¡Holas!

Romance en el aire, juju.

Veremos un Harry "algo" celoso y un Christopher ¿encantador?

A leer...


Capítulo 5

...

Ambos hermanos Potter asistieron a la reunión de patinaje de los McLaggen, aunque es difícil afirmar que su encuentro fuera afable. En efecto, ha llegado a oídos de Esta Autora que el conde y su hermano casi llegaron a las manos.

Esto, querido lector, habría sido algo digno de ver. ¡Boxeo sobre patines! ¿Qué será lo siguiente? ¿Lucha bajo el agua? ¿Tenis a caballo?

Revista de Sociedad de Lady Skeeter,

4 de febrero de 1814.

...

Cuando Draco posó su mano en la de Christopher fue como si hubiera retrocedido en el tiempo. Había pasado medio año desde que había estado de pie así de cerca del hombre que había destrozado su corazón —o por lo menos su orgullo— y a pesar de lo mucho que deseó no sentir nada...

Lo hizo.

Su corazón se saltó un latido, su estómago se tensó y se le entrecortó el aliento, y oh, cómo se odió por todo ello.

Christopher no debería significar nada. Nada. Menos que nada si de él dependiera.

—Christopher —dijo, tratando de mantener la voz calmada incluso mientras tiraba de su mano para soltarse.

—Draco —dijo él, cariñosamente, sonriéndole de esa forma suya, oh-que-seguro-de-mi-mismo-estoy—. ¿Cómo estás?

—Bien —contestó, irritado, después de todo, ¿cómo creía que iba a estar?

Christopher se giró para ofrecer una mano a su hermano, pero Harry ya se había puesto en pie.

—Harry —dijo Christopher, cordialmente—. No esperaba verte aquí con Draco.

—Yo no esperaba verte aquí en absoluto —contestó Harry.

Christopher se encogió de hombros. No llevaba sombrero, y un mechón de su pelo oscuro le caía sobre la frente.

—Hemos decidido asistir esta misma mañana.

—¿Dónde está Astoria? —preguntó Harry.

—Con su madre cerca del fuego. No le gusta el frío.

Permanecieron allí de pie durante un momento, un torpe trío sin nada que decir. Era extraño, pensó Draco, dejando vagar sus ojos despacio de un hermano Potter al otro. Durante todo el tiempo que había pasado con Christopher, nunca lo había visto quedarse sin palabras o sin una sonrisa fácil. Él era un camaleón, deslizándose y adaptándose a cualquier situación con extrema facilidad. Pero ahora, Christopher simplemente contemplaba a su hermano con una expresión que no llegaba a ser de hostilidad.

Pero tampoco era amistosa.

Harry no parecía muy contento, tampoco. Él tendía a permanecer más erguida y rígidamente que Christopher, su postura era siempre correcta y formal. Verdaderamente, era raro que cualquier hombre se moviera con la sencilla y fluida gracia que Christopher personificaba. Pero ahora Harry parecía, incluso, casi demasiado tieso, su mandíbula demasiado apretada. Cuando ellos se habían reído con tanta fuerza, solo unos momentos antes en el montón de nieve, había visto al hombre y no al conde.

Pero ahora...

El conde, definitivamente, había regresado.

—¿Quieres dar una vuelta sobre el hielo? —preguntó Christopher, de repente.

Draco se sobresaltó sorprendido cuando se dio cuenta de que Christopher se dirigía a él. No es que pensara que hubiera querido dar una vuelta sobre el hielo con su hermano, pero de todos modos, tampoco parecía apropiado que lo hiciera con él. Sobre todo con Astoria tan cerca.

Draco frunció el ceño. Especialmente con la madre de Astoria tan cerca de Astoria. Esta era una de esas cosas que ponían a una esposa en una posición potencialmente embarazosa; era incluso peor hacérselo a la suegra de alguien.

—No estoy seguro de que sea una buena idea —trató de escabullirse.

—Deberíamos aclarar el ambiente —dijo él, con tono decidido—. Mostrarles a todos que no sentimos ningún resentimiento.

¿Ningún resentimiento? La mandíbula de Draco se puso rígida. ¿De qué demonios creía que estaba hablando? Él sentía resentimiento. Mucho. Después del pasado verano, sus sentimientos hacia Christopher se habían tornado malditamente resentidos.

