Dices que te Olvidaré

Capítulo VI

"Objetivo: venganza"

por: Jenny Anderson.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi, ella es inmensamente rica, yo no, esto es sin fines de lucro solo de entretenimiento.

Notas: Esta es una reedición del fic original. Si ya lo habías leído antes, te encontrarás con que lo estoy corrigiendo en cuestión de ortografía y de argumento. Gracias por empezar a leerme o por haberme leído alguna vez.

Beta: La maravillosa Nande_chan que no sé la razón por la que aún no me manda a freír chongos a la China.

Palabras: 6,457

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Si me tenías

¿Por qué perdiste el equilibrio y te alejaste de mi vida?

[…]

Yo te deseo un paraíso de mentiras

Un universo con estrellas que no brillan

Yo te quería y me obligaste a renunciar a la mitad de mi alegría

[…]

Un día entenderás que fue un error

Cambiar la realidad, por fantasía. [Si me tenías, Manuel Mijares]

Cuando quieres a alguien con todas tus fuerzas, con todo tu ser, es difícil ser capaz de verlo objetivamente, es más normal el justificar sus acciones, quitarles la responsabilidad de sus decisiones, culpar a otros antes de aceptar que la persona a quien quieres puede ser, de hecho, una persona diferente a la que tú piensas que es.

Por eso, para Seiya las palabras de Serena no eran motivo de encender alarmas, lo que su Bombón le estaba diciendo era completamente justificable. Ahora que sabía toda la historia, ¿cómo podía juzgar a Serena por querer lastimarlos? Era un pensamiento de lo más normal y, después de todo, el desear algo no te hace conseguirlo. El dolor era un muy mal consejero.

Intentaba ponerse en los zapatos de ella, imaginar lo que era saber cuál era tu futuro, pero no era solo que ella lo supiera, lo había visto. Había tenido esa rara oportunidad de ver a su propia hija, a su futuro reino. Lo que era realmente increíble es que con todo el dolor, su Bombón no estaba del todo derrumbada. Todo ese dolor no la había vuelto loca. Seguía conservando la fortaleza que él había visto antes, el espíritu que la había llevado a hacer brillar toda la Vía Láctea.

—Va a pasar Serena, con el tiempo todo esto va a pasar.

Jamás voy a ser capaz de perdonarlo.

—Tal vez tengas razón, no lo sé, pero durante los primeros días en lo único en que podía pensar era en regresarle a Darién todo el dolor que estaba sintiendo, en vengarme de Amy por haberme hecho eso.

—Es comprensible Serena, no tienes porque ser tan dura contigo misma.

—Y tú no tienes por qué sentir lástima.

Eso era lo peor, era la razón por la que no había querido hablar con sus amigas, ni le había dicho nada a sus padres, odiaba ese mirada que le lanzaban, aquel "pobrecita" que no era pronunciado pero que estaba ahí, en los ojos, en las acciones, odiaba esa mirada compasiva. Y la odiaría más si la veía en los ojos de Seiya. No necesitaba que la gente la compadeciera, ya se sentía lo suficientemente miserable sin que lo hicieran. No necesitaba ver en los ojos de otros lo que encontraba en los suyos día tras día.

—No es lástima, Bombón, jamás podría ser lástima y tú lo sabes —le dijo tomándola de las manos.

Serena lo miró fijamente. ¿Qué tan diferente habría sido su vida si él hubiera sido escogido por su corazón? Intentó imaginar cómo hubiera ido todo, pero no podía. Lo único que era capaz de sentir era el dolor y lo único que era capaz de ver era a Darién.

Recordaba por supuesto la última conversación que había mantenido a solas con Seiya, antes de que Galaxia decidiera dar la cara; con todo lo que había pasado, no tuvo oportunidad de contarle nada a sus amigas y luego, con la partida de ellos, no había tenido caso sacar aquel tema. Tampoco le había dicho a Darién.

No había pensando en esa conversación de nuevo, para ella Seiya era su amigo, el mejor amigo que tenía independientemente de ser Sailors, y era alguien que siempre la había escuchado sin juzgarla ni incitarla a cambiar. ¿Después de esos años él seguía sintiendo lo mismo? Era posible, después de todo ella misma estaba apostando a que los sentimientos de Amy por Taiki de alguna manera siguieran intactos.

¿Qué habría pasado si Galaxia no hubiera atacado? ¿Seiya habría cumplido su amenaza de raptarla? ¿Lo seguiría considerando su amigo de haber ocurrido aquello? ¿Habría sucumbido cual protagonista de novela rosa a su captor? No tenía sentido hacerse tantas preguntas, aquello era algo que jamás sabría, por mucho que ahora deseara que fueran hechos, y tal vez lo que estaba pasando ahora no hubiese pasado nunca.

Tal vez Darién hubiera querido recuperarla, y jamás habría mirado a Amy más que como una amiga, tal vez Darién la hubiera buscado en toda la galaxia para tenerla de nuevo, entonces, tal vez, su historia de amor se habría convertido en un cuento que se seguiría contando cuando ellos ya no siguieran con vida, incluso convirtiéndose en leyenda.

