Como ya advirtieron los gemelos la noche anterior, unos cuantos alumnos de Slytherin fueron al desayuno con algo de color verde y muy viscoso en sus cabezas: moco de troll.
Toda la mesa de leones, incluidos los prefectos y la gente que estaba en contra de la broma, estallaron a carcajadas.
Aquel día pasó con tranquilidad, exceptuando las bromas de los leones hacia las serpientes y las miradas asesinas que estos últimos les daban. Porque según los gemelos, si hacían algo por la mañana, no podían quedarse cortos por la tarde.
Pero aquella noche, una sombra femenina pasaba por uno de los pasillos siendo lo más sigilosa posible. Después se puso a pintarrajear una de las paredes con pintura que salía de su varita escribiendo en una pared "viva la purpurina", y después cogió purpurina rosa y empezó a ponerla en todas las armaduras que había en los pasillos del colegio. Le costó mucho recorrer todo Hogwarts y más de noche, porque no veía mucho, pues solo podía utilizar el hechizo lumos. Pero cuando por fin lo logró, se fue contenta hacia la sala común de los leones para dirigirse primero a la habitación de los de tercer año, tenía que dejarles un pequeño recordatorio a ciertos gemelos. Así que cogió la purpurina roja y la roció por sus cabezas para después poder irse tranquilamente a su cama con una gran sonrisa.
A la mañana siguiente las chicas, Harry, Ron y Lee Jordan esperaban a los gemelos en la sala común. Katie tenía un sueño terrible y quería irse ya al Gran Comedor a por una taza de café, por lo que le preguntó a Lee a ver qué hacían Fred y George para tardar tanto.
- La verdad es que los dos llevan metidos en el baño desde que me he despertado y no me han querido abrir la puerta. No tengo ni idea de lo que les pasa, pero espero que lo solucionen pronto, me está entrando hambre.
Cuando por fin se dignaron a aparecer todos los miraron extrañados por sus gorros navideños, porque resulta que todavía estaban en octubre y se les hacía raro ver a los gemelos con las caras tan serias en vez de con una de sus radiantes sonrisas.
- ¿Qué demonios hacéis así chicos? ¿Creéis que por poneros los gorros de navidad antes de tiempo Santa Claus vendrá antes también?- preguntó con burla Katie.
- Tú a callar Canija- dijo malhumorado Fred, pero en seguida se arrepintió al ver la cara de tristeza de Katie.
- Fred quedamos en que a ella la llamaríais Katie, no me vengas que ahora estás enfadado y que ella tiene la culpa. Discúlpate ahora mismo.- lo regaño la otra Katie.
- Lo siento Katie. No era mi intención hablarte mal- se disculpó realmente arrepentido Fred.
- Vete a la mierda Fred. Yo no tengo la culpa de que te hayas levantado con el pie izquierdo- dijo Katie enfadada. Aunque le había parecido que la disculpa era sincera, a ella nadie le hablaba así, odiaba que la trataran mal.
Fred se quedó pasmado al oír eso, y aún más cuando Katie le dio la espalda y se dirigió hacia el Gran Comedor ella sola. Él en ningún momento quiso hablarle mal, ella era su amiga y aunque en aquel momento se encontraba un poco furioso por la broma que le habían gastado, sabía que no debía desahogarse con ella. Todos los presentes observaron con atención la escena, Katie y Fred nunca antes habían actuado así el uno con el otro. Siempre se habían llevado bien y nunca antes habían discutido.
Aún así, todos siguieron a Katie hacia el Gran Comedor, pero de lo que ninguno de ellos se dio cuenta, fue de las brillantes armaduras.
Una vez en el Gran Comedor, la profesora McGonagall pidió a los gemelos Weasley que la acompañaran a un rincón del comedor para castigarlos por la purpurina en las armaduras. Justo cuando la anciana profesora empezaba a recitar el clásico castigo de pasar toda la tarde en la biblioteca, la voz de George la interrumpió:
- Disculpe profesora, pero aunque no se lo crea, nosotros no sabemos nada de purpurina en las armaduras.
- No se le ocurra mentirme Weasley- dijo ella con mal humor y sacándolos al pasillo- entonces me dirá que no tienen nada que ver con esto- exclamó apuntando a una de las armaduras.
- Le puedo asegurar que no profesora- se defendió George.
- Además a nosotros también nos han jugado una broma- apoyó Fred a su hermano.
- ¿Y, cuál es si se puede saber? Porque yo los veo igual que siempre a excepción de esos gorros navideños tan ridículos para octubre.
Fred y George se miraron y asintieron a la vez que se quitaban los gorros, dejando así ver sus cabezas rojas muy brillantes por la purpurina roja.
- ¿Nos cree ahora profesora?- preguntó George.
- No me lo puedo creer- decía ella con cara de preocupación- ya tenía bastante con ustedes dos como para que ahora tenga a otro bromista más.
- Tal vez sea otra bromista profesora- dijo Fred con una sonrisa y remarcando mucho la palabra "otra".
- Así que ustedes dos saben de quién se trata.
- Nos podemos hacer una idea de quién puede ser- dijo con otra enorme sonrisa George- y no dude que la uniremos a nosotros para tener otro cerebro más para las bromas, definitivamente pasó el examen.
La pobre profesora les dijo que entraran a desayunar, que ella tenía que ir a prepararse psicológicamente para lo que vendría.
Cuando los chicos llegaron a la mesa de Gryffindor, se dirigieron directamente hacia Katie, y le dijeron con una sonrisa:
- Enhorabuena Katie. Has pasado nuestro examen de bromas- la felicitó George- por cierto, tuviste una brillante idea- y hecho el juego de palabras se fue para dejar a su hermano y a una sonriente Katie solos.
Al notar que Fred estaba delante de ella, la sonrisa de Katie se borró al instante para mirarlo con cara de enfado y seguir comiendo su desayuno.
- Vamos Katie perdóname. De verdad que no he querido hablarte así, sólo que simplemente me ha molestado tu broma porque es la primera que nos la hacen. Nunca te hablaría de esa forma así porque sí y lo sabes.
- Sólo te perdono si haces una cosa.
- Lo que sea- dijo él con esperanza.
- Tendrás que quitarte el gorro y tener el pelo brillante por el resto del día para que todos puedan admirar mi completa obra de arte, no solo lo de los pasillos.
- Esta bien, tú ganas- dijo el rindiéndose, al fin y al cabo quería arreglar las cosas cuanto antes y no le importaba quedarse así por un día.
- Gracias guapo- respondió ella recobrando su sonrisa para lanzarse a sus brazos y después darle un beso en la mejilla.
Después de haberlo hecho se separaron en seguida los dos muy sonrojados y con el resto del grupo observándolos con asombro y sonriendo maliciosamente.
