Estaba nervioso.
No lo podía negar. Y hasta por increíble que pareciese, y con lo despistado que era para esas cosas, hasta Nino lo notó.
Ahora, escondido y apoyado junto a uno de los estantes al fondo de la biblioteca, era que me sentía realmente ansioso.
A decir verdad, no comencé la mañana lo que se dice muy bien. Nathalie, después de notificarme algunas cosas durante el desayuno sobre mi agenda, me dio la amarga noticia del día. Aunque no era algo que no me esperase viniendo de mi padre.
Él no iba a ir a la fiesta de graduación. Siempre pendiente del trabajo y sus proyectos. Todo lo que tuviera que ver con su labor como diseñador era más importante que yo. Yo no era ninguna prioridad.
Aparente calma y normalidad cuando me lo dijo. Sin embargo, una vez regresé a mi habitación, me derrumbé contra la puerta y me tiré de los pelos, lleno de rabia, furia y dolor... Quise gritar de la impotencia al saber que no tendría a nadie de mi familia apoyándome en un día como aquel. Me contuve irremediablemente para no tener que llamar la atención de Nathalie, de mi guardaespaldas, o incluso de mi padre, si es que aún seguía en casa y no estaba en su oficina. Y en consecuencia, con la garganta trabada, sintiendo que me mareaba mientras caía sentado al suelo con la espalda contra la puerta, las primeras lágrimas y lamentos empezaron a surgir.
Ni siquiera era capaz de entender lo que yo quería decir. Intentaba apartar las lágrimas de mi rostro, pero no dejaban de surgir. Mi respiración era errática y las piernas se me empezaban a quedar dormidas. Me olvidé por completo del mundo y de todo el entusiasmo y emoción que tenía puestos en el día. Fue como caer al vació y hundirme en un pozo de realidad.
Alzando la vista, un poco borrosa por el llanto, y contemplando con pesar la inmensidad y la soledad de mi habitación me sentí más derrumbado que ninguna otra vez.
Como si fuera cosa del azar, mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo del pantalón.
Al principio no quise tomarlo. Sea quien fuera podía esperar y no estaba de ánimo como para hablar con nadie. Escondí la cabeza entre mis rodillas resignado… ¿Tan inútil e insignificante éramos yo y mi fiesta de graduación como para que no quisiera ir mi padre? Ya era suficiente saber que no tendría a mi madre conmigo allí… pero… Esto me ha dolido más que el saber que ella no estaría.
Estaba emocionalmente roto y abatido…
Por unos breves segundos hasta me planteé si realmente quería ir a un evento en el que todos notarían claramente que estaba solo. Todos mis compañeros irían con sus familias; disfrutarían la velada como algo único en su vida… y yo solo estaré deseando por dentro que acabe lo más pronto posible.
Al apartarme de la cara un mechón rubio que me molestaba, me di en el ojo con algo.
-Auch…
Al parpadear varias veces y notar que no había sido nada exagerado, miré mi muñeca para ver con qué me había golpeado tontamente. Y me quedé con la mandíbula abierta al notar la pulsera que me regalo Marinette de cuentas; aquella que normalmente siempre llevaba escondida en el bolsillo de la chaqueta o del pantalón como amuleto de la suerte.
Sonreí bobamente al recordarla… Su sonrisa tímida y sincera era singular.
¿Conservaría la que yo le hice y regalé por su cumpleaños hace tiempo?
Ya habían pasado años desde aquel intercambio entre ambos… Desde que nos conocimos… Y seguramente esa sería la última noche que podría pasarla con ella o con mis amigos; sin las preocupaciones o deberes posteriores cuando salgamos fuera para cumplir nuestros sueños y procesiones…
¿No volvería a verla nunca más?
Contemplando de nuevo la pulsera atada a mi muñeca sobre mi regazo fue que recordé una de mis últimas conversaciones con Ladybug precisamente:
"Tienes toda la razón, my lady. Es un punto de inflexión"
"¿Inflexión?"
"¿El comienzo de algo nuevo? Yo lo veo así al menos. Dejamos atrás la vida de escuela para intentar alcanzar nuestros sueños. La vida es muy larga y nosotros tenemos que seguir adelante."
"Solo espero no perder lo hecho ahora por mirar al futuro."
"¿Qué quieres decir bichito?"
"Quiero decir que no quiero dejar atrás lo aprendido y mucho menos las amistades o logros alcanzados hasta hoy por solo querer alcanzar lo futuro. Quiero vivir mi presente teniendo lo importante de mi pasado junto a mí. El futuro siempre estará allí, pero lo que importa es el presente, el ahora."