No tenía caso pensar en eso, ese siempre había sido su problema, vivía en su propio mundo lleno de fantasías.

—Seiya…

—No —interrumpió él besando el dorso de la mano derecha de Serena—, soy tu amigo, Bombón, estoy aquí para ti, para apoyarte y ayudarte. Olvídate de lo demás.

—Gracias —dijo ella abrazándolo nuevamente a pesar de sentirse culpable.

¿Era posible que sin darse cuenta hubiera lastimado a muchas personas y ahora estuviera recibiendo su justo castigo? ¿Que hubiera experimentado tanta felicidad que ahora, para balancear el universo, debía sufrir? ¿Y de ser así, cuánto sufrimiento más le esperaba? ¿Por esa misma razón Endymion y Serenity no habían logrado consumar su amor? ¿Tenía que pagar su cuota de dolor tan pronto? ¿Era que al saber lo que les deparaba el futuro, el destino había decidido que ya no tendrían un felices para siempre?

—Voy a irme Seiya —dijo y no estaba preparada para que las palabras dolieran como lo habían hecho, ¿por qué Seiya no había llegado antes?—, he pedido una transferencia y me la han concedido, no puedo seguir en Tokio, duele demasiado.

Seiya se separó de ella para mirarla a los ojos.

—¿Qué quieres que haga Bombón? ¿Qué vaya contigo?

Serena lo miro incrédula durante un momento. ¿Realmente lo haría? Se iría con ella a pesar de que acababa de llegar a la Tierra, se encargaría de cuidarla y protegerla hasta que estuviera bien de nuevo para regresar.

Sí, quería que fuera con ella, que la ayudara a superar todo eso, a sonreír y ser feliz de nuevo, pero entonces, ¿no sería injusta con él? ¿No le pediría más de lo que se le podía pedir a un amigo? ¿Y no era otra muestra de debilidad el necesitarlo tan desesperadamente? Después de todo, aquella transferencia la había solicitado pensando en estar lejos de Tokio, ser capaz de curar sus heridas, demostrarse que podía salir de todo eso sola.

Llevar a Seiya sería como hacer trampa, por mucho que deseara su compañía. Llevar a Seiya solo evidenciaría lo débil que era, llevar a Seiya sería una mala decisión, llevar a Seiya le recordaría día tras día su fracaso. Llevar a Seiya solo haría las cosas más complicadas.

Ahora no, después. Después puedes acompañarme Seiya. Llevarte ahora sería renunciar a ver su dolor.

—Sería maravilloso que estuvieras conmigo, pero sería injusto para Taiki y Yaten, acaban de llegar y no puedo pedirte que vayas conmigo a esta aventura. Estaré bien, me he matriculado a un montón de actividades, no tendré tiempo de extrañar Tokio.

Seiya escuchó fuerte y claro el mensaje tras aquellas palabras, no habría tiempo para pensar en el dolor, ni en la venganza. Quería oponerse a aquella decisión, pedirle, rogarle que le permitiera acompañarla, pero lo detenían aquellas pupilas, llenas de determinación, de dolor.

Él sabía exactamente lo que ella necesitaba y ya que no podía hacer más, simplemente la apoyaría en las decisiones que tomara; aún se sentía culpable por no haber respondido al llamado con más rapidez. Ahora lo que Serena necesitaba era empezar a sanar y si para hacerlo tenía que estar fuera de Tokio, así sería.

Si necesitaba que encadenara a las otras Sailors para que no la siguieran, lo haría. Lucharía con Haruka sin pensarlo si con eso lograba que ella tuviera un momento de paz. No dudaría en luchar con todas las Sailors para guardar en secreto su paradero si con eso lograba que su Bombón volviera a ser feliz.

—Estaré aquí esperándote para cuando regreses —le dijo con la misma sonrisa con la que se había despedido años atrás— y para visitarte cuando me lo pidas.

¿Por qué no apareciste antes en mi camino, Seiya?

X – X – X

Yaten escuchaba a las jóvenes como un ruido de fondo, ya no estaba prestando atención a la plática, se encontraba concentrado en observar el departamento. Cuando se había enterado que aquellas chicas fastidiosas eran las Sailor Scouts, se había sentido completamente furioso, simplemente no podía creer que ellas fueran las guardianas de aquel planeta.

No veía en ellas ninguna organización. Ellos intentaban mantenerse en forma, los ensayos y el gimnasio eran su intento para no perder la condición física que su misión necesitaba, mientras que ellas… no había nada que dijera que eran las Sailor Scouts por las que en más de una ocasión habían sido rescatados.

