Marinette bailaba al ritmo de la música en el mismo círculo que Alya, Rose y Juleka. Nino se había adueñado de la mezcladora (para variar) y había logrado encender la fiesta, animando a todos los asistentes. Adrien bailaba también, con Chloe, dedicándole a Marinette miradas de soslayo. Le había prometido a la rubia bailar un rato con ella y, ahora, no sabía cómo quitársela de encima.
Adrien se había maravillado ante el disfraz de Lady Bug que Marinette había llevado, estaba seguro de que ella misma lo había confeccionado y le sonrió a la pasada a manera de saludo.
Sin duda alguna, Marinette siempre había sido una promesa para la industria de la moda, y si Adrien esperaba algo justo ahora, era ver a su amiga triunfando.
Marinette soltó un suspiro, cansada del ruido y de estar en movimiento, se disculpó a gritos con sus amigas y salió del lugar hacia el balcón. Agradeció internamente que la fiesta de disfraces de Chloe se realizara en el salón del último piso del hotel, así podía salir a la terraza a respirar sin preocuparse por el ruido de la ciudad. La chica tomó una botella de agua camino al balcón y suspiró de nuevo, agradeciendo el descanso para sus oídos.
Un trueno surcó el cielo y la chica levantó la vista hacia las nubes, preguntándose cuánto más tardaría la lluvia en caer. Sonrió cuando un relámpago iluminó las nubes y cayeron las primeras gotas de agua. En realidad, todo ocurrió en un instante. La lluvia pareció soltarse en cuanto la chica terminó aquel pensamiento; Marinette levantó el rostro con los ojos cerrados para sentir las gotas frías de agua caer en su piel. Si su cabello o su vestido se arruinaban con la lluvia, aquello no importaba tanto, no le interesaba verse bonita y tenía un rato pensando en escaparse de la fiesta; tal vez, sólo tal vez, algún parisino akumatizado atacaría y ella podría ver a Chat Noir esa noche. La idea le agradaba bastante, quería que el héroe la observara en su vestido confeccionado por ella misma. Suspiró al escuchar un golpe seco a sus espaldas.
Cuando se giró sobre sí misma para revisar el origen de aquello, se quedó helada al descubrir a Chat Noir. El felino sostenía una sombrilla y le daba la espalda, observándola de reojo. Cuando ambos chicos conectaron miradas, él se giró con una sonrisa y le ofreció el paraguas. Marinette vio en aquel gesto un deja vu.
Adrien Agreste había hecho lo mismo en sus primeros encuentros, un día de lluvia que parecía haber ocurrido demasiados años atrás. En realidad no tenían tanto tiempo combatiendo al crimen, aunque ya hubiesen pasado dos años, dos años no eran tanto tiempo.
Marinette aceptó el paraguas con expresión anonadada, sintiendo por primera vez que todas las piezas parecían ajustarse en su lugar. La figura de Chat Noir en la lluvia era demasiado parecida a la de Adrien aquel día, incluso su sonrisa torcida y su actitud serena era igual. El paraguas se cerró en torno a la chica, que a pesar de tener un miraculous y un guardián de la buena suerte, seguía siendo torpe. Chat rio ante aquello y las dudas de Marinette se despejaron. Se trataba de él.
Esta vez se sintió incapaz de unirse a las risas de su compañero de batallas, abrió el paraguas para observar las facciones de Chat al reír. Él se dio la vuelta, aun mirándola de reojo.
—Nos vemos mañana. —Murmuró antes de saltar hacia el techo del hotel.
Marinette cayó de rodillas en su lugar, sintiendo el corazón latir a mil por hora, sintiendo la respiración agitada, sintiendo que su mundo se venía abajo. ¿Cuántas veces había escuchado a Adrien reír de aquella manera? ¿Cuántas veces habían hecho ambos el mismo gesto? ¿Cuántas veces el joven Agreste había desaparecido justo cuando Chat aparecía?
Tikki subió hasta el oído de Marinette y la pelinegra le dedicó una mirada de reojo, negándose a creer que sus conclusiones fueran reales.
—¿Es él? Tikki… ¿Es ÉL?
La pequeña Kwami le dedicó un abrazo a la azabache, incapaz de afirmar o contradecir su pregunta, se limitó a darle ánimos a su protegida para que ella se levantara y se refugiara de la lluvia.
5 Confesión
Chagrin es una palabra en francés que puede traducirse como tristeza o desamor.
Marinette entró a toda prisa al salón, mirando en todas direcciones en busca de Adrien, si sus sospechas eran ciertas, el joven Agreste no estaría en la fiesta, y si estaba, debía tener el cabello mojado por la lluvia. Claro, que el hecho de que no estuviese en la fiesta no quería decir que fuese Chat Noir.
La pelinegra suspiró tratando de serenar sus pensamientos y paseó la mirada por todo el lugar.
Ya no podía quedarse más tiempo en la fiesta, no se sentía cómoda ahí, necesitaba salir a despejarse y pensar. Tomó sus cosas, aun apretando el paraguas de Chat contra su pecho, y salió disparada hacia el ascensor.