—Por los viejos tiempos —lo engatusó Christopher, con su sonrisa infantil iluminando su cara.

¿Su cara? Para ser honesto, iluminaba todo el muelle. Las sonrisas de Christopher siempre tenían ese efecto.

Pero esta vez, Draco no sintió el habitual estremecimiento de entusiasmo. En cambio se sintió un poco irritado.

—Estoy con Lord Potter —dijo rígidamente—. No sería cortés abandonarlo.

Christopher soltó un pequeño aullido de risa.

—¿Harry? No te preocupes por él. —Se dio la vuelta hacia su hermano—. No te importa, ¿no, viejo?

Harry tenía aspecto de que le importaba muchísimo, pero, por supuesto, no lo diría.

—En absoluto.

Lo que dejó a Draco más irritado con él de lo que lo estaba con Christopher. Sí, sí le importaba, ¿por qué no hacía algo sobre ello? ¿Pensaba que él quería patinar con Christopher?

—Bien —dijo—. Vamos allá, entonces. Si vamos a patinar, bien podemos hacerlo antes de que se nos congelen los dedos de los pies.

Su tono solo podía ser calificado de cortante, y ambos hermanos Potter lo miraron sorprendidos y curiosos.

—Estaré en la mesa del chocolate —dijo Harry, dedicándole una cortés inclinación mientras Christopher enlazaba su brazo con el suyo.

—¿Y si ya no está caliente, entonces estarás en la del brandy? —bromeó Christopher.

Harry contestó a su hermano con una rígida sonrisa y se alejó patinando.

—Draco —dijo Christopher, dedicándole una cálida mirada—. Contento de que se haya marchado, ¿eh? Ha sido un alivio.

—¿Lo ha sido?

Christopher se rio entre dientes.

—Sabes que lo ha sido.

—¿Cómo te trata el matrimonio? —preguntó el rubio, intencionadamente.

Christopher se estremeció.

—No pierdes el tiempo, ¿verdad?

—Ni tú tampoco, por lo visto —refunfuñó él, aliviado, cuando comenzaron a patinar. Cuanto antes empezaran a dar su vuelta alrededor de la pista, antes terminarían.

—¿Entonces, todavía estás enojado? —preguntó Christopher—. Esperaba que hubieras logrado dejar atrás el pasado.

—Logré dejarte a ti atrás —dijo él—. Mi cólera es algo totalmente distinto.

—Draco —dijo Christopher, aunque en realidad, su voz sonaba más bien como un gemido. Suspiró, y lo miró. Sus ojos estaban llenos de preocupación, y su cara había asumido un aire herido.

Y tal vez, realmente, se sentía herido. Tal vez, verdaderamente, no había querido hacerle daño y honestamente pensaba que él era capaz de ignorar todo el desagradable episodio como si nada hubiera pasado.

Pero él no podía. Simplemente no era tan buena persona. Draco creía que algunas personas eran verdaderamente buenas y agradables en su interior y otras solamente trataban de serlo. Y él debía pertenecer a este último grupo, porque simplemente no podía reunir bastante caridad cristiana para perdonar a Christopher. Aún no, al menos.

—No han sido unos meses agradables —dijo, con voz rígida y cortante.

La mano de Christopher se apretó alrededor de su brazo.

—Lo siento —dijo—. ¿Pero no ves que no tenía ninguna otra opción?

Draco lo miró con incredulidad.

—Christopher, tú tienes más opciones y oportunidades que cualquier otra persona que conozco.

—Esto no es verdad —insistió él, mirándolo atentamente—. Tuve que casarme con Astoria. No tenía ninguna otra opción. Yo...

—No —le advirtió Draco, con voz grave—. No sigas por ese camino. No es justo para mí y ciertamente no es justo para Astoria.

—Tienes razón —dijo Christopher, algo avergonzado—. Pero...

—¡Y me importa un comino por qué te casaste con Astoria! ¡No me importa si llegaste hasta el altar con la pistola de su padre apretada contra tu espalda!

—¡Draco!

—No importa cómo o por qué te casaste con ella —siguió Draco, apasionadamente—, podrías habérmelo dicho antes de anunciarlo en el baile de los Mottram delante de los cuatrocientos invitados.