Cuando habían dado la vida por ellos, bueno eso fue una verdadera sorpresa, y había sido mucho más desconcertante cuando se enteraron que Serena Tsukino no solo era Sailor Moon, sino que se trataba de la mismísima Princesa de la Luna. Aún hoy, años después, seguía sin entender el proceder de aquellas chicas, él jamás habría dejado la seguridad de su princesa en otras manos que no fueran las suyas. Jamás se habría sacrificado por unos "amigos" si eso significaba tener que dejar a la princesa sola. Como Sailor, el único fin de su existencia era servir y proteger a su princesa, no podía entender que para ellas no fuera así.

Por eso no le gustaban aquellas chicas como Sailor, ya que rompían todas las reglas con las que él había crecido como guerrera. Supo que el planeta Tierra estaba viviendo un tiempo de paz y por lo tanto ellas estaban viviendo su vida, otra de esas cosas que no entendía.

Recordaba haber tenido una discusión con Aino al respecto, la manera en que ellas parecían vivir otra vida, como si ser guardiana fuera solo una cosa más y no la razón de su vida, como le pasaba a él y a Taiki y Seiya. Era como si ser Sailor fuera simplemente otra de las cosas de la agenda entre tender la cama y hacer las compras.

—Chicos, si regresan al mundo de la música, me encantaría tener una colaboración con ustedes.

Yaten no pudo evitar una mueca ante las palabras de la guardiana del amor, no era que no creyera en el talento de la joven, lo había visto de primera mano en aquel concurso, el problema era lo celoso que era con su trabajo. En el pasado les habían propuesto el tema de las colaboraciones, por supuesto dada la naturaleza de su misión declinaron la oferta.

—No podemos prometer nada Aino, aún no hablamos con quien era nuestra representante.

Dijo intentando no sonar del todo grosero, sus letras eran suyas y encerraban algo de cada uno de ellos, sus propios miedos y anhelos y no se veía capaz de compartirlos con alguien más, mucho menos con alguien como Mina Aino o alguna de las otras Sailors.

Taiki había encontrado que era realmente difícil mantener su atención en la platica que las jóvenes estaban teniendo y demostrar una actitud medianamente interesada. No era que no le interesara la vida de las jóvenes, una parte de él estaba interesado en esos años, pero la mayor parte de sí mismo seguía en conflicto.

Sabia que debía convencer a Serena de unirse a su cruzada, de hacer un último intento para recuperar lo que era suyo, pero también sabía que para hacer eso debía tener un plan sólido de acción; no podía pedirle que se aventuraran a la pelea sin al menos un bosquejo de plan. Pero primero tenía que hablar con ella y convencerla, ella parecía tan resignada, tan dispuesta a permitir que Darién se quedara con Amy y eso, Taiki no podía permitirlo.

Serena estaba completamente devastada y él quería proponerle pelear, luchar ya no por separar a Amy de Darién, quería pelear por una oportunidad para hacerlo. No podía simplemente resignarse como Serena, sabía que era posible que solo fuera su shock ante los hechos, pero necesitaba con desesperación que ella estuviera de acuerdo con él, que quisiera pelear por una oportunidad, que fuera cual fuera el desenlace, al mirar atrás, supieran que habían hecho todo lo que estaba en sus manos.

Ahora solo necesitaba un plan y que Serena lo escuchara.

X – X – X

—¿Cuándo te vas? —preguntó Seiya, aún sujetando las manos de Serena entre las suyas.

—En una semana —murmuró ella.

—En una semana estaré ahí para desearte un buen viaje.

Ella quiso pedirle que no lo hiciera, que no pensaba decirle a ninguna de ellas y que no estaba segura de poder soportar una despedida. Eso de las despedidas se escuchaba tan definitivo y tenía la sospecha que si había alguien para verla partir, no conseguiría el coraje para hacerlo. Pero entonces el significado de las palabras de Seiya llegó por completo a su mente, no estaría ahí para despedirla, lo haría para desearle un buen viaje, le estaba demostrando más confianza de la que ella tenía en sí misma.

No supo por qué, pero aquellas confianza removió algo dentro de sí, y la intensidad del dolor que tenía en el pecho desde su plática con Darién disminuyó un poco, la embargó la certeza de que si renunciaba a su viaje y se quedaba al cuidado de Seiya podría sanar, no la misma Serena pero al menos una que fuera capaz de sonreír. Al menos una no tan llena de amargura.

No podía permitirse eso.

X – X – X

Darién odiaba sus presentimientos, y los odiaba aún más cuando esos mismos le impedían concentrarse; los detestaba con cada célula de su cuerpo, ya que generalmente eran correctos. En el pasado había tomado muchas decisiones erróneas cuando uno de sus presentimientos lo golpeaba, ahora, sin embargo no sabía qué hacer.

Sus presentimientos generalmente eran sobre Serena, la certeza absoluta de que ella sufriría y él tenía que hacer algo para evitarlo, incluso si eso significaba tener que lastimarla y mantenerse alejado de ella. Esta vez el presentimiento era completamente diferente.

Era como un susurro que llegaba con el viento, una especie de advertencia que era incapaz de descifrar, como si la misma Tierra quisiera ponerle sobre aviso. ¿De qué? Eso era lo que al parecer tendría que averiguar, nunca el viento le había susurrado cosas, y por lo mismo no sabía de qué manera averiguar lo que el viento quería decirle.