"Wuau. Nunca lo había pensado de esa manera. Es algo muy profundo, my lady."
"Gracias Chaton."
Así que mantener lo importante de mi vida presente, ¿eh?
Me asombró su planteamiento entonces y estuve totalmente de acuerdo con ella… ¿Cuál era la diferencia ahora?
…
Quería seguir al lado de mis amigos sea cual sea el futuro que luego me depare… pero también, y especialmente, la quería a ella en mi vida… No podía arrepentirme ahora por un bajón y no ir a la fiesta. Realmente quería ir, a pesar de todo el daño que podía haberme causado con su rechazo mi padre. Quizás ya fuese hora de que me plantease dejar las cosas claras con él… o empezar por mí mismo mi propio camino lejos de su influencia…
Pero no era un asunto que pudiera tratar ahora. No era el día.
Con una motivación diferente y estando más calmado, me reincorporé y decidí a seguir mi rutina diaria como de costumbre. Al fin y al cabo, tendría que tener todo listo y estar preparado también para que esta noche fuera inolvidable. Me lo merecía fuera mi padre o no testigo de ello. Había logrado ir a la escuela pública como siempre quise y graduarme con honores frente a personas increíbles y de la que tendré un recuerdo agradable siempre. ¿Por qué no iba a celebrarlo?
Revisando mi móvil y notando que el mensaje que me había llegado antes era de un nervioso Nino, caí en la cuenta de algo. Sin proponérmelo, Marinette y su recuerdo habían sido parte de mi consuelo sin estar ella presente.
¿Qué tanta era la influencia que tenía en mí?
Estaba deseando que llegara la noche para conocer a mi confidente y amiga en la red; pero, desde mi pequeño infortunio de la mañana, estaba, sobretodo, más nervioso por querer finalmente confesarle mis sentimientos a Marinette sin arrepentimientos.
Fuera cual fuera su respuesta la aceptaría. Era buena por naturaleza y sé que nunca pretendería lastimarme. Tal y como decía Ladybug, con tenerla "en mi presente" sería suficiente para mí.
Llegar a la escuela fue lo de menos aquella noche. Todos iban vestidos con sus mejores galas para la ocasión. Algunos llevaban ya sus máscaras puestas y otros conversaban con grupos familiares. Sonreí melancólicamente al ver ese último tipo de vistas. Pero rápidamente tuve que dejar mi humor decadente atrás al encontrarme con mi amigo Nino, más eufórico y entusiasta que nunca. La idea de que fuera el DJ de la fiesta posterior al acto de entrega de títulos lo tenía por las nubes y yo no podía parar de reír a menudo con sus bromas a imitaciones mientras hacía de pincha-discos. Conocer a sus padres y hermanos fue muy acogedor. Entendí, al momento, la forma de ser de Nino al tratar con ellos.
De manera inevitable, miraba de vez en cuando alrededor del patio donde nos concentrábamos todos para el acto. Todo era para bien encontrar a una chica con máscara y vestido rojo o bien para encontrar a la dueña de mis sentimientos.
Previamente había quedado con Ladybug sobre cuál sería la manera en la que nos reconoceríamos. Nos describimos físicamente de forma escueta para mantener el misterio y nos dijimos mutuamente lo que llevaríamos. A ella la podría reconocer con un vestido rojo y unos aretes de mariquita. Yo, por otro lado, iría por completo de negro, con corbata verde y con un cascabel. Había tomado una cinta verde fina de entre los materiales de trabajo que tenía mi padre en casa y había tomado un cascabel atándolo a este. De esta manera lo tendría a modo de pulsera en mi muñeca.
Grande fue mi sorpresa cuando, poco tiempo antes de que comenzara la ceremonia, vi llegar por la entrada del colegio a dos amigas inseparables. Tanto Nino como yo no fuimos capaces de perderlas de vista ni un solo instante.
Marinette estaba…
¡Wuaoh!
Me quedé literalmente mudo al verla llegar en compañía de Alya y luego permanecer junto a sus padres y los de su amiga. Para cuando me codeó Nino a modo de broma por mi reacción al reconocerlas llegar me di cuenta de que me había mordido el labio de manera inconsciente mientras la contemplaba. Lucía increíble.
