Los ojos y la boca que nunca vi…


-No llores más, Kurama- le pedí suavemente a mi hijo, pero este se acurrucó aún más en el suelo de piedra, temblando, con sus orejas gachas.

Nos encontrábamos en el salón del antiguo templo en el que, hacía ya una semana, había dado vida a los Biju, iluminado solamente por las llamas en las antorchas de las paredes, que emitían a veces tal ruido que mi asustado hijo erizaba su pelaje, nervioso.

Éramos solo nosotros, puesto que entendía que Kurama estuviera tan asustado tras el roce que tuvo con Indra, y que no quería, por ahora, la presencia de sus hermanos. Ni siquiera la de Gyuki, que había estado junto al zorrito después de que detuviera a Indra de seguir lastimando a mi hijo.

Yo estaba sentado a su lado, observando como él, acurrucado, temblaba cada cierto tiempo, gimiendo un poco, moviendo sus orejas, y hasta su nariz negra, demostrando así el nerviosismo que aun invadía su mente tras el ataque vivido.

Había experimentado algo parecido a una "batalla". No, esa sería una palabra demasiado lejana al verdadero significado de la situación que vivió… Una "persecución" sería más apropiada, e incluso, me temo que me atrevería a agregar que fue una "persecución sin sentido"

Suspiré, y miré preocupado a Kurama, que seguía llorando en silencio, con sus ojos fuertemente cerrados, moviendo sus nueve colas en un compás indeciso.

-Kurama- lo llamé, haciendo que las orejas de mi hijo se movieran levemente, y sus colas, lentamente, dejaran de sacudirse- Kurama- repetí, al darme cuenta que el Biju no atendía a mi llamado.

-…- de a poco, Kurama abrió sus inocentes ojos rojos, reflejando en ellos mi rostro, indicándome que solo me observaba a mí.

-Kurama, hijo. Si aún tienes miedo en tu corazón, dilo, y no lo guardes para ti- le pedí, serio, haciéndolo bajar las orejas, moviendo su esponjosa nariz-Estoy aquí, a tu lado, para cuidarte y escucharte. Ya nada va a causarte daño- le aseguré, sonriéndole.

A pesar de mis palabras de aliento, no pude evitar sentir que debía decirle "por ahora", puesto que soy consciente que la llama de mi vida se debilitaba, como si estuviera frente a una tempestad que comenzaba a surgir, con la intención de apagarme…

Aun así, decidí no decir aquellas palabras… Aun los Biju, ni Asura e Indra, sabían que mi partida estaría más cerca de lo que naturalmente debía ser, a excepción de mi querido hermano menor, Hamura…

El zorrito me miró moviendo aún más su nariz, haciendo ruidos con ella, nervioso.

-¿Aun sigues teniendo temor, hijo?- le sonreí.

-¡Y-Yo no…!- intentó decirme Kurama, extrañándome- Y-Yo… no…- bajó sus orejas, nervioso.

-¿Kurama?- lo miré, algo confundido.

-N-No t-tuve… miedo…- mintió descaradamente mi pequeño hijo, inflando una mejilla, desviando la mirada-S-Solo me do-dolía la patita-aseguró, mirando de reojo su pata trasera.

Ante sus palabras, no pude evitar parpadear, tanto sorprendido como descolocado.

… ¿Mi pequeño hijo era tan orgulloso…? Aquel sentimiento de satisfacción hacia sí mismo era, realmente, demasiado grande para su cuerpo, que de por sí era grande…

No pude evitar sentir que este pensamiento ya había recorrido varias veces mi mente…

-Kurama, no hay nada de malo en admitir el miedo- le aseguré, haciendo que sus orejas se levantaran de una, tomando mi atención.

-¡N-No t-tenía miedo!- me aseguró, levantándose, pero lo hizo de manera tan rápida que se enredó con una de sus colas, cayendo al piso, haciendo que estuviéramos, por así decirlo, cara a cara.

Parpadeé al darme cuenta que, al caer, el zorrito había hecho un tierno sonido.