No quería sacar conclusiones precipitadas, mucho menos ahora con las cosas como estaban con Serena, pero no le pasaba por alto la coincidencia de la llegada de aquellos hombres de otro planeta con el viento comenzando a susurrar.

Se sirvió un par de dedos de brandy, esperando que tal vez el alcohol lo ayudara a pensar con más claridad o simplemente para evitar seguir los pensamientos nefastos que habían comenzando a invadirle. Serena era y siempre sería su familia, alguien por quien no dudaría jamás en proteger con la vida si fuera necesario; pero ahora estaba Amy en su vida y estaba seguro de que a Amy no le gustaría verlo salir corriendo para proteger a la que hasta hace menos de dos meses era aún su prometida.

Tampoco podía quedarse de brazos cruzados, si es que este susurro le advertía sobre un nuevo peligro, una nueva amenaza a las vidas de los habitantes de la Tierra, pero tampoco podía lanzarse a salvar a Serena cada vez que estuviera en peligro ya que eso solo complicaría las cosas. Podría darle esperanzas falsas a Serena y preocupaciones sin sentido a Amy.

Por primera vez en su vida, no sabía realmente qué debía hacer.

X – X – X

Lo primero que notó al comenzar a caminar era que hacía frío, mucho frío y que sus pasos resonaban en el lugar con un eco inquietante; se frotaba las manos en un intento de mantenerlas calientes a pesar de los guantes que portaba, y por más que utilizaba su pequeña computadora portátil así como sus gafas, era simplemente incapaz de saber dónde se encontraba. Lo único que sabía es que estaba sola.

¡Chicas! —gritó a pesar de saber que era una mala idea, en caso de que el enemigo estuviera cerca le estaba dando su posición, y no le gustaba la sensación que la estaba rodeando, aquel vacío y el frío, simplemente no quería estar más en ese lugar—. ¡Chicas!

Pero todo lo que escuchó fue su propia voz propagándose por el vacío en un eco que no hacía más que ponerle la piel de gallina y hacer que comenzara a respirar superficialmente, uniéndose el ruido de su respiración al de sus pasos.

El pasillo estaba en semi penumbra, no sabía exactamente de dónde venía la escasa luz que la iluminaba, pero tampoco le dedicó a aquel enigma un segundo de sus pensamientos, concentrada como estaba escudriñando las sombras en espera de reconocer en aquella oscuridad alguna silueta.

¡Chicas!

Pero, de nuevo, la única respuesta que obtuvo fue su propia voz regresando a ella como eco, sus pasos resonando y su respiración errática. Intentó recordar, ¿cómo había llegado ahí? ¿En qué momento se había separado del resto de Scouts? Pero fracasó en su intento, simplemente le era imposible recordar algo más que no fuera ese pasillo.

Llegó a lo que parecía el final del pasillo, el inicio de lo que parecía una especie de habitación oval, escuchaba el sonido del agua al caer pero le era imposible saber la dirección de la que provenía, toda su atención se encontraba en la persona que se encontraba al centro de la habitación.

¡Maker! —gritó dando un paso automáticamente a donde la figura de una muy golpeada Sailor Star Maker se mantenía de pie, debido a las muñecas sujetas por lo que parecía una especie de cable.

Sentía la desesperación comenzar a correr por su cuerpo, pero se obligó a detenerse para volver a activar sus lentes y comenzar a analizar la escena, había demasiadas posibilidades de que aquello fuera una trampa y si ella era realmente la única oportunidad de Maker de escapar, no podía permitirse ser atrapada también.

Los resultados fueron los mismos, no había nadie con ella, estaba sola en el lugar, frunció el ceño ante los resultados, era imposible, debía de haber al menos otra presencia con ella, la de Maker, pero la pantalla de su mini no parecía mentir.

Se mordió el labio con indecisión, ¿era Maker una ilusión?

¡Mercury… ayú...ayú...dame!

No era la primera vez que aquello pasaba, las malignas habían utilizado la misma técnica en el Polo Norte para hacerlas caer, y ella recordaba exactamente la manera en que aquello había terminado, así que se convenció de que no debía hacer caso a sus sentidos, Neherenia le había enseñado eso, no siempre se tenía que creer en lo que se veía y se oía, sus sentidos podía ser alterados.

Se puso a escribir en el teclado y trató de concentrarse lo más posible en la pantalla, aquello jamás le había fallado y no lo haría ahora.

¡Mercury… por favor… por favor!

Se obligó a no hacer caso a lo voz, a seguir concentrada en la pantalla sin hacer caso al estremecimiento que aquella voz débil y suplicante había generado en su cuerpo, pero el resultado seguía sin variar, no había ninguna presencia salvo la suya en aquella habitación, Maker no era real.

