Hola a todos, feliz navidad y comienzo de año.
Doy las gracias a AntoniaCifer, Luna Negra, anna, Hina Uchiha Granfoy , alquiem, Guest, Chise, Rizel Iwaki ...Espero que les guste la continuación.
Cuídate de los que solo ven desorden en el ruido y paz en el silencio.
Otto von Bismarck
Capítulo 6
Summary
El viaje entre Tokio y Hong Kong duró unas cinco horas. Itachi arrastró por todo el aeropuerto a una soñolienta Hinata cuyo rímel pegaba sus párpados de forma molesta. Para colmo tenía una carrera en la media y la falda tubo se le había pegado al culo de forma que era observada de forma malvada por los viajeros. "¿En dónde estoy?" se decía Hinata, mirando para buscar un punto de apoyo y despegar sus párpados. Su cicerone no le dio más tiempo, limitándose a humillarla mientras la sujetaba por el brazo. "Es el Infierno" pensó la chica, atusándose el azulado pelo mientras él la introducía sin mucha ceremonia ni explicaciones, en una limusina color negro con un destello plateado en una de las puertas.
Un destello cobrizo en los ojos de Itachi le hizo volver la cabeza con pesadumbre. No quería más batallas con él, siempre terminaba cansada y él, sin embargo parecía de hierro.
La limusina se desplaza a una gran velocidad. Hinata sólo había visto limusinas en las películas, pero aquellos eran coches enormes, casi sofocantes. Aquella limusina era más diminuta, y la cabeza casi tocaba el techo de modo que estaba obligada a ir recostada. Itachi iba a su lado fumando mientras miraba a través de los cristales.
- ¿Puedes abrir la ventana, por favor? Me molesta el humo...- dijo Hinata, sin mirarlo mientras rasgaba un poco más su media. Su objetivo era presentarse ante los estirados familiares de su difunto con una sensual pierna al aire. Si se ganaba un abucheo o un cuchicheo malicioso, se anotaría un punto en la porra con Ino a la vuelta.
Itachi siguió fumando como si no la hubiese oído. Hinata abrió la suya y entró un poco del fragor que se oía en la calle. Itachi la cerró violentamente.
- No te he dicho que abras la ventana – sentenció él, autoritario.
- Tampoco me has dicho que no la abriese – terció la joven, con idéntico tono.
Itachi la miró con gesto serio. - ¿Vas a ser siempre así? Deja de comportarte como una palurda, ya no estás en Tokio, joder. - Y siguió con una retahíla de palabras en chino, desconocidas para Hinata pero que no sonaban muy halagüeñas dado el tono que empleaba.
Hinata reprimió un insulto en zulú. Aunque conocía insultos en arameo mucho más horribles, se los reservaba para un asalto más serio con su cuñado. Sentía ganas de escupirle a la cara. ¿Quién se creía que era? Aunque su físico fuese divino no era nada más que un farsante, un pobre hombre estúpido que secuestra a una chica joven y vulnerable. Se apartó de él inmediatamente y por la cara de ella, él debió notar el desagrado del cual era blanco. Itachi intentó ablandarse, incluso su gesto.
- Ábrela – la retó.
Hinata se cruzó de brazos, dispuesta a no dar el brazo a torcer. Itachi resopló pasando su brazo delante de la cara de ella y pulsó el botón. Ella no pudo dejar de mirar los músculos que se le marcaban con cada movimiento. La ventana se abrió silenciosa. Hinata reprimió un sentimiento de ahogo, mientras atisbaba a través del cristal el trajín de la ciudad.
Estaban en un semáforo, y desde allí podía ver a una chica que vendía verduras en un puesto. La chica tenía el cabello marrón corto y parecía muy simpática. De repente sus ojos se posaron en la limusina como si pudiera ver a Hinata. La ojiperla sintió un escalofrío inesperado. "Ella es una persona como yo" pensó Hinata de repente "la diferencia es que ella está haciendo su vida, y yo aunque estoy en esta limusina, soy un objeto, que otros mueven a su antojo". Hinata miró más insistente a la chica, ¿podría verla a ella? Imposible. Estaba en un ángulo desde el cual era imposible para Hinata ser vista. De repente, la castaña como si notara la mirada de la ojiperla apartó sus ojos. Hinata se sintió triunfante, hasta que percibió que por la esquina de la acera se acercaba un cliente, que llamaba a la mujer. Sintiéndose frustrada por la infundada esperanza, la ojiperla inspiró fuertemente. Era el aire de Hong kong, fuerte, cálido y...
- Si yo fuera tú, no respiraría muy hondo ese aire...- dijo Itachi algo divertido, con el cigarro en la boca -...estamos en máxima alerta por contaminación. Casi es un milagro que hayamos podido tomar la limusina.
Hinata cerró de golpe la ventana. ¡Cómo odiaba a ese hombre!
Con un quejido seco, la vieja limusina se detuvo ante una enorme casa. Hinata no se sorprendió. Todo el viaje había fantaseado con objetos de lujo, casas enormes, servicio de habitaciones. Sin duda formaban parte del universo de Itachi Uchiha. Ella lo había adivinado al verlo moverse cómodamente sobre sus zapatos italianos mientras contraía los músculos del cuello y tensaba la manga de su americana tan moderna que ni siquiera estaba en las tiendas de última moda. Aún.
Lo que más llamó la atención de Hinata fue aquella mansión victoriana en medio de una ladera. El detalle chino del cobertizo la hizo recordar de que no estaban en Inglaterra sino en Hong Kong.
- Perteneció a un escritor londinense...- explicó el hombre mientras la guiaba a la entrada.- Seguro que lo conoces...
- ¿Un best seller? - preguntó Hinata aún boquiabierta.
- Exacto...- asintió el Uchiha- la crisis afectó a mucha gente y su editorial me adelantó...- en ese momento el hombre interrumpió su conversación. Dos camareras habían abierto el portón y salían a tomar el equipaje, mientras un mayordomo daba la bienvenida al Uchiha. Hinata, detrás de él, se sintió de nuevo invisible.-
- ...Hee Sook, le presento a mi cuñada, Hyuga Hinata.
El hombre delgado hizo una reverencia ante Hinata y luego se dirigió a las escaleras.
Hinata habló a media voz: - ¿Es chino? – dijo la chica.
De inmediato el anciano mayordomo giró la cabeza hacia Hinata, frunciendo el ceño mientras sus ojos ardían. Siguió subiendo las escaleras con dificultad mientras resoplaba y movía de un lado a otro la cabeza.
Itachi lanzó un bufido.
- Hee Sook es coreano.
- Un error lo comete cualquiera - dijo Hinata.
- Te aconsejo que entre estas paredes no confundas la nacionalidad de la gente. Puedes confundir sus nombres pero jamás confundas su nacionalidad. Recuerda de dónde viene cada uno y tendrás muchos amigos que estén a tu servicio.
Hinata se mordió la lengua. Sentía deseos de preguntar porqué un hombre como Uchiha Itachi se comportaba tan misteriosamente.
La guió hasta un salón amplio, que en aquella casa tan grande parecía privado. Cerró la puerta corredera tras él lentamente.
- Recuerda de dónde vienen, no importa que recuerdes o no sus nombres...- Itachi se fue acercando a la chica, mientras permanecía de pie los dos. Hinata comenzó a temblar. Itachi la tomó de la cintura e inclinó su cabeza hacia la de ella. Hinata frunció los labios instintivamnte como si fuera a recibir un beso. En ese momento Itachi la soltó con violencia. Hinata no perdió el equilibrio, apoyó las manos en un sillón con orejas.
- Tampoco importa que recuerdes lo que acabo de hacer...- dijo el Uchiha, procurando que no se le viese la cara.
En ese instante la puerta corredera se abrió de par en par.
- Hijo, pensé que no llegarías nunca...
- Madre, tú siempre llegas demasiado temprano...
Hinata se giró en redondo hacia la persona que había entrado. Y lo que vio la hizo sonreír por primera vez en mucho tiempo.