—Lo siento —dijo él—. Fue imperdonable por mi parte.

—Ya lo sé —refunfuñó el rubio, sintiéndose un poco mejor ahora que había tenido la posibilidad de desahogarse directamente con Christopher, en vez de como habitualmente lo hacía, a solas. Pero en todo caso, ya era suficiente, y advirtió que no quería permanecer más tiempo en su compañía.

—Creo que deberías llevarme con Harry —dijo.

Las cejas de Christopher se elevaron.

—Ahora es Harry, ¿verdad?

—Christopher —dijo con voz irritada.

—No puedo creer que llames a mi hermano por su nombre de pila.

—Él me dijo para hacerlo así, y de todas formas no creo que esto sea algo que te incumba.

—Desde luego que me incumbe. Fuimos pareja durante meses.

—Y tú te casaste con otra persona —le recordó él. ¡Dios!, ¿estaba Christopher celoso?

—Es solo que... Harry —escupió Christopher con voz desagradable—. De entre toda la gente, Draco.

—¿Qué pasa con Harry? —preguntó—. Él es tu hermano, Christopher.

—Exactamente. Lo conozco mejor que nadie. —Su mano apretó su cintura cuando ellos dieron la vuelta sobre el embarcadero—. Él no es el hombre adecuado para ti.

—Creo que no estás en posición de aconsejarme.

—Draco...

—Sucede que me agrada tu hermano, Christopher. Él es divertido, y simpático, y...

Christopher tropezó, lo cual era algo muy raro para un hombre con su gracia de movimientos.

—¿Has dicho divertido?

—No sé, supongo que lo hice. Yo...

—¿Harry? ¿Divertido?

Draco recordó los momentos en el montón de nieve, el sonido de la risa de Harry y la magia de su sonrisa.

—Sí —dijo con tranquilidad—. Él me hace reír.

—No sé qué está pasando —refunfuñó Christopher—, pero mi hermano no tiene ningún sentido del humor.

—Eso no es verdad.

—Draco, yo lo he conocido durante veintiséis años. Creo que eso cuenta más que tu relación de ¿cuánto? ¿una semana?

Draco sintió que su mandíbula se apretaba en una línea enojada. No le gustaba que nadie fuera condescendiente con él, especialmente Christopher.

—Me gustaría regresar a la orilla —dijo mordiendo las palabras—. Ahora.

—Draco…

—Si no deseas acompañarme, volveré solo —le advirtió.

—Solamente una vuelta más, Draco —lo engatusó Christopher—. Por los viejos tiempos.

Draco lo miró, lo cual fue un terrible error. Christopher lo estaba mirando fijamente con aquella expresión que volvía siempre sus rodillas de mantequilla. No sabía cómo unos ojos azules podían parecer tan cálidos, pero los del moreno prácticamente derretían. Lo miraba como si él fuera la única persona en el mundo, o el último bocado de comida para un famélico, o...

No. Estaba hecho de un material más resistente ahora, y sabía que no era la única persona en el mundo para el otro, pero parecía realmente sincero, y pese a su inmadura forma de ser, Christopher no era, en el fondo, mala persona. Sintió que su resolución se debilitaba, y suspiró.

—Bueno —dijo con voz resignada—. Una vuelta más. Pero eso es todo. Vine con Harry, y no es justo dejarlo solo.

Y cuando se pusieron en marcha para otra vuelta alrededor de la pista habilitada por Lord y Lady McLaggen para sus invitados, Draco se dio cuenta de que realmente quería regresar con Harry. Christopher podría ser hermoso, y podría ser encantador, pero no hacía que su corazón palpitara con una sola mirada.

Harry sí.

Y nada podía haberlo sorprendido más.

...

Los criados de los McLaggen habían encendido un fuego bajo la tina del chocolate, así que la bebida estaba malditamente caliente, aunque no lo suficientemente dulce. Harry se había bebido tres tazas de la amarga poción antes de darse cuenta de que el calor que comenzaba finalmente a sentir en sus dedos de las manos y de los pies no tenía nada que ver con el fuego de su izquierda y todo con la cólera que había estado cociéndose a fuego lento en su interior desde el momento en que Christopher había aparecido junto al montón de nieve y los había mirado desdeñosamente a él y a Draco.

