Notas del autor: saludos a quienes siguen esta historia. Solamente tenía la inquietud de que el número de views en el capítulo 5 es mayor que el 4. Si de casualidad se saltaron ese capítulo sólo les recomiendo ir a leerlo para entender como se ha llegado al lugar donde se está desarrollando la historia.

Capítulo 6: A bordo.

¡Torbellinos! Había numerosos torbellinos alrededor. Sus dimensiones eran de unos pocos metros, pero la manera en la que mantenían su forma a tal altura en medio del aire era algo absurdo… como todo en ese mundo. Soraya dirigía a su Pokémon con el manubrio de la silla de montar. Cuando pasaba lo suficientemente cerca de ellos podía sentir como el aire zumbaba tan amenazadoramente como una cierra eléctrica. La chica apretó su agarre y mantuvo la concentración. Continuó zigzagueando entre los torbellinos hasta que finalmente ya no se encontró con ninguno. La quietud cayó sobre ella de manera abrupta. Soltó un prolongado suspiro de alivio y luego inhaló profundamente. Precavidamente miró hacia atrás. Todos esos torbellinos habían desaparecido lo que aumentó su alivio. El Drampa que ella montaba compartía sus sentimientos.

–Nada mal – le dijo Neo acercándose.

–Eso no fue bonito…

–Tenía confianza en que lo sabrías manejar.

Soraya dirigió a su Pokémon para que se acercara a unas nubes donde podrían descansar. En ese momento estaban a varios kilómetros lejos de aquella isla. Ella aprovechó para quitarse el casco y sus gafas protectoras. Emolga la felicitó con sus típicas caricias. El Latios había insistido en hacerle una tutoría sobre el clima y las condiciones del lugar. La lección número uno se trataba de lidiar con esos misteriosos torbellinos que parecían ataques de Pokémon, solamente que su origen era natural. Era una razón válida para querer usar el equipo de protección que compró en Alola en lugar de ir a lo retro en sus ropas ordinarias.

–Neo – Soraya vio hacia el océano debajo de ellos – ¿Qué tan alto se puede subir sin que deje de ser… relativamente seguro?

El Latios alzó su vista al cielo.

–La verdad… Puedes subir mucho sin que te falte aire o sea muy frío. De hecho es como si una inmensa burbuja rodeara el planeta entero. Debajo de esa capa todo el aire se distribuye por igual, apenas pasas ese fino límite… estás en el espacio exterior.

Definitivamente, Soraya tenía que acostumbrarse a la lógica de ese mundo. Aunque eso último causó más miedo que impresión. Por un momento se imaginó sacando la cabeza por esa "burbuja" y quedando a la intemperie de un vacío.

– ¿Hay alguna forma de saber hasta que altura está? – Preguntó ella.

–He subido antes por curiosidad. Tengo idea a qué altura, pero no te preocupes. Ni los competidores más temerarios van tan alto.

Soraya no se sentía del todo tranquila. Aunque a medida de que iba sabiendo más de las leyes de ese lugar su inseguridad iba siendo reemplazada por emoción. Era una entrenadora aérea después de todo. Tenía que actuar profesionalmente y desplegar su pasión una vez conociera las condiciones en las que alzaría el vuelo.

Habiendo descansado, la chica volvió a subir sobre su Drampa junto a Neo en su forma humana y ambos regresaron a la ciudad. Estaban hospedados en una posada mientras que la chica aprendía más de ese mundo. Pero según le dijo Neo ya pronto de irían a su siguiente destino. Cuando ella ya estaba en sus ropas ordinarias (Y el manto que ella usaba sobre los hombros), Neo la guio hacia otro extremo de la ciudad. Soraya vio algo de lo que no se había percatado antes. Era una especie de estructura metálica enorme que constaba de numerosas vigas de metal. La estructura se dividía en dos como una pinza. La base estaba encajada en el borde de la isla y permitiéndole a la estructura estar suspendida sobre el precipicio en posición horizontal. En sus cercanías no había casas ni edificios.

–¿Para qué es esto? – preguntó Soraya, además veía que muchos de los habitantes se empezaban a reunir.

Neo le señaló más allá de la isla. Entonces notó como algo enorme se abría paso entre las nueves. La chica boqueó cuando vio a un barco de metal macizo flotando hacia la isla. Las personas se amontonaban cada vez más. La nave terminó encajando en la estructura metálica. Los tripulantes se deslizaron por unas cadenas que luego conectaron al "muelle". El frente del barco se abrió volviéndose una plataforma para que desembarcaran. Docenas de Blastoise jalaban carros de carga. Los ciudadanos se acercaban y acosaban a los tripulantes. Hablaban tan rápido y al mismo tiempo que Soraya no les entendía. Neo la tomó de la mano y la sacó de la multitud.

– ¿Otra de tus sorpresas? – preguntó Soraya.

–Esta es una nave de carga. Traen cosas para comprar y vender– explicó –, pero también sirve para viajar entre islas. Será más seguro y menos agotador viajar en esto que sobre mí.

Ellos se dirigieron a otro grupo de personas que formaban una fila en frente de una mesa. Soraya vio que las personas pagaban y recibían una laminilla metálica de esquinas curvadas con grabados en su superficie. Pronto llegó su turno.

–Queremos dos cupos – les dijo Neo – y que sea en un lugar cómodo.