Y sin embargo, se veía tan real, la sangre corriendo lentamente por el látex de los guantes, donde las ataduras habían logrado romper el material y lastimar la piel, ¿cuánto tiempo había estado Maker forcejeando para que aquello sucediera? Se fijó en el pecho que subía y bajaba al ritmo de las respiraciones aceleradas, la sangre en los labios, las marcas en el rostro, en el estómago, la manera en que sus piernas ya no parecían sostenerla y todo su peso lo cargaban sus muñecas, las ataduras enterrándose en la carne.

Cerró los ojos para convencerse de seguir de largo, que aquello no era verdad, solo una ilusión, tenía que continuar su camino, era solo un truco mental de su enemigo.

Mizuno, por favor Mizuno… VA A VOLVER, VA A VOLVER, NO ME DEJES AQUÍ.

No eres real —dijo sin mirar de nuevo a la guerrera atrapada, si lo hacía flaquearía y no podía permitirse dejarse engañar por el enemigo.

¡AMY!

Abrió los ojos ligueramente desconcertada, el corazón latiendo desbocado en su pecho y ella sin lograr ubicar dónde se encontraba; miró a su alrededor con atención, casi esperando que hubiese algo ahí que explicara su sobresalto, pero solo se trataba de la sala de su casa, y el libro que estaba leyendo caído casi parecía mirarla desde el suelo.

Se llevó la mano al rostro, sin creer que se había dormido, pero aparentemente estaba más cansada de lo que pensaba. Justo cuando se levantaba del sofá fue que lo recordó, la razón por la que se había despertado, el grito de Maker, fue a la cocina para tomar un vaso de agua y dejar que la pesadilla se perdiera ante la vida real, se trataba solo de una tonta pesadilla. No había razón para permitir que algo así la inquietara.

A pesar de todos sus esfuerzos el miedo seguía ahí, mientras se cepillaba los dientes, se ponía la pijama y se preparaba para una noche de sueño reparador. El miedo no se había ido, pero Amy era ya una experta en ignorarlo, había comenzado a vivir en un estado permanente de agitación desde que se había dado cuenta de que estaba enamorada del novio de su amiga.

X – X – X

Si había alguna cualidad que Taiki valoraba en su persona era la paciencia, uno no puede vivir con Yaten y Seiya sin desarrollarla, realmente la ha tenido en su persona desde siempre, pero no se había percatado de eso hasta que llegó a la Tierra por primera vez y tuvo que lidiar con la prensa, con un mar de jovencitas que los acosaban a cualquier hora del día y a las continuas peleas entre aquellos que llamaba hermanos.

Su otra cualidad era la estrategia, Seiya podía ser el líder, pero la mayoría de las estrategias salían de su mente, así que con su sentido de la estrategia y su paciencia logró encontrar el momento preciso para quedarse a solas con Serena.

Se encontraban en una de esas tiendas abiertas las 24 horas del día, comprando bebidas, ya que Serena no tenía suficientes, el té que Kino había llevado se había terminado hacía mucho y las platicas amenazaban con continuar por más tiempo, por lo que esa podía ser su única oportunidad en lo que restaba de la noche de hablar con ella.

—¿De verdad piensas renunciar así sin más? —Tal vez debió de poner un poco más de tacto en aquella pregunta, pero no le parecía que Serena agradeciera ser tratada con exceso de cordialidad y él no estaba seguro de poder hacerlo.

—No es como si las cosas estuvieran en mis manos, Taiki —dijo ella tomando algunas botanas del estante.

—¿Y te vas a resignar?

—¿Qué es lo que quieres que haga? ¿Que le suplique a Darién otra oportunidad? ¿Que me aparezca en todas sus cenas? ¿Que lo llame para que me ayude con mis tareas?

—¡QUE LUCHES!

—Estoy harta de luchar Taiki, ésta soy yo, Darién me conoce completamente, y si no fue suficiente, ¿qué puedo hacer? No puedo hacer más de lo que ya hice, le di todo y él aún quería más.

—No puedo creer que lo digas en serio, y no puedo creer que lo digas tan tranquila. ¿Es que no te duele o es que realmente jamás lo quisiste lo suficiente?

Aquello fue casi como un golpe físico, y Serena sintió lágrimas en los ojos ante aquello, ojalá nunca hubiera querido a Darién con todas sus fuerzas, ya que entonces realmente entendería que no fuera suficiente, pero lo quería con cada gramo de su ser, cada una de las partículas de su cuerpo adoraban a Darién y por eso dolía tanto.

—Entiendo que te duele que Amy ya no esté disponible, y que tardaras tanto en regresar, pero no me metas en tus problemas. Puede que tú puedas hacer algo, ahora que estás aquí y que puedes demostrarle a Amy que la quieres, yo estuve aquí todo este tiempo, le di a Darién absolutamente todo lo que podía darle y a pesar de todo prefirió a Amy, ya no sé qué más hacer, Taiki.

—¡Lucha! Recuérdale la razón por la que estaba contigo.

