Capitulo V

"The general of evil"

-Ahora, ríndete-

-Ya han pasado cinco días y no hemos tenido noticias de los reyes- decía el general Misawa mientras movía nerviosamente los dedos de su mano derecha y fijaba la vista en la ventana. –Es mucho tiempo.

-Kurogane, iban con doce escoltas. Deben estar bien.- trataba de calmarlo Kiyoteru desde su asiento. –Quizá decidieron prolongar la visita.

-Eso es imposible. Conozco a la perfección a Gakupo y el no suele actuar así. Algo malo ha pasado con nuestros reyes.

-Si quieres salir a buscarlos, toma un grupo de soldados y ve.

-Eso haré si no tenemos noticias de ellos en las aproximas veinticuatro horas.

-Aunque debemos tener en cuenta que Lady Conchita es una mujer de recursos, aun con el ejército, ella podría dificultar las cosas.

-A estas alturas no me importa,- dijo firmemente Misawa- los reyes deben regresar cuanto antes a este palacio.- tomó aire y pasando la mano sobre su cabello, agrego. – ¿Cómo ha tomado esto la princesa Rin?

-Mal. En todo momento me pregunta sobre el paradero de los reyes. Esta muy preocupada por ellos Kurogane.

-No le culpo. Gakupo dijo que no tardarían más de tres días en regresar. Tengo un mal presentimiento sobre esto Kiyoteru, algo malo ha ocurrido.

-Tú como general deberías saber mantener la calma en momentos así. No podemos llegar a esas conclusiones aun.

Misawa guardó silencio. Se limitó a mirar através de la ventana, con la esperanza de ver llegar a los reyes o a cualquier soldado que le pudiese traer noticias, pero no descartaba el peor escenario. Sin saberlo, la princesa Rin hacia lo mismo que él desde su habitación.

No pasó mucho tiempo cuando una figura apareció frente a las puertas del palacio; se acercaba con un lento caminar y apoyaba su cuerpo en un largo madero a modo de bastón. Al verlo con más detenimiento, el general Misawa descubrió que se trataba de uno de sus soldados gravemente herido. Un grupo de guardias corrieron a auxiliar al recién llegado, lo rodearon y llevaron cargando hasta el interior de palacio. Misawa, al ver esto, abandonó el comedor a toda prisa; también el consejero Hiyama hecho a correr tras el general sin saber lo que ocurría, tal vez motivado por la curiosidad o para calmarlo en un momento de desesperación.

Cuando el general Misawa Kurogane llegó al vestíbulo se encontró con uno de los guardias que apenas iba a subir para darle la nueva noticia. Él tenía manchas de sangre en sus ropas y una expresión en el rostro que reflejaba una mezcla de tristeza y miedo.

-General Misawa. ¡Señor!- Gritó el soldado desesperadamente –Es Gacha, ha vuelto con noticias de Sia, terribles noticias.

-¿Qué ocurre soldado? ¿Qué le ha dicho él?

-Los reyes, señor. Ellos están… muertos.- dijo con dificultad. –Nuestros reyes están muertos. Fueron atacados en Sia.

-¡¿Qué? ¿Los reyes muertos?- rugió furioso Misawa, asustando aun más al joven guardia. -¿Quién los ha atacado?

-No lo sabemos, únicamente ha dicho eso.

-Únicamente- repitió con molestia. –A un lado soldado- dijo y caminó hasta el grupo de escoltas que atendían al recién llegado Gacha. –A un lado todos ustedes, déjenme hablar con él.

-Señor, me temo que eso es imposible- respondió uno de ellos. –Gacha acaba de morir, no podíamos hacer nada.

-¿Cuáles fueron sus ultimas palabras?

-Sólo repetía que los reyes han muerto.

-¡¿Acaso no dijo otra cosa?- comenzaba a desesperarse Kurogane.

-No señor- respondía con temor el guardia. –Sus palabras fueron "los reyes en muerto en Sia, nos atacaron, fue terrible", pero no menciono a culpables.

