, pero él no dijo nada. No le salían las palabras de la boca. Era como si lengua se hubiera enredado.
- Yo… -James se rascó el codo distraídamente. Luego la nuca.
- James ni que estuvieras pidiéndome salir contigo. –se quejó Albus, algo exasperado.
Si no estuviera tan nervioso se hubiera reído. En su intento por decir las palabras que no salían de su boca, empezó a gesticular exageradamente.
- James, ¿qué haces? –preguntó Albus, realmente confundido.
Éste no respondió, sólo gesticuló desesperadamente con los labios firmemente apretados.
- Oh por Merlín, suéltalo.
James no dijo nada, pero levantó su brazo derecho e hizo una señal con su mano: "Uno".
- ¿Una palabra?
James asintió, y acercó los dedos pulgar e índice, indicando "Monosílabo".
- El, La, Del, Y, Lo… Con… ¿Con?… No… Lo… ¡LO!
James asintió efusivamente. Hizo otra seña con su mano: "Dos".
- La segunda palabra. De acuerdo. –dedujo Albus, ahora concentrado.
Su hermano se tocó el corazón.
- ¿Corazón? –James negó rápidamente. - ¿Puño? –James volvió a negar y a golpearse el corazón. - ¿Culpa?- ahora asintió. Pero luego negó. – James no entiendo. –éste repitió la seña. - ¿Te duele? –asintió nuevamente. – "Lo… Duele?"
James negó, frustrado. Albus suspiró.
- Por favor, cuando recuperes el habla, dímelo. Tengo clases.
Y se fue, dejando a James solo en el patio. Finalmente, pudo hablar con normalidad:
- Que "Lo siento" Al. ¿Por qué es tan difícil? –le preguntó, al aire.
º º º
James entró con aire malhumorado por el retrato y se dejó caer en un sillón. Al verlo, Sue se acercó, preocupada por el chico.
- ¿Qué te sucede James? –preguntó, con el ceño levemente fruncido.
- Que no me sale el "dígalo con mímica". –contestó éste, enfurruñado.
Ésa es una de las respuestas que te hacen dudar de la cordura de tus amigos. Aunque ella no iba a dejar de quererlo por ello, de modo que insistió y James finalmente le contó todo. Al final del relato, Sue suspiró.
- Bueno, James, no te desilusiones. –intentó consolarlo. - La próxima vez no te será tan difícil, créeme, todos alguna vez tenemos que pedir disculpas. Si millones de personas han podido, entonces ¿por qué no podrías tú?
Luego se levantó y lo dejó solo nuevamente.
"Tiene razón. No puedo ser el único ser humano al que la sección "Pedir disculpas" no le vino con el envase."
Acto seguido, se puso de pie decidido a zanjar el asunto de una vez por todas.
º º º
- Entonces, Al, ¿qué hacemos con los imbéciles de Flint y sus amigos? ¿Seguro que no quieres poner fertilizante en sus calzoncillos? –preguntó Scorpius.
Estaban sentados cómodamente en uno de los bancos del patio, durante un receso, planeando la venganza.
- No… no me convence… es demasiado común. –contestó Albus, rascándose la barbilla distraídamente.
- ¿Y eso que tiene? La idea es vengarse. –repuso el rubio, algo confundido.
- Pero las venganzas tienen que tener estilo.
Albus estaba a punto de pronunciar esas palabras cuando otra persona las dijo, como si le hubiera leído la mente. Era James, que estaba de pie cerca de ellos y miraba a su hermano menor fijamente.
- Yo los dejo –dijo Scorpius. No se molestó en poner ninguna excusa.
- Si viniste a darme lecciones acerca de cómo vengarme… –comenzó Albus, pero James lo interrumpió.
- No vine a eso… vine a… -y volvió a quedarse callado.
- Oh por Merlín, no empieces de nuevo con las señas. –le previno Albus.
James tragó saliva e intentó tragarse el orgullo en el mismo acto.
- Vine a decirte que… -suspiró- …lo siento, Al. No debí tratarte así por lo de Slytherin. Sé que eres el mismo, es sólo que… -Albus no dijo nada, sabía que James quería agregar algo más. – Eres mi hermano, ¿sabes? –Albus le dirigió una mirada que hablaba por sí sola. Se vio tentado a exclamar "¿De verdad? ¡No me digas!", pero se resistió. – Lo que quiero decir es que jamás pensé que nos separaríamos. Pensé que estaríamos juntos también en Hogwarts.
- Y lo estamos James, no es para tanto. Sólo dormimos más lejos. Lo cual es un alivio, porque tus ronquidos se escuchan casi desde la torre de Astronomía. –le contestó, sonriente.
- No te hagas el delicado, que te conozco y sé como roncas. –le espetó James. Estuvieron unos segundos en silencio, hasta que decidió confirmar que las disculpas habían funcionado. - Entonces, ¿todo bien?
El más pequeño de los dos asintió.
- Todo bien. –le aseguró.
- Excelente. –sonrió James, e inmediatamente pasó a hablar del próximo tema que tenían que tratar. - Escuché algo acerca de una venganza… y yo también tengo que hacer una… ¿la planeamos juntos? –propuso James, sabiendo que su hermano aceptaría sin dudarlo.
- Cuanto antes mejor. –le confirmó el otro, mientras sonreía maliciosamente.
- ¿Tienes algo en mente? –inquirió James.
- Se me acaba de ocurrir… -contestó Albus pensativamente. - Tortura a lo muggle, ¿te gusta?
James lo meditó unos segundos y luego asintió.
- Suena bien, dame detalles.
