Capítulo 6: Broken bones

N/a: Todos lugares descritos en este capítulo como The Black Rose existen realmente la mayoría se encuentran en Boston (salvo Fangtasia (True Blood) puesto que se rodó en Louisiana) siendo este el lugar en el que Emma y Ruby estudian. Storybrooke aparecerá en un futuro.

Como curiosidad, he mantenido los cumpleaños originales de los personajes. Siendo el cumpleaños de Emma el 22 de octubre puesto que nació minutos antes de medianoche y antes de que Regina lanzara la maldición ya que al día siguiente es cuando Regina se despierta en Storybrooke el 23 de octubre de 1983.

Es un cap bastante largo, muy largo, disfrutadlo

Lick on my knife

and honour the taste.

(Lame mi cuchillo y honra* (venera*) el sabor)

Taking my time
running in place,
leaving the house
was a mistake.

(Tomando(me) mi tiempo, corriendo por el lugar. Dejar la casa fue un error)

I don't know if I dare
I don't know if I care
You are all I want
I am all I know

(No sé si me atrevo, no sé si me importa. Tú eres todo lo que quiero, yo soy todo lo que sé)

Broken bones
Broken bones

( (Sólo hay) Huesos rotos, huesos rotos)

Broken bones-CRX

Emma miró de reojo al que mentalmente ya había bautizado como "el chico de oro": Graham. Siendo realmente objetivos el chico era algo mono pero ya está tampoco era como los modelos de Dior por los que Ruby perdía el norte y las bragas. Sin embargo, podía notar un cambio perceptible en la actitud de Regina hacia él y eso despertaba su curiosidad de sobremanera. Suspiró y apoyó la barbilla sobre la mano. Podía notar la mirada de Graham sobre ella, por un momento deseó volver a tener el pelo largo sólo para poder ocultarse detrás de él y despotricarlo mentalmente sin tener que ser tan evidente. Emma dirigió su mirada hacia en frente donde Regina estaba de espaldas, explicando algo sobre los anglicismos presentes en ciertas obras sobre todo aquellas pertenecientes a otros idiomas.

Jesucristo, ¿desde cuándo las clases se habían vuelto tan aburridas?

-Oye-susurró Graham- ¿Te encuentras bien?-preguntó lanzándole una mirada de soslayo mientras fingía coger apuntes.

Emma lo ignoró, pero el pobre chico o no captó la indirecta o era de los insistentes.

-¿Emma?

Emma se mordió la lengua con fuerza y evitó rodar los ojos.

-¿Qué?-contestó con algo de hostilidad.

-Hey, que solo te he hecho una pregunta no es para que te pongas así.

Un carraspeó interrumpió el pequeño diálogo, Regina les observaba con una ceja alzada y una mirada de pocos amigos. Emma le devolvió la mirada desafiante, Regina separó los labios divertida dispuesta a entablar una batalla verbal. Graham murmuró algo así como una disculpa.

-Señorita Swan podría decirnos qué es eso tan interesan-

-Ahórreselo-dijo Emma interrumpiéndola y recogiendo sus cosas- Espero que ahora pueda dar el resto de la clase sin interrupciones, profesora Mills.

Pequeños murmullos inundaron el ambiente ante el desplante de la rubia, Regina observó cómo Emma salía del aula. Apretó la mandíbula con fuerza y su mirada se desvió hacia el sitio que antes había ocupado su alumna. Casi sin darse cuenta, Regina se paseó entre la primera fila, las puntas de sus dedos rozaron el asiento de Emma.

-Continuemos.

Si había algo que Emma disfrutó cuando era más pequeña era el poder saltarse las clases o en su defecto, poder salir de ellas a su antojo, de todas formas no era como si la fuesen a echar mucho de menos, ¿no? Si cerraba los ojos casi podía verse, una niña rubia, con una mata de pelo rubio rizado, aislada en su propio mundo y perdida en este.

¡Qué tragedia! Pensó con cierta ironía.

Y la verdad por muy dolorosa que fuera es que, en efecto, su vida había sido una tragedia. La habían encontrado durante un otoño particularmente frío, envuelta en una manta con su nombre a orillas de una carretera, eso, de por sí decía mucho de sus padres biológicos. Como no se sabía cuándo había nacido ya que cuando llegó hubo que llevarla corriendo al hospital pues presentaba signos de hipotermia, le habían asignado un cumpleaños al azar: 22 de octubre. A eso había que sumarle que empezó el colegio tarde aunque en eso si tuvo su parte de culpa, Claire no daba abasto con los huérfanos y alguien debía de hacerse cargo de los más pequeños…

Emma nunca había destacado por ser una niña especial, empezó a hablar con cuatro años, era bastante pequeña para su edad, rehuía de cualquier clase de autoridad y era de lejos, una salvaje. Pero inevitablemente llegaron las adopciones y con ellas los traslados, primero fueron los Swan, Emma sonrió con cariño mientras los recordaba. Eran una pareja un tanto mayor que se ofrecieron a acogerla cuando ésta cumplió seis años y la criaron hasta los diez, lamentablemente murieron en un accidente de coche cuando volvían a casa después de hacer unas compras en el pueblo vecino y como nadie quería quedarse con esa niña problemática, la devolvieron al orfanato como si de un paquete se tratase. Luego vino otra familia de Utah, después Arizona, Florida y Minnesota, entre tantas idas y venidas había perdido dos cursos de primaria, iba más atrasada que el resto de sus compañeros. Para rizar más el rizo, Emma entró en la adolescencia donde perdió varios cursos más debido a expulsiones y fugas, malas compañías y un poco de alcohol. Con catorce años, el cuerpo de Emma había soportado varias palizas de parte de algunos padres adoptivos que solo buscaban cobrar el dinero de parte del estado por hacerse cargo de esos niños. Puso punto final, rehuyendo cualquier intento de adopción y tanteando a la ley siempre que podía.