-Gakupo y Lily… muertos.- dijo Misawa. Guardó silencio y miró fijamente al soldado abatido; tenia varios cortes por todo su cuerpo, le faltaba cabello en algunas partes de la cabeza y le habían sido cortados un par de dedos. Posiblemente había muerto por la fatiga de volver y no atender esas heridas.

Dio unos pasos hacia el cuerpo de Gacha, se inclinó frente a el y le cerro los ojos. No apartaba la vista de sus heridas, no eran tan profundas pero si habían sido en zonas vitales.

-Malditos- decía con ira. Apretó su puño y golpeo el suelo. -¡Malditos!- gritaba furioso antes un grupo de aterrados soldados. – ¿Cómo se atreven esto? ¡Quien lo haya hecho, ya puede considerarse muerto! ¡Y yo mismo me encargare de eso!

-Kurogane tranquilo. Actuar así no es lo adecuado.- le decía Kiyoteru.

-¿Tranquilidad? ¿Me pides estar tranquilo? ¡Idiota! ¡Mira a este soldado! ¡Míralo! ¡Está muerto! ¡Igual que los reyes!- gritaba con gran desesperación -¿Quieres tranquilidad? No puedo tenerla ahora. ¡Los reyes están muertos!

-¡¿Muertos?- se escucho una voz desde las escaleras. –Mis padres… ¿muertos?

-Princesa Rin- fue lo único que pudo decir Kiyoteru.

-No es cierto ¡No es cierto! ¡Ellos no están muertos!- gritaba la pequeña princesa Rin conteniendo sus lagrimas. –Ellos están bien. ¡Tienen que estar bien! Kurogane, ellos están vivos- decía con dificultad -¿verdad?

-Princesa yo… lo siento. Pero los reyes, sus padres, están muertos.

-¡No!- grito desconsolada –No, no, no. ¡No puede ser!- comenzó a llorar la princesa. Entre sus negaciones y sollozos, podía entenderse como llamaba a sus padres. Echó a correr hacia los jardines del palacio, alejándose de todos, ante la mirada impotente del general Misawa.

-Notifiquen a la familia de Gacha sobre su muerte, también a los familiares de los demás soldados caídos. Que se preparen los funerales.

-¡Si señor!- respondieron al instante los guardias.

-Kiyoteru… tenemos que ir por ella.

Rin, princesa del País Amarillo, llegó corriendo a los jardines del palacio. Sus lágrimas caían al suelo, dejando un rastro detrás de ella, mientras lloraba amargamente por la muerte de sus padres. Se echó en el suelo entre unos rosales amarillos, lugar donde la reina Lily solía pasar el tiempo con ella, contándole historias de cuando era niña, leyendas de las distintas regiones del país o todo lo que había pasado al lado de su querida amiga Luka.

Los sollozos de la pequeña llamaron la atención de un niño que se acercó curioso a ella. Con una duda que lo envolvía fue hasta donde la princesa lloraba; permaneció mirándola detenidamente unos segundos. El infante aparentaba tener entre seis y siete años de edad, tenía su rubio cabello peinado hacia atrás formando una pequeña coleta, ojos azules similares a los de ella; vestía una sencilla camisa azul y un pantalón negro. Tímidamente se acercó a ella y le tocó un hombro.

-¿Estas bien?- preguntó tímidamente, recibiendo un grito como respuesta.

Debido a la sorpresa, el niño cayó al suelo de un sentón. Se quedó callado unos segundos y de pronto se puso a llorar, aun más fuerte que la princesa Rin, cosa que le asustó. Guardó silencio, mirando a ese desconocido niño con atención. Se limpio las lágrimas con el vestido y comenzó a reír, sumamente divertida por el actuar del pequeño visitante.

-Eres muy divertido- le dijo entre risas –No te había visto antes, ¿Cómo te llamas?- preguntó amablemente.

-Me llamo Len- dijo mientras se calmaba. Le dirigió una sonrisa y cuando estaba a punto de continuar su presentación fue interrumpido.

-¡Len!- es escuchaba la voz de una mujer. – ¡Len! ¿Dónde estas?

-¡Hermana! Esa es mi hermana- le dijo a la princesa. –Aquí estoy hermana. Entre los rosales amarillos.