Serena lanzó una carcajada sin humor, haciendo que las lágrimas que momentos antes las palabras de Taiki trajeran a sus ojos comenzaran a correr por sus mejillas. Taiki lo ponía todo tan simple, como si todo se tratara de simplemente volver a sonreírle a Darién y ya todo estaría bien.

—Ese es el problema Taiki —comenzó a decir intentando limpiar las lágrimas que había esperado ya no derramar por Darién—, ya no sé la razón por la que estaba conmigo, pero puedes escoger la que más te guste: por una utopía, por una hija, porque soy la reencarnación de Serenity.

Taiki detestaba ver llorar, especialmente a las mujeres, pero había algo en el llanto de Serena que siempre le desarmaba, que hacía que quisiera pedirle disculpas y retirar sus palabras, le había sucedido en el pasado y tal parecía que le pasaba ahora. Pero no se atrevió a moverse ni mucho menos a intentar darle consuelo, sus emociones eran un torbellino dentro de sí y no sabía qué era lo que tenía que hacer en este caso: gritarle, consolarla o simplemente dar media vuelta y dejarla ahí hasta que se diera cuenta de que la actitud que estaba tomando era la incorrecta, era la Princesa de la Luna, Sailor Moon, no existían imposibles para ella.

Había algo horrible en decir las palabras en voz alta, en enumerar razones por las que Darién estuviera con ella sin pensar en el amor como número uno, se sentía completamente fuera de sí, molesta con Taiki de qué pensara que se había rendido con mucha facilidad, molesta consigo misma por creer que tal vez era cierto, tal vez debía rogar más y por otra parte, casi se sentía contenta por aquella conversación, detestaba tener solo una semana para poder comprobar su teoría.

No puedo equivocarme en esto

—En una semana me voy a ir de Tokio, y creo que tal vez si te convences en ese tiempo de que ya no hay nada por lo que luchar, debas acompañarme.

Taiki negó lentamente con la cabeza. ¡Una semana! Ella pensaba que con una semana sería suficiente, era verdad que no era el Príncipe de la Tierra, pero no era tampoco alguien que se rindiera fácilmente, era y siempre sería una guerrera y sin luchar no pensaba rendirse.

—No veo por qué tendría que hacerlo.

—Por lo mismo que lo hago yo, porque duele verlos, y todo en Tokio se siente como un gran fracaso.

—No puedo simplemente dar media vuelta como planeas hacerlo tú. —No esperaba que sus palabras sonaran tan duras, pero así había sido—. Está el grupo, y no puedo dejar a Yaten y Seiya simplemente porque no consiga lo que quiero.

—No creo que ellos tengan problemas en encontrar a alguien más para el grupo, estoy segura que Mina estaría encantada, por otro lado siempre se pueden lanzar como solistas. Pero no quiero que creas que te estoy obligando, simplemente quiero que lo pienses, es una opción, podemos cuidarnos mutuamente.

—Lo pensaré Serena, pero no quiero que te hagas ilusiones. Si te vas a ir huyendo, lo más seguro es que yo no esté contigo.

—De todas maneras pensaba ir sola, pero es bueno que sepas que existen otras opciones Taiki, y que no tienes por qué sufrir en silencio. Ahora vamos por esos frescos antes de que Rei y Seiya vengan a buscarnos.

Taiki la vio comenzar a caminar y perderse en uno de los pasillos, miró a su alrededor, los cacahuates y las papas fritas lo rodeaban. Estaba convencido de que si ella no quería pelear, él sí tenía que hacerlo, pero una semana para intentarlo era muy poco tiempo y por otro lado, ¿cómo se iba a ir con ella cuando Seiya era quien la quería? Se sentía tan ruin ante la rabia que le daba que Seiya tuviera ahora el camino libre, casi se alegraba de que Serena quisiera irse, entonces su hermano tendría que luchar solo un poco más duro.

Aquello lo desconcertó un momento, ¿Seiya dudaría en irse si ella se lo pedía? No, seguramente no y lo más normal sería que tanto él como Yaten lo animaran a hacerlo, decidió dejar aquello por el momento, no tenía caso pensar en cosas que no pasarían.

X – X – X

Yaten sentía que había algo que no estaba bien, pero fuera de lo obvio, no era capaz de saber qué era exactamente lo que no le daba buena espina. Todo parecía estar sucediendo de la mejor manera, Seiya estaba cerca de Conejo y la chica, aunque menos feliz que antes, se iluminaba cuando miraba a Seiya. Estaba seguro que Seiya se iba a ganar a la chica y, entonces, lo más probable era que no regresaran a su planeta nunca. Posiblemente era momento de que él también comenzara a buscar su propia vida en la Tierra, estaba seguro de que ni él ni Taiki se irían si Seiya pensaba quedarse. Y él no quería regresar solo.

