Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.


La castaña corrió hacia el banco, ya que sabía que por las mañanas las colas que se formaban eran más que inmensas.

Tardó más de cincuenta minutos en conseguir que un duende la atendiera, minutos en los que aprovechó para mandarle vía lechuza la dirección a Dumbledore, y, aunque al principio el duendecillo la miró con mala cara, cuando le comentó que quería abrir una cuenta y colocar en ella una cantidad más que generosa su expresión cambió.

Guardó una bolsa con galeones en su mochila, ya que lo primero que quería hacer era cambiar algunos muebles y comprarse ropa, algo que se notaba que necesitaba.

También indicó al duende que quería hacer unas apuestas en algunas compañías muggles, las cuales ellas ya sabía de antemano que le darían beneficios, cosa que necesitaría si tenía que estar uno o dos años en Hogwarts estudiando sin trabajo alguno.

Tras darle los últimos avisos sobre los retiros de dinero para su alquiler y como debían ser depositados los "posibles" beneficios que tuviera de sus inversiones se fue casi a la carrera hacia el Caldero Chorreante.

- ¡Siento llegar tarde! – Se excusó al ver a Ada sentada en la barra, ya esperándola.

- Oh, tranquila jovencita. Ya sé cómo te hacen esperar normalmente en Gringotts – rio la rubia ofreciéndole asiento.

Hermione se sentó y ordenó un té frío mientras observaba a la mujer sacar unos papeles de una maletita.

- Este es el contrato de alquiler – explicó Ada mostrándole los documentos.

La castaña leyó rápidamente el contrato. No distaba mucho de los que se usaban en el mundo muggle, ni en organización ni en cláusulas. Básicamente quedaba escrito lo que ya había hablado con Ada.

El ático queda a nombre de Hermione Jane Granger, la inquilina, de forma indefinida.

La inquilina tiene que velar por el buen mantenimiento del apartamento.

Si la inquilina tuviese algún problema que no pudiera resolver, debería acudir a los propietarios para que ellos actúen en consecuencia.

El piso está protegido frente a posibles problemas que puedan ocurrir (robos, inundaciones, roturas, grietas…), salvo si alguno de estos viene ocasionado voluntariamente por la inquilina, momento en el cual dicha persona deberá abandonar el lugar si es algo grave o deberá pagar las reparaciones si es algo leve.

El precio mensual por alquiler será fijo durante el tiempo en que la inquilina esté en Hogwarts: 100 galeones mensuales en etapa escolar y 400 cuando se encuentre en el apartamento. Si la inquilina acude algunos días sueltos al piso, mágicamente se calculará la cuota a pagar.

Cuando la inquilina finalice sus estudios en el Colegio de Magia, si decide continuar alquilando el piso, se renegociarán las cláusulas del contrato.

Queda prohibido que la inquilina realquile habitaciones del apartamento, a no ser que cuente con el consentimiento de los propietarios.

Los propietarios tienen terminantemente prohibido acudir al apartamento alquilado sin avisar con suficiente antelación a la inquilina, y ésta siempre tiene derecho a negarse. Si los propietarios forzaran la entrada al apartamento se les castigaría con una reducción del 10% en la cuota mensual durante un año.

La inquilina tiene permitido poner todas las protecciones en el piso, mágicas o muggles, que deseé a fin de asegurar su seguridad.

Si cualquiera de las dos partes deseara poner fin al contrato que las une, debería de avisar a la otra con un mes de antelación.

El pago de las cuotas se realizara mediante el retiro directo del importe requerido en la cuenta bancaria de la inquilina.

La inquilina se compromete a responsabilizarse con los gastos extras que ocasione el piso (agua, electricidad en el caso de que tenga, impuestos,…)

La inquilina tiene el derecho a cambiar la decoración del apartamento, muebles incluidos, pero tiene la obligación de dejar todo como estaba anteriormente. En caso de reamueblar, deberá mantener los muebles antiguos en un lugar seguro.

Si los propietarios quisieran aumentar o disminuir la cuota mensual, deberían reunirse con la inquilina y si ésta no aceptase las nuevas condiciones, podría abandonar inmediatamente el piso.

