Marca De Fuego - Jim Mizuhara

Capítulo 6

Observaciones Generales: Sexto capítulo ya! Ah, y este trae un agradable relleno... jejeje!... léanlo, aprécienlo y despuésdejen vuestra opinión!


De un manotazo Kai cogió el teléfono que insistentemente tocaba sobre su mesa, y quedó petrificado con la voz que oyó del otro lado de la línea.

- .¿Kai?.

- .¿R-Rei?. ¿Donde estás ahora?

- Yo… necesito hablar contigo, ahora mismo… en mi casa, pero no dejes que nadie te siga, por favor, es importante… solamente tú, y más nadie…

- Sí, sí, estaré allí dentro de algunos minutos… tu voz se oye diferente, Rei.

- Unf, estoy esperándote…

El coche estaba esperándolo cuando bajó del ascensor, y se dirigieron a una zona residencial, donde solamente había casas pequeñas y grandes, y la mayoría carecía de muros, teniendo apenas límites de plantas o árboles frondosos entre las propiedades, el que tenía uno de los jardines más bien cuidados pertenecía a Rei, y Kai tocó la puerta suavemente cuando escuchó el cerrojo abrirse y ser recibido por el chino.

- Hola, Kai.

- .¿Rei?. Por los dioses, .¿Qué marcas son esas que tienes en el cuello?. ¡Estás despellejado!.

- No…no es nada – contestó titubeante el chino – por favor, entra.

Kai se acomodó en un sillón de respaldo alto, y Rei en el sofá, carraspeó antes de hablar y se pasó una de las manos en la garganta. El chino estaba evidentemente nervioso, y Kai extremadamente preocupado y con la sensación de que recibiría malas noticias.

- Kai, yo… quise que vinieras aquí porque debo decirte que no seguiré más trabajando allá… lo siento, pero deberás contratar a otro.

- .¿Pero por qué?. – exclamó el ruso.

- Es que… están ocurriendo algunos problemas, no sé de dónde provienen, pero por alguna razón estoy en medio de la tormenta, aparentemente. Tú estás haciendo algo incorrecto, sé que eso no es de mi cuenta, pero algo no está bien, nada bien… creo que mi vida estará por un hilo si sigo en la empresa.

- .¿Cómo que estoy haciendo algo incorrecto?. Nada está mal, me doy muy bien con Yuriy, y… .¡ah!., ya casi olvidaba, debo agradecerte la gardenia que has dejado allá.

- .¿Qué gardenia?. – murmuró perplejo el chino.

- La que me dejaste encima del escritorio, por supuesto – aclaró Kai, enarcando las cejas - .¿fuiste tú, no?.

- Yo no he dejado nada encima de tu mesa.

- Pero entonces… si no eras tú, .¿entonces quién fue?.

- Entonces era a eso que Yuriy se refería…

- .¿Yuriy estuvo aquí?. – preguntó sobresaltadamente Kai.

- Bueno, sí estuvo, ayer… vino para… para… - el chino tragó seco – hablar un poco.

- .¿De qué?.

- De que tú… estabas con un perfume extraño… y que estabas viniendo aquí y… y…

- .¡Cállate!. Dime una sola cosa: .¿Fue él quien te hizo eso? – indagó Kai, comenzando a alterarse, apuntando al cuello de Rei.

- N-No… no f-fue él…- contestó con voz nerviosa.

- .¡Mientes!. Maldición, no puedo creer que haya hecho esto, .¡se las verá cuando llegue a casa!. Rei, yo… no sé qué decir, es una vergüenza… .¿te ha lastimado en otras partes también?. – preguntó el ruso, acercándose a Rei.

- .¡Aléjate de mí, Hiwatari!., por tu causa ayer casi morí… .¡y no pienses que olvidé lo que me has dicho en la oficina!. Más por mi bien que por el de ustedes me alejaré, .¡porque ustedes se merecen, uno al otro!. Ahora, vete… no quiero que más nadie por hoy me moleste.

- .¿Morir?. ¿Ayer casi has muerto, cómo así?.