Para Amy, aquella semana fue como las de antes, con salidas casi diarias con las chicas, con millones de cosas por hacer y nuevos lugares que descubrir. Mina había descubierto un mercadito de segunda mano donde habían encontrado una cantidad desconcertante de cosas divertidas, por supuesto sabía que aquellas salidas, aquellas noches de cine y aquellos cafés eran por los chicos, y si ella estaba invitada era simplemente para mantener la tradición. Era increíble, cuando lo miraba en retrospectiva, la cantidad de salidas que habían tenido con aquellos chicos en el pasado.

Se habían puesto al día, lo único que a ella le faltaba era lo que habían hablado aquel primer día que habían llegado, pero no se necesitaba su IQ para saber el tema central de aquella plática. Había intentado que Darién no los acompañara en todas las salidas, después de todo era un hombre muy ocupado con el hospital, sin embargo él había logrado conseguir tiempo y estar presente durante un rato todos los días que habían salido.

Serena se mantenía lo más lejos posible, lo que no era del todo difícil ya que Seiya la acaparaba por completo. Lo que la desconcertaba era su propia actitud con Taiki, lo buscaba casi inconscientemente para iniciar pláticas sobre cualquier cosa que, invariablemente, terminaban siendo desviadas al tema de su actual relación. No era que le molestara hablar de Darién, su novio era lo suficientemente interesante como para pasar horas hablando de él y lo maravilloso que era.

El problema era la mirada de Taiki, una mirada que Amy no lograba descifrar, a veces las preguntas eran de lo más tontas, pero otras eran íntimas y ella solo era capaz de sonrojarse furiosamente y balbucear sobre lo inapropiado de la pregunta, y entonces Taiki se disculpaba, pero Amy podía ver en sus ojos que no lo sentía. Lo que no entendía era su propia reacción ante el hombre, el nerviosismo y sus ganas de contestar absolutamente todas sus preguntas.

Darién era un completo caos, los celos no eran propios de su manera de ser. En el pasado, con Serena, los había experimentado por supuesto, nunca tan grandes y con tanto temor como cuando se habían enfrentado a Diamante. Ahora, no podía evitar la punzada de recelos que surgía en su interior cuando veía a Serena con ese tal Seiya, se notaba en los ojos del chico que seguía completamente enamorado de ella y ella, ella parecía más animada cuando estaba con él, pero sus ojos no mentían, aún estaba sufriendo y aquello, a pesar de que no debería, le daba cierta satisfacción, sabía que era injusto pero no podía evitarlo.

Por otro lado estaban los celos locos que sentía cada que Amy le sonreía al tal Taiki. Mientras que Seiya era completamente abierto en su adoración con Serena, Taiki era completamente reservado y era eso lo que estaba volviendo loco a Darién. Tenía la sospecha de que el chico estaba preparando su movimiento, que estaba interesado en su novia, pero no tenía ninguna prueba; cuando creía que captaba una mirada de interés, sucedía algo, Amy lo tomaba de la mano o Serena pedía la atención del hombre, y lo único que sabía era que no le gustaba la cercanía del chico con su novia, y por eso intentaba estar presente en cada reunión. Mientras vigilaba que Taiki fuera completamente consciente de su presencia, intentaba descubrir si Seiya era alguien de fiar, puede que Serena ya no fuera suya, pero no por eso dejaría que cualquiera la tuviera, la había querido profundamente y quería que estuviera con alguien que pudiera amarla como merecía, como él no había podido hacerlo.

Taiki al fin comprendió lo que Serena le había querido decir aquella noche, no era que no se pudiera luchar, era que simplemente no parecía poder hacerlo, cada que Amy hablaba de su Darién, sus ojos se iluminaban y la sonrisa venía a su rostro. Taiki se sentía mareado de escucharla, lo mucho que lo quería, lo maravilloso que era, supuso que se trataba de que con las otras chicas no podía hablarlo, así que lo hacía con él. Y no importaba cuánto intentara cambiar el tema, siempre regresaban sin falta al tema "el maravilloso hombre y futuro cardiólogo que es mi novio" y ahí fue cuando se dio cuenta de que no tenía nada que ofrecer a la chica.

Claro, él era bueno en lo que hacía, su carrera había comenzado como parte de su misión, pero no sentía esa pasión desbordante por la música que Amy sí sentía por su profesión. No había vivido nunca su vida pensando en algo que fuera para sí, siempre había sido una guerrera, incluso ahora no sabía qué era lo que tenía que hacer. Había pensado que podía darle la espalda a su planeta siempre que tuviera a la chica, pero ahora se daba cuenta que tenía que darle la espalda a su planeta si quería a la chica y era un apuesta arriesgada. Era posible que nunca la tuviera, pero al menos estaba seguro que encontraría lo que quería, lo que lo apasionaba y lo llenaba, y si era la música o alguna otra cosa lo sabría. Él era Taiki pero no sabía realmente quién era si le quitabas a la guerrera. Entonces, tomó su decisión, acompañaría a Serena para empezar la búsqueda de sí mismo.

