"La grandeza inspira envidia. La envidia engendra rencor. Y el rencor genera mentiras" -J.K Rowling.
Luego del "desafortunado" hecho en pociones las chicas no tuvieron una semana fácil, el equipo Gryffindor se las había ingeniado para hacerles la vida imposible, por ejemplo: al enterarse de que Alex se presentaría en las pruebas de Quidditch, los leones hechizaron su escoba (por suerte Charlotte conocía el hechizo perfecto y lo resolvió enseguida), luego en Transformaciones, Rose transformó la rana de Dominique en un borrador y no una pluma que por suerte pudo volver a convertir antes de que la profesora se acercara a la mesa.
Cada obstáculo que Rose y su grupo les ponían ellas parecían superarlo, lo que generaba odio en la bella pelirroja.
El viernes por la noche, luego de la cena, las cuatro amigas regresaron a su sala común y se fueron directamente al dormitorio.
— ¡Por Merlín! — Exclamó Charlotte dejándose caer en un sofá— ¿Van a intentar sabotear todo lo que hacemos?
—Dalo por hecho— suspiró Sam mientras se peinaba.
—Tenemos que vengarnos, de alguna forma hay que sacárnoslas de encima —declaró Alex mientras se sacaba su túnica.
—Lo sé, pero ¿Cómo? — preguntó Sam a sus amigas, no creía en las venganzas pero no pretendía estar todo el año pendiente de ellos.
— ¿Qué opinas Dom? — preguntó Char, pero no obtuvo respuesta. Dominique, estaba distraída, aquella mañana recibió una carta de su madre, la salud de Bill había empeorado.
— ¿Dom? —Alex se acercó a ella y tocó su hombro.
— ¿Si? — Preguntó saliendo de su "trance" y volviendo la miraba a su amiga
— ¿Qué pasa? — cuestionó Sam.
— ¿Le pasó algo a Bill? — Las tres miraban a la rubia, esperando una respuesta, ella no les había dicho mucho sobre la enfermedad de su padre, las chicas no insistieron, no podían obligarla ni presionarla.
—No, está bien, papá está bien — mintió y sonrió, no quería que sus amigas se preocuparan por ella más de lo estaban, ya habían hecho mucho al dejar atrás su precioso colegio, no quería armar una escena.
Rose estaba furiosa, caminaba de un lado a otro de la sala de Menesteres mientras maldecía por lo bajo a su desgraciada prima y su patético grupo.
—Rosey ¿Estas bien? —preguntó Lily mientras la observaba recorrer el mismo trayecto una y otra vez.
—Claro —contestó la pelirroja pasando enfrente a ella de nuevo.
— ¿Por qué la odias tanto? —cuestionó Wendy. Estaba nerviosa, era amiga de Rose desde primer año y nunca la había visto así.
—Si Rosey, Dominique parece… agradable... —agregó Evelyn, completamente impulsiva y sin pensarlo dos veces, mientras miraba despreocupada sus uñas.
Gran error.
Rose se paró en seco ¿Cómo osaba su amiga a decir que esa rubia engreída era agradable?
— ¿Qué dijiste? —preguntó amenazando a repetir la oración.
—Yo, emm, bueno —Evelyn estaba roja, no sabía que decir.
—Vamos Rose, dinos, ¿Por qué la odias? —Miranda retomó el tema para evitar problemas.
En ese momento la mente de Rose comenzó a proyectar recuerdos.
Ella tenía ocho años, era el cumpleaños de su tío Harry y todos estaban en la casa de los Potter en el Valle de Godric.
— ¡Bill, Fleur!, ¡Rápido!, ¡Miren! ¡Dom puede hacer levitar el tazón de grageas! — Dijo Hermione sorprendida. La pareja rio.
—Lo sé, es muy inteligente y avanzada para su edad, puede hacer más cosas. —Contestó el pelirrojo mientras abrazaba a su esposa.
— ¿A quién le importa eso? —Exclamó Ron— ¿La vieron jugar Quidditch? ¡Será la mejor jugadora de todos los tiempos! —
Ni Rose, ni Hugo mostraron algún interés por el deporte, Rose prefería jugar con sus muñecas y Hugo jugar ajedrez mágico, entonces cada vez que algún sobrino quería jugar Ron sonreía de oreja a oreja y decía que "X sobrino sería el mejor jugador de Quidditch" jugara bien o no.
—Es muy brillante —opinó Ginny mientras agregaba más comida a la mesa— podría seguir los pasos de Harry y ser aurora.
—O quizás ministro de magia —rio Bill.
Sí, Dominique siempre fue "perfecta" para todos, pero no solo ella, los demás también, solo que Rose, cegada por los celos no podía escuchar los halagos de los demás.