- Por muy poco no estaría yo respirando hoy por un orifício en mi garganta, Hiwatari… eso, si aquel puñal no estuviera muy afilado que digamos…

- .¿Puñal?. ¡Maldita sea!. – profirió Kai, furibundo, haciendo ademán de levantarse, aunque antes de irse dijo a Rei – Rei, yo quiero que… bueno, sé que no recuperaré tan pronto tu confianza, pero… ten en cuenta que aún lo quiero y lo aprecio.

Kai volvió a su automóvil, con intenciones de aclarar la situación que lamentablemente Yuriy había iniciado, aunque Kai no logró relacionar tan pronto el hecho de haber llegado envuelto en aquel perfume y que la casa de Rei tuviera el mismo aroma, pero Yuriy hizo una inmediata asociación entre ambas cosas, mismo estando equivocado y no teniendo pruebas. La realidad es que ni el propio Yuriy tenía certeza del hecho de Kai andar oliendo diferente era por haber estado en casa de Rei o por cualquier otro motivo mucho más inocente y sin envolver precisamente a una segunda persona, siempre le tuvo aversión al chino por motivos obvios, y lo que esperaba era un pequeño desliz que le permitiera, si no acabar con él, al menos darle una eficaz advertencia para que desapareciera de la ciudad. Como esta oportunidad apareció, no la desperdició y fue a "advertir"al chino de lo que podía suceder, sin embargo se arrepintió ligeramente de no haber hecho algo más, quizá hubiera podido apretarle el cuello hasta casi desfallecer y luego dejarlo a su suerte…

Antes de pasar por la oficina de Yuriy, Kai volvió a la suya, con la determinación de que no volvería hasta el día siguiente. Para su perplejidad, halló otra flor de gardenia encima de su mesa, mismo habiendo dos puertas llaveadas interponiéndose del corredor a su mesa. Era idéntica a la otra, fresca como si hubieran cortado recién, y con los pétalos a medio abrir, de esa forma exhalaba su aroma en su máxima expresión; Kai lo tomó, aspiró profundamente, esbozó una sonrisa porque… .¿si no era Rei, entonces quién era?. ¿Habría por allí alguien que lo admirara secretamente?.

En el trayecto al periódico Kai pensó en la infinidad de personas que podrían estar mandándole esos obsequios, podía ser cualquiera, pero alguien sensible y conocedor, tímido talvez, cuyas intenciones quizá no pasaran de agradarlo y verlo un poco feliz en los días y semanas que aparecía taciturno y callado. Ciertamente era alguien que podía verlo al momento de hallar la flor, de ver su reacción y de compartir su perplejidad y su felicidad al tener en manos un presente tan delicado y sin embargo envuelto en cierto halo de misterio. Gracias a que pensó en todo eso, y se acalmó lo suficiente hasta llegar a la oficina de Yuriy, no fue enérgico lo suficiente en sacarle datos al pelirrojo, quien negó terminantemente todas las acusaciones que Kai le hizo. Aunque el bicolor tampoco tuvo mucha seguridad en relación al perfume que traía.

- .¿Y ese perfume vagabundo que siempre te traes, de dónde proviene?. – le preguntó ásperamente Yuriy.

- Proviene de esto, idiota – le contestó Kai, sacando del interior de su saco la flor – eres incapaz de reconocer siquiera esto, para ti todas las flores son iguales.

- .¿Y de dónde lo sacas?.

- Este, yo… lo compré de una florería cerca del edificio – titubeó Kai.

Luego de un intercambio de ofensas mutuas y de palabras que solamente complicaban más de lo que resolvían, Kai se retiró mientras Yuriy permaneció en su sala, en el diálogo que sostuvieron Kai dejó traslucir que iba a ser culpable inmediato si algo llegaba a suceder con Rei, el pelirrojo sintió en esos momentos que debería haber cortado la lengua del chino mientras estuvo en su casa el día anterior. Llamó a Bryan para darle instrucciones.

- Yo creo que Kai sí anda haciendo de las suyas – aclaró Yuriy al ojilavanda – entonces tú deberás encontrar pruebas de eso… o sea, algunas fotografías incriminatorias…

Al oír eso, Bryan sonrió y se estrechó una mano contra la otra, muy contento con la misión que Yuriy le confiaba.

