Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Carol Martin, Aprendiendo de ti. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la vi.

Advertencia: este libro contiende contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.


CAPÍTULO 6

Mis días volvían a ser de nuevo iguales y no tenía ganas de cambiar más de actitud. Era cierto que después de acercarme a Hanabi había metido la pata, pero ya no podía explicarle más las cosas. Quizás me emocioné demasiado pensando que todo iba a ser de color de rosa, pero la realidad era otra. Ya no sabía bien qué hacer, me sentía entre la espada y la pared.

Volví a desayunar, como siempre, sola. La primera discusión de aquel día fue para levantar a Hanabi. Días atrás se había levantado tranquilamente temprano y, aunque no nos dirigiésemos mucho la palabra, al menos me quitaba ese problema de encima. Aquella mañana tuve que llamarla como mil veces para que al final reaccionara y llegáramos, como siempre, tarde a todos sitios. Nos montamos en el coche para dejarla en el instituto y siguió mirando hacia la ventanilla, dándome la espalda. Cada día estaba más cansada de esa actitud y entre todo lo que había pasado, mi mal humor no tardó en salir de nuevo.

—He intentado explicarte las cosas, Hanabi — empecé a decir —, si quieres estar enfadada toda la vida, no puedo hacer nada más. —Como siempre, me encontré con el silencio. —Estoy harta de que actúes así, como una cría, ya tienes 17 años, deberías ser capaz de poder hablar conmigo las cosas. —Seguí conduciendo, sin ninguna respuesta. —Somos mayorcitas para sentarnos a hablar e intentar que las cosas salgan bien, no pienso andar más detrás de ti para explicarte nada, no pones nada de tu parte y estoy muy cansada de todo esto.

—¿Poner de mi parte para qué? — me miró de reojo, enfadada.

—Para que al menos nos llevemos decentemente.

—No somos amigas.

—Lo sé, pero tampoco podemos pasarnos la vida siendo enemigas.

—Qué más da, en cuanto termine este año me iré y así podrás vivir tranquila.

—¿Otra vez con esas estupideces? — mi tono de voz subía.

—Es mi vida, decido yo — me miró enfadada.

—No vas a irte a ningún lado, vas a establecer bien un futuro.

—Voy a hacer lo que me dé la gana e iré donde me quieran—ya estaba roja de la rabia y no podía seguir explotando. Hanabi no tenía ni idea de lo dura que era la vida y quería aprenderlo de las peores formas.

—Déjame aquí — dijo ya casi llegando al instituto.

—Te dejaré en la puerta — respondí.

—¡Déjame aquí! — gritó. —frené de repente y de mala gana. Las ruedas sonaron tras el roce brusco contra el asfalto haciendo que más de una persona que estaba fuera clavase sus ojos en nosotras.

Hanabi abrió la puerta y cerró de un golpe, demostrando su enfado. Las cosas con ella volvían a estar igual que siempre y parecía que no iba a cambiar. Su poca actitud y mi carácter era una bomba explosiva que iba a seguir estallando en nuestra cara día sí y día también. Me apoyé en el volante, dispuesta a tomar aire para seguir con mi vida, cuando escuché que golpeaban mi ventana. Los primeros segundos ni quise reaccionar, pero ante tanta insistencia, levanté de nuevo la cabeza. Vi la cara de Sasuke y sentí un alivio instantáneo. Había pensado en él días atrás, necesitaba su ayuda, y verlo en esos omentos era una gran ayuda para mí. Necesitaba un poco más de esa positividad que me transmitía.

—¡Hola! — saludé mientras bajaba el cristal de la ventanilla.

—¡Hola, Hinata! ¿Qué tal va todo? Me ha parecido ver a Hanabi enfurecida...

—Acabamos de discutir...

—¿No salió bien aquello de expresarse? —tenía cara de preocupación. Seguramente era de aquellos que había observado mi frenada brusca y el portado de Hanabi.

