Capítulo 6

Después de la clase de literatura, Candy salió del salón para buscar a Patty.

-Espera! – escucho una voz llamándola.

Volteo para ver quién era. Se sorprendió al ver a Anthony a un metro de ella, sonriéndole.

-Sabía que eras tú – dijo Anthony – te vi cuando saliste del comedor. Pero no estaba muy seguro.

-Hola. – saludo Candy.

-Así que tú eres la chica nueva.

-¿Cómo lo sabes? – pregunto sorprendida.

-Digamos que conozco a alguien. – Se encogió de hombros – por cierto soy Anthony Brower – extendió su mano.

-Candy White. – estrecho su mano.

-Y dime Candy, ¿Cuál es tu siguiente clase?

-Algebra. Estoy esperando a una… - se detuvo cuando vio a Patty acercarse a ellos.

Patty se paró en seco al ver con quien se encontraba. Miro a Candy un poco sorprendida.

-Patty, ¿cierto? – pregunto Anthony

Ella asintió.

-¿También te diriges a Algebra?

-Si. - Respondió tímidamente.

-Las acompaño. Es mi siguiente clase.

Durante el camino hacia la clase de algebra, los tres estuvieron charlando animadamente. Cuando entraron al salón Anthony se dirigió a uno de los asientos del fondo.

-¿De dónde lo conoces? – pregunto Patty mientras se sentaba.

- Lo conocí ayer en St James´s Park. Tropecé con él. – se encogió de hombros.

Una vez terminada la clase. Anthony se despidió de ellas con un gesto de su mano y salio del salón.

Durante toda la mañana Candy agradeció que Patty tomara la mayoría de sus clases con ella. Así evito la pena de perderse para ir a clases. Listas para ir a comer se dirigieron al comedor.

-¿Qué materias optativas escogiste? – pregunto Patty

-Química orgánica y fisiología humana. ¿Y tú?

-Física y cálculo. – Candy hizo una mueca y antes de que dijera algo, Patty se apresuró a decir – ya se odias los números. – ambas soltaron una carcajada.

-Candy en verdad no vas a tomar ninguna clase extra.

Negó con la cabeza. – la música y danza no son lo mío y mucho menos el teatro.

-Ni unirte a algún club deportivo.

-No.

-Por qué no intentas con natación. Es divertido.

-¿Tú estás ahí?

-Si.

-Lo voy a pensar. Pero no te prometo nada. – tomo un bocado de su plato. – ya es bastante malo tener que llevar refinamiento y etiqueta.

-No es tan malo… bueno si no cuentas a la hermana Anastasia – hizo una mueca.

Terminada la hora del almuerzo se dirigieron a su siguiente clase.

-Recuerda el laboratorio de química está en el edificio D, segundo piso, tercera puerta a la izquierda. – Candy asintió.

-Nos vemos después en… - Candy la interrumpió.

-En el edificio B. – termino.

-Correcto. Aprendes rápido. – Candy le guiño un ojo.

Al entrar al laboratorio, todas las mesas estaban ocupadas a excepción de una. Candy se dirigió a ella. Mientras sacaba sus cosas de la mochila, escucho como se movía la silla de al lado. Levanto la mirada y encontró a un chico de cabello y ojos oscuros, con anteojos. Que la miraba con una sonrisa en el rostro.

-Todo indica que seremos compañeros. – Dijo el chico – permíteme presentarme. Soy Alistear Cornwell… solo dime Stear.

-Candy White. – le regreso la sonrisa.

-¿Eres nueva? No te había visto antes.

-Sí. Soy de Chicago.

Antes de que Stear le pudiera hacer más preguntas la profesora comenzó la clase. Cuando esta termino y Candy se dirigió a la salida, Stear la alcanzo.

-¿Cuál es tu siguiente clase?

-Refinamiento y etiqueta

Stear hizo una mueca. – suerte con la hermana Anastasia. Nos vemos después. – y salió del salón.

Estando en el salón de su siguiente clase Candy hablaba animadamente con Patty cuando Eliza se acercó a ella.

-No sé cómo pueden permitir que personas como tú estén en tan distinguido colegio – dijo escupiendo todo su veneno.

-¿Disculpa? – la miro Patty disgustada.

Eliza la ignoro y se dirigió de nuevo a Candy – debería darte vergüenza estar aquí. Una huérfana de campo entre nosotros.

Candy no sabía que contestar o cómo reaccionar. Pero cuando tuvo claro que es lo que le diría a Eliza, alguien intervino.