Hasta que apareció Eugenia Lucas que sorprendió a una desconcertada Emma de dieciséis años tratando de robarle y lejos de llamar a la policía, agarró a la chica por el brazo y la obligó a trabajar para ella todo el verano. Ahí fue cuando conoció a Ruby, tenía doce años camino a trece y miraba a ese torbellino rubio con desconfianza. Tras muchos tiras y aflojas, Emma fue adoptada por la familia Lucas aunque se negó a cambiarse el apellido y conservó aquel de aquellos a los que habían sido como sus padres para ella: los Swan. Tuvo que hacer un esfuerzo monumental para ponerse al día con los estudios pero mereció la pena y Ruby había sido y sería su hermana aunque no les uniera la sangre.

Sí, a pesar de tener que atravesar la tormenta había encontrado la calma.

Pov de Ruby:

Observé como Emma abandonada con paso decidido la clase y no pude evitar levantar una ceja a la espera de la reacción de Regina ahora que su "juguete" favorito se había ido.

No llegó.

Pero si me percaté en la forma en la que sus dedos permanecieron en contacto con la madera de la mesa de Emma más de lo necesario. Fruncí el ceño y decidí comentárselo más tarde a Emma cuando estuviéramos solas.

La clase me pareció interminable pero una vez Regina dio por concluida la sesión no podía esperar a salir por la puerta, estaba a punto de hacerlo cuando una voz me detuvo.

-Señorita Lucas.

-¿Si?-pregunté mientras me acercaba a la mesa de Regina.

- ¿Cuál es su siguiente clase?

- Fonética y fonología inglesas

-Hágame el favor de acompañar al señor Humbert hasta la clase.

Asentí y le hice un gesto a Graham para que me siguiera.

-¡Oh! Antes de que se vaya, acérquese un momento querida, hay algo que me gustaría comentarle.

Graham salió discretamente del aula.

-¿Qué es eso tan importante que tiene que comunicarme, profesora Mills?

Ella terminó de guardar el portátil y la pluma estilográfica en su maletín y me lanzó una mirada que no supe descifrar. Regina apoyó las palmas de las manos a cada lado del escritorio.

-Me gustaría que le hiciese llegar un mensaje de mi parte a la señorita Swan.

Abrí la boca para protestar pero ella me lanzó una mirada de advertencia.

-Dígale que la próxima vez que quiera interrumpir mi clase para irse, puede ahorrarse el armar semejante espectáculo. Estamos en literatura inglesa no en el teatro, si tantas son sus ganas de permanecer fuera de esta aula que ni siquiera se atreva a poner un pie dentro de ella-hizo una pausa- Puede irse.

Cuando registré lo que me había dicho, Regina ya había salido fuera del aula.

-¡Hey Swan!

-Jum-murmuró esta algo distraída.

-¿Qué te ha pasado ahí dentro?

-Nada- Emma cortó a Killian antes de que pudiese decir algo más- Oye, ¿has visto a Ruby?

Su pregunta se vio contestada al oír la voz de Ruby, la vio caminar en su dirección y levantó una mano pero estrechó los ojos al darse cuenta de que no estaba sola.

Graham.

-¿Vamos Emma?- preguntó la morena.

Emma miró a Graham con recelo.

-¿Emma? ¿Eo?

Killian siguió la dirección en la que miraba Emma hasta reparar en el chico que estaba al lado de Ruby.

-Oh, hola-dijo tendiéndole la mano- Soy Killian, Killian Jones.

-Encantado-contestó el chico- Soy Graham Humbert.

Ruby chasqueó los dedos con energía al ver que Emma no se espabilaba. Suspiró, a veces llegaba a desesperarla.

-¡Emma! ¿Vamos o qué?

-Sí, sí vamos-murmuró distraída la rubia mientras caminaba detrás de Ruby y Graham.

Killian sacudió la cabeza divertido y le pasó el brazo por los hombros.

-Swan, sé que disimular no es tu fuerte pero tu odio por el chico es irracional-susurró mientras le picaba un ojo.

Emma se cruzó de brazos molesta, increíble pensó. Sencillamente increíble.

Regina golpeó el lápiz de forma repetitiva contra la mesa, estaba nerviosa, inquieta incluso. Se pasó la mano por el cuello, más concretamente por un determinado lugar del cuello, sus dedos descansaron sobre el chupetón que tanto le costó tapar esta mañana. Habían pasado dos días desde el pequeño "incidente" con Emma y aún tenía la marca de sus dientes en la piel. Odiaba que la marcaran, siempre lo había odiado y esa vez tampoco fue una excepción.

Aunque la chica mordía fuerte desde luego.

Sacó su móvil y marcó rápidamente un número de teléfono.

-¿Sí?-contestó una voz femenina al otro lado de la línea.