—Sí, pero luego metí la pata y todo se desmoronó y... — no quise seguir hablando, me sentía un poco derrotada.

—Las cosas no se van a arreglar en dos días, ¿por qué no vienes a verme y así hablamos más tranquilos?

—No puedo escaparme más de la oficina...

—Mira, toma — sacó una tarjeta del bolsillo de su camisa —, este es mi número, llámame si necesitas cualquier cosa. —Los coches que tenía detrás comenzaron a pitar para que les dejara pasar.

—Será mejor que arranques, por la mañana casi nadie tiene buen humor — dijo con una sonrisa torcida.

—Gracias, seguramente me ponga en contacto contigo.

—Cuando lo necesites, no te preocupes.

—Voy a... Irme...

—Está bien, intentaré estar pendiente de Hanabi.

—Muchas gracias.

—Y llámame cuando puedas — dijo mientras se alejaba un poco ante la insistencia de los conductores que tenía detrás —, cuando lo necesites.

Lo miré y le sonreí mientras me iba moviendo. No era momento para explicarle y la gente tampoco nos dio el espacio, pero me alegraba tener su contacto. Sasuke me había ayudado a ver las cosas de otra forma con solo un par de conversaciones y sabía que era de gran ayuda para mí. Ya solo que me quedaba era seguir adelante con mi vida y esperar que todo mejorase. No podía estar controlando siempre mi mal humor y mis impulsos porque yo también tenía demasiadas cosas encima.

Aún no me había recuperado del mal humor que me dejó la visita de nuestra madre. Me esforzaba demasiado por ahorrar lo poco que podíamos, por mantener todo y a ella no le costaba venir a pedir sin más explicaciones.

Tenía que seguir trabajando, manteniendo mi puesto y asegurándonos un futuro para Hanabi y para mí.

Lo único que me sacaba de mi rutina era Toneri y lo que habíamos empezado a tener. Pesar en él me aliviaba y me sacaba una sonrisa instantánea así que pensaba dedicarme más a él. Necesitaba apoyarme en las cosas buenas para seguir sacando fuerzas y sobrevivir un poco más.

. . . . . .

Lo único que me molestaba bastante de aquel día de trabajo, era que fuese viernes. Normalmente a la gente le alegraba el fin de semana, pero a mí solo me gustaba trabajar. Estar en la oficina, con la mente ocupada, me ayudaba muchísimo y había fines de semana que se me hacían eternos en casa. Intentaba alguna vez que otra salir con amigos y hacer otras actividades, pero las veces que no eran así, todo se hacía eterno.

—Buenos días — dije saludando a mis compañeros.

—¿Qué tal? — preguntó Kurenai.

—Bien, ¿vosotros?

—Todo bien — dijeron Shino y Kiba a la vez. Dejé mi bolso en la silla y me senté para empezar a organizar todo.

—Mañana por la noche hay un concierto en el centro, ¿os apetece? — preguntó Kiba.

—Si, la verdad no tenía ningún plan — respondió Shino.

—Conmigo este fin de semana no contéis, tengo visita de mis suegros... — se podía notar la poca emoción en Kurenai.

—¿Y tú, Hina? — Kiba me miró.

—Pues la verdad, lo necesitaría bastante — al menos era un plan alternativo.

—Entonces mañana os mando un mensaje y quedamos.

Shino y yo asentimos con la cabeza. No me parecía ningún mal plan y necesitaba despejarme. Ponerme a gritar como una loca en un concierto, aunque no me supiera las canciones, seguramente me quitaría demasiado estrés.

—¿Hoy no saludas a tu amado? — preguntó Kurenai con retintín.

—¿Ha llegado?

—Sí, hace un buen rato.

A pesar de ser su ayudante directa, mi escritorio no quedaba cerca de su despacho. Podía observar si alguna luz que otra estaba encendida o si veía movimiento, pero a primera vista era difícil saberlo.

—Entonces ahora me busco cualquier excusa para ir — sonreí.