En la calle, caminar en cualquier dirección daba lo mismo, no quería ir a casa tampoco. Decidió ir a la torre Eiffel, seguro ahí encontraría algo de claridad para tratar de desenmarañar todos los pensamientos que la acosaban incansablemente. Abrió el paraguas para refugiarse de la lluvia y sonrió al darse cuenta de que la noche parisina estaba llena de vida; los cafés de las avenidas, los bares ocultos entre callejones, la gente incluso había salido a caminar bajo la lluvia. Montones y montones de paraguas que se habían abierto y parejas tomadas del brazo, apretados el uno contra el otro con la excusa de resguardarse del frío.
Marinette sonrió avanzando entre la lluvia, casi bailando al ritmo de la música de los lugares.
No le importó atraer miradas curiosas, ser el centro de atención de los turistas, mojarse un poco más al bajar el paraguas para hacer algún giro y seguir con su danza bajo la lluvia.
Sonrió cuando divisó la torre Eiffel frente a ella, se sentó en el suelo mojado y sonrió apreciando las luces de la noche de parís. La felicidad que sentía en ese momento sólo podía compararse con las primeras veces que Adrien le había dirigido la palabra, claro, una vez que ella se había declarado enamorada del muchacho.
Suspiró incorporándose y avanzando hacia la torre. Subiría para echar un vistazo a la ciudad desde la punta y luego se transformaría para volver a casa. Estaba cansada y quería dormir un rato, pero primero quería ver la ciudad desde el cielo.
Estando ahí, fácilmente podía entender por qué París era llamada la ciudad del amor.
Una vez en la punta de la torre, Marinette observó la ciudad a sus pies.
Suspiró pensando en Chat, pensando en todas las negativas que Lady Bug le había dedicado porque Marinette estaba demasiado cegada con Adrien como para darse cuenta de lo obvio. Suspiró recargándose en el barandal y observando las luces de las calles reflejadas en el Sena.
—El Ilustrador también estaba enamorado de ti. —Murmuró Tikki flotando hasta el oído de Marinette y sentándose en su hombro.
— ¿De qué hablas? —Murmuró la pelinegra con una sonrisa.
—Pensaba en los chicos que han mostrado interés en ti. El Ilustrador y Chat Noir no son los únicos, también estaba Luka.
— ¡Luka! —Exclamó Marinette sorprendida. No era posible. ¿O sí?
La pelinegra se serenó, arrancándole unas risitas a su kwami. La chica le ofreció una galleta a su guardiana y sonrió volviendo la vista al río.
—Sé que no deben decirnos nada porque nosotros elegimos guardar nuestras identidades. Pero ¿Y si fuera cierto? ¿Y si Chat fuera Ad? —Se sentía incapaz de terminar aquella frase, no quería que tuviera sentido para ella.
Poco a poco, la parte superior de la torre se fue quedando sola, hasta que sólo la pelinegra estuvo ahí, con la ropa empapada y el paraguas a un lado, esperando la quietud para transformarse e ir a casa. Había dejado de llover, pero el aire frío y la ropa mojada no ayudaron nada a la chica. Marinette soltó un estornudo agudo y sonrió cuando Tikki le ofreció un pañuelo de su bolso. Ambas intercambiaron una sonrisa amable y luego una serie de gritos en el suelo parisino, llamaron su atención.
—Aquí vamos de nuevo. —Sentenció Marinette con una sonrisa desafiante. — ¡Tikki! —Pero nuevos gritos en la planta en la que estaba, llamaron su atención. Un hombre con un traje negro, máscara de corazones rotos y bombín, avanzaba entre las parejas que habían tratado de bajar.
Tikki se ocultó en la bolsita de Marinette justo a tiempo para no ser vista por la multitud que volvía, mientras la pelinegra retrocedió, observando a su alrededor en busca de un lugar para transformarse.
—Ah, la Torre Eiffel, el lugar perfecto para los enamorados. —Dijo el villano con tono zalamero, sonriéndole a la gente. Su expresión se tornó sombría y él dedicó miradas de desprecio a las parejas que se abrazaban y a las personas que se anteponían para proteger a sus enamorados. —Pero no esta noche. ¡Esta noche sólo hay espacio para la tristesse!
De un candado que llevaba colgando al cuello, lanzó dos llaves a las parejas más cercanas. El dibujo de un candado se dibujó en las frentes de las personas a las que alcanzó el maleficio, ambos se alejaron de sus respectivas parejas y comenzaron su descenso de la torre.
—Esta noche no es para amar. —Sentenció el villano, materializando nuevas llaves antes de amenazar a otras parejas de la torre. —Esta noche no habrá amor en París.
— ¡Oye, Chagrin! —Espetó Chat Noir llegando hasta la punta de la torre, girando su báculo con vehemencia para atraer la atención del villano. —Deja en paz mi ciudad.
—Mira nada más, qué tenemos aquí. —Exclamó el villano dedicándole toda su atención al héroe.