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Sintiendo que iba a tener un monumental dolor de cabeza, Kai decidió regresar a casa sin volver por la oficina, porque más tarde Yuriy iba a salir del trabajo y se armaría una discusión mayúscula entre ellos tan pronto llegara; la opción que le pareció mejor fue darse una ducha con agua rozando el punto de ebullición, para relajarse un poco de las tensiones del día. Ingresó a su casa y fue directamente a su alcoba, y sobre las impecablemente extendidas sábanas de seda reposaba una flor. Era otra gardenia.

".¿Pero qué diablos está sucediendo aquí?.", pensó Kai, rascándose la cabeza, ahora hasta en su propia casa, sobre su cama, estaban apareciendo las flores, se acercó a las ventanas y comprobó que todas estaban aseguradas y ninguna estaba abierta; emprendió una infructuosa búsqueda por alguien en todos los rincones de la casa, pero no halló a absolutamente nadie. El único que podría tener acceso a la casa, además de él, era Yuriy, pero había estado con él hacía aproximadamente quince minutos y no estaría precisamente con muchas ganas de dejarle obsequios después de las ofensas.

Aunque el bicolor no quedó muy convencido de que estuviera completamente solo en la vasta mansión, optó por tomar la ducha en el cuarto de baño que estaba dentro de la habitación, cuidando de que todas las ventanas tuvieran el cerrojo echado y que la puerta también estuviera trancada. El agua caliente que escurría por su cuerpo, así también como el vapor que invadía todo el recinto, le producía una sensación de relajación y bienestar; el bicolor gustaba usar un jabón líquido con aroma a pinos silvestres, el cual se lo pasaba pródigamente por todo el cuerpo auxiliado con un cepillo blando, haciendo que aquel aroma se le impregnara y saturara todo el vapor del cuarto, ésa era una fragancia que Yuriy particularmente amaba que Kai tuviera.

Se secó meticulosamente con una nívea toalla felpuda, y con ella envuelta a la cintura salió, pero lo que vio le dejó tan atónito que dio dos pasos atrás. Había una persona sentada en el marco de la puerta, que lo contemplaba y sonreía como si esperara que lo encontraría así. Lucía impecablemente vestido, y entre los dedos de la mano derecha sostenía una gardenia tan blanca como su vestimenta, la cual aspiró ligeramente su aroma, con los ojos entrecerrados, para luego arrojarla con precisión al centro de la cama. La leve brisa movía ligeramente sus cabellos, y producía escalofríos al bicolor; Kai se sujetó con más firmeza la toalla, y cerró con fuerza el puño derecho, entre todas las personas que podían haber en el mundo, no daba crédito que fuera él.

Era Brooklyn.

El pelinaranja se levantó del marco, y cerró las hojas de la ventana, para luego voltearse y sonreír de buena gana al bicolor. Se dirigió a un sillón tapizado ubicado en uno de los rincones del cuarto y allí sentado siguió mirando a Kai, como si se tratara de una pieza de arte en exposición.

- Impresionante, Kai… sí que me has impresionado.

- .¿Se puede saber qué rayos haces tú aquí?.

- .¿Yo?. He venido a dejarte otro regalo. Sé que aprecias las gardenias.

- .¿Y cómo sabes de eso?.

- Algunos años atrás, mientras estuve pasando por Rusia, había visto que estaban podando todas las gardenias de la Abadía, y luego de algunas preguntas me enteré que tú no deberías siquiera acercarte a esas flores… te estaban entrenando para convertirte en una máquina que hiciera apenas la voluntad de los demás, sin que tú tengas suficiente consciencia de eso. En esas circunstancias, era vital que tú no recordaras nada de tu pasado, mucho menos de los buenos recuerdos… y las gardenias hacían parte de tu pasado, por eso destruyeron todas, cuando llegaste. Es un secreto que pocos saben, pero en la Abadía casi todos supieron.

- .¡No me interesa esa historia!. ¡Nada de lo que haya pertenecido a aquel infierno me interesa!. Sólo quiero saber qué haces tú aquí, y dejando las gardenias por todas partes.

- Es porque… - un ligero rubor subió por sus mejillas – bueno, desde aquella vez que tuvimos nuestra penúltima batalla, yo me sentí pésimo porque derroté a Dranzer y… tú estabas herido, te lastimé tanto pero… no era mi intención hacerte eso, yo también estaba dominado por las ansias de la victoria, de la venganza, y los intereses de otras personas más poderosas que yo… o como decía tu abuelo: "perder no es una opción"… tenía que hacer eso, caso contrario en menos de una semana me matarían, como a muchos ya ha sucedido…

- .¿Y a qué viene toda esa historia?.