-¡N-No tenía miedo!- me aseguró Kurama, mirándome directamente- ¡N-No soy un cobarde, viejo!- cerró los ojos, nervioso, con unas lágrimas queriendo resbalar por sus mejillas anaranjadas.

Eso me sorprendió.

Kurama… ¿Intentaba mentirme para que no pensara que él era una especie de cobarde? ¿Acaso pensaba que yo lo molestaría, o hasta regañaría por mostrar… miedo…?

Suspiré, extendí mi brazo, y acaricié la nariz de mi hijo, sin poder evitar enternecerme al sentirla algo húmeda.

Era tan solo un pequeño niño a pesar del tamaño de su cuerpo… Un pequeño zorrito con un gran orgullo, pero que podía albergar un gran sentimiento de afecto a un anciano como yo…

"Gracias… Kurama…" entrecerré los ojos, conmovido, sonriendo levemente al sentir como embargaba en mi pecho un sentimiento de alegría y agradecimiento ante el Biju frente a mí, quien abrió un ojo, curioso por mi sonrisa.

-Lo sé muy bien, Kurama. Eres un niño valiente- le aseguré, haciendo que me mirara con ambos ojos, sorprendido y sonrojado- A pesar de todo, lograste mantener la calma en la difícil situación en la que te viste envuelto. Me has sorprendido- lo elogié.

Kurama me miró, sorprendido, sonrojándose más, moviendo inconscientemente sus orejas.

-S-Sí- asintió varias veces, claramente avergonzado, pero con una tímida sonrisa que mostraba el orgullo que le brindaron mis palabras.

-Aun así, no puedo evitar yo sentir miedo por lo sucedido- admití, deteniéndolo de golpe.

-¡¿AH?!- me miró, sorprendido- ¡¿P-Por qué?!- parpadeó, mirándome curioso- ¡Viejo! ¡E-Eres fuerte!- me señaló con su manita.

-Gracias por tus palabras, Kurama- sonreí levemente, extrañándolo- Pero, aun así, aunque sea fuerte, no significa que no sienta temor cuando alguien preciado para mi está o estuvo en peligro- le aseguré, mirando la confusión en los ojos de mi hijo.

-Pero…- Kurama se acomodó, apoyando su mentón en sus brazos, mirándome curioso- Eres fuerte… Los fuertes no temen-

-¿De dónde sacaste eso?- le pregunté, sonriendo levemente al verlo inflar sus mejillas.

-Son dijo algo así… Es un escandaloso…-murmuró el zorrito, amurado.

-Vamos, Kurama- le acaricié la nariz, haciéndolo sonreír- Es verdad que debes escuchar a tus hermanos, pero eso no significa que no puedas tener tu propia forma de pensar-le aseguré.

-Jiji- Kurama no pudo evitar reírse levemente.

-¿Estás mejor?- le sonreí, levantándome.

-¡S-Sí…!- asintió el zorrito, sonriendo, pero, de a poco, su sonrisa se borró, lo cual tomó mi atención-… Sí…- dijo pesadamente, bajando sus orejas, algo preocupado.

-¿Algo más que te preocupe?- le pregunté, haciendo que me mirara, entre dudoso y nervioso- ¿Aun te duele el pecho?- ante mi pregunta, negó en silencio.

Aun no le explicaba que ese "dolor en el pecho" fue la sensación que recibió de la oscuridad que emanaba Indra, mi hijo, y su hermano mayor… Aún era muy pronto para que supiera la existencia de ese poder…

-… Un poquito…- murmuró Kurama, algo molesto por estar avergonzado, lo que me hizo sonreír levemente.

-Dejará de molestarte dentro de poco- le aseguré, acariciándole la mejilla, a lo que él sonrió- Por ahora, mereces descansar, hijo mío- le informé, haciendo que abriera un ojo, disfrutando de la caricia-Pasaste por mucho el día de hoy- le recordé, a lo que bajó las orejas, nervioso.

-¿Y-Y mis hermanos?- me preguntó Kurama, a lo que le acaricié la frente.