Una joven mujer apareció en el jardín. Su cabello rosa, largo hasta la cintura, resaltaba sobre su negro vestido. Cargaba un par de valijas y era acompañada por dos guardias.

-Ahí estas Len. No vuelvas a desaparecer así niño- dijo un poco molesta.

-Lo siento hermana. Pero me aburrí por esperarte.

-Ay Len, ¿qué haré contigo?- lo reprimió, inmediatamente posó su mirada en Rin y ante la sorpresa de verla, sonrió feliz, pues su rostro le recordaba mucho al de su querida amiga Lily –Oh por Dios, oh por Dios. Eres tú. Rin… princesa Rin, me alegra mucho verte- le hizo una reverencia y, dando un ligero golpe en la cabeza a Len, le indico que hiciera lo mismo. –Soy Megurine Luka, serví a tu madre hace unos años. Él es mi hermano Megurine Len.

-Mucho gusto, princesa- dijo el pequeño.

-¿Megurine? ¿Meggurine Luka?- decía una y otra vez Rin. –La mejor amiga de mi… mamá.- al decir esta palabras, corrió a abrazar a la mujer de cabello rosa mientras volvía a llorar.

Confundida por lo que ocurría, Luka preguntó a los guardias que había ocurrido pero se negaron a responder, alegando que era mejor hablar de eso con Misawa.

Rin se aferraba del vestido de Luka y lloraba desconsolada, no decía palabra alguna, sólo sollozaba y dejaba caer sus lágrimas al suelo, ante la mirada confundida de los hermanos Megurine.

En poco tiempo, llegaron el general Misawa y el consejero Hiyama, ambos sorprendidos por ver a la mujer que acompañaba a la joven princesa. Pero mayor fue el asombro de Kurogane, que al ver a ese niño rubio, sintió como se le helaba la sangre. Cruzó la mirada con Luka, ella seguía confundida y se limitaba a abrazar a Rin, mientras que Len tomaba su mano y acariciaba su cabeza. El general tenia que actuar rápido.

Anochecía en el País Amarillo; varios hombres cargando una antorcha encendían las velas de los faroles que alumbraban la ciudad durante la noche, mientras que muchos de os negocios cerraban sus puertas a la clientela; otros, como bares y posadas, recién abrían sus puertas y recibían a gran cantidad de visitantes. Un par de carretas cargadas de varios alimentos iban rumbo al palacio, para reabastecer la cocina y tener lista la cena de ese día y el desayuno del siguiente.

En el estudio donde antes pasaba la mayoría del tiempo el rey Gakupo III, se encontraban discutiendo la situación actual el general Misawa Kurogane, el consejero Hiyama Kiyoteru y la recién llegada sirvienta Megurine Luka.

-Entonces ambos murieron rumbo a Sia- dijo aun impactada Luka.

-Eso parece. Los detalles son un misterio, pero ya hemos mandado un grupo de soldados a investigar los alrededores- mencionó el consejero. –Si los agresores estaban en el bosque, caerán pronto.

-Lily…- dijo en voz baja al ver una pintura de la familia real. –Tú tienes la culpa de esto Kurogane. ¡Debiste acompañarlos!

-¡No estas en posición de reclamarme mujer!- se defendió. –El mismo rey Gakupo me pidió que permaneciera aquí para cuidar a su hija y eso es lo que hice, cumplí con su mandato.

-Eso no importa. Tienes mente propia, Kurogane. Pudiste seguir tu voluntad e ir con ellos en ese viaje.

-¿Y crees que no quería hacer eso?- rugió el alto militar. –Insistí enérgicamente en acompañarlos, pero bien sabes que Lily nunca estaba cómoda con mi presencia y Gakupo era capaz de cualquier cosa con tal de hacerme cumplir su voluntad. ¡Yo siempre los quise acompañar!

-Por favor, Kurogane, Luka.- intervino Hiyama –No tienen porque pelear en este momento, ahora es más urgente saber que haremos. No tenemos reyes y alguien debe ocupar ese lugar, el problema es que la única que puede hacerlo es Rin y apenas tiene seis años.

-Eso no es inconveniente,- dijo Misawa. –No sería la primera vez que un monarca es tan joven.