Queda prohibido la realización de obras por parte de la inquilina.

- ¿Está de acuerdo con todo lo escrito? – Preguntó Ada.

- Sí, perfectamente de acuerdo, aquí tiene los datos de mi bóveda de Gringotts – respondió Hermione tendiéndole una tarjetita en donde salían sus datos bancarios para que la mujer los añadiese con un movimiento de varita al apartado correcto del contrato - ¿dónde tengo que firmar?

La rubia pasó a la segunda hoja y le señaló el final de esta, en la parte derecha. En la izquierda se podía apreciar la firma y la gotita de sangre de los propietarios.

La castaña, tras estampar su firma en el papel, se pinchó el dedo y dejó que su sangre cayera sobre el documento, que inmediatamente empezó a brillar en azul, señal de que el contrato estaba siendo formalizado mágicamente.

Dos copias idénticas del contrato empezaron a formarse en la barra y cuando estuvieron completamente creadas dejaron de brillar.

- Esta copia es para usted, ésta para mí y esta última es para los propietarios – explicó Ada repartiendo los documentos.

- ¿Entonces ya hemos acabado? – Preguntó Hermione.

- Sí, ya hemos acabado con los formalismos. El ático es todo suyo – respondió la rubia - ¿tiene pensado reamueblar y pintar?

- La verdad es que sí – sonrió Hermione – demasiado blanco para mi gusto – rio.

- Bien, entonces pásese por esta tienda de muebles – pidió Ada – los muebles de la casa, electrodomésticos incluidos, ya han sufrido varias transfiguraciones y no creo que soporten una más a no ser que sea una minimización o maximización – explicó – dígales que acude de mi parte. El funcionamiento del trato es sencillo: si se compromete a devolver los muebles en perfecto estado una vez deje el apartamento se los darán dejando una pequeña fianza y si se los quiere quedar le harán un 50% de descuento.

- Creo que me los quedaré – sonrió Hermione.

- Entonces perfecto – sonrió la rubia – espero volver a verla, señorita Granger, no dude en mandarme una lechuza si tiene problemas – añadió tendiéndole un papelito con su dirección y despidiéndose.

La chica terminó su té y salió del local tras pagar.

Según las indicaciones de Ada la tienda de muebles estaba en un extremo del Callejón Diagon, cerca de una librería que en su tiempo no estaba.

- Buenos días – saludó una rechoncha dependienta morenita cuando entró.

- Buenos días, vengo a comprar algunos muebles – devolvió la castaña – me envía Ada Primmrose.

- ¡Oh! ¿Nueva en la ciudad? – Preguntó la mujer.

- Sí – confesó Hermione – hoy mismo he encontrado un bonito piso gracias a la señora Primmrose – añadió.

- Oh, muy bien – sonrió la dependienta - ¿tiene pensado que quiere o le enseño lo que tenemos?

- Más o menos tengo una idea, pero me gustaría ver lo que tienen – explicó la castaña.

- Bien, bien. Entonces sígame por favor – pidió la mujer.

Empezaron a caminar por salas variadas y la dependienta iba explicándole las características de los muebles.

- Todos nuestros productos tienen la posibilidad de ser hechizados para dar distintas sensaciones: calma, alegría, relax…

Tras media hora de recorrido Hermione comenzó a elegir lo que quería: un sofá negro de cuatro plazas, dos sillones negros también, muebles de cocina en colores marrón oscuro, electrodomésticos en tonos dorados, una mesita de café color caoba, cuatro sillas con estructura metálica y el asiento y el respaldo revestidos en rojo, dos butacas bajas de color azul oscuro, dos cómodas marrón oscuro, dos escritorios en caoba negra, dos sillas de escritorio con ruedas acolchadas en cuero rojo oscuro, dos estanterías en marrón oscuro y muebles de baño variados en tonos marrones, negros y rojizos.

Compró también pintura beige, azul cielo, tablones de madera para revestir paredes, moqueta en color negro y rojo oscuro, azulejos blancos (algunos con siluetas de flores en negro) y mármol de granito marrón con puntillas en negro.