- A que, desde antes de que sucediera esa batalla, y la siguiente, yo ya te admiraba y… te amaba – soltó con simplicidad Brooklyn, lo cual dejó a Kai algo paralizado – me dolió mucho lo que hice, y sabía que no me perdonarías tan pronto. Cuando seguimos por caminos diferentes, me acordaba de ti casi todos los días, y también mientras seguía la facultad en Inglaterra, preguntándome cuándo te volvería a ver para decirte mis verdaderos sentimientos y poder saber si obtendría tu perdón de todo.

- Yo… no, eso no puede ser verdad…

- Es la verdad – confirmó el pelinaranja, levantándose el sillón y sentándose sobre la cama – yo te amo, Kai, y aunque sea una vez, yo quisiera, bueno…

- .¡Ni pensarlo!. – negó Kai enérgicamente.

- .¿Y por qué no?. – preguntó Brooklyn con sonrisa maliciosa – no te preocupes por Yuriy, tendrá mucho trabajo y no aparecerá tan temprano por aquí, ya me he ocupado de eso. Además, hueles divinamente bien – agregó, acercándose al bicolor y rodeándolo – yo sé que no haces con Yuriy lo que realmente tienes deseos de hacer, porque vive reclamándotelo… que eres muy brusco, que eres esto, que eres aquello… y lo que precisamente me fascina es eso, Kai, y te amo tanto que sería capaz de hacer cualquier cosa para que hoy, ahora, hagamos aquello… - concluyó, abrazándose al tibio y húmedo cuerpo de Kai.

- .¿Estás loco?. – inquirió Kai, pero fue interrumpido por un apasionado beso proveniente de los labios de Brooklyn, cuya avidez y ansias insaciables por tener tan próximo al bicolor ya no eran más contenidos, y el propio Kai correspondió parcialmente a las expectativas del pelinaranja, más por perplejidad que por otros sentimientos. Se separaron, y en aquel momento, talvez nada más que en aquel momento, los ojos esmeralda de Brooklyn le parecieron hermosos, contemplados y apreciados de tan cerca como estaba. En esa mezcla de curiosidad y descabellada atracción, Kai permitió que Brooklyn paseara por donde le placiera sus nerviosas manos, deteniéndose en la toalla que lo cubría y que de un manotazo quedó en el suelo, mientras el sonriente pelinaranja contemplaba al bicolor en todo su despudorado esplendor.

- Hazme tuyo, Kai. Como se te dé el antojo – autorizó Brooklyn, y Kai no se hizo esperar cuando tomó al ojiverde y lo depositó sobre el lecho, que también olía débilmente a gardenias, poniéndosele encima y desabotonándole nerviosamente la camisa.

Como si se tratara de una tarea que debiera realizar lo más ligeramente posible, Kai despojó de toda vestimenta a Brooklyn, y no quedó precisamente indiferente ante la perfección del pelinaranja; a principio estaba algo cohibido por avanzar, pero Brooklyn le ayudó a proseguir, a ambos el hecho de estar haciendo algo prohibido les dejaba en la suma excitación, y sintieron extraños escalofríos cuando por vez primera se abrazaron y sus pieles desnudas hicieron contacto.

El bicolor entonces comenzó una vertiginosa exploración por el cuerpo de Brooklyn, donde sus labios recorrían sin ninguna prisa el cuello y la garganta, prosiguiendo en los hombros, arrancando algunos suspiros al ojiverde tanto por las sensaciones que los labios de Kai le proporcionaban, así también como por las manos del bicolor, que con destreza acariciaba sus muslos y entrepierna; con la punta de la lengua trazó una línea desde su cuello ya pródigamente acariciado en dirección a sus pezones, lo cual hizo que el pelinaranja soltara un gemido ligeramente ahogado al sentir esa lengua pasando ansiosamente por esa región, sin embargo Kai repentinamente aumentó la presión con que hacía los movimientos, al tiempo que acariciaba con más brusquedad las entrepiernas del ojiverde, provocando que Brooklyn suplicara a Kai para que aminorara sus caricias, pero lo único que logró fue intensificar lo que Kai hacía, el bicolor fue bajando cada vez más sus labios hasta llegar a las entrepiernas, besando y lamiendo sensualmente toda esa parte pero evitando tocar aún el pulsante miembro del pelinaranja, cuya sensibilidad había aumentado mucho desde que comenzaron.