-Pam, soy yo, Regina.

-¡Oh perdona cariño! No te había reconocido con todo este ruido, ¿estás bien? Suenas algo preocupada.

Regina respiró profundamente.

-¿Puedo ir a verte?

- Claro- dijo, Regina casi podía imaginarse a Pam frunciendo el ceño desde el otro lado de la línea- Estoy en el Fangtasia, ven.

- Estoy recogiendo, en seguida voy.- Contestó antes de colgar.

Regina terminó de guardar las cosas en su maletín, dejó un par de informes en la mesa por si acaso alguien del departamento venía a buscarlos. Suspiró, cerró el maletín y se aproximó al perchero para coger el abrigo.

Mientras se colocaba el abrigo y colocaba el cuello de este, eliminando cualquier posible arruga sus dedos rozaron algunos mechones de pelo, inconscientemente, Regina se apartó el pelo de la cara, se miró de reojo en el espejo constatando que todo estuviera impecablemente en su sitio. Perfecto, pensó con cierta satisfacción. Se puso un guante mientras sostenía el otro entre sus dientes cuando terminó, se puso el otro y por último, la bufanda. Se llevó una mano al cuello para aflojarla, se estaba sofocando, inconscientemente se frotó el cuello, le picaba debido a la tela de la bufanda, quitándose el maquillaje que tapaba dicho chupetón, sus dedos se quedaron más de lo necesario en esa zona.

Pero Regina no se dio cuenta.

Pam estrechó los ojos al oír el taconeo de Regina aproximándose, terminó de colocar el resto de las botellas en el estante detrás de la barra y esperó pacientemente mientras trataba de alcanzar una botella que se le resistía.

-¿Necesitas ayuda, querida?-dijo una voz a sus espaldas.

Pam logró coger la botella sin dejar caer ninguna de las de delante.

-¿Champán?-preguntó alzando la botella con una mano mientras cogía dos copas con la otra, conocía de sobra la respuesta.

Regina asintió afirmativamente.

-Vamos a mi despacho entonces.

No le hizo falta darse la vuelta para saber que Regina estaba justo detrás de ella.

Sonrió.

Veamos que pasa por esa cabecita tuya, Mills.

Pov de Regina:

-Escúpelo-dije molesta ante el escrutinio de Pam.

-¿Quién es el afortunado esta vez?- preguntó burlonamente mientras levantaba una ceja y señala su cuello.

-¿Qué..-murmuré distraídamente mientras me levantaba y me acercaba a un espejo para ver que era eso que tanta gracia le hacía.

Pam cruzó las piernas divertida y tomó un sorbo de la copa.

-¿Y bien?

-Y bien, ¿qué? - contesté mientras observaba el cardenal morado que tenía muy cerca de la yugular. Y me maldecía interiormente por haberme quitado la bufanda y el abrigo.

-Estoy esperando una respuesta, Regina. Es para hoy, ¿o es que ese vampiro tuyo te ha dejado con tan poca sangre que te ha vuelto idiota? O quizás- sus dedos juguetearon con el borde de la copa- debería decir que ella te ha vuelto idiota.

-Tonterías-bufé.

Pam se reclinó contra el asiento procurando evitar soltar una carcajada ante la reacción de Regina.

-¿Estás segura?-hizo una pausa- No parece que las tengas todas contigo.

La morena se dejó caer contra el sofá y cogió de nuevo la copa de champán, sus ojos se posaron en el poco líquido que quedaba dentro de ésta.

-Aquí-agregó Pam vertiendo la botella de forma cuidadosa.

-Nunca me arrepiento de ninguna de mis decisiones si es eso lo que quieres saber.

-Estás evitando deliberadamente mi pregunta, 'Gina.

-Quizás-contestó ésta estrechando los ojos.

Pam apoyó la barbilla sobre el dorso de la mano y estiró los pies hasta casi tocar los muslos de Regina.

Regina suspiró pesadamente y se masajeó las sienes.

-Hay un muchacho en mi clase…

-¿Si?- dijo Pam acariciando el borde de su copa de champán evitando señalar el hecho de que Regina había ignorado completamente el tema y ahora se encontraba con la mirada perdida.

-Me recuerda vagamente a él- dijo en un susurro.

-Oh cariño.

-Es como ver un espectro, Pam.

Me incorporé hasta sentarme a su lado y apoyé mi mano en su muslo suavemente, Regina dejó caer su cabeza en mi hombro.

-Y ¿qué pasa con esa chica, con Emma, Emma Swan?

Regina clavó su mirada en mí.

-¡Qué se supone que tiene que pasar!-contestó visiblemente molesta.

Suspiré, Regina se estaba cerrando en banda otra vez.

-Regina querida, ¿por qué la odias tanto? -pregunté cuidadosamente.

Ella dejó su copa en encima de la mesa y cruzó las piernas.

-Es…Complicado, la señorita Swan, Emma-sonreí ante el deliberado desliz de mi amiga- me recuerda a mí, tan perdida, tan frágil, tan débil…

Acaricié su pelo con las puntas de mis dedos a la espera de que continuara.

-Me recuerda a mí antes…

-Antes del accidente-dije completando la frase por ella.

Aún podía ver el dolor detrás de esos ojos marrones, Regina podía tratar de engañar a los demás, pero no a mí. Acaricié su mejilla mientras ella jugueteaba con su anillo de forma distraída.