-Están afuera. Sé muy bien que necesitas estar al lado de ellos para recibir su apoyo, pero soy consciente de como te llevas con Shukaku y Son Goku. Ellos tratarían de animarte molestándote, pero eso solo empeoraría tu nerviosismo- le aseguré, sin poder evitar imaginarme las caras que ponían mi mapache y mi monito cuando preparaban una broma.

-¡N-No estoy nervioso!- me aseguró Kurama, ofendido, a lo que sonreí levemente.

-Por ahora, solo descansa. El sueño te ayudará a aliviar la carga y dolor por la que pasaste hoy- le aseguré.

Mis palabras hicieron parpadear a mi hijo, quien me miró, curioso.

-¿Dormir hace eso?- me preguntó, parpadeando.

-Sí, cuando uno duerme, el cuerpo y la mente descansan- le recordé.

-Entonces, si duermo muuuuuchooooo… ¿No me sentiré mal nunca?-murmuró para sí el zorrito, pensativo, hasta que le di un suave toque con mi bastón en su nariz, tomando su atención.

-No vayas a usar la excusa de dormir para alejarte de los problemas- le pedí, algo serio, haciéndole mirar para otro lado, indicándome que se hacía el sordo- Kurama, dormir es una forma de poder descansar, especialmente cuando has sufrido una situación de estrés. Pero, si duermes mucho, tu cuerpo y tu mente no podrán funcionar correctamente-le aseguré, haciendo que me mirara haciendo una mueca- Todo en exceso es malo- le aseguré.

-… ¿Hasta jugar?- me preguntó, curioso, haciéndome sonreír.

-Sí, hasta jugar- le sonreí- Vamos, Kurama, descansa- le pedí, acariciándole la frente.

El joven Biju sonrió, y bostezó, mostrando sus pequeños colmillos, por lo que, al verlos, no pude evitar pensar que les faltaba algo de filo. Chasqueó un poco la lengua, y se acurrucó en el piso, por lo que me acerqué un poco a él, para ver que se había dormido casi de inmediato, para mi sorpresa.

… Mi hijo había estado reteniendo bastante estrés…

Sonreí, y acaricié suavemente el pelaje de Kurama, sintiendo como su suave pelo hacía cosquillas en mi arrugada mano. Lo vi dormir, y me alegré al percatarme que respiraba profundamente…

Sacudí con suavidad mi bastón, siendo suficiente el movimiento para apagar las antorchas del salón, para que así mi cachorro durmiera tranquilamente. En silencio, me alejé del salón principal, consciente de que así mi pequeño descansaría tranquilo.

Claro está que no me sorprendió que, al salir del templo por el enorme agujero que yo mismo había confeccionado, ver a los demás Biju gruñéndole a cierta distancia a Indra, quien parecía bastante impasible ante los gruñidos del resto de sus hermanos.

-C-Cálmense...- les pedía Asura, lo que me daba a entender que había estado un buen rato pidiéndoles que se calmaran.

-¡Voy a comerme a esa bola de carnes!- pataleó Son Goku.

-Creo que quiero practicar con él a enterrar cosas- murmuró Shukaku, entrecerrando los ojos.

-¡Q-Que miedo!- se asustó Asura- ¡I-Indra, un poco de ayuda!- suplicó, pero fue ignorado por mi hijo mayor- ¡Eres horrible!-

-Hijos, mantengan la calma- les pedí, haciendo que mis diez hijos se voltearan a verme.

-¡Padre...!- Indra y Asura se me acercaron de inmediato, ambos agachándose frente a mí en señal de respeto...

-¡Viejo!- los ocho Biju empujaron de golpe a mis dos hijos, haciéndome parpadear al ver que, después de rodar, Asura quedó debajo de un sorprendido y algo desorientado Indra- ¡¿C-Cómo está Kurama?!-

-¡¿L-Le duele algo?!- preguntó nerviosa Matatabi.

-¡S-Si le duele yo hago doler a la masa de carne!- aseguró Shukaku, señalando a Indra, quien se levantaba sacudiendo el polvo, algo molesto.