Aprovechando que la tienda tenía más cosas además de muebles se hizo con tres alfombrillas blancas de baño, mantas blancas, rojas, azules y negras y algunas cosas más que necesitaría.

La dependienta minimizó todo lo comprado y lo metió en una caja, que ató y hechizó para que fuese ligera. Hermione pagó y se despidió sonriente.

Como ya sabía dónde estaba el apartamento, decidió aparecerse para no cansarse tanto.

Sacó los muebles, aun minimizados, y los dejó sobre la mesa de cristal, una de las cosas que no iba a cambiar. Sonrió al verlos todos en tamaño "casa de muñecas".

El primer paso lo daría con la cocina. Señaló todo lo que había en ella, lo minimizó y lo dejó en la caja en la que anteriormente estaban sus nuevos muebles.

Colocó los armarios marrones por toda la pared, algunos en la parte superior y otros en la inferior. En los huecos que dejaron colocó el fogón con horno y el extractor de humos. Pegó sobre los armarios inferiores parte de la encimera de granito e hizo un hueco en ella para fijar la pica.

Caminó hacia la terraza y hechizó las sillas que en ella había, colocando las butacas bajas y cambiando la mesita de té por la que había comprado.

En el salón minimizó el sofá y las estanterías, colocando en su lugar las nuevas librerías, el sofá y a ambos lados de éste los sillones.

Hechizó las sillas que había junto con la mesa de cristal y colocó en su lugar las forradas en rojo.

Colocó moqueta negra en la zona del comedor-salón y el pasillo y azulejos completamente blancos en el suelo de la cocina.

Elevó los tablones de madera y los cortó a la medida que quería. Luego los colocó uno al lado de otro ocupando la mitad inferior de todas las paredes de la cocina, el salón, el comedor y el pasillo.

Abrió los botes de pintura y apuntó con la varita hacia ellos. Cuando elevó el brazo un hilo de pintura surgió de los botes siguiendo la dirección de su mano. Con ellos pintó la parte superior de las paredes haciendo aguas entre el beige y el azul claro.

- Bien… a por las habitaciones y los baños – dijo para sí contenta con lo que había hecho

Se metió en la habitación de la derecha, la que decidió que sería suya.

Con un manotazo hechizó la cómoda y una de las butacas, mandándolas a la caja. El sillón restante y la mesita los movió para que quedaran más cerca de la cama.

Colocó la moqueta rojo oscuro en el suelo y revistió todas las paredes con la madera, la cual clareó un poco.

Cambió las mantas de la cama, colocando una sábana blanca, una manta roja y un edredón negro con rosas rojas grabadas.

Convocó el escritorio y la silla con ruedas y los colocó justo bajo la ventana, en donde antes estaban las dos butacas y le mesita.

La nueva cómoda la puso en donde estaba la anterior. Hizo venir su maleta desde el comedor y colocó la poca ropa que tenía en el mueble, aunque apenas eran dos pantalones, un par de jerséis, algunas mudas de ropa interior y tres pares de calcetines.

Al entrar en el baño sonrió. No iba a hacer muchos cambios en los baños.

Cambió el mueble de la pica por uno negro de encimera roja y el armarito que había sobre este se vio sustituido por uno marrón con espejos en vez de puertas.

Dejó la alfombra en el suelo, ante la ducha, y transformó las cortinas (lo único que Ada le dijo que podía transfigurar) en una mampara opaca que iba de pared a pared y cubría la bañera y la ducha. Sí, las mamparas le gustaban más que las cortinas.

Colocó azulejos blancos en el suelo y llenó las paredes con los blancos con siluetas negras, uno con silueta cada tres blancos.

Tras echarle una última mirada al baño, sonriendo satisfecha, salió y puso camino a la segunda habitación.

Realizó lo mismo que en la suya, salvo que en esta ocasión eligió la moqueta era negra y el beis para las paredes. Los muebles del baño eran todo marrones en este caso y también transfiguró la cortina en una mampara.

En el tercer baño de la casa casi le da un ataque de risa. Puso el mueble de la pica en color rojo, con la pica blanca, y el armarito superior en negro.

En este caso puso azulejos con siluetas tanto en paredes como en suelo, intercalando uno sí y uno no.