Serena había apostado al azar, y había tenido que observar muy de cerca tanto a Taiki como a Amy, pero se dio cuenta de que no estaba equivocada, había en los ojos de Amy algo que no estaba ahí cuando miraba a Darién y sí cuando miraba a Taiki. Era posible que en una semana la guerrera de Mercurio no se diera cuenta de lo que sentía, pero Serena estaba segura de que se daría cuenta y entonces… entonces empezaría a sufrir lo que ella.

No había manera de fallar.

X – X – X

—Recuerda lo que me prometiste —dijo Serena abrazando a Seiya, la semana se había ido con tanta rapidez que por un momento deseó tener más tiempo.

Seiya correspondió al abrazo, intentando no transmitir su tristeza, intentando ser la fuerza que ella necesitaba para comenzar de nuevo. No le había pasado desapercibido lo mucho que ella sufría cada que veía a Darién con Amy, y en esa semana, seguramente, los había visto más de lo que ella era capaz de soportar. Él podía esperar y lo haría.

—Iré a verte en cuanto pueda.

Serena sonrió ante la promesa.

—Dile a las chicas, por favor. Explícales mis razones. —Sabía que era una cobarde por no enfrentarlas ella misma, pero no quería más dramas, lágrimas y reproches, sabía que todas estaban intentando castigarse por lo que había pasado.

—Lo hare, Bombón. No te preocupes —le dijo acariciando su mejilla, limpiando las lágrimas que ella retenía tercamente.

—Gracias, Seiya —dijo cuando escucharon que era el momento de abordar, le esperaba un viaje largo y de transbordar. Sus cosas habían sido ya enviadas por la mudanza horas antes y solo esperaba llegar antes que ellos.

—Cuídate mucho, Bombón —dijo él—. Recuerda que te quiero mucho y no quiero que nada te pase.

—Yo también te quiero. —No mentía, por supuesto que lo quería, era una lástima que no le pudiera querer como él merecía—. Prometo escribirte todos los días.

—Suerte —dijo mientras ella se separaba y se dirigía al abordaje.

Serena suspiró, ya no había marcha atrás. Si sus planes salían como había planeado, regresaría triunfante y si no lo hacían, entonces regresaría resignada y esperaba que ya sin el dolor permanente en el que vivía.

—Me alegra verte —dijo Taiki en cuanto ella entró al vagón buscando dónde acomodar el equipaje de mano que llevaba.

—Pensé que... —dijo ella sorprendida, era parte de su plan y esperaba que sucediera, pero ahora que pasaba no lo podía creer.

Oh Amy, prepárate para sufrir.

—Lo pensé bien y bueno, aquí estoy —dijo sonriendo.

—Esto es genial —dijo ella abrazándolo. Si las cosas salían como había planeado, Amy se enteraría y entonces sí que empezaría a sentir lo que ella había sentido. El que ríe al último ríe mejor, Amy, pensó.

Solo que no sabía que Amy no sería la única que sufriría por su deseo de venganza. Alguien inocente también lo haría.

X – X – X

—¿Qué pasa, Yaten? —preguntó en cuanto llegó al departamento que antes era de Serena., el mismo que les había ofrecido mientras ella se iba. El que había decidido no vender para no regresar aquel dinero a Darién.

—Taiki no está.

—¿Qué quieres decir? —Aquello no tenía sentido, Taiki no se iría sin decirles.

—Que decidió hacer un viaje.

—Un viaje, ¿a dónde? —Ahora sí que Seiya estaba confundido.

—Fuera de Tokio, a la prefectura Miyazawa.

—¿Cómo? —preguntó Seiya completamente aturdido, ese era el lugar a donde se dirigía Serena.

Yaten le pasó la nota simple y sencilla que Taiki había dejado. No había explicaciones, un simple me voy de viaje a Miyazawa y no se preocupen por mí.

—Sabía que estaba enamorado, pero nunca creí que fuera de Serena. —murmuró Yaten sentándose en el sofá, mientras Seiya lo veía completamente sorprendido y decepcionado.

—Entonces se fue para intentar conquistarla —dijo el vocalista sentándose también, sintiendo un dolor en el pecho.

—Jamás lo pensé de Taiki —dijo Yaten.

—Yo tampoco —dijo Seiya sin saber qué sentir ni qué hacer.

Notas de la autora:

¡Ya inicia al fin lo interesante! Tenemos a todos los actores y comenzamos con el objetivo, como seguramente se dieron cuenta, por el momento este es el capítulo más largo en lo que llevamos, y seguramente el siguiente será más largo que este XD

Muchísimas gracias por el apoyo, en especial a Nande que me apoya con el beteo y por supuesto también a: Yetitza, ei-chan, Lul, Amynaoko, Selenebaby, Eliz, Black Lady, Seshyiak, Natalia Kido, Sandy0329, Silver Moonlight-81, Tanita Love, Schwerelos, Sailor Angel7, Sol Levine, SpicaNardi, Anny Mizuno. ¡Mil gracias por sus comentarios! Y gracias también a quien dedica un momento de su tiempo para leerlo.

Espero el siguiente capitulo editado, no tarde tanto.