Nueva adaptación:

Los personajes le pertenecen a la señora Stephenie Meyer. La historia se llama Provocación y es de la autora Emma Darcy. NADA me pertenece a mi.


Provocación

Emma Darcy

Capítulo 5

Edward volvió a su mesa hecho una furia porque Bella le había robado el regalo de cumpleaños. El entusiasmo de su abuelo por ella era intolerable. Lo había hecho para darle en las narices por su machismo, para poner la guinda en el pastel de su dimisión, para largarse y mostrarle el trasero cubierto de pétalos de rosas. Estaba tan rabioso porque ella había salido de su vida con una victoria, que no podía compartir el buen humor de sus amigos, sobre todo el de los hombres.

-Tengo que reconocértelo, Edward. Ha sido increíble, parecía Marilyn Monroe pero mejorada.

-Puro erotismo con piernas.

-Parece que a tu abuelo le gusta oler esas rosas. Genial, Edward.

-¿De dónde la has sacado?

-Supongo que te habrá salido por un ojo de la cara.

Él habría dado los dos; le había costado mucho más. Perder a Bella como secretaria personal sería un infierno para toda su vida. Entonces se acordó del precio exorbitante de la «modelo». Fue el remate. Estuvo a punto de estallar al darse cuenta de cómo le había tomado el pelo y se había asegurado una buena despedida de su trabajo.

-No pensé en el precio -replicó él con todo el dominio de sí mismo del que fue capaz-. Sólo quería complacer a mi abuelo.

Además de sacar de sus casillas a Bella, se dijo a sí mismo a la vez que se reconocía que el que estaba fuera de sus casillas era él.

-Eso está muy claro -comentó Tanya mientras señalaba con la cabeza hacia la mesa de su abuelo-. A él se le cae la baba con ella.

Él estaba presentando a Bella a su madre y a sus tías mientras ella disfrutaba como una loca. Edward cerró los puños.

-Desde luego, vale cada céntimo que te ha costado -añadió uno de sus amigos para echar más leña al fuego-. ¿De dónde has dicho que la has sacado?

-¡Vale! -exclamó Tanya con cierto tono celoso-. Tantos halagos a esa chica es una ordinariez para las mujeres que estamos a la mesa.

Las mujeres lo confirmaron, aunque en un tono mucho más humorístico que Tanya, y Edward se acordó de que su abuelo siempre decía que las mujeres delgaduchas pensaban demasiado en sí mismas. Él intentó prestarle la atención que ella pedía, pero no le salía de dentro. Ya ni siquiera la encontraba atractiva. Ni siquiera quería acostarse con ella esa noche. En realidad, casi no podía resistir la necesidad de seguir los avances de Bella con su abuelo. Sin embargo, tampoco estaba dispuesto a darle ese placer a su ex secretaria, pero le costaba muchísimo mantener la mirada fija en Tanya y sus amigos. Para colmo, el sonido de los tapones de las botellas de champán le pareció insoportable. Toda la situación se convirtió en un sufrimiento muy doloroso a la espera de que la fiesta terminara.

Por fin, los invitados empezaron a marcharse y sus amigos decidieron seguir en un bar de moda.

Edward no quería acompañarlos. No estaba de humor para ser sociable. Tanya se tomó muy mal que él se excusara alegando un compromiso que se había inventado. Él le propuso que fuera con los demás si le apetecía tanto, y ella aceptó de mala gana.

Edward se preguntó cómo había sido posible que ella le pareciera atractiva en algún sentido. No obstante, su orgullo le dijo que no acabara con esa relación mientras Bella pudiera verlos juntos. Para su mente devastada, eso no sólo sería la guinda del pastel para la provocadora Bella Swan, sino que sería el pastel entero.

Ella estaba agarrada del brazo de su abuelo y se despedía de los invitados como si fuera la anfitriona, lo que indignó a Edward. Él rodeó la cintura de Tanya con el brazo izquierdo, y se acercaron para despedirse.

-Ha sido una fiesta fantástica, Sacacorchos -le dijo Edward con la sonrisa más radiante que pudo esbozar.

Su abuelo extendió la mano derecha para darle un vigoroso apretón.

-Tú has contribuido en gran medida, querido nieto. Te lo agradezco muchísimo.

-Sí, la idea de la tarta fue magnífica -intervino jovialmente Isabella-. Me lo he pasado de maravilla con Anthony.

Edward hizo un esfuerzo por mirarla sin dejar de sonreír.

-Gracias a ti, y te felicito otra vez por tu aparición. También te deseo lo mejor para la nueva ocupación que elijas, Bella -añadió él para demostrar que podía perder elegantemente y que no la llamaría Isabella.

-Que será una vida de casada si tengo alguna posibilidad -afirmó Anthony mientras la miraba con arrobo.

-Anthony... -dijo ella con falsa timidez mientras lo agarraba cariñosamente del brazo.

Edward notó que se lo llevaban los demonios. El león que había dentro de él surgió con toda su fiereza y quiso arrancarla de allí.

-¿Tienes medio de transporte para volver a casa? -le preguntó para parecer considerado.

Ella sonrió con un brillo cálido en los ojos color ámbar.

-Eres muy amable, pero no necesito medio de transporte. Anthony me ha pedido que me quede aquí, y voy a disfrutar de su compañía.

-¿Con qué ropa? -soltó Edward sin pensárselo dos veces.

La imagen de ella con ese biquini de rosas a solas con su abuelo hizo que quisiera llevársela de allí como fuera.

-He traído una muda -contestó ella sin alterarse-. El mayordomo se ha ocupado amablemente de mi bolsa hasta que terminara la fiesta. No tienes que preocuparte por mí, Edward.