¡Infierno y condenación!, eso no era exacto. Christopher había mirado a Draco. No podía haberse preocupado menos por Harry —su hermano, por el amor de Dios— y lo había mirado fijamente, de un modo en que, se suponía, ningún hombre miraba a alguien que no fuera su consorte.

Los dedos de Harry se apretaron alrededor de su taza. Oh, muy bien, exageraba. Christopher no había mirado a Draco de forma lujuriosa (Harry debería saber distinguirlo, ya que él había estado mirándolo exactamente de ese modo), pero su expresión había sido definitivamente posesiva, y sus ojos se habían encendido de celos.

¿Celos? Si Christopher hubiera querido tener derecho a sentir celos por Draco, él debería haber hecho lo malditamente correcto y casarse con el rubio, y no con Astoria.

Apretando la mandíbula hasta casi encajarla, Harry miró cómo su hermano conducía a Draco alrededor de la pista de hielo. ¿Lo quería Christopher aún? Harry no estaba preocupado; bueno, no demasiado. Draco nunca se deshonraría siendo demasiado familiar con un hombre casado.

Pero, ¿y si Draco todavía lo añorara? Demonios, ¿y si Draco todavía lo amaba? Dijo que ya no lo hacía, pero ¿conocía Draco realmente su propio corazón? Los seres humanos tendían a engañarse a sí mismos cuando estaban enamorados.

¿Y si él se casara con Draco —y tenía toda la intención de hacerlo— y Draco todavía amaba a Christopher? ¿Cómo podría soportarlo, sabiendo que su esposo prefería a su hermano?

Era una perspectiva espantosa.

Harry dejó su taza sobre una mesa cercana, ignorando las asustadas miradas de sus compatriotas cuando esta aterrizó con un ruidoso golpe, salpicando chocolate sobre el borde.

—Su guante, milord —indicó alguien.

Harry bajo la mirada desapasionadamente hacia su guante de cuero, que se estaba volviendo marrón oscuro donde el chocolate había caído. Seguramente lo había arruinado, pero a Harry no podía importarle menos.

—¿Milord? —preguntó de nuevo la misma voz anónima.

Harry debió volverse hacia él con una expresión cercana a un gruñido, porque el joven caballero se apresuró a marcharse.

Y alguien que se alejara del fuego durante un día tan helado como este debía desear estar en cualquier otra parte con mucha fuerza.

Unos momentos más tarde, Christopher y Draco reaparecieron, patinando perfectamente sincronizados. Christopher lo contemplaba con aquella expresión extraordinariamente cálida que había perfeccionado a la edad de cuatro años (Christopher jamás había sido castigado por nada; una mirada arrepentida de aquellos enormes ojos azules conseguía salvarlo de cualquier reprimenda), y Draco lo miraba fijamente con una expresión de...

Bien, para ser sincero, Harry no estaba muy seguro de cuál era la clase de expresión que estaba en su cara, pero no era la que él habría querido ver, odio puro.

O furia, esa también habría sido aceptable. O tal vez completa indiferencia. Sí, una completa carencia de interés habría sido la mejor.

Pero en cambio Draco lo miraba con algo próximo al afecto cansado, y Harry no sabía cómo interpretar esto.

—Aquí está —dijo Christopher, una vez que llegaron hasta él—. De vuelta a tu lado. Sano y salvo como prometí.

Harry pensó que Christopher utilizaba un tono un tanto demasiado agresivo, pero no tenía ningún deseo de prolongar el encuentro, así que todo lo que dijo fue—: Gracias.

—Ha sido un paseo encantador, ¿no, Draco? —dijo Christopher.

—¿Qué? Oh, sí, por supuesto —contestó el rubio—. Ha estado bien ponerse al día.

—¿No tienes que regresar junto a Astoria? —preguntó Harry intencionadamente.

Christopher solo sonrió abiertamente, casi desafiante.

—Astoria estará bien sin mí durante unos minutos. Además, ya te dije que estaba con su madre.

—Sin embargo —dijo Harry, siendo francamente irritante ahora—, Draco está conmigo.

