Todo estaba más oscuro y silencioso que de costumbre en el Ministerio, tampoco se veía demasiado movimiento. Los trabajadores deambulaban de un lado para otro con aire taciturno.
Barty se removió nervioso tras Scabior y se levantó con disimulo el cuello de su abrigo raído. Aquel lugar no le traía buenos recuerdos. El pequeño pelotón de hombres sucios y desarrapados seguía de cerca a Pius Thicknesse, el ministro sustituto tras la muerte de Scrimgeur, que los conducía por los lúgubres pasillos hacia su despacho.

-El Señor reclama de vuestros servicios –Dijo el ministro una vez delante de su puerta.

-¿Qué tipo de servicio? –se hizo oír Scabior disipando así las dudas del resto del grupo

-Sin prisas –dijo abriendo la puerta y dejando ver un pálido rostro tras el escritorio.

-Rápidos y eficaces… No esperaba menos de vosotros –dijo Lord Vodemort esbozando una sonrisa ladina.

Los miembros del grupo se lanzaron miradas de desconcierto sin responder.

-Como os habrá comentado nuestro querido ministro, requiero de vuestras habilidades –continuó mirándolos a todos- solo espero no haber interrumpido nada…

Scabior tuvo que esconder una risa sarcástica ante aquel comentario ¿En serio le importaba? Ya, y una mierda.

-¿Qué se supone que tenemos que hacer? – preguntó uno del grupo sin poder contenerse.

-¿Y por cuanto? – especificó Scabior

Lord Voldemort ignoró ambas preguntas y posó la mirada en uno en concreto.

-Vaya, querido Barty -dijo arrastrando las palabras fríamente- Cuéntame ¿Cómo te va en tus nuevas ocupaciones?

-No puedo quejarme… -contestó el otro sin poder mirarle a la cara, agarrándose el brazo izquierdo.

-Desde luego –dijo Voldemort acariciando la cabeza de Nagini con despreocupación- vayamos a lo que nos atañe. Poseo algo… más importante que todas vuestras vidas juntas, y necesito que alguien se ocupe de ello.

-¿De qué se trata? –preguntó Barty alzando la voz.

El mago oscuro puso sobre la mesa una pequeña copa dorada y una diadema con diamantes.
-Como he dicho, estos dos utensilios son más importantes que vuestras vidas y vuestra misión va a consistir en preservarlos. No debéis hacer nada más que guardarlos lejos de… manos no deseadas.

-Pero señor –dijo Scabior sin dar crédito a lo que les estaba pidiendo- Nosotros ya tenemos encomendada la misión de traer aquí a todos los sangre sucia y traidores a la sangre.

-Y a Potter –añadió otro hombre que se encontraba detrás de él.

-Y a ese también –dijo con desprecio-. No podemos permitirnos guardar algo tan valioso… es decir, tal vez esa misión le correspondería más a… uno de los suyos.

-¡Yo decidiré a quién le corresponde cada misión y a quién no! –Voldemort dio un fuerte golpe sobre la mesa-. Estoy seguro de que vosotros sabréis… organizaros bien. Ya me ha llegado información sobre la buena relación que habéis tomado con los hombres lobo… Estaba seguro de que haríais buenas migas –soltó una pequeña y extraña risita-. Tal para cual.

Un murmullo general se extendió por la sala.

-¡Bartemius, Scabior! –Voldemort los hizo callar.

Los dos hombres se miraron con curiosidad y dieron un paso al frente.

-Estáis al mando de toda esta panda de ineptos –añadió señalándolos despectivamente-. Por lo que estos dos objetos –señaló con la mano, más delicadamente, la diadema y la copa- también son vuestra responsabilidad. Espero que, por vuestro bien, no me defraudéis. No es que tenga mejor opción… -dijo más para sí mismo que para ellos.

El grupo de carroñeros, con cara de pocos amigos se marcharon.

-No ha dicho cuánto nos pagará –dijo Scabior con el ceño fruncido y paso acelerado por los pasillos del Ministerio, intentando canalizar su enfando.

-¿Es que el oro es lo único que te importa? –preguntó Barty adelantándose hasta quedar a su altura.

-¿Y por qué diablos estamos aquí si no? ¿¡Me lo quieres explicar!?

-¡Escúchame! –le agarró por el hombro girándole bruscamente hacia él, haciendo que casi dejara caer la bolsa con la copa y la diadema que su señor les había confiado y que el resto del grupo se parara en seco, observando lo que ocurría ante ellos- Él… podría matarte en este preciso momento si quisiera. De hecho, puede hacer cosas mucho peores que matarte.

Scabior lanzó una mirada asesina a su compañero, pero este no le dio tiempo a replicar. Le miraba muy de cerca y parecía que los ojos se le iban a salir de las órbitas, una expresión muy común en Barty Crouch Jr.

-Prácticamente está controlando todo el maldito mundo, y nosotros tenemos –se pensó un momento lo que estaba diciendo- la suerte de trabajar para él. ¡Así que deja de preocuparte por tus gilipolleces y agradece estar vivo mientras sigas haciendo lo que él quiere!

El líder de los carroñeros le miró durante un momento con los ojos entornados, se colocó bien su chaqueta de cuero y comenzó a caminar de nuevo.

-Nos vamos.

-¿A dónde? –preguntó el hombre de la barba.

-Al campamento de los hombres lobo.