-Regina…

-Me recuerda tanto a lo que podía haber sido, a todo lo que dejé atrás. Gracias a dios que madre me sacó de eso, madre me hizo fuerte, me hizo mejor. Me arregló. Me salvó.

Suspiré.

Si tan solo Regina supiera que su madre no la había salvado, sino que la había roto.

-Me recuerda tanto a mí antes de ser salvada…-susurró.

Antes de que tu madre te destrozara la vida, pensé.

-¿Pam?

-Jum.

-Te has quedado muy…callada.

-¿Qué tal si vienes hoy y me ayudas detrás de la barra?- pregunté cambiando de tema.

-¿No quieres que actúe?-frunció el ceño.

-No, hoy no 'Gina. Hoy te necesito conmigo-dije dándole un beso en la sien.

Regina tarareó suavemente y reprimió un bostezo, sonreí.

-Ve a casa. Te espero esta noche.

Ruby se desperezó mientras observaba desde el salón cómo Emma lavaba los platos. Hacía horas que habían acabado las clases y estaba muerta, solo de pensar que esta tarde le tocaba trabajar y ya sentía como su alma abandonaba su cuerpo.

-¿Adivina qué, Hannah Baker?

-Te he dicho miles de veces que no me llames así-respondió molesta la rubia.

Ruby se mordió el labio divertida.

-Te has cortado el pelo prácticamente como ella, bueno, salvo que tú eres rubia. Aunque lo de tonta es un rasgo que tú también tienes y yo que pensaba que ibas a romper el mito de las rubias.

-Ve al grano, Rubs. Me impacientas.

-Hoy me han preguntado por ti.

- ¿Ah sí?

Ruby casi podía imaginarse a Emma rodando los ojos con fastidio mientras terminaba de lavar los vasos. Reprimió el impulso de echarse reír ante lo que vendría ahora, conocía a Emma y sabía que su reacción no tendría precio.

- ¿No quieres saber quién fue?

-No-contestó Emma mientras se secaba las manos y una mirada interrogativa a Ruby.

-¿Segura?-insistí- Porque creo que te puede llegar a interesar…mucho.

Emma terminó de fregar y se sentó a mi lado.

-Estoy esperando-murmuró con fastidio.

-Regina.

Observé de reojo como Emma respiraba profundamente mientras jugueteaba con un par de hilos deshilachados de la manga de su camisa.

-Básicamente-hice una pausa- me ha dicho que te diga qué si vas a armar un teatro en cada una de sus clases no te molestes ni siquiera en entrar.

-Seguro que eso supondrá una pérdida muy grande para ella ahora que ya no tiene a su saco de boxeo favorito.

Iba contestar cuando mi móvil empezó a sonar bruscamente. Le hice un gesto a Emms para que ni se le ocurriera moverse mientras contestaba.

-¿Sí?

-¿Ruby? ¿Ruby Lucas?-preguntó una voz femenina desde el otro lado de la línea.

-Sí-fruncí el ceño, pero éste se convirtió en una sonrisa al identificar quién era la dueña de la voz- Soy yo.

- ¿Estás libre esta tarde?

Miré el reloj de reojo.

-Uf, la verdad es que esta tarde trabajo de hecho, debería de salir corriendo ya si quiero llegar a tiempo- hice una pausa. Emma me miró de forma inquisitiva- ¿Por qué no te pasas por The Black Rose?

-¿Estás segura?

-Sí, claro. Con un poco de suerte y si no hay muchos clientes podré encontrar algo de tiempo.

Me mordí el labio al oír su risa.

-¿Sabes dónde está?

-Sabré arreglármelas o ¿acaso dudas de mis capacidades?

-Bueno pues nos vemos-intenté decir lo más casual posible procurando no sonar muy nerviosa.

Colgué y me guardé el teléfono en el bolsillo mientras recogía mi cazadora y mi bolso.

-¿Quién?...

-No, no te lo pienso decir-dije colocando mi índice sobre sus labios-¿Una chica como yo tiene derecho a tener secretos, no crees?

-Iba a decir que como no te andes no llegarás a tiempo y Dios sabe que esto es Boston Rubs y el tráfico era y es una mierda.

Sonreí mientras cogía las llaves del cuenco del recibidor.

-¡Rubs!

-¿Sí?-pregunté a medio cruzar el umbral de la puerta del apartamento.

-Ten cuidado con la moto, por favor.

Observé como sus ojos reflejaban la preocupación que Emma trataba de disimular miserablemente. No pude evitar darle un abrazo, de las dos ella era la más "responsable" aun a pesar de su pasado tormentoso.

-Lo tendré-susurré en su oído.

Miré la puerta roja con escepticismo y la empujé con cuidado, así que esto era The Black Rose murmuré más para mí misma. Observé los muebles de caoba oscura, el suelo estaba elaborado a base de una cenefa redonda; blanco, negro y crema, las mesas estaban dispuestas de forma ordenada, pero acogedoras a la vez, una escalera conducía a la parte de arriba, las lámparas que colgaban del techo daban una luz anaranjada y numerosas banderas colgaban del techo: Inglaterra, Irlanda etc. Básicamente, los colores que más predominaban eran los verdes oscuros, el negro y el marrón chocolate. Opté por sentarme en una de las mesas que daban a la cristalera en la que se veía la calle. Apenas había sitio.