Odiaba cuando Dominique les ganaba en Quidditch, cuando sacaba más nota que ella —aun cuando ambas tenían casi el mismo promedio— pero lo que la pelirroja más odiaba era el cabello de Dominique, su larga cabellera rubia, no odiaba su textura o brillo, si no su color.
Si la menor del matrimonio Delacour/Weasley hubiera salido con el cabello castaño o morocho aun así se destacaría de las niñas —los chicos tenían a Albus y a James con su hermoso color azabache— además, tanto su prima como Louis y Vicky tenían sangre de Veela en sus venas y eso hacía que resaltaran de una manera especial.
Entonces se lo ocurrió, la idea perfecta, tenía que destruir la "belleza" de su prima. Para empezar su cabello, cortárselo todo sería irse al extremo, quizás algo menor. Algo horrible, corto y disparejo.
—Rose — la llamó Scor — ¿Estas bien? — Rose sonrió, claro que lo estaba, ahora millones de ideas saltaban alegremente en su cabeza, implorando ser elegidas, una tan malvada como la otra.
—Claro que si amor —sonrió seductoramente, para luego dirigirse a sus amigas — Chicas, tengo una idea.
Al día siguiente los estudiantes se dirigieron al patio, hoy podían visitar Hogsmade, las águilas estaban emocionadas, ninguna de ellas había pisado ese pueblo, ni siquiera Dominique ya que abandono el colegio antes de los doce años.
— ¡Oh por Merlín! ¡No puedo esperar a conocer Honeydukes! —Exclamó Dominique emocionada.
— Yo quiero probar, eso que llaman… ¿Cómo era? — Dijo Alex pensativa.
— ¿Cerveza de mantequilla? —Preguntó Sammie.
—Sí, eso mismo. — asintió Alex con la cabeza, con un tono más que alegre presente en su voz.
Las chicas reían y comentaban emocionadas sobre lo que iban a hacer mientras caminaban para unirse con los demás estudiantes que irían al pueblo mágico.
Mientras tanto, del otro lado del patio, Rose y su grupo también comentaban cosas, pero en susurros.
—Bien, ahora ni bien estemos allí tendremos que comprar las cosas. Recuerden, todo lo que hagamos lo tenemos que hacer discretamente, ¿Esta bien? —preguntó la pelirroja.
—Si —afirmaron todos.
—Bien, Evelyn —miró a la que se encontraba a su derecha — tu iras con Wendy—ahora miró a la su otra amiga — y compraran los calderos y las tijeras.
—Ustedes —miró a su prima y a Miranda— irán con Hugo y Albus a comprar los ingredientes para las pociones
—Esta bien —aceptó Lily — ¿Y tú qué harás? —preguntó.
—Iré a tomar té con Scorp —sonrió con aire de engreída.
—Oh, esta… bien — dijo Albus.
Los cinco pensaban que no era justo, Rose nunca se ensuciaba las manos.
—Los veré en unas horas, ¡Ciao! —La estudiante se despidió con una falsa sonrisa mientras se aferraba del brazo de su novio. Los cinco leones solo se quedaron allí, pensativos, ¿Por qué ellos tenían que hacer el trabajo si ella era la que odiaba a Dominique?
—Muy bien, ya vi todos los permisos, pueden salir, ¡diviértanse! Y recuerden que solo tienen dos horas —recordó el profesor Longbottom.
Las águilas sonrieron y marcharon hacía el pueblo, estaban emocionadas, tenían mucho que hacer y comprar y solo contaban con dos horas.
— ¿A dónde vamos primero? —preguntó Dominique tomada del brazo de Alex.
— ¡Yo quiero ir a Honeydukes! —Exclamó Alex recorriendo el camino
— ¡Yo a la casa de modas! —respondió Sam mientras alisaba su sweater
—Siempre siendo toda una fashionista, ¿No? —rio Char colocándose su bufanda, ese año anunciaba ser particularmente frío.
—Bien, hagamos esto, primero vamos a Honeydukes, luego a comprar ropa y si nos queda tiempo a las tres escobas, ¿Si? —Propuso Dominique
Las demás aceptaron y luego fueron hacía Honeydukes.
Caminaron mientras veían como caían las hojas de los árboles de ese maravilloso otoño, como la brisa jugaba con sus cabellos y como el pueblo se iba llenando cada vez más.
Parecía que Hogsmade los estaba esperando, las vidrieras exhibían su mejor mercancía, bañando el pueblo de diferentes colores y atrayendo curiosos y excitados estudiantes.
— ¿Recuerdan la vez que estábamos de vacaciones en España y se nos acercó ese chico rubio y pálido? — Preguntó Alex comenzando a reír
—Si —exclamó Dominique — ¡Por Merlin! ¡Qué pesado! — agregó, entre risas.
