Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.
Advertencia: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | Fluff, mucho fluff.
N/A: ¡Por fiiiiiiin! Aquí está la continuación x.x
Les dejo leer /o/
LONELY HEARTS CLUB.
By: Maka Kagamine.
.
All this bad blood here, won't you let it dry?
It's been cold for years, won't you let it lie?
.
BAD BLOOD
—Bastille—
Capítulo cinco.
( • ̀ω•́ )✧
Estacioné el auto de Levi en el aparcamiento de «Una taza de té», la cafetería de la familia Ackerman.
No tenía demasiado tiempo desde su inauguración. Sin embargo, terminó por convertirse en la cafetería preferida de casi todos los vecinos. No había escuchado de alguien que pudiera resistirse a los pasteles rellenos que Isabel solía preparar. O al café con leche que Mikasa hacía de forma grandiosa. Incluso hasta la infinidad de tés que Kenny sabía hacer eran del gusto del público.
Pero a esa hora, el local ya estaba cerrado. Los fines de semana sólo atendían hasta el medio día. El único indicio de que habían personas dentro era la luz que se asomaba apenas por uno de los ventanales; ese que estaba a medio cubrir con una simple cortina color azul. No había ruido alguno en toda la cuadra, y esa era una mala señal. Casi todos los vecinos conocían a Kenny Ackerman, y cuando se enojaba preferían encerrarse en sus casa, temerosos de sufrir la ira del antiguo jefe de policía.
Y para qué mentir, incluso a mí, qué le conocía desde hacía tantísimos años, me daba terror.
Pero estaba en todo su derecho de enojarse, por supuesto. Kenny era esa clase de padre que defendía a capa y espada a sus hijos, no importaba si ya eran mayores de edad, capaces de enfrentar el mundo por sí mismos. Él jamás les dejaba solos.
Kenny era un excelente padre.
Sin embargo, aunque había sido hacía varias semanas atrás, Levi no le comentó absolutamente nada a su padre sobre su rompimiento con Erwin, y sus razones tenía.
Su padre jamás vio con buenos ojos a Erwin. Nunca supe exactamente el por qué, pero Kenny parecía repudiar la presencia del otro. Nunca le aceptó como novio de su hijo. De hecho, cuando comenzaron a salir, Kenny fue el primero en oponerse. Levi y él pelearon por eso; se dejaron de hablar durante varias semanas. No fue sino hasta casi dos meses después, que arreglaron sus problemas tras una plática familiar.
Y esto nos conlleva a lo siguiente: Kenny tenía problemas en su corazón. No podía hacer demasiados esfuerzos o sufrir emociones fuertes. Levi sabía que cuando su padre se llegara a enterar de que Erwin le había engañado, el viejo explotaría en cólera, y, probablemente, eso le haría daño.
Ninguno de nosotros quería volver a ver al anciano en un hospital, conectado a varios aparatos esperando a que sobreviviera...
Escuché a Levi suspirar cuando miró hacia el pequeño, pero acogedor, establecimiento por la ventanilla del auto. Se rascó el cuello, quizá con demasiada urgencia, cuando ya había decidido bajarse. Pero, para ser sincero, no se veía con tantas ganas de ir allá.
—Hay que irnos, no tenemos nada qué hacer aquí —dijo, todavía mirando por la ventanilla, sosteniendo la manija de la puerta. Parecía estar sopesando los pros y contras—. Mikasa e Isabel pueden arreglárselas solas.
En desacuerdo, torcí la boca y negué varias veces con la cabeza. No nos iríamos, no cuando Kenny estaba mal.
—No, no nos iremos —escuché a Levi maldecir ante mi respuesta—. Debes hablar con él, Riv. Es tu padre, tú eres el único que puede calmarle.
Esas palabras fueron suficientes para que mi amigo volteara a mirarme. Entonces, por primera vez en mi vida, no logré descifrar el gesto que él había puesto. No supe si fue tristeza, miedo o confusión, pero, por un momento, dudé de mi decisión y quise irme también. Pero recordé que estábamos ahí por el bien de Kenny, para evitar que sufriera otro ataque al corazón.