—¿Qué tiene eso que ver con Astoria? —lo desafió Christopher.

La barbilla de Harry se alzó unos milímetros.

—Nada, salvo que tú estás casado.

Christopher plantó las manos sobre sus caderas.

—A diferencia de ti, que no estás casado con nadie.

Los ojos de Draco iban de acá para allá, de hermano a hermano.

—¿Qué demonios se supone que significa eso? —exigió Harry.

—Nada, salvo que deberías poner tus propios asuntos en orden antes de meterte en los míos.

—¡Tuyos! —casi explotó Harry—. ¿Desde cuándo ha pasado Draco a ser asunto tuyo?

Draco se quedó boquiabierto.

—¿Cuándo lo ha sido tuyo? —replicó Christopher.

—No creo que eso te concierna.

—Bien, pues me concierne más a mí que...

—¡Señores! —los interrumpió finalmente Draco, incapaz de creer la escena que se desarrollaba delante de sus ojos. Harry y Christopher reñían como un par de chiquillos de seis años incapaces de compartir su juguete favorito.

Y él parecía ser el juguete en cuestión, una metáfora que encontró más bien insultante.

Pero ellos no lo oyeron, o si lo hicieron, no les importó, porque siguieron discutiendo hasta que se colocó físicamente entre ambos.

—¡Harry! ¡Christopher! Es suficiente.

—Apártese, Draco —dijo Harry, casi gruñendo—. Esto no es por usted.

—¿No lo es? —Draco preguntó.

—No —dijo Harry con tono duro—, no lo es. Es por Christopher. Siempre es por Christopher.

—Un momento —dijo Christopher furioso, empujando a Harry en el pecho.

Draco jadeó. ¡Iban a liarse a golpes! Miró alrededor, pero gracias a Dios, nadie parecía haberse percatado de la inminente pelea, ni siquiera Astoria, que estaba sentada a poca distancia, charlando con su madre.

—Te casaste —prácticamente siseó Harry—. Perdiste cualquier derecho sobre Draco cuando...

—Me marcho —anunció el rubio.

—... te casaste con Astoria. Y deberías haber considerado...

—¡He dicho que me marcho! —repitió Draco, preguntándose por qué se preocupaba de si lo habían oído o no. Harry había dejado bastante claro que esto no era por él.

Y no lo era. Cada vez estaba más claro. Draco era simplemente un tonto premio a conseguir. Christopher lo quería porque pensaba que Harry lo tenía. Harry lo quería por la misma razón. Ninguno de los dos se preocupaba realmente por él; lo único que les importaba era ganarse el uno al otro en alguna tonta competición de toda la vida.

¿Quién era el mejor? ¿Quién era el más fuerte? ¿Quién tenía más juguetes?

Era estúpido, y Draco estaba harto de ello.

Y herido. Profundamente herido en lo más hondo de su corazón. Durante un mágico momento, Harry y él se habían reído y habían bromeado, y él se había permitido soñar con que algo especial estaba creciendo entre ellos. Harry no se había comportado como ningún otro hombre que conociera. Realmente lo escuchó, lo cual era una experiencia nueva. Y cuando el moreno se rio, el sonido había sido cálido, rico y sincero. Draco tenía la teoría de que uno podía saber mucho sobre una persona por su risa, pero tal vez esto era tan solo otro sueño perdido.

—Me marcho —dijo por tercera vez, sin estar muy seguro de por qué se molestaba. Quizás era alguna clase de enfermiza fascinación con la situación que tenía entre manos, una morbosa curiosidad por ver lo que ellos harían cuando realmente comenzara a alejarse.

—No, no se va —dijo Harry, agarrando su muñeca en el instante en que se movió.

Draco parpadeó sorprendido. Lo había estado escuchando.

—Lo escoltaré —dijo el moreno rígidamente.

—Obviamente está bastante ocupado aquí —dijo Draco, con una sarcástica mirada hacia Christopher—. Estoy seguro de que puedo encontrar a algún conocido que me lleve a casa.

—Vino conmigo. Se marchará conmigo.

—No es...

—Es necesario —dijo Harry, y Draco, de repente, entendió por qué era tan temido entre los miembros de la Temporada.

Su tono podría haber congelado el Támesis.

Miró el hielo, sobre el río, y casi se rio.