El año pasado las chicas habían viajado a España, ya que amaban las playas de allí, les encantaba el sol, el mar y la locura de las fiestas. Ese día era un sábado, las cuatro estaban en la playa, recostadas en sus reposeras, disfrutando del clima mientras tomaban jugos y recordaban la noche anterior.
—Creo que nunca baile tanto —murmuró Alex mientras se aplicaba un poco más de bronceador.
—Concuerdo contigo Lex —sonrió Dominique mientras tomaba un poco de su jugo de naranja.
—No fue el hecho de que bailaran tanto, si no lo que tomaron — dijo Char divertida negando con la cabeza y admirando el azul del mar.
—Si, como sea, pero no grites Char —pidió Alex mientras se recostaba en la suave arena y se tapaba la cabeza.
Las chicas rieron pero su diversión fue interrumpida por un chico que estaba ahora al lado de ellas.
— ¿Se te ofrece algo? —preguntó Sam mirando al adolescente con desconfianza.
—Sí, quería invitarlas a una fiesta, en mi casa, hoy a las diez —dijo sonriendo.
Las cuatro lo observaron, era alto y rubio, tenía ojos marrones, no tenía nada de especial, era un típico rico soso.
—Bueno… danos la dirección y veremos si podemos —respondió Char, siendo amable, intentando disfrazar su incomodidad.
El rubio miró a Sam
—Eres muy hermosa, bueno, las cuatro lo son —dijo él, tratando de ser seductor mientras estudiaba el cuerpo de la joven.
—Emm, si gracias —Sam no sabía que decir, la situación era bastante incomoda.
— ¿Tienes sed? —preguntó en rubio, sin darse por vencido.
—No gracias —dijo la muchacha levantando el vaso en señal de que ya estaba tomando algo.
—Entonces… ¿Tienes hambre? —El rubio seguía intentando, era muy linda como para rendirse.
—No, almorcé hace rato, gracias — Sam comenzó a pensar qué diablos podía hacer para salirse de aquella situación, buscó ayuda en los ojos de sus amigas, pero estas estaban ocupadas intentando no estallar en una sonora carcajada.
—Bien, ¿Quieres ir a dar un paseo? —Preguntó— Conozco un lugar donde…
—Mira rubio —empezó Alex— Sammie es… mi novia —sonrió, intentando aguantar la risa.
— ¿Qué? —El chico estaba bastante confundido.
—Sí, lo lamento, pero solo le gustan las chicas —dijo Char mirándolo a los ojos.
—Sí, las cuatro somos una pareja. — Acotó Sam.
—Sí, sí, eso —afirmó Dominique.
—Oh, lo siento, bien, como sea, ¿Adiós? — dijo él confundido y alejándose.
Las cuatro comenzaron a reír, llamando la atención de la gente que estaba cerca de ellas.
— ¡No puedo creerlo! —decía Dom mientras reía.
—Yo tampoco, ¿Novias las cuatro? — Agregó Alex divertida.
—Pobre chico —Sam no podía más de la risa.
Luego de un rato las chicas se fueron y desde ese día cada vez que algún chico insistente usaban esa excusa por más boba que fuera.
— ¡Viva la poligamia! —gritaba Alex mientras tomaba y alejaba a sus amigas esos chicos.
Ahora las cuatro se estaban riendo como aquella vez mientras recordaban, Dominique comenzaba a darse cuenta que a pesar de que la vida podía ser horrible a veces ella tenía a sus tres almas gemelas para salir adelante y eso la hacía muy feliz.
Luego de las compras, los leones decidieron juntarse en las tres escobas para hablar.
— ¿Pudieron comprar todo? —preguntó Lily.
—Si, por suerte pudimos —dijo Wendy en un tono desanimado.
Se hizo un silencio incómodo, los seis estaban esperando que alguno dijera algo sobre Rose, pero nadie podía, le tenían miedo, sabían que ella podía destruir a cualquiera, ya la habían visto hacerlo y si los escuchaba estaban muertos.
—Bueno… —empezó Albus — ¿Llevamos nuestras cervezas a otro lado? —preguntó.
—Hablas de ir a un lugar… ¿Más privado? — Inquirió Lily
—Claro que si —dijo Hugo— no seas tan obvia —pidió entre susurros.
Los seis adolescentes comenzaron a caminar hasta llegar a un lugar desierto, tranquilo, sabían que ahí podían hablar sin que nadie los escuchara.
—Y, bueno… — Comenzó a hablar Evelyn, sin saber bien que decir.
— ¿Les parece bien todo esto? —Continuó Miranda, rompiendo el incómodo silencio.
—No lo sé, es raro —respondió Lily suspirando y dando un sorbo a su bebida— yo no tengo nada en contra de ella.
—Yo tampoco — dijeron Albus y Hugo al mismo tiempo.
—Nosotras no la conocíamos bien, bueno, la vimos en primer y parte de segundo año pero nunca hablé con ella —agregó Evelyn.