—Sólo... no sé cómo enfrentarlo, ¿sabes? —confesó, quitando la mirada. No pude más que pestañear sorprendido; era hasta extraño escuchar a Levi diciendo cosas así—. El anciano me lo había advertido... Él me dijo que Erwin no era bueno para mí, que sólo me lastimaría...
El silencio invadió el interior del carro ante su repentina confesión. Levi todavía se negaba a mirarme, por lo que no sabía qué estaba sintiendo en ese momento. No sabía, siquiera, qué cosa decirle. No era demasiado bueno con las palabras. Era impulsivo, sí; no pensaba mucho en los demás cuando hablaba. Por esa razón, a veces las cosas que salían de mi boca eran crudas, llegando a lastimar, más que ayudar.
Y no quería herir más a mi amigo.
—Apesar de que ha pasado tanto tiempo yo... Yo todavía puedo recordar sus palabras —siguió, cuando el silencio se volvió ensordecedor; pesado—. «No me da buena espina», «Él no es bueno para ti», «Sólo va a herirte», «Terminarás destrozado; llorando», fueron las cosas que me dijo —muy despacio, casi como si no hubiera querido, regresó su mirada a mí. No pude más que quedarme respiración durante unos segundos. Pese a que el auto estaba levemente iluminado, todavía fui capaz de ver todo el dolor que escondía en sus ojos—. Pero no lo escuché; debí hacerle caso, más no quise. Terminé enojándome con él, mandándolo al Diablo por meterse en mi vida; en mis decisiones. Fui tan estúpido, ¿verdad?
Me encontré a mí mismo sintiendo un nudo muy ajustado en la garganta, mientras las hormigas, esas que creían se habían apaciguado, aparecían de nueva cuenta; dejándome con un raro sentimiento rondando por mi cuerpo.
Levi jamás me había contado eso...
—Estabas enamorado, Levi.
Él soltó una risa amarga tras eso, sus ojos se desviaron nuevamente y no volvieron hacia mí. Se alborotó algunos mechones de cabello con urgencia, como si quisiera sacar toda la impotencia que sentía con ese gesto.
—Eso le dije, ¿sabes? —murmuró, a medias, casi costándole trabajo continuar— Le dije: «Realmente me gusta Erwin, papá» «estoy enamorado de él». Pero... pero Kenny me respondió diciendo: «No estás enamorado, sino apendejado» «crees que es el hombre perfecto, el único que será capaz de hacerte feliz... pero no es así» «ese imbécil sólo terminará lastimándote» —Levi hizo una pausa, que me pareció enorme, antes de proseguir—. Y mira, al final tuvo razón...
Tras sus propias palabras, Levi dejó escapar un suspiro pesado, demasiado pesado. No me costó mucho tiempo para descubrir que él tenía ganas de llorar, para sacar todo lo que le carcomía por dentro.
Rivaille estaba roto; en su interior no era más que un niño pequeño al que habían lastimado.
Lo habían destrozado...
—Riv... yo...
Levi pestañeó.
—Todo esto apesta, ¿cierto?; el amor y todo eso. Cuando te enamoras de alguien piensas que estarás a su lado toda la vida. Disfrutas del tiempo como pareja, haces planes: creas fantasías. Piensas que tendrás un «Felices para Siempre», como en los cuentos de hadas... pero... pero no sucede. De pronto, todo eso se acaba, se destroza en un parpadeo. Y te rompe a ti también... Destroza tus sueños... todos tus planes a futuro los hace mierda, mientras tu corazón se rompe... Y lo peor... lo peor es que no puedes hacer nada para detenerlo...
Me miré las manos al no saber qué más hacer, mis ojos habían comenzando a arder mientras las hormigas amenazaban a mi estómago una vez más. Realmente sus palabras ciertas habían removido todo mi interior; no importaba lo mucho o poco que había logrado avanzar, justo en ese momento sentí que retrocedía, y el dolor comenzaba a arrasar conmigo. No quería quebrarme de nuevo, no cuando ya estaba saliendo adelante.