—En cuanto a ti, hablaremos más tarde —dijo bruscamente Harry a Christopher.

—¡Pffft! —Draco se tapó la boca con la mano.

Harry y Christopher se volvieron a mirarlo con expresión irritada. Draco luchó contra otro acceso de sumamente inoportuna risa. Nunca había pensado que ellos se parecieran tanto el uno al otro hasta ahora. Cuando ambos lo miraron exactamente de la misma forma, sumamente enojados.

—¿De qué te ríes? —exigió Christopher.

Draco apretó los dientes para impedirse sonreír.

—De nada.

—Obviamente es de algo —dijo Harry.

—No es por usted —contestó Draco, con risa apenas contenida. Era divertido devolverle sus propias palabras.

—Se está riendo —lo acusó Harry.

—No me río.

—Lo hace —dijo Christopher a Harry, dejando de discutir el uno con el otro en ese instante.

Por supuesto que ya no discutían entre ellos; ahora se habían aliado contra él.

Draco miró a Harry, después miró a Christopher. Volvió a mirar a Harry, que fruncía el ceño tan ferozmente que Draco debería estar temblando encima de sus patines, pero en cambio simplemente se echó a reír.

—¿Qué? —exigieron Harry y Christopher al unísono.

Draco solamente sacudió la cabeza, tratando de decir, «no es nada», mientras reía, pero no lo logró y solo consiguió parecer un trastornado.

—Lo llevo a casa —dijo Harry a Christopher.

—Será lo mejor —contestó Christopher—. Evidentemente no puede permanecer aquí. —Entre la sociedad civilizada, implicaba la frase.

Harry lo tomó por el codo.

—¿Está listo para marcharse? —le preguntó, a pesar de que Draco había anunciado su intención de hacer exactamente eso nada menos que tres veces.

Draco asintió, y se despidió de Christopher antes de permitir que Harry se lo llevara.

—¿Qué ha sido todo eso? —le preguntó Harry, una vez que estaban acomodados en su carruaje.

Draco sacudió la cabeza inútilmente.

—Se parecía tanto a Christopher.

—¿A Christopher? —repitió Harry, con voz teñida de incredulidad—. No me parezco en nada a Christopher.

—Bien, tal vez no en los rasgos —dijo Draco—. Pero sus expresiones eran idénticas, y usted actuaba exactamente igual que él.

La expresión de Harry se volvió pétrea.

—Nunca actúo como Christopher —dijo, mordiendo las palabras.

El rubio se alzó de hombros por toda respuesta.

—¡Draco!

Lo miró con las cejas arqueadas.

—No actúo como Christopher —repitió Harry.

—No, normalmente no.

—Hoy tampoco.

—Sí, hoy sí, me temo. Lo hizo.

—Yo… —Pero no terminó la frase. En cambio, apretó los labios y mantuvo la boca cerrada, abriéndola solo para decir—: Estará en casa pronto.

Lo que no era cierto. Había unos buenos cuarenta minutos hasta Portman Square. Draco sintió el paso de cada uno de esos minutos con insoportable detalle, puesto que ninguno de ellos volvió a decir una palabra hasta que llegaron a su casa.

El silencio, se percató, podía ser increíblemente ensordecedor.


RWR

Kirei: Me alegra que te esté gustando :) No tengo fecha definida para actualizar pero generalmente lo hago cada semana (fin de semana o lunes).

Murtilla: Sííí. Harry morirá de celos lentamente y ya verás lo que sucede con Christopher XD

Espiga de virgo: Oh, a mí tampoco me gusta la visión de ukes sumisos y sin personalidad, se me hacen tremendamente cansinos. Los prefiero con ingenio, inteligencia y mucha gracia. Harry es un hombre que sabe lo que quiere y va por ello, lo que resulta atrayente y seductor. Jajaja, sobre el triángulo amoroso te digo que ambos Potter se mostrará celosos.

SweetSilence: Es un placer que más personas disfruten lo que se comparte, ese es el fin.

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Parece que a Harry no le gustó ser comparado con su lindo hermanito, y menos por Draco, pero ¿a quién le haría gracia?

Un poco caradura Christopher, ¿no?

Cuéntenme qué les pareció ^^