-¿Qué va a tomar?

-¿Qué tal un strongberry, señorita Lucas?

-¡Oh!-masculló ella con sorpresa- No te había reconocido, lo siento.

-¿Un día ajetreado?-pregunté señalando a mi alrededor.

Ella se echó a reír y sacudió la cabeza haciendo que varios mechones de pelo se deslizaran hacia delante. Sus ojos verdes dejaban translucir picardía.

-¡Qué va! Hoy es un día bastante tranquilo de hecho. Bueno, ahora en serio Pamela ¿qué vas a tomar?

-Puedes llamarme Pam, no muerdo ¿sabes?

-No estaría yo muy segura.

Miré la carta durante unos segundos.

-¿Cerveza?

-No tienes ni idea, ¿verdad? -tarareó pensativamente- Vale, a ver partiendo de la base de que te guste la cerveza la prefieres ¿rubia o morena?

-Me gustan morenas- contesté apoyando la barbilla sobre el dorso de mi mano.

-¿La cerveza?-preguntó Ruby con inocencia.

-Y las mujeres, pequeña.

-Bueno, creo, en fin, estaré aquí enseguida-masculló algo nerviosa.

Me reí mientras mis ojos siguieron el contoneo de sus caderas. Ruby volvió enseguida con la bebida y algo que no pude identificar.

-¿Y eso?-pregunté con curiosidad.

-Cortesía de la casa-dijo picándome un ojo- Bueno, ¿a qué debo esta visita?

-¿Tanto te sorprende? Te recuerdo que fuiste tú quién me dejó su número de teléfono en la servilleta-sonreí mientras le hacía un gesto para que se sentase en la silla de en frente mío.

Ruby se sentó y apoyó los antebrazos en la mesa, observé como sus dedos jugueteaban con los anillos de su otra mano.

-Si bueno… No pensé que te lo fueras a tomar tan en serio.

-¿Debería tomarme eso como un rechazo?-pregunté fingiendo hostilidad mientras levantaba una ceja.

-¡Oh, no no! Lo siento-sus mejillas adquirieron una bonita tonalidad roja- Es solo…No me lo esperaba.

Tomé un trago de la cerveza y me eché a reír. Ruby frunció el ceño y me dedicó una mirada hostil.

-No me mires así ¿Te apetece oír una historia?

-Depende, ¿es buena?

-Depende-dije mientras depositaba una foto en blanco y negro- Adivina.

-Jum-murmuró distraída mientras las puntas de sus dedos paseaban por la superficie de la foto- ¿Eres tú? -preguntó señalando a una muchacha rubia.

-En efecto, pero no es a mí a quién tienes que prestar atención. Fíjate mejor, hay ahí alguien a quien también conoces.

Ruby miró la foto en la que se encontraban dos chicas y un chico, la chica con el pelo largo se veía de lejos que era Pam tenía los mismos labios carnosos, la misma mirada y aunque la foto estaba en blanco y negro su rostro desprendía cierta dulzura que ya no estaba. El chico era guapo tenía el pelo claro o al menos eso parecía y la otra chica… La otra chica tenía algo familiar como si ya la hubiese visto antes, arrugué la frente en un intento de concentrarme. Tenía el pelo largo, oscuro, quizás negro y era la única que tenía una ceja levantada y una sonrisa pícara, también tenía una cicatriz en el labio…

-¿¡Regina!?

-Premio.

-¿Fuiste al colegio con Regina?-Pam abrió la boca para contestar- ¿Pero cuántos años tienes?

-¿No sabes que es de mala educación preguntarle la edad a una dama?-contestó mientras jugueteaba con el vaso.

Enrojecí.

-¿Lo siento?-ofrecí una sonrisa- Es solo que, bueno, no pensé que tuvierais la misma edad.

-¿Y cuál es esa supuesta edad?-pregunté mirándole a los ojos, Ruby titubeó un poco antes de contestar. Me estaba divirtiendo mucho tomándole el pelo.

-¿Mucha?

-Tengo más años que tú eso es obvio pero mi edad seguirá siendo un secreto para ti-dije le guiñaba un ojo mientras le daba una patada por debajo de la mesa.

-¡Ay! Te lo perdono porque eres guapa.

-Gracias- rodé los ojos- Ahora que tengo tu perdón me siento mucho mejor- hice una pausa antes de proseguir- Ahora cállate y escucha, la Regina que conoces es solo una mera sombra de la mujer que algún día fue. Regina es extraordinaria Ruby y lamento que tanto tú como Emma hayáis visto parte de su oscuridad, pero créeme cuando digo que tiene un montón de cualidades magníficas.

- ¿Estamos hablando de la misma Regina? ¿De Regina Mills?

-Ruby-alargué mi mano y la apoyé sobre la suya- No puedes contarle nada de esto a Emma, ¿entendido? -ella asintió con la cabeza- Voy a contarte la historia de cómo esa una muchacha dulce se convirtió en un monstruo.

-Espera, ¿qué tiene que ver Emma en todo esto?

-He visto un pequeño cambio en Regina, apenas imperceptible para los demás, pero yo la conozco muy bien. Emma obliga a Regina a pensar, a replantearse sus decisiones; está haciendo que 'Gina sienta algo.

-Sabes que aún a pesar de eso no puedo sentarme y ver como la machaca.