Todo parecía una mala broma del destino. Como un horrible sueño del que ya quería despertar.
Pero no era posible... Porque esa era la realidad. Nuestra dolorosa realidad.
En el fondo, sólo éramos un par de niños que estaban destrozados por dentro. Éramos un par de chicos que había perdido toda esperanza en eso llamado «amor». Éramos un par de hombres que, incapaces de aceptar lo que el destino había preparado, aún deseaban despertarse de ese mal sueño y acurrucarse entre los brazos de sus amantes, buscando un poco de consuelo.
—Diablos, Levi —dije, casi sin voz, mientras dejaba caer mi frente sobre el volante del auto, antes de mirarle fijamente—. Eso es tan horrible...
Alcancé a ver una pequeña y amarga sonrisa instalarse en el rostro de mi compañero.
—Pero tan cierto...
Pestañé, sintiendo mi corazón romperse otro poco más por sus palabras.
—Que duele.
Levi me miró de regreso, por fin. Sus hombros se encogieron, antes de perder los dedos de su mano entre mi pelo; como si con eso buscara darme un poco de consuelo por hacerme sentir mal. No me quité de ahí. En cambio, se lo agradecí en secreto. Realmente necesitaba un poco de cariño.
Estuvimos un rato así. No supe cuánto, para ser sincero. Porque, justo en ese momento, el paso del tiempo se me antojaba demasiado lento. No fue sino hasta que el teléfono de Levi volvió a sonar, que reaccionamos. Él hizo mala cara mientras sacaba el aparato del bolsillo de su pantalón.
Era otro mensaje de Mikasa; preguntaba en dónde demonios estábamos y si tardaríamos mucho para llegar. Rivaille sólo terminó por soltar otro suspiro en aquel día, para luego volver a mirar por la ventanilla.
—Supongo que debo dejar de ser tan cobarde, y enfrentar a Kenny.
Le dediqué una sonrisa vaga —aunque no llegó a verla—, mientras miraba hacia dónde él lo hacía.
—Es lo mejor —dije, alentador—. Además, no creo que Kenny esté enojado, capitán —le hice saber, poniendo una mano sobre su hombro. Sólo así fui capaz de captar su atención—. Creo que está más preocupado por ti.
Mi amigo asintió, pasando una mano por su cabello. Parte de su pelo negro fue hacia atrás, antes de volver a cubrirle la frente.
—Lo sé —suspiró—, aún así, no sé exactamente qué cosa decirle, Eren.
Encogí los hombros.
—Sólo habla con la verdad. Cuéntale como fueron las cosas.
Rivaille no se vio tan convencido, pero aún así asintió de regreso.
(...)
Cuando por fin decidimos ingresar a la cafetería —ahí se encontraban, según él mensaje de Mikasa—, fuimos recibidos por una silla voladora. Levi y yo apenas fuimos capaces de esquivarla, por lo que terminó por estrellarse contra la pared más cercana haciéndose trizas al contacto.
Abrí los ojos de sobremanera, mientras volteaba hacia atrás. No me había esperado esa clase de recibimiento.
—¡Papá! —esa había sido Isabel.
—¡Deja de destrozar más cosas, anciano! —esa era la voz de Mikasa.
Entonces, cuando miré por todo el lugar, me pasé una mano por el pelo. Levi ahogó una exclamación.
—¿Qué demonios pasó aquí dentro? —preguntó Levi, mirando a todos lados, mientras se revolvía el cabello.
Todo estaba destrozado. Lo que antes había sido una cafetería llena de alegría y calor hogareño, en ese mismo instante parecía el mismo infierno.
No pude más que aguantar la respiración ante lo que veía. El interior estaba totalmente destruido; el papel tapiz con motivos de muffins y tazas de café se encontraba todo roído. Las mesas circulares estaban tiradas, partidas justamente por la mitad —parecía como si alguien las hubiera pateado con fuerza—. Trozos de sillas, platos, tazas y uno que otro cubierto yacían en el suelo de madera.