-¡¿É-Él está bien?!- me preguntó Gyuki, quien parecía el más preocupado de los ocho.

-T-Tranquilos, niños- los calmé, logrando hacer que guardaran silencio- No se preocupen. Kurama está a salvo y mejor. Ahora recupera energía mediante el sueño, así que lo mejor será que lo dejen descansar- les pedí.

Al escuchar que el menor de los nueve estaba sano y salvo, los ocho hermanos se tiraron al césped, aliviados, haciéndome parpadear, y después sonreír.

-Q-Que alivio...- suspiró Saiken, contenta.

-Sí...- asintieron Isobu, Chomei, Son Goku, Shukaku, Matatabi y Kokuo.

Gyuki no dijo nada... Solo respiró profundamente, aliviado de que su querido hermano estuviera a salvo.

Ese gesto me hizo sonreír, satisfecho.

-Han estado bastante preocupados por su hermano- sonreí, tomando la atención de los Biju- Esa preocupación me reconforta- admití, sin notar que había confundido un poco a mis hijos.

-E-Estos Biju son bastante torpes- comentó Asura, tomando mi atención- Entonces, ¿realmente son niños, padre?- se me acercó.

-Sí. Tienen tan solo una semana de vida- le recordé, y no pude evitar alzar mi mirada, para poder apreciar el cielo nocturno iluminado por las estrellas.

Me había visto en la necesidad de explicarle a Indra y a Asura quiénes eran las nueve criaturas en este bosque, respondiendo al mismo tiempo la razón de mi ausencia. Aun así, preferí no contar acerca de mi tiempo de vida, puesto que consideré que, por ahora, el único con el que compartiría esa información sería con mi hermano Hamura.

-¡No somos torpes!- le gritaron Shukaku, Isobu y Son Goku a mi hijo Asura, sobresaltándolo.

-Son solo criaturas compuestas por chakra- murmuró Indra, tomando la atención de los Biju y la mía- Padre, ¿está seguro que ellos son las llaves para encontrar la paz que ha estado buscando?- se me acercó, serio.

-No considero que la palabra llave sea la más apropiada- admití, acariciando la nariz de Kokuo, quien sonrió- Ellos deberán decidir en el futuro si prestar sus poderes y habilidades para encontrar la paz- aseguré, para extrañeza y confusión de los Biju- En estos momentos, mi misión es darle las herramientas posibles para aquello-le aseguré a Indra.

Mi hijo mayor mostró algo de confusión ante mis palabras, al igual que Asura, que se rascó la cabeza, sin comprender…

-¡GHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-

El grito de Kurama nos tomó por sorpresa a todos.

-¡¿Q-Qué fue…?!- se asustó Asura, mientras yo me volteaba.

-¡Ese grito tan agudo y llorón debió haber sido de Kurama!- me señaló Son, bastante alterado.

-¡¿Q-Qué pasó?!- se preocupó Chomei, mientras Gyuki miraba asustado el túnel.

Decidido a averiguar la razón del grito de Kurama, me dispuse a volver a entrar al templo, pero no fue necesario, puesto que Kurama salió corriendo del agujero, chocando accidentalmente contra Isobu, Chomei, Kokuo y Shukaku, sobresaltando al resto de nosotros.

-¡BHUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- lloriqueó Kurama, ignorando que estaba encima de cuatro de sus hermanos.

-¡¿Q-QUÉ TE PASA, LLORÓN?!- exigió saber Shukaku, mientras Isobu, Kokuo y Chomei miraban preocupados al zorrito.

-¡BHUAAAAAAAAAAAAAAA!- pero su hermano menor seguía llorando, tanto así que me sorprendió un poco que sus lágrimas comenzaran a hacer unos charcos en el piso.

-K-Kurama, tranquilo. N-No tienes nada de que temer- le aseguró Kokuo, preocupada, pero el zorrito seguía llorando.

-¡T-Tranquilo, Kurama!- Gyuki se les acercó junto a Matatabi, Son Goku y Saiken.