Comenzaron a recordar, en la mitad de segundo año Rose se había desarrollado bastante y era el deseo de la mayoría de los chicos, pero en su cabeza eso no bastaba, siempre Dominique resaltaría porque "era la Weasley rubia", "Era diferente, está en Ravenclaw", siempre era la mismo, aunque no tuviera el cuerpo de Rose ella tenía ese toque de Veela.
Un día las primas se encontraron en el pasillo.
—Miren chicas, ahí viene Dominique —dijo Rose a sus amigas.
—Oh —Ninguna de las tres sabían que decir.
— ¿Te perdiste? —preguntó Rose con malicia.
— ¿Disculpa? —Cuestionó Dominique, sin darle importancia.
—Sí, te perdiste — aclaró — Esta parte del castillo es mío, tú no puedes estar aquí. —Rose solo quería molestarla.
—Oh, lo lamento —respondió ella usando el sarcasmo— venía a ver a Peter... Como sea te veo luego — dijo mientras se iba.
— ¿Peter?, ¿Peter Blowd? —preguntó Rose con ira.
—Si —respondió ella a lo lejos.
Peter era el capitán del equipo de Gryffindor, era prefecto y uno de los chicos más lindos del colegio, todas estaban locas por él, ignorando su fama de mujeriego.
Rose se dio media vuelta, sacó su varita y apuntó a la espalda de la rubia — ¡Petrificus totalus! — exclamó. Una luz salió de su varita y pegó directo en el blanco. La leona fue hasta ella y la miro.
—No creo que veas a Peter hoy —sonrió con malicia —chicas, ayúdenme.
La llevaron a un armario y la dejaron ahí encerrada por un día y medio (sin su varita, claro) la encontró un profesor que cuidaba los pasillos a la noche, Dominique estaba destruida y débil.
Nunca supieron que fue Rose, a ella no parecía importarle, luego de que todos se enteraran de que estuvo encerrada comenzaron varios comentarios desagradables y acusatorios.
La pelirroja la despreciaba, tenía que destruirla y así comenzó rumores horribles de ella, que se acostaba con ese estudiante o que hacía trampa, que se había teñido el cabello porque odiaba a su familia, que inclusive lo del armario lo había inventado, solo para opacar las maravillas que habían hecho sus hermanos y primos.
Poco a poco todos fueron creyendo en Rose y dejando de lado a Dominique, solo Hugo hablaba a veces con ella, y Lily la miraba con lastima, no podía hacer mucho.
Todos esos factores y un cambio inspiraron a que ella pidiera el pase para Francia, lo había leído en El Profeta y luego de eso comenzó a pasar más tiempo en la biblioteca, investigando e informándose sobre el tema.
Luego de varios meses y varios abusos por parte de sus compañeros, habló con el director y así, gracias a sus notas y bastantes motivos ella al fin pudo ser libre e ir a Francia.
No fue fácil, ella era la nueva, el idioma no era un problema pero si adaptarse y saber que estaría lejos de sus padres.
La primera noche en el castillo la mandaron a una habitación para ella sola en la cual lloró toda la noche, luego se hizo amiga de Alex y ella le presentó a las otras, se hicieron amigas bastante rápido.
Poco a poco se fue sintiendo parte de la familia, sus padres acordaron que irían todos los veranos a Francia (Fleur estaba muy feliz ya que extrañaba mucho su tierra). Y así, Dominique estuvo varios años sin pisar Inglaterra, ya que sus abuelos también iban allí y luego de unos años sus tíos —sin sus primos, claro, ya que estaban bastante ocupados para estar cerca de ella—.
Los únicos primos a los cuales veía eran Molly, Lucy, Roxxie, Fred y a veces Hugo.
Hubo un tiempo donde se escribía con Lily pero era obvio que fue a espaldas de Rose y esto duró poco.
—Creo que no fuimos muy justos con ella, además nunca nos hizo nada —suspiró Albus.
—No tengo nada en contra de ella, de hecho me cae bien. Pero Rose es Rose y es mi hermana —se lamentó el pequeño.
— ¿Qué podemos hacer? —preguntó Wendy.
—Nada, solo sigamos el plan, quizás se aburra —Contestó Evelyn.
—Sí, espero que si —dijo Lily mientras recordaba las cartas que aún conservaba.
—Bueno, vamos, faltan quince minutos y todavía tenemos que volver al castillo —Observó Miranda mientras se ponía de pie.
El grupo de los leones comenzó a caminar hacía Hogwarts, esperando que nada salga mal y que algún día puedan compartir más con su prima, pero poco sabían ellos que iba a pasar todo lo contrario, Rose nunca se olvidaría.
Muchas gracias a Raqqq y Yoxo por comentar y a los demás por los favs 3