Incluso, cuando dabas pasos, podías escuchar el vidrio, provenientes de algunos platos, quebrándose aún más bajó tus pies.
—Quiero explicaciones, y las quiero ahora —exigió una voz fría (casi perversa) que, interiormente, me hizo temblar de sobremanera.
Entonces, miré hacia al frente. Ahí, lo más alejado de nosotros, se encontraba Kenny Ackerman mirando a mi amigo de la manera más aterradora posible. A su lado, a la derecha, estaba Isabel, que parecía a punto de volverse loca por la situación. Mikasa, en cambio, tenía la espalda recargada en la pared, y entre su mano izquierda tenía el viejo revólver del ex-jefe de la policía, mientras que la derecha se paseaba por su cabello una y otra vez; totalmente estresada.
Levi suspiró. Yo me preparé para el sermón interminable que, seguramente, Kenny no tardaría en soltar —junto con uno que otro disparo, por cierto—. En mi interior recé para que todo terminara rápido.
—¿Sobre qué, anciano? —retó Levi, sin inmutarse— Explícate.
Su padre soltó algo así como una risa entre amarga y sarcástica.
—No te hagas el tonto, Rivaille. Sabes exactamente a lo que me refiero.
El capitán soltó otro suspiro pesado, sus ojos vagaron por todo el lugar antes de volver hacia su padre. Parecía indeciso; como si estuviera buscando las palabras correctas.
—¿Qué quieres que te diga, papá? ¿Eh? —inquirió, cambiando su expresión. Durante un momento, sus ojos se cubrieron con un manto de dolor— ¿Quieres que admita que tenías razón? Pues bien, la tenías. Tenías toda la razón: Erwin sólo me lastimó y me dejó llorando. ¿Contento ahora? —dijo, sin expresar ningún sentimiento en su voz. Aunque por dentro, Levi se estaba destrozando— Sé qué estás muriendo por decirme ese «te lo dije, mocoso». Házlo, estás en todo tu derecho.
Y el silencio invadió la estancia. Isabel bajó la mirada, consciente de todo el dolor que su hermano mayor estaba sintiendo. Mikasa miró hacia otro lado, no sintiéndose demasiado cómoda con la situación. Sabía qué, en el fondo, ella también quería acabar con Erwin.
Sin embargo, fue la reacción de Kenny la que me sorprendió. Él no comentó nada; tampoco ese «te lo dije» que todo esperábamos escuchar. En cambio, se quitó el sombrero negro, ese que siempre solía tener, con una pesadez que incluso podía sentirse. Lo dejó sobre su regazo, para luego soltar un suspiro mientras pasaba sus manos por su pelo encanecido.
—Escucha, hijo... No sé cómo me siento en este momento; tengo ganas de dispararle a ese imbécil. Estoy enojado, triste, decepcionado: pasó hace algunas semanas, y no me dijiste nada —comenzó, dejando la mirada en el suelo durante algunos segundos—. No voy a decirte un «te lo dije» porque no es correcto. Sé que piensas que soy un viejo entrometido, que sólo quiere decidir qué es lo mejor para ti y qué no. Pero... de verdad, Levi, estoy preocupado por ti. Mucho, hijo.
Nuevamente nadie dijo nada. El mutismo se expandió por la pequeña cafetería durante varios minutos. Mikasa e Isabel miraron con sorpresa a su padre. Levi y yo casi dejamos de respirar. No era demasiado normal escuchar a Kenny hablando de esa manera tan suave. No cuando todos esperábamos que estallara.
Rivaille, sin saber qué más hacer, bajó la mirada. Se concentró en ver sus dedos como si en ellos fuera a encontrar la respuesta a todos sus problemas.
—Lo siento —dijo, por fin—. Sé que debí habértelo dicho antes pero... no sabía como ibas a reaccionar. Planeaba decírtelo con calma, porque no quería que hicieras coraje y terminaras en el hospital.
Kenny hizo mala cara y se pasó una mano por la frente, exasperado. No le gustaba cuando le recordaban que su corazón no estaba muy bien.