-Lo sé.

-Entonces, ¿qué me sugieres que haga?

-Ten paciencia, yo misma no apruebo muchas de las decisiones que toma, pero por favor deja que las cosas tomen su curso.

Ruby suspiró y entrelazó sus dedos con los míos. No dije nada.

-No lo sé, Pamela. Solo quiero que Emms sea feliz- miró a su alrededor de forma distraída- La próxima semana es 22 de octubre, es su cumpleaños. Si me ayudas a encontrarle un regalo prometo no interferir…de momento.

-Trato, ahora ¿estás lista para escuchar una historia?

Ruby acarició distraídamente mi mano, apoyó la barbilla en el dorso de su otra mano y me sonrió. Sonreí sin poder evitarlo y, entonces, empecé a hablar.

-¡Emms, ya estoy en casa!-grité nada más entrar por la puerta-¿Emma?-pregunté al no obtener respuesta.

-¡Aquí!

Me dirigí hacia el dormitorio, al asomarme vi una mata de pelo rubio que tarareaba ensimismada mientras leía algo sentada en alféizar de la ventana.

-¿Qué tal si cenamos algo?-dije mientras levantaba la bolsa del restaurante- Ha sobrado bastante comida hoy.

-¿Hay pizza?-preguntó Emma mordiéndose el labio.

-Si, pero es toda para mí.

-¡No! ¡Ni se te ocurra!

-Es toda mía Emms-contesté corriendo en dirección a la cocina antes de que me alcanzara.

Tres horas después…

-No entiendo que estamos haciendo aquí.

-Vamos, Emms relájate-dije mientras le cogía la mano y la arrastraba hasta el Fangtasia.

- De todos los clubs que hay en Boston…

-Escucha-me giré- entramos, nos tomamos unas copas y nos vamos. Regina no trabaja hoy si es lo que te preocupa.

-La señorita Mills no es el centro de mi universo, Ruby.

-Entonces…¿de qué tienes miedo?

-No tengo miedo de nada- Emma alzó la barbilla desafiante- Pero empiezo a pensar que no me has traído aquí para divertirnos sino para que tú pudieras ver a cierta rubia, ¿o me equivoco?

-¡Cállate!-repliqué mientras la guiaba hasta la barra-Pide algo, ahora vuelvo. Voy a saludar a August.

Emma contempló como Ruby se escurría entre la gente, sacudió la cabeza ligeramente divertida y apoyó los codos en la barra tratando de hacerse un hueco entre toda la gente.

-Perdona- grité tratando de llamar al barman- ¡Perdona!-repetí con más fuerza.

-¿Sí?-contestó girándose- ¡Oh!¿Qué puedo hacer por usted señorita Swan?

Esto tenía que ser una broma, ¿qué hacía Regina de barman? Le dirigí una mirada llena de hostilidad y alcé la barbilla desafiante.

-No tengo todo el día, Swan.

- Quiero dos martinis, Mills.

-¿No crees que eso es demasiado refinado para un sitio como este?- preguntó con ironía mientras agarraba un par de copas, haciendo que sus pendientes se balacearan.

-Lo que crea yo no debería importarte.

Una sonrisa asomó por esos labios rojo oscuro. Observé cómo se ponía de puntillas aún a pesar de llevar tacones para alcanzar la botella de Vermut, mis ojos se desviaron inmediatamente hacia su trasero cubierto por esos pantalones de cuero negro.

-¿Ves algo que te gusta?-preguntó pícaramente de espaldas a mí.

- He visto cosas mejores.

-Boston es una ciudad muy grande señorita Swan.

-Por eso mismo-repliqué de forma mordaz.

Regina cogió la botella de ginebra y vertió parte de su contenido en la coctelera. Fruncí el ceño al ver la forma en la que se desenvolvía detrás de la barra.

-Deje de poner en duda mis habilidades señorita Swan, sé preparar un Martini pero sigo diciendo que esto-levantó la copa mientras clavaba la aceituna en un palillo y la ponía dentro de la esta- llama demasiado la atención.

Regina empujó la copa, con cuidado de no derramar su contenido, hacia mí. Me esperaba algún reproche por su parte, algún comentario malicioso en alusión a la clase de esta mañana. No llegó. Sin embargo, me sorprendí agarrándole la muñeca sus uñas rojas haciendo contraste con mi piel pálida.

-¿Qué me recomiendas?

- Querida, lo que yo crea o lo que yo opine no debería importarte-contestó con malicia mientras alzaba una ceja y se liberaba de mi agarre.

-Touché.

Bueno, al menos podría llevarle este Martini a Ruby, si es que lograba localizarla. Regina se giró para atender a varios clientes, no valía la pena esperar por el otro Martini, no le daría el gusto de tenerme esperando por ella. Me giré dispuesta a irme en busca de Rubs cuando escuché la voz de Regina.

-¡Swan!

Regina se encontraba con los brazos cruzados apoyada encima de la barra, los cuatro primeros botones de su camisa blanca mostraban un bonito escote. Alcé la mirada, Regina me contemplaba con una expresión difícil de descifrar.

-¿Qué tal algo de la mejor sidra de manzana que probarás jamás?

Antes de poder contestar un grito bastante familiar llegó hasta mis oídos.

-Ruby-murmuré dejando la copa en la barra y corriendo hacia los gritos.