-¿G-Gyuki…?- gimió Kurama, mirando con las orejas gachas a su hermano mayor- ¡BHUAAAAAAA!- saltó hacia el pulpo, en busca de protección, por lo que Gyuki le acarició el lomo.

-Kurama, ¿qué te ha pasado?- le pregunté a mi hijo, prefiriendo ignorar que Asura, al haberse sobresaltado por la abrupta llegada del Biju, se había escondido detrás de Indra, quien miraba a mi cachorro en silencio.

-Respira y tranquilízate, Kurama-kun- le pidió preocupada Matatabi a su hermanito, quien gemía, asustado, acurrucándose en el pecho de Gyuki, quien no paraba de acariciarle el lomo, en un intento de calmarlo.

-¡Apuesto a que le hiciste algo, bola de carnes!- Son Goku señaló a mi hijo mayor, quien solo cerró los ojos, lo cual molestó al mono- ¡VOY A…!- pataleó indignado, y tuve suerte que Saiken intentara calmarlo.

-Kurama, hijo- me acerqué, y le acaricié el pelaje, tomando, de a poco, su atención- ¿Qué sucedió?-

-Y-Yo… Yo e-escuché… algo raro…- murmuró Kurama, bajando las orejas, avergonzado.

-¿Tus gemidos de cobarde?- sugirió Shukaku, a lo que Kokuo lo golpeó con sus patas traseras, tirándolo al piso, para sorpresa de Asura.

-¿Habrá sido tu imaginación?- sugirió Isobu.

-¡NOP!- negó Kurama- ¡Algo…! ¡Vi algo…!- aseguró, ofendido- U-Unos ojos… y una sonrisa fea…- gimió.

Fruncí el ceño, extrañado, sin darme cuenta, lamentablemente, en que Indra prestó atención a las últimas palabras del Biju.

-Bien. Kurama, quédate con tus hermanos- le pedí, a lo que él asintió varias veces- Iré a inspeccionar el templo-y, sin más, volví a entrar en la antigua estructura.

Caminé por el túnel hasta llegar al salón, el cual estaba a oscuras, solamente iluminado por las luces nocturnas que entraban por las ventanas. Fruncí el ceño, mirando para todos lados, alerta. Temía que, lo que hubiese visto Kurama, fuera algún intruso...

No sentí, ni vi a nadie, por lo que levanté mi bastón, del cual salió una cálida luz por la punta, iluminando por unos momentos el salón… vacío…

No había nadie…

Suspiré, algo aliviado de que todo hubiera sido imaginación de Kurama, por lo que me retiré en silencio… Ojalá me hubiera quedado unos segundos más… Tal vez, habría visto aquellos ojos y esa sonrisa que apreció mi cachorro, mirándome por una de las ventanas…


Salí nuevamente del templo, observado por mis once hijos, cada uno expectante de lo que fuera a decir. Incluso Indra, quien seguía mostrando un semblante serio.

-¿Había algo?- Asura se me acercó.

-Estaba vacío- negué con la cabeza- Kurama, lo que viste debió haber sido algo que tu mente formó, a causa del miedo que aun recurre tu corazón- miré a mi cachorro.

-¿Y eso qué significa?- preguntó Shukaku, rascándose la cabeza, mientras Saiken y Chomei intercambiaban mirada, confundidos.

-Que Kurama se lo imaginó todo- suspiró Isobu, aliviado.

-¡N-No me imaginé nada!- le aseguró ofendido Kurama, sobresaltándolo- ¡N-No soy un cobarde!-

-¿No eres un cobarde?- Son Goku se le acercó, dándole palmaditas en la cabeza, amurándolo- ¿Quién era el que estaba llorando como loco?-preguntó divertido, ofendiéndolo.

-¡No estoy loquito!- pataleó Kurama, pero se avergonzó cuando el mono y el mapache comenzaron a reírse de él.

-T-Tranquilo, tranquilo- Gyuki le dio palmaditas en la espalda, intentando calmarlo, mientras Kokuo y Matatabi negaban con la cabeza.