—¡Obviamente haría coraje, Rivaille! ¡El imbécil ese te engañó! —gritó, levantándose de su lugar, para luego acercarse hasta Levi.
Esta vez, fue Levi quién torció la boca, desconforme.
—No me engañó.
El viejo Ackerman bufó, casi de manera burlona.
—¡Deja de defenderlo! ¡Deja de hacerlo! Sabes que lo hizo, sí. Porque mientras estaba contigo se veía con otro, y no conforme decidió terminar cinco años: ¡cinco jodidos años! de noviazgo por medio de un maldito mensaje.
Isabel tapó su boca con las manos. Mikasa dejó su mano sobre la frente y negó con la cabeza. Levi, por su parte, abrió los ojos mientras se volvían a cubrir de aquel manto de tristeza. Todo mi interior se removió con insistencia. Se suponía que con aquella plática ellos arreglarían sus problemas, pero no parecían avanzar demasiado. De hecho, todo eso estaba lastimando a mi mejor amigo.
—No lo estoy defendiendo... —respondí, intentando mantenerse sereno— Sólo estoy tratando de decirte cómo fueron las cosas.
Kenny chasqueó la lengua.
—Sé muy bien cómo fueron las cosas, Rivaille —Kenny hizo varios ademanes exagerados, antes de continuar con tono sarcástico—: Sé muy bien que ese pendejo fue hasta tu casa para decirte que se había enamorado de otro, que por eso ya no podía seguir contigo. Que le dolía dejarte, pero era lo mejor. Hah, ¡vaya poca vergüenza del infeliz!
Riv no pudo decir más, no cuando los recuerdos le atacaron; nublaron su juicio, y le dejaron sin poder continuar.
Él también estaba retrocediendo.
Tras cerrar los ojos y respirar profundamente, decidí que era momento de parar todo. No era bueno para Kenny, ni para Levi. Esa conversación no llevaría a ningún lado; más que arreglarse, ambos terminarían peleados. Y no quería eso; debían estar juntos para solucionar problemas en familia.
—Calma ya, Jefe —hablé, por primera vez en todo ese tiempo, mientras ponía mi mano sobre el hombro de Kenny. Él me miró sorprendió por unos segundos, antes de volver a poner una expresión neutral—. Sabe que no está bien pelear en este momento. Sé que está enojado, de hecho, creo que todos lo estamos. Pero no es bueno desquitarse con Levi, él no tuvo la culpa de nada.
Esas palabras parecieron surtir efecto. Kenny exhaló con mucha fuerza, mientras pasaba una mano por su pelo.
—Tienes razón, Eren —cedió, mirando al suelo, luego de unos minutos de silencio—. Lo siento, Levi. Sé que no es tu culpa, y aún así estoy regañándote.
Mi amigo encogió los hombros, antes de meter las manos dentro de los bolsillo de su pantalón; como si la situación, ahora, le diera igual. Medio sonreí ante la escena.
—Ya... No importa.
—Pero aún así —murmuró Kenny, de regreso—: si llegó a ver al imbécil de Erwin por la calle le meteré un tiro. Para que sepa que no puede sólo herir a mi hijo e irse como si nada.
Solté una risa, Isabel lo hizo también. Mikasa y Levi negaron varias veces, mientras susurraban algo así como ''viejo loco''. Kenny respiró profundo, viéndose un poco más calmado. Sin embargo, cuando dirigió su preocupada mirada hacia mí, de nuevo, sentí que algo no iba demasiado bien. La sonrisa se borró de mi rostro, y terminé poniendo una mueca temblorosa.
Le lancé una mirada rápida a Riv. Él encogió los hombros, dándome a entender que tampoco entendía nada.
—¿Cómo te encuentras, muchacho? —preguntó, clavando sus ojos en los míos. Me quedé de piedra un rato, sin comprender exactamente a qué se refería—: Me enteré qué tú estás pasando por algo similar.