Un pequeño corro de gente me impedía avanzar. Me abrí paso a empujones hasta ver como August trataba de evitar que un tipo se abalanzara, botella en mano, contra Ruby. Ruby aulló de dolor cuando el tipo en cuestión le dio un empujón a August y este tropezó con Ruby ocasionando que la espalda de ésta chocara fuertemente contra una de las tarimas.

Vi rojo. Podía notar la sangre corriendo por mis venas y el corazón latiéndome cada vez más fuerte, cerré la mano en un puño, agradecí que había decidido ponerme vaqueros y botas.

No lo pensé.

Me abalancé contra el tipo, mi puño directo hacia su mandíbula.

Un chasquido, luego nada.

-¿Emma? ¿Emma estás bien?

Noté como alguien me zarandeaba suavemente.

-¿Pam?

-Sí, soy yo.

Noté las puntas de sus dedos acariciando mi mejilla, hice una mueca de dolor y traté de enfocar la mirada en algún punto a ver si así se me pasaba el mareo.

-¿Ruby?

-No te preocupes está bien. Está con August. La que has liado Emma- se echó a reír-Voy a ver como está y ahora vuelvo, ¿vale?

Suspiré y me incorporé lentamente. Me palpé la cabeza con cuidado.

-¿Señorita Swan tiene usted siempre la mala costumbre de meterse en peleas?

Di un respingo al oír la voz de Regina, provenía de algún lugar de la habitación, pero todo me daba vueltas por lo que levantarme no era una opción y responderle tampoco.

-No conteste.

Apoyé la espalda contra el respaldo del sillón y cerré los ojos, oí movimiento por la habitación, la verdad era que no estaba de humor para entablar cualquier tipo de enfrentamiento con ella.

-Abre las piernas.

Fue casi un susurro, pero al abrir los ojos me di cuenta de que Regina estaba justo en frente de mí, sentada en una especie de banquete con un botiquín en la mano. Hice lo que me dijo y observé como Regina colaba su pierna entre las mías para luego abrir el botequín y empezar a sacar gasas y demás utensilios. Apoyó las palmas de sus manos a cada lado de mi cara, gemí de dolor.

-Escúcheme muy atentamente señorita Swan tiene un corte en una de las cejas-suspiró con pesadez-Emma, tengo que cosértelo, probablemente te quedará una pequeña cicatriz pero será menos desastroso que tu corte de pelo.

Intente balbucear una respuesta, pero mi lengua se sentía pesada y era como si tuviese la boca llena de algodón. Como no estaba en condiciones de hablar me limité a mirarla, Regina actuaba con una precisión increíble, casi mecánicamente. Se apartó varios mechones de la frente y me miró. Regina me confundía profundamente de un momento a otro pasaba de tutearme a tratarme de usted, de ser una perra a mostrar algo de sentimiento.

-¿Estás lista? Tengo que desinfectártelo primero así que quizás puede que te escueza.

No dije nada pero apreté la mandíbula al sentir el pinchazo de dolor.

-¿Siempre vas actuando como si fueses una especie de salvadora?-preguntó mientras me alzaba la barbilla e inspeccionaba mi frente.

-Sólo cuando la ocasión lo requiere-conseguí decir.

Podía ver el fantasma de una sonrisa tratando de asomarse por sus labios. Intenté sonreír.

-No se emocione, señorita Swan.

Rodé los ojos ante el formalismo, Regina se mordió el labio y arrugó el gesto mientras cosía.

-¡Ay! ¡Eres una enfermera pésima!

-Ya he terminado, deje de quejarse. Es usted peor que un niño.

Le saqué la lengua solo por el mero placer de fastidiarla.

-Cuando pienso que no puede llegar a superar su cuota de estupidez siempre parece querer batir un nuevo récord.

-Si continúas diciéndome cosas así de bonitas, Mills, caeré rendida ante tus encantos.

- No soy el tipo de mujer que disfruta llevándose a mujeres- hizo una pausa y arrugó la frente como si estuviera pensando en la palabra adecuada para esta situación - gravemente incapacitadas a la cama. Me gusta que mis amantes estén en su pleno rendimiento.

-Pero si eres el tipo de mujer que se acostaría con sus alumnos-siseé.

-Noto algo de resentimiento, querida. ¿Hay algo que quieras comunicarme?

Regina aplicó parte de la crema antiinflamatoria alrededor de mi ojo con mucho cuidado. Costaba creer que ese toque tan delicado pudiese provenir de una mujer tan fría.

-¿No te da vergüenza'

-No veo por qué debería de darme vergüenza, ni siquiera siento una pizca de arrepentimiento, querida. Y no pienso ni disculparme ni humillarme por algo que en realidad no siento, ¿contenta?

Me estremecí al notar sus dedos en mi muñeca.

-Estás hecha un desastre-murmuró mientras inspeccionaba mis nudillos.

Intenté retirar la mano, me daba vergüenza solo de pensar en el aspecto demacrado que tendría. Había dejado que Regina me curase el corte de la ceja y que me aplicase la crema por la mejilla y cerca del ojo por una mera cuestión de principios. Suspiré, al menos esperaba que el cabrón se hubiese llevado un derechazo igual de fuerte que el que me dio. Pero esto se estaba volviendo demasiado íntimo y tener a Regina , inclinada sobre mí, inspeccionándome la mano y dispuesta a curármela no entraba en mis planes.