Sonreí como un bobo feliz por primera vez en el día. Disfruté de verla reaccionar esa noche de maneras tan diferentes siempre en compañía de su mejor amiga: entusiasta, nerviosa, preocupada, sonrojada… Era realmente como si un aura diferente la rodeara aquella noche. Y a mí me atrapaba en ella como si se tratara de un agujero negro que me arrastraba con ella.
Me di el lujo de observarla todo el tiempo que pude en la distancia hasta que Nino me arrastró a nuestros asientos para la entrega de títulos finalmente. Fue una pena no poder sentarme junto a él, pero, al momento de entregarme mi diploma tanto la profesora Bustier como el director Damocles, lo sentí apoyándome desde su lugar entre la audiencia.
Sentí un ligero escalofrío al cruzar miradas con Marinette desde el escenario. Sus ojos azul cielo me miraban con tanta atención y profundidad que me sentí maravillado. Parecían brillar y yo por unos segundos me sentí paralizado. De no ser por un ligero empujón del director Damocles, quizás me hubiera quedado realmente estático en el lugar contemplándola. Supliqué al bajar después mil veces por dentro para que las luces de los focos hubieran disimulado mi sonrojo entonces.
Cuando fue el turno de Marinette en el escenario, me sentí ciertamente satisfecho y orgulloso por ella. No dudaba de que a partir de ahora su futuro no haría más que ir cuesta arriba. Era muy trabajadora y talentosa. Hubiera apostado lo que fuera a que el vestido que portaba aquella noche lo había confeccionado ella misma. Cuando bajó del escenario y fue a reunirse con Alya, la noté un poco alterada, quizás por los nervios del momento. En un momento, de nuevo, cruzamos mirada y le sonreí guiándole un ojo para poder animarla. Por desgracia no pude ver su reacción.
Mi móvil vibró en el bolsillo y fue presto a desbloquearlo para ver quién era el dueño del mi nuevo mensaje en el buzón. Sonreí pensando que se trataría de Ladybug, pero fue un mensaje de Nathalie. De forma escueta, me felicitaba de su parte y de la de mi padre por mi graduación y me pedía que fuera prudente. Gorila estaría dispuesta en la entrada de la escuela para llevarme a casa en cualquier momento que lo solicitara. A su manera, me recordó y lo agradecí. No sabía si era por mandato de mi padre todo aquello en verdad o no. Pero no podía pedir más. Me conformaba con eso. Además, había otros asuntos que tenían mayor prioridad para mí aquella noche.
Me quedé conversando después con Iván y con otros chicos de la clase a medida que iban descendiendo del escenario con su diploma. Fue divertido ver a Kim alzando su diploma como si se tratara de un testigo de los que tomaba cuando hacíamos competiciones de carreras. Choqué puños con Nino cuando fue su turno y permanecí gran parte de la noche con él.
Desgraciadamente, no todo iba a poder ser color de rosa. Chloe estuvo bastante, insistente conmigo todo el tiempo que pudo, y, en ciertos momentos, tuve que hacer escapadas junto con Nino, mientras este estaba con la música, para no sentirme tan atosigado por la atención de mi amiga de la infancia. Y para cuando no tuvo mi atención, empezó a hacer de las suyas. Me sentí irritado cuando la vi cruzarse con Marinette y empezó a tener una discusión con ella. Nino, viendo aquello y también preocupado por la futura reacción para nada suave de Alya, decidió acompañarme un momento dejando puesta una pista de música. Para cuando llegamos junto a ellas, por una parte, sentí molestia por Chloe y su actitud, y por otro lado orgulloso por la manera resuelta de Marinette para enfrentarla pese a todo. Era ingenio y soltura pura cuando se lo proponía, aunque a veces se tratara de la chica más torpe y despistada que todos conocíamos. La admiraba.
Tras lo de Chloe nos retiramos de nuevo Nino y yo puesto que él debía seguir con su música y yo, antes de aventurarme a hablar con Marinette, quería y debía atender el asunto de Ladybug. Permanecí durante un tiempo dando vueltas por el lugar en busca de poder reconocerla, pero finalmente, resignado, y no aguantando más la espera, decidí mandarle un mensaje y encontrarnos antes en otro lugar diferente al antes acordado.
En estos momentos, en la biblioteca, suspiraba por centésima vez, nervioso ante la espera.
¿Vendría al final o se arrepentiría?
El chirrido de la puerta del lugar al abrirse cortó mis pensamientos de golpe.
¿Era ella? ¿Ya estaba aquí?
Quise llamar y preguntar. Pero no quería arriesgarme a que fuera otra persona, como un profesor de guardia y nos descubrieran allí. Así que me decanté por desbloquear de nuevo mi móvil y mandarle un mensaje.