No era raro que se mostrara preocupado por mí también. Me conocía desde que usaba pañales, había pasado casi toda la vida junto a Levi. Y sabía que para él, más que ser el mejor amigo de su hijo, era parte de la familia. Un hijo más, se podría decir. No obstante, no pude más que pestañear perdido, mientras asentía con la cabeza y me preguntaba en el interior cómo se había enterado.
O, en todo caso, quién le había contado.
—Estoy... —dejé la frase al aire. Sabía que no tenía mucho caso responder un «bien», cuando, obviamente, no era así— Estoy saliendo adelante.
El viejo no se vio tan convencido con mi respuesta, pero no dijo más con respecto a eso. Sólo asintió, al mismo tiempo que acomodaba sus manos sobre mis hombros.
—Sabes que cuentas con nosotros, ¿no? Tú eres parte de esta familia también.
Le sonreí con sinceridad, agradeciendo sus palabras y preocupación.
—Gracias...
—Además, ten por seguro que también me encargaré de meterle un tiro a ese rubio, exnovio tuyo, y a su amante con cara de caballo. ¡Merecen la muerte!
Otra vez, no pude más que quedarme sin palabras, preguntándome en el interior qué tanto sabía Kenny sobre el tema.
—Basta ya, anciano —gruñó Levi—. No vas a dispararle a nadie.
Kenny chasqueó la lengua.
—Tú cállate, niño —zanjó el tema—. No te metas dónde no te llaman. Si quiero, les disparo. No puedes hacer nada para detenerme.
Riv rodó los ojos, exasperado.
—A veces, te comportas peor que un niño, viejo.
—¿Y qué? ¿Tienes algún problema con eso, mocoso?
Mi amigo bufó, aún más desesperado, sin poder llevarle la contraria a su padre. Mikasa, Isabel y yo, ahora que todo volvía a la normalidad, reímos sin poder evitarlo.
Era bueno saber que ya no habían más problemas ahí.
(...)
—¿Seguro que estás bien, Eren?
Fue lo que preguntó mi madre, casi dos semanas después, mientras hablábamos por teléfono. No solíamos vernos muy seguido; no desde que mis padres habían decidido mudarse a Shiganshina. Pese a eso, y aún con la distancia, nuestra relación siempre fue bastante cercana. La comunicación nunca faltó entre nosotros.
Sin embargo, era como la quinta vez que me preguntaba eso en lo que iba de llamada. Por eso mismo, no pude evitar rodar los ojos agradeciendo que mi madre no pudiera verme —porque de seguro me hubiera jalado las orejas por esa falta de respeto—. Aunque sabía que ella tenía sus razones; al enterarse de la manera en que mi relación con Armin había terminado, mi madre se preocupó aún más. No dejaba de llamarme todos los días para preguntarme cómo estaba, incluso sopesó la idea de venir hasta Sina sólo para darle una lección a Armin —realmente nunca le pregunté a qué se refería con eso—, pero logré tranquilizarla al decirle que Levi y su familia estaban conmigo.
—Lo estoy, mamá —repetí, mientras enredaba el cable del teléfono en mi dedo índice, y recargué mi cabeza en la pared—. Sabes que lo estoy. A usted no puedo mentirle, Carla.
Había dicho eso para que mi madre riera, pero no se notaba demasiado convencida. Alcancé a escuchar un «Hmm» de su parte, luego un suspiro que se me antojó muy pesado.
Sin saber qué más podía hacer, me pasé una mano por el cabello. Algunos mechones se alborotaron y terminaron por medio cubrirme los ojos.
—Es sólo que estoy muy preocupada, Eren.
—Lo sé, mamá. Sé que lo estás —concordé, cuando miré la fotografía que adornaba mi pared. Era de mis padres; justo del día cuando se mudaron. Ambos sonreían, un poco cansados, mientras metían un par de cajas dentro del viejo auto familiar—. ¿Quieres que vaya para allá y lo puedas verificar por ti misma?
Sonreí. Mi madre ahogó una exclamación, y juro que pude imaginármela poniendo una mano en su boca para no gritar.
Sí, así era ella.
—¿¡De verdad, Eren!?