-Ni se te ocurra, sé lo que está pasando por esa cabecita suya-ella apretó con más fuerza mi muñeca- Lejos de lo que crees, señorita Swan, soy una buena samaritana.

Veinte minutos después ya había acabado, contemplé el vendaje blanco que cubría mis nudillos. Regina me tiró una caja de aspirinas y una botella de agua. Observé como se disponía a cruzar el umbral de la puerta cuando algo la detuvo.

-Emma.

-¿Sí?-pregunté medio atontada, no sabía si estaba confundida por la medicación o por el hecho de que Regina me hubiese llamado por mi nombre.

-Tienes un pelo precioso, siempre lo he pensado-giró el pomo de la puerta- Lástima que te lo hayas cortado, me gustaba más cuando lo tenías largo; había más donde agarrar.

Iba a replicar cuando Regina cerró la puerta.

¿Qué había sido eso?

Una semana después…

Salvo algunas preguntas por parte de Killian y algunas miradas inquisitivas de Graham , las cosas habían seguido sin más complicación, la mayoría de mis morados ya se habían ido, salvo el del ojo que todavía persistía un poco aunque con un poco de maquillaje estaba más que arreglado. Mi cicatriz, sin embargo, era harina de otro costal, era pequeña pero estaba ahí y tenía que verla todos los días. Era molesta y no podía esperar a que me quitasen los puntos; por suerte era casi al final de la ceja y como ahí solo estaba la piel y el hueso no interfería para nada en el pelo y era mucho más fácil que cicatrizase. Las clases habían ido bien, algún que otro gesto de preocupación por parte de alguno de los profesores y una profunda ignorancia e indiferencia de mi parte hacia Regina. Cuanto más lejos (y ya que no podía ser físicamente que al menos lo fuese de forma mental) mejor, ella trataba de hundirme y de provocarme de todas las formas y maneras posibles mientras yo, mientras tanto, me dedicaba a mirar hacia la pizarra.

También había llegado el día de mi cumpleaños y no estaba nada contenta con la cara reflejada en el espejo.

-Emma por mucho que te maquilles para mí sigues pareciendo un mapache.

-No me estás ayudando, Rubs.

-No fui yo quien se abalanzó sobre aquel tío como si fuese un gorila.

-¿Cómo le vamos a mandar una foto a la abuelita el día de mi cumpleaños con un ojo morado?

-Bueno, míralo por la parte buena. Por mucho que me pese Regina hizo un gran trabajo cosiéndote eso-señaló la pequeña cicatriz que tenía justo al final de mi ceja.

-Probablemente eso sea lo único bueno que haya hecho en su vida.

-Vamos Emma no hace falta que te maquilles, sólo somos tú y yo… ¿O esperas a alguien más?-preguntó moviendo las cejas sugestivamente.

Empujé a Ruby fuera del baño y fuimos al salón donde una tarta me esperaba repleta de velas. Ruby sonrió y se ausentó, volviendo al cabo de unos segundos con un paquete en la mano.

-Te he dicho miles de veces que no hace falta que me compres nada, esto es más que suficiente para mí-protesté inútilmente mientras señalaba a la tarta y a ella.

-Bla bla bla, te lo he comprado y he tirado el ticket para que no puedas ir a devolverlo. Ahora sopla las puñeteras velas antes de que te torture con mi cumpleaños feliz.

Sostuve la tarta entre mis manos, miré las más de diez velitas que Ruby había puesto a diestro y siniestro sobre la superficie del pastel. Me centré especialmente en una con forma de estrella, cerré los ojos y soplé con todas mis fuerzas…

Sin embargo, abrí un ojo al notar que alguien llamaba a la puerta, Ruby me estaba grabando. Soplé la última vela y me levanté.

-¿Has encargado algo?-le pregunté justo antes de abrir la puerta.

-No, que yo sepa no.

Al abrir la puerta me encontré con el portero que sostenía un paquete.

-Ha llegado esto para usted, señorita Swan.

-¿Para mí?-pregunté confundida mientras recogía el paquete.

-Sí, señorita.

-¿Quién ha sido?-pregunté curiosa.

-No lo sé señorita, lo ha traído un mensajero.

-Bueno, muchas gracias.

Cerré la puerta y tanto Ruby como yo nos limitamos a mirar la caja blanca de tamaño mediado que tenía entre los brazos.

-Bueno, ¿ábrela, no?

Dejé la caja sobre la mesa, era rectangular un poco más grande que una bandeja, estaba cerrada por un lazo de terciopelo rojo. Tiré de él deshaciendo el nudo y levanté la tapa, abrí la boca al ver lo que se encontraba dentro.

Ruby asomó la cabeza por encima de mi hombro.

-Es…

-Es la chaqueta que me gustaba…-murmuré asombrada mientras levantaba la chaqueta de cuero rojo.

Era mucho mejor que la que yo quería, esto era cuero, cuero de verdad. Tendría que haber costado una fortuna era imposible que esto fuera de alguno de los chicos o incluso de Ruby. La abracé contra mi pecho, debía de parecer una cría de cinco años abrazando a su juguete favorito. Algo llamó mi atención de uno de los bolsillos se deslizó un papel, lo recogí del suelo. Había una sola frase.

Escrita, con letra elegante y en cursiva:

Feliz cumpleaños Emma Swan.