-Estos Biju parecen muy unidos- me mencionó Asura, sonriendo, a lo que yo sonreí levemente.

-Son hermanos- le recordé- Tienen un fuerte lazo de hermandad, al igual que tu e Indra- miré de reojo a mi hijo mayor, quien me miró, y solo cerró los ojos.

-Tan orgulloso como siempre…- sonrió incomodo Asura- Entonces, padre. ¿Ellos son hijos tuyo?- me preguntó, tomando la atención de los Biju, incluso de Shukaku y Son Goku, que habían estado burlándose de Kurama.

-Sí- asentí, sonriendo- Los nueve son mis hijos, al igual que ustedes- miré a Asura e Indra.

-Entonces…- meditó Asura, extrañándome- ¿Son mis hermanos?- se señaló, parpadeando.

-Así me gustaría que los vieras- aseguré, asintiendo.

-¡¿EH?!- me quedaron mirando Shukaku y Son Goku, mientras los demás Biju parpadeaban, sorprendidos.

-¡¿E-Estas bolas de carne son también nuestros hermanos?!- el mono señaló a mis otros dos hijos.

-Sí. Si bien, no se han conocido de la mejor manera, espero que ustedes once se lleven bastante bien- les pedí a todos mis hijos, a lo que intercambiaron mirada.

Indra miró para otro lado, a lo que Kurama bajó las orejas, aun algo nervioso de él…

-¡Genial~!- se alegró Asura, acercándose a Matatabi, Kokuo y Saiken- ¡¿Entonces significa que tengo hermanas?! ¡Que tierno!- se rió, extrañando a las Biju- ¡Siempre quise tener una hermanita, porque Indra es muchas cosas menos tierno conmigo!- aseguró, señalando con el pulgar a su hermano mayor.

-Mph- Indra frunció levemente el ceño, haciendo sonreír a Asura.

-Me alegra que lo tomes bien- le sonreí a mi hijo.

-¡Sí, padre! ¡Además…! ¡Además…!- Asura sonrió, contento, extrañándome- ¡YA NO SOY EL MENOR!- levantó los brazos, victorioso.

-Ah, cierto. A veces los hermanos menores se sienten bajo presión al ser los más jóvenes- recordé, mirando con una gota en la cabeza a mi hijo- Soy un hermano mayor, así que no entiendo muy bien tu posición, o la de Hamura- admití.

-¡Jejeje! ¡Al fin ya no tengo que ser el menor!- sonreía Asura- ¡Ahora soy un hermano MAYOR…!- pero su risa se detuvo, extrañándome, y en especial a los Biju, que lo miraban bastante extrañados-… ¿Quién es el menor ahora?- miró a las criaturas con cola, haciéndolas parpadear.

-Pues…- parpadeó Matatabi, y miró a Kurama, quien movió las orejas.

-Kurama es el menor de nosotros- sonrió Gyuki, acariciando la cabeza del zorrito, avergonzándolo.

-Por eso es tan llorón y cobarde- aseguró Shukaku, ofendiendo a su hermanito.

-¡N-No soy llorón!- pataleó Kurama, hasta que Asura se le acercó.

-Jejeje. Tal vez seamos de tamaños y razas diferentes…- admitió Asura, cruzándose de brazos, sonriendo con altanería- Pero eso no cambia el hecho de que eres el hermanito menor. Siempre quise un hermanito que fuese bastante bebé, para así poder consolarlo con orgullo- aseguró, ofendiendo de sobremanera a Kurama, mientras Shukaku, Son Goku e Isobu se tapaban la boca, para no querer ponerse a reír- ¡Vamos! ¡Ven a los brazos de tu fuerte hermano mayor! ¡Yo de consolaré!- aseguró, levantando los brazos.

Kurama lo miró enojado y avergonzado, apretando sus pequeños colmillos, y moviendo sus esponjosas colas, indicando su estado de ánimo.

-Es algo raro, ¿verdad?- Chomei miró a Matatabi, quien suspiró.

-Siento como si quisiera imitar a Gyuki- admitió Saiken, extrañando al pulpo.