Retornó al principio de todo, besando violenta y apasionadamente al ojiverde mientras que con una de las manos tomó su miembro y, mediante rudos movimientos, lo estimuló haciendo que el cuerpo de Brooklyn se estremeciera y se contrayera a cada toque que sentía, pero no permitía que gimiera o suspirara porque no dejaba que sus labios se separen, ahogando todos sus gemidos más desesperados en la boca de Kai. El bicolor sintió que Brooklyn estaba casi llegando al punto máximo, por lo cual detuvo sus movimientos y presionó con firmeza el miembro, impidiendo que su fluido saliera, haciendo que el pelinaranja soltara un entrecortado grito por la tremenda presión que sentía.

Kai sonrió al ver a Brooklyn casi desfallecido y sudoroso, mantuvo la presión alrededor del miembro por el tiempo suficiente hasta que se normalizó y prosiguió con sus caricias. Sin ningún miramiento el bicolor separó las piernas del pelinaranja, procediendo a invadirlo con fuerza, disfrutando mucho la presión que ejercía la estrecha entrada sobre su miembro, e iniciando rápidos movimientos que generaban una mezcla de dolor y placer en el pelinaranja, cuyo miembro era nuevamente acariciado con brusquedad por Kai. Las estocadas más profundas le producían espasmos placenteros que eran exteriorizadas por gemidos cortos y sensuales que ahogadamente brotaban de su garganta algo seca, y las contracciones que provenían de todas las caricias sobre su miembro indicaban que nuevamente llegaría al final tan esperado y deseado. Cuando sintió que Kai se descargó violentamente en su interior sintió la apremiante necesidad de hacerlo también, pero al momento de sentir la suprema, cosquilleante y electrizante contracción final el bicolor lo detuvo nuevamente, con la sonrisa más sádica que el pelinaranja hubiera visto en el rostro de Hiwatari.

La sensación que le produjo esta abrupta interrupción le hizo emitir el gemido más alto que hasta entonces hubiera proferido, y Kai al tiempo que lo detenía también seguía estimulándolo, y la desesperante presión que sentía sacudía el pálido cuerpo de Brooklyn; lo mantuvo así por más treinta segundos, los treinta segundos más largos y eternos para el ojiverde, luego lo liberó, y su fluido manó sin interrupciones haciendo que gimiera de placer y suspirara de alivio al mismo tiempo por haber sido sometido a tal tortura. Pero quien había hecho eso con él era Kai, y por eso lo disfrutó.

- .¿Sabes qué me ha gustado de todo esto, Brooklyn?. – murmuró el bicolor, luego de terminar.

- .¿Qué?. – preguntó el pelinaranja con voz cansada.

- Que gimes mucho más que Yuriy.

El diafragma de una cámara fotográfica disparó 17 veces antes que su dueño lo volviera a colocar en la cubierta, oculto entre algunos arbustos y con los ojos brillando tanto por la excitación como por la emoción de haber conseguido semejante material fotográfico. Era Bryan que, ni corto ni perezoso, decidió comenzar su ronda de vigilancia por la casa de Kai, aunque no esperaba que fuera hallar algo de semejante proporción. Las pruebas contra Kai eran irrefutables, aunque no estaba muy apresurado a llevarle las fotos a Yuriy. Primeramente se encargaría de revelarlos, y por precaución se guardó el rollo fotográfico en el bolsillo.


Bien, bien... hasta aquí el sexto capítulo... Jejeje! A mi personal opinión, creo que Kai no hizo mal al aprovechar la agradable visita que tuvo... Y si quieren que Bryan les mande las fotos por e-mail de las sensacionales posiciones de Kai y Brooklyn al borde del éxtasis amoroso, basta con que presionen la teclita que dice "Go" y recibirán en menos de cinco días, jejeje!. Hasta pronto!