Otra vez, no me quedó más que reír mientras negaba con la cabeza, totalmente divertido. Había terminado por darme cuenta de que, al final, ella consiguió lo que quería: que fuera para allá.
—Ajá, lo haré —dije, todavía sonriendo—. Sólo dame tres días. Necesito arreglar unas cosas en la firma.
—¡Sí, claro! —ella se escuchaba demasiado entusiasmada— Tres días. Si no estás aquí en ese tiempo, iré yo para allá. ¿Entiendes? Es una amenaza, señorito.
Mi madre, siempre tan ella.
—Sí, mamá.
Carla suspiró.
—Debo colgar, hijo —murmuró, con pesadez, luego de un rato de silencio—. Al parecer tu padre no sabe cómo encender una bendita lavadora. ¿Qué le pasa a ese hombre?
Me carcajeé. Eso era tan de Grisha; un inútil en las labores del hogar.
—Está bien, ayuda a papá. Él no tiene la culpa de ser un inútil.
Mamá resopló, aunque se escuchaba más bien divertida.
—Cuídate, hijo...
—Ustedes también —dije—. Y mándale saludos a papá; dile qué lo extraño.
Carla murmuró algo por lo bajo.
—Lo haré. Nos vemos en tres días, ¿bien?
Entonces, justo antes de que pudiera contestar a aquello, la puerta de mi departamento se abrió. No me sorprendí demasiado cuando reparé en que era Levi. Recién salía de trabajar, pude saberlo porque aún traía puesto el uniforme de policía.
—Sí, nos vemos en tres días —respondí. Luego de eso, y de una vaga despedida de su parte, ella colgó.
Tras eso, colgué yo también el teléfono. Era uno antiguo; de esos que debías girar la rueda que tenían en el centro para poder marcar. Había sido, por cierto, un regalo de Isabel.
El capitán me miró durante largos segundos, cuando puso una bolsa de papel con —lo que supuse era— comida, en su interior, sobre la mesa del comedor. Le sonreí mientras me acercaba a él. Acto seguido, rebusqué en la bolsa tan sólo para saber qué había dentro.
Sí, era comida. Mis ojos se iluminaron. Bien, al menos no necesitaría cocinar.
—¿Tres días? —preguntó, alzando una ceja.
Asentí, mirándolo de regreso: —Iré a visitar a mi madre —le hice saber—. Está preocupada.
—Oh.
—¿Quieres venir? —pregunté— Estoy seguro que mi madre se alegrará de verte.
Levi hizo un ademán, antes de llevarse una mano a la nuca. Acarició esa zona largamente durante algunos momentos, parecía estar pensando en la idea.
—No lo sé —contestó.
Torcí el gesto, aunque luego sonreí de regreso.
—Vamos, capitán —dije, para intentar convencerlo—. Nos hará bien alejarnos de aquí por unos días. Sólo... sólo hay que ir y divertirnos; olvidarnos de todo.
Riv suspiró, antes de clavar sus ojos verdes —que, en ocasiones, parecían grises— en los míos. Durante un momento, creí perderme en la infinita profundidad de sus orbes. Tanto así que el mundo entero dejó de existir por un segundo...
—Bien, supongo que tienes razón —admitió, quitando la mirada—. Sólo unos días.
Le sonreí.
Realmente necesitábamos eso.
.
CONTINUARÁ...
.
N/A: Estoy estúpidamente feliz ; A ; ! ! No puedo creer que esta historia ya casi llega a los 90 reviews ❤ ❤ ❤ ; A ; ! ! Muchas gracias por el apoyo que he recibido, no saben lo feliz que me hace que les guste este fic -feelings- ❤
Y como estoy feliz, el próximo capítulo será todo tierno❤ -spoiler(?)-, se los prometo. Ya no habrá más sufrimiento para estos dos (al menos no por el momento 8D).
En fin, ya no tengo nada más que decir u/u (?) Así que nos vemos en el próximo capítulo, hermosas criaturas ❤
Tengan buen día ❤
Lyne Diamond*
Review? *-*