Marinette aprovechó para indicarle a la gente que corriera, guiándolos por un punto ciego del villano para conducirlos hasta el elevador. Ella se quedó en el piso, sonriéndole a la gente para infundir valor a los presentes.
El ruido del ascensor funcionando llamó la atención del villano y de Chat, ambos observaron a la pelinegra, que parecía nerviosa por haber sido descubierta.
—Marinette. —Murmuró Chat confundido.
— ¿La conoces? —Musitó malicioso Chagrin.
— ¡Quién no! —Soltó Chat tratando de corregir el desliz que acababa de tener. Acababa de poner la vida de Marinette en peligro y cada vez, más y más, comprendía por qué Lady Bug había insistido en mantener las identidades en secreto. Ella tenía razón, era peligroso. —Es la diseñadora de las seis portadas más vendidas de Jagged Stone.
—Veremos si es eso. —Murmuró Chagrin para sí mismo.
En un movimiento rápido, lanzó una llave en dirección al barandal, generando un estallido, y, con una cadena que apareció en sus manos, enganchó la cintura de Mariette para luego lanzarla por el hueco del barandal, tirándola por la torre.
— ¡No! —Exclamó Chat corriendo a alcanzarla.
Marinette sabía que el héroe no llegaría a tiempo, tenía que pensar rápido o no podría salvarse ella misma. La gente vería pasar una mancha roja con motas negras, si se transformaba en Lady Bug durante la caída no habría problema con testigos.
Vio el rostro de Chat cuando él se lanzó por la torre, la determinación se entremezclaba con el pánico en la mirada de Chat Noir. Marinette o Lady bug, jamás había visto esa emoción en los ojos de Chat, conocía la emoción del pánico en otras miradas, pero nunca en la mirada eternamente verde de su compañero de batallas.
Él tenía miedo de perderla.
Marinette pensó en mil disculpas en una fracción de segundo, sintiendo que no era justo para Chat cómo lo había tratado los últimos dos años, negativa tras negativa, sin darse a la oportunidad de conocer un poquito al hombre detrás de la máscara. Pensó en disculparse por cada vez que ella le había negado un beso, un abrazo, una cita, una oportunidad.
— ¡Tikki, Motas!
La transformación se dio en un parpadeo y la chica lanzó su Yo-yo para engancharse a la torre.
Lady Bug atrapó a Chat a la pasada y ambos descendieron con lentitud hasta el piso. Primero él abrazado al cuerpo de la chica, pero después apresándola entre sus brazos de forma posesiva y protectora, asiéndose del bastón para dirigir la bajada y simplificar el trayecto.
Cuando el Yo-yo volvió a manos de su dueña, el gato negro miró pasmado a Lady Bug, preguntándose cómo era posible aquello. No por el hecho de saber quién era la heroína, sino por darse cuenta de que su eterna enamorada y la chica que le había capturado el corazón, eran la misma persona.
Había confusión en lo que ocurría, mucha.
—Lady… —Chat suspiró antes de añadir en un murmullo tan bajito que la chica tuvo que leer aquella palabra de sus labios. —Marinette.
—No hay tiempo de explicar nada. —Murmuró la chica, acongojada. —Sube rápido a donde está Chagrin y así podrás decir que has puesto a salvo a la civil. Y yo te alcanzaré en seguida. Por ahora, confía en mí.
—Siempre, mi lady… —Murmuró el chico antes de besar los labios de Lady Bug y salir disparado hacia la parte de arriba de la torre, con saltos ágiles y apoyo de su báculo.
Marinette se quedó pasmada, mirando el ascenso del héroe y sonrió embelesada antes de lanzar su Yo-yo y subir a la punta.
Chagrín lanzaba candados y llaves en dirección a Chat Noir, el héroe esquivaba elegantemente todos y cada uno de los ataques dedicados a su persona, consiguiendo que el villano se desesperara cada vez más, gritando maldiciones por lo bajo y fallando más estrepitosamente.
— ¡Quédate quieto!
— ¿Y dejar que me golpees? Ni loco.
La superficie en la que estaba agazapado Chat era una pila de cajas, se tambalearon, sacando de balance al héroe. Chagrín aprovechó ese momento para atacar pero Lady Bug se interpuso, girando su Yo-Yo para crear un escudo.
—Llegas tarde, my lady. —Comentó Chat coqueto, con un guiño.
Lady Bug le dedicó una sonrisa cómplice y un sonroso ligero apareció en sus mejillas. Y tras ese breve instante de complicidad y ensoñación, ambos le dedicaron miradas feroces a Chagrín.
El villano había logrado aparecer una nueva cadena en sus manos, trató de atacar a ambos héroes con ella, sin obtener nada.
La voz de Hawk moth resonó en la mente del villano.
Ataca a Lady Bug, Chat Noir no podrá resistir salir al rescate de su amada.
Chagrín obedeció al instante, lanzando una llave en dirección a Lady Bug, y tal como Hawk Moth presagió, Chat se interpuso cuando se percató de que Lady Bug no podría hacer nada.