-Pero ella es una niña, no comprenderá la gran responsabilidad que tiene- reclamó Luka. –No puedo permitirlo.

-Escucha Luka- agregó Kiyoteru. –En verdad, tú no tendrías porque estar aquí discutiendo con nosotros, pero dada tu relación con Lily, pensamos que talvez nos ayudarías. ¿Crees que estaría de acuerdo con nostros?

-Mi reina se negaría a dejar en el poder a su hija tan pequeña.

-¿Y dejar el reino sin quien lo gobierne?- cuestionó Misawa.

-Tiene que existir otro heredero, algún familiar de Gakupo.

-No los hay, el era hijo único- respondió Hiyama. –Y la familia de Lily no puede llegar al poder, no son de la familia real, además solo quedan sus padres. Me temo que, solo la princesa puede llegar al trono.

-Lily amaba este país- comenzó a decir Luka. –Ella solo quería que las cosas fueran bien y en paz, por eso estaba en contra de las guerras. A la falta de quien ocupe el trono… todo se volvería un caos. Pero ella es aun una niña.

-De un modo u otro, la coronaremos reina y no puedes negarte.- le dijo Misawa. Dirigió la mirada hacia Kiyoteru y agregó. –Tenemos que preparar su ceremonia de coronación lo más pronto posible.

-¡Esperen! ¿Qué piensan hacer con ella? ¿Nombrarla reina y ya?

-Como único consejero del rey Gakupo, me encargare de educarla en la política para dirigir este reino, de igual modo Kurogane, como hombre de confianza del rey, podrá estar a cargo de la educación de la princesa Rin.

-No veo porque me tienen aquí entonces.

-También podrás intervenir con nosotros, Luka- mencionó Misawa. –Pero únicamente serás consultada en asuntos referente a sus cuidados, hasta que cumpla los doce años de edad. No intervendrás en ningún momento en su educación o asunto de gobierno, ¿entendido?

-Solo quiero que la hija de mi mejor amiga se encuentre bien.

-Así será. Kiyoteru, avisa a todo el palacio que inicien los preparativos para la coronación.

-De inmediato Kurogane.- sin decir más, salio del estudio.

Se habían quedado únicamente Luka y Kurogane en el enorme estudio del rey. Se miraban hostilmente, desconfiando uno de otro. Ella no esta conforme con las decisiones de esos dos hombres, pero no podía hacer nada frente al militar armado que le acompañaba, menos ahora que ella se encontraba indefensa.

-No creas que esto te ha vuelto una persona con influencias entre nosotros, seguirás siendo una sirvienta.

-Seré entonces la sirvienta personal de la princesa Rin.

-De ningún modo. Eres una mujer peligrosa y si estas muy cerca de ella lograras influir en su pensamiento.

-Quizá eso sea lo más adecuado.

-Eso lo decidiremos Hiyama y yo. A lo más que aspiras, mujer, es ser quien coordine a las demás sirvientas, aunque no es ningún alto rango.

-El poder es algo que no me importa en absoluto, no me molestaría ser la sirvienta más pobre entre todas.

-A pesar de todo, eres admirable.

-¿Y que piensas hacer si pide un sirviente personal? Si me elige a mi, se frustraría tu plan.

-No te elegirá a ti- respondió Misawa con una sonrisa. –Ella ya tiene su propio sirviente, yo mismo se lo voy a dar.

-¿Quién es?

-Tu supuesto hermano, Len.

-¿Cómo puedes hacer esto? Ellos sn hermanos, y si los reúnes así, se darán cuenta pronto.

-Yo me encargare de que eso no suceda. Nunca lo sabrán, de ti depende no abrir la boca frente a la princesa, piensa en el daño que le harías a la hija de Lily al decirle que sus padres le ocultaron a su gemelo. Los odiara.

-Eres un hombre cruel.

-Yo solo cuido de la princesa Rin como me lo ordeno mi rey; tú limítate a cuidar de Len como te lo pidió tu reina. Es mejor guardar el secreto, para siempre.

-Algún día tendrán que saberlo.

-Yo me encargare de que no. Yo me haré cargo de todo.