-My lady?
-Sí?
-Ya has llegado?
-Sí, acabo de entrar por la puerta. ¿Y tú? ¿Dónde estás?
Oficialmente estábamos solos entonces, en el silencio de la habitación y pese al ruido de fondo del patio. ¿Debía empezar a hablar yo en voz alta? Vale… Suspiré profundo… Contaría hasta tres y que todo fuera cuestión de suerte… ¿Realmente conocía a la persona bajo la máscara? Sería realmente algo irónico después de todo este tiempo hablando juntos por chat…
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…
-Estoy aquí, my lady. Tras la última estantería del fondo.-Dije al fin casi trabándome al momento de hablar.
El silencio me incomodó un poco, y el ruido de sus pasos posteriormente se me hizo una tortura. Parecía tener un ligero tacón. Para mi sorpresa, en lugar de llegar al mismo pasillo que yo, la sentí apoyarse en el lado contrario a la estantería en donde yo estaba apoyado también.
-¿Todo bien Ladybug?
Me extrañó no ir respuesta por su parte, pero me tomé aquello como un sí. Seguramente estará tan nerviosa como yo. Por mucha confianza que hubiéramos obtenido el uno con el otro a través de mensajes, no podría ser lo mismo tratar el uno con el otro ahora en persona.
-Creo… que… me siento un poco más aliviado al ver que no soy el único nervioso con esta situación… Mi día… no ha sido muy bueno que digamos y por un momento pensé esta mañana en no venir a la ceremonia.
Sentí algo removerse tras de mí. Parecía inquieta. Que yo recordara, ella no sabía que yo también me había graduado a la vez que ella. ¿Cuál de todas aquellas chicas en la escuela sería la destinataria de todos mis mensajes y mi confidente?
-No te sientas mal. No es por ti. –Pausé para que me entendiera y suspiré.-Siento no habértelo dicho antes pero… lo cierto es que yo también soy del François Dupont y me he graduado al mismo tiempo que tú esta noche.-Ante su silencio decidí seguir hablando abrazándome a mis piernas y sentado en el suelo.- Quería que fuera una sorpresa después de que me contarás que tú también eras de aquí. Por eso no lo dije. Realmente debía de venir sí o sí esta noche. Pero el motivo por el que no quise venir fue porque me dieron la noticia de que mi padre no vendría a verme hoy. Es la única familia que me queda y me sentí un poco decepcionado al pensar que todos estarían felices aquí, rodeados de amigos y familiares y yo me sentiría solo… Es un pensamiento algo egoísta si te das cuenta, ¿no crees?- Dije intentando reírme de mi mismo ante esa situación.
Me quedé contemplando las dos pulseras atadas en ambas muñecas. Una era aquella en la que llevaba el cascabel de "Chat Noir", uno dorado y pequeño para que no denotara mucho. Y la otra era el amuleto de la suerte hecho de cuentas por Marinette.
-No es egoísta no desear sentirse solo en un día como hoy. Si te sirve de consuelo Chat,-Pausó ella un segundo tras decir mi nombre finalmente. Su voz sonaba dulce y calmada, pero al mismo tiempo trabada. Increíblemente me resultó conocida y temblé al creer por un segundo de quién se trataba.- no estás del todo solo. Puede que sí, que tu padre no haya podido asistir al acto. Pero eso no quita lo orgulloso que ha de sentirse de ti. Eres su hijo al fin y al cabo. Con o sus defectos, más o menos, nuestros padres nos quieren, al igual que nosotros a ellos.
Sonreí inevitablemente ante sus palabras y al recordar el último mensaje que había recibido de Nathalie. Ladybug siempre tenía una respuesta y solución para todo. Suspiré aliviado y un poco más apaciguado.
-Además, tú mismo has dicho antes que la mayoría hoy está tanto con sus familiares como con sus amistades. Estoy segura, conociéndote, que tus amigos y compañeros no te dejarían solo esta noche. Y si no fuera así… puedo acompañarte y charlar aquí contigo todo lo que quieras.
-Miau, tus palabras me han llegado al corazón, my lady.-Dije en tono burlón, palpándome el pecho por la zona del corazón y sonando "dolido" para aligerar el ambiente. A cada segundo que pasaba un cosquilleo en mi garganta aumentaba al saberme conocedor de quién podría ser la dueña de esa voz.
-Tú y tus bromas sobre gatos chaton… ¿No podrías darme un descanso ni esta noche?-Respondió entre resignada y divertida.
