CAPíTULO 6: EN LA ORILLA DEL TIEMPO (I)
Aquella tarde resolví irme a casa más temprano. Llamé a un tailandés y encargué la cena en cuanto Jenn se fue. No podía quejarme porque tenía suerte. Mi hijita era una maravilla, con casi nueve meses, era muy tranquila. Comía bien y dormía prácticamente toda la noche. Yo, que me esforzaba por cumplir sus rutinas, hice lo de siempre, preparé su baño templado. Rachel se ponía nerviosa, le encantaba chapotear, y era suficiente con ver el bote del champú para saber que se acercaba su momento predilecto. Así que, cuando Wilson llegó me pilló ocupada, ejerciendo de madre, apurando al máximo los pocos momentos que mi trabajo me dejaba. Vi que se sentía incómodo, como descubriéndome fuera de mi molde, en esa faceta que en un principio creí que me sería negada. Observaba enternecido, y me acercó la toalla para envolver a la nena. La sequé entre mimos y achuchones, la puse su pañal y el pijama y fui a preparar su biberón. Había comenzado a tomar papillas y se estaba adaptando bien. Pero para la noche era mejor algo más ligero. Medí cuidadosa la cantidad, la añadí al agua hervida y la disolví por completo sin olvidarme de poner unas gotas en la mano. Era el mejor método para no equivocarse.
- Siempre pensé que la niña tuvo mucha suerte al encontrarte – dijo, en un tono que no sonaba adulador, mientras le hacía carantoñas para entretenerla y ella se reía sentada en su sillita.
- No, James, soy yo la que tengo que dar gracias al destino – le corregí mientras le ponía el babero a la niña -. ¿Quieres dárselo tú?
- No, no sé hacerlo...- se puso colorado
- ¡¡¡Claro que sí!!!...Anda, prueba – le cubrí con un paño de dimensiones considerables por si Rachel se ponía juguetona.
- Dios, no sé por qué no he tenido hijos – decía emocionado al ver que mi pequeña chupaba tranquila y a buen ritmo, sin extrañar sus brazos
- La vida es como es, no como queremos que sea – analicé poniéndome muy trascendente -. No la muevas mucho, no vaya a ser que devuelva y te ponga perdido – advertí.
- No importa. Hay tintorerías.
- Lo hizo con House. Le vomitó encima
- ¿En serio?
- La primera vez que se la di, se miraron serios, como retándose, y ella...¡¡¡plaf!!!.
- ¡¡¡Así se habla, Rachel !!! - exclamó, sellando una alianza de cariño con mi hija, y dio su explicación -. Fue su modo de abroncarle por sugerirte su devolución.
- Dame un momento. Voy a meterla en la cuna.
[...]
§[FLASHBACK:"Me había copiado de ella en el examen de endocrinología. Era una de las asignaturas que se me atragantaban y Cuddy era un valor seguro. Además, contaba con su anuencia. Todo habría ido bien si el día que nos comunicaron el resultado de la prueba, el catedrático no hubiera proclamado ante toda la clase lo que, por otra parte, era vox populi.
- Srta. Cuddy, tenía usted un nueve pero se ha convertido en un tres – anunció Duncan Li, doctor en medicina y tonto de remate.
- ¿Y eso por qué? - preguntó Lisa, que se puso en pie de inmediato como si le hubieran clavado una chincheta en el pandero.
- No me fastidia que le calquen su ejercicio, me irrita que me hagan pasar por imbécil
- Como si fuera difícil – mascullé en voz baja, desatando las carcajadas de la concurrencia.
- Si le gusta su compañero – prosiguió Li, sin darse por aludido pero metiéndose en un jardín sin flores -, le aconsejo que use otros métodos para hacérselo entender – confirmado. Era bobo y no le hacía falta entrenarse.
- A mí me molesta que un docente de su pretendido prestigio se comporte como un adolescente con acné de primero de secundaria – le replicó la estudiante sin pestañear.
- ¿Sabe que podría echarles a los dos? - preguntó al tiempo que las risas dejaron paso a los cuchicheos.
- Usted decide – asintió Lisa, dejándole claro que no iba a retractarse.
- Que sepa que está usted pendiente para Septiembre, señorita. Y lo mismo va para su amiguito – declaró poniendo fin a la contienda".]
[...]
- ¿Sabías que te la jugabas y le dejaste copiar? - preguntó Wilson.
- A veces uno hace lo que debe aunque no sea lo más conveniente – admití mientras daba cuenta la primera taza de café de la noche.
- ¡¡¡Dónde habré oído yo ése mismo argumento!!! - exclamó mi amigo-. ¿Por qué lo hiciste? ¡¡¡House era un cara ya entonces!!!
- Lo sé – creo que se adivinó en mi cara una sonrisa de resignación.
- Pero te gustaba. Te daba marcha y ...- aventuró impertinente.
- No. No fue por eso – le corté -. No había podido preparar el examen, llevaba dos meses haciendo guardias nocturnas.
- Claro. Pobrecito. Es experto en inspirar compasión siempre y cuando quiera conseguir algo. Y tú hiciste la vista gorda.
- No exactamente la vista – dije con una mirada pícara que alentó aún más si cabe su curiosidad.
§[FLASHBACK: "Intentó escabullirse en cuanto la sirena sonó. No le valió de nada. Le perseguí por el pasillo hasta que logré alcanzarle y le arrastré hasta una de las salidas de emergencia. No pudo deshacerse de mí. Le había clavado las uñas en el brazo.
- ¡¡¡Quita, loba!!! - gritó, intentando librarse -. ¿Qué narices te pasa, eh?.
- Me dijiste que tal vez tendrías que echarle un ojo a mi examen – le recordé.
- Eso hice. Casi me quedo ciego, porque le eché hasta dos – confesó cuando ya no hacía falta.
- Pues debe ser que hablamos idiomas distintos. El plan no consistía en fusilarlo al completo, ¿O sí? - exigí explicaciones.
- Te he hecho un favor, así no te aburrirás en verano – argumentó sarcástico pero maldita la gracia que me hizo.
- ¡¡¡Y tú qué, cabronazo indolente!!!, ¿Tienes ya trabajo o también vas a aburrirte en verano?. ¡¡¡Estás a un paso de graduarte y sigue dándote lo mismo!!! - le reprendí para que supiera que no tenía miedo a decirle las verdades a la cara.
- ¡¡¡Deja de tocarme los cojones, pecas!!! - volvió a subir el tono, un poco escocido por mi acusación.
- Jamás he hecho tal cosa – dije aparentemente más serena.
- Ya te gustaría, ya. Pero, como siempre, vas de boquilla – replicó porque no podía callarse y estaba dispuesto a sacarme de mis casillas.
- Hasta ahora – sin pensármelo dos veces, mientras le miraba, agarré a tientas sus genitales y presioné con animosidad aunque sin llegar a hacerle daño.
- ¿Qué haces ahí? - consiguió preguntar pese a la voz entrecortada.
- Estoy pelando la pava – contesté sin soltarle.
- Si fueras un tío lo sabrías. Más de tres, ya es paja – sonrió saboreando el triunfo por ver que el asunto progresaba como cabía esperar."]