La mampara en esta ocasión tenía dibujitos de flores y enredaderas.

Volvió al salón y se dejó caer sobre el sofá. ¿Cuál era su siguiente paso? Miró el vació conjunto de muebles que tenía delante y suspiró. Llamó los libros que tenía en la maleta y los colocó en la estantería.

Recordó lo que había leído sobre inventos muggles y sonrió, al menos la televisión ya estaba inventada y ya existía la programación variada. Quizá podía comprarse alguna…

No sabía cuánto tiempo iba a estar en aquel tiempo, de hecho, ni siquiera sabía si había posibilidad de volver a su casa… ¿Sería una locura actuar como si fuese a quedarse ahí indefinidamente? Ya había amueblado la casa…

Se levantó y observó el piso de nuevo. La verdad es que el apartamento no estaba mal, de hecho era casi como su casa ideal. No es que la casa que tenía con sus padres no le gustara ni nada… pero siempre había pensado que en los pisos se tenía más privacidad.

Observó el ambiente y suspiró. Bueno, si iba a quedarse ahí de forma indefinida debería actuar como tal. De primeras necesitaba más ropa… y más libros… y comida… y objetos varios…

Cogió su bolso e hizo un esquema mental de lo que necesitaba. Decidió ir caminando hasta el callejón y su primera parada fue en la tienda de ropa.

Ya de primeras no le gustó nada de lo que veía, pero siempre podría coger lo que más le apeteciera y transfigurarlo luego.

Compró unos cuantos jerséis de lana, unas camisas tanto de manga larga como de manga corta, unas faldas, algunos pantalones, unas camisetas, unos jerséis normales, varios calcetines y medias,… Se hizo también con un par de abrigos a recomendación de la dependienta.

Estaba a punto de salir cuando vio un estante de zapatos que le llamó la atención.

Unas botas negras con algo de tacón, unos zapatos planos tipo mocasín de color marrón y unas bambas deportivas después salió de la tienda en dirección a la de túnicas. No es que las túnicas le encantasen, pero tener unas cuantas no le iría mal.

Después fue a una librería en la que curiosamente tenías tanto libros muggles como mágicos. Eligió los libros muggles que conocía, que existentes en aquella época eran bien pocos, y se hizo con un pequeño cargamento de libros mágicos de varios temas: sociedad, política, sanación, historia, derecho, artes oscuras, creación de objetos mágicos,… El dependiente, un hombre viejo y algo cascarrabias, la miró ceñudo pero ella lo arregló todo con un "sí aprendo leyendo, no tengo que molestar a mi futuro marido", cosa que produjo en el anciano una sonrisa algo asquerosa.

Paró en un pequeño restaurante del callejón para comer y se sentó en la terraza, aprovechando el solecito que había.

Mientras comía su empanadilla observaba el callejón. Si ponía ambos callejones en su mente, el de ahora y el de su tiempo, y observaba los cambios se daba cuenta de que el Callejón Diagon había cambiado inmensamente en comparación con el Caldero Chorreante.

Miró sin detenerse mucho a las personas que por allí caminaban y suspiró. Había dos tipos de mujeres claramente: las que se portaban bien y las que se dedicaban a gastarse el dinero de los maridos. Menudo tiempo…

¿Si ella hubiese nacido en esos años y la hubiesen educado con esos valores sería igual? ¿No tendría sueños además del ser una mujer florero y una madre dedicada? Ella nunca había dudado en formar algún día una familia y tener hijos, pero siempre había pensado en que lo haría sin dejar de lado sus aspiraciones y siempre, siempre, compartiría responsabilidades con su marido, tanto en el hogar como en el tema de trabajo.

Si había algo que Hermione Granger no quería era ser una mantenida.

La siguiente parada tras la comida fue una especie de ultramarinos en los que había un poco de todo. Compró un buen cargamento de comida, productos de higiene y de limpieza.

Después se presentó en la tienda de plumas y pergaminos y se hizo con varios metros de papel, plumas variadas y algunos botes de tinta.