-De ser así no sería yo bugaboo. ¿Qué sería de ti y de nuestras tardes entretenidas chateando sin mi humor felino?
-Definitivamente sería miauravilloso.
-¡Oye! ¡No me robes mis frases!-Respondí en defensa entre risas mientras la escuchaba.
Acababa de descubrir que me gustaba su risa.
-¡Oh! ¿El gatito se ha ofendido?-Respondió la chica con falsa pena.
-El gatito puede sacar las uñas…-Dije desafiante y sonriendo mientras me incorporaba del suelo y me sacudía un poco las ropas.
-No te tengo miedo, Chat Noir…-Devolvió ella mi amenaza mientras la sentía incorporarse también.
Si aquello siempre me resultaba entretenido durante nuestras tantas charlas ante el teclado del ordenador o del celular, ahora me resultaba tan natural como si lo hubiera hecho toda la vida. Era algo fresco y espontáneo. No era forzado y sí entretenido. Nos demostrábamos nuestro ingenio y al mismo tiempo nos desafiábamos por quién superaba a quién.
Si mis sospechas no eran equivocadas y había sabido reconocer bien su voz, cosa que a esas alturas ya no sabía si dudar, ella también podría haber sido capaz de reconocerme.
¿Estaría en la misma situación que yo de no saber si preguntar quién realmente era o no?
Sería demasiado irónico y gracioso que después de todo este tiempo de confianza y hablando juntos siempre nos tuviéramos tan cerca. Pero, ¿podía ser esa casualidad real?
Tenía que comprobarlo de alguna manera, ¿pero cómo?
Y fue que entonces recordé algo que le había mencionado antes. Quizás esta fuera mi única oportunidad. Iba a apostar a todo o nada. Esperaba no fallar con mi última jugada.
-Ladybug…
-¿Sí chaton?
Se dio un breve silencio entre ambos. Respiré profunda y sonoramente. Y rezando a quién fuera que me escuchara para que todo saliera bien, finalmente hablé.
-¿Te acuerdas que te comenté que había tenido un… "problema" con una amiga?
Tardó en contestarme unos segundos.
-Creo que sí… Te noté algo raro y me dijiste que estabas preocupado por una amiga. Pero luego le quitaste importancia al asunto… ¿O-ocurre algo?
-Me gustaría… pedirte un consejo…
-Dime…
-Hay… bueno yo…-Tragué saliva asustado mientras me temblaban las manos. ¿Sería posible que me quedara sin voz? Porque sentía que mis cuerdas vocales fallaban.- Sé que nunca hemos hablado de temas románticos y demás… Pero si te soy sincero te diré que nunca he salido con chicas y que hay ciertos momentos en los que me siento intimidado a pesar de como puedas imaginarme.
-Si te digo la verdad, sí es cierto que desde que te conocí siempre te he imaginado como un adulador y un coqueto. Pero no me imaginaba esa parte tuya.
-Hay muchas cosas de mí que no conoces aún.
-Ni tú de mí.-Respondió ella con cierta pena también.- Y creo… que a veces me siento así; igual que tú Chat… pero específicamente con la persona que me gusta.
Esa confesión me hizo entrar en pánico.
Me entraron unas ganas tremendas de seguir mis impulsos y girar un poco el torso para ver por el otro lado de la estantería y así comprobar mis temores sobre la dueña del psedónimo de "Ladybug". Me contuve mordiéndome la lengua y después tirándome de los pelos por un segundo. El cascabel que colgaba de una de mis muñecas sonó en el silencio de la biblioteca.
Abrí la boca varias veces intentando formular algo coherente. Pero nada tenía sentido siquiera en mi cabeza. ¿Qué iba a decir?
-A-así que… tú también tienes a alguien… ¿no?
¿¡Pero qué semejante idiotez acababa de soltar!? ¿Qué pretendía con eso o en qué estaba pensado?
Ya lo sé…
En nada…
Idiota de mí…
-S-sí… y por lo que me has preguntado antes, esa chica que me hablaste antes… tam-también es importante para ti… ¿no?
El tono inseguro que estábamos empezando a tomar los dos no me estaba gustando para nada. ¿Qué había sido del tono ameno y burlón que habíamos tomado antes? Maldita sea. Todo se estaba yendo a pique. Debía hablar de una buena vez. Soltarlo sin más. Sin arrepentimientos. Tal y como dije que iba hacer.
Mirando mi "amuleto de la suerte" atado a mi muñeca por última vez tomé una decisión…