Volví a mirar a su despacho y observé como Hotaru llamaba a la puerta. Aquella mujer de metro 70 y con cara de antipática, era lo que menos quería ver cerca de Toneri. Hacía meses atrás se había rumoreado mucho sobre que habían tenido algo, así que no me agradaba nada.

—Creo que ya tiene compañía — Kiba no tardó en hablar.

—Bah, no tiene nada que hacer — miré de lejos a Hotaru.

Desapareció dentro del despacho e intenté relajarme para seguir trabajando. Esperaba que no tardase ni dos minutos en salir de allí, pero iba pasando el tiempo y Hotaru seguía allí con él. Intentaba controlar mi mente para no dejarla volar y que el mal humor me pudiese, pero mis compañeros tampoco ayudaban demasiado.

—Parece que tarda ¿no? — Kurenai soltó ese comentario al aire.

—Quizás tienen cosas que hacer — dijo Shino sin importancia.

—Hotaru no es que se encargue de cosas demasiado importantes, no sé qué tanto tienen que hablar y ya sabemos sobre los rumores. —dijo Kiba mientras yo los miraba mientras hablaban e intentaba hacer oídos sordos

—No empecéis a inventar que os conozco—Shino miró a los dos.

—Yo solo estaba preguntando, pasa y pasa el tiempo y no sale de ahí—dijo Kurenai.

—Quién sabe... — dijo Kiba.

Entre la discusión con Hanabi y todos esos comentarios, mi mal humor comenzó a crecer. Movía la pierna, nerviosa, sin parar de mirar hacia la puerta de su despacho. Las cortinitas de la ventana estaban bajadas completamente, así que era imposible ver el interior. El sonido del reloj resonaba en mi cabeza y cada vez comenzaba a desesperarme más. Recordaba una y otra vez todos los rumores que hubo por la oficina sobre ellos dos, así que no soporté mucho más tiempo. Cogí un par de papeles, sin mirar siquiera sobre lo que eran, y me levanté dispuesta a ir a su despacho. No iba a darle más tiempo a aquella mujer dentro de ese despacho intentando ganar terreno. Toneri era mío, se lo iba a dejar claro con mi actitud.

Mis compañeros dejaron las cosas que estaban haciendo y se pusieron a mirar como si se tratase de una película. Toqué la puerta en varias ocasiones antes de abrir. No tenía derecho ninguno a meterme allí por las buenas y quería mantener el tipo, así que esperé escuchar que Toneri me invitaba a pasar. Después de unos segundos allí de pie y sintiéndome idiota, volví a tocar la puerta con más fuerza.

—¡Pase! — dijo Toneri en voz alta desde el otro lado.

Abrí la puerta de una sola vez y encontré a Toneri de pie, apoyado en su escritorio y con Hotaru frente a él. Me vino a la mente nuestra misma imagen en aquella posición y sobre cómo acabó aquello.

—¿Estás ocupado? — pregunté.

—No, Hotaru ya se iba — respondió tranquilamente.

—Sí, ya más tarde vengo a recoger esos papeles firmados.

—Está bien — la miró y le sonrió.

Hotaru pasó por mi lado casi sin mirarme y cerré la puerta a mis espaldas, en señal de desprecio hacia ella. Me sentía un poco malhumorada y empezaba a imaginar todo, pero no estaba en posición de reclamar nada.

Apenas nos habíamos acostado una vez y nunca hablamos de nada serio, no me apetecía hacer demasiado el ridículo. No quise envenenarme la cabeza contra él y, como los había visto con una reacción tan tranquila, borré todo los malos pensamientos.

—¿Eso es para mí? — señaló los papeles que tenía en la mano.

—Eh... — los miré, intentando disimular—creo que me he equivocado de informes...

—Ven, pasa, te veo un poco tensa.

Estiró la mano para que me acercase. Me quedé unos segundos paralizada y sin dudarlo me aproximé. Toneri me rodeó por la cintura con sus manos y me dio un beso en la boca, quitándome todos los nervios que había acumulado. Con solo estar en sus brazos, me sentía mejor que nunca.

—¿Te pasa algo? — me preguntó.

—No, simplemente no he tenido un buen día — no quería darle importancia a nada.

—¿Por qué no te vienes mañana a casa y nos relajamos? — me volvió a besar mientras me agarraba con fuerza.

—¿A tu casa?

—¿No quieres? — puso cara de sorprendido.

—Sí, claro — acepté sin dudarlo.

—Estás tensa, necesitas un poco de diversión— me mordió el labio — ya verás que lo pasamos bien.

Le respondí el beso y empezamos a liarnos como siempre. Conseguí sacar todo de mi cabeza y que el mal humor desapareciese. Estaba allí, en brazos del hombre más sexy del planeta y no podía pedir más. Había vuelto a pedirme otra cita y sabía lo que iba a pasar en su casa. La sonrisa volvió a dibujarse en mi rostro y me dejé llevar. Por más que intentase ser fuerte, Toneri podía manejarme a su antojo. Me sentía feliz a su lado y deseaba que aquello durase para siempre, pero mis sueños estaban bastante lejos de la realidad.

. . . . . .

Iba de camino a casa de Toneri. En cuanto salí del despacho, con la sonrisa de idiota, deseé con todas mis fuerzas que el tiempo pasase pronto, y fue así. Aquel fin de semana iba a ser completamente diferente a todo lo que solía vivir. Ya éramos adultos para saber lo que iba a pasar si estábamos solos en su casa e iba completamente preparada para ello. Me puse un conjunto de ropa interior de encaje negro para sorprenderlo.

Seguramente en cuanto me quitara la ropa disfrutaría de su sonrisa al observarme y eso dejaba mi mente volar. A Toneri no le gustaban las delicadezas, me lo había demostrado la vez anterior al penetrarme tan fuertemente, y quería dejarle claro que estaba a la altura. Llamé a su puerta, después de ponerme un poco bien el pelo y esperé que abriese. Me moría de ganas porque empezase aquella cita y sobre todo esperaba a la hora del verdadero postre. El sexo me había gustado siempre, pero no me acostaba con cualquier hombre que conociese.

—Te estaba esperando — dijo sonriendo cuando abrió la puerta.

Sonreí a Toneri y entré en su casa. Llevaba una copa de vino en la mano y la camisa desabrochada, dejando entre ver su pecho. Mientras caminaba no podía dejar de mirarlo de arriba abajo y me fascinaban aquellos pantalones apretados que dejaban entrever que tenía un culo bastante redondito y duro. Cuando llegué al salón, pude ver todo súper ambientado. Toneri tenía puestas algunas velas por el salón y un par de copas encima de la mesa, justo al lado de la botella medio vacía. Imaginaba que llevaba un buen rato esperándome y no iba a dejar que pasase más tiempo sin disfrutar de su compañía

—Ven, siéntate — dijo mientras se acomodaba en el sofá.

Dejé mi bolso y me quité la chaqueta, para que pudiese observar lo bien que me quedaba el vestido que escogí. Era blanco, ajustado y dejaba entrever un poco el tipo de ropa interior que había decidido llevar. Cogió un mando que tenía cerca de él y puso música moderna a poco volumen. Las luces tenues terminaban de dar el punto romántico a toda la situación.

—Toma — me ofreció una copa —, ve entrando en calor. —Sonreí y acepté el vino. No me hacía falta emborracharme para quitarme la ropa y entregarme, no había hecho otra cosa que pensar en eso.

—¿Qué tal va todo? — preguntó mientras removía su copa.

—Ya sabes, lo de siempre.

—¿Qué es lo de siempre?

—Mi hermana y mi vida caótica — tome un sorbo de mi copa.

—Deberías dejar a esa niña malcriada a un lado, no hace más que amargarte la vida.

—Es mi responsabilidad, ya lo sabes.

—Las cosas no duran eternamente, pronto te podrás librar de ella—dijo como si estuviera hablando de un estorbo y eso me molestó.

—No es que quiera librarme, con que nos llevemos bien me basta. —Toneri terminó su copa y se sirvió otra. Sabía bien lo que opinaba de Hanabi y no había ido a hablar de ella, así que decidí cambiar de tema rápidamente.

—¿Todo bien en la oficina? — pregunté.

—Ya sabes, vamos bien de ventas, no tengo mucho por lo que preocuparme. La verdad es que todo va genial — sonreí. —¿Y tú? ¿Todo bien por allí?

—Sí, ¿por qué?

—Te he visto tensa últimamente, sobre todo ayer—dijo él.

—No me gusta nada esa mujer... — me daba igual decirle lo que pensaba, teníamos confianza para eso.

—¿Te refieres a Hotaru? —Asentí con la cabeza.

—Vamos, no me seas celosa, sabes que tengo muchas amigas...

—¿A qué te refieres con eso? — no me gustó nada aquella frase y menos la sonrisa que puso cuando la soltó.

—¡Ay! ¡Hinata! — me quitó la copa, tirándose un poco encima de mí— no seas exagerada.

—¿Exagerada? —pregunté.

—Sí, tú déjate llevar y no te fijes en tonterías, disfruta de lo que nos regala la vida. —Me besó, pero me quedé un poco quieta. No me había gustado nada escuchar aquello. —Vamos — me volvió a besar y a ponerse un poco más encima de mí—, no has venido para esto, has venido a pasarlo bien. —Lo miraba a los ojos, un poco recelosa, pero él seguía besándome sin que nada le importase. —Vamos, preciosa, sabes que eres la única que me importa.

—¿Eso se lo dices a todas tus amigas? —Toneri empezó a reírse a carcajadas.

—¿En serio? ¿Vas a montarme una escena de celos o algo parecido? —Me miraba a los ojos directamente. Comenzó a besarme dulcemente y conseguí olvidarme un poco del tema. Toneri tenía un sabor especial, algo que directamente me hipnotizaba y me dejaba sin forma de reaccionar. —Vamos... Déjate llevar... —Se incorporó un poco, quitándose la camisa y ayudándome a quitarme el vestido que llevaba. Me quedé en ropa interior y, en cuanto me vio, puso la sonrisa que llevaba pensando todo el día. —¿Esto es para mí? — me observó de arriba abajo. —Lo miré, sin responder de ninguna forma.

Toneri me bajó las bragas despacio, sin dejar de mirarme. Agarró mis piernas con fuerzas y las separó para meter la cabeza entre ellas. Empecé a sentir cómo me lamía suavemente, haciendo que empezase a perder la cordura poco a poco. Intenté aguantar un poco, pero rápidamente tuve que empezar a gemir sin control. Toneri introducía sus dedos rápidamente mientras mantenía su lengua dando vueltas por mi clítoris. Aquello me hacía morirme de placer y deseaba que me penetrase sin parar.

—¿Ya se te ha pasado un poco el enfado? — preguntó mientras subía, besándome todo el cuerpo.

—Quizás siga un poco molesta... —Toneri cogió su pene con una mano y lo introdujo dentro de mí, con fuerza, mientras me miraba a los ojos.

—¿Mejor? — preguntó

—Un poco — respondí, sin quitarle la mirada.

Empezó a penetrarme una y otra vez fuertemente, mientras me agarraba del pelo.

—¿Y así? —Finalmente le sonreí, deseando que aquello durase eternamente.

—Sigue, quizás se me pase — respondí.

Toneri siguió dándome fuerte una y otra vez mientras me agarraba del pelo y me besaba, dejándome claro quién mandaba allí. Yo podía tener todo el carácter que me diese la gana, pero con él no podía hacer otra cosa que dejarme llevar. Pasarme la tarde entre orgasmos y orgasmos en su sofá era todo lo que podía soñar. Nuestra aventura se estaba afianzando cada vez más o, al menos, eso era lo que pensaba yo.