Para acabar fue a una llamada "Los extraños objetos muggles" y compró electrodomésticos que para ella no eran nada raros: una nevera gris, una lavadora y una secadora ambas blancas, una cafetera negra y un televisor. No entendía muy bien porque compraba esos objetos, aunque la nevera estaba claro para que era, pero sentía que si los tenía en "casa" era más "ella".

Se apareció en su casa y empezó a colocar las cosas. Aprovechó tres espacios vacíos en la cocina para colocar la nevera, la secadora y la lavadora. Dejó la cafetera encima de la encimera, cerca de uno de los múltiples enchufes que había en la sala.

Puso el televisor sobre el pequeño mueble que había ante el sofá y lo enchufó. Programación en blanco y negro y apenas unos canales, la BBC inglesa y poco más. Era una lástima que los vídeos no existiesen aún.

Se dejó caer sobre el sofá de nuevo y miro el reloj que había en la pared derecha, cerca de las estanterías. Las ocho de la tarde… ¿Quién le iba a decir a ella que en menos de doce horas se podía conseguir y decorar una casa? Tampoco es que se hubiese esmerado mucho, pero lo normal era tomarse un par de días.

Claro que, pensándolo bien, eso es lo que ocurre cuando uno tiene cajas llenas de cosas que tiene que acomodar y ella apenas tenía una maletita.

Sí… Su vida ahora se resumía en una maleta llena de ropa, libros, algunas fotos… ¡Fotos! Era una suerte que las fotos no hubiesen cambiado mucho desde aquel tiempo, al menos las mágicas. La única diferencia con las muggles era la falta de color.

Convocó las pocas fotos que tenía y el álbum que se llevó de casa de sus padres antes de obliviarlos.

Observó las fotos sueltas, todas mágicas y mostrándola a ella y a sus dos mejores amigos. No había nada que delatase dónde o cuándo se tomaron las fotografías, así que las colgó sin orden en las paredes del salón-comedor.

Ojeó su álbum familiar y una pequeña lágrima corrió por su mejilla al recordar a sus padres.

- Lo siento – sollozó.

Dejó el álbum en la estantería y cogió su diario y los libros que "robó" del despacho del Albus Dumbledore de su tiempo (aunque ella y sus amigos sabían que los había dejado ahí para ellos).

No sabía si iba a poder volver a su tiempo, pero mientras estuviese en este buscaría la forma de detener a Voldemort que, aunque ahora fuese un simple adolescente algo macabro y chalado, seguía siendo peligroso.

Y un buen comienzo para eso era encontrar los objetos destinados a ser horrocruxes… Sabían que Voldemort los eligió por algo en especial, así que había la posibilidad de que si destruía todos desistiera de su idea de ser inmortal.


¡Volví!

¿Os ha gustado este cap? ¿Qué os parece la casa de Hermione? ¿Y la forma en la que está decorada? ¿Y la ropa que se ha comprado?

¡Lamento comunicaros que a partir de esta semana actualizaré los fics cada dos semanas! ¿Por qué? Bueno, me han subido a las 8h en el curro así que de lunes a viernes estaré todo el día fuera de casa y como que hace caps en el finde, más seguir con mis historias propias, y el artículo de la revista (mirad en mi perfil y veréis de que es) es un poco chungo. ¡No me matéis!

En fin, espero que el cap os haya gustado y dejéis muchas reviews.

Danielle Franks: tranquilidad, ya vendrá eso ^^

MizarCullen: sí, Ada es una buena aliada de Herms ^^

susan-black7: pues espero que ahora la casa te guste más -

brendush: yo también me volvería loca jajaja. Ya veremos cómo sale su regreso a Hogwarts.

horus100: no, lo ingleses no son idiotas ni nada. Pero, al menos en este fic, el año en el que está convierte a la sociedad en algo "idiota" si la comparamos con el de ahora. La sociedad española de los años 40 también era una estupidez, por ejemplo. Y como siempre, pocos eran capaces de salirse del molde.

Paosan: bueno, caps transitorios suelo poner muchos en mis Fics, no me gusta ir directa al grano, me parece que provoca que las cosas van demasiado rápido entonces.

phoenix1993: pues espero que el cap te haya gustado ^^