-Déjala en paz. – dijo Anthony muy serio. Junto a él se encontraba el otro chico Cornwell.

-Pero… Anthony – dijo una sorprendida Eliza

-Ya lo escuchaste. Déjala. – dijo Archie.

Antes de que alguien más dijera algo, la hermana Anastasia entro al salón y todos tomaron asiento. Eliza con la cara roja de coraje se dirigió al final del salón.

-Buenas Tardes – saludo La hermana Anastasia con su imponente voz.

-Buenas Tardes, hermana. – respondieron todos a coro.

-El día de hoy les daré una introducción del protocolo de etiqueta… - después de esas palabras Candy dejo de prestarle atención y comenzó a pensar en lo ocurrido instantes atrás.

Cuando la eterna hora por fin termino. Anthony, Archie y Patty se acercaron a ella, antes de que Eliza intentara algo.

-¿Estás bien? – pregunto Anthony preocupado.

-Sí. No veo el motivo de sentir lo contrario. – dijo tranquila.

-Por Eliza. – Dijo Patty – No tengo idea de cómo se enteró… te juro que yo no se lo he dicho a nadie.

-Pero yo si. – Dijo Candy – no veo cual es el problema. A mí no me da vergüenza admitirlo.

-Candy… - dijo Patty

-Si a ella le molesta, es su problema no mío. Pero no voy a dejar que me insulte.

-Tienes razón – hablo Archie – no es malo que hables sobre tu origen. – Candy se puso un poco nerviosa. – Por cierto soy Archie – le guiño un ojo.

-¿Hacia dónde se dirigen? - dijo Anthony - Las podemos acompañar.

-No es necesario. – Respondió Patty – nos dirigimos a los dormitorios.

-De acuerdo. Entonces nos vemos en la cena. – ambos chicos se despidieron.


Candy vagaba por la escuela mientras esperaba la hora de la cena. Encontró casi en los límites de la escuela una colina con un enorme árbol que le recordó la colina que estaba justo detrás del Hogar de Ponnie. Trepo por el árbol y se sentó en una rama que parecía lo bastante resistente para romperse.

Mientras veía el atardecer, pensaba en lo sucedido durante el día: Como Anthony se acercó cuando la reconoció, lo atentó que fue Stear, como Patty, Anthony y Archie se preocuparon por lo que dijo Eliza. Se alegró al darse cuenta que podría llegar a tener buenos amigos. Esa idea la entristeció al instante ¿Qué pasaría si ellos descubrieran la verdad? Descarto ese pensamiento de inmediato. Aun no se sentía lista para lidiar con eso.

Miro su teléfono. Decidió volver antes de que Patty se pusiera como loca por no encontrarla. Iba caminado por los jardines de la escuela, cuando diviso a una persona a unos cinco metros delante de ella. Era un chico algo desgarbado, de espalda ancha y brazos en apariencia fuertes, que por lo menos le sacaba una cabeza, con el cabello color castaño que le llegaba casi a los hombros. Llevaba puesto el uniforme de deportes de la escuela y estaba hablando por teléfono.

Candy se dio cuenta que algo se le callo del bolsillo. Se apuró a recogerlo. Era una cartera, la levanto del suelo y se apresuró para alcanzarlo.

-Espera. – grito. El muchacho no hizo caso. – si tú, el que está al teléfono. – grito más fuerte.

El chico se detuvo y se volvió para mirar a Candy muy molesto.

-¿Qué quieres? – dijo enojado.

-Se te callo esto. – dijo Candy ignorando su actitud y le entrego la cartera.

El chico la tomo y siguió su camino.

-Oye! – grito Candy

-¿Ahora qué? – dijo irritado

-De donde vengo la gente agradece a quienes les ayudan.

-Toma – saco una moneda

-No quiero tu dinero – dijo ofendida

-¿Entonces qué quieres?

-Con un simple gracias es suficiente.

-¿Y por qué tendría que darte las gracias?

-Porque te acabo de dar tu cartera! –estaba perdiendo los estribos

Al chico le hizo gracia la cara que puso Candy y dijo. – No arrugues así la nariz, se te ven demasiado las pecas. – y empezó a reírse.

-ERES UN GROCERO! Todavía que te doy tu cartera, no eres capaza de agradecerme y encima te burlas de mí. – grito una Candy furiosa.

Esto hizo que él comenzara a reírse aún más fuerte.

Candy estaba tan molesta que paso por un lado de él, dando tumbos y se dirigió a su dormitorio diciendo cualquier cantidad de incoherencias.

-Gracias – Grito el chico entre risas. Mientras la veía marcharse.