-Seguro que no -intervino Tanya con cierto sarcasmo-. Gracias por esta fiesta tan deliciosa, Anthony.

-Me alegro de que te hayas divertido -replicó él con un tono indulgente.

-Cuídate, abuelo -consiguió decir Edward antes de llevarse a Tanya.

-Creo que prefiero cuidar de Isabella -declaró Anthony con entusiasmo-. Mañana iremos de compras y luego comeremos marisco.

-¡Genial! -exclamó ella mientras hacía un arrumaco a su protector.

Edward, que ya había tenido suficiente, se marchó lleno de ira mientras arrastraba a Tanya con él.

-No corras tanto -se quejó ella-. Llevo tacones altos...

-Por mí puedes descalzarte -gruñó él, que había perdido todo encanto de playboy.

Tanya se paró en seco.

-La querías para ti, ¿verdad?

La acusación hizo que Edward también se parara.

-No -contestó él rotundamente.

-Estuviste rondándola cuando bajó de la tarta y has querido llevarla a su casa. Además, estás fastidiado porque ella prefiere quedarse con Anthony.

-¿Fastidiado? -repitió él con incredulidad.

-¡No te molestes en negarlo! Yo no voy a ser la suplente de una chica que ha salido de una tarta. Adiós, Edward. Me iré con Tyler y Lauren.

Tanya le dio la espalda, avanzó varios pasos, volvió a pararse y se dio media vuelta.

-¡Espero que llegue a ser tu madrastra!

Edward se quedó petrificado mientras esa frase se abría paso en su cabeza como un maremoto. Por primera vez en su vida, no supo qué hacer. Correr detrás de Tanya no tenía sentido. Lo mejor era que esa relación se rompiera independientemente de quién la hubiera roto. Dejaría que ella tuviera la satisfacción de haberlo hecho.

Sin embargo, la deserción de Bella era algo muy distinto. Había sido un golpe bajo. Tenía que defenderse. Tenía que ganar.

Estaba utilizando a su abuelo como arma y escudo, pero cuando estuviera sola...

Esa noche, cuando ella volviera a su apartamento, él estaría esperándola, y Bella Swan no le cerraría la puerta.

.

.

Era medianoche y ella no había vuelto. La desesperación de Edward era infinita. Se habría quedado a dormir en la casa de su abuelo. Fuera como fuese, no tenía sentido seguir allí de guardia. Incluso si ella apareciera, él quedaría como un tonto celoso, y él no era un tonto celoso. Sabía lo que ella se proponía, quería ir un paso por delante de él para darle jaque mate, pero estaba decidido a decir la última palabra.

Volvió a su casa con esa decisión metida en la cabeza.

Sin embargo, le resultó muy difícil decir la última palabra. Bella no contestó el teléfono el domingo, y Edward se consumió ante la idea de que estuviera de compras y comiendo con su abuelo. Se obligó a tranquilizarse. Sólo tenía que esperar un poco para dar con ella.

El lunes fue peor y le pareció muy difícil ser educado con la secretaria provisional. Era una rubia delgaducha que no paraba de mandarle señales de disposición que no le interesaban. En realidad, sospechaba que Bella le había buscado una mujer del tipo que a él le gustaban. Era otro bofetón.

En cualquier caso, cuando la llamaba a su apartamento, siempre saltaba el contestador automático. ¿Se habría ido de vacaciones? Aunque... no podía creerse que siguiera tonteando con su abuelo. Eso sólo había podido ser un juego.

Llamó a la mansión de su abuelo. Contestó el mayordomo.

-Soy Edward. ¿Está mi abuelo, Harold?

-El señor Anthony ha salido.

Edward dudó, pero tenía que salir de dudas.

-¿Y la señorita Swan?

-La señorita Swan ha acompañado al señor Anthony.

Edward notó un vacío en el estómago.

-¿Cuándo volverán?

-La cena se servirá a la hora de costumbre. Me imagino que habrán vuelto para entonces.

En plural, no sólo su abuelo.

-Gracias, Harold -Edward hizo un esfuerzo por disimular su ira-. Llamaré más tarde.

-¿Quiere que les diga algo?

-No, gracias.

No pudo concentrarse en ningún trabajo. ¿Sería algo serio? Su abuelo podía ofrecer cualquier lujo a una mujer, pero era imposible que Bella se planteara casarse con un hombre de ochenta años. Quizá hubiera adoptado el papel de su secretaria personal. Su abuelo le daría todos los caprichos y disfrutaría haciéndolo. Además, Bella lo haría perfectamente, como lo había hecho siempre. ¡Malditos fueran! Ese supuesto era tan insoportable como el matrimonio. ¿Qué podía hacer él? Estaba rumiando el asunto cuando su secretaria provisional le dijo que tenía una llamada de Tanya. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para intentar ordenar sus ideas y atenderla. Era tarde y esperaba que ella no quisiera una reconciliación.

-Tanya... ¿qué se te ofrece? -le preguntó él sin mucho énfasis.

-Acabo de volver de hacer un pase de modelos benéfico... -ella le recordó que era una reina de la pasarela-. ¿A que no sabes a quién he visto?

-Dímelo tú -Edward sintió un escalofrío al imaginárselo.

-A Anthony y tu bomboncito.

-Seguro que estaban pasándoselo muy bien.

-¡Puedes estar seguro! El champán corría a raudales y tenían un buen motivo. Ella lleva un anillo con un diamante enorme... A lo mejor tendrías que ir a besar a la novia...


Lamento la demora, estoy muy apenada con ustedes, pero no había tenido internet :/

Nos leemos.
Besos...