El Latios les dio una moneda de sus monedas y el encargado le entregó dos laminillas más relucientes que las que había visto antes.

– ¿Estos son nuestros tiquetes? – preguntó Soraya examinando el trozo de metal.

–Algo así, por lo que sé en este mundo el papel casi no existe.

–Debe ser por la falta de árboles…– Ella miró al barco otra vez– Neo, ¿cómo hacen para hacer a algo tan grande volar?

–Lo siento, de eso no tengo ni idea.

Estaban caminando entre la multitud para alejarse. Según dijo Neo debían esperar a que bajaran la carga para poder embarcar. Fue en ese momento que Soraya notó algo al pasar al lado de uno de los carros que descendía por la rampa. Una de las cuerdas que mantenía un montón de barriles se rasgó a medias.

–¡Cuidado! – gritó y con un ademán de mano le ordenó a Emolga volar.

La ardilla voladora no dudó y saltó del hombro de su entrenadora. Tomó velocidad en el vuelo y embistió a uno de los transeúntes justo a tiempo antes de que la cuerda se terminara de romper. El Blastoise que llevaba el carro se dio la vuelta y sostuvo la mayoría de barriles evitando que rodaran. Los de la tripulación actuaron en seguida y fueron a ayudar. Por fortuna nada grave ocurrió. Neo se sintió mal por no poder ayudar, pero tenía que mantener su identidad oculta en lo posible.

–Vaya que eso estuvo cerca – habló un sujeto de uniforme marrón que se acercó a ellos. Se notaba que era musculoso y su rostro tenía una abundante barba negra –. Muchas gracias por salvar ese cargamento. Es uno de los más valiosos. Soy el capitán de esta nave. Pueden llamarme capitán Isaac.

–Es…Es un placer – respondió Soraya, insegura.

El capitán notó que a Soraya se le asomaba su laminilla por el bolsillo del pantalón.

–Veo que son pasajeros, justo acababa de organizar el desembarque. Déjenme guiarlos en mi nave personalmente, es lo menos que puedo hacer para agradecer su ayuda.

Neo se sintió aliviado al poder entrar antes y acomodarse. El capitán Isaac los guio hacia el interior de la nave en medio de los carros. Subieron por la plataforma y luego entraron. Soraya vio a todos lados. Parecía ser una estructura compleja que constaba de muchos eslabones que conformaban arcos dentro del casco del barco. Como las costillas de un ser vivo.

– ¿Son jinetes? – les preguntó Isaac mientras subían por una escalera en espiral.

Soraya miró interrogante a Neo.

–Lo somos – respondió el Latios.

–Me lo imaginaba. Eso explica que un par de jóvenes se vayan solos a otra isla y en un cupo costoso.

Siguieron subiendo pasando por varios niveles. A parte de la bodega principal los corredores de la nave no eran tan espaciosos.

–¿Y exactamente cómo hacen para que esto vuele? – le preguntó Neo.

–Oh hay jóvenes que no lo saben – comentó el capitán –. La aleación con la que construimos la nave es muy ligera y resistente. En los niveles superiores hay recámaras que se llenan con piedras flotantes y es lo que nos mantiene en el aire. En el pasado las naves iban por el mar, pero con la implementación de este mineral el recorrido se hace mucho más rápido. Los mejores ingenieros pueden incluso diseñar y construir fortalezas flotantes.

Por lo que sabía Soraya, estaba hablando de aquel ítem que servía para disminuir a la mitad el peso de todo Pokémon que la lleve equipada. Subieron más niveles y llegaron a un corredor largo. No había nadie e incluso Neo parecía inseguro en ese momento.

–No hay prisa por ir a su camarote – les dijo Isaac –. Quiero mostrarles donde todo ocurre.

Su sonrisa los tranquilizó y decidieron seguirlo. Al final del corredor llegaron a una puerta que daba la impresión de ser de un submarino. El capitán la abrió usando una llave. Dentro estaba una recamara amplia con un timón, llaves de válvulas y tubos con extremos al aire. Había ventanas que proporcionaban

–Esta es la sala de navegación, desde aquí se controla la nave–Explicó Isaac–. El timón es el guía. Las válvulas controlan ciertos flujos del vapor de la maquinaria. Los principales mecanismos se manejan desde el cuarto de máquinas y se les da las indicaciones por estos conductos de comunicación – Señaló los tubos.

Tenían que admitir que ese lugar era fascinante. Luego, subieron por otra escalera de mano a una recamara pequeña que estaba al aire libre. Se podía ver la amplia superficie de la nave. El capitán tomó otra llave y abrió un compartimiento del cual sacó un aparato que Soraya había visto en vitrinas de exposiciones de historia o siendo usados por los más fanáticos de la astronomía.

–Un sextante – señaló la chica.

–¿Lo conoces? –Preguntó Isaac.

Ella asintió.

–Esta es la posición más importante. El vigía es el que tiene mejor vista para determinar la posición de los astros y el clima que nos rodea, sin embargo es la posición más vulnerable a ataques a distancia.

–¿Ataques?

–Oh no te preocupes pequeña niña. Es muy raro que ocurran y tenemos los Blastoise para defendernos. La tierra nos da todo lo que necesitamos para subsistir, pero hay personas que buscan la violencia sin ninguna razón válida. Ellos encuentran un orgullo vacío en hacerse llamar piratas.