Siento haber tardado más de los normal , pero la semana pasada volví a empezar la Uni y ya nos han matado a trabajos. Pero este cap lo hice un poco más larguito así que m perdonais, ¿verdad? Como siempre mil gracias por los reviews que siempre me animan a continuar sobretodo los de mis niñas que me dejan reviews locos jajaja. Volviendo al fic, me quedó mucho drama pero para el próximo se avecina algo grande, muajaja. Disfrutenlo y nos leemos! =3
-¡No me jodas!¡Tiene que ser una broma!- exclamó Zoro
"Ya era casualidad de que hablase sobre el suicidio y pasara esto", pensó.
Capítulo 6: Mi preciada amiga
Luffy había llamado a Zoro como unas quince veces pero su teléfono móvil estaba apagado. Salió de su casa y se dirigió a la de su amigo, tenía miedo de que hubiese hecho alguna locura. Entendía lo que significaba volver a verlas y era por eso que estaba preocupado. Cuando ya estaba llegando a casa del peliverde recibió una llamada.
········
-¡Mierda! ¡No te mueras! Tengo que llevarte a un hospital- Zoro corrió con la chica en brazos buscando el hospital más cercano, encontró alguna que otra clínica y farmacia pero todas estaban cerradas. Su orientación no le permitía recordar dónde había un hospital y si no se daba prisa la chica moriría.
-¡¿Dónde coño estás? ¡Te he llamado unas dieciséis veces! ¿Sabes lo...- pero no acabó de formular su pregunta porque su amigo histérico le interrumpió
-¡Luffy!-gruñó- He encontrado en la playa a una chica, está inconsciente, aún respira, tengo que llevarla a un hospital pero no recuerdo dónde está.- le dijo jadeante
-Vale cálmate, dime dónde estás y te guiaré a partir de ahí- suspiró aliviado de que su amigo estuviese bien- No me cuelgues o volverás a perderte, cuando hayas llegado iré hacia allí.
Gracias a las indicaciones del pelinegro Zoro lo encontró. Estaba tan agitado por la chica que no le dio tiempo a pensar en todo lo que había sucedido esa tarde. Su amigo irrumpió en la sala de espera dónde Zoro todavía intranquilo daba vueltas.
-¿Como está?¿Y tú?
-No lo sé, me han dicho que le harían un lavado de estómago y en cuanto despertase me dirían cosas, pero ya llevan ahí una hora- suspiró- Me he puesto nervioso por una chica a la que apenas conozco.-anunció como si se avergonzase de ello.
-Eso es porque te sientes identificado con ella- Luffy apretó fuertemente el hombro de su amigo.
-Disculpen, ustedes son los acompañantes de la señorita...
-¡Si somos nosotros!-le interrumpió Zoro y el médico tragó saliva al verlos. Parecían delincuentes- Pueden pasar, todavía no está despierta pero está fuera de peligro.
Ambos entraron a ver a la chica. El espadachín respiró aliviado y Luffy medió sonrió, nunca había visto a su amigo perder la calma en situaciones como ésta. Cuando se percató de quién era cerró la cortina que rodeaba la cama de ella (N/A: Las de los típicos hospitales japoneses) y miró firmemente al peliverde.
-Es la amiga de Nami- Zoro lo miró atónito- No podemos decirle nada, no deberíamos preocupar a Nami y dudo que Robin quiera que se entere.
-Está bien. Ve a casa yo me quedaré hasta que despierte y luego me marcharé
-Aunque haya pasado todo esto...- lo miró incitándole a darse cuenta de por dónde iba a continuar su frase- Ver a tu madre y a tu hermana...no puedes hundirte, sabes que puedes encontrártelas en cualquier momento. Eres humano pero tengo miedo de que...
-De que vuelva a intentar suicidarme- le interrumpió- He crecido y como bien dices todavía me cuesta asimilar la situación después de diez años. Aún así me molesta que pienses que sigo siendo débil. La cicatriz que me hizo Vivi- se tocó lentamente el costado derecho- tengo que verla todos los días de mi vida y recordar todos los momentos felices que viví junto a mi madre y ella. Si eso no hace que pierda las ganas de vivir...
-Está bien- le calló, sabía lo duro que era para Zoro hablar de ello- Me marcho ya, descansa.
Luffy dejó atrás a su amigo, entendía su sufrimiento y él no era quien para hacérselo recordar.
El peliverde se había quedado solo. Su amigo ya se había ido y al ser tan tarde no había nadie en el hospital. Las enfermeras estaban muy lejos como para percatarse de que una lágrima le cayó; le resbaló por la mejilla seguida de un par más. Estaba llorando, él, que guardaba sus sentimientos en una caja con una cerradura inquebrantable. Su mente chillaba que parase, pero una vez que sueltas una lágrima nunca sabes cuando vas a poder parar.
Todo pasó muy rápido, notó como dos manos se posaban en sus mejillas y con las yemas de los dedos borraba el rastro de su debilidad. Se sobresaltó y cogió las manos de la chica, pero no las soltó.
-¿Te encuentras mejor?- evadiendo lo que acababa de suceder para sentirse menos avergonzado
-Si, gracias- se sonrojó- Siento haberte incomodado
-N-No es nada-tartamudeó el peliverde sonrojado y soltando las manos de Robin- Te acompañaré a casa.
-Gracias- dijo seria.
Estuvieron caminando un buen rato, a ninguno de los dos se les ocurrió coger un taxi y Robin tampoco vivía cerca de la zona en la que estaban. Era muy incómodo, a penas se conocían, más bien la chica siempre le había temido, a él y a su amigo. Pero cuando despertó en la cama del hospital oyó toda la conversación. En ese momento ni Luffy ni él le parecían ser los compañeros de clase a los que todo el mundo temía.
Debían ser las cuatro de la mañana cuando llegaron a unos apartamentos lujosos.
-Hemos llegado, vivo en el tercer piso-le miró a los ojos nerviosa y él aparto los suyos-Disculpa por haber escuchado la conversación y por lo que hice.-Zoro dio un respingo recordando lo sucedido.
-No importa. Será mejor que lo olvides- dijo serio, girándose para marcharse.
-Aunque no lo creas sería mas doloroso si no pudieras verlas- el chico se volvió para mirarla enfadado por su intromisión
-¿Por qué? ¡¿Por qué se que están bien?-gritó- ¿Porque mi madre no recuerda que tiene un hijo?¿Porque mi hermana era tan pequeña que tampoco recuerda que tiene un hermano? O quizá porque mi padre cree que dándome dinero y manteniéndome es suficiente?-bajó el tono de voz al verla asustada- Viéndolas solo recuerdo el momento en que tuve que irme de casa y cuidarme yo solo porque mi madre chillaba cada vez que me veía. Cuando no reconocía a su propio hijo.
Pero no pudo continuar porque Robin se acababa de desplomar delante suya, el peliverde asustado la zarandeó llamándola para que despertara. Robin lo hizo pero estaba demasiado débil como para ponerse en pie ella sola, así que Zoro tuvo que cogerla en brazos y llevarla a su apartamento.
-No es necesario- intentó bajarse de los brazos del chico
-¡No seas idiota! No puedes ni moverte- Robin no volvió a abrir la boca excepto para indicarle por dónde debía ir.
Cuando abrió la puerta y encendió la luz vio un apartamento completamente desierto, no había nada, un sofá con una manta encima y unas cuantas revistas tiradas por el suelo. La soltó de su agarre y ella bajó la mirada apenada, pero Zoro no dijo nada, le dio unas palmadas suaves en la cabeza y se limitó a murmurar un "Nos vemos en clase". La chica lo agarró de la camisa...
-Supongo que ya te habías imaginado que no habría nadie-susurró- Gracias por todo.
········
Eran las siete de la mañana y se tenía que levantar para ir a clase pero sus ojeras no mentían, había pasado toda la noche en vela dando vueltas en la cama. En su cabeza aparecía el estúpido de Luffy una y otra vez con esa sonrisa que nunca se le borraba del rostro. Se levantó medio mareada para cambiarse, desayunar e ir a clase, pero lo de desayunar tendría que dejarlo de lado, su frigorífico estaba vacío.
Salió de casa tropezando con el bordillo de la entrada, se quejó para sí misma y continuó su camino. El sueño no le iba a ganar la batalla, ¿O si? Sus ojos le jugaron una mala pasada, o eso creía Nami. A lo lejos una figura alta y delgada daba una calada a un cigarrillo, era imposible que fuese Sanji, pero...¿y si lo era?No lo pensó dos veces y corrió hacia dónde estaba, pero la persona no se lo puso fácil.
-¡Sanji, espera!¡Sanji!-le gritó-¡Tengo que...!- no pudo acabar su frase, tropezó con una piedra y cayó de bruces al suelo.
-De verdad pelirroja, deberías tener más cuidado...- sujetándola por el brazo
-Sanji...-sonrió levantándose del suelo
-Vaya... esto si que no me lo esperaba, tú sonriéndome...- le revolvió el pelo- Vas a llegar tarde a clase
-¡No!- su rostro se tornó serio-¿Por qué huías de mi?Estás aquí por mi, ¿o me equivoco?-Sanji exhaló el humo que tenía retenido de la calada que hace unos segundos le había dado al cigarro.
-Todavía no es el momento. Te lo diré más adelante- le pellizcó la nariz, dio media vuelta para marcharse
-Está bien, pero no te vayas...Quiero que vuelvas a casa.
-Sabes que no puedo hacer eso, te metería en problemas- le apartó un mechón de la cara- Pero te prometo que pronto acabará- Nami se quedó petrificada, ¿qué era lo que él sabía?, y ¿cómo lo sabía? Sanji le cogió la mano y le dejó una tarjeta en ésta- Ven a verme cuando me necesites. Ahí es dónde trabajo.
Se quedó pensativa delante de la tarjeta que el rubio le acababa de dar, no quería presionarlo a que le contara todo pero mentiría si no estuviese muriéndose de la curiosidad. Él sabía algo sobre ella, de eso estaba segura. Caminó hacia el instituto y le extrañó no ver a Robin esperándola como cada mañana. Cuando llegó a clase tampoco estaba allí, pero él si, la persona a quien menos le apetecía ver en ese momento. El ambiento se tornó tenso, Luffy no la saludó, bajó la cabeza sonrojado y ella con la misma expresión miró hacia la ventana.
-¿Hoy no va a venir Nico Robin?- dijo una chica de pelo castaño
-Ojalá sus padres hayan venido a por ella- se rió su amiga- No pinta nada aquí, sólo intenta hacerse...- pero no pudo continuar porque un golpe sordo la asustó. Nami había golpeado la mesa donde ellas dos estaban hablando.
-Cerrad vuestras apestosas bocas, sois muy escandalosas
Las chicas asustadas se callaron y Nami salió del aula seguida por Luffy que le sorprendió la manera en la que la chica había defendido a su amiga. No sabía si debía contarle lo que pasó anoche con Robin, no quería preocuparla, pero quizá era lo mejor. La agarró por el brazo para detenerla y ella sonrojada se soltó de su agarre.
-¿A dónde vas?
-Me voy a casa no me encuentro demasiado bien-le respondió la chica tajante
-Te acompaño, hay algo que quiero decirte...
-Si es sobre lo de ayer...- no sabía de dónde había sacado la valentía para decirlo, pero debía de quedarle claro a Luffy, así que lo escupió- Será mejor que lo olvides, sólo fue un accidente.
-No, no es eso- las palabras de la pelirroja se le clavaron como un puñal- Es sobre Robin...
Nami se dejó acompañar por el pelinegro, habían burlado la seguridad del conserje y habían salido del instituto sin ser vistos. Caminaron unos metros pero empezó a llover así que tuvieron que refugiarse debajo del techo de una pequeña tiendecita de comida.
-¿Piensas decírmelo, o me estabas mintiendo?- le miró fría
-Ayer...Zoro encontró a Robin desmayada en la playa- calló al ver la cara de preocupación de Nami-Ahora ya está bien, él la está cuidando.
-¿Qué le pasó?- le agarró desesperada por la camisa
-Tranquilízate- le cogió las manos- Intentó suicidarse tomándose un bote entero de pastillas para la depresión.
Nami se soltó del agarre de Luffy y empezó a correr sin rumbo bajo la lluvia. No sabía dónde vivía, era una estúpida, pero ya pensaría en alguna manera de averiguarlo. El corazón de le había encogido al pensar de que a Robin, una de sus personas más preciadas le hubiese podido pasar algo. No llegó muy lejos puesto que Luffy la agarró por la cintura y la cogió en brazos.
-¡Que demonios haces!¡Suéltame! ¡Tengo que ir a verla!- chilló
-Sé como te sientes, pero ahora está con Zoro, él la está cuidando y es mucho mejor que por ahora esten juntos
-¡¿Por qué iba a confiar en ese espadachín?¿Y si le hace algo?
-Él ha pasado por lo mismo, confía en mi...- la puso de nuevo en el suelo al ver que se había tranquilizado-Estamos empapados, mi casa está cerca, vamos antes de que te resfríes.
FIN