-En verdad…- suspiró Kokuo, decidiendo ignorar como Son Goku, Shukaku e Isobu comenzaban a reírse.

-Asura, tal vez Kurama sea el más sensible de los nueve Biju- le aseguré a Asura, tomando su atención- Pero te aseguro que puede llegar a ser el más…- intenté explicarle, pero, para mi sorpresa como para la de los demás Biju y hasta Indra, Kurama se había abalanzado a Asura, agarrándolo con sus colmillos, comenzando a sacudirlo de un lado a otro.

-¡A-Asura…!-Indra se acercó, sorprendido, apreciando como el zorro movía la cabeza bruscamente, mientras los pies de Asura se sacudían fuera de su boca.

-… Orgulloso…- terminé mi frase, suspirando.

-¡K-Kurama! ¡¿Q-Qué estás haciendo?!- le preguntó Gyuki, mientras el resto de los Biju observaban como el zorrito agitaba al humano en su hocico.

-¡Escúpelo!- le ordenó Shukaku.

-¡NOP!- negó testarudamente mi hijo.

-¡S-SUÉLTAME!- exigió Asura, azul del miedo dentro de la boca de mi zorro, aferrado a la lengua de este- ¡E-ESTO ES ASQUEROSO…! ¡Y TU HOCICO APESTA!- aseguró, a lo que Kurama, ofendido, comenzó a masticarlo- ¡DUELEEEEEEEEEEEEEE!-

-¡A-Asura!- se sorprendió Indra.

-Tranquilo, hijo- lo calmé, tomando su atención- Tal vez sean grandes, pero los colmillos de Kurama no tienen filo- le aseguré, observando como Kurama mordisqueaba a Asura, con los demás Biju intentando hacer que lo escupiera- Me atrevería incluso a decir que son de leche- no pude evitar sonreír levemente- En fin. Asura fue quien provocó a Kurama, así que espero que esta experiencia le enseñe a no burlarse de él. Créeme cuando te digo que uno puede quedar mal parado al haberse burlado de un hermano menor- admití, sin poder evitar pensar en Hamura…

-…- Indra me observó, y después a Asura, mordisqueado por el ofendido Biju.

Sonrió levemente, pero su mirada se tornó seria al mirar de reojo a los enormes árboles que nos rodeaban.

-¿Qué sucede?- lo miré, extrañado.

-… No, nada- murmuró Indra, cerrando los ojos.

Lo miré, serio, pero tomó mi atención cuando Kurama escupió a Asura cuando este, en un intento desesperado para que lo soltara, había agarrado la úvula del Biju, quien, del asco, lo escupió.

Suspiré, y decidí acercarme a Asura, quien estaba inmóvil y azul en el piso, cubierto de baba, mientras Kurama tosía, asqueado, con la lengua afuera.

… En ese momento, no me había dado cuenta lo que Indra había visto entre los árboles…

Fue la misma criatura que Kurama había visto antes… Los mismos ojos y la misma sonrisa…

Si tan solo me hubiera percatado de la presencia de aquel ser… Tal vez… Tal vez hubiera logrado impedir el surgimiento de las tragedias en el mundo, y el dolor que vivirían mis once hijos…

Si me hubiera percatado de su presencia…


Espero les haya gustado este cap^^

Que bien que te gustara el dibujo, zardx

Tsukimine12, mi blog es Dimensional Portal. Puedes buscarlo en mi información de perfil, o busca TheZoe611 en google^^

Tranquilos, alex, Zafir09, muchos quieren triturar a Indra^^

Sí, Akime Maxell, Kurama bebé es un amor [aunque creo que Yoko, su hijo, le gana por mucho^^]

Ups, takedigi,no me di cuenta que escribí Inari en vez de Indra^^' Es que en ese momento tenía algo escrito del primer cap de "Karma-dattebayo" ^^', y se me traspapeló un poco^^'

Bueno, queridos lectores, espero les haya gustado este nuevo cap.

¡Gracias por leer, y no olviden comentar^^!