Buenas queridos POTTER FANS!

Aquí le hago entrega de un capítulo más de esta atrapante historia. Las cosas se vuelven cada vez más picantes.

Ojalá les guste, espero sus comentarios.

XOXO :3

Capítulo 6: Gotas de lluvia

Varias semanas pasaron y Hermione no pudo sacarse de la cabeza el libro de la difunta señora Malfoy. ¿Qué tan

despiadado puede ser un hombre para destruir el único recuerdo que un chico tiene de su madre? Por los cuadros

que albergaban algunas de las habitaciones, la castaña siempre había tenido la impresión que por la primera

esposa había sentido un profundo amor, por eso le resultó extraña la desaparición de ese libro. Se preguntaba de

qué sería, alguna novela o tal vez histórico, quizá de allí sacaba Draco su amor por ese género literario.

Por más que quiso olvidarse, la idea del libro rondaba por su mente. Desde la discusión, Draco estaba muy distante;

siempre solía ser la segunda mano de Lucius en todo, y le apañaba cada acción, pero ya no. En las comidas se

sentaba en silencio, y solamente contestaba con monosílabos en situaciones demandantes. Pero lo más insólito de

todo era que Lucius no lo reprimía por su comportamiento como solía hacer, quizá temía que Draco saque a la luz la

historia del libro y que Hermione lo mire con malos ojos, si es que era posible que lo tenga con menor estima; pero

a veces le encantaba jugar a que ella realmente lo quería.

Una mañana despertó antes por causa de una pesadilla, ya para la castaña era algo frecuente, y pudo divisar, aún

con los ojos entrecerrados, como Lucius guardaba en su mesa de luz un libro de tapa marrón –al parecer de cuero-.

Lo más sospechoso fue que al cajón lo cerró con llave. En todo el tiempo que llevaba viviendo allí no había notado

que su marido guardaba cosas bajo llave, lo único que, a su conocer, tenía alta seguridad era la caja fuerte. Volvió a

cerrar los ojos, rezando para que no se hubiera percatado, y fingió seguir dormida. El recuerdo de la discusión le

llegó como un rayo de luz… - No puedo devolverte algo que ya no existe-, eso había dicho Lucius, pero tal vez existía la

posibilidad de que solo dijera eso para despistar a Draco y y así esconder el libro. Era un lugar a la vista de todos,

pero nadie sabía que estaba bajo llave, por eso lo abría temprano para que nadie lo viera. Pero todo le resultó

incluso más extraño; ¿por qué esconder los sentimientos por su antigua mujer, y apartar a Draco de ellos?

¿Cuántos secretos podía poseer ese despiadado hombre?

Al mediodía buscó la ocasión de acercarse a Draco, tuvo el impulso de hacerlo, sentía que tenía todo el derecho de

saber la verdad. Pero el muchacho se rehusaba a hablar con nadie, solamente le gruñía alguna orden a Dobby, el

mayordomo. El pequeño y delgado hombre con prominentes orejas siempre respondía respetuoso y leal a los

mandados del joven, aunque a veces Hermione consideraba que se merecía que le tirasen la jarra de té encima.

En la tarde dio un paseo por la biblioteca, con la esperanza de hallarlo, pero no estaba, ya nunca se lo encontraba

por allí. La desolación que Draco presentaba le producía un enorme agujero en el pecho. Prefería al Draco que la

trataba mal y denigraba todo el tiempo; el estado de profunda depresión ya le resultaba insoportable de ver; y más

si sabía que algo podía hacer. Sin embargo estaba allí, suspendida en la realidad. Pero es que aún no encontraba el

modo. Una luz reveladora la alumbró cuando, al salir de la biblioteca, pasó Dobby. Él había visto crecer a Draco, y si

había una manera de acercársele, el orejudo mayordomo de seguro sabría.

- Dobby- lo llamó, haciendo una delicada seña con la mano para que se acerque.

- ¿Si mi señora?- el pequeño hombre la saludo con una leve reverencia.

- Tengo que hacerle una petición- comenzó a decirle- pero nadie debe saberlo- añadió disminuyendo el volumen de

la voz.

- Como tumba- afirmó sonriente.

- Necesito hablar con Draco, pero no lo encuentro, es de algo serio, y presiento de que no quiere ser encontrado- le

confió- respetaría su privacidad si no fuera urgente lo que tengo que decirle- agregó con mirada suplicante- y usted

lo conoce mejor, al igual que a la mansión… así que…

- En la colina más alejada, junto al tercer estanque, es la primera en recibir el sol de la mañana- le contó- en ese

lugar Draco dio sus primeros pasos, junto a su madre, cabe aclarar, allí va siempre cuando no quiere ser

encontrado- prosiguió con una cálida sonrisa.

- ¿El señor Malfoy no lo sabe?- se extraño, frunciendo levemente el ceño.

- calculo que sí, no es un gran escondite, pero no se preocupa en ir a buscarlo- aclaró.

- Claro- asintió débilmente- Muchas gracias Dobby- y tras simple saludo salió en busca de la joven serpiente.

No pudo evitar enternecerse por el relato, se sentía de alguna manera muy próxima a él, ambos sufrían con ardor la

pérdida se su madre, y sus padres… bueno, eran complicados, para no ahondar en detalles. La castaña no sabía

bien como sentirse en relación a su padre, lo odiaba por haberla dejado allí, desamparada y sola, en las garras de

ese oscuro hombre. Sin embargo recordaba con ternura a la persona que la cargaba en sus rodillas y le contaba

una historia. Claramente había un antes y un después; el amoroso y dulce que la crió con dedicación, y el monstruo

que la entregó. Se aproximó a paso acelerado hacia el lugar que Dobby le indicó. Jamás había estado allí, era

bastante alejado de la mansión, y nunca se sintió con ánimos para explorar, le recordaba a su antigua vida, y eso

era algo muy doloroso. Pero sin carraspear se fue en busca de Draco, sin saber por qué, lo sentía como su

responsabilidad. Pero una vez ahí, no pudo ignorar la hermosa combinación de colores, como el azul del cielo se

mezclaba con el verde de las colinas.

Las flores, que danzaban armoniosamnete, resaltaban con sus brillantes tonalidades. Inspiró ondo, la combinación

de las diversas flores, y el aroma a césped y tierra húmeda le produjo un gran bienestar, una paz que pesó haber

estrabiado tiempo atrás. Era como un mágico lugar perdido entre tanta penumbra.

Se arremangó el vestido color canela en los últimos metros, esa loma era más pronunciada que las otras. Tomó

nuevamnete aire, recomponiéndose de la caminata, y allí lo pudo ver, sentado a los pies del estanque admirando la

nada misma, o tal vez el todo. A diario contemplaba a Lucius, intentando percibir algo nuevo, pero nunca se había

detenido en Draco, ciertamente era diferente, en ese momento lo notó, por más que el joven se empeñaba en

mostrar lo contrario.

Se acercó sigilosamente hacia él, con cuidado se sentó y arrojó una piedra al agua para captar su atención. El rubio

se exaltó, fulminando a Hermione con la mirada. Draco se encargó de que sintiera todo su odio y repulsión, fallido

intento para que ella se fuera. Pero permaneció allí, contemplando el océano gris de su mirada.

- Mi madre también me enseñó a caminar en una colina, muy parecida a esta en realidad- le confió la castaña- no

me gruñas, vengo simplemente a hablar- se anticipó, ante la cruda mirada del rubio.

- Pues espero que la conversación de los peces te sea placentera- refunfuñó, rompiendo el contacto visual.

- Sé lo del libro- anunció sin previo aviso. Draco volvió a mirarla perplejo, y ella pudo notar el humo saliendo de su

nariz.

- No te metas en aguas desconocidas, fácilmente puedes ahogarte- emitió con brusquedad.

- O quizá tú eres el que se está ahogando y yo intento arrojarte un salvavidas- retrucó con rudeza. Draco estaba

completamente desconcertado, agachó la cabeza y miró como las hojas de los árboles se hundían lentamente en el

agua- escuché la discusión que tuviste con Lucius- aclaró, más serena- desde ahí no paré de pensar en ese libro, y

hoy por la mañana poder ver como guardaba bajo llave un libro marrón, creo que de cuero, y no puede evitar

relacionarlo- finalizó volviendo sus ojos a él, que seguía contemplando el estanque.

- El día de la discusión era el aniversario número nueve de su fallecimiento, yo simplemente quería leer su libro

preferido, como hacía todos los años- le confió, sin volver sus ojos a ella- es lo que siempre hago…

- ¿pero por qué tu padre lo escondería?- intentó sonsacarle la castaña. Tuvo el impulso de posar una mano sobre

su hombro, pero se contuvo a tiempo, antes de que hicieran contacto.

- Hay tantas cosas que tú no sabes, y que yo debo cargar desde que ustedes se casaron- escupió, mordiéndose el

labio inferior.

- pero… ¿tiene relación con el libro?- por primera vez en su vida la castaña se sintió ingenua, sin saber dónde

estaba parada.

-Quiere desaparecer rasgos visibles de mi madre para aparentar que somos una "familia feliz"- enmarcó entre

comillas- eres su maldito tapadero- dijo, esa vez sí volteó a verla. Hermione no lograba comprender hacia dónde iba

la historia. Ante el profundo silencio, Draco emitió un profundo suspiro y prosiguió- ¿De verdad crees que mi padre

se casaría con una sangre sucia, alguien inferior, sin ocultas intensiones?- le cuestionó.

- Alúmbrame- le pidió Hermione entre dientes, obviando los adjetivos con los que se había referido a su persona.

- Porque eres la mejor amiga de Harry Potter…- le esclareció- San Potter- bufó- él quiere completar lo que su gran

socio quería- el suspenso reinó en el ambiente- es decir, aniquilarlo.

Hermione cubrió con ambas manos su boca, y unas gruesas lágrimas empañaron sus ojos. No podía creer lo que

había sido revelado. ¿Era ella un puente para llegar a Harry?, ¿era simplemente venganza o algún otro beneficio

sacaría Lucius de aquello?, ¿Pensaba hacer que su hijo se manche las manos de sangre? Tantos secretos por

descubrir y preguntas por hacer, pero ningún sonido podía ser emitido de su boca.

Draco la miró, y le dedicó una amarga sonrisa. De seguro tenía muchas cosas que aclararle, pero nada le salía.

Simplemente volvió su vista a las ondas producidas en el agua. Ella no decía nada, ninguno lo hacía, incluso cuando

las palabras faltaban, parecían sobrar, incluso cuando se necesitaba luz, preferían mantenerse en la oscuridad.

- ¿De qué se trata el libro?- preguntó, sin darle crédito a lo que escuchó. Hermione pestañeó y las lágrimas surcaron

su rostro. Él la miró extrañado, pero no tardó en comprender, y estaba algo agradecido. Él no quería decir más, ni

ella escuchar.

- Poesía- se limitó a contestar.

- ¿Te acuerdas algún poema?- le preguntó, mirándolo con súplica.

- Soñé que tú me llevabas

por una blanca vereda,

en medio del campo verde,

hacia el azul de las sierras,

hacia los montes azules,

una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,

tu mano de compañera,

tu voz de niña en mi oído

como una campana nueva,

como una campana virgen

de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,

en sueños, tan verdaderas!...

Vive, esperanza ¡quién sabe

lo que se traga la tierra!

Draco cantó con la dulzura de un ruiseñor. Intentaba imitar a cómo su madre se lo recitaba, eso siempre lograba

calmar las aguas arremolinadas. Ella simplemente lloró; por su madre, por la horrible realidad que le tocaba vivir, y

por Harry, a quien no quería ver sufrir. Lloró como si su vida dependiera de ello, sin importar que Draco estuviera

junto a ella. Él simplemente yacía ahí, quieto, sin reacción alguna. No sabía si decir algo o simplemente huir.

Cuando los ojos de la castaña ya estaban demasiado cansados como para seguir llorando, retornó su mirada a

Draco, quien se había abstenido a contemplarla. Pero nuevamente realizaron una comunión, uniendo sus ojos,

queriéndose decir todo a través de ellos.

- No voy a dejar que Harry muera.- logró articular al cabo de unos interminables segundos.

Draco asintió suavemente, sin decir nada. Solo la miró una vez más y le ofreció un pañuelo color plata. Con dudas lo

tomó, y contempló las iniciales "D, L, M" bordadas en verde oscuro. Para cuando se fijó la sigilosa serpiente estaba

emprendiendo su regreso a la mansión. Hermione apretó el pañuelo y hundió la cabeza entre sus rodilla. Había

demasiado sentimientos aprisionados dentro suyo, y necesitaba expulsarlos alguna manera… Las saladas gotas de

lluvia se encargaron